Orlando Nano Balbo

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Trinchera entrevistó a uno de los hombres que lucha para construir la Educación Popular, pensada como una herramienta de formación política. Discípulo de Paulo Freire, coordinador de la Campaña de Reactivación Educativa de Adultos para la Reconstrucción (CREAR) durante del gobierno de Héctor Cámpora, y secuestrado por la última dictadura civíco militar donde fue torturado hasta quedar sordo. Se exilió en Roma y regresó para ser docente en una escuela de adultos mapuches. En este relato Nano Blabo nos cuenta su historia de lucha.

Por Magdalena Lopez Pacheco.

¿Qué significa Pablo Freire en su vida?

Paulo Freire fue para mi generación, quien nos ayudó a comprender que lo pedagógico es el saber que le da sentido a nuestra práctica como docentes y que resulta vital para construir nuestra identidad, en tanto es este saber el que nos permite distinguirnos con nitidez de otras prácticas. Sin lugar a dudas  que influyó fuertemente en mi formación docente. Cómo lo fue haciendo, no creo que me haya dado cuenta. A partir de la lectura de sus libros y del relato de sus experiencias, uno simpatizaba con lo que decía y ante las dificultades, recurría a él, como si allí se pudiera encontrar alguna receta. Nada más encontrado con lo que el mismo Freire plateaba. Pienso que lo mismo ocurre hoy, se lo nombra en exceso a Freire, pero el desafío que él nos dejó es ver qué hacemos con su manera de ver al mundo hoy, con un mundo que no es el mundo que él vio.

Si recuerdo una especie de brújula que nos dejó: cuando la respuesta aparece demasiado rápido, desconfíen. Y nada es unicausal, los hechos se producen por una infinidad de causas, algunas de las cuales ni llegaremos a conocerlas. Esta manera completa de abordar las problemáticas, en la que no existían los blancos y los negros, sino una infinidad de grises, pienso que fue algo a lo que permanentemente fuimos recurriendo y lo aprendimos de él.

¿Qué importancia tuvo la militancia en su vida? ¿Qué significó la Dictadura Cívico-militar?

Una primera cosa que aprendí a fuerza de usarlo y no pocas veces, usarlo mal; es que el término «militancia» comenzó a no gustarme. Hoy me suena mal, se asemeja a milicos, a militares. Hoy aprendí que la vida nos va poniendo frente a situaciones en las cuales hay que optar; Y las opciones, son siempre éticas: optas por convicciones o por conveniencias. Tal vez lo que hoy deberíamos decir cuando hablamos de militancia, es cómo optamos de frente a la vida. Y entonces sí, estas opciones son las que te van haciendo la vida aun «cuando vos te propones otra cosa», como decía J. Lennon.

La dictadura cívico militar del 1976 fue la noche más negra que haya vivido la sociedad argentina. En mi caso me significó dos años de detenido, seis de exilio, luego de pasar por diversas torturas en las que me dejaron sordo. Fui detenido el 24 de marzo del ´76 a la mañana temprano, en una casa del centro de Neuquén, por una patota de gente con armas largas cuyo mando ejercía Raúl Guglielminetti. Tocaron el timbre de la casa cuando yo estaba por salir y antes de que me aproximara  a la puerta, esta voló en pedazos y me arrojaron al piso mientras la daban vueltas todo patas para arriba.

Luego soy trasladado a la Comisaria de la Federal en donde me interrogan hasta la medianoche, y me llevan a la cárcel, a una celda de aislamiento. Pasada una semana, en las primeras horas de la mañana, Guglielminetti me traslada nuevamente a la federal y me regresa a la cárcel a la medianoche. En cada uno de estos interrogatorios soy torturado. Luego de 6 meses en Neuquén me trasladan a la cárcel de Rawson en donde permanecí un año y medio. Allí, solicito la opción para salir del país y al autorizarme me trasladan a Caseros en donde permanezco 40 días hasta que me permiten salir para Roma.

En Roma permanezco 6 años, ya que yo seguía a disposición del poder ejecutivo, por lo que si regresaba al país, era detenido. Hasta que al levantarse el Estado de Sitio, cesa mi disposición al PEN y puedo regresar. Dificultades económicas no me permiten volver de inmediato, recién logro hacerlo en marzo del 1984

¿Qué fue el modelo CREAR? Usted fue coordinador, ¿cómo se pensó educar dentro de ese modelo?

La Campaña de Reactivación Educativa de Adultos para la Reconstrucción (CREAR) fue un programa que se elaboró con el Ministerio de Taiana en el que se presupuestaron 4 etapas.

Para la Alfabetización se trabajó en la Operación Rescate, que recuperaba los niveles de escolarización que habían logrado los adultos, más los saberes que habían construido en su relación con el mundo del trabajo y así accedían al certificado de primaria completa.

Se elaboran los materiales educativos en cada región en base a las historias de vida de los alumnos.

Por último, el proceso finalizaba en los Centros de Cultura Popular, en los que la sociedad civil del lugar, por intermedio de sus organizaciones, se apropiaba del proceso educativo con la apoyatura – económica y pedagógica – del Estado.

El País se dividió en 6 Regionales, donde una Universidad brindaba la apoyatura pedagógica y técnica para la elaboración de los materiales. Cada provincia tenía 2 coordinadores: Un coordinador provincial y uno pedagógico que trabajaba articulando el trabajo con el Centro Regional de la Universidad y la Dinea (Dirección Nacional de educación de Adultos). A su vez cada provincia se subdividió en zonas, de acuerdo a su realidad social, política y cultural, y en cada una de ellas había un coordinador zonal.

Los Centros Educativos funcionaban en las sedes sociales en la que los alumnos se sintieran locales (sindicatos, comisiones de fomento, iglesias, etc.) y la elección del alfabetizador era consensuado con los participantes y capacitado por el centro regional, amén de contar con la apoyatura del coordinador zonal.

Como el Proyecto político que sustentaba la CREAR entró en crisis, con la renuncia de Cámpora, comenzaron los problemas y con la renuncia de Taiana, se decretó la muerte del programa y comenzaron las persecuciones a quienes habían trabajado en ella.

Por eso es que se lo asocia tanto a una campaña de alfabetización, ya que solo se desarrolló, y en parte, esta primera etapa.

La CREAR fue un verdadero intento de Educación Popular en el que uno de los principios fundamentales, que es todavía hoy una asignatura pendiente.

Volver para educar

Después de estar exiliado en Roma, Nano vuelve a la Argentina a des-exiliarse, como él lo llamo, al proceso de llevar a cabo la educación para adultos en un pueblo Mapuche. Mucho tuvo que ver Paulo Freire en su formación, sus fundamentos que puso en práctica para llevar adelante las luchas por descolonizar el saber y el poder y tener una Educación Popular.

¿Qué fue lo más importante, como aprendizaje, de la experiencia que tuvo como docente en Paraje Huncal?

En principio, yo fui a Huncal a des-exiliarme. Para mí, el exilio fue menos costoso que el regreso al país. En el primer caso la opción era Rawson o Roma. No quedaban dudas. Pero al llegar al país después de ocho años (2 presos y 6 de exilio) de no estar en él, uno regresaba con toda una carga nostálgica tal vez, que hacía que no lo reconociera. Yo quería contar las cosas terribles de las que había sido testigo y todo el mundo me decía «bueno, está bien, ya fue, ahora hay que mirar el futuro, reorganizar tu vida».  Y esto para mi, era instalar el olvido. Estuve muy cerca de regresar a Roma cuando aparecía la posibilidad de ir a Huncal. Para colmo no se conseguía trabajo. Era un desafío que fuese útil lo que yo sabía de educación. O sea que en Hucal aprendí a des-exiliarme, y a repensar con otros, lo qué hacen y lo que hacemos en el nombre de la educación de nuestro pueblo. Estoy convencido que en Huncal aprendí muchísimo mas de lo que pude haber enseñado.

¿Cómo hay que pensar la educación hoy en día? Cuál debería ser el rol de la educación popular, las escuelas públicas.

El neoliberalismo ha invertido la ecuación de que lo debiera ser una Educación Pública. En una Educación Pública – y cuando digo publica digo democrática, con lo cual dejo a la educación privada afuera de esta definición, en tanto al tener fines de lucro no puede ser democrática, amén de que la educación no se la puede definir por su gestión- El estado debe centralizar los aspectos administrativos contables en algo llamado presupuesto, con total transparencia y consenso de modo tal que los organismos pertinentes lo controlen y no se produzcan «desviaciones en su erogación”. Pero debe descentralizar lo pedagógico, ya que las consideraciones del sujeto que aprende son el punto de partida de todo proceso educativo y también el punto de llegada. Cada escuela debe partir de su cotidianidad de manera tal que todos los alumnos puedan acceder a un patrimonio cultural semejante. Porque repartir lo mismo entre desiguales, es profundamente injusto y solo consolida la marginalidad.

Esta es para mí la asignatura pendiente nodal en cualquier debate educativo. Hoy tenemos un Ministerio sin Escuelas, o sea sin conflictos, que centraliza todo lo pedagógico y descentraliza lo administrativo contable en las provincias, Municipios y hasta en las mismas escuelas.

La Educación Popular trabaja la cuestión del saber en las cuestiones del poder y las cuestiones del poder en la cuestión del saber. Hay que ser cauto con una moda que termina «lavando» a la Educación Popular como si fuera una educación para pobres o la reducen a algunas técnicas participativas. Esto no sólo no es Escuela Popular, sino que termina siendo un obstáculo para la implementación de una concepción educativa. Como decía, es la Escuela Popular.

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