Fernando Esteche

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Fernando Esteche y Raul Boli Lescano son dos referentes indiscutibles en la batalla contra el neoliberalismo en Argentina. Hoy se encuentran cumpliendo una condena infame por haber salido a la calle a repudiar el asesinato del docente Carlos Fuentealba en abril del 2007. La justicia decidió castigarlos a ellos. Por intentar justicia popular, por venir hasta la cueva del asesino a identificarlo como enemigo de todos. La justicia fue indiferente al reclamo de los nuestros, y Sobisch jamás pisó un tribunal.

Por lo que hablar de Fernando y el Boli supone mucho más que un repaso por la historia de resistencia y lucha de la Organización que representan o de la injusta condena que hoy pagan. Son veinte años de QUEBRACHO. Veinte años en los que no se ha podido empañar una actitud revolucionaria siempre consecuente. No pudieron doblegarlos ni mucho menos cooptarlos ni corromperlos, por eso se los ataca. Estigmatizándolos, queriendo separarlos del camino que el pueblo transita -del modo que puede, del modo que le sale- hacia la liberación.

Con estos breves encuentros, TRINCHERA quiere relatar no sólo el bochornoso juicio que terminó en condena, sino también dar cuenta del proceso histórico que atraviesa a QUEBRACHO y a todos los argentinos (y a todos los latinoamericanos), y el importante rol que el Movimiento Patriótico Revolucionario asume, haciéndose cargo de su tiempo y de la historia.

Por ello es que tanto la palabra del Boli como la de Fernando son antecedidas por fragmentos de sus indagatorias en el juicio; para mostrar lo más oscuro de la derecha que descansa -y también opera- atrincherada en el Poder Judicial. Y que además avanza; en el plano político y económico, bajo el ala de funcionarios como Massa, Macri, Scioli o el propio Insaurralde, que quieren volver a momentos de la historia que el pueblo no está dispuesto a negociar.

“A los 90´ no volvemos” es la consigna con la cual QUEBRACHO y otras organizaciones están dando la pelea en la calle contra estos poderes corporativos. Y así como la identidad del M.P.R. QUEBRACHO es una construcción signada por la unidad (de diferentes personas, movimientos, trabajadores desocupados, etc), así también la historia argentina nos reclama en este momento la unidad en la defensa de lo conquistado, la unidad en la resistencia contra estos tipos y los poderes que representan y la unidad en la revolución como único camino posible de los pueblos del mundo.

Por Agustín Arzac

 

 

Luego de 11 años de kirchnerismo, en una etapa que parece de retiro, y habiendo tenido la posibilidad histórica de refundar la patria en muchos sentidos, rompiendo mecanismos de dominación por parte de las corporaciones multinacionales, como así también, restableciendo un nuevo orden de gobernación más democrático, más popular. ¿Qué aspectos crees que el gobierno supo encarar en esa clave de refundación pos 2001 y que otros lazos que tienen más que ver con la dominación y la entrega no supieron o no quisieron romper? ¿Qué le faltó a este gobierno para ocupar un lugar más acorde a la situación nuestroamericana de liberación -posición que supo guiar la Venezuela de Chavez, y luego la Bolivia de Evo y el Ecuador de Correa-?

 

Tenemos que pensar los movimientos en Nuestramérica en términos históricos y también, porque se nos dificulta mucho no pensarlos así, en términos de Patria Grande, ya que son distintos capítulos de un mismo momento. El kirchnerismo es en Argentina el posneoliberalismo.

Pero se construyeron distintas formas de reconstrucción de un nuevo orden posneoliberal de acuerdo a la subjetividad popular que pudo construir movimientos en América. Aparecieron luchas genuinamente populares provenientes de sectores vulnerables, como el caso de Bolivia y Evo Morales. Otras luchas de recomposición de una vieja República, como Chavez que viene del ejército; y otras expresiones que se dieron en Centroamérica y el Caribe. En Argentina el kirchnerismo también es eso. Sabiendo que en el plano estructural, ninguno de estos movimientos supo cambiar la matriz extractivista, incluso de subalternización capitalista-imperialista.

En Argentina operó un proceso de vectorización o vehiculización de posibilidades de producir saqueo y depredación por parte de las empresas multinacionales. Esto no tiene que ver con la buena o mala voluntad del gobierno, porque es también parte del avance global del capitalismo en una ofensiva de depredación y saqueo. Este plano estructural del sistema es el que marca las limitaciones de estos procesos. Yel gobierno no supo resolver, o no quiso, o en definitiva convivió con esa situación.

Después, las potencialidades están en el marco de la subjetividad. Las diferencias de la forma argentina posneoliberal con otras formas como -podríamos decir- las del ALBA tiene que ver con el protagonismo popular en la construcción y defensa de las políticas de Estado. No casualmente todos estos procesos, Bolivia, Ecuador, Venezuela, lleva a procesos constituyentes permanentes, de permanente reformulación del orden y la soberanía, y de la administración de la soberanía. En Argentina esto no pasó, hay persistencias neoliberales, la constitución es neoliberal. En el plano de la subjetividad hay consonancia con este movimiento Nuestroamericano, en tener bien identificado al enemigo de la Patria Grande, al imperialismo y a la deuda externa como mecanismos expoliadores y parasitarios que alimentan el saqueo y la depredación, y una recomposición de la épica militante, del valor de la política.

Lo que Venezuela hoy nos muestra, y muchos no quieren ver, son las tensiones propias del capitalismo, de la lucha de clases, las sociedades están partidas y hoy en Venezuela eso puede ser visto en la calle. En Bolivia y en Ecuador también hemos visto procesos destituyentes.

Acá hay sectores en la administración del gobierno que prefieren negar esa situación o les resulta incómoda, pero puede ser más o menos incómoda, lo que no puede es negarse porque este enfrentamiento tarde o temprano va a tener una forma física, va a tener una escenario -seguramente mucho más allá de los gabinetes y los despachos ministeriales-. Porque la centro-izquierda es cada vez más de derecha y la derecha es cada vez más liberal.

En general, estos diez años que el kirchnerismo toma como propios, pero que es el desarrollo de la fuerza popular que salió del neoliberalismo, marcan un momento histórico auspicioso para el pueblo.

 

Se asoma una revancha neoliberal al mismo tiempo que se observa una pasividad de movimientos sociales afines al gobierno, bajo pretexto de no entrar en una escalada de conflicto. ¿Será que el kirchnerismo está armando una retirada consensuada con ciertos sectores de poder o crees que en algún momento van a ganar la calle para bancar la política y poner un freno al avance de la derecha?

 

Me cuesta pensar la política desde lo doméstico. Es decir, si Cristina Kirchner está consensuando una retirada o una continuidad de gobernabilidad. El problema es que en esta nueva construcción, veo que en muchas organizaciones sociales hay una sujeción a este nuevo orden, y en esta reproducción muchas veces quedan atados de manos, se quedan impotentes. Entonces la respuesta ante una intentona golpista como fue la de los acuartelamientos policiales es un festival en Plaza de Mayo o un show de “Fuerza Bruta”. Ahí hay una operación de invisibilizar cuestiones políticas.

Estos movimientos sociales supieron ganar la calle, resolver conflictos en terreno propio y favorable a los sectores populares, como en “la 125”. Y no tiene que ver con la gestión del gobierno, si no con la capacidad de los dirigentes sociales y la capacidad de la militancia de esos sectores populares para imponer una política en las calles.

Los poderes económicos ganaron mucho más plata en estos diez años que nunca, algo de lo que se jacta esta Presidenta. Se trata de que tenemos una posibilidad histórica de construir gobiernos populares contra las intentonas de la derecha, que se encuentra atrincherada en la justicia, en algunas gobernaciones, en algunas intendencias, incluso en personas con grandes cargos en el gobierno nacional. Ellos piensan en la gobernabilidad como valor, cuando ni siquiera el departamento de Estado de los Estados Unidos este proponiendo candidatos en Argentina para producir gobernabilidad. Ellos lo tienen claro, algo va a pasa; por eso producen lo que producen en Venezuela, y hay muertos. También lo producen en Argentina, sólo que algunos estadistas, ingenuamente, siguen preocupados por la producción de gobernabilidad y eso es una etapa que el imperialismo superó, y creo que los pueblos también van a superar, esta idea de que las cosas siempre anden bien. Tal vez vamos a una etapa de guerra permanente –no en el plano militar estricto- pero si de tensiones, de disputas de espacios de poder.

Hoy el imperio no busca gobiernos adictos, busca operar sus acciones de saqueo y depredación y a veces le conviene un Estado fuerte y otras veces un Estado en permanente tensión.

 

En tal caso será el pueblo el que legitime la gobernabilidad, hoy más que nunca. Pensando el peor 2015, con un Massa, un Macri, un Scioli, un Capriles. No creo que puedan gobernar tan a sus anchas porque el pueblo se los va a llevar puestos. Esta consigna de la campaña de Quebracho “A los 90’ no volvemos” creo que es compartida por la inmensa mayoría del pueblo argentino…

 

Es justamente lo que expresa. Sin banderas, sin partidos, es la intención popular. Si estos tipos piensan en el viejo orden neoliberal, eso ya está, no se puede volver a gobernar así el país. Como decía Marx, la historia si se repite de da primero como tragedia, después como comedia. A eso no se vuelve, podrán darse caricaturas con la precariedad propia de ser una comedia de su primer estadio histórico.

Hay una unidad, un concepto en la que estamos trabajando muchas organizaciones. Esta campaña de señalamiento y escrache viene de un programa de unidad en la defensa, unidad en la resistencia y unidad en la revolución.

Hay quienes discuten desde los canales de televisión si el problema es o no cuidar los precios, cuando lo importante es identificar al enemigo, en este caso los formadores de precios. Y también señalando los errores de un gobierno que cree que permitiendo comprar o no dólares esto se soluciona… parece cosa de otra época pedirle a la ama de casa que camine para buscar precios buenos.

Dentro de este régimen se puede hacer algo más concreto. El congelamiento de los precios debe ser efectuado con leyes de cárcel a quienes produzcan desabastecimiento, cárcel al que frena la producción. Ofrecerles vivir, laburar, o que se vayan del país o en cana. Es parte de un plan de contingencia que estamos preparando con los compañeros para presentarle al Ministerio de Economía.

Por otro lado hay que resolver las cuestiones del comercio exterior, es algo fundamental. Porque en la historia reciente argentina hay dos políticas que no han variado y que trabajan en contra del pueblo: la deuda externa que seguimos pagando y legitimando y el comercio exterior, desde donde un Estado construye sus reservas económicas. Son decisiones políticas, que van a traer tensión, situaciones dramáticas. Obviamente que si los sectores populares no nos hermanamos en estas decisiones… aún si el gobierno quisiera. Porque no existe un gobernante bueno con un pueblo pusilánime.

Los pueblos saben cuándo es el tiempo, y nosotros creemos que es el tiempo, o al menos que se está acercando.

 

El gobierno amagó, o sectores afines al gobierno, entre ellos el periodismo, amagaron con esta posibilidad de controlar el comercio exterior, aunque parece un disparo no serio…

 

Sí. Ellos un día sacan un afiche con todos los feos, con los que creen que son quienes toman medidas en contra del país, pero a la tarde se juntan con esos mismos en las fotos, y negocian. Hablan de la fuga de capitales, de que los exportadores no asientan sus ventas, y después se sientan a ver cómo arreglan esa guita. Con los extorsionadores de la Patria tenés ese camino que el gobierno acepta, por ahora, y con quienes discuten la posibilidad de convivencia, o tenés el otro camino que es echarlos. Los que están en condiciones de resolverlo son ellos que están gobernando. Y si no lo pueden hacer es porque todavía nos falta fuerza popular para marcarles el camino.

Quebracho tiene 18 años sobre sus espaldas y estuvo presente, luchando en la calle, en momentos muy importantes de la Argentina. ¿Cómo es la situación del Movimiento hoy, y cómo se perfila, cómo encara esa lucha y su política en la disputa de poder de cara a lo que viene?

 

Nacimos en el apogeo del neoliberalismo, cuando estaba instalado el discurso posmoderno de la muerte de los grandes relatos. Vinimos a hablar de Independencia, Patria o Muerte, Revolución como camino, Socialismo como destino. Vinimos a reivindicar lo nacional en plena noche neoliberal. A nosotros no viene nadie a decirnos que padres de las luchas de nada, porque nosotros fuimos protagonistas.

Nuestra organización se puede sentir tranquilamente destinataria o heredera de todas las manifestaciones de lucha, no sólo de los ’70 sino también remontándonos mucho más allá.

Y mantuvimos una coherencia política que nos significó una serie de cuestiones. Había que militar en el menemismo contra el menemismo, cuando había ganado la reelección, la constituyente. Y en condiciones de mucha precariedad logística, en un proceso donde estábamos amalgamando teorías de revolución; nuevos paradigmas, nuevas formas de hacer política, nuevos repertorios de protesta. Fue un gran aprendizaje que Quebracho lo pudo asimilar. Tuvo desigual fortuna y desigual forma de poder ver la realidad en distintos momentos, pero puso hoy a una Organización con una experiencia, con un despliegue territorial a lo largo de todo el territorio nacional, con una cantidad de relaciones internacionales, todas muy sólidas, muy importantes, fundadas en la alianza de los pueblos, en la alianza de los revolucionarios, que hace que estemos en muy buenas condiciones para abonar a la lucha popular, aportar de mejores herramientas a esa lucha.

Es un muy buen momento de nuestra Organización, si bien esto que decimos lo decimos desde la cárcel y parece hasta una contradicción. Pero es todo lo contrario, porque esta cárcel y el arco de solidaridad que hemos conseguido es la expresión de nuestro crecimiento, de nuestra necedad también. Nosotros no nos rendimos, no nos vendimos, no nos reconvertimos, por eso estamos acá.

Y esto al margen de la importancia en sí mismo que tenga la organización respecto al pueblo argentino (porque eso para nosotros, por cómo leemos la historia, es una anécdota).

Hoy los compañeros de la izquierda nos sienten compañeros y los compañeros de la militancia oficialista también. Lo que debería ser un lugar incómodo, porque siempre va a ser más fácil o más cómodo el pataleo histérico o la funcionalidad. Y nosotros no estamos ni en una cosa ni en la otra, y eso a veces resulta desconcertante para aquellos que no pueden leer política con agudeza.

Ese lugar es muy merecido, porque es el resultante de que le pusimos el cuerpo; no fue gratis. Hay compañeros muertos, hay compañeros que han dejado la vida (porque uno siempre reivindica a los que dejan la muerte y no a los otros). Y nuestras perspectivas son de un lugar mucho más luminoso del que tenemos hoy.

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