De la Desmalvinización a la Disuasión

De la Desmalvinización a la Disuasión

TIEMPO DE LECTURA: 13 min.

La recuperación de las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y sus espacios marítimos, tal como lo ordena nuestra Constitución Nacional, es un objetivo permanente e irrenunciable del Pueblo Argentino. De este mandato soberano se desprende, como imperativo de la defensa nacional, la necesidad de desarrollar y fortalecer todos los medios necesarios para afirmar, defender y eventualmente restituir nuestros derechos frente al poder ocupante (nuestro enemigo histórico, el Reino Unido de Gran Bretaña), mientras persista su usurpación ilegítima de nuestros territorios australes y sus pretensiones sobre la Antártida Argentina.

La soberanía no es declamativa; se ejerce. Como enseñaban los pioneros antárticos Pujato, Leal y Olezza, la soberanía existe en la medida en que se la hace efectiva. De lo contrario, se reduce a un significante vacío, una promesa incumplida para la Nación.

Para alcanzar el doble objetivo estratégico en el Atlántico Sur —recuperar lo usurpado y ejercer lo propio de manera incontestable— identifico cinco áreas fundamentales. En términos castrenses: en la retaguardia profunda se encuentran la cultura identitaria, la educación patriótica y el desarrollo científico-tecnológico e industrial soberano. En la vanguardia inmediata actúan, de manera coordinada, la política exterior y la Defensa Nacional.

Las Fuerzas Armadas son el instrumento esencial del poder nacional para materializar estos objetivos. ¿Qué es la Defensa Nacional? Es un bien público supremo, cuya ausencia solo se percibe en la crisis. Se vincula a la existencia, permanencia y desarrollo libre de la Patria. La Ley 23.554 la define como “la integración y la acción coordinada de todas las fuerzas de la Nación para la solución de aquellos conflictos que requieran el empleo de las Fuerzas Armadas, en forma disuasiva o efectiva, para enfrentar las agresiones de origen externo”. Su fin es garantizar la soberanía, la independencia, la integridad territorial y la autodeterminación. Abarca todo nuestro espacio soberano: continental, insular, marítimo, aéreo y el sector antártico. La ley es clara: la Defensa Nacional es un derecho y un deber de todos los argentinos.

Las FF. AA. son el instrumento que la Defensa Nacional esgrime para poder cumplir sus objetivos. Ahora bien, ¿Qué es la Defensa Nacional? Es un bien intangible, sólo se siente su ausencia ante emergencias nacionales. Está vinculada a la existencia, permanencia y desarrollo de una Nación. De acuerdo con la Ley de Defensa Nacional N°. 23.554, el textual afirma: es la integración y la acción coordinada de todas las fuerzas de la Nación para la solución de aquellos conflictos que requieran el empleo de las Fuerzas Armadas, en forma disuasiva o efectiva, para enfrentar las agresiones de origen externo.

Su fin es garantizar de forma permanente la soberanía e independencia de la Nación Argentina, su integridad territorial y capacidad de autodeterminación, proteger la vida y la libertad de sus habitantes. Abarca los espacios continentales, islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y demás espacios insulares, marítimos y aéreos de la República Argentina, así como el sector antártico argentino.

La misma Ley define a las FF. AA. como el instrumento militar de la Defensa Nacional y, tal como mencionamos más arriba, prevé su integración con medios humanos y materiales orgánicamente estructurados para posibilitar su empleo en forma disuasiva y efectiva. Y nos da un dato no menor, la Defensa Nacional constituye un derecho y un deber para todos los argentinos.

Sin embargo, en la actualidad nuestra Defensa Nacional enfrenta graves problemas. Con el retorno de la democracia en 1983, una parte de la sociedad y gran parte del campo intelectual, especialmente el progresista, se planteó la necesidad de desarmar y reducir al mínimo nuestras Fuerzas Armadas (FF. AA.). Después de la enorme catástrofe que significó la dictadura cívico-militar para nuestro país, era entendible y lógica la fractura entre la institución militar y la sociedad argentina.

Esta concepción se vio reflejada en la desmalvinización y en el drástico descenso del porcentaje del PBI destinado a Defensa en los primeros años de democracia, que cayó del 3,5% del PBI en 1983 al 1,8% en 1989. Durante la década de 1990, dicho presupuesto siguió disminuyendo hasta cerrar el decenio en el 1,1%. A esto hubo que sumarle el cierre y/o privatización del 90% de las empresas relacionadas con el sector.

En la actualidad, año 2025, Argentina continúa profundizando su deterioro presupuestario en materia de Defensa, con una inversión equivalente al 0,62 % de su PBI, marcando una tendencia decreciente y generando un obvio impacto negativo en las FF.AA. Hace pocos días se supo que el porcentaje del PBI destinado a la Defensa para el 2026 es aún más bajo, tocando un piso histórico negativo absoluto al proyectarse destinar sólo el 0,57% del PBI. Este gobierno por más que discursivamente dice una cosa, en los hechos no hace más que profundizar la desinversión y el abandono al cual nuestras FF. AA. han sido sometidas durante los últimos 40 años. Esta cifra, la más baja de la historia, preocupa principalmente por dos razones:

La falta de un presupuesto acorde a los gastos proyectados para el próximo ejercicio puede generar una subejecución presupuestaria en las fuerzas para cuidar y racionar (aún más) los escasos fondos percibidos para su funcionamiento, generando un deterioro en infraestructuras, mantenimiento de medios, etc. Cabe recordar que el esfuerzo que todos los países del mundo dedican a la Defensa, se mide únicamente por medio del porcentaje del PBI destinado a la misma. Esto genera un marco de previsibilidad que permite a las Fuerzas Armadas proyectar en el tiempo el uso de sus partidas al tiempo que poder prever con certeza el porcentaje de fondos que podrán destinarse en el futuro a nuevos programas de equipamiento.

El segundo problema derivado de este bajísimo número que el gobierno pretende para Defensa es que demuestra que el Ejecutivo cree posible sostener una gestión eficiente en materia presupuestaria por medio de partidas extraordinarias sin comprender el daño que esta práctica genera en los horizontes presupuestarios que cada fuerza debe manejar. Sin un horizonte previsible, que es precisamente lo que debería garantizar el % de PBI para Defensa, es imposible que las fuerzas puedan proyectar a mediano plazo programas de equipamiento o adquisiciones de nuevos sistemas de armas, sobre todo en tanto su asignación y ejecución presupuestaria sigan dependiendo de la discrecionalidad política del momento.

Esta cifra nos sitúa como el país sudamericano con menor esfuerzo relativo en la materia, incluso por debajo de economías de mucha menor escala como Guyana o Bolivia.

¿Es esta política correcta? ¿Puede sobrevivir un Estado en la actualidad sin poder de disuasión? Es decir, sin unas FF.AA. modernas, bien equipadas y entrenadas. La respuesta es un rotundo no. El no poder utilizar a las Fuerzas Armadas para sus misiones principales, especialmente con respecto a la seguridad internacional, debilita no solamente la capacidad nacional sino también la estructura democrática.

Debemos comprender que la principal función de las FF.AA. no es la de defender al país ante un ataque, sino brindar una capacidad disuasiva suficiente para que ese ataque jamás ocurra.

Nuestra Nación debe mirar al Atlántico Sur. No hacerlo y descuidar los intereses que tenemos en dicho mar sería un error que sin dudas puede afectar incluso nuestra existencia como Nación. Teniendo en cuenta que el 85% de nuestro comercio se realiza por vía marítima, y siendo conscientes de la magnitud de los recursos renovables y no renovables que se encuentran en el mar (de hecho, lo llamamos Pampa Azul) sobre el cual tenemos jurisdicción, si no pensamos una estrategia que tenga en cuenta el valor geopolítico del mismo estaríamos cometiendo un error gravísimo. Y es que el Atlántico Sur no es sólo importante por los recursos naturales, sino que también este mar nos conecta a las Islas Malvinas, nos conecta a la Antártida y además permite los pasos interoceánicos que se encuentran a nuestro alrededor.

En nuestro país la principal vulnerabilidad en el área del Atlántico Sur ha radicado históricamente en la falta de conciencia por parte del Estado y de su población acerca de las amenazas que enfrenta. Expertos en geopolítica de otros países han descripto al mar como el punto débil de Argentina[1]. Nuestro país tiene la imperiosa necesidad de controlar y proteger cinco complejos geopolíticos fundamentales: el Frente Marítimo, el Área focal de la Provincia de Buenos Aires, las islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur, el Polo Patagónico Austral y, por último, la Antártida. Aunque ésta falta de conciencia ha ido desapareciendo lentamente en los últimos años en lo declamativo al menos, el supuesto cambio de mentalidad no se ha transformado en acciones concretas y la defensa nacional sigue sin centrarse en recuperar nuestros territorios usurpados y continúa en el camino de la desinversión constante. Hay sectores tanto del campo popular como de la llamada derecha que dicen defender a la Patria. En sus discursos afirman mirar al sur con objetivos claros: lograr la cohesión territorial y la integración de las tierras al sur de Tierra del Fuego. Sin embargo, parece que esa mirada al sur se diluye, los últimos por tener el propósito fijo de subordinación frente a los Estados Unidos e Israel y otros por despreciar a las Fuerzas Armadas, negar todo intento de fortalecimiento de estas y acusar de militarismo o de nacionalismo chauvinista a quiénes intentan dar una discusión real sobre las FF. AA. y su rol en la Defensa Nacional y la recuperación de los territorios usurpados por el enemigo.

La función estratégica básica de nuestras Fuerzas Armadas no es otra que la de brindar a nuestro país un instrumento para proteger su territorio, su espacio marítimo y su proyección en el continente antártico para que sea capaz de proyectar poder para denegar el acceso a actores no deseados y resguardarlo para los propios propósitos.

Tal y como señaló hace tiempo el Contralmirante Martin: “Ningún país que se precie de serio puede carecer de pensamiento geopolítico y de un sistema de defensa acordes con los objetivos nacionales”[2]. No podremos hacer efectiva nuestra definición de ser una nación bioceánica y bicontinental de otra manera, y en la medida que no podamos resolverla, la recuperación de las islas Malvinas y el ejercicio de soberanía plena en nuestro sector antártico no pasará de ser una utopía distante.

La Defensa es una responsabilidad del Estado y es obligatorio para todos los ciudadanos, constitucionalmente, acudir a realizarla ante cualquier necesidad, por lo que debería ser parte de la problemática a atender por todos los argentinos. Es tiempo de que los ciudadanos comunes se interesen por estos temas. Los académicos y los comunicadores deberían ser los primeros en volcarse a aprender sobre las herramientas que tiene nuestra Patria para defenderse.

La disuasión es un componente esencial de la política internacional y uno de los aspectos básicos de la misma es la credibilidad. Necesitamos apoyar nuestros discursos patriotas con hechos concretos que le muestren al mundo, y especialmente al gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña, que realmente hablamos en serio cuando decimos que las Malvinas son Argentinas y que somos un país bicontinental que al Sur limita con el Polo.

A continuación, dejo algunas sugerencias respecto a que se podría hacer para darle músculo a nuestra Defensa.

Hay que romper con la política de Estado llevada a cabo durante los últimos 40 años de desinversión en defensa (con excepción de la gestión Taiana entre 2020 y 2023). La Argentina debe revertir de manera urgente y planificada la crónica desinversión en su defensa. El objetivo estratégico ineludible es cuadruplicar el presupuesto del sector, estableciendo por ley una trayectoria ascendente y obligatoria que eleve gradualmente la asignación desde el 0.6% actual del PBI hasta un piso del 2%. Este porcentaje no es una cifra arbitraria, sino un estándar mínimo que nos alinearía con el esfuerzo de naciones vecinas que comprenden el vínculo entre defensa y soberanía: Brasil (1.1%), Chile (1.6%), Uruguay (2.3%) e, incluso, Colombia (3.4%), quien destina una proporción significativamente mayor a garantizar sus intereses nacionales. Resulta paradójico y alarmante que, reclamando la soberanía sobre un territorio ocupado por una potencia militar, seamos el país que menor esfuerzo relativo realiza en defensa en toda Sudamérica.

Para transformar esta declaración en realidad, se propone un Plan de Reinversión Estratégica Gradual (PREG) a 6 años, con metas legalmente vinculantes:

Año 1 (Ley de Financiamiento Base): Establecimiento del PREG por ley del Congreso, fijando el objetivo del 2% del PBI y blindándolo de recortes discrecionales.

Año 1 al 3 (Fase de Recuperación Crítica): Incremento anual de 0.25 puntos del PBI. Los fondos se destinarán prioritariamente a: 1) frenar el deterioro operativo (mantenimiento crítico de medios, infraestructura y salarios), 2) reactivar proyectos de recapitalización congelados, y 3) reforzar la presencia logística en el Atlántico Sur.

Año 4 al 6 (Fase de Desarrollo de Capacidades): Incremento anual de 0.2 puntos del PBI. Con una base financiera saneada, el foco pasará a: 1) programas de equipamiento mayor (capacidades A2/AD, vigilancia y control marítimo, movilidad estratégica), 2) inversión acelerada en la Base Industrial de la Defensa, y 3) modernización de sistemas de comando, control e inteligencia.

Año 6 (Meta de Disuasión): Alcanzar y sostener el 2% del PBI. Este nivel permitirá no solo una fuerza disuasiva creíble para la defensa de nuestros espacios soberanos, sino también una previsibilidad presupuestaria que habilite ciclos de planeamiento y adquisición a mediano y largo plazo, acabando con la lógica del “parche” y la emergencia permanente.

Esta escalada gradual, consensuada y plasmada en ley, enviaría una señal inequívoca de seriedad estratégica al país y al mundo, transformando la retórica de la soberanía en un instrumento concreto de poder nacional.

La política de defensa debe plantearse en función de la usurpación británica. Todos nuestros esfuerzos deben estar orientados al Atlántico Sur. Esto implica definir los medios materiales, la infraestructura, los recursos humanos, la inteligencia, la logística, el adiestramiento, la doctrina y la organización en consideración de la principal amenaza a nuestra seguridad. La Argentina debe recuperar el Fondo Nacional para la Defensa (FONDEF). El FONDEF probó ser una gran herramienta para recuperar, reequipar y modernizar a las FF. AA. El gobierno de Javier Milei le ha sacado la fuente de su financiamiento, quiénes lleguen al gobierno nacional después de él, y se precien de ser nacionalistas deben instituir su financiamiento por ley y aumentarlo.

Hay que capacitar a los oficiales y suboficiales de las FF. AA. en asuntos de geopolítica situada. No puede ser que nuestros mejores oficiales viajen a EE. UU. a aprender doctrinas geopolíticas que nada tienen que ver con los intereses nacionales.

Debemos recuperar las empresas estratégicas para la Defensa Nacional. FAdeA, Tandanor, Fabricaciones Militares, IMPSA, Astilleros Río Santiago, INVAP, ARSAT.

Tenemos que fortalecer la presencia militar y científica en el Atlántico Sur a partir del aumento de sus capacidades de defensa de sus costas, de anti-acceso, de denegación de área (A2/AD) y de control del mar.

Por otro lado, es imperativo dar una discusión seria para mejorar el subregimen de promoción industrial de TdF teniendo en cuenta los intereses geopolíticos nacionales como marco teórico. Y digo mejorarlo, no cancelarlo o desmantelarlo como este gobierno e incluso algunos académicos (como los que integran FUNDAR) están intentando hacer en la actualidad.

La Argentina debe recuperar las capacidades submarinas y los medios aeronavales y fortalecer la flota de mar en general.

En el comedor de la Base Marambio hay una bandera argentina que reza la siguiente inscripción: “Cuando llegaste apenas me conocías, cuando te vayas me llevarás contigo”. A los antárticos nos gusta repetir que no se puede amar lo que no se conoce ni defender lo que no se ama.

Son los hombres y mujeres de nuestras Fuerzas Armadas quienes nos permiten al resto de los ciudadanos argentinos conocer nuestro territorio más austral, valorarlo y aprovecharlo. En medio de un presente geopolítico cambiante y turbulento y un futuro incierto, podemos mencionar una frase de cabecera del gran Almirante Storni, el hacía referencia a la defensa marítima, pero se puede hacer extensiva a la Defensa de todo el territorio nacional: “Y esto es bueno que el pueblo argentino lo sepa, que el Honorable Congreso lo tome en cuenta y que los hombres de Estado lo mediten”[3].

Los tiempos de diagnósticos han pasado. Nuestro país se encuentra en una encrucijada crítica que puede desembocar en la balcanización o en una condición colonial permanente. Sin embargo, en medio de este panorama, se abre una ventana de oportunidad inmejorable: el nuevo mundo multipolar se redefine en un cambio geopolítico acelerado, donde el coraje y la claridad estratégica de las naciones serán recompensados. Los que amamos a esta Patria tenemos el deber de proponer soluciones concretas, viables, y impulsarlas con la determinación de quien se sabe forjando su destino.

No es hora de nostalgia, sino de potencia y decisión. La disuasión no se negocia, se construye. La soberanía no se espera, se ejerce. Debemos actuar con la claridad de aquellos pioneros que, mirando al Sur, entendieron que la Patria se defiende con hechos en el presente. El camino es uno solo: voluntad política inquebrantable, inversión estratégica sostenida y unidad de acción nacional.

O somos artífices de nuestro resurgimiento como potencia bicontinental, o seremos rehenes de un ocaso irrevocable. La ventana aún está abierta. La historia nos juzgará por la decisión que tomemos en este instante. La hora crucial para nuestro pueblo es ahora.


[1] Koutoudjian, A. y otros. “Geopolítica del mar argentino”. Instituto de Publicaciones Navales, Bs As, 2015, pág. 322.

[2] Koutoudjian, A. y otros. “Geopolítica del mar argentino”. Instituto de Publicaciones Navales, Bs As, 2015, pág. 360.

[3] Storni, Vicealmirante Segundo. “Los intereses argentinos en el mar”. 2° Ed. Armada Argentina, Buenos Aires, 2009, pág 102.

David Pizarro Romero

Lic. en Historia por la Universidad del Salvador (USAL) y Prof. en Historia también por la Universidad del Salvador (USAL). Mg en Estrategia y Geopolítica por la Escuela Superior de Guerra (ESG-UNDEF). Investigador del Instituto de Asuntos Internacionales y Estudios Políticos Manuel Ugarte, Universidad de Lanús (UNLa). Antártico.

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Pujante, argentino y del sector privado: SPI, el astillero que apuesta a la industria naval a pesar del desguace

Pujante, argentino y del sector privado: SPI, el astillero que apuesta a la industria naval a pesar del desguace

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Horacio Tettamanti es ingeniero naval y mecánico, fundador de Astilleros SPI, y diseñador de todas sus plantas. En comunicación con él, Trinchera dialogó sobre el presente de la empresa, y el recorrido que sufrió el sector tras su desarticulación en la década menemista hasta el presente.

¿Qué es SPI?

SPI es el astillero privado y tecnológico más importante de la Argentina afortunadamente. En este momento estamos instalados en 4 lugares: en Campana, en El Tigre, en Mar del Plata y en Santa Cruz.

¿Cómo describirías la evolución del sector naval desde la creación de la Marina Mercante (1941) hacia el presente?

Es evidente que desde la década del 90 prácticamente la industria naval fue abandonada en la Argentina. Sacando algunos intervalos pequeños en estos años de la democracia, ha sufrido una devastación de todas sus capacidades, y estamos tratando de que la industria naval continúe, porque a nivel tecnológico Argentina es un país muy importante. Estamos a la altura de los más importantes del mundo, no tenemos ninguna limitación, disponemos de las tecnologías más avanzadas y de hecho se construyen en la Argentina los barcos más complejos que se pueden hacer y además exportamos ingeniería.

¿Cuál es el presente de la industria?

Estamos a la espera de que, en algún momento, las políticas públicas comprendan que el quinto país del mundo en litoral marítimo y fluvial no puede carecer de industria naval. Sin embargo, hoy enfrentamos una situación que nos discrimina de manera negativa: en Argentina se subsidia la importación de buques usados, mientras que en países como España ocurre exactamente lo contrario: se subsidia la construcción, se protege la industria y se promueve la exportación.

La Argentina no solo carece de políticas que contrarresten esta competencia desleal, sino que, por el contrario, penaliza a los astilleros locales. La situación llega al extremo de que el acero producido en el país se consigue más barato en el exterior que en los propios mercados locales, lo que evidencia una ausencia total de atención estratégica hacia un sector decisivo para el desarrollo soberano.

¿En qué momento situás el punto de inflexión de este presente?

Mirá, está claro que a partir de la década del 90 hubo un objetivo muy claro del consenso de Washington de desmantelar en los países periféricos todas las capacidades estratégicas, ahí se determinó el cierre de ELMA (Empresa Líneas Marítimas Argentinas), de la flota de YPF, de toda la flota fluvial del Estado, la desaparición de los argentinos en el agua y bueno, el viejo principio de los ingleses que los argentinos teníamos que estar de tranquera adentro, que de tranquera afuera se ocupaban ellos, se materializó.

La industria naval fue uno de los objetivos y lo sigue siendo. Es un objetivo estratégico de estos intereses que la Argentina no tenga industria naval, con lo cual no deja de ser una buena noticia de los que todavía resistimos e insistimos y mantenemos una industria naval de alto nivel. Peor no podemos estar, más daño no nos pueden causar, y nosotros seguimos insistiendo. Yo soy muy optimista porque creo que la base técnica de los obreros, de los técnicos, y de los ingenieros navales es del más alto nivel. Lo interesante es que a pesar de todo y contra todo, seguimos insistiendo, seguimos estando y seguimos siendo actores a nivel internacional.

¿Cómo se resuelve esto?

Pienso que es cuestión de que la Argentina empiece a retomar un camino mínimamente de racionalidad. Es absolutamente inexplicable que semejante país como la Argentina carezca de barcos, y creo que a partir de ahí vamos a empezar a retomar el camino, a volver a ser como fuimos: uno de los referentes mundiales en esta industria.

¿Cómo pensás que puede perjudicar el desfinanciamiento en las escuelas técnicas?

Si bien ha sido negativo el desmantelamiento de las escuelas técnicas, sin ninguna duda, en lo que es referente a naval, todavía la UTN (Universidad Tecnológica Nacional), la UBA (Universidad de Buenos Aires) y la ITBA (Instituto Tecnológico de Buenos Aires) sostienen las carreras de ingeniería naval. La Universidad de Quilmes mantiene arquitectura naval de muy alto nivel, hay todavía escuelas técnicas en San Fernando, y por otro lado es también muy importante la contribución que hacen los sindicatos y las empresas, que sostenemos y desarrollamos una política de capacitación permanente, con lo cual, digamos, podemos decir que en lo que es naval específicamente, hemos mitigado esa cuestión, y no veo un cuello de botella ahí. Al contrario, me parece que la Argentina en ese sentido, en la parte naval, ha sido ejemplar.

¿Ves potencial para rearmar la flota con YPF, así como Brasil con Petrobras?

Yo creo que la discusión de si una empresa petrolera tiene que tener o no flota propia está zanjada. Me parece que una empresa petrolera se tiene que dedicar a upstream (exploración y producción de crudo), y down stream (refinación), y el negocio del flete me parece que debería ser tarea de armadores. No creo que el problema sea que YPF haya perdido la flota, el problema que tiene Argentina es que ha entregado el agua, ha entregado los ríos, ha entregado el Atlántico Sur, y no tiene ningún tipo de protección al cepo logístico y a la trampa logística que tenemos.

La marina mercante no nace en los barcos, sino en la normativa y en la soberanía marítima. Argentina no es un paraíso fiscal para poder fabricar bandera de conveniencia. Yo creo que si el río Paraná y el Río de la Plata mal llamado hidrovía es entregado, me parece que eso es el certificado de defunción que va a garantizar que la Argentina nunca más tenga buques.

Hay que modificar el modelo de navegación, ahí nace la posibilidad que Argentina recupere la marina mercante. Con este modelo de navegación que se pretende continuar y profundizar con la nueva licitación, así los marineros sean esclavos, no va a haber ninguna posibilidad de recomponer nuestra flota. La flota se va a recomponer si Argentina recupera la soberanía plena de su río Paraná, del Río de la Plata y del Atlántico Sur.


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La Cuestión Malvinas: “Una causa nacional, un nudo académico y un drama pasional”

La Cuestión Malvinas: “Una causa nacional, un nudo académico y un drama pasional”

TIEMPO DE LECTURA: 9 min.

Creación: EdICMa
Arte y diseño: Ana Clara Reinhadt

Trinchera entrevistó a Juan Cisilino, Director  de EdICMa, el Equipo de Investigación de la Cuestión Malvinas de  la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), que cuenta con 18 investigadores y docentes, en su mayoría, graduados y graduadas de carreras de las Ciencias Sociales y las Humanidades de la misma universidad. En 2014 comenzaron a trabajar a partir de la convocatoria Malvinas en la Universidad, impulsada por la Subsecretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación y el Consejo Interuniversitario Nacional y la Cancillería argentina. 

¿Cómo fueron los comienzos del EdICMa?

En aquel momento comenzamos este equipo siendo tres estudiantes de Sociología que nos presentamos en esa convocatoria y fuimos uno de los proyectos acreditados. Empezamos a trabajar porque nos movilizaba la Causa Malvinas, queríamos aportar en nuestro rol de investigadores, de docentes. Nos empezamos a formar, a meter en el mundo malvinero, a conocer, fuimos trabajando con amplitud y con audacia, eso nos fue permitiendo crecer desde abajo y cuesta arriba. 


¿Qué debates encontraron en todos estos años?

Fuimos aprendiendo en nuestro propio recorrido. Nos formamos en la Facultad de Humanidades y por lo tanto teníamos representaciones y sentidos comunes acerca de Malvinas. Te doy un ejemplo, Rosana Guber, una especialista de la guerra de Malvinas, habla de las dos lecturas dicotómicas que se articularon en la posguerra de Malvinas, una que llama la lectura heroica, y la otra que se llama la lectura dictatorial. Y esta última es la que ella menciona como hegemónica. Eso, de alguna manera, se reproducía en el escaso tratamiento de la cuestión Malvinas en nuestras formaciones, y en las ciencias sociales en general. 

Estas dos estas dos lecturas que menciona Guber son construcciones que obviamente están en disputa. Podríamos decir que hay una especie de discusión en el campo malvinero que podríamos llamar una especie de dialéctica entre el árbol y el bosque. Es decir, hay desacuerdos sobre cuál es el árbol y cuál es el bosque. Una lectura prioriza el carácter justo de la causa Malvinas y por lo tanto,  la justeza del enfrentamiento por parte de la Argentina en defensa de la soberanía nacional frente al imperialismo británico respaldado por Estados Unidos y la OTAN, a pesar de la conducción política y militar de la dictadura de aquel momento. Mientras que otra prioriza el contexto dictatorial para definir al conflicto del Atlántico Sur. Y en ese sentido, Malvinas es un episodio más de la dictadura e incluso puede ser concebida como la prolongación del terrorismo de Estado practicado en el continente hacia las islas. Eso lleva obviamente sentidos y representaciones atribuidas a los combatientes, a las actitudes sociales del pueblo argentino en aquel momento y obviamente distintas lecturas sobre sobre la Causa Malvinas.

Si tuvieras que definir sobre qué línea caminaron, ¿Cuál sería? 

En el ámbito de las Ciencias Sociales y en particular en el campo de la Historia Reciente, tiende a predominar la lectura dictatorial, que fue la que nosotros conocimos en primera instancia, aunque teníamos nuestras dudas porque para nosotros Malvinas es una causa nacional, popular y antiimperialista y en ese sentido nos parece que vale la pena no mellar el filo de esa causa, para poder inscribirla no solamente en la historia larga de nuestro país y en la construcción de nuestra identidad nacional, sino también porque articula debates de fondo sobre las políticas de soberanía que tenemos todavía pendiente. De alguna manera nos fuimos distanciando de la idea de que  Malvinas fue sólo la guerra, aunque obviamente no negamos su relevancia, fue un punto de inflexión  en nuestra historia reciente, pero al mismo tiempo entendemos que la Causa Malvinas forma parte de la historia larga de la construcción de nuestra nación porque si no, de alguna manera se pierde de vista la dimensión geopolítica y no se puede explicar  lo que fue ese conflicto y sobre todo el desempeño de nuestros combatientes. 


¿Cómo analizan la guerra en sí? ¿El por qué del conflicto?

No analizamos el Conflicto del Atlántico Sur absolutizando las intenciones de la dictadura en aquel momento, que por supuesto tenía que ver con instrumentar una causa nacional para buscar de alguna manera legitimar su permanencia en el poder cuando ya era una dictadura en crisis, socavada no solamente por la crisis de la política económica de Martínez de Hoz, sino también por la creciente resistencia obrera y los organismos de Derechos Humanos que empezaban a poner en jaque con mayor fuerza la situación en la que se encontraba la dictadura. También había mucha disputa interna en ese frente militar que dirigía el país. Entonces, en ese contexto, nosotros siempre buscamos entender Malvinas en la historia larga y el conflicto del Atlántico Sur, de alguna manera, complejizando la mirada, no reduciendo la dimensión geopolítica que se puso en juego en aquel momento a  las meras intenciones de esos dictadores a la hora de entender el Conflicto Atlántico Sur, porque nos parece que es un corsé interpretativo que no termina de dar cuenta de la complejidad de Malvinas y sobre todo de ese acontecimiento histórico tan importante  que ha dejado consecuencias muy grandes en nuestra historia reciente. 

 

¿Cómo se han expandido a partir del 2014?

Nuestro fuerte es el ámbito de la Universidad Nacional de La Plata y obviamente dentro de ella, en particular, la Facultad de Humanidades, aunque en el contexto de pandemia desarrollamos la Red de Investigadores de la Cuestión Malvinas, en la cual hoy participan más de 60 investigadores y docentes de todo el país, que de alguna manera ha hilvanado los esfuerzos y los intercambios de distintos investigadores.

Somos un equipo de malvineros que desarrollamos nuestra actividad en los ámbitos de la investigación, la docencia y la divulgación y en ese sentido trabajamos con seriedad, con amplitud y respetando las reglas de esos ámbitos. Eso de alguna manera es lo que nos ha permitido ganar prestigio y que, en nuestras instancias, en las iniciativas que nosotros impulsamos, todas las personas puedan participar y todas las perspectivas tengan lugar, porque creemos fundamentalmente en el debate colectivo como mecanismo para dar la disputa por el sentido. Desde ese punto de vista, somos un equipo muy amplio, muy diverso, que nos une obviamente la Causa Malvinas, porque además de una causa nacional  y de un nudo académico, es también un drama pasional. En ese sentido creemos que moviliza sentimientos nacionales, populares, antiimperialistas que son muy muy valiosos para poder concebir otra Argentina, soberana y bicontinental.

¿Si tuvieras que definir cuál es la línea que se maneja en la universidad o se manejaba en aquel momento, y a partir de estas diversas voces que mencionás, ¿cómo fue evolucionando, cómo se fue saliendo de esa lógica de dos discursos totalmente antagónicos? 

A estudiantes o a nosotros mismos nos ha pasado muchas veces de estar interesados en la Cuestión Malvinas e ir a buscar alguna persona para que nos oriente o nos guíe, y esas personas, con buena intención, decían, “Mirá, no te metas con Malvinas, es un tema de los militares, es un tema de la derecha, es un tema complicado, mejor andá para otro lado, para otros temas”. Es decir, de alguna manera, Malvinas no garpaba, por decirlo mal y pronto. En cambio, hoy en día creemos que asistimos a un nuevo momento difícil de fechar. No sé si habrán sido los 40 años en el 2022 o el mundial de fútbol, no podríamos precisar pero de alguna manera  esto empezó a cambiar. Con el ascenso del gobierno de Macri, las discusiones de soberanía se fueron volviendo cada vez más urgentes.

¿El hundimiento del submarino ARA San Juan?

Por supuesto. Fue y es todo un proceso que implica discutir si la bandera de Malvinas se la vamos a regalar a la dictadura o la vamos a disputar como una causa del pueblo argentino y como un puente de unidad patriótica y popular en el camino de la liberación de la patria. Entendemos que las nuevas juventudes vienen con otro entusiasmo, vienen sin esos corsés interpretativos que a lo mejor nos atravesaron a nosotros en nuestra época, donde por ahí había en auge otras posiciones y otros perfiles. Y creemos hoy que los temas de soberanía se vuelven muy urgentes y se vuelven muy movilizantes en la nueva juventud. Por supuesto, estoy hablando de los sectores en los cuales a nosotros nos toca trabajar. Me refiero a investigadores jóvenes, me refiero a estudiantes de la Facultad de Humanidades, estudiantes de la Facultad de Periodismo, docentes universitarios, escuelas secundarias, asociaciones deportivas y culturales. 

Obviamente somos conscientes de que con las nuevas juventudes también se discute con las ideas del individualismo, del escepticismo, de la desnacionalización, pero nosotros creemos que hoy Malvinas late con fuerza y se mete a los codazos, pero se mete igual, digamos. Entonces, en ese sentido, creo que ha crecido incluso su presencia en la universidad. Creo que nuestra experiencia colectiva es un ejemplo de eso en la Universidad Nacional de La Plata, pero también están las experiencias, de la Universidad Nacional de Lanús o el Observatorio Gaucho Rivero, que se acaba de formar en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, una universidad en la cual plantear estas cuestiones también es muy cuesta arriba. También hay que mencionar a la  Universidad Nacional de Rosario con el programa Malvinas y Atlántico Sur de Historia; nosotros decimos que Malvinas es como una mirilla para comprender la Argentina.

Mencionabas al Gaucho Rivero; ver cada vez más agrupaciones y cosas a las que se le pone Gaucho Rivero me parece también un signo de lo necesario en esta causa. ¿Podemos hablar de una nueva resistencia a los intentos de desmalvinización?

Totalmente. Frente a la desmalvinización desde arriba siempre hubo una resistencia malvinizadora desde abajo, pero creo que el salto en calidad se da en donde juventudes vinculadas a las Ciencias Sociales y a las Humanidades que por ahí antes se encontraban hegemonizadas por otros paradigmas. Hoy ven la importancia que tiene la soberanía, disputar las causas nacionales, en ese sentido, darles un contenido popular a las causas nacionales, porque en otro momento quizá uno parecía estar obligado a optar entre un nacionalismo sin pueblo o un progresismo  cosmopolita. Vos hoy me preguntabas por las lecturas, nosotros en realidad no estamos en una, no nos paramos en una contra la otra, sino que buscamos unir lo que es la soberanía desde una perspectiva integral, y lo que es la memoria, lo que es la historia larga y la historia reciente de la Cuestión Malvinas. Me parece que en ese sentido es donde cobra mayor gravitación o relevancia para poder analizar y comprender sus disputas simbólicas, sociales, culturales y políticas y dotarlas de todo ese filo que puede ayudarnos a concebir otro proyecto de nación. 

¿Cómo pregna esta cuestión -que puede parecer un detalle- de los carteles con la distancia a Malvinas?

En el ámbito de la investigación, tenemos nuestra revista científica interdisciplinaria Malvinas en Cuestión, editada por la UNLP y la Universidad de Tierra del Fuego. También llevamos adelante las Jornadas de la Cuestión Malvinas en la UNLP, el 11 y 12 de diciembre de este año realizaremos su V edición, con la presentación de más de cincuenta trabajos y paneles con especialistas de lujo. En el ámbito de la docencia, nosotros venimos haciendo un trabajo fuerte con lo que son seminarios de grado y de posgrado en la Facultad de Humanidades y en la Facultad de Periodismo, y también capacitaciones para la docencia universitaria. 

 En el ámbito de la divulgación, venimos desplegando tres grandes iniciativas. La primera es la realización de entrevistras a combatientes de La Plata, Berisso y Ensenada para Voces de Malvinas, un archivo oral de combatientes de todo el país que tiene su canal de YouTube y además queda almacenado en el Archivo General de la Nación para que esas vidas, historias y experiencias queden para la posteridad, es un trabajo de Memoria. La segunda es la Campaña de Difusión del Mapa de la Argentina Bicontinental, que la llevamos a cabo en escuelas, en institutos de formación docente, y en asociaciones barriales y culturales. Y la tercera es la Campaña de Señalización. “Malvinas siempre estuvo cerca” que tomamos como inspiración la propuesta de la provincia de Buenos Aires que está impulsando en escuelas y jardines. Básicamente consiste en colocar placas con la distancia a nuestras islas como la que colocamos en la Comunidad Ferroviaria, en la Facultad de Humanidades, en la Facultad de Periodismo y en la Facultad de Ciencias Naturales. Seguimos trabajando para que estas placas estén en todas las facultades de nuestra universidad y por supuesto en otras asociaciones populares, culturales, sociales, etcétera. Buscamos incorporar Malvinas en nuestros espacios cotidianos para fortalecer una conciencia malvinera y una perspectiva de nación, como te decía hoy, austral, bicontinental. con soberanía integral. Eso nos pone de relieve de alguna manera frente  a las generaciones jóvenes. Queremos contribuir en ese camino para poder tener otro destino nacional.

Reconstruir las Fuerzas Armadas nacionales al servicio del pueblo argentino y su soberanía

Reconstruir las Fuerzas Armadas nacionales al servicio del pueblo argentino y su soberanía

TIEMPO DE LECTURA: 9 min.

Trinchera entrevistó a Cesar Milani, militar retirado con el grado de teniente general y ex jefe del Estado Mayor General del Ejército desde el 3 de julio de 2013 hasta su relevo el 24 de junio de 2015. Se dialogó sobre el desmembramiento de las FFAA tras la última dictadura cívico militar hacia el presente con el actual gobierno nacional, la relación del país de cara al futuro con el Atlántico Sur, y el accionar respecto a la ocupación británica en co-acción con Estados Unidos.

En toda tu trayectoria como militar, ¿Qué balance hacés del país en términos de defensa? (En cuanto a la defensa de la soberanía sobre el agua, de la Antártida, de las Islas Malvinas, de Tierra del Fuego, y de la Plataforma Marítima).

Yo entré en la carrera militar de subteniente, precisamente con la dictadura militar, tenía 20 años, pasaba la dictadura militar. En ese contexto, evidentemente, las prioridades de la dictadura militar no eran la defensa de nuestros recursos naturales, de nuestro territorio, de nuestro espacio aéreo, de las Islas Malvinas.

Ya venían de los años 55 en adelante, 60, 70 con los golpes de Estado, eran relativas a la seguridad interior y a las cuestiones relativas a preparar a la Fuerza Armada para enfrentar ya sea levantamientos civiles, ya sea huelgas, ya sea, bueno, y todo lo que pasó después del 76. Es decir, la Fuerza Armada estaba preparada para actuar en el ámbito interno.

Luego llegó Malvinas, con un enemigo tradicional, en una guerra tradicional que nos exigía a nosotros tener no solamente militares profesionales y, por supuesto, nacionalistas, exigía tener un equipamiento moderno, estar preparado para una guerra tradicional, como la que se planteó con Gran Bretaña, y no se estaba preparado para todo esto.

Fuimos a la guerra con lo que teníamos, yo recuerdo que fui movilizado a Comodoro Rivadavia, con una fuerza de tarea transportada, yo era paracaidista, y estábamos nosotros con los bolsones por equipaje viejos, no teníamos equipamiento nuevo, no teníamos mochilas nuevas, no teníamos, bueno, todas las cuestiones que los ingleses sí lo tenían.

Yo no llegué a pasar a las islas, pero evidentemente fue una guerra con un nivel de desproporcionalidad en los elementos, la tecnología y los elementos impresionante respecto a los ingleses. Los argentinos supieron de la falta de todo esto que traían los ingleses, es decir, el aparato logístico, el aparato militar, y de igual manera fueron con coraje, con entrega y con patriotismo, pero bueno, no alcanzó. Esta es la realidad, estábamos preparados para cuestiones de origen interno, y de golpe plantearon una guerra convencional con Gran Bretaña, y no estábamos preparados, y por supuesto que se perdió.

A partir de esa guerra las Fuerzas Armadas fueron recluidas por todos los gobiernos políticos de distintos signos: peronistas, radicales, menos peronistas, menos radicales, macristas, etc. Y por supuesto, este último, ni qué hablar. Fueron recluidas, con esto quiero decir que, la metieron en una cápsula, le bajaron el presupuesto, bajaron los gastos de defensa, no reequiparon, no reacondicionaron el equipamiento militar, y por supuesto, lo que se hizo fueron únicamente cuestiones de maquillaje, cuestiones de presentación, administrativa, mayor parte de administrativa del Estado Mayor Conjunto, del Ministerio de Defensa, mayores secretarías, todo esto, pero no mayores fierros.

No se les dio a las Fuerzas Armadas el valor que deberían tener, no se les proveyó el material necesario para que sean, no una potencia, pero para que estén por lo menos a par de los países de la región en el poderío militar. Consecuentemente, el equipo se fue degradando, después de 40, 45 años. Se bajaron la cantidad de soldados voluntarios, se bajaron la cantidad de suboficiales y oficiales, se bajó el presupuesto de las Fuerzas Armadas de forma impresionante, no hubo más reequipamiento.

El último gran reequipamiento lo produjo en mi gestión gracias a un aporte extraordinario de la Presidente que pudimos afectarlo a las Fuerzas Armadas, y se produjo una recuperación de capacidades muy importante como no se había producido en los últimos 40 años, pero por supuesto que nos alcanzó, porque yo estuve poco en la gestión, es decir, no tuve lo necesario para terminar esta ecuación (2013-2015).

Y lo que vino después fue desastroso, el gobierno de Alberto Fernández fue desastroso y este gobierno fue más desastroso. Bajó el Producto Bruto, los sueldos de los militares están más bajos de lo normal, la mitad de los sueldos de los militares están por debajo de la línea de pobreza, la obra social de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas de Seguridad está quebrada con más de 200.000 millones de pesos de déficit, sumado a un ministro de Defensa que es un fantoche, que se vestía de militar para hacerse, pero no tenía nada de militar.

Todo esto sumado a que Petri va a ofrecerse para formar parte de la OTAN, para formar parte del grupo Rampen, que apoyaba a Ucrania en la guerra contra Rusia, como si tuviéramos nosotros algo que ver, siendo súbditos y vasallos de Estados Unidos en todo, absolutamente en todo lo que dicen, especialmente en política internacional.

Me queda claro que el presente y este gobierno es un desastre con el área de defensa, ahora te pregunto, ¿Qué posibilidad de peligro real crees que representan todas estas hipótesis de bases conjuntas en Tierra del Fuego con Estados Unidos?


Yo creo que es gravísimo, pero muy grave. Estados Unidos ha tomado a la Argentina como una especie de colonia, donde pueden venir a hacer lo que quieran, independientemente de traer los recursos naturales que ellos quieran, llevarse lo que ellos quieran, sin pagar absolutamente nada, entrando equipamiento viejo para trabajar y llevándose todo lo que quieran, no solamente en recursos naturales, sino en el mar, instalando bases conjuntas, ellos dicen conjuntas, pero son bases militares norteamericanas, especialmente en el sur porque tienen control sobre el paso bioceánico, Malvinas y sobre la proyección antártica que pueda tener Argentina.

Está bien claro que Estados Unidos intenta, -gracias a Dios voy a decir algo, que Trump le quedan 3 años de gobierno, y no sé si 3 años de vida, ojalá que se muera antes-, pero le quedan 3 años de gobierno, así que no sé si va a concretar lo que quiere concretar en nuestra patria. Estados Unidos viene por supuesto también a ayudar a Gran Bretaña. Si hay algún enfermo, si hay algún estúpido que cree que Estados Unidos va a hacer alguna gestión para que los ingleses nos devuelvan Malvinas, está loco, no vive la realidad, eso es una irrealidad. Estados Unidos tiene como principal aliado en la OTAN a Gran Bretaña, aliado histórico, es decir, participó con ellos en las guerras mundiales.

Gracias a Dios que estos periodos políticos terminan, y a Milei se le va a terminar y a Trump se le va a terminar, y ahí es donde nosotros tenemos que volver.

¿Estados Unidos el que potencialmente te da más miedo? O pensás también en una relación de coacción con Inglaterra y con Israel, -que también hemos visto varios movimientos, no solo de petroleras, sino también de su área de defensa, o Mekorot con el agua- ¿Ahí cómo ordenarías eso?

En Argentina por supuesto Estados Unidos es el que más influencia tiene por una cuestión financiera y monetaria, si deja de apoyarlo financieramente este gobierno no dura tres meses y cae, no llega a las elecciones del año 27, así que depende así de Estados Unidos. Por supuesto que acá hay un espíritu de vasallaje y de coloniaje hacia Gran Bretaña y hacia Israel también, hacia Gran Bretaña en todas las concesiones que le ha hecho, este gobierno a los ingleses, no solamente permitirle aterrizajes intermedios acá en la Argentina para ir a Malvinas, sino beneficios en el área pesquera, beneficios en el área petrolera, que están explotando en este momento juntamente con una empresa israelita, haciendo perforaciones, explotando con vista a un comienzo de producción de petróleo en el sur, en la parte muy cercana a las islas Malvinas, así que todas las concesiones se están dando a Gran Bretaña y por supuesto Israel entra a jugar ahí en muchos aspectos, técnicos y militares.

Tenemos políticos entreguistas que le van a otorgar todo, empezando por el presidente, políticos entreguistas que van a entregar la soberanía de la patria y van a desintegrar a la nación.

Como vos bien mencionas también, los períodos y los tiempos políticos van, vienen, son muy álgidos en este momento, entendiendo todo esto y entendiendo la ocupación que tenemos de Gran Bretaña en un cuarto de todo el territorio, y en un gobierno de índole nacional, ¿Cuál debería ser la planificación en defensa?

Bueno, en principio hay que conformar un ministerio de defensa con gente nacionalista y poner un ministro de defensa militar nacionalista, en principio, después ir a una participación del Producto Bruto Interno de la fuerza de defensa del orden del 1 al 1,5% del PIB. Eso le va a permitir a las fuerzas armadas reequiparse, no solamente cambiar material obsoleto y viejo, sino reequiparse con material tecnológicamente nuevo. Y, por supuesto, todo esto tendiente a lo siguiente, y esto es lo último que quiero decir y lo más importante: nosotros tenemos que dejar de pensar que Gran Bretaña se va a sentar con nosotros a la mesa de negociaciones, tenemos que dejar de pensar que nosotros vamos a recuperar las Islas Malvinas por obra de magia o porque va a venir algún gurú o porque va a venir Estados Unidos a gestionar algo, eso es mentira. La única posibilidad que tenemos nosotros es conformar un poder de disuasión militar, tan importante en las tres fuerzas (en la parte terrestre, aérea y marítima), tan importante, disuasorio que obligue a Gran Bretaña a sentarse en la mesa de negociación.

Que digan: “Bueno, muchachos, acá podemos tener un problema, no podemos seguir invirtiendo, invirtiendo y llenando, ¿no es cierto?, y poniendo cada vez más equipamiento militar y más apoyo logístico en las Malvinas, ¿no es cierto?, porque estos muchachos se están armando, y se están armando con equipamiento no controlado por nosotros”. Para eso entra China, Rusia, India y todos los países que nos puedan proveer armamento, que Estados Unidos, lamentablemente, el armamento que nos puede proveer, es armamento controlado por la OTAN y controlado por Gran Bretaña, que no va a tener ningún efecto disuasorio sobre Malvinas.

Para ellos va a ser más conveniente sentarse en la mesa de negociación con nosotros, que seguir invirtiendo millones y millones y millones de libras en agrandar cada vez la base militar, porque van a ver que nosotros cada vez nos agrandamos más. Es la única opción, no hay otra opción, y que se entienda bien, un efecto disuasorio, disuasorio significa poder militar, en poder militar terrestre, aéreo y naval.

Y por supuesto, un Ministerio de Defensa muy nacionalista, que tenga bien en cuenta que nuestro principal enemigo se llama el Reino Unido-Gran Bretaña, que está a 600 kilómetros de nosotros, que tenemos una hipótesis del conflicto, que hay que cortarle absolutamente todas las posibilidades, ya sea de apoyo logístico y de transporte militar en nuestro país, de apoyo pesquero, de la explotación cerca de Malvinas, o alrededor de Malvinas, o lo que sea, en el mar, bueno, ponerle todas las trabas posibles, y que nuestro país se esté equipando en forma permanente para ejecutar una acción disuasoria, después veremos qué pasa, pero esto debe ser el objetivo principal en defensa para los próximos 20 años.

Por supuesto que Malvinas está número 1, la proyección antártica número 2, que ya se viene el tema antártico en los próximos años, el paso bicontinental, el paso bioceánico número 3, es decir, tenemos mucho que jugar en el Atlántico Sur y mucho que jugar en nuestro territorio, en la parte sur de nuestro territorio, que tenemos que poner brigadas mecanizadas, ágiles, potentes, rápidas, que por supuesto que se pueden obtener, y no necesariamente de Estados Unidos.

Con esto te quiero decir que yo tengo una visión, digamos, para nada acuerdista, ni para nada, digamos, pensando que podemos recuperar nuestra isla de Malvinas por la vía diplomática, en absoluto, no existe esa posibilidad, está claro.

¿Te gustaría participar en algunas -no te digo decisiones, porque eso conllevaría que ya tengas algún puesto- , pero por lo menos poder entablar diálogo con gente cercana a un futuro gobierno y poder participar de recomendaciones, entre otras cosas?

Yo te voy a decir algo. Tengo 71 años, pero tengo el espíritu de una persona de 40 años. Estoy dispuesto a dar mis últimos años de mi vida, de acá hasta los 100 que voy a vivir, lo estoy diciendo un poco en broma, pero hasta la edad que Dios me dé, ¿no es cierto?, tratando de servir a la patria.

Y esto incluye no solamente hablar, no solamente pregonar, no solamente militar, no solamente hablar con algunos referentes políticos, sino fundamentalmente prever que puedo hacer algo en el próximo gobierno que va a venir de tinte nacionalista. Pero no quiero un gobierno como el de Alberto Fernández, no quiero un gobierno socialdemócrata, quiero un gobierno nacionalista, peronista. Y creo que hay mucha gente nueva, con nuevas expectativas, aunque sea gente grande, pero gente nueva en el proceso político que está dispuesto a participar y yo estoy dispuesto a participar para dar todas las peleas que sean necesarias.

 

 

 

Argentina en el Atlántico Sur

Argentina en el Atlántico Sur

TIEMPO DE LECTURA: 12 min.

El actual dossier lleva por nombre “Bicontinentalidad, bioceanidad y Atlántico Sur”. Esto se debe a: la posición bi-continental de Argentina (entre América y la Antártida), la posición bi-oceánica (entre el océano Atlántico y Pacífico), y por último, la referencia al Atlántico porque una gran parte de todo el territorio del país se encuentra en este, entre la porción antártica, Malvinas, Georgias, Sandwich y la plataforma marítima.

¿Por qué hacer un dossier entero sobre ello? Resulta importante entender el valor estratégico, en calidad y cantidad de recursos que toda esta superficie sugiere, pero, sobre todo, mencionarlo hasta el hartazgo, ya que no es un tema instalado en el común denominador de la población, así como el hecho de que gran parte de este territorio está invadido por Gran Bretaña (no sólo las Islas Malvinas).

De esa manera, mientras otros artículos profundizarán sobre la exactitud de las riquezas del suelo en cuestión, u otros más, en la ocupación británica en cuestión, en el siguiente texto se narrará la historia de Argentina con estos suelos desde su momento fundante, que situamos en la defensa a las invasiones inglesas de 1806 y 1807.

¿Y por qué recopilar esta historia? Porque la ocupación y población de un territorio es un argumento pujante a la hora de reclamarlo, y ha sido, en el caso de Malvinas, el mejor aliado de la Argentina para disputar su tenencia tras la invasión de Gran Bretaña y lo será, en caso de la Antártida, si llegase el momento de discutirlo también.

Islas Malvinas 

El caso más conocido y emblemático de nuestro país. Su historia se remonta al mismo “descubrimiento” de América por parte del reino de España, por lo menos en 1520, en donde varias historiografías coinciden en el avistamiento de Fernando de Magallanes. Aunque previamente, en 1501, también existen datos sobre un avistamiento (no comprobado) de Américo Vespucio. Por su parte, Inglaterra afirma haber realizado un primer avistaje en 1592, lo cual dará pie a su puja posterior.

Para entender este contexto, es importante recordar que los distintos reinos europeos se encontraban en plena batalla por la dominación de los mares que abrían puertas a “nuevas tierras”. Todo esto, por supuesto, entendiendo que fue la historiografía y visión eurocentrista que se impuso ante la matanza de quienes ya residían en otras tierras y la aniquilación de una gran parte de sus memorias.

Así, reinos como Gran Bretaña, España, Francia, Portugal, Holanda, entre otros, merodearon América. España y Portugal se asentaron en el sur, Holanda en el centro, Francia e Inglaterra del centro al norte. Pero ello no quita que hayan existido disconformidades u otras aspiraciones entre medio.

Tal es así que, no solo Inglaterra merodeó desde aquel momento Malvinas, si no que, tras el avistaje de España, Francia también ocupó el archipiélago y de hecho fue el primero en formar un asentamiento permanente con el “Port Saint Louis”. Lo hizo a espaldas de España, en un marco de alianza que no le permitía a Francia tomar posesión en el sur de América.

Si bien el reino español retomó el poder diplomático de las islas en pocos años, es importante entender que estos diversos intereses no son casuales: todos los reinos se disputaban las rutas comerciales del mundo a través de los mares, y sabían que tomar posesión de alguna isla como base significaría tener un lugar desde donde pujar el pasaje entre el Atlántico y el Pacífico en el sur. Una lógica que aún predomina y es más fuerte en el presente: el futuro llegó. 

El principio de posesión del reino de España a través del Virreinato del Río de La Plata sobre las Islas Malvinas es, por excelencia, el primer argumento diplomático con el que la Argentina cuenta incluso desde antes de formarse como tal. Una vez independizadas las Provincias Unidas, todo el territorio de ese virreinato correspondía a ese conjunto. 

En el acta de independencia de la corona española las mismas Islas fueron confirmadas como pertenecientes a la provincia de Buenos Aires, y a partir de allí las provincias unidas ejercerían la plena soberanía hasta 1833. Sin embargo, recién en 1829, luego de la consolidación del confederalismo, se designó a un responsable de las islas.

El por entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Martín Rodriguez, designó a Luis Vernet como comandante Militar y Civil de las Islas Malvinas, quien se mudó allí e incluso dio vida a la primera ciudadana oficial de las Islas, Matilde Malvina Vernet. Incluso desde una visión de población “natural”, la Argentina tiene los argumentos en su favor.

Pero Inglaterra tenía un plan histórico de ocupación sobre los mares y no se quedaría de brazos cruzados solo porque el pueblo bonaerense le cerró las puertas en 1806 y 1807. Cuatro años más tarde de la designación de Vernet, con el argumento de una “expedición de investigación”, los piratas zarparon a las islas.

El ataque obtuvo resistencia a través de una tropa de trabajadores de las islas comandadas por Antonio “El Gaucho” Rivero, que se levantó contra los británicos y volvieron a izar la bandera argentina. Los piratas regresaron a su archipiélago real pero por supuesto, contraatacaron. Rivero prevé esto, pero los refuerzos de Buenos Aires nunca llegaron y el regreso de los ingleses un año después fue definitivo. Rivero y los suyos fueron encarcelados y enviados hacia Inglaterra primero y luego de regreso a Buenos Aires.

Desde ese momento, Inglaterra comenzó su plan de autoimplantación de población, los llamados “Kelpers”, que diagramaron un argumento legal al mismo tiempo que ejercían la ocupación. 

Antes siendo Provincias Unidas, y luego Argentina, este pueblo jamás dejó de anteponer sus argumentos ante organizaciones y juzgados internacionales, ya que la diferencia militar entre ambos países fue y es holgada. Incluso en 1974, bajo la presidencia de Juan Domingo Perón, y luego en las continuación con María Estela “Isabelita” de Perón, se profundizó la estrategia proveyendo a los isleños de gas natural a través de YPF.

Fueron años de esfuerzos diplomáticos interrumpidos por un manotazo de ahogado de la última dictadura cívico militar en su etapa más senil, cuando decidió enviar tropas de jóvenes argentinos de entre 18 y 20 años a “recuperar las islas”. 

El resultado es el conocido ampliamente y Argentina hoy apuesta nuevamente a la vía diplomática, no solo en contra de Gran Bretaña, si no de los lobbies internos que esta ejerce a través de narraciones como la de los kelpers o prohibiciones de explotación cercanas al área marítima argentina a través de ONG´s en su mayoría británicas, disfrazadas de ambientalistas.

Todo ello forma parte de la malvinización en la que se profundizará en otros artículos. No obstante, es importante no dejar de mencionar que la Argentina aún conserva su estrategia y que desde 1957 lo hace de manera integrada hacia todo el Atlántico Sur con la creación de la provincia Tierra del Fuego, la cual unifica las porciones marítimas, antárticas e isleñas.

Tierra del Fuego 

No como provincia sino como territorio, desde 1884, tras aniquilar gran parte de la población originaria, se estableció el “Territorio nacional de la Tierra del Fuego”, pero recién en 1957 se le añadió “Antártida e Islas del Atlántico Sur”, completando ese nombre. Finalmente, en 1991 adquirió el carácter provincial bajo el nombre definitivo “Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur”.

Para entender a la provincia en sí misma es importante pensar en su posición estratégica: es un mirador perfecto a toda la superficie del Atlántico Sur, en donde Argentina se disputa cara a cara con Inglaterra desde que reside en Malvinas. Su capital, Ushuaia, es el territorio más cercano del mundo a la Antártida (aproximadamente 1600 km). ¿Por qué el hombre querría habitar territorios complejos en cuanto a temperaturas como los polos, tanto ártico como antártico, o las provincias más boreales o australes? Sencillamente por su valor estratégico. Por esto mismo Gran Bretaña merodea el sur y los mares, pero también pelea en el ártico (que sería mucho más lógico por proximidad) así como Rusia, Estados Unidos u otras potencias.

Si bien Argentina no tiene el potencial militar para asemejarse a tales monstruos internacionales como los mencionados anteriormente, tiene, al igual que en Malvinas, una posición territorial y diplomática que da sólidos argumentos para la disputa. 

Por ello resulta imperiosa la necesidad de ocupar el territorio austral fueguino, hecho que no sucederá si no se otorgan ciertos métodos para hacer atractiva la experiencia de vida en esa tierra. Para esto, en 1972, un desgastado gobierno dictatorial al mando de Agustín Lanusse creó el Régimen de Promoción Industrial de Tierra del Fuego. 

Como podemos ver en la recuperación de hechos, la mayoría de construcciones no son hitos de un solo gobierno, muchas veces incluso ni siquiera suceden en el mismo siglo, si no que se pueden enmarcar en “políticas de Estado”. Esta es una buena noticia, ya que el relato agotador de la “grieta” gráfica el sentido de que los argentinos no nos pusimos de acuerdo nunca en nuestra vida. Si bien es verdad que hay líneas de diferencias marcadas, por suerte también hay excepciones en las que se han respetado líneas comunes de acción.

Continuando en el relato: el cambio de ciclo estaba por concretarse hacia el año 1972, en el que el propio Lanusse ya había llamado a elecciones con la participación del Partido Justicialista, tras 18 años de proscripción. Se crea entonces un régimen que liberaba del pago del Impuesto al Valor Agregado (IVA), ganancias y hasta importaciones para quienes residan en Tierra del Fuego (TDF).

La última medida fue fundamental para generar fuentes de trabajo en la isla: con la casi libre importación, la provincia comenzó a ingresar industria tecnológica y ensamblar, agregándole valor y proveyendo al país, por ejemplo, con aires acondicionados o celulares.

Creer que este movimiento tiene por fin la óptima distribución de productos tecnológicos de la mejor calidad al mejor precio sería ignorar todo lo anterior contado; se trata simplemente de la imposición de una industria, a cambio del control de la zona más estratégica del país y una de las más importantes del mundo. 

En la actualidad, el gobierno de La Libertad Avanza quitó los beneficios impositivos a industrias como la textil en TDF, hecho que sucede en un marco de discusión y críticas al régimen de incentivos, por lo menos desde la presidencia de Mauricio Macri en 2016. 

Estos actores políticos abrieron la discusión sobre el régimen desde una óptica meramente económica sobre las industrias en cuestión, dejando de lado el sentido de desarrollo en el territorio e incluso la futura exportación de los recursos del mismo (si se viera desde una óptica de economía primaria, como lo es la de los actores nombrados). Desde una óptica de sector secundario y distribución interna, en cambio, habría que restar además cuan más barato puede salir la energía o el combustible, extraídos de la misma zona.

Traducido en criollo: si al argentino de la provincia del centro o norte del país le va  salir mas caro un aire acondicionado por el valor agregado de TDF en vez de la importación, a eso habría que restarle luego el valor en el que se puede reducir el costo de la energía o el combustible tanto para el hogar como para el resto de industrias y logísticas en el país. Es sacrificarse “manteniendo” una industria para poder hacerse con recursos vitales que se disputan las grandes potencias, lo que se dice “estratégico”.

¿Puede existir un mejor régimen? Sería poco ambicioso pensar que no, por lo que no es mala palabra la discusión, pero sí sería una pantomima mal intencionada tener el debate a medias, ignorando el origen y la búsqueda del régimen incentivo.

Antártida

En último lugar, la síntesis y quizás el fin de búsqueda de esta disputa geopolítica sea el llamado continente blanco. Por supuesto que en los archipiélagos ocupados por Gran Bretaña y en sus alrededores marítimos existen incalculables recursos, así como en la misma Patagonia argentina. Sin embargo, la Antártida es aún más codiciada por su nivel de “virginidad” en la tierra. Un terreno prácticamente aislado de la vida humana y en el que la mayor actividad fue ejercida justamente por Argentina. 

La relación de Argentina con la Antártida se remonta, por lo menos, hacia 1904. Habiendo participado el gobierno argentino en diversas investigaciones científicas, y en línea con el histórico posicionamiento de independencia que declaraba a todos los territorios del Atlántico sur como parte de las Provincias Unidas, la Argentina se hizo oficialmente de una base en enero de 1904, en herencia de una investigación escocesa.

El antecedente data de un año atrás, en 1903, cuando William Speirs Bruce, a cargo de una expedición antártica nacional de Escocia llegó a las costas de las Orcadas del Sur, en donde quedó atrapado en medio de hielos. Sobrevivió con la construcción de una especie de casa precaria hasta la llegada del verano, cuando los hielos se derritieron lo suficiente como para emprender el regreso.

Bruce se acercó hasta Buenos Aires con la oferta al Gobierno nacional de vender el proyecto y la “base” llamada “Omond House”, con el interés de que se continúen con las investigaciones. Así es como en enero de 1904 Argentina adquirió la que un mes después pasaría a llamarse “Observatorio Orcadas del Sur”. El 22 de febrero se izó por primera vez la bandera argentina y el país se afirmó como el primero en tener presencia ininterrumpida en el continente, desde aquella fecha hasta la actualidad. Como no podía ser de otra manera, Inglaterra reclamó la soberanía sobre la isla en donde se encuentra Omond House en una primera instancia y luego toda la porción antártica argentina hacia 1908.

Por otro lado existen relatos alternativos que explican que ya en el siglo 19 pescadores criollos se aventuraban en las zonas para conseguir pesca y aceites y luego venderlos, hecho que nunca difundieron para no atraer competidores.

En 1939 Argentina creó transitoriamente la Comisión Nacional del Antártico, para participar de una invitación hecha por Noruega para profundizar investigaciones. El clima de tensión en el sexto continente genera que los países se midan constantemente sus intenciones. Si bien en este caso la propuesta de Noruega era de índole “colaborativa” e “internacionalista”, un año después Chile fijó su reclamo territorialmente, el cual pisa a la Argentina.

Por si fuera poco, Inglaterra tampoco quedó expectante y reforzó su reclamo. Ante estos movimientos Argentina y Chile llegaron a un acuerdo básico en el cual ambas partes reconocen que “Chile y Argentina tienen derechos indiscutibles de soberanía en la zona polar denominada Antártida americana”, aliándose contra Reino Unido, quien pretende llevarse las partes reclamadas por estos dos.

De esta manera se configuró el actual mapa de reclamos tal cual lo conocemos hoy, pero lo cierto es que mientras Reino Unido sólo ejerció un camino de lobby a través de comunicados, papeles y movimientos diplomáticos, Argentina no solo mantuvo esa línea, si no que continuó con la instalación de bases, investigaciones, aportes científicos y presencia en el continente, convirtiéndose en quien más lo habitó y habita actualmente.

Hacia 1951 Argentina inauguró el Destacamento Naval Almirante Brown, y al año siguiente la Base Esperanza, hechos que dieron comienzo a una larga lista de bases: en total son 13, de las cuales 7 (Orcadas, Carlini, Esperanza, San Martín, Belgrano II y Marambio) son permanentes, y 6 (Brown, Matienzo, Melchior, Decepción, Cámara y Primavera) se utilizan durante la temporada de verano, momento más habitable del continente.

Entre otros hechos destacables se pueden repasar la primera presencia de un presidente argentino en el continente (Arturo Frondizi en 1957) y la firma del tratado antártico tras varios ataques militares de Reino Unido a bases de Argentina (1959). Este último fue firmado entre quienes tienen reclamos: Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Francia, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Sudáfrica, Unión Soviética, Reino Unido y Estados Unidos. El mismo prohíbe la acción militar en el continente y permite su utilización sólo para fines pacíficos.

Es importante destacar que el tratado no caducará en el año 2048 como se suele afirmar, pero si se abre a la posibilidad de realizar modificaciones, que dependerán de los argumentos y recursos que cada nación pretendiente presente. 

Como se puede ver en cada uno de los apartados analizados, la presencia del Reino Unido es repetida en cada uno de los territorios del Atlántico Sur. Sería imposible negar un evidente interés de ese país en toda esa zona que, en términos geográficos, no tiene nada que ver con su original archipiélago, a diferencia de Argentina, que es quien está más próxima a estas zonas, y que además ha ejercido el dominio pacífico sobre las mismas.

Por último, no se puede dejar de mencionar la plataforma marítima que rodea estas tierras, cuestión que puede pasar más desapercibida pero en la que el Reino Unido también ejerce la invasión: hace un año declararon 166 mil kilómetros cuadrados cercanos a Malvinas y pertenecientes a la Argentina como suyos, sin que el actual Gobierno nacional emita un solo reclamo. 

Por último, también es importante recordar que, para sintetizar el posicionamiento de Argentina sobre todos estos territorios y su ejercicio de soberanía, tanto terrestre como marítimo, en 2010 se realizó el mapa bicontinental, del cual su difusión es fundamental para aceitar los conocimientos nacionales sobre nuestro territorio.



Joaquín Bellingeri

Por una patria justa, libre, y soberana de la Quiaca a la Antártida. “Para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”. Nacional Justicialista.

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El Atlántico Sudoccidental: ¿un espacio estratégico?

El Atlántico Sudoccidental: ¿un espacio estratégico?

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El orden hegemónico liderado por Occidente desde mediados del siglo XX se encuentra actualmente desafiado por las potencias emergentes, particularmente China y la Federación Rusa, y en un sentido más amplio por el bloque de los BRICS, cuyas visiones del mundo, sistemas de valores y objetivos geopolíticos difieren significativamente de los parámetros establecidos por Estados Unidos y Europa. 

Nos encontramos ante un orden internacional “interpolar” (Grevi, 2010), “no polar” (Haas, 2008) o “multiplex” (Acharya, 2017), en el cual ya no hay un único polo de poder sino varios poderes estatales, organizaciones regionales e internacionales con influencia y numerosos actores no gubernamentales que desarrollan formas complejas de interdependencia, presentan múltiples capas de autoridad y liderazgo y actúan en dimensiones superpuestas de la gobernanza global.

En este marco de reconfiguración geopolítica, se ha intensificado la rivalidad estratégica por el dominio de los espacios marítimos. De acuerdo con Altieri (2018), “control del mar” implica el despliegue de una presencia efectiva en zonas de interés clave para la proyección de poder con el doble propósito de negar a un adversario la utilización del área e influir decisivamente en los acontecimientos continentales.

Principalmente, el foco de atención ha estado en el Indopacífico debido a sus características centrales. Por una parte, la región es el centro de gravedad de la economía mundial, aportando más del 35% de la riqueza global y el 70% de su crecimiento, a su alrededor se despliega la Rutas Marítimas de la Seda chinas y se transporta la mayor parte del petróleo y gas producidos en Medio Oriente. Por otra parte, es el escenario de puntos de tensión como el Mar de China, el Golfo Pérsico, el estrecho de Taiwán y la península de Corea (Abensour, 2024).

En tanto, la relevancia del Atlántico Sur para la paz y el crecimiento mundial ha sido durante mucho tiempo desestimada, a pesar de ser una ruta marítima indispensable, de ser abundante en recursos naturales y del rol que ocupa en la rivalidad geopolítica contemporánea (Leoni et. al., 2025). En parte, esto puede comprenderse porque este océano ha sido concebido como un “remanso estratégico” (Abdenur y De Souza Neto, 2013).

Dicho calificativo se basa en las dinámicas pacíficas de este orden marítimo -en especial en el Cono Sur, donde la probabilidad de conflictos militares inter-estatales es casi nula y existe un importante grado de cooperación- y en la vigencia de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZOPACAS). La misma es un mecanismo de diálogo multilateral africano-sudamericano, instituido a instancia de Brasil en Naciones Unidas en 1986, con el propósito de coordinar la agenda de la gobernanza en materia de defensa y seguridad y promover el Atlántico Sur como un espacio opuesto al colonialismo, desmilitarizado y libre de armas de destrucción masiva. De este modo, el Atlántico Sur posee un grado relativamente alto de estabilidad –más allá de cuestiones puntuales vinculadas a la piratería o el tráfico ilícito en las costas africanas o problemáticas de la pesca ilegal, no declarada o no reglamentada- que dista mucho de ser un espacio de amenazas para las grandes potencias navales

Sin embargo, es cada vez más evidente la importancia estratégica sudatlántica, tal como lo sugiere la presencia de actores regionales y extrarregionales que detentan “poder naval”. El mismo da cuenta del uso político y militar de las fuerzas navales, tanto en tiempos de guerra como de paz, ya que presenta dimensiones militares y no-militares, vinculadas con lo económico, lo ambiental, lo diplomático y lo normativo (Allahverdizadeh & Karimi, 2023). 

Desde la perspectiva argentina, debemos prestar atención a la presencia de cuatro potencias hoy centrales en el Atlántico Sudoccidental -Brasil, China, Estados Unidos y el Reino Unido- que configuran un complejo entramado de intereses.

En relación a Brasil, cabe señalar que es el país con la costa atlántica más extensa del mundo y que en sus documentos de defensa y política exterior ha enfatizado la “importancia estratégica del Atlántico Sur”. En el mismo busca asegurar las líneas marítimas de comunicación y mantener la paz y la cooperación, procurando que “los conflictos y rivalidades ajenos al Atlántico Sur no sean proyectados aquí por estados situados en otras regiones”, en clara línea con las bases de la ZOPACAS (República Federativa de Brasil, 2012:39). Además, se reconoce que el entorno estratégico brasileño incluye el Atlántico Sur y a los países limítrofes con África, así como la Antártida.

La importancia del Atlántico Sur se cristalizó además en el concepto de “Amazonia Azul”, una noción político-estratégica que aborda el océano como patrimonio nacional, fuente de riqueza y ambición, que debe protegerse, preservarse y explorarse de forma sostenible. Más del 95% del comercio brasileño transita por el mar y del mismo se extrae aproximadamente el 95% del petróleo nacional, esto en particular desde los descubrimientos de los yacimientos del pre sal, y además alberga innumerables recursos vivos y minerales, así como sitios ambientales, puertos estratégicos y centros industriales (Mariha do Brasil, 2025). 

Es decir, la idea de Amazonia Azul se corresponde con la categoría de “economía azul”, ampliamente utilizada en los últimos años y que refiere al desarrollo de una amplia variedad de actividades que dependen de los océanos, como la pesca, el transporte, el turismo o la generación de energía, entre otras, para fomentar el crecimiento económico y social y a la vez preservar los ecosistemas oceánicos.

Asimismo, debe considerarse que Brasil aumentó su gasto militar en más del 300% desde 2003 (Levaggi 2023) y en este marco implementó el programa de submarinos, en cooperación con Francia. En efecto, la defensa del Amazonia Azul se ha traducido en inversiones significativas en los sectores de defensa, como la adquisición y modernización de unidades como así también, en la aplicación de la ciencia y la tecnología para promover el desarrollo autónomo, con generación de empleo y capacidades para el crecimiento económico nacional en función de generar una mayor autonomía estratégica.

Lo anterior quedó plasmado en las palabras del presidente Lula Da Silva durante la botadura de uno de los submarinos de industria nacional: “El ProSub es el mayor y más importante proyecto de cooperación internacional de Brasil en materia de defensa. Este proyecto garantiza la soberanía brasileña en nuestras costas, fortalece la industria naval generando puestos de trabajo e ingresos, y promueve el desarrollo del sector con una gran dosis de innovación” (Da Silva, 2024). 

El segundo actor a tener en cuenta es China, que si bien no tiene una presencia militar importante en el Atlántico Sur, su proyección escalonada desde el Mar de China y su status actual de potencia global, ameritan su examen.

Actualmente la presencia de la armada china es marginal. Si bien las primeras visitas oficiales a los países latinoamericanos se realizaron a mediados de la década pasada, cuando la Armada del Ejército Popular de China realizó sus primeros ejercicios en aguas del Atlántico Sur, aún el principal interés recae en la expansión de las inversiones y del comercio. Se trata de la búsqueda de provisión de energía, de recursos naturales y de nuevos mercados. En efecto, la actividad pesquera forma parte de sus objetivos de soberanía alimentaria y el gobierno subsidia e impulsa las flotas comerciales, una de las mayores en el Atlántico Sudoccidental. 

Asimismo, se debe tener en cuenta que el país tiene el objetivo de alcanzar una “armada de aguas azules”, es decir, una armada capaz de operar en cualquier parte de los océanos, para proteger a su diáspora, inversiones y empresas comerciales. Es por esto que en menos de una década puso en marcha cuatro portaaviones, dos de los cuales son de origen nacional (Ginés Soriano, 2025), y avanza a paso firme en la construcción de submarinos.

Considerando que la estrategia integral de desarrollo oceánico de China revela que el “poder marítimo” puede significar una amplia gama de acciones, desde el uso de la fuerza militar hasta la aplicación de fuerza económica y cultural (Chan, 2025) es una preocupación constante y creciente del hegemón regional americano, a pesar de su relativa superioridad naval.

En efecto, actualmente Estados Unidos continúa siendo la potencia naval global más poderosa, por la cantidad de personal, la capacidad de fuego de su equipamiento —más de 300 buques, 11 portaviones y 67 submarinos— y la red de acuerdos institucionales y bases alrededor del mundo que le permiten desplegarse en cualquier teatro de operaciones.

En el Atlántico Sur la presencia estadounidense se refleja en la reactivación IV flota de la armada en 2008 y en particular en su estrategia marítima de relaciones de cooperación con los países de la región, la cual se centra en el control del tráfico marítimo y la vigilancia con la participación de la Guardia Costera de Estados Unidos (USCG), que atiende especialmente a la agenda de la pesca ilegal, no declarada o no regulada, con especial interés en las embarcaciones chinas. 

Este interés renovado en las últimas décadas también se cristaliza en la creación de la “Asociación para la Cooperación Atlántica” en 2022, una iniciativa llevada adelante en marco de asambleas de la ONU que  reúne a 32 países ribereños, tanto el norte como el sur, el este y el oeste, y cubre una amplia gama de temas, que van desde el desarrollo sostenible hasta la cooperación en ciencia y tecnología, aunque con la excepción de los asuntos relacionados con la defensa y la seguridad. 

Pero sin duda, la puesta en marcha de la “Operación Lanza del Sur” en enero de este año y la incorporación en noviembre del buque de guerra más grande del mundo, el USS Gerald R. Ford, son claros exponentes de los intereses geopolíticos estadounidenses sobre el espacio que considera su patio trasero. De acuerdo con el secretario de Defensa, Pete Hegseth, la Operación Lanza del Sur, que contempla la utilización por parte de la marina norteamericana de drones, barcos y lanchas interceptoras no tripuladas, buques y submarinos para luchar contra el narcotráfico, “defiende nuestra patria, expulsa a los narcoterroristas de nuestro hemisferio y protege a nuestra patria de las drogas que están matando a nuestra gente” (La Nación, 13 de noviembre de 2025). 

La política de “palos sin zanahorias” de la administración de Donald Trump en América Latina y en particular su presencia en el Atlántico Sudoccidental, es preciso enmarcarla en la alianza estratégica con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, la cuarta potencia que debemos considerar especialmente en relación a los intereses argentinos.

De acuerdo con el gobierno británico, Estados Unidos es su socio preeminente en materia de seguridad, defensa y política exterior y en esa relación la contribución británica al vínculo incluye el alcance e influencia inglesa en Europa; la inteligencia británica; la capacidad del Reino Unido para librar guerras de forma independiente o como nación líder en una coalición; y la ubicación estratégica de nuestros Territorios de Ultramar (HM Government, 2015).

En este sentido, se observa que en el océano Índico, en el atolón Diego García, que es aún una colonia británica, se instaló en los años setenta una base militar estadounidense; y que en el Atlántico Sudoriental, cerca de la costa africana en la isla Ascensión, hay un aeropuerto utilizado tanto por la fuerza aérea estadounidense como por la aviación real. Y por supuesto, la base británica en Malvinas, que forma parte del “collar de perlas marítimo” de la alianza anglosajona.

En dicha clave es oportuno aludir al programa de renovación de la infraestructura de la base de Monte Agradable iniciado en 2015, el cual incluyó la modernización del sistema energético, el aumento de la capacidad de carga del puerto, la actualización del sistema de defensa aérea, el recambio del patrullero oceánico y del avión Hércules c130 de carga por un el ATLAS, entre otras acciones realizados hasta la fecha vinculadas al bienestar de los efectivos en las instalaciones.

La necesidad de mantener la capacidad de fuego británica en el archipiélago malvinense cumple con el objetivo inglés de apoyar a los territorios de ultramar y las dependencias de la corona en la disuasión y defensa contra amenazas estatales y no estatales y con la actual estrategia global, presentada en junio de este año en el documento denominado “Revisión Estratégica de Defensa: Haciendo a Gran Bretaña más segura: segura en casa, fuerte en el extranjero” (HM Government, 2025).

Dicho documento enfatiza la necesidad de incrementar las capacidades armamentísticas en función de los resultados de la guerra en Ucrania y, a la vez, propone fomentar la inversión en empresas nacionales del complejo de defensa industrial militar para generar puestos de trabajo y desarrollar la ciencia y la tecnología. 

Es decir, se concibe que el Estado posee un rol clave para promover “asociaciones” con industrias tecnológicas y de armamentos, lo cual se resume en las palabras de los ministros británicos de Defensa, John Healey y de Economía, Rachel Reeves, respectivamente: “El Ejército solo tiene la fortaleza de la industria que lo respalda” y “Una economía fuerte necesita una defensa nacional sólida” (Infobae, 2 de junio de 2025).

En esta línea es posible también leer la propuesta de producción de hasta 12 submarinos de ataque con propulsión nuclear y con armamento convencional a través del programa AUKUS, la alianza entre Estados Unidos, Australia y el Reino Unido presentada en 2021 como respuesta a la presencia China en el Indopacífico.  

Además, todo esto se plantea con el sentido de reforzar el rol en la OTAN, incrementando el compromiso de elevar el porcentaje del PBI destinado a la inversión en Defensa, en línea con las demandas del gobierno estadounidense en el contexto de la competencia global con China y Rusia.

En síntesis, el Atlántico Sudoccidental es un espacio marítimo de creciente relevancia estratégica, tanto para los estados ribereños como para las potencias extraregionales que proyectan su poder naval en función de sus intereses nacionales. Esto nos lleva a preguntarnos si el actual posicionamiento argentino en materia de Política Exterior y de Defensa, que ha sido caracterizado como “hiperoccidentalismo” (Tokatlián, 2024) y que lleva adelante un “imperialismo por invitación” con Estados Unidos (Anzelini, 2025) es acertado para un país bicontinental, con un litoral marítimo americano de 4.725 km., con 6.683.000 km.2 de espacios marítimos continentales, insulares y antárticos y que presenta un reclamo imprescriptible de soberanía sobre las Islas Malvinas, Sandwich del Sur y Georgias ante la presencia colonial británica. 


Referencias Bibliográficas

Abensour, M. (2025). Geopolítica del Indo-Pacífico: comprender la estrategia francesa. Le Grand Continent. Disponible en: https://legrandcontinent.eu/es/2025/01/16/geopolitica-del-indo-pacifico-comprender-la-estrategia-francesa/  

Acharya, A. (2017). Europa en “orden mundial multiplex” emergente. CIDOB. Disponible en: https://www.cidob.org/publicaciones/europa-en-el-orden-mundial-multiplex-emergente 

Allahverdizadeh, R. & Karimi, M. (2023). A New Approach to the Theory of Seapower in the 21st  Century (In Times of War and Peace). Geopolitics Quarterly, 18(4), 383-411. Disponible en: https://journal.iag.ir/article_145524_23279d142ece080b62ce9193c9389ac3.pdf 

Altieri, M. A. (2018). Nuevas Dinámicas del Poder Naval en el Siglo XXI¬: la competencia por el control y en el espacio marítimo. Relaciones Internacionales, 27(55), pp. 197–211. Disponible en: https://revistas.unlp.edu.ar/RRII-IRI/article/view/5782

Anzelini, L. (2025). Imperialismo por invitación. El Cohete a la Luna, 26 de octubre. Disponible en: https://www.elcohetealaluna.com/imperialismo-por-invitacion/ 

Chan, E. (2025). China’s Discourse of Maritime Power: A Thematic Analysis. Journal of Contemporary China 2025, 34(153), 432–450 Disponible en: https://doi.org/10.1080/10670564.2024.2319064

Da Silva, L. (2024). Discurso durante la botadura al mar del submarino Tonelero, 27 de marzo. Disponible en https://www.gov.br/planalto/es/seguir-al-gobierno/discursos-y-pronunciamientos/2024/03/discurso-del-presidente-lula-durante-la-botadura-al-mar-del-submarino-tonelero 

Ginés Soriano (2025), China ya tiene en servicio su tercer portaviones, el primero con catapultas, y construye el cuarto, el primero de propulsión nuclear. Infodenfensa, 7 de noviembre. Disponible en:  https://www.infodefensa.com/texto-diario/mostrar/5659024/china-tiene-servicio-tercer-portaaviones-primero-catapultas-construye-cuarto-primero-propulsion-nuclear

González Levaggi (2023). Great Power Competition in the Southern Oceans From the Indo-Pacific to the South Atlantic. Francis and Taylor.

Grevi, G. (2010). El Mundo Interpolar. Foreign Policy en Español, abril-mayo. Madrid.

HM Government (2015). National Security Strategy and Strategic Defence and Security Review 2015. Ministry of Defense, United Kingdom. Disponible en: https://www.gov.uk/government/publications/natio nal-security-strategy-and-strategic-defence-and-security-review-2015

HM Government (2025). Strategic Defence Review Making Britain Safer: secure at home, strong abroad. Ministry of Defense, United Kingdom. Disponible en: https://assets.publishing.service.gov.uk/media/683d89f181deb72cce2680a5/The_Strategic_Defence_Review_2025_-_Making_Britain_Safer_-_secure_at_home__strong_abroad.pdf

Infobae (2025). Keir Starmer advirtió que el Reino Unido debe prepararse para la guerra ante la amenaza real de Rusia. Infobae, 2 de junio. Disponible en: https://www.infobae.com/america/mundo/2025/06/02/keir-starmer-advirtio-que-el-reino-unido-debe-prepararse-para-la-guerra-ante-la-amenaza-real-de-rusia/ 

La Nación (2025). Por órdenes de Trump, el Pentágono anuncia la operación Lanza del Sur en el Caribe, 13 de noviembre. Disponible en:  https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/por-ordenes-de-trump-el-pentagono-anuncia-la-operacion-lanza-del-sur-en-el-caribe-nid13112025/ 

Leoni, Z., Tossini, J., de Sousa Moreira, W & Tzinieris, S. (2025). A Neglected Region? The Strategic Value of the South Atlantic. The Washington Quarterly. Disponible en: https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/0163660X.2025.2480518#d1e139 

Marinha do Brasil (2025). Amazônia Azul. Disponible en: https://www.mar.mil.br/hotsites/amazonia_azul/ (Recuperado el 15/11/25).

República Federativa de Brasil (2012). Libro Blanco de Defensa Nacional. Disponible en: https://www.gov.br/defesa/pt-br/arquivos/ajuste-01/estado_e_defesa/livro_branco/Versao2012dolivroLBDNemespanhol.pdf 

Tokatlián, J. (2024). Hiperoccidentalismo, Milei y el interés nacional. Cenital, 17 de junio. Disponible en: https://cenital.com/hiperoccidentalismo-milei-y-el-interes-nacional/  


Carla Morasso

Doctora en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario (UNR). Docente de grado y posgrado UNR. Coordinadora del Programa de Estudios América Latina-África (PEALA) – Programa de Estudios sobre Relaciones y Cooperación Sur-Sur (PRECSUR). Investigadora del Grupo de Estudios sobre Malvinas (UNR).

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Las Islas vuelven: variaciones de Malvinas como herida en clave literaria

Las Islas vuelven: variaciones de Malvinas como herida en clave literaria

TIEMPO DE LECTURA: 10 min.

Por Marcos Stábile y Pedro Jalid

Es Walter Benjamin el primero que registra el fenómeno: “¿no advirtió que la gente volvía enmudecida del campo de batalla?”. La pregunta está en El Narrador, un ensayo corto sobre la devaluación de la experiencia en el que Benjamin contrapone de manera explícita información y narración. Lo que se cuenta, lo narrado, es una artesanía que alcanza “una amplitud que a la información le falta”. Más de cuatro décadas después del gran episodio bélico argentino del siglo XX, su escenario, las Islas Malvinas, insisten, vuelven, reaparecen en la literatura con variaciones en sus formas de elaborar el trauma. Si el lema “volver a Malvinas” persiste como consigna pendiente en el imaginario político de algunos sectores de la sociedad argentina, en el campo literario puede decirse que los polos de esa promesa se invierten y son ellas, las islas, las que vuelven siempre.

 

Entre fantasmas e impostores: las trampas del regreso.  “Los pasajeros del tren de la noche” de Fogwill (1981) y “Memorándum Almazán” de Juan Forn (1991)

Existe un pueblo en el que todas las noches, un grupo de madres se sienta en el andén de la estación a esperar la vuelta de los soldados. Los soldados son sus hijos y un día, en plena madrugada, comienzan a volver. Vuelven después de telegramas que anunciaron su muerte, vuelven después de misas y condecoraciones que los despidieron. Regresan rodeados de preguntas que nadie se anima a hacer. La presencia es más fuerte que los misterios, y la posibilidad de llenar el vacío que dejaron al irse, es respuesta suficiente. Con los fantasmas que regresan en “Los pasajeros del tren de la noche”, Fogwill intuye que Malvinas tendrá sus especificidades y características propias, pero también que conservará las marcas universales de toda guerra: esas que nos enseñan que es una cosa llena de errores, que la gente es capaz de acostumbrarse a todo y que, si hay algo que una madre no sabe, es resignarse a la falta de sus hijos.

Escrito a fines de la década de 1970, Fogwill entregó el cuento para su publicación en Música japonesa de 1982. La guerra estropeó el efecto, dirá años después. Aquello que quiso ser una alegoría de las Madres de Plaza de Mayo y sus rondas de los jueves, terminó siendo una de las ficciones más profundas para narrar una guerra que todavía no había ocurrido. Es que el horror ya estaba entre nosotros: jóvenes cuyas vidas debieron ser más largas, familias rotas buscando un cuerpo que enterrar, héroes que vuelven a lugares que ya no conocen.

Diez años después, en 1991, Juan Forn publicó Nadar de noche, su primer libro de cuentos. Entre rupturas amorosas y despedidas familiares, la cuestión Malvinas apareció en el segundo de los cuentos, “Memorándum Almazán”. Forn inauguró la literatura sobre Malvinas de la década de los 90 con un texto importante en donde se pregunta qué representa para un país un soldado que vuelve. ¿Una víctima? ¿Un héroe? ¿Un problema o una posibilidad? 

En la embajada argentina en Chile, se presenta un joven con un papel. Allí dice que es ex combatiente, y pide que le presten dinero para comprarse un traje con el cual buscar trabajo. El soldado pide algo de lo que la patria le debe. La inmediata respuesta del embajador y sus empleados, que lo reciben y lo incorporan, expresa un gesto que intenta redimir el abandono y el olvido al cual el Estado sometió a los soldados. A nadie sorprende encontrar un ex combatiente en esa situación: sin poder hablar y, casi como una ironía, intentando empezar de nuevo lejos de nuestro país. 

El final del cuento es arriesgado y previsible. Almazán no es Almazán, y la vergüenza de haber caído en un truco tan burdo invade a los funcionarios. Entre confesiones y lamentos, el farsante confiesa que primero intentó hacer lo mismo en Argentina. Pero allí, dijo, nadie toma así como así a un ex Malvinas.

Escritos con una distancia de diez años, Fogwill y Forn, dos autores que vivieron de cerca y en presente Malvinas, se interrogaron por lo qué hará y lo que debe hacer el país con aquellos que vuelven del campo de batalla y anticipan los riesgos del olvido, del abandono y de que nadie pague los costos de las heridas

Llevar Malvinas en la cabeza – Las Islas, Carlos Gamerro (1998) 

Registro irónico sobre el devenir de los combatientes, compilado de ejercicios de ucronía en torno a la causa Malvinas, policial joyceano con hackers y milicos. Obra monumental sobre el tema, si las hay. Las islas es todo eso. Una novela de largo aliento que explora las vertientes abiertas por la guerra en la sociedad argentina de los noventa. Felipe Félix, ex-combatiente, experto en informática y cocainómano desesperado, recorre Buenos Aires con el objetivo de salvar a los integrantes de una lista negra en manos de un empresario empecinado en fundar una aristocracia financiera. Incrustadas en esa trama policial, las esquirlas de Malvinas aparecen por todos lados. Ni Félix ni sus compañeros pueden salir del influjo de la guerra, reactivado durante la  década de los noventa por el décimo aniversario del conflicto. El archipiélago es omnipresente en la novela, es un objeto obstinado, que se presenta en múltiples formas. Aparece como una mancha en la pared o como el escenario de un videojuego desarrollado por el protagonista con finales alternativos; también es el tablero en el que un comando militar secreto planea su regreso, o una maqueta del tamaño de un sótano en el que un veterano intenta reproducir el paisaje exacto de sus pesadillas. 

Las islas recuperó el sentido trágico que Fogwill usó en Los pichiciegos (1983) —la gran novela de Malvinas— para aplastar el halo de épica con que la tradición envuelve todo conflicto armado. Los linyeras que se revelan como veteranos a lo largo del texto de Gamerro parecen ser el devenir urbano de los desertores escondidos en los huecos de las islas bajo una nieve que se confunde, por su color, por su suciedad, con la mierda. También tiende una línea de continuidad entre la maquinaria represiva del terrorismo de Estado y las prácticas de tortura durante la guerra. Gamerro entiende que no se puede hablar de una cosa sin que aparezca la otra, pero logra que su texto no quede capturado por el relato de “los pibes indefensos”, prácticamente hegemónico en una década atravesada por la desmalvinización. 

Lo que se destaca, por debajo del argumento policial que tracciona al texto, es el empecinamiento de la guerra en la memoria de sus participantes. Una marca en sus frentes tan imborrable como inentendible para la población que todavía no había sabido construir los marcos sociales en los que registrar las consecuencias del enfrentamiento en sus protagonistas. La novela está plagada de esas fricciones, de una rasposidad entre la cicatriz sobre el cuerpo de los combatientes y un tejido social que no sabe leerla. Es, de hecho, un problema médico para Felipe Félix, que lleva incrustado en su cabeza un pedazo de casco responsable de una paradójica pérdida de memoria y al que el cirujano recomienda no tocar porque sería como “sacarle una parte suya”. En ese desencuentro se gesta una endogamia de circuito cerrado, ritualística, entre los veteranos, que potencia el retorno fantasmagórico de las islas a sus vidas en las formas más variadas.

No todos los monumentos se hacen sobre la tierra – Leñador, Mike Wilson (2023)

Si en Gamerro la persistencia de las islas tiene una ubicuidad concreta—manchas, cuerpos mutilados, maquetas a escala, discursos delirantes—, en Wilson es el tamaño de su vacío en la voz del personaje lo que le da dimensión a la huella del horror. Wilson usa el lenguaje para medir la herida: se lo echa encima como se tira una sábana sobre un fantasma para descubrirlo. Lo que queda por debajo, lo que no se dice, parece ser tan extenso como las más de quinientas páginas en las que el narrador nos describe el bosque al que se retira luego de haber peleado en una guerra de un archipiélago al sur. 

La alusión a Malvinas es ineludible y se apuntala con el subtítulo de la novela, Leñador o ruinas continentales, elige Wilson para bautizarla. “Si el protagonista, siempre en primera persona, elige callar su pasado de combatiente en Malvinas, y ese silencio es atendible, respetable, considerando el pavor tácito vivido como elemento implícito, entonces Leñador puede considerarse, también de forma tácita, para escándalo de los espíritus nacionalistas, como literatura de Malvinas”, estampa, como clave de lectura, Guillermo Saccomano en el prólogo. 

La de Wilson es una novela total. Una obra que por volumen, método y apuesta produce el “vértigo” que Vargas Llosa pensaba como piedra de toque para identificar ese tipo de textos totalizadores. Leñador levanta un mundo, el del Yukón, una región de turquesas y verdes al norte de Canadá en el que el protagonista anónimo de Wilson se interna en una profunda búsqueda de separación y de encuentro. Distanciamiento, por un lado, de la ciudad y de la sociedad que la habita y acercamiento, por otro, a la naturaleza como espacio en el que se esconde algo más vital y puro que las pesadillas de la razón instrumental que incubaron su infierno. 

Leñador es literalmente un catálogo, un inventario interminable de la vida de los trabajadores madereros del Yukón. El texto avanza por acumulación de definiciones. Nombre, dos puntos, texto y a otra cosa. Así hasta intentar cubrir todo el bosque con palabras. No hay, prácticamente, narración, sino una acumulación de descripciones que intercalan, cada tanto, para amortiguar su peso, lagunas evocativas en las que refucila el fuego inglés y la memoria de la guerra, apenas insinuada. 

En ese sentido, por lo que no dice, la obra de Wilson se inscribe en la tradición del iceberg para contar la guerra. Una corriente literaria que construye por omisión, que pone lo mínimo en superficie y mantiene latente el verdadero núcleo emotivo de aquello que se cuenta. El gran río de los dos corazones, de Hemingway y Un día perfecto para el pez plátano de Salinger, son, sin duda, dos hitos de esa estrategia puesta al servicio de los relatos de posguerra. Pero en Leñador, a diferencia de esos ejemplos, la economía de la prosa no mantiene una relación inversamente proporcional con respecto al peso de lo oculto. No se dibuja, entre lo dicho y lo no dicho, el triángulo característico del iceberg. Más bien las dos masas de discurso, el texto y su contracara elidida, parecen simétricas y lo que se adivina, creciendo por debajo del ambicioso registro de lo visible por parte del narrador, es una memoria monumental, tan densa, precisa y acabada, como el listado que se apoya en ella. 

 

Monte Longdon en Buenos Aires – El eternauta, Stagnaro (2025)

El rastro de Malvinas en la nueva adaptación de El eternauta empieza casi a la par de la serie. Después de la escena inicial en el velero, Juan Salvo rechaza a un limpiavidrios que le golpea la ventanilla. Lo sigue en el espejo retrovisor y lo ve perderse entre la fila de autos. Al tipo le falta una pierna y Salvo se queda atrapado en esa imagen unos segundos. La memoria lo asalta. Después aparece el grafitti, la calcomanía en la garita de un guardia privado y, más evidentes, las visiones del protagonista. “Volvieron las islas, ¿no?”, la pregunta la hace Elena en el tercer capítulo y enhebra todos esos elementos: Salvo, en esta adaptación, es ex-combatiente y la presencia espectral de las islas no lo suelta. 

La incorporación de un pasado en Malvinas del protagonista se acopla de forma orgánica a la trama. Es virtuosa no solamente por instalar el reclamo histórico de la Argentina sobre las islas en una serie que se convirtió en la más vista en la categoría de habla no inglesa al momento de su estreno, sino porque esa condición dada de Salvo cohesiona y justifica sus habilidades con las armas y su audacia en una situación tan liminar como la de la nieve mortífera, incluso en desmedro de la emblemática figura del héroe colectivo.

A diferencia tanto de Las islas, como de Leñador, El eternauta se hace cargo de la cuestión Malvinas desde un registro no mimético. Elaborar el conflicto desde los recursos narrativos de la ciencia ficción abre un campo de posibilidades a nivel de lo que se puede contar de la guerra y de sus efectos que rebasa las codificaciones del realismo y habilita otras potencias. Poner a la par, por ejemplo, en lo que a producción de terror respecta, la invasión extraterrestre con la batalla de Monte Longdon. 

Los flashes de la guerra irrumpen en Salvo detonados por símbolos —la nieve, las armas, la muerte y hasta lo rudimentario en el equipamiento— que remiten de manera inequívoca a su experiencia en el territorio malvinense. La memoria se reactiva, se desborda, sale y las imágenes se yuxtaponen. Salvo ve el pasado impreso sobre el presente. Es la nota característica del trauma, el retorno de lo que no puede ser ligado, simbolizado ni elaborado y que, por tanto, se sale del tiempo, se eterniza. 

Más allá de las interpretaciones coyunturales que El eternauta supo y sabe encender y que enriquecen su lectura, el eje temático que abre y cierra el arco narrativo de la historieta se ordena alrededor del tiempo, de la memoria, sus olvidos y la eternidad. Queda por ver, aún, de qué manera la cuestión Malvinas se resuelve en su cruce con estos pilares, basales en la obra de Oesterheld.

En el original, el protagonista, condenado a buscar en la infinitud del tiempo una fisura que le permita desgarrar su destino y torcerlo, se olvida de todo apenas la encuentra. Es ese narrador metaficcional que coincide con la figura de Oesterheld quien entiende la potencia de la ficción para custodiar una memoria y decide publicar el relato de Salvo, con la convicción de que “¡será posible!” cambiar la historia. Con la certeza de que lo inenarrable le pertenece a la literatura.


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La cultura como trinchera de soberanía popular

La cultura como trinchera de soberanía popular

TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

“La Soberanía nacional se defiende también con la cultura” – Osvaldo Pugliese

La cultura fue y sigue siendo la trinchera del pueblo argentino; mientras el gobierno entrega los recursos la gente, el arte y la memoria popular sostienen la lucha de soberanía cuando la gestión flaquea y no se gobierna con un necesario proyecto y pensamiento nacional, para no vivir y padecer como hoy un país en decadencia en el campo de defensa  sobre nuestra soberanía.

Cuando hablamos de Malvinas hablamos de identidad. De arte, de memoria, de pueblos, de palabras. De una cultura que se teje en cada barrio, en cada aula, en cada canción popular. La cultura argentina ha sido siempre una trinchera. Si el territorio se disputa con fuerzas militares, la cultura se defiende con palabras, imágenes, ritmos, relatos y cuerpos. Y en ese combate, Malvinas es el símbolo por excelencia: un recordatorio constante de cómo se intenta fragmentar aquello que nos pertenece no sólo por derecho, sino por sentido común histórico, por linaje, por territorio.

Desde las pinturas de Carpani, que retrataron el dolor obrero y la lucha nacional hasta las coplas que aún se cantan en el Norte, desde la educación que reivindica la soberanía hasta la murga barrial que rebautiza esquinas como “Islas Malvinas”, desde el fondo de pantalla de un celular con una imagen de Malvinas hasta un niño saliendo del jardín indignado por conocer la historia de la usurpación de los ingleses, todo gesto cultural argentino es también un acto político. Y toda cultura que no se pliega al coloniaje, que no se resigna a la entrega ideológica y pedagógica del territorio, es parte activa de la recuperación simbólica y territorial. 

Además, la cultura no se limita a lo urbano o europeo: también son nuestros pueblos originarios, quienes aportaron sus cuerpos y su espíritu colectivo a la defensa de la patria. Que es también su Patria. Muchos ex combatientes fueron descendientes de esos pueblos, llevando en sus mochilas una memoria ancestral que también luchaba por volver y ser. Del mismo modo, la presencia afrodescendiente en la historia de Malvinas marca otra dimensión silenciada de nuestra identidad. Las islas fueron ocupadas y pobladas en parte por afrodescendientes durante el período colonial, formando parte de un entramado social que la historia británica y muchas veces la argentina, han intentado borrar. Es en esa trama plural, indígena, afro y mestiza, donde nuestra cultura se hace presente y reclama continuidad histórica y afectiva con Malvinas.

 El enemigo lo sabe. Por eso su ataque no sólo es territorial, sino simbólico. ¿Cuántas veces intentaron reemplazar nuestra historia por la versión “civilizada” del ocupante? ¿Cuántas veces nos quisieron convencer de que Inglaterra venía a “mejorar” u “ordenar”? Es el mismo relato que usaron con nuestros pueblos originarios y con nuestros recursos naturales. Y es el mismo que hoy sostienen en Malvinas. Por eso, la cultura es un campo de batalla tan importante como el mar frío del Sur. Porque si logran despojarnos de la memoria, del sentido de pertenencia y de la palabra, el territorio les resulta más fácil. 

Es imprescindible la fuerza de la cultura en la reconstrucción de un nuevo esquema en defensa geopolítica bicontinental.

Resistiendo con libros, con murales, con danzas, con radios comunitarias, pero además ocupando espacios contemporáneos donde se construyen y difunden teorías como “factos”, el sociólogo Pedro Lacour en su colaboración con la revista La Carlos plantea el siguiente cuestionamiento:

“¿Y si la influencia ya no dependiera de tener razón, sino de ocupar la pantalla adecuada?”

La comunicación vertida construye ideas, por ello también es un campo base importante en la batalla cultural. Hoy desde las tecnologías, las redes, la divulgación…

Malvinas es cultura porque Malvinas es pueblo. 

Y mientras el pueblo siga creando, nombrando y recordando, el reclamo seguirá vivo. Se trata de banderas. Se trata de no soltar la raíz. Se trata de re-conocer lo nuestro y creer que es nuestro.

Porque sin cultura no hay patria, y sin Malvinas no hay destino.


Dii Ocampo

Peronista, Feminista, Gallina, Malvinera, Tanguera y cumbiera como manda Eva, Cristiana, Bailarina en proceso, Ph. en proceso fotografía

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Argentina Bicontinentalidad y el desafío de repensar nuestra Defensa Nacional

Argentina Bicontinentalidad y el desafío de repensar nuestra Defensa Nacional

TIEMPO DE LECTURA: 8 min.

Pensar en el mapa de nuestro territorio, su bicontinentalidad y su bioceanidad sin dudas es una tarea que presenta grandes desafíos. No sólo la generación de consenso entre fuerzas políticas, sino también entre los diversos actores que hacen a la cosa pública en nuestro país. Una de las aristas fundamentales en un mundo cada vez más complejo, es la Defensa Nacional.

La entrevista a Rodolfo Carrizo, actual Presidente del Centro de Ex Combatientes de Islas Malvinas de La Plata (CECIM-LP), originalmente fue pensada para el Trabajo Integrador Final “Defensa Nacional: más allá de las Armas”, un podcast que busca introducir a la Defensa Nacional. Un área estratégica del Estado, bastardeada y olvidada durante generaciones.

Las reflexiones de Carrizo, nos parecieron más que pertinentes para compartir con ustedes en este Dossier de Trinchera sobre Bicontinentalidad, Bioceanidad y Atlántico Sur.


¿Cómo definirías el concepto de defensa nacional y qué importancia crees que tiene en este contexto mundial?

 Bueno en principio me parece que pensar la defensa nacional no solamente habría que pensarla en términos militares, sino me parece que hay que pensarla en términos que tengan que ver con la patria; con este concepto que significa defender lo propio, de conocer lo propio, de saber el valor estratégico que tiene lo propio. Y a partir de acá tratar de construir una política que comprenda no solamente el desarrollo de unas fuerzas armadas que tengan esa capacidad de proteger los territorios entendiendo aquellos lugares que son de alta importancia a partir de los recursos estratégicos que tiene un país, sino también en la formación de los jóvenes en cuanto a entender que es muy importante el desarrollo de las nuevas tecnologías, de los avances científicos y tecnológicos, de proteger las universidades para defender el conocimiento.

Creo que es muy importante construir una conciencia que nos permite entender la defensa en una complejidad amplia, y en esta complejidad entender que no se trata solamente de esa vieja mirada que hay -militarista- alrededor de la defensa, sino construir un pensamiento más moderno, más nuevo, que, obviamente, implica también defender al ciudadano en toda su integralidad, respetarle sus derechos, defender la autonomía de las provincias; pero también defender la autonomía que tienen que tener diferentes estamentos del Estado a la hora de -obviamente- construir esto que nosotros entendemos como un modelo de nación soberana.

¿Qué importancia tiene la Defensa Nacional en este contexto mundial?

Creo que es importante observar que primero nuestro mapa continental, o por lo menos mirar la parte continental del territorio, entendiendo que somos un país bicontinental. Pero si nos detenemos un poquito en lo que es estrictamente el territorio continental, es importante ver que nosotros tenemos una muy mala distribución demográfica de la población, con altas concentraciones en las ciudades y un gran despoblamiento de los territorios del interior. Si uno observara que al sur de La Pampa hasta Tierra del Fuego la población promedia en el orden de los 2 millones, 2 millones 100 mil, uno comprendería que la distribución, que la gente está -obviamente- concentrada, fundamentalmente, en las grandes ciudades, en las grandes urbes. Y esto es un problema, es un problema por la saturación en las urbes y la otra por el despoblamiento del territorio.

Al tener un país que continentalmente tiene 2.700.000 kilómetros cuadrados, aparece una vulnerabilidad que subyace en aquellos lugares donde uno debería construir, obviamente, un modelo que permita, una utilización racional, consciente, de lo que significan los recursos del territorio. Nosotros sabemos que en el norte de la Argentina está muy bien en cuanto a lo que es un recurso estratégico hoy muy demandado que es el litio de la misma manera que conocemos que sobre la zona de Misiones y Formosa está el acuífero más importante de agua potable, o uno de los tres más importantes del planeta, que compartimos con Uruguay y con Brasil. Y obviamente, si así recorremos toda la Argentina vamos a encontrar que en cada provincia hay un recurso natural estratégico que, obviamente, uno de los problemas que tiene es que se desconoce y al desconocerse obviamente no se protege, no se defiende y se lo hace muy vulnerable. Ergo si uno toma el lago escondido en la provincia de Río Negro, uno de los temas que va a encontrar es que, ahí nosotros tenemos un enajenamiento del territorio y una consolidación importante de grupos económico-financieros que se apropian de manera vil del territorio y hace que los argentinos no podamos disponer de ese territorio que es muy importante y limítrofe.

Creo que hay que cambiar esa mirada de la Argentina porque también somos una Argentina atlántica, oceánica, que ahí tenemos una infinidad importante de recursos, por supuesto también despilfarrado en el gran sentido. En la Argentina hace muchísimos años que no se desarrolla y se crea un puerto; hace muchísimos años que no se crea y se desarrolla un astillero; en la Argentina obviamente no hay un proceso de conectividad y de transferencia de la vinculación de las economías regionales con el gran centro urbano que es Buenos Aires y el puerto de Buenos Aires; y por lo tanto es muy importante repensarlo, porque obviamente si nosotros no lo hacemos, lo hacen los de afuera como dice el dicho y nos expone a una situación de saqueo que cuando vienen procesos neoliberales hace que esto sea mucho más sencillo, más fácil, y obviamente quienes pierden son los habitantes autóctonos del territorio, los argentinos,  las argentinas y obviamente la posibilidad del desarrollo.

¿Qué implica para nuestro país que las áreas de Defensa y Seguridad estén separadas? ¿Es una ventaja o una desventaja?

Desde que se implementó la Ley de Defensa Nacional, creo que estaba en el contexto de una visión de pensar una Argentina en la cual las Fuerzas Armadas no se involucraran en los problemas de la seguridad interior. La defensa en general siempre hay que pensarla en proteger nuestras fronteras, nuestras zonas que podrían ser sensibles a cualquier tipo de vulneración, fundamentalmente, de las que obviamente imponen los países que tienen una ambición imperial, como el caso del Reino Unido. Hecho obviamente más que paradigmático en nuestras Islas Malvinas, ¿no es verdad? Y obviamente la política de defensa no estaría en correspondencia como en una vinculación directa con la seguridad.

Creo que la seguridad responde fundamentalmente a otros parámetros, a preservar la vida de los ciudadanos, a construir garantías sociales que hagan que los ciudadanos que habitan un país, un territorio, tengan las condiciones para poder desarrollarse y tener una vida con mucha dignidad. En este sentido, a partir de la interacción de la Doctrina de la Seguridad Interior, se confundió muchísimo a la Seguridad con la Defensa. Obviamente, cuando hay procesos neoliberales en la conducción del Estado lo que se trata de utilizar es a las Fuerzas Armadas haciendo seguridad interior, algo para lo que no están preparados y que generan acciones que obviamente terminan en saldos muy luctuosos para las sociedades. Y en ese sentido creo que la defensa debe ser absolutamente clara en cuanto a ser algo totalmente distinto, o pensarse totalmente distinto, al concepto de seguridad y cómo se maneja la seguridad de un Estado.

¿En este contexto global cuán importante se vuelven las políticas públicas en materia de reivindicación sobre la Antártida y las Malvinas e Islas del Atlántico Sur en materia de Defensa Nacional?

Vos sabes que para nosotros (el CECIM) es fundamental dar esta discusión. La pregunta no solamente es atinada, sino que yo creo que va al meollo del problema de un país como el nuestro, pero también de una región en el cual, bueno, las Islas Malvinas están posicionadas en un punto estratégico del planeta. Pensémoslo: está ahí a 500 kilómetros del territorio continental, pero aparte es la que nos permite tener una observación del movimiento, monitoreo y vinculación entre los dos grandes océanos que son el Pacífico y el Atlántico.

Si los procesos de crisis climáticas que vive el planeta, en el cual obviamente nos han impuesto las políticas hegemónicas a partir de los procesos de deforestación, de uso indiscriminado de la energía a combustión interna, y otros hechos más que obviamente funcionan producto del complejo militar industrial, vamos a entender de que este pasaje natural entre ambos océanos está precisamente en el pasaje de Hoces, en lo que sería y que mal se llama como el pasaje de Drake.

Esto es importante porque lo que hace es que la transferencia se puede hacer sin límites que, a diferencia del canal de Panamá, lo que tiene son las dificultades operativas. Hay que entender que hay un crecimiento muy importante de los buques de transporte de carga, los conocidos Panamá, que llevan 30 mil, 40 mil contenedores y que obviamente cuando hay procesos de crisis de aguas o hídrica hacen que el canal empiece a tener muchísimas dificultades, y lo que va a tender es precisamente a usarse este pasaje bioceánico que es natural y que obviamente no corre los riesgos ni siquiera de que tenga un atentado terrorista y que se pueda destruir.

Sumado a esto, en el proceso de crisis energética o de escasez energética que se va a tender, pensemos que toda la zona de nuestro Atlántico Sur también tiene una potencialidad muy grande, tanto en petróleo, minería, minerales raros, que son muy importantes a la hora de pensar un mundo de escasez. Y hay que sumarle a esto que está el continente blanco, la Antártida, que tiene un recurso que es el agua potable, en un mundo donde solamente el 3% del agua del planeta es potable. Entonces, creo que construir toda una política que obviamente piense Malvinas, que piense la integralidad territorial, que piense esta vinculación bioceánica y que comprenda que -obviamente- hay que defenderla, hay que protegerla, significa también construir una estrategia común que tienda a esa misión sanmartiniana, bolivariana, que es la unión de los pueblos de la América Latina y el Caribe, porque son los únicos que nos pueden dar garantía real de una defensa efectiva del territorio; que defienda las soberanías territoriales y obviamente nos permita tener la oportunidad de tener un desarrollo sustentable, armónico y que proteja el planeta.

Nicolás Sampedro

Prefiero escucha antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

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