El mundo cambia aceleradamente. El poder se transforma y concentra cada vez más rápido. ¿Los Estados, gobiernos y pueblos estamos preparados para no entregar nuestras cabezas en bandeja?
Hace casi 6 años, un 19 de noviembre de 2018, la presidenta argentina (mandato cumplido), Cristina Fernández de Kirchner, brindaba una conferencia magistral en el marco de la 8º Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales y el Primer Foro Mundial del Pensamiento Crítico. En esa ocasión, la referente política argentina reflexionaba, entre otras cosas, sobre la necesidad de actualizar el ordenamiento jurídico institucional de la República Argentina, atado al surgimiento de los estados nacionales bajo las premisas de la Revolución Francesa de 1789, de “Igualdad, Fraternidad y Libertad” con el surgimiento de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.
La ex mandataria enfatizaba en la necesidad de tomarse el tiempo para repensar y redefinir una arquitectura institucional que permita reflejar los cambios en la composición del poder durante estos siglos. En tiempos de la Revolución Francesa “no existían las multinacionales, las transnacionales, la financiarización del capital, los Organismos Multilaterales de Crédito; nada de lo que hoy existe y tiene un inmenso poder”. A su entender, y tal como lo ha dicho en otras oportunidades, “si tenemos que representar lo que significa el gobierno del poder legislativo y el poder ejecutivo, y lo que se somete a elecciones cada 2 o cada 4 años, podemos decir que eso representa un 20% o un 30% del poder. El otro 70 u 80% del poder está fuera, en organizaciones, en organismos, en sociedades, en medios de comunicación, cosas que no están reguladas en ninguna constitución y en ninguna ley”.
En definitiva, la síntesis de su intervención es que hay que repensar las nuevas estructuras de poder. Poder que ha cambiado radicalmente, sobre todo si hacemos lugar a las reflexiones y premisas de teóricos como el ex ministro de economía Yanus Varoufakis, que directamente sostiene que el poder de las corporaciones tecnológicas es tan grande, que en la actualidad estamos entrando en una etapa de “Tecno Feudalismo”.
Si tomamos en cuenta ésta u otras tesituras sobre el poder y las directrices que marcan al resto de los mortales, incluso las experiencias como la boliviana o la venezolana quizás también hayan quedado cortas en las transformaciones que propusieron en sus momentos. Y eso que hace dos décadas fueron procesos de avanzada que al menos cambiaron las reglas del juego dando poder a otras representaciones. Caso de estudio aparte sería el de la República Popular China, por sólo citar un ejemplo, completamente alejada de la lógica occidental de cómo se comprende al Estado, más allá de que hay patrones que pueden ser similares.
Está más que claro que el poder de las grandes corporaciones es cada vez mayor. Lo retrataba hace más de una década, entre muchas y muchos otros autores, la periodista canadiense Naomi Klein en su libro “No logo” o en su documental “The corporation”. Poder que ha ido creciendo en paralelo con la creciente influencia occidental, con el proceso de globalización y de interacción entre los distintos países, pero que hoy se vuelve a poner en duda.
¿Siguen funcionando los Organismos Multilaterales? ¿Ha resuelto algún conflicto la ONU? Desde hace al menos una década es cada vez más evidente como Occidente -encabezado por EEUU- viola sistemáticamente lo que no hace mucho tiempo atrás decía defender, lo cual nos marca que el sistema de Naciones Unidas no sirve, está roto. Algo que ya advertía Hugo Chávez en el seno del organismo allá por 2006.
¿Estamos preparados institucionalmente como país para dar respuesta a las necesidades de nuestro pueblo? Quizás la respuesta tendería a afirmar que no. Que no hay forma de controlar a los poderosos con la actual arquitectura institucional. ¿Cuán federales somos? ¿Qué vos tienen las comunidades originarias en la toma de decisiones? ¿Deberíamos ir hacia un Estado Plurinacional como Bolivia? ¿Deberíamos tener cinco poderes como Venezuela? ¿Deberíamos ir a un sistema de democracia participativa como la cubana? ¿Habría que tener un partido fuerte y predominante que promueva realmente la meritocracia como China? ¿Qué vínculo deberían tener la Nación, las provincias y los municipios? ¿Cómo debería redistribuirse lo que produce nuestro pueblo?
Las anteriores son múltiples preguntas que, como mínimo, deberíamos empezar a hacernos si realmente pretendemos vivir en un sistema democrático aggiornado a los tiempos que corren, porque está claro que, de seguir así, los únicos beneficiados serán los mismos de siempre: un grupito muy chico de oligarcas y elites locales que todo el tiempo privilegian sus intereses (o los de sus amos del norte), antes que los del pueblo al que supuestamente “representan”.
Está más que claro que en este contexto tan complejo para la Argentina y para el mundo, pensar un proceso de esta naturaleza parece ciencia ficción, pero la realidad es que los tiempos y la vorágine en la que vivimos, de alguna manera nos obligan a tener que pensar y repensar lo social, lo colectivo, lo comunitario. Caso contrario estaremos dejando nuestras cabezas servidas en bandeja para que los que siempre ganan, sigan ganando a costra del sufrimiento, el esfuerzo y el dolor de nuestro pueblo.
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Entrevista a los historiadores Hernán Brienza y Felipe Pigna.
¿Puede una sola constitución explicar una independencia y más de 30 años de guerras externas e internas?
Definir al siglo 19 en la Argentina bajo el término de “modelos”, y a su vez afirmar un número de cuantos de estos existieron resulta por demás complejo. Este centenar de años, en efecto, fue el testigo de la formación de la nación como la conocemos, no sin antes tener varias revueltas.
Resulta tan contrafáctico dar respuestas que, incluso, no podemos comenzar el siglo hablando de “Argentina”. Lo que superando la mitad del siglo sería finalmente este país, previamente fue una organización de provincias con cierta cercanía y organización, sin llegar a ponerle el término de “unidas”. Anteriormente, estas lucharon por la independencia junto a otras zonas del continente que luego tomaron caminos distintos.
El primer proyecto de independencia (o uno de los rescatados por la historia) hecho por residentes de América del Sur, contempló la idea de todo el continente unificado, bajo el nombre de la “Patria Grande”. José de San Martín, Manuel Belgrano y Bernardo O’Higgins, entre otros patriotas, formaron parte de ese proyecto. No obstante, la dificultad por sí sola de lograr la independencia ante la corona española, peleando contra influencias extranjeras y divisiones internas, por lo pronto solo dio para lo importante: la huida de los españoles.
Para el año 1824, desde Buenos Aires hacia el actual norte, las provincias existentes ya colaboraban bajo el nombre de “Provincias Unidas del Sur”. Ese mismo año asumió como gobernador de Buenos Aires (que tenía la centralidad) Bernardino Rivadavia, que ya tenía la voluntad de conformar una nación.
La guerra con el Reino del Brasil le sirvió a Rivadavia para traccionar rápidamente la necesidad de tener un presidente (que sería el) y la necesidad, a su vez, de una constitución. En 1826 tendríamos el primer intento de carta magna. En sus primeros tres artículos, el texto definió contornos básicos: “La Nación Argentina es para siempre libre, e independiente de toda dominación extranjera”; “no será jamás el patrimonio de una persona, ó de una familia”; y “su religión es la Católica Apostólica Romana, a la que prestará siempre la más eficaz y decidida protección, y sus habitantes el mayor respeto, sean cuales fueren sus opiniones religiosas”.
De resto, en términos de organización, la constitución fue similar a la que luego quedó fundada: un modelo de Estado Nación copiado del mundo occidental, republicano y con tres poderes. Esto fue rápidamente rechazado por las provincias, por su gruesa impronta centralista en Buenos Aires.
En paralelo a esto, la guerra con el Brasil tuvo el saldo negativo de la pérdida de la banda Oriental (Uruguay) para las provincias unidas. A nivel político, esta derrota le costó el puesto a Rivadavia, y el primer intento de organización se disolvió.
Tras nuevas internas, entre las que se encuentra el asesinato de Manuel Dorrego a manos de Juan Galo de Lavalle, la organización se estabilizó nuevamente con la llegada de Juan Manuel de Rosas, bajo la lógica federal, a través del Pacto Federal, y con él, un duradero esquema en donde las provincias unidas se asentaron hasta 1852. Si bien, en un principio, el Pacto Federal se firmó para concentrar el poder Federal ante el Unitario (que en 1830 se aglomeró bajo la Liga Unitaria o del interior), este terminó siendo el punto de partida de la confederación, y la predominancia de un modelo.
San Luis, La Rioja, Catamarca, Mendoza, San Juan, Tucumán, Córdoba, Salta y Santiago del Estero firmaron el pacto que agrupó a los unitarios tras la derrota de Lavalle, quien luego de fusilar a Dorrego administró la provincia de Buenos Aires por un año. Tras la derrota de Lavalle y con la sucesión de Rosas en marcha, los unitarios ofrecieron esta oposición. Sin embargo, con el pasar de los meses todas las provincias fueron adhiriendo al Pacto Federal: Corrientes, por ley del 19 de agosto de 1831; Córdoba el 20 de agosto de 1831; Santiago del Estero, por ley del 20 de agosto de 1831; Mendoza, por ley del 1 de septiembre de 1831; La Rioja el 12 de octubre de 1831; San Luis el 13 de abril de 1832; San Juan el 3 de mayo de 1832; Salta el 4 de julio de 1832; Tucumán el 8 de julio de 1832 ; y Catamarca el 3 de septiembre de 1832.
Originalmente, el pacto fundante fue entre Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. Contempló, a grandes rasgos, la protección recíproca entre ellas, la defensa irrestricta ante cualquier invasión extranjera tanto de estas como de las otras provincias, el uso pleno de sus ríos para la navegación y la expansión de la industria, y la posibilidad de relacionarse con otras provincias, siempre mediante previa discusión.
Se estableció así, un estilo de organización que, segúnel historiador Felipe Pigna “no se terminó de consolidar por estar en un estado permanente de guerra”. Pigna dialogó con Revista Trinchera y explicó que “Rosas tenía el manejo de las relaciones exteriores, hizo algunas alianzas con provincias, pero el modelo en sí solo se puede observar desde Buenos Aires”. Para Pigna el modelo rosista puede traducirse a “un modelo en donde empezaba a industrializarse a través del saladero de cuero tasajo y demás”, pero que “constitucionalmente” fue inexistente “porque no había organización nacional, que es una de las cosas que le reclama Facundo Quiroga”.
En ese sentido, es importante aclarar que el modelo como tal generó un nivel de autonomía muy alto a cada provincia, por lo cual las medidas y formas dependieron de cada distrito. Lo único que se unificó como lógica general fueron las relaciones con el exterior, única arista en donde podemos analizar a Rosas como constructor de una política nacional. En ese sentido, se destacó por la protección de las industrias textiles, pesqueras, entre otras, a través de leyes como la Ley de Aduanas de 1935, que regulaba exportaciones e importaciones.
Según Pigna “Rosas se niega a expandir una construcción nacional porque defiende los intereses de Buenos Aires, y entiende que una organización constitucional hubiera llevado a la distribución de rentas del Puerto y la Aduana, cosa que no estaba dispuesto a hacer”.
No obstante, el historiador propone pensar al “régimen federal” cercano a “lo que intentó Urquiza”. “Lo más parecido fue en el breve período de la confederación nacional con las 13 provincias que la conformaron, entre 1852 y 1861 hasta la derrota de Pavón, donde Urquiza intenta un armado nacional con base en la constitución y promoción de la inmigración y de la educación pero sin recursos económicos”, explicó.
Al mismo tiempo, añadió: “El modelo de Urquiza estaba condenado al fracaso porque no tenía cómo financiarse, creo que hubiera sido más beneficioso, por supuesto, la consecución y el buen funcionamiento del modelo, pero no tuvo concreción”.
Como narra Pigna, Rosas fue derrotado a manos de Justo José de Urquiza (también federal) en el año 1852. Su proyecto evidentemente aspiraba a ser nacional, aunque la riña con Rosas era personal, y derivada del bloqueo a Montevideo, lugar central para el comercio de Entre Ríos (de donde era el primero).
Además, Urquiza había recibido ofertas de alianzas unitarias, por lo que contó con “los fierros” suficientes, además del Brasil, quien decidió salir en defensa de Montevideo. Fue victoria para la banda del entrerriano, y tan solo un año después, en el año 1853, se dictó la primera constitución nacional, que con vaivenes en la historia -intervalos donde otras constituciones estuvieron vigentes como la del año 1949 hasta 1955-, siguió vigente hasta hace tan solo 31 años.
Las primeras líneas de la carta magna retomaron lo escrito por Rivadavia, para luego hacer énfasis en “las provincias de la confederación”, además de garantizarles una constitución interna propia. Sin embargo, las complejidades mayores afloraron cuando la década avanzó.
Así lo anticipa Hernán Brienza, también historiador que se comunicó con Revista Trinchera: “Argentina tuvo una constitución con reformas en el 60, 62 y en el 79 con la capitalización de Buenos Aires, lo que hace un complejo constitucional, no una sola constitución. Más allá de que lo central no se tocó, las relaciones políticas de Buenos Aires y de la República Argentina cambiaron con esta última reforma”.
Urquiza creyó haber llegado a lograr su cometido: en el año 1852 firmaron entre las provincias el Acuerdo de San Nicolás, mediante el cual se comprometieron a sellar la constitución. Él, como gobernador de la provincia de Buenos Aires, tras derrotar a Rosas, podría proveer una gran parte del financiamiento al Estado nacional.
Pero los unitarios tenían otros planes: Bartolomé Mitre y Adolfo Alsina dieron un golpe de Estado en la provincia, y lograron que, un año después la provincia más rica no firmara la constitución. Su plan era visible: mantener a la provincia con la Aduana y los puertos fuera para evitar descentralizar los ingresos.
La constitución se escribió igual y la confederación intentó caminar. El letrado Juan Bautista Alberdi la había redactado con varias influencias en el sistema federal estadounidense, pero con diferencias en cuanto a “la necesidad que tenían los pueblos de América del sur” de “formarse más rápido”. Esto representaba una necesidad de inversión grande en educación y formas de vida digna.
Sin embargo, con el correr de los años de la década, la figura de Mitre se impuso mediante el poder, clave para asentar el centralismo de Buenos Aires en el país, o al revés: para hacer un país centralista. Este suceso marcó a fuego a un país que, a día de hoy, sufre las desigualdades de ese centralismo, y explica lo dicho por Pigna, sobre la falta de financiamiento que experimentó el proyecto de Urquiza al no poseer Buenos Aires.
Mediante el Congreso Constituyente del año 1860, en donde la mayoría eran unitarios, Buenos Aires logró ingresar a la confederación reteniendo los derechos de aduana, a cambio de dar una parte de esos ingresos a la nación.
Esa fue la primera modificación de la constitución e inauguró el proceso en el que Mitre tiño la historia argentina a su merced. Tras esta victoria, se midió directamente contra Urquiza y los federales en la Batalla de Pavón. El federalismo había cedido y el unitarismo había avanzado, por lo cual ambos tenían motivos para dar otra batalla. Mitre y los suyos se impusieron, y a partir de allí le dieron fin a la larga guerra civil, instalando definitivamente y mediante diversos poderes el unitarismo.
Mitre tomó la gobernación y se autoproclamó presidente, una necesidad que también entraba en sus planes para la nación. Al año siguiente, en 1862,consolidó su liderazgo a través de elecciones, convirtiéndose en el primer presidente de la Argentina.
Tras este suceso, se instaló una larga y duradera estabilidad que resistió, únicamente, hasta colapsar ante la presión de una población civil olvidada. El modelo liberal y centrista instaló una lógica de economía primaria basada en el modelo agroexportador, que proveía de gran cantidad de reservas al Banco Central, pero de ganancias solo a los pocos terratenientes, con un “derrame” laboral de escasas garantías para los trabajadores campesinos.
Se estima que estos permanecían más de 16 horas de lunes a lunes trabajando y viviendo en las mismas tierras de los dueños. Una neo-esclavitud que casi no se reservaba diferencias con la esclavitud lisa y llana.
Por otro lado, se destacan de este período la necesidad de extender la educación (bajo una forma occidental y sin reconocer a los pueblos originarios), y la construcción de conectores a lo largo del país como las redes ferroviarias por Julio Argentino Roca, aunque mediante la inserción de los ingleses como proveedores de las maquinaria y otros insumos.
Además, la imposición de una sola cultura fue a sangre, con la “campaña del desierto” llevada adelante por el mismo Roca, en donde asesinó a la mayoría de los pobladores originarios. Roca se excusaba de continuar el proyecto de Rosas, quien en realidad tuvo una táctica más persuasiva y menos violenta.
“Se terminó imponiendo un modelo muy dañino para la Argentina que fue el agroexportador, un modelo para pocos, excluyente, y basado en el fraude electoral y en la dependencia de Gran Bretaña, con escasas garantías para los ciudadanos”, sintetizó el historiador Pigna al respecto y sentenció: “El ciudadano de a pie no tenía derechos pero sí muchas obligaciones”.
Trinchera entrevistó a Roberto Feletti, quien a lo largo de su carrera, ha ocupado cargos clave tanto en el ámbito nacional como en el de la Ciudad de Buenos Aires. Vicepresidente del Banco Nación, Secretario de Política Económica y Planificación del Desarrollo de la Nación, Diputado Nacional por CABA, presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Honorable Cámara de diputados de la Nación, ministro de Infraestructura y Planeamiento de la Ciudad de Buenos Aires y secretario de Comercio Interior.
¿La coparticipación federal está bien aplicada o se podría hacer alguna reforma, o algún cambio, para que no dependa del poder de turno?
En primer lugar, vos tenés una distribución primaria de la coparticipación donde las provincias se llevan el 52,2 % de los recursos, donde las alícuotas son producto del acuerdo que hicieron los gobernadores en 1988 con el gobierno de Alfonsín. En este tipo de distribución secundaria, el caso emblemático es la Provincia de Buenos Aires, donde genera 40 puntos del Producto Bruto Nacional y lo que recibe como alícuota de coparticipación es el 22%.
Esto se consolida en el Pacto de Olivos y en el artículo 75 de la Constitución de 1994 donde prácticamente esas alícuotas quedan congeladas porque un cambio tiene que ser ratificado por todas las legislaturas provinciales, lo cual es prácticamente una reforma de la Constitución, imaginemos que los 24 distritos ratifiquen un cambio de alícuotas, que en muchos casos podrían estar en contra de alguna de las provincias, eso, claramente no va a ocurrir.
¿Qué provoca, en el campo de la política, la consolidación de este esquema de coparticipación?
El diseño político de esa distribución de recursos federales provocó que dos presidentes peronistas o dos coaliciones peronistas que llegan al poder lo hicieran desde provincias de menor peso económico en el país, caso La Rioja con Menem, caso Santa Cruz con Néstor y Cristina, y como dato, las coaliciones antiperonistas llegan desde las jefaturas de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires derrotando en las elecciones a gobernadores peronistas.
Caso concreto, De la Rúa le gana la elección a Duhalde, Macri le gana la elección a Scioli. Es decir, fíjate cómo el diseño federal de la Constitución de 1994 tiene un correlato político que se expresa claramente en los procesos electorales. Ahora bien, ¿cuáles son los otros componentes que están jugando o que están teniendo hoy discusiones? Bueno, obviamente el proceso de distribución de recursos y por presiones también fue mutando y no sólo basándose en las alícuotas de coparticipación pura y dura, sino que se buscó durante los gobiernos de Néstor y Cristina un equilibrio en lo que eran los procesos de inversión social.
¿Cómo repercute desde el año 1993 las transferencias de responsabilidades nacionales a las provincias, teniendo en cuenta la distribución de los recursos?
A las provincias les transfirieron por imperio de los pactos fiscales del ‘93 todo el sistema de salud, todo el sistema de educación, todo el sistema de cultura, todo el proceso de inversión social, sobre todo los sistemas de educación y salud, los efectores directos, escuelas primarias, secundarias y hospitales, fueron transferidos, muchas veces, con recursos menguados para sostener ese sistema de inversión social. Sobre eso hubo correcciones como fue el Fondo de Incentivo Docente que pretendía asegurar un salario uniforme en todo el país y compensar los desequilibrios educativos que se habían producido por imperio del traspaso de la inversión social con efectores directos a las provincias. Ese Fondo de Incentivo Docente fue anulado en el marco de este gobierno y es muy grave, sobre todo lo padece la provincia de Buenos Aires, que es la que tiene el sistema educativo más importante de todo el país, pero además porque rompe la posibilidad de una política educativa en el conjunto de la nación.
Además del Fondo de Incentivo Docente, hubo un fondo destinado a la obra pública...
El mal llamado Fondo Sojero, que era destinar un 30% de los derechos de exportación a ser coparticipados con destino exclusivo de la inversión pública, es decir, transferir fondos para compensar las carencias de inversión social y de inversión pública por vía de ampliar recursos coparticipables. Todos esquemas que durante los gobiernos de Macri fueron deteriorados y durante el gobierno de Milei, directamente eliminados. Este gobierno, que a través de lo que se llamó el Pacto de Mayo que, paradójicamente fue respaldado por un gran número de gobernadores, lo que hace es apoyarse en otro aspecto de la Constitución del 94, que iría en favor de las provincias, que es la propiedad del subsuelo, consagrada en el Pacto de Olivos y en la Constitución de 1994, el subsuelo es propiedad de las provincias.
El Pacto de Mayo lleva 15 meses desde que 18 gobernadores lo firmaron y no se ha rediscutido, hasta el momento, la coparticipación federal. Apunta a reemplazar recursos federales porque está atado al Régimen de Incentivo de Grandes Inversiones, el RIGI, que supuestamente implicaría un flujo de fondos de inversión, sobre todo extranjera, en recursos naturales, en recursos primarios, concretamente la minería, los hidrocarburos, es decir, empezar a desplazar el peso de la pampa húmeda en el país como generadora de recursos primarios y de divisas exportables en el área cordillerana, la minería y los hidrocarburos en la Patagonia. Eso es el Pacto de Mayo.
Ahora, aparece de repente el sector minero en el sur y el sector del cobre, litro y otros commodities en el norte. La pregunta es, ¿podrían defender estas provincias a partir de esta nueva explotación, estos commodities internacionales? Pensando obviamente que primero, seguramente se tenga que industrializar, porque simplemente como exportación y como sector primario sea algo que no dé mucho trabajo tampoco, y solamente genere ingresos a la banca del Banco Central ¿Se podrían defender en ese sentido, o seguiría siendo una situación de vulnerabilidad para estas provincias?
¿Por qué los gobernadores aceptan firmar un pacto que le es poco favorable y además le pone un techo a sus presupuestos? Bueno, tengo que referirme a la situación mundial, la crisis de hegemonía mundial que se materializa en guerras como la de Ucrania, sobre todo, pone en valor un conjunto de materiales, minerales, además de los precios de los alimentos y los hidrocarburos, que en toda la zona cordillera torna rentable la explotación primaria de recursos como el cobre, el litio y otros tipos de minerales. Entonces, al volverse rentables y al ser las provincias dueñas de ese subsuelo, se vuelven un factor de poder en lo que es la administración de la relación con esas inversiones, ese desplazamiento que paulatinamente se está dando en términos de producción primaria, en términos de divisas, desde la pampa húmeda a la energía y probablemente a la minería, por alguna razón los gobernadores van más allá de la falta de visión política.
Uno de los problemas centrales de la economía argentina ha sido la acumulación de reservas del Banco Central. ¿Cuál podría ser la solución?
Ir en camino de lo que planteaba la Constitución del 49, en el que directamente la nación se hacía cargo de todo, todo lo que estaba en distintos suelos lo gestionaba la nación, después redistribuirá como se plantee, pero por lo menos tiene el acceso a un montón de sectores estratégicos para poder acumular reservas.
Con un Estado Nacional fuerte, con empresas públicas de alcance nacional que unifican el territorio. Ahora, eso se apoyaba en un conjunto de actores políticos y sociales sobre los cuales debe haber una uniformidad de proyecto nacional, la comunidad organizada implicaba una serie de organización corporativa del Estado, donde interactuaban las cámaras empresarias, la Confederación General del Trabajo, e inclusive las Fuerzas Armadas y la Iglesia Católica como corporaciones actuantes.
Es decir, había un proyecto nacional. La Constitución del 49 marca un proyecto de nación unificada, pero había proyecto de nación en todas esas corporaciones, que después se rompe, se rearma, se rompe, se rearma, hasta que colapsa definitivamente con la dictadura cívico-militar del 76, donde esos actores rompen definitivamente. Pero había un proyecto de nación que no hay hoy.
La constitución actual, la del 94, paradójicamente, es bastante opuesta a la del 49...
La Constitución del 94 es una Constitución que plasma, Menem y Alfonsín. Creían que fundaban un sistema político por treinta años, y les duró ocho, estalló en la crisis del 2001. Ahí es una claudicación de los partidos mayoritarios fundantes de la Argentina, el peronismo y el radicalismo, frente al modelo neoliberal.
Se puede decir que esa Constitución tiene rasgos neoliberales. Y por eso se termina aceptando este tipo de modelo, donde las provincias tienen el manejo del subsuelo, lo cual empezó a quebrar la nación, porque son recursos estratégicos para la nación. En una administración, y te lo pongo en experiencia de gestión, está la discusión de la ley de hidrocarburos, donde nos planteábamos que YPF tuviera el manejo de toda la exploración de las áreas, fue resistido por los gobernadores que querían licitar las áreas, y que YPF compitiera como una empresa más. Bueno, esa no es una discusión menor. Yo lo viví, esa no me la contó nadie, en el 2014. Digo, en eso quiero rescatarlo a Julio De Vido, el último tipo que tuvo una visión de planificación a nivel nacional, fue él.
¿Cómo reconstruir hoy un proyecto nacional en la Argentina?
Hoy no se observa, en el horizonte. Frente a esta crisis que plantea Milei y esta subordinación colonial inédita para la Argentina, no aparece un frente nacional definido. Todos estamos en contra, todos puteamos, pero no aparece la articulación de un frente nacional. En el 2001, desde marzo a abril, se discutía la salida de la convertibilidad en distintas mesas, y de hecho yo presidía el Banco Ciudad y participaba de algunas.
Mañana le tocará al peronismo nuevamente, en cualquiera de sus formas y facetas, gobernar para resolver estas cuestiones, en esta idea de pensar un nuevo proyecto nacional. Creo que todavía no se está discutiendo un frente nacional que asuma la necesidad de tener un sector externo robusto. Es decir, vos vas a tener a mediano plazo un desplazamiento de la oferta de divisas, que no va a ser exclusivamente agropecuaria, sino de hidrocarburos y minería junto con el agro, y no se está discutiendo eso. Es fundamental para esto. El que lo está discutiendo, paradójicamente, quien lo discute es el propio afectado, que es el agro.
¿Es fundamental para engrosar las divisas la reindustrialización?
Es fundamental, no hay destino de país, sino. Pero, además, si vos administrás el comercio exterior, que es la fuente de genuina de divisas, tenés la posibilidad de estabilizar el país. Todo esto, obviamente corresponde a la economía real y productiva que hoy en día tiene un papel muy por debajo de lo que debería tener el gobierno, sabemos que es puramente especulativo, financiero.
En el gobierno de Néstor hubo un hecho clave que fue la renegociación de la deuda con dos tercios de quita. Es decir, lo que hizo Néstor fue destruir capital financiero para que se adapte a la economía real. Y después le dijo, dijo, “Bueno, les ofrecemos el cupón PBI, es decir, si la economía real crece, nosotros les vamos a pagar más.” Eso fue clave, fue fundacional del gobierno. No hubieras tenido la estabilidad de la década ganada sin eso.
Hoy tenés activos financieros producto de un endeudamiento desmesurado que no tienen correlato con la economía real y la asfixian.
La otra opción en cuanto a la economía real, es definir la inserción internacional. La inserción internacional con Brasil, es decir, los acuerdos Lula-Néstor después del no ALCA, definieron un acuerdo entre naciones. Bueno, fue tremendamente virtuoso para superar la crisis del 2008, para lograr que el crecimiento de un punto del PBI de Brasil fuera un cuarto de punto del PBI de Argentina. Es decir, el segundo paso es la inserción internacional. Hoy tenés un bloque político, económico y militar que está dispuesto a acompañar a la Argentina, que son los BRICS. Bueno, eso es una definición política. Primer paso, ordenar un programa financiero, es decir: ¿Qué hacer con la deuda? Segundo paso, la inserción internacional. Y tercero, intentar, que es más difícil, pero hay que hacerlo, desarrollarse apoyado en un conjunto de empresas medianas, un circuito de producción y consumo menos transnacionalizado y más abierto que el que hay hoy en Argentina. Me parece que son esas tres cosas, una manera de redistribuir el trabajo y los ingresos.
¿En este plano de crecer, no debería Argentina, además de lo que ya ha mencionado, utilizar al máximo sus mares, sus ríos y su plataforma continental?
Sí, evidentemente hay una subutilización de los recursos naturales de Argentina, sin duda, pero tiene que ver con la desestructuración de una flota mercante.
Y también de muchas cuestiones que tienen que ver con determinado cumplimiento de necesidades básicas, y ahí me voy a Francisco, ¿no? La visión del Papa,
lo fundamental es tener el iPhone de última generación, el teléfono de última generación y en realidad eso es una demanda de ricos. Menciono al territorio marítimo como fuente de alimento y fuente de recursos. Este es un país que podría darle de comer a todos, podría vestirlos a todos, porque tiene las fibras naturales que le pidas, el algodón, el lino, la lana y el suficiente componente industrial textil como industria madura. Y podría tener a todos bajo techo porque también tiene canteras de sobra y recursos. para la construcción. Quiero decir, es un problema de asignación de recursos.
Hemos llegado al extremo, ahora, de que se está exportando carne, y la gente no puede comer. Además de invertir en un montón de subsidio social o subsidio en transporte, energía, ayuda social directa, educación y demás, hay que subsidiar una fábrica si es necesario, subsidiar la competitividad de una fábrica, donde sería mucho más ordenado en términos de cultura del trabajo y cohesión social.
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“Se rompe loca mi anatomía Con el humor de los sobrevivientes De un mudo con tu voz, de un ciego como yo Vencedores vencidos”.
Vencedores Vencidos- Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota (1988)
Hay quienes entienden a la historia como una lucha permanente por la liberación de los pueblos, léase la historia como un conflicto permanente, como un campo de batalla donde se sacrifican y se enfrentan la relectura del pasado y el sentido del presente. Desde esta perspectiva entonces, la historia, lejos de ser la acumulación relativa y distante de eventos estáticos, congelados, en un devenir inconexo entre fechas y efemérides, es la narración de las luchas que dan forma y contenido a los eventos contemporáneos.
La historia como una línea del tiempo sobre la cual los actores avanzan y retroceden, nos permite viajar, del presente al pasado, en un transitar cargado de preguntas, para transformar así las anteojeras – que a todos nos nublan/guían desde donde vemos la realidad.
El abordaje de la historia desde la perspectiva del Pensamiento Nacional, es poner en práctica el ejercicio de tensionar los sentidos de la historia “bien” contada. En un enfrentamiento de bibliotecas, que más que enfrentamiento es una bacanal donde los sentidos se trenzan y se repelen. El pensamiento nacional planta bandera, una insignia cargada de incógnitas que devela las legitimidades, los poderes y las intenciones subcutáneas de los textos constituyentes del país.
En este caso, el repaso que rumiamos para la nota actual, podríamos enmarcarla sobre una cortina radial que estimule la lectura en un loop ensordecedor reproduciendo hasta el hartazgo vencedores – vencidos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Porque somos partidarios de darle contexto al texto y porque como muchos otros autores han referido anteriormente, la cultura, en cualquiera de sus expresiones artísticas siempre camina unos pasos delante de nosotros, avanza en la boca de los protagonistas, da cuerpo e imagen a los actores y los habla, antes de que las plumas iluminadas hablen por ellos.
En este sentido, también, y quizá por que esta nota pretende ser más un ensayo que una nota, es que además de bibliografías nos encontremos y buceemos dentro de materiales complementarios; Desde poesías de alcurnia a payadas de fogón, del chamamé a la cumbia villera y de la zamba al rock and roll.
Bajo el anhelo de seguir la huella gonzalina y la fresca huella de quienes parten enseñando a pensar, este texto busca recuperar los restos pampeanos húmedos de sangre, aquellos sobre los que nos narra Horacio González en una crónica civilizatoria que nos acuna pendularmente sobre la “Civilización o/y barbarie”.
Con los pies empantanados entre la sociología y la historia, avanzaremos entonces, en un ensayo sobre la criminalización de la pobreza intentando dar cuenta de un proceso civilizatorio de colonización y productividad, con la particularidad insidiosa de no solo mentar el pasado, sino también acechar el presente.
Vencedores-Vencidos
En el segundo tomo de Revolución y contrarrevolución en la Argentina de Abelardo Ramos (1999), más precisamente en las páginas dedicadas a la revolución palaciega, el autor cita las declaraciones de Saenz Quesada donde expresa lo siguiente:
“En definitiva Martin Fierro nos abre un interrogante: si fue meramente tonto o delincuente nato. De lo que no hay duda es que fue un vencido” (Revolución y contrarrevolución en la Argentina de Abelardo Ramos. 1999. Pg.239)
Esta frase, nos presenta la cervical de lo que pretendemos dejar al descubierto. Es decir ¿Cuál es el nexo entre el Martin Fierro, la delincuencia y el relato del perdedor?¿Se puede hablar de vencedores y vencidos en la historia nacional? ¿Puede esta pregunta estar en el corazón de la pregunta por el Estado?
A partir del libro antes mencionado y repasando los decires de Quesada, nos encontramos con una discusión neurálgica de la sociedad argentina, tan fundante como actual, en torno al nacionalismo. ¿Dónde radica el corazón del ser nacional?
A priori, podríamos rastrear la huella de dos posibles respuestas. En los términos de Abelardo Ramos estaríamos hablando por un lado de un nacionalismo patricio, vinculado a la alta alcurnia y por otro lado al nacionalismo popular.
En función de la exposición del autor antes mencionado, dentro del nacionalismo patricio, habita un cándido vuelo aristocrático, con inspiradas declaraciones de admiración a estancieros y alabanzas liberales, que reproducen un habido desprecio a aquellas expresiones de orden populoso. Para decirlo en otras palabras, desde esta perspectiva, la nación encandilará de grandeza el día que el desarrollo económico y productivo empate a las grandes naciones y el libre mercado nutra las arcas de los buenos negociantes. Conjuntamente, esto tiene su respaldo en la ciencia positivista y la reproducción del extirpamiento de lo plebeyo en materia ciudadana, léase; cuando la Argentina sea meritoria de entrar en la línea de tiempo de la humanidad.
Pensando con Kusch podríamos repasar y repensar la siguiente frase:
“Hacia mediados del siglo pasado, Sarmiento y Alberdi, claman en Argentina por sustituir a los criollos por anglosajones como única salida para lograr esa incorporación al ritmo en que vivía la humanidad, y hoy, en 1968, nos han calificado de subdesarrollados. ¿Qué ocurre? ¿Somos incapaces de incorporarnos al ritmo de la humanidad? (…) Volteados por la historia no tenemos más remedio que poner murallas en las ciudades, pensar que en ellas tenemos un estilo de vida al cual no habrá de incorporarse nunca el campesino, y decir que éste está cargado de miedo (…). La prueba está en que se les ofrece todo y estos se resisten. (…) Se diría entonces que son inferiores y analfabetos. Entonces es natural que haya murallas, que nuestras ciudades sean espléndidas y también que todo lo que referente al campo sea desolador. De un lado todo y del otro nada. De un lado la seguridad de estar con un pie en la historia y del otro un nebuloso, del cual habrá que esperar siempre lo peor.” (La negación del pensamiento popular, Kusch. 2008. Pg.174)
Para pensarlo con preguntas podríamos entonces volver sobre Kusch e interrogar; ¿qué hay del otro lado de las murallas, qué hay de la historia analfabeta? En 1968, mismo año en que Kusch esbozaba sus reflexiones, Roberto Carri publicó “Isidro Velázquez”. Formas prerrevolucionarias de la violencia. Un libro que da cuenta a partir de la reconstrucción de la historia de Velazquez, no solo del proceso de cercamiento de la tierra en Chaco y en general de toda la región, desde Reconquista a Pilcomayo, sino también del proceso de perpetuación de una colonización programada.
Este autor entonces, nos presenta la propagación de una violencia subcutánea que le toma el pulso al Estado-Nación argentino desde su génesis. Desde la llegada de los primeros colonos y la explotación del quebracho, la sumisión de las poblaciones originarias y el surgimiento de los ingenios tanto azucareros como algodoneros. En la implementación de una burocratización que signo y sigue aún signando las relaciones laborales en el marco de la reproducción de aquellas desigualdades entendidas como originarias.
Tomamos la obra de Carri, como epicentro, no sólo porque creemos que delinea el problema que presentamos con anterioridad, sino porque el uso de los archivos a los cuales el autor remite, nos presenta un puente para pensar los hechos desde otro ángulo. La reconstrucción histórica que nos brinda este autor, no solo es el relato de un proceso civilizatorio, sino también, la voz hecha canto de las payadas, las coplas y los versos que fueron propagando, de boca en boca, la historia de Isidro mucho antes de que esta se acopie en la sombra de algún libro.
A esta biografía enredada en mitos, el autor la toma como materia viva y maleable, la interroga sobre archivos policiales y con registros de la época. En otras palabras, hace respirar la historia entre el mito y el hecho, enfrentando a la historia oral con la historia escrita, las mezcla, las hace una misma cosa y las vuelve a enfrentar mientras se incrusta en el corazón del brete y cuestiona el forjamiento del Estado-Nación Argentino.
Antes de seguir por la huella de Isidro, corresponde dejar al descubierto otra discusión que sobrevuela el pensamiento nacional. En este caso, presentada por Horacio González, quien elaboró en múltiples trabajos el abordaje al mito. Como un guiño al trabajo anteriormente presentado, nos referiremos a la sección Solanas y los Hijos de Fierrodel libro Restos Pampeanos, publicado por Colihue en 2007.
En su análisis, González expone el paralelismo llevado adelante por Pino Solanas entre el Martin Fierro, las representacionesgauchipolíticas de las luchas sociales argentinas y la resistencia peronista. Pero, la pregunta ordenadora es si podemos, acaso, pensar dentro del mito. La respuesta elaborada sugiere que el ejercicio desarrollado por Solanas, de hacer que el cine actúe dentro del mito literario y no que sea meramente una narración de este, forma parte de desarmar al mito, convirtiéndolo así en una pedagogía social activa. Para formularlo con otras palabras; Horacio González, siguiendo a Astrada, nos permite entrar y salir del mito, verlo como una tregua desde donde lanzarnos a leer la historia, ya que a fin de cuentas “no solo es posible pensar dentro del mito, sino que no hay pensamiento crítico que no parta, para construir su “afuera”, en un envolvimiento con el mito.” (Restos pampeanos. Gonzalez, H. 2007. P.156)
Pero retomemos a Roberto Carri, sobre la base del pensamiento marxista, este autor nos presenta, como sostuvimos con antelación, que las relaciones sociales cimentadas bajo un capitalismo de principios colonizantes, solo fue posible de implementar por medio de la fuerza y con la elaboración de estructuras jurídico-políticas y culturales enraizadas en la filosofía positivista, desde las cuales se construyeron legitimidades sobre el supuesto de inferioridad moral proyectado sobre las bases subalternas-populares.
Vencidos o no, los magullados de una Patria castigada: De Durkheim a Juan Moreira
“Para el pobre no había leyes que fueran de su provecho, para él no había derecho solo existía el deber de luchar y no tener/ni para vivir un techo”
Juan Moreno (poema gauchipolítico de actualidad). Luis Eduardo Lescano.
Durkheim pensaba el castigo, como una forma de educación moral, es decir, dentro de la sociedad moderna, comprendida como una solidaridad orgánica donde el trabajo y la cooperación constituyen un conjunto que trasciende a la unidad de las partes, el castigo, funciona como el delineamiento de las fronteras de esa solidaridad. Para decirlo en otros términos, a cada sociedad le corresponde un marco jurídico-legal que se corresponde a los acuerdos comunes de lo instituido como justo y consecuentemente el castigo llevado adelante se adecua no solo, a la sanción individual por el infringimiento de la moral social, sino que opera de forma aleccionadora para el común de la sociedad.
En este marco, el castigo, lejos de ser un elemento utilitario, es una expresión de la acción moral, es decir, en esencia el rol del castigo, es tramitar el reproche y aleccionar socialmente al conjunto de la sociedad, no es el fin del castigo que el individuo expíe sus culpas, es la imposición del orden moral hegemónico lo que entra en juego.
De Durkheim a Juan Moreira hay pocos pasos, los suficientes como para sumergirnos en la obra de Josefina Ludmer y adentrarnos en el estudio sobre los cuerpos subalternos, o parafraseando a la autora, los cuerpos del delito, que se enredan en la doble cadena que abraza el estudio de la gauchesca y la pedagogía moral.
Josefina Ludmer con sus trabajos sobre Juan Moreira, nos presenta la teoría de la violencia popular, donde el héroe modernizador se encarna en la confrontación de la violencia contrapuesta. Con esto, aludimos al doble rol que el gaucho cobra en las narraciones literarias que la autora analiza.
Volcándonos entonces, sobre Juan Moreira, o sobre las obras de Eduardo Gutierrez, podríamos rastrear no solo los diversos castigos, vejaciones y mutilaciones corporales perpetradas sobre los gauchos, sino también aquellas reproducidas por ellos mismos. Es decir, podemos, en las obras de Eduardo Gutierrez, pero también en un gran acopio de obras gauchescas, encontrar el retrato de la doble posición del gaucho representado como víctima y como verdugo, como parte de la partida policial, o como cuatreros, bandidos rurales, desertores o simplemente perseguidos.
Este juego de doble posibilidad, o doble posición, sostendrá la autora, nos presenta un escenario donde el carácter ambiguo de su condición habilita y fortalece dos representaciones posibles; el mártir de la justicia popular, asediado y castigado por la violencia estatal, y su correlato, donde aparece el otro Juan Moreira, el gaucho valiente, el gauchisoldado, el “adaptado social” del que la oligarquía liberal masculina se vanagloria.
A raíz de esto, podríamos hacer un salto trascendental en tiempo y espacio para prefigurar preguntas direccionadas al presente. ¿No hay acaso una posición de doble representación proyectable en las prefiguraciones sobre los sectores subalternos del presente?. Sin adentrarnos demasiado pretendemos simplemente presentar algunas preguntas, ¿Qué clase social nutre las cárceles argentinas en un porcentaje superlativo, de qué barrios salen esos jóvenes y adultos?. ¿Por qué mayoritariamente los índices delictivos están relacionados a una participación masculina? Y paralelamente… ¿De qué clase social provienen mayoritariamente quienes conforman las fuerzas de seguridad, a que barrios pertenecen, como se dan las relaciones de equidad respecto al género y el desarrollo de las tareas dentro de las fuerzas?. Y hay, incluso, otra pregunta que hilvana transversalmente a las anteriormente expuestas. ¿Qué color de piel tienen los unos y los otros, qué rasgos, qué procedencia histórica, qué ancestros, qué sangre?. ¿Algo de ésto, tendrá que ver con aquello? No pretendemos homogeneizar ni reproducir una lectura simplista ni determinista del presente o el pasado, simplemente presentar preguntas que no responderemos en el presente trabajo, pero que sin lugar a dudas pretendemos seguir pensando hasta elaborar una respuesta pertinente.
Desde Ludmer podríamos postular:
“Uno de los límites del género gauchesco es la revolución y la guerra de independencia, que abren la práctica del uso militar del gaucho y su desmarginalización. Con las leyes y las guerras puede establecerse la primera cadena de usos que articula el conjunto del género y le da sentido: A) utilización del “delincuente” gaucho por el ejército patriota: B) utilización de su registro oral (su voz) por la cultura letrada:Género gauchesco y en adelante C) utilización del género para integrar a los gauchos a la ley “civilizada” liberal y estatal. (…) La cadena no solo marca el tiempo del género y le da sentido: narra también el pasaje entre la delincuencia y la civilización. (El género gauchesco. Un tratado sobre la patria. Luder. 1988. p.39)
“La construcción escrita de la voz del gaucho tiene un sentido múltiple que remite al cuerpo patriótico del soldado, al cuerpo sustraído del desertor y al cuerpo del “delincuente”. (El género gauchesco. Un tratado sobre la patria. Luder. 1988. p.41)
De abatidos a indomables. Principios de un gaucho rebelde.
La muerte apagó la risa Del Sol que duerme ardiendo en el Chaco Porque Machagai se ha vuelto Un llanto triste de sangre y barro Ya no está Isidro Velázquez La brigada lo ha alcanzado Y junto a Vicente Gauna Hay dos sueños sepultados
Camino de Pampa Bandera Lo esperan en una emboscada Y en una descarga certera Ruge en la noche la metrallada Isidro Velázquez ha muerto Enancao en un sapucay Pidiéndole rescate al viento Que lo vino a delatar Pidiéndole rescate al viento Que lo vino a delatar
La muerte apagó la risa De los machetes en los quebrachos La pólvora entre los huesos Se hizo ceniza en dos pechos bravos Sin una vela encendida Sin una flor a su lado Sin una cruz en la tierra Hay dos sueños sepultado
EL ULTIMO SAPUCAY – Jorge Cafrune
En el escenario presentado y retomando a Carri, podemos pensar lo expuesto en clave de continuidades estructurales dentro de una lectura decolonial en el marco de un proceso civilizatorio. ¿Pero hay lugar allí para las posibles contraofensivas? ¿O la historia es meramente una consecución entre opresores y oprimidos sin margen para la acción?
En ese escenario de perpetua y visible agresión, lo único imprevisible en términos de Carri es la revuelta, la insurrección, la acción reactiva y la reapropiación de una violencia para subvertir el orden de las cosas. Recuperando la obra de Fanon, a partir de la cual la violencia contra el opresor es un acto de emancipación política, subjetivo y cultural, nuestro autor, insiste en que la historia de Isidro y Gauna, desbordan y subvierte la lectura rígida de una colonización sin resistencia, en sus gestos de rebeldía, con una violencia bandolera y no necesariamente “orgánica” emerge una resistencia espasmódica, que bien encauzada podría servir como la narración subcutánea de una revolución en curso.
Es imperante aclarar que la obra de Roberto Carri, entre otras discusiones, está elaborando una discusión situada en un contexto dado. Es decir, reconociendo su pertenencia y filiación política, sujeta a un momento de efervescencia revolucionaria, podemos encontrar en la obra un subtexto crítico a la matriz de pensamiento marxista y a la estrategia del foquismo revolucionario. Es decir, a grandes rasgos, lo que señala el autor, es que para pensar en los procesos de emancipación nacional, no es preciso sumergirnos en un vanguardismo de carácter iluminador para con los sectores plebeyos y subalternos, porque la conciencia de sí parte del reconocimiento de las vejaciones históricas vinculadas al proceso de cercamiento de la tierra y a la construcción de aquellos gauchos que no adscribieron originalmente a los modos de vida y productividad que demandaba la modernidad como sujetos perseguidos. Para pensarlo nuevamente, en otros términos, está de alguna forma discutiendo con el Che Guevara, tras su muerte. Señalando que no es preciso que venga un mártir a señalar el camino desde afuera, porque hay dentro de la misma trama del pueblo principios orgánicos de revolución y resistencia.
¿A qué nos referimos con estos principios orgánicos? El caso de Isidro Velazquez, a partir de la pluma de Carri, se nos presenta emblemático como sostuvimos previamente por varios motivos. Uno de ellos, es el tendido de solidaridad que se enarbola entre Carri como bandolero y el pueblo que lo resguarda. Este gaucho rebelde del litoral, fue originalmente protegido por el pueblo que esperaba sus hazañas para acompañarlo y resguardarlo de la partida policial y una vez abatido fue llorado por peones rurales, indígenas, trabajadores golondrina y todos aquellos que vieron en él, algo más que un bandido.
En un territorio donde la presencia de bandidos rurales alzados contra la ley como, Zamacola, Bairoleto y Mate Cosido fue común y popular entre los años 30 y 40, este gaucho rebelde le daba continuidad al mito. Tras la emboscada donde cae Isidro, fue declarado el primero de diciembre como el día de la policía chaqueña y mostrado cual trofeo el automóvil donde fueron acribillados Isidro Velazquez y su último compañero de ruta, Gauna. Pero tras la consagración del pueblo que acudió a llorarlo en una peregrinación hasta el árbol donde los dieron por muertos, las autoridades terminaron por quemar el árbol y borrar las señas de la tumba, de allí la frase del chamamé introductorio a este apartado: “sin una vela encendida, sin una flor a su lado, sin una cruz en la tierra, hay dos sueños sepultados”. Y aunque la pregunta aquí no es como sobrevive el mito del bandido tras ser abatido, cabe mencionar su sobrevivencia tras la censura durante la dictadura de Onganía y el largo paso del tiempo.
Para el boca en boca, Isidro había sido un hombre honesto hasta después de los treinta años y fue empujado por la injusticia fuera de la ley. Si bien el mito de Robin Hood, tiene asidero en diversos sectores del mundo y a lo largo de los años como parte de los grandes relatos que forman los imaginarios colectivos, cabe preguntarnos si el caso de Isidro entra dentro de lo que Hobsbawm (1959) llama “Rebeldes primitivos” o si en el caso de Carri, podemos pensar en un devenir revolucionario, que aviva las brasas, para el fuego de futuras reivindicaciones/revoluciones populares.
A modo de cierre, podríamos citar a Adamovsky, quien sintetizando a Ludmer, sostiene:
“La voz encargada de encarnar al patriota, que representaba a la vez el despertar de la literatura nacional, fue criolla y plebeya. Y por gaucha, cargaba con la sospecha de su proximidad con los mundos del delito y la barbarie. Estas marcas peculiares afectaron profundamente el desarrollo del criollismo popular” (El gaucho indómito, 2023 P. 19).
Quedará pendiente entonces para el futuro, pensar en la participación de estos sujetos en el marco de la incorporación de las masas a la política sujeto al análisis de las migraciones y las reivindicaciones culturales.
Bibliografía
Adamovsky (2023) El gaucho indomito. De Martin Fierro a Perón, el emblema imposible de una nación desgarrada. Buenos Aires. Ed; Siglo XXI.
Biblioteca Nacional Mariano Moreno. (2021) Antología gauchiperonista, 1945-1975 / Comp Emiliano Ruiz Diaz- 1r ed.- Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ed: Biblioteca Nacional
Carri. (1968). Isidro Velazquez. Formas prerrevolucionarias de la violencia. Buenos Aires: Ed: Colihue, (2012. 1° reimpresión).
Gonzalez, H.(2007) Restos pampeanos. Ciencia, ensayo y política en la cultura Argentina del siglo XX. Buenos Aires: Ed: Colihue.
Hobsbawm, E. (1969). Bandidos. Barcelona, Ed: Ariel.
Hobsbawm, E (1959). Rebeldes Primitivos. Barcelona, Ed: Ariel
Kusch, R. (2008) La negación en el pensamiento popular. Buenos Aires. Ed: Las cuarenta
Ludmer. (1988). El género gauchesco. Un tratado sobre la patria. 2da ed. Ciudad autónoma de Buenos Aires. Ed: Eterna Cadencia: 2019
Ramos. J,A. (1999) Revolución y contrarrevolución en la Argentina. Volumen II. Capital Federal. Ed: Distal
Otros recursos
Solanas, F. Los hijos de Fierro (1972)
Manuela Bertola
Hija y nieta de la historia de nuestro pueblo. Estudiante de sociología. Nacida y criada en la ciudad donde las diagonales tocan el sol.
Dialogamos sobre la perspectiva indígena del Estado nación y la crisis de las instituciones y las representaciones políticas con el Werken (Vocero) Orlando Carriqueo, integrante de la Mesa Política del Parlamento Mapuche Tehuelche de Río Negro. En el momento de la entrevista Orlando se encontraba en un viaje por Europa por decisión del Parlamento Mapuche-Tehuelche para internacionalizar sus conflictos, visibilizar sus realidades, visiones, demandas y propuestas.
¿Cómo evaluas hoy el sistema político por el cual llega Milei al poder? ¿Qué alternativas crees que se pueden construir?
Yo creo que no se puede analizar la situación circunscrita solo a una parte del territorio. Hoy lo que estamos viendo en el mundo es una crisis, sobre todo una crisis climática, que tiene una afectación después de la pandemia, en una crisis laboral, en una crisis social. Hay pobreza y desempleo en todas partes del mundo, en Estados Unidos, acá en Ginebra. Yo me encuentro en una gira ahora en Europa de los últimos meses, he visto como países supuestamente desde el primer mundo restringen el derecho a la protesta, son violentos, hay una persecución a los medios de comunicación, con posibilidades de cierre, y eso está fuera de los parámetros de la democracia. Como en Abya Yala, hoy Ecuador está sumida en una protesta de los pueblos indígenas y de gran parte de la sociedad, en una crisis económica que tiene un paro de los últimos días, hay protestas en Paraguay también, el genocidio que está ocurriendo en Palestina que está tensando y está llevando reclamos en todas partes del mundo y creo que es un contexto de Tercera Guerra Mundial.
Esto es algo que no está en las discusiones políticas y que ha conllevado también en muchas partes del mundo a una crisis de representación política. Uno podría pensar y puede cuestionar claramente cualquier parlamento, cualquier legislatura, porque parte de la sociedad no está representada en esos escaños. Ni hablar en las definiciones políticas. Sobre todo en Latinoamérica que tenemos democracias presidencialistas. No hay una democracia participativa. Y estamos en un contexto donde muchas de las cuestiones de la democracia se deben discutir fundamentalmente en un contexto que es central, que es la crisis climática. Es decir, el problema que está sufriendo el proceso democrático en su debilitamiento y un modelo que justamente, principalmente, nunca receptó todas las demandas de los sectores sociales, la democracia aún renga, servía como un sistema de discusión, pero que estaba muy lejos de ser lo ideal. Era lo posible, pero aún en eso posible siempre existimos sectores sin derechos, sin acceso a la vivienda, sin acceso a la tierra, y no solo los pueblos indígenas, como sociedad.
Que acá en Europa vos puedas ver que los jóvenes no tienen la posibilidad de acceder a una tierra o a una casa o a una proyección, que no saben de qué va a trabajar, la inseguridad laboral que hay en el mundo. Es decir, eso nos pone en la dimensión de una crisis de varias crisis, algunos dicen policrisis, pero uno de los aspectos donde se evidencia la crisis es en las representaciones. Y aparecen personajes como Millei, que no vienen de la participación política. Es un personaje por fuera de la política construido a través de las plataformas de comunicación.
Es decir, hay un claro interés de poner gente que no le importa lo colectivo porque también, frente a una crisis que afecta a todo el mundo, ¿quiénes son los cuestionados? Los gobiernos progresistas, los gobiernos que en ningún caso cumplen con su rol o con las expectativas que tiene la sociedad.
Pero creo que hay un tema que es central que son los fenómenos extremos climáticos que están en principio relacionados con una pandemia donde después de que sucedió no se volvieron a recuperar los puestos de trabajo. Entonces el capitalismo como sistema está en tensión. Las sociedades también: el peligro de las sociedades es caer. Y ahí hay una gran relación con los medios de comunicación, con las plataformas digitales que crean un sentido común en la sociedad y también un proceso que se ha dado a través de la globalización donde hoy son las multinacionales y en otros casos el FMI, los que marcan los límites de la política.
Eso me parece que es grave, porque uno claramente puede decir que Milei, por supuesto, no representa ideales políticos construidos desde el debate, desde la construcción o desde la militancia. Es un personaje que cumple un rol puesto por los poderes económicos. Y esos poderes económicos en Argentina están ligados al primer genocidio, que es el genocidio indígena, de lo cual la Argentina nunca habla como sociedad. Si uno analiza quiénes son los que están en el poder detrás de Milei, los Bullrich, los Macri, las empresas ligadas a la sociedad rural que ahora han migrado al sistema financiero, que es otro de los grandes poderes construidos a través de ese despojo sistemático de los últimos 150 años en toda Abya Yala o Latinoamérica. Esas élites han tensado todos los gobiernos democráticos en Latinoamérica y han sido partícipes necesarios y se han enriquecido en todas las dictaduras genocidas. Hoy tienen hoy un peso específico ligado a los gobiernos de derecha.
Creo que hay que hablar mucho de eso porque hay que visibilizar un hilo en la historia que nos atraviesa como sociedad. Cómo la derecha que hoy gobierna o que tensa los poderes y que es claramente violenta, antidemocrática, ha llegado al poder dentro de un sistema en teoría democrático. ¿Qué tiene democrático La Libertad Avanza? Nada. ¿Qué tiene democrático el macrismo? Muy poco. Entonces también hay una hipocresía en la clase política que permite que en el resguardo de la representación aparezcan estas claras ideas que son fascistas, que son claramente violentas y que conducen a la disgregación y a la ruptura del tejido social.
Hablaste sobre el reconocimiento del genocidio a los pueblos originarios como hecho fundante del Estado-Nación. Bueno, ¿qué otras cosas te parece que deberían ser discutidas para poder construir otro tipo de sistema político?
Nuestra perspectiva indígena en la búsqueda del buen vivir para las sociedades, tiene un eje central en lo que pasa en el territorio. La sequía, los grandes incendios, la necesidad de cuidar el agua como un elemento central. Entonces discutir los procesos mineros extractivos que hoy se presentan como el recambio de la matriz energética también es un desafío. Porque no va a existir un recambio de la matriz energética si no se discute el consumo de las sociedades que apunta a la acumulación y que no se puede seguir sosteniendo en el mundo. Eso es lo que está cambiando el clima, lo que está generando el derretimiento de la Antártida y del Ártico, con consecuencias muy graves que ya están viniendo, que tienen que ver con la sequía y los incendios, pero también con terremotos y erupciones en muchas partes del mundo. Eso es el desequilibrio en el mundo y hoy no hay una decisión política de discutirlo pero las circunstancias van a llevar a que eso se empiece a debatir.
En Europa hay un nivel de vida y de bienestar devenido de los genocidios y de la expoliación de los territorios de África, de Asia y de América Latina. Entonces que los gobiernos progresistas tengan un horizonte de bienestar de las sociedades europeas es lo peor que puede pasar para cualquier mirada y perspectiva política, porque el bienestar de estas sociedades se basa en la acumulación de riquezas del colonialismo y de los genocidios que significaron y que hoy se siguen sucediendo. Estos son los proyectos petroleros, esto es pensar en el triángulo del litio en Bolivia que deja a las comunidades sin agua y produce muerte para que haya más autos eléctricos y se cuide el clima.
Entonces, el recambio de la matriz energética implica una discusión mundial y social sobre el consumo de una sociedad capitalista. ¿Cómo encarar eso? Bueno, claramente creo que se tiene que dar un proceso distinto al que se dio en la industrialización de estos 100 o 200 años, y es que se abandonó el territorio del campo para concentrarse en las ciudades que hoy son el centro del capitalismo. Vos en una ciudad si no tenés trabajo, si no vendés tu fuerza de trabajo, no comes ni vivís y ya hay un 40 o 50% de los sectores urbanos que no alcanzan ese nivel.
La derecha apunta a privatizar todo para que “funcione mejor” pero en realidad es para que sea más excluyente. Por eso están en contra de la participación del Estado. Creo que discutir las funciones del Estado en una sociedad que es intercultural: porque yo podría decir desde mi perspectiva indígena, ‘nos quedamos con la Patagonia y que se vayan todos los blancos’ y eso no va a suceder porque hay una sociedad intercultural. No podemos matar a la gente para vivir a costa de otros pueblos. Hay que construir y trabajar en una sociedad intercultural que baje el consumo y que distribuya la tierra. La tierra que está acaparada y que produce las riquezas en la pampa húmeda, son tierras claramente robadas a los pueblos indígenas. Entonces creo que cada vez más es necesario repensar las políticas del buen vivir. Eso no significa que todo el mundo de la ciudad se va a tener que ir o se tiene que ir. No, pero creo que hay sectores de la sociedad que no tienen un horizonte en la ciudad y que pueden, con políticas estatales, trabajar y reducir el consumo, vivir del autoconsumo con prácticas más de cuidado del territorio que vamos a necesitar todos. Es decir, mientras más cuidemos nuestro territorio, nuestra tierra, nuestra agua, ¿no? Va a ser para todos, seas indígena o no seas indígena. Es decir, cuando nosotros, como la Confederación Mapuche de Neuquén, como el Parlamento Mapuche de Río Negro, nos oponemos a que se haga fracking abajo del lago Marí Menuco que es la fuente de agua que da de beber a toda la ciudad de Neuquén y a las ciudades aledañas, estamos defendiendo a toda la sociedad.
Hay un proceso claro de extranjerización de la tierra que no viene de ahora, viene desde que Macri asumió y modificó el acceso a la tierra y que después vino el peronismo y no hizo nada. Y este es mucho peor, porque este es un entreguista. Entonces creo que, por supuesto que hay un modelo para discutir, que hay procesos que se van a dar y que esos procesos no van a ser tanto en la discusión política, sino en la necesidad.
Y bueno, por supuesto que es una crisis en un contexto de tercera guerra mundial.
Mencionas seguido la noción de que seguimos siendo una colonia. ¿Podés desarrollarlo?
Rompen nuestra tierra para que nosotros sigamos muriendo contaminados. Entonces la colonia no ha terminado. Nunca terminó. A pesar de que los países en teoría son soberanos e independientes porque hay un elemento central que es la deuda externa, como lo estamos viendo en Argentina, claramente ligado a la corrupción de los gobiernos. El endeudamiento que nos propone el FMI y que está actuando ya como presión sobre esto. La entrega, el compromiso que ha hecho el gobierno de Trump para sostener el gobierno corrupto de Milei a cambio de la tecnología nuclear, a cambio de generar una base en Ushuaia, que ya lo vienen pensando con el gobierno anterior de Biden.
Entonces, durante la historia de la Argentina hubo una época donde estos mismos poderes estaban consolidados y se conoció como la etapa de la década infame. Entre los años 1930 y 1940, y eran estos mismos actores -la élite, la oligarquía porteña, el poder concentrado- los que tomaban las decisiones sobre la política internacional del Estado argentino. Y hoy es lo mismo, a lo que hay que sumarle que hay una reconversión entre ese poder ganadero que estaba concentrado y que hoy también se le suma el poder financiero.
Todo esto con un poder colonizado que es el poder judicial, un poder que defiende a los intereses de los ricos en un sistema capitalista que termina generando y avalando la violencia. Estamos inmersos en un sistema capitalista y patriarcal que nos ha planteado la propiedad privada como algo central en la tierra, pero también la propiedad de las personas. Porque eso es en definitiva lo que nos plantea la derecha. Exacerbadamente la idea de que la vida de los pobres no vale nada. Y en esa vida de los pobres está el 40 o 50% de la población.
Por supuesto que rediscutir los procesos políticos, sociales e históricos de la Argentina es una necesidad en la sociedad. Por eso se hace tanto hincapié en desfinanciar la educación. Porque sí, acá en Argentina se condenó a la Junta Militar, pero no se condenó a ninguno de los que se enriquecieron. Y acá (en Alemania) con los nazis pasó lo mismo. Colgaron a los nazis que llevaron adelante eso, pero a los que se enriquecieron no. Y todo el oro y toda la plata que juntaron y guardaron en Suiza o en otros países, hoy sigue estando en los bancos. Y esos son los que financian los oleoductos y los gasoductos y las empresas mineras. Entonces, hay una relación directa en esa acumulación y en ese proceso colonial que tiene esas características de la violencia, de la exclusión, de la marginación, de la idea de que la vida de los pobres no vale nada, tanto ellos como ricos, como una clase superior, porque eso es lo que no dicen, no transparentan, pero lo piensan. Por eso hablan de negros, de villeros, de indios, que nuestra vila no vale con relación a eso. Y eso es el nazismo, eso es la pureza, eso es el racismo, porque es cierto, en todos los países vivimos el racismo, y eso es producto de un genocidio, y eso es producto de la violencia colonial. Ni más ni menos.
No escapamos de la colonialidad porque haya Estados, porque tengan sus propias leyes, porque todo ese tránsito del Poder Legislativo está colonizado, el Poder Judicial está colonizado y corrupto.
¿Cómo se resiste y se construye en esta crisis?
Creo que rescatar los valores humanos es fundamental en una sociedad que está deshumanizada. Deshumanizada desde la representación política hasta los discursos. ¿Y quiénes van a poner la fortaleza de la humanidad? Los grupos. Y para eso hay que generar comunidad. Las organizaciones sociales tienen que dar un paso más adelante de ser simples activistas. Porque el activismo te plantea una actividad en un horario y después dedicarte a tu vida particular. Creo que hay que dar un paso trascendental. Es un error plantearse que con solo la protesta alcanza, sin pensar en que hay que construir una representación distinta.
Y esa representación distinta no va a caer del cielo. Hay que construirla. Y en esa construcción, por supuesto que hay contradicciones. Pero tenemos que apostar a que esa construcción no sea ya de nosotros que transitamos unos años, sino que sea el camino por el cual jóvenes mucho más abiertos y con mucha más capacidad de ampliar su mirada y sus modos de pensar sean el camino de una sociedad mejor. Hay que apostar a eso, porque otra de las cosas que se piensa es que los cambios que trabajamos nosotros los tenemos que ver mañana. Y eso es también parte de un error que nos plantea una sociedad occidental que quiere todo ya, pero también se plantea lo efímero. Creo que hay que cuidar el mundo.
Agustina Flores
Hija de los vientos patagónicos. Compañera (in)esperada de la militancia para la liberación. Entusiasta del puño y la letra. Lo personal es político, el periodismo también.
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En Argentina, el acceso a derecho para las mujeres y disidencias sexuales está profundamente condicionado por el territorio. Aunque existen leyes nacionales que garantizan derechos como la Educación Sexual Integral (ESI), la Ley de Identidad de Género o la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), su aplicación varía drásticamente entre provincias. Esta fragmentación revela cómo el federalismo, sin una cabeza nacional uniforme, puede convertirse en un obstáculo para la equidad.
La jerarquía institucional es uno de los factores clave que explican estas diferencias. Provincias como Buenos Aires y Neuquén sostienen ministerios específicos dedicados a géneros y diversidad, lo que les permite diseñar políticas con autonomía, presupuesto y enfoque territorial. En cambio, otras jurisdicciones han transferido sus áreas a direcciones o subsecretarías, o directamente las han absorbido dentro de ministerios generales como Desarrollo Humano, diluyendo su capacidad operativa y su enfoque especializado.
La implementación de leyes nacionales también muestran un mapa desigual. En algunas provincias, la Ley de Identidad de Género se acompaña de protocolos específicos para el acceso a tratamientos hormonales y atención integral. En otras, su aplicación es parcial o inexistente. La ESI, aunque legal en todo el país, encuentra obstáculos administrativos y falta de profesionales dispuestos a garantizar el derecho en varias provincias del norte y del centro.
El acceso a la salud y reproductividad es otro eje crítico. Mientras Buenos Aires y Córdoba cuentan con redes integrales de atención para personas trans y mujeres en situación de violencia, provincias como Formosa y Santiago del Estero presentan déficits graves en infraestructura, formación profesional y disponibilidad de servicios. Estas brechas no solo afectan la calidad de vida, sino que pueden poner en riesgo la salud y la integridad de quienes viven en contextos más vulnerables. Hay una evidente relación entre la aplicación de las leyes y los presupuestos con lo que cuenta cada provincia.
¿Qué es lo que está en juego?
La fragmentación territorial no solo afecta el acceso a derechos, sino también a la posibilidad de vivir una ciudadanía plena. Para muchas mujeres y disidencias, el código postal determina si puede ejercer su autonomía, recibir atención medica sin violencia, o acceder a educación sin discriminación.
Lo que está en juego en esta fragmentación territorial del acceso a derechos para mujeres y disidencias sexuales en Argentina no es solo una cuestión de desigualdad administrativa: es la garantía efectiva de derechos humanos, la institucionalidad como sostén de políticas públicas, la salud física y emocional de las personas, la posibilidad de construir comunidad y afecto, y la memoria colectiva y la continuidad de luchas.
El movimiento federal “XMásESI” llevó adelante un importante festival en defensa de la Educación Sexual Integral para visibilizar las consecuencias del desfinanciamiento del programa a nivel nacional y para reforzar la necesidad de su correcta implementación.
En provincias en donde la infraestructura es precaria y la formación profesional es escasa, el acceso a la salud integral para personas trans, travestis y mujeres en situación de violencia es limitado o inexistente. Esto puede traducirse a diagnósticos tardíos, tratamientos inadecuados o directamente en la negación de atención.
También erosiona en la memoria institucional: el cierre del Ministerio implicó la pérdida de registros, estadísticas y aprendizajes acumulados que sostenían las políticas públicas basadas en evidencia.
Frente a este escenario, los movimientos sociales han desarrollado estrategias resilientes y creativas. Según el CONICET, sus principales líneas de acción son la territorialización, la articulación político-institucional y la construcción de redes federales. Espacios como los Encuentros Plurinacionales permiten articular experiencias diversas y visibilizar las desigualdades entre las provincias.
Es urgente exigir la jerarquización institucional en todas las provincias, promover políticas públicas con enfoque territorial y presupuesto propio, y crear observatorios ciudadanos que monitoreen la implementación real de las leyes.
En un país donde el mapa define el derecho, los vínculos se vuelven cartografía. Frente a la fragmentación institucional, las redes de afecto y lucha construyen territorios donde el cuidado es ley, aunque no esté escrito. Lo que está en juego no es solo el cumplimiento de normas, sino la posibilidad de vivir con dignidad, de elegir sin miedo, de construir comunidad.
La fragmentación también alcanza al derecho de identidad. El INDEC reporta que solo doce provincias cuentan con protocolos específicos para el acceso a tratamientos hormonales y atención integral para personas trans. En otras, como San Juan, Catamarca y Formosa, estos mecanismos son inexistentes. Esto significa que el reconocimiento legal no garantiza el acceso real: muchas personas deben migrar, judicializar sus derechos o depender de redes comunitarias para recibir atención. El federalismo, en este caso, no acompaña la ley, la obstaculiza.
Por otro lado, la salud integral está profundamente condicionada por el territorio. Según la CEPAL, mientras Buenos Aires y Córdoba cuentan con redes de atención para mujeres y personas trans, en provincias del NOA y NEA más del 40 % de los centros de salud no ofrecen servicios de IVE ni atención especializada. Esta carencia no es sólo técnica: es una forma de violencia estructural que pone en riesgo la vida y la dignidad de quienes habitan territorios periféricos. De igual manera el Perfil de País Argentina 2024 de ONU de mujeres: solo el 58 % de escuelas secundarias del norte argentino reportan haber implementado contenidos de ESI de forma sistemática, frente al 82 % de la región centro.
Así mismo con la desarticulación de la Línea 144, que en 2022 recibió más de 120.000 llamados, dejó a muchas provincias sin sistemas alternativos de atención. En jurisdicciones sin ministerios específicos, como La Rioja o Misiones, los casos de violencia se canalizan por áreas generales, lo que diluye la especialización y el seguimiento.
Solo ocho provincias mantienen ministerios específicos de género y diversidad. El resto ha degradado sus áreas a direcciones o subsecretaría, lo que implica mejor presupuesto, autonomía y capacidad de incidencia. Una jerarquía institucional que impacta directamente en la posibilidad de diseñar políticas públicas con enfoque territorial.
Estás cifras no son solo indicadores: son síntomas de una desigualdad estructural que se reproduce en un modelo federal que no cuenta con una articulación efectiva. No se trata de cuestionar el federalismo como principio organizativo, sino de señalar que, sin una política nacional activa que garantice equidad entre territorios, el federalismo puede profundizar las brechas en lugar de cerrarlas.
La fragmentación institucional no es una consecuencia inevitable del sistema federal, sino el resultado de las decisiones políticas que han debilitado la capacidad del Estado para garantizar derechos en todo el país. La falta de jerarquización, de presupuesto específico y de articulación entre niveles de gobierno revela una audiencia de voluntad política de construir una ciudadanía igualitaria.
Frente a esta realidad, los movimientos sociales, las redes comunitarias y los espacios de articulación federal demuestran que es posible construir territorios donde el cuidado, la dignidad y el derecho sean ley. Lo que está en juego, no es el modelo federal, sino la forma en que el Estado lo gestiona.
Porque en un país donde el mapa define el derecho, es urgente que el Estado nacional asuma su rol articulador, reparador y garante.
Milagros López Mansilla
Periodista gráfica a la que le interesa la literatura. Desde mi lugar intento reivindicar la lucha de las travestis, las disidencias y los feminismos.
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“Argentina, el séptimo país más extenso del mundo. Tierra fértil, climas diversos y geografías únicas. Somos líderes en reservas de litio, petróleo, gas, cobre, plata y más. Contamos con una industria sólida, trabajadores capacitados y un sistema científico -tecnológico de vanguardia. Estamos conectados con la región y el mundo. Para aprovechar todo nuestro potencial, necesitamos construir acuerdos. Por eso, nace Plan Q. Una estrategia federal, participativa y convocante”. De esta forma se presenta el Grupo Atenas, un equipo de profesionales de diversas áreas que, a través de la coordinación general de Silvina Batakis, viene construyendo un programa integral para el desarrollo productivo de la Argentina.
Desde Revista Trinchera conversamos con Mauro Álvarez, economista a cargo del área de desarrollo productivo del Grupo Atenas, y quien ha desempeñado diversas funciones tanto en la gestión estatal como en el desarrollo de consultorías sobre sectores productivos y comercio exterior.
Queríamos comenzar consultándote por un problema que la Argentina atraviesa desde hace mucho tiempo, que es el de la restricción externa. Si como país periférico siempre es un problema garantizar un buen cúmulo de reservas, ahora nos encontramos con un problema de endeudamiento cada vez mayor, y que se incrementa todos los días. ¿Qué crees que debería pasar en el país, no sólo para resolver el problema de deuda actual, sino para resolver el problema externo y fortalecer las reservas?
La restricción externa de Argentina es un problema histórico, que muchos países subdesarrollados como Argentina lo han podido resolver. Ahora, resolverlo es una cuestión necesaria para el desarrollo, pero no una condición suficiente. Si vemos otros países sudamericanos, muchos no atraviesan problemas de restricción externa y sin embargo siguen siendo, en su mayoría, países subdesarrollados, incluso con problemas de desigualdad y pobreza mayores que los nuestros. Pero claramente, la inestabilidad macroeconómica que venimos teniendo desde, por lo menos, la etapa 2011-2015, tiene que ver con la restricción externa. En ese sentido, creo que el segundo gobierno de Cristina arrancó con un límite desde el lado externo que no supo resolver, y por eso, cuando uno mira los números, observa que la economía estaba algo estancada, y a partir de ahí todo empeoró. Resolver ese problema es clave.
La teoría económica más estructuralista siempre lo abordó atado a la cuestión productiva y la necesidad de generar dólares. Eso es verdadero para determinados momentos de la historia argentina, pero creo que, para este momento en particular, no es tan así. Cuando uno mira los datos de comercio exterior de los últimos años, ves que la balanza comercial de bienes siempre es positiva, incluso en los momentos de mayor crecimiento. Los dólares se terminaban yendo más por el lado de servicios, y por el lado del ahorro, por eso creo que el problema tiene que ver con el precio del dólar. No supimos en su momento llevarlo a un precio más razonable, y ocurre que, cuando el dólar está barato como ahora, la demanda es cada vez mayor. Eso no hay forma de sostenerlo, por más rescates que haga Estados Unidos, o aumentes los niveles de deuda.
Escuché un buen ejemplo de Alvarez Agis, que decía que esto es como una bañadera que no tiene el tapón. Por más agua que agregues, la bañadera no se va a llenar, el agua se sigue yendo. Necesitás cerrar el tapón, y hoy, el tapón, es el precio del dólar. Si las expectativas siguen siendo que el dólar va a estar más caro, la gente seguirá comprando. No es razonable este valor del tipo de cambio, y esto va más allá de las cuestiones de la estructura productiva. Desde el campo nacional y popular en el que uno se posiciona, hay que reconocer que no es posible sostener el déficit durante mucho tiempo, y hay que tender a un equilibrio. Por eso, lo primero es tener una macroeconomía razonable. A partir de eso, desde la matriz productiva tenes que pensar de qué forma sostener esa macroeconomía.
En ese sentido, vemos que es difícil pensar un desarrollo productivo si las políticas pendulan según el color político de cada gobierno, y a su vez aún no logramos un crecimiento y redistribución de forma federal. ¿Cómo se logra eso? ¿No deberíamos ponernos de acuerdo como sociedad en tres o cuatro políticas que se vuelvan política de Estado?
Creo que, en cierto punto, desde nuestro espacio hemos fallado con el tipo de políticas desplegadas, atadas a cierta visión más proteccionista, de administración del comercio que se pueden aplicar temporariamente para algunos sectores en particular, pero uno no puede estar administrando el comercio todo el tiempo. Necesitamos medidas más consistentes. En un contexto de desequilibrio macro, la política industrial es un paliativo pero no termina dando los resultados que uno necesita. Tenemos que repensar cómo promover la producción, y ahí lo primero es lo anterior, tener una macro sustentable. Lo segundo es tener cierta competitividad micro, resolver un montón de cuestiones de infraestructura, que, si ya existían, este gobierno los está acrecentando con una nula inversión. Necesitás tener buenas rutas, buenos puertos, pero también que, administrativamente, funcionen bien. Desde lo micro también hay mucho para hacer. Nos debemos, a su vez, una discusión respecto del sistema tributario. El Estado tiene que recaudar impuestos, pero debemos rediscutir cuál es el mejor sistema para hacerlo.
En relación con eso, ¿cómo crees que se podrían redefinir las políticas recaudatorias y de redistribución para que todas las provincias puedan fomentar el crecimiento productivo? ¿Cómo se podría ser creativos para reacomodar la cuestión impositiva para que sea más eficiente y menos regresiva?
Hoy tenemos un sistema tributario muy fragmentado, donde se castiga mucho a los encadenamientos productivos. Impuestos como ingresos brutos, o las tasas municipales los castigan mucho. A determinados sectores les conviene importar antes que comprar localmente por los impuestos que se acumulan, entonces eso requiere toda una discusión, porque naturalmente las provincias se tienen que financiar, pero debemos discutir de qué forma lo hacen. Tenemos que repensar para que esos impuestos no castiguen la producción. Muchas PYMES incluso te señalan los costos que tienen para administrar, ya que son ellas mismas las que tienen que resolver la recaudación y contar con estructuras de gente destinada a eso que excede su función.
Y volviendo a lo anterior, tenemos también que rediscutir el sistema laboral. Hoy defendemos un sistema laboral donde casi un 40% de los trabajadores está en la informalidad. Si eso ocurre, hay algo que no funciona bien, y nosotros tenemos que dar esa discusión también. No se trata de flexibilizar o desproteger a los trabajadores, el punto es que esos trabajadores ya están desprotegidos. Desde ahí, hay mucho para hacer. Una vez que lográs todo eso, tenés que tener políticas focalizadas en determinados sectores, y una política de “I+D+i”. No hay país que sea desarrollado si no genera el conocimiento en determinados sectores, y nosotros tenemos capacidades para generarlo. Sin ciencia y tecnología, no hay desarrollo posible.
A la hora de pensar políticas sectoriales, muchos señalan que hasta que no miremos al mar de otra forma y repensemos nuestro vínculo con nuestra costa, no vamos a poder alcanzar un desarrollo productivo exitoso. ¿Cómo podríamos pensar de manera integral el vínculo de nuestro pueblo con el mar? ¿Cómo potenciarlo productivamente? Y por otro lado, ¿cuán grave es el problema de la pesca ilegal en nuestra Zona Económica Exclusiva?
Yo he trabajado mucho en el sector naval, y realice algunos estudios relacionados con la explotación de petróleo offshore. El mar es otro recurso natural subexplotado que tenemos, así como tenemos una cordillera subexplotada respecto a la cuestión minera, donde podríamos generar muchísimos más recursos y a partir de eso encadenamientos industriales, con el mar ocurre lo mismo. Además, está subexplorado. Hubo algunos intentos, en su momento el proyecto Pampa Azul, desde el petróleo que está en investigación, hasta la pesca que es otro gran recurso.
Con la pesca ilegal hay algo de mito y algo de desconocimiento. Existe, claramente, pero está algo agrandado. Argentina tiene soberanía hasta las 200 millas, a partir de ahí son aguas internacionales, y ese límite no está trazado de una forma tan exacta. Los barcos extranjeros, a veces sin querer, a veces con intención, se pasan del límite. Entonces es cierto que algo de pesca ilegal puede existir, pero no lo veo como un problema profundo o estructural. El problema estructural es nuestra política pesquera, y de qué forma le agregamos valor. No solo hacia adelante, una vez obtenido el recurso, sino hacia atrás, potenciando la industria naval. Hoy esta industria está pasando por un momento muy complicado. Sturzenegger está permitiendo la importación de buques usados, y eso la destruye.
¿Cuán importante es para pensar eso el reclamo de soberanía en Malvinas y las Islas del Atlántico Sur?
Fundamental. Es un pedazo de tu tierra sobre la cual hoy no tenemos dominio, y todos los recursos que hay en Malvinas y alrededores, son nuestros y los explotan otros. Es un reclamo fundamental.
Para ir cerrando, quería consultarte por la política financiera y especulativa. Si bien el gobierno actual se ha volcado prácticamente en su totalidad a estas herramientas, a su vez son inevitables en el sistema económico actual. La gran pregunta que surge es ¿Cómo utilizar inteligentemente estas herramientas sin caer en la situación actual de timba o bicicleta financiera donde los que ganan son unos poquitos?
Claramente lo financiero tiene que estar al servicio de la producción. Todos los países están constantemente tomando, pagando o rolleando deuda. El problema nuestro es que somos como un alcohólico en recuperación, los problemas de deuda constante nos llevan a refinanciar y todo se vuelve confuso y peligroso. Lo que está haciendo este gobierno nos puede llevar a un nuevo default, o nuevos problemas. Ahora, si nosotros tuviéramos una macroeconomía sana y cierta confianza, tomar deuda no está mal. Lo hacen las empresas, lo hacen las familias. El problema es hacerlo razonablemente y sabiendo para qué. Si es para fortalecer reservas, u obras de infraestructura, es totalmente razonable. Si es para que se la lleven las empresas, como lo hizo Macri o lo está haciendo Milei, es peligroso.
Pedro Jalid
Profesor de Letras. Leo más de lo que escribo, trato de hacer más de lo que digo.
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“La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público. Los órganos del Estado emanan de la soberanía popular y a ella están sometidos”. – Artículo 5, Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV), promulgada en 1999, inaugura una nueva etapa política que reestructura, no sólo los poderes del Estado, sino que sienta las bases para el ejercicio de una democracia participativa y protagónica del pueblo, como corresponsable de la gestión pública.
Luego de 26 años de promulgada esta Constitución, es necesario detenerse a reflexionar acerca de cómo se han materializado esos cambios, sobre todo, aquellos que implican el ejercicio directo del poder popular. Un modelo que entra en contradicción con la centralidad del poder que venían ostentando las cúpulas políticas en el esquema de democracia puramente representativa que establecía la anterior Constitución de 1961.
El huracán bolivariano
Como es lógico, ante una nueva Constitución, el paso siguiente es la adecuación de todo el marco legal que le subyace, sobre todo si se toma en cuenta la necesaria transición entre un Estado constituido por los clásicos tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), a un Estado con cinco poderes, con la creación, en el caso de la CRBV, de dos nuevos poderes: el Poder Electoral y el Poder Ciudadano.
Además, una de las cuestiones centrales que promueve la Asamblea Constituyente es la participación efectiva del poder popular. En ese sentido, el artículo 70 de la CRBV especifica los medios de participación en lo político (referéndum, consulta popular, iniciativas legislativas, constitucionales, cabildo abierto, asambleas de ciudadanos y ciudadanas, entre otras). Y un aspecto muy importante es que establece que todas las decisiones resultantes de estas instancias de participación son vinculantes.
Por otro lado, se constitucionalizan las formas de participación social y económica en el mismo artículo: autogestión, cogestión, cooperativas, empresas comunitarias y otras formas asociativas. Este concepto de participación fue posteriormente desarrollado en la legislación venezolana en un compendio de leyes conocidas como las “Leyes del Poder Popular”.
Una de estas leyes es la de Consejos Comunales, la estructura nuclear de la organización popular en Venezuela. Creada en el año 2008, estalló las calles de vecinos y vecinas organizándose en los territorios para constituirse como Consejo Comunal e impulsar los proyectos que mejorarían la calidad de vida de sus habitantes, con financiamiento directo del Estado nacional. En el siguiente gráfico encontramos los datos actualizados del Ministerio del Poder Popular para las Comunas, Movimientos Sociales y Agricultura Urbana.
Fuente (Ministerio del Poder Popular para las Comunas, Movimientos Sociales y Agricultura Urbana, 2025)
Estos niveles de organización territorial ni estaban promovidos ni posibilitados en el marco constitucional anterior al promovido por el presidente Hugo Chávez en 1999. Aún, cuando existían las llamadas “Juntas Comunales”, que eran estructuras con escasa participación, casi nulo impacto en la gestión pública y ningún poder vinculante en sus decisiones.
Comuna o nada
En uno de sus últimos discursos, el 20 de octubre de 2012, Chávez fue insistente en la necesidad de fortalecer las Comunas. De hecho, se las encomendó al actual presidente, Nicolás Maduro, y acuñó la consigna “Comuna o nada”. Las Comunas, que también tienen su ordenamiento jurídico, agrupan varios Consejos Comunales, de acuerdo a la voluntad de las Asambleas de Ciudadanos y Ciudadanas. Esto va a estar determinado no solo por proximidad territorial, sino por intereses y necesidades comunes de desarrollo. Uno de los ejemplos emblemáticos es la Comuna El Maizal, que agrupa 22 Consejos Comunales: 12 del estado Lara y 10 del estado Portuguesa. Entre sus principales actividades productivas está la siembra de maíz y arroz, teniendo bajo su ámbito 2200 hectáreas de tierra. Además tienen, entre otros, proyectos socioproductivos de producción de leche, queso y distribución de gas doméstico (en bombona o garrafa). A nivel nacional, las cifras de las comunas lucen así:
Fuente: (Ministerio del Poder Popular para las Comunas, Movimientos Sociales y Agricultura Urbana, 2025)
Esta estructura social se construye de lo micro a lo macro. En ellas, confluyen Consejos de Campesinos, de Estudiantes, de Mujeres, de Pescadores, de Agricultores, de Cultores, de Artesanos y Artesanas y todo grupo humano que sea susceptible de organizarse. Responde a la voluntad popular y, en ocasiones, entra en contradicción con la estructura clásica de poder: el municipio, el estado o la provincia. Porque en la medida en que se desarrollan y consolidan los Consejos Comunales y las Comunas, van ganando terreno en la ejecución de proyectos con presupuesto nacional. Pone en cuestión la existencia de los gobiernos locales y regionales, cuya burocracia puede entorpecer el desarrollo comunitario.
El proyecto bolivariano ha estado atravesado también por esas contradicciones, pero responde a otro concepto de democracia planteado por Chávez en una entrevista que le realizara el periodista José Vicente Rangel en diciembre de 2008, justo cuando se estructuraba la Ley de Consejos Comunales:
“…una democracia cada día más arraigada en el poder popular, en el poder social. De ahí hacia acá hemos venido tomando una serie de decisiones en esa dirección, como el caso de los consejos comunales, el poder popular, transferencia de poder al pueblo, el conocimiento, la capacidad de administrar recursos, es decir, una democracia de nuevo tipo, una democracia fundamentada donde debe fundamentarse una real democracia, en el pueblo”.
Elecciones hasta en la sopa
Si de algo puede ufanarse la Revolución Bolivariana es de haber promovido elecciones de todo tipo desde su arribo al poder: presidenciales, regionales, municipales, de consejos comunales, de comunas, de centros de estudiantes. Con lo cual, se le puede señalar de cualquier cosa, menos de dictadura.
El 23 de noviembre de 2025 se producirá la cuarta Consulta Popular en Venezuela. La primera se produjo en abril de 2024. Se trata de un proceso electoral comunitario en el que las Comunas y Consejos Comunales postulan proyectos a desarrollar en sus territorios y la ciudadanía elige los que consideran prioritarios. Hasta el momento, estas consultas han resultado en la ejecución de 20 mil obras/proyectos a nivel nacional.
Este modelo de participación popular ha roto los esquemas políticos impuestos por la democracia burguesa liberal y supone, a mi juicio, la obra más brillante de la Revolución Bolivariana, aún con sus contradicciones y errores, pues se trata de una construcción colectiva de inclusión, en la que se ponen en valor las experiencias y los saberes de cada persona. Teje un entramado social de base que conduce con su pulsión la gestión pública.
Tengamos en cuenta que, tanto la Constitución del 99, como los Planes de la Patria (Planes de gobierno), han sido producto de consultas populares. Los destinos de la Patria Bolivariana tienen una conducción colectiva en la medida en que cada ciudadano y ciudadana se incorpora a las actividades de gestión comunitaria. La principal fortaleza del Estado venezolano está ahí. Ese es su escudo de defensa ante cualquier intento de invasión militar de su territorio.
Dayana López Villalobos
Comunicadora Social (UNICA/VE). Especialista en Prácticas Sociales de Lectura y Escritura (UNGS/AR). Diplomada en Diseño Editorial por el Instituto Internacional de Periodismo “José Martí” de La Habana.
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