Capitalismo de Ignorantes

Capitalismo de Ignorantes

TIEMPO DE LECTURA: 7 min.

*Escrita por Fernando Buen Abad

¿Vivimos una crisis educativa mundial del capitalismo? Sí, pero no como una catástrofe natural, sino como el resultado de un proyecto económico y político global que busca subordinar la conciencia a los intereses del capital. Es una crisis burguesa estructural, semiótica, ética y filosófica.

¿Vivimos una crisis educativa mundial?

Una pregunta seria por la crisis educativa mundial del capitalismo que padecemos, no puede responderse con superficialidades ni con cifras frías tomadas de organismos internacionales que, a menudo, son parte del problema. No basta sólo con contabilizar alumnos matriculados, los índices de deserción, las tasas de alfabetización funcional ni los presupuestos asignados a las universidades. Esa crisis, tal como es, debe entenderse en toda su densidad histórica, política, económica, semiótica y filosófica. Debe pensarse desde las raíces estructurales burguesas que hacen de la educación un campo mercenario de disputa, y no únicamente desde las estadísticas que recubren el drama con barnices de objetividad demagógica. En rigor, lo que atravesamos hoy es un conjunto de crisis superpuestas, y entrelazadas, que tocan a la educación como sistema y como proceso, y que obligan a cuestionar la función misma de la escuela, de la universidad y de los proyectos de formación de la conciencia como mercancías.

Es obligatorio recordar que la educación no flota en una mueca filantrópica neutral, está determinada por la lógica del modo de producción dominante y su ideología (falsa conciencia). En un mundo regido por el capitalismo globalizado, la educación está sometida a la dictadura de su mercado. Sus sistemas educativos son evaluados con criterios de “eficiencia”, “productividad” y “competitividad”, categorías tomadas de la barbarie empresarial y aplicadas mecánicamente a su dictadura pedagógica. Su educación se convierte, así, en adiestramiento mercantil y no en un derecho humano universal. En lugar de formar sujetos críticos capaces de transformar su realidad, se entrenan operadores dóciles para un mercado de trabajo precarizado. Esta es la primera dimensión de la crisis, la subordinación estructural de la educación al capital, que la corrompe en su sentido más hondo.

Sus cifras confirman esta tendencia. Según datos de la UNESCO (2023), más de 244 millones de niños y adolescentes en el mundo están fuera de la escuela. En paralelo, más del 40% de los jóvenes de países de ingresos bajos no completan la educación secundaria. Estos números no expresan sólo un escamoteo de recursos, sino la desigualdad estructural del sistema mundial, en el cual el acceso a la educación de calidad es imposible bajo las normas y reglas del capitalismo. Mientras tanto, la educación superior se expande en términos cuantitativos, pero su calidad crítica se degrada o se anula, proliferan universidades privadas de baja o nula exigencia, programas cortos y diplomados pensados como productos de consumo rápido, con el único fin de habilitar competencias puntuales para el mercado. Titulando ignorantes engreídos.

Su crisis se manifiesta también en el plano del contenido. Nunca antes hubo tanta información disponible, nunca antes existieron tantos dispositivos de acceso al conocimiento chatarra; sin embargo, nunca la ignorancia fue tan funcional al poder. La llamada “infodemia” multiplica contenidos fragmentarios, superficiales, efímeros, sin jerarquía epistemológica. En lugar de conocimiento profundo, se fomenta la hiper-conexión sin reflexión. En lugar de pensamiento crítico, se impone la lógica del “clic”. Esta inundación de información funciona como un distractor masivo que degrada el aprendizaje en las aulas, convirtiendo a profesores y alumnos en petulantes repetidores de flujos comunicacionales vacíos. El capitalismo digital, con sus algoritmos de segmentación y control, ha introducido una nueva dimensión de la crisis educativa, la colonización tecnológica de la conciencia. Mucha basura en muchas cabezas para que nada cambie.

El problema no es sólo cuantitativo ni tecnológico su crisis es también filosófica. En gran parte de los sistemas educativos se ha abandonado la enseñanza de la filosofía, la historia crítica, la teoría política y el arte como herramientas de emancipación. Se las sustituye por competencias instrumentales, por módulos de emprendedurismo, por entrenamientos en resiliencia. Su semiosis en la educación es palabrerío déspota para consumidores engreídos que mastican lenguajes parvularios supuestamente técnicos, para camuflar toda la ignorancia burguesa ante los problemas que ocasiona su poder, con la explotación laboral, con la injusticia social. Se enseña a adaptarse, no a cuestionar. Se entrena para sobrevivir en el sistema, no para transformarlo. Así, su crisis educativa es también una crisis de sentido, su escuela y su universidad olvidan para qué existen. Y son especialistas en eso.

No es casual que los gobiernos neoliberales, en todo el planeta, hayan aplicado políticas de austeridad que desfinancian la educación pública. Desde los años ochenta, siguiendo los dictados del FMI y el Banco Mundial, se promove el modelo de “eficiencia educativa” basado en recortes, privatización, descentralización y competencia entre instituciones. En América Latina, África y Asia, millones de escuelas carecen de infraestructura mínima: agua potable, baños, electricidad, internet. En Europa y Estados Unidos, la masificación de la deuda estudiantil convirtió a la educación superior en una trampa financiera que hipoteca el futuro de generaciones enteras. No es una crisis accidental, es resultado de un programa deliberado que busca debilitar la educación pública para abrir más mercado a la privada.

Pero su crisis también se manifiesta en otro nivel: el ético y comunicacional. En muchas aulas, bajo el disfraz del pluralismo, han penetrado ideologías reaccionarias, discursos de odio y camuflajes ultraderechistas que intoxican a los estudiantes y normalizan la intolerancia. Se simula progresismo mientras se vacía de contenido crítico a las consignas. En este sentido, la crisis educativa mundial es también una crisis de hegemonía semiótica: se disputa en el aula el sentido mismo de la democracia, de los derechos humanos, de la igualdad. Sus discursos autoritarios avanzan bajo la máscara de la modernidad. A esto se suma la crisis laboral docente. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que faltan más de 44 millones de docentes en el mundo para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible hacia 2030. Los salarios bajos, la precariedad, la sobrecarga burocrática y la falta de reconocimiento han deteriorado la profesión docente, desalentando nuevas vocaciones. Un sistema educativo mundial sin maestros suficientemente formados ni reconocidos está condenado a profundizar sus fracturas. Su crisis educativa no es sólo de los estudiantes, es también de quienes enseñan en condiciones cada vez más adversas.

Sin embargo en muchas regiones se producen experiencias pedagógicas emancipadoras, comunidades que defienden la escuela pública, proyectos de educación popular que resisten al mercado, pedagogías críticas que siembran conciencia transformadora. Estas iniciativas muestran que su crisis no es de todos, sino desigual y combinada. Precisamente en el corazón de la crisis se encuentran las semillas de la renovación. La pregunta es: ¿qué fuerza política, qué movimiento social, qué proyecto histórico podrá articular esas experiencias para convertirlas en política educativa global?

Nuestra Filosofía de la Semiosis se empeña en intervenir sobre la crisis educativa burguesa que es, en última instancia, una crisis económica de los signos con los que pensamos y actuamos. Las palabras “calidad”, “eficiencia”, “excelencia” han sido intoxicadas por la lógica empresarial y despojadas de su sentido emancipador. La tarea es revolucionarlas, devolverles su vínculo con la justicia social, con la verdad histórica, con la dignidad humana. Nuestra educación no puede ser un negocio disfrazado de servicio, ni un simulacro de inclusión digital, ni un laboratorio de domesticación ideológica. La educación debe ser la praxis de la libertad, la construcción colectiva de saberes que permitan transformar el mundo.

¿Vivimos una crisis educativa mundial del capitalismo? Sí, pero no como una catástrofe natural, sino como el resultado de un proyecto económico y político global que busca subordinar la conciencia a los intereses del capital. Es una crisis burguesa estructural, semiótica, ética y filosófica. Revela la urgencia de luchar por otra educación, liberada de los dogmas mercantiles, sustentada en la verdad, en la igualdad, en la solidaridad. No se trata de reparar una maquinaria averiada, sino de reinventar la educación como derecho universal y como semillero de emancipación. El porvenir de la humanidad depende de la manera en que enfrentemos y combatamos organizadamente esta crisis. Si se acepta resignadamente, la educación se reducirá a un engranaje más del sistema de explotación. Si se asume críticamente, podrá convertirse en la palanca de una nueva civilización. La disyuntiva está abierta. El desafío es urgente. Y la responsabilidad es de todos los que creemos que la educación no puede ser otra cosa que un avance en la revolución de las conciencias.


Publicada originalmente en el medio TeleSUR 

*Fernando Buen Abad Domínguez es mexicano de nacimiento (Ciudad de México, 1956), especialista en Filosofía de la Imagen, Filosofía de la Comunicación, Crítica de la Cultura, Estética y Semiótica. Es Director de Cine egresado de New York University, Licenciado en Ciencias de la Comunicación, Master en Filosofía Política y Doctor en Filosofía. Miembro del Consejo Consultivo de TeleSUR. Miembro de la Asociación Mundial de Estudios Semióticos. Miembro del Movimiento Internacional de Documentalistas. Miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad. Rector-fundador de la Universidad de la Filosofía. Ha impartido cursos de postgrado y conferencias en varias universidades latinoamericanas. Ha obtenido distinciones diversas por su labor intelectual, entre ellos, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar que otorga el Estado venezolano. Actualmente es Director del Centro Universitario para la Información y la Comunicación Sean MacBride y del Instituto de Cultura y Comunicación de la Universidad Nacional de Lanús.


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La educación popular, un lente para mirar y pensar la patria

La educación popular, un lente para mirar y pensar la patria

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Escrita por Trabajo Barrial de la Resistencia*

¿Por qué decimos que desde la educación popular podemos proponer una alternativa en tiempos de resistencia a la cruzada imperialista? ¿Por qué sostenemos que es desde este paradigma que debemos posicionarnos y actuar en el presente? ¿Cuáles son los horizontes y desafíos de este modo de pensar la educación? 

Con la creación de los Estados modernos, la escuela fue pensada como un dispositivo encargado de transmitir a los sujetos, saberes y conocimientos necesarios para desarrollarse en sociedad. Este modelo tendía a pensar al estudiante como un sujeto homogéneo y pasivo, ignorando su singularidad. Frente a esto, proyectos emancipatorios construidos en América Latina, entendieron que nuevas formas de pensar la sociedad, necesitaban otras formas de hacer educación. Figuras como Simón Rodríguez en Venezuela o Paulo Freire en Brasil, propusieron pensar al estudiante como un sujeto activo en la práctica educativa, con saberes que debían ser reconocidos, intentando construir sujetos críticos, que no obedezcan a una realidad que los atropelle, sino que construyan presentes de lucha con horizontes emancipatorios. A esto le llamamos educación popular.

En la contemporaneidad, donde parece que todo puede ser comprado, la educación popular puede representar una posibilidad concreta de enfrentar la mercantilización de la vida, siendo más que una mera forma de educar. Es, tal vez, una definición ética respecto a como seguir construyendo sueños de liberación y revoluciones, un reconocimiento situado que lucha por el buen vivir. En este sentido, representa un posicionamiento político y pedagógico desde donde mirar el mundo. 

En primer lugar, implica un acto de pensar-hacer situado, sin reproducir lógicas importadas o impuestas, e intentando romper con el pensamiento de lo mismo, con la desigualdad que pretende ser estática e inamovible. Porque la educación, como sabemos, es una práctica política clave y estratégica para los sujetos del mundo pero, sobre todo, para quienes pensamos desde el Sur global, intentando construir identidades propias que recuperen experiencias, voces, corporalidades y territorios que este sistema imperialista pretende silenciar y ultrajar.

Si desconocemos nuestros puntos de partida, no podremos trazar caminos ni delimitar horizontes comunes. Debemos reconocernos en una práctica situada: desde dónde, para qué y con quiénes. La práctica educativa será también entonces una práctica histórica, que pone en valor la vida de los pueblos y los reconoce en una historia común.

La práctica educativa, lo sabemos, no es un momento aislado en nuestras experiencias vitales, sino que es una condición permanente de nuestra humanidad: desde que nacemos hasta que morimos estamos aprendiendo, enseñando, creando y transformando al mundo.

En un espacio de apoyo escolar desplegado en alguna barriada, por ejemplo, pero también en una escuela, en un bachillerato popular o una escuela de adultos, reconocemos que tenemos un saber para compartir, y también que quienes ingresan a esos espacios ya traen consigo conocimientos del mundo que no podemos ignorar. Si no les comprendemos en su contexto, en su manera de nombrar la vida, en sus sueños y dolores, el intercambio no es posible y la educación no es dialogada entre les que participan sino que por el contrario es unilateral, obstruyendo la posibilidad de invención de nuevos mundos.

En un momento tan complejo en el cual las instituciones e incluso las sociedades en su integralidad atraviesan crisis profundas, es crucial y necesario reconocer que los fenómenos que nos atraviesan cotidianamente influyen en nuestros espacios, porque a fin de cuentas toda práctica educativa es una práctica social. Habilitar la circulación de la palabra, construir una mirada atenta, escuchando y poniendo en valor lo que cada quien trae consigo, es parte de la construcción de saberes novedosos, armados y desarmados en comunidad.

Nadie sabe lo que puede la palabra

Hay formas de decir que niegan, que buscan silenciar, deslegitimar y criminalizar a otros: A los nadies de Galeano, a los sin rostro ni cuerpo que le importe al sistema, mujeres,  disidencias y comunidades enteras que se construyen discursivamente como residuales o desechables. Reconocer el valor de la palabra es central en tiempos en que los que el lenguaje se transforma en un arma de sentido contra esa otredad negada e invisibilizada, en este caso los sectores más vulnerados de la sociedad.

Frente a quienes proponen, entonces, la palabra y la voz como limitantes y dispositivos de control, una respuesta podrá ser pensarla como un puente, un enlace o una síntesis. La posibilidad de reconstruir un lazo que todos los días se daña por la proliferación del individualismo. Es una oportunidad para construir solidaridad, siempre y cuando todas las voces sean oídas y puestas en valor, porque cada relato aporta y en esas narrativas compartidas, desde este Sur global es que encontraremos las bases de una patria para todes.

Nunca olvidemos que el conocimiento no se construye en soledad. Es a partir del intercambio, de la incomodidad, de la interpelación de une por el otre y viceversa. Es una tarea compleja por supuesto, pero allí radica la potencia transformadora: en lo colectivo. 

Por eso defendemos y reivindicamos las redes que se tejen entre el Estado, las organizaciones sociales y las comunidades. Desde allí también resistimos: en los Centros Socioeducativos o el programa FiNES, políticas desplegadas por el gobierno de la Provincia de Buenos Aires en cada municipio, ejemplo de que lo construido desde la militancia popular puede ser convertido en política pública. No son medidas asistencialistas ni paliativas tapa bache, son conquistas colectivas, demandas históricas transformadas en derechos. Y creemos que es a partir de la articulación de estos programas con los trabajos cotidianos de apoyo escolar, de alfabetización o de acompañamiento a niñeces y juventudes, que su capacidad transformadora aumenta mucho más.

La educación popular como proyecto político pedagógico

Quienes nos reivindicamos como educadores populares, creemos que nuestro aporte a la construcción de una patria más libre y soberana, es necesariamente desde esta lógica; porque reconoce a cada persona como sujeto histórico, protagonista de la historia de su pueblo en cada acto cotidiano, con capacidad de comprender, incomodar y transformar su presente. No hay acto más soberano que un pueblo pensándose a sí mismo, y organizándose en busca de construir su propia dignidad.

Por eso nuestra manera de entender la enseñanza es situada, dialogada y respetuosa. Parte de los saberes concretos de los colectivos, las organizaciones y los movimientos sociales, reconociendo que esos saberes inciden en el mundo social y lo transforman. Como decía Simón Rodríguez, todos somos igual de capaces de aprender y por eso, todos debemos aprender. Walter Kohan, docente y pedagogo argentino, nos comparte su interpretación diciendo que “si en las escuelas de la colonia no hay posibilidades de ser lo que se es, en las escuelas de la República, ser lo que se es pasa a ser condición para habitar una sociedad más justa para todos”.

Nuestra propuesta de Patria trata de emancipar el pensamiento, cuestionar el sentido común que naturaliza la crueldad. Promovemos formas colectivas de reflexión que fortalezcan los lazos sociales y celebren la vida de los sectores históricamente postergados, no que traten de atropellarla. 

En ese camino estamos, hacia una patria con dignidad para todxs.

Con ternura y organización combatimos, con ternura y organización venceremos.


*Trabajo Barrial de la Resistencia es un colectivo que desde hace más de quince años desarrolla espacios de apoyo escolar y alfabetización en distintos barrios de La Plata y Ensenada.


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SACAU: Una reforma en la Universidad ¿Para qué?

SACAU: Una reforma en la Universidad ¿Para qué?

TIEMPO DE LECTURA: 8 min.

La propuesta nacida en el seno político del macrismo, aprobada en el Frente de Todos, y desplegada por La Libertad Avanza propone algunas soluciones a las problemáticas estudiantiles en búsqueda de “agilizar” ciertos procesos. ¿Una respuesta pensada para un proyecto de país o adaptada a un mercado precarizado en el tiempo líquido actual?

A la hora de discutir la educación argentina en el nivel universitario aparece en medio del camino el proyecto “SACAU”, que tras años de sobrevolar como propuesta, comienza a calar hondo en el sistema. Esto sin dudas sucede en el actual contexto político en donde el gobierno de La Libertad Avanza absorbe cualquier propuesta que signifique recorte de presupuesto, pero ¿qué es el SACAU?

El “Sistema Argentino de Créditos Académicos Universitarios” es un régimen que propone una reforma en la manera de transitar el recorrido académico superior, así como su finalización. Consiste en la acreditación a carreras en la educación superior universitaria argentina a través de una nueva unidad de medida académica denominada “CRE”: Créditos de Referencia del Estudiante”.

Esta nueva normativa se implementaría a través de la modificación de los planes de estudios vigentes de todas las carreras de pregrado y grado del país, lo cual implicaría que la acreditación de materias ya no se organice mediante las horas de cursada como unidad de medida académica, sino con Créditos de Referencia del Estudiante.

Estos créditos expresan no solo las horas de cursada (en modalidad presencial o virtual), sino también el tiempo total de dedicación del estudiante: estudio, preparación de exámenes, resolución de actividades, elaboración de trabajos y proyectos, etc. Cada crédito académico equivaldrá a entre 25 y 30 horas de dedicación académica. Los planes de estudio deberán organizarse con un promedio de 60 créditos anuales.

A partir de esto, la medida dispone que todas las carreras que soliciten reconocimiento oficial y validez nacional tienen tiempo hasta 2027 para adaptar sus planes de estudio a esta exigencia, con la posibilidad de prórroga por hasta dos años para su implementación. La Subsecretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Capital Humano será la autoridad de aplicación e interpretación de la normativa y acompañará el proceso de implementación junto al Consejo de Universidades.

Más allá de estas primeras líneas, aún existen muchas dudas para gran parte de la comunidad educativa sobre cuál será el resultado de este experimento, principalmente para docentes, estudiantes y gremios que no formaron parte de los debates, ni fueron consultados respecto de su opinión ante esta renovación del sistema universitario. Así lo asevera Yamile Socolovsky, directora del Instituto de Investigaciones de la CONADU: “Tenemos muchísimas preguntas y unas cuantas preocupaciones en torno a esto”, dijo a Radio Trinchera. Entonces; ¿Cómo se aprobó esto? ¿En qué contexto?

Como ya se mencionó anteriormente, el SACAU no es una iniciativa de la actual gestión de la Secretaría de Educación o de la Subsecretaría de Políticas Universitarias, sino que es una propuesta que fue elaborada y acordada por el Consejo de Universidades, es decir, por la reunión de los rectores de las universidades públicas y privadas del país. Esto se formalizó mediante la Resolución 2598/23 del Ministerio de Educación en octubre de 2023, a fines de la gestión del ministro Jaime Perczyk y el gobierno del Frente de Todos.

Además, tiene su antecedente en una discusión que se dio durante el gobierno de Mauricio Macri, cuando anunció la presentación de un gran plan de reforma educativa en el Congreso, que finalmente nunca se aplicó, pero se llamó “Plan Maestro”. El proyecto incluía un capítulo dedicado al nivel universitario en el que incorporaba la creación de un sistema de créditos y de una unidad de medida denominada “reconocimiento de trayectos formativos”.

Sin embargo, el anuncio de su implementación se dio con bombos y platillos ahora, en el gobierno de Javier Milei. En abril de 2025 el Ministerio de Capital Humano, que tiene bajo su paraguas a la Secretaría de Educación de la Nación, y por tanto a la Subsecretaría de Políticas Universitarias, publicó un comunicado en el que celebra el SACAU como un sistema de renovación para las carreras universitarias, ya que promueve “la libertad educativa, la flexibilidad curricular y la movilidad estudiantil”, con el fin de “acortar los tiempos de graduación, al brindar mayor eficiencia y optimización”.

Este impulso de Capital Humano llega tras cambios realizados sobre la normativa anterior del SACAU, que fueron aprobados por el Consejo de Universidades en su Acuerdo Plenario Nº 274 y que se establecen en la Resolución 556/2025. Estas modificaciones no tocan el núcleo de la propuesta, sino que introducen elementos que “flexibilizan su implementación” y amplían los plazos de adopción obligatoria, lo cual “refleja un consenso del sistema universitario para facilitar una transición ordenada hacia este nuevo sistema”, según  destacó Natalia Doulián, Directora General de Formación de la UNSAM, en un informe en el que analiza la evolución normativa del SACAU entre 2023 y 2025.

¿Qué objetivo tiene?

En primer lugar, el principal argumento que se suele esbozar para la defensa de estas acreditaciones es que responde a la problemática de la brecha existente entre la duración “teórica” y “real” de las carreras universitarias. Es decir, esta idea de que los estudiantes tardan mucho más en recibirse de lo que establecen los planes de estudio y que para resolver esto es necesario acortar la duración de las carreras. Una respuesta rápida y fácil a un problema real y que esquiva la discusión sobre la urgencia de verdaderas políticas de permanencia estudiantil que generen condiciones dignas para el tránsito académico de los estudiantes. 

Una segunda cuestión que aparece como objetivo es que “favorece la movilidad estudiantil” y el reconocimiento de trayectorias formativas entre instituciones dentro del país, y facilita el intercambio entre sistemas universitarios de distintos países y regiones. Esto supone una fuerte homologación de la organización curricular del sistema universitario público en Argentina con las universidades privadas y, a su vez, de estos con los de otros países, particularmente con el sistema europeo y anglosajón.

En la actualidad, retumba con gran potencia que estas acreditaciones, también dibujadas con el nombre de “títulos intermedios”, son una solución deseada ante la problemática de la salida laboral de los estudiantes, principalmente en un contexto de empobrecimiento generalizado en el que la mayoría depende de ingresos propios para poder sostener sus estudios.

De esta forma, los estudiantes podrían salir al mundo laboral acreditando una parte de las materias y contenidos de sus carreras que le son funcionales para ciertos trabajos. Esto en gran medida puede ser bien recibido por gran parte del estudiantado para facilitar los caminos de las búsquedas laborales. 

No obstante, es importante recordar que esta discusión se dió a espaldas de los claustros estudiantiles y docentes, y que el riesgo de transitar hacia una desintegración de las trayectorias académicas es alto, sumado a que el benefactor presentado no sería más que la mera adaptación de la universidad argentina a las necesidades del mercado y de un mundo laboral precarizado.

Para los rectores y otras autoridades universitarias, el SACAU es una gran ayuda para el aumento en los números de estudiantes graduados, ya que el presupuesto que reciben las casas de estudio depende fundamentalmente de las cifras de recibidos que presenta. Por lo tanto, la inversión en educación superior, en lugar de estar atada a un proyecto de formación y de Nación, queda limitada a los números que muestre cada institución.

Entonces, en vez de tener la universidad como una herramienta al servicio del sistema laboral y de producción que el país necesite, se reduce a ésta en función del actual mercado de trabajo, que, como ya hemos analizado en este medio, y como es de público conocimiento, no estaría resolviendole la vida a los argentinos.

Como no podía ser de otra forma, esta política entra en escena de la mano de un gobierno de corte liberal como el de Javier Milei, en el que se reduce año a año el presupuesto destinado a las universidades, se insulta y ataca a la educación pública, se cancelan las paritarias y los aumentos salariales para los trabajadores de la comunidad educativa, se pretende privatizarla y se recortan becas y otras políticas de permanencia destinadas a los estudiantes y sus familias.

¿Entonces?

Es cierto que en muchos, muchísimos casos, es imprescindible y hasta urgente que los planes de estudios sean revisados, repensados y actualizados. También es cierto que el sistema universitario argentino tiene que atender a las problemáticas estructurales y coyunturales de la comunidad que la compone, mirando con especial precisión las trayectorias académicas, la permanencia, las capacidades y posibilidades de la dinámica social real del mundo del trabajo en el que estamos y al que se insertan los estudiantes durante y después de graduarse. Pero, como indica Yamile Socolovsky, “las respuestas no pueden conducirnos por caminos por los que no queremos ir”.

“Se deben fortalecer las capacidades de la universidad para acompañar esos procesos, se necesitan más recursos mejor orientados, transformaciones a nivel de la propia formación de las y los docentes, y generar otros espacios de construcción colectiva; de una mirada sobre lo que está pasando en el trabajo conjunto entre estudiantes, docentes, no docentes y autoridades”, completa la directora de investigaciones de la CONADU.

Si recabamos en otras opiniones del ámbito de la construcción estudiantil, Octavio “Tato” Miloni, secretario general de ADULP, por ejemplo, explicó en Radio Trinchera que este sistema de acreditaciones “no es un modelo negativo en sí mismo, ya que permite ir certificando las materias aprobadas del estudiantado, porque muchas veces un estudiante tiene que dejar de ir a la facultad y parece que todo lo que hizo no suma nada”. 

Sin embargo, alerta que “depende del contexto en el que se desarrolle”, ya que “si se certifican carreras de grado con menos contenido para vaciar el sistema público educativo o propiciar posgrados arancelados, la Universidad podría convertirse en una góndola de materias en la que se va llenando el changuito hasta que se obtiene un título de grado”.

Además, enfatizó que se debe “poner la lupa en que se garanticen los derechos estudiantiles, los derechos laborales y que una carrera universitaria sea una unidad conceptual”. “Nosotros históricamente concebimos una carrera universitaria como algo más que un conjunto de materias o una trayectoria dentro de la institución. Es un vínculo entre los estudiantes y los docentes, en el marco de una unidad también de lo que propone una universidad con su propia impronta, más integral”, explicó.

La universidad pública argentina es un orgullo nacional no solo por su gratuidad, sino fundamentalmente por su altísima calidad y excelencia. En todo caso, la transformación necesaria podría darse con el fin de hacerla más popular, más nacional, más soberana. Para ello, ninguna de estas banderas deberían resignarse en la adaptación acrítica y pasiva a las lógicas mercantilistas y de precarización al servicio de las empresas privadas, nacionales y transnacionales, como se ha intentado en la Argentina cada vez que gobiernan proyectos liberales, y sin una perspectiva patriótica.


Delfina Venece

Nací en el interior de Buenos Aires: los porteños nos confunden con Parque Chacabuco. De crianza gorila, devenida en pseudo-troska por contraste, hoy peronista por convicción. Mi canción favorita a los 10 años era Los Salieris de Charly, de León Gieco.

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Raúl “Boli” Lescano, jamás esclavo

Raúl “Boli” Lescano, jamás esclavo

TIEMPO DE LECTURA: 15 min.

A nueve años del paso a la inmortalidad del dirigente del MPR Quebracho, un repaso de su vida dedicada a la revolución. “Lo que se dice, se hace”, esbozó alguna vez en una frase que lo dibuja en cada narración que forma su recuerdo.

Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires.

Cada lucha debe empezar de nuevo. Separada de las luchas anteriores la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia aparece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas.

Esta vez es posible que se quiebre el círculo.

-Rodolfo Walsh, 1970

Hay quienes dicen que el Boli fue el otro Che Guevara. La materialización del hombre nuevo. Una vida puesta a disposición de la revolución, en cualquier punto del mundo. La originalidad de un marxista leninista patriota. La solidaridad de quien deja su país para combatir en otras tierras. Un hombre que se preocupó por el mundo. La tenacidad de quien pasa 14 de sus 66 años de vida preso y tres huelgas de hambre; de quien conoce el penal de Chaco, Rawson, Devoto, Marcos Paz, Ezeiza y la prisión domiciliaria. La simpleza de quien no hace de su militancia un heroísmo altruista. La ambigüedad del ser que puso el cuerpo en los hechos más resonantes de la Historia Argentina de los últimos 60 años por las causas de un pueblo que la mayoría de las veces no supo su nombre ni conoció su voz; no se enteró de él más que por los titulares condenatorios de su hacer.   

***

Es 10 de agosto de 1974. Los árboles altos y llenos de hojas no dejan ver el camino. Son alrededor de 50 los militantes de la Compañía de Monte “Ramón Rosa Jiménez” del Ejército Revolucionario del Pueblo que llegaron desde Tucumán hasta la Banda de Varela, nueve kilómetros al norte de San Fernando del Valle de Catamarca. La guerrilla rural más grande que existió en el país tiene un objetivo: hacerse de las armas del cuartel del Regimiento Aerotransportado 17 de Infantería. Visten uniformes militares. Se hacen pasar por colimbas y vigilan la zona en una camioneta que simula ser de la policía. Una sospecha fugaz es suficiente para que los gendarmes que rodean el cuartel detecten las maniobras del operativo y uno de los jóvenes guerrilleros lance el disparo que provoca el primer enfrentamiento a corta distancia. Mueren dos militantes en el momento. El resto del grupo se dispersa para evitar más sangre. Uno de ellos recibió un tiro en el estómago y es acompañado por otros compañeros en busca de asistencia. Lo dejan en la casa de un campesino e intentan encontrar la huella de rastro del resto de la Compañía pero no lo logran. Días más tarde se enterarían que 14 de ellos habían sido fusilados por el Ejército tras deponer las armas en lo que se conoce como la Masacre de Capilla del Rosario. Los guerrilleros caminan hasta llegar al centro de la ciudad. Se sacan los uniformes y esconden las armas largas. Luego se dividen en tres grupos. A pocas cuadras se encuentra la terminal de ómnibus en la que un rato más tarde algunos intentarán tomar un colectivo, pero esa misión también fracasa: la terminal está cercada por los militares. Intentan una pequeña fuga, pero son reconocidos y detenidos. Uno de ellos es Raúl Lescano. “Boli”, como lo nombran quienes lo conocieron; “el Boli”, agregándole más de una vez el artículo. Tiene 24 años y es la segunda vez que es encarcelado en un penal de máxima seguridad.

La primera fue en 1969. La Revolución Argentina gobernaba de facto y la rebelión popular iba en ascenso. “Boli” cae detenido en Tucumán por preparar la lucha armada bajo la conducción de Mario Roberto Santucho, de quien Lescano sería guardia por ser de los pocos que manejaba un FAL y otros armamentos pesados en los campamentos de monte del PRT-ERP. La dictadura de Lanusse lo aísla en el penal de máxima seguridad de Chaco, donde, al igual que en Rawson, se encarcelaba a presos políticos y dirigentes de las organizaciones revolucionarias. Ambos penales serán escenarios de creación de los planes de fuga más ambiciosos de la historia reciente, pero el de Chaco queda rápidamente desarticulado. La segunda sigue en pie y culmina en la Masacre del 22 de agosto 1972 en Trelew. Un año después, trasladan a Lescano al penal de Rawson. Allí recibió el apodo que lo marcaría para siempre. Fernando Vaca Narvaja, entonces comandante de la organización político-militar Montoneros, lo nombró así en broma ante el apetito insaciable y la forma voraz de comer de Raúl. Iba a quedar como una bola de grasa, boli. Pocos meses más tarde, un 25 de mayo, Boli es liberado por la movilización popular en el Devotazo tras la asunción de Cámpora.   

Su segunda liberación fue menos épica y más aguerrida. Fue la respuesta del gobierno a una huelga de hambre que realizó por 37 días. Lescano salió tras 10 años de prisión, un 11 de junio de 1984. El preso político de la dictadura que más tardaron en liberar. 

—Y el padrecito de la democracia, Alfonsín, a mí me tuvo un año má’, y a otros compañeros los dejaron más todavía. Ya no éramos presos políticos, éramos presos políticos por delitos de sangre, una cosa así medio turbia —recuerda Boli en una entrevista a Barricada TV en 2012. Cierra los ojos durante varios segundos, como quien intenta hacer memoria de historias que no cuenta a menudo. Habla pausado, seco, paciente, de la misma forma que se lo escucha en todas las entrevistas y grabaciones: con la voz ronca, saltándose más de una “S” y aún con dejes de una “R” que se resbala en la tonada del litoral que preserva.   

—Nunca maté a nadie. Eso lo aclaro. No participé en tantos enfrentamientos como parece —agrega también, aunque el entrevistador no lo pregunte. 

El paso del tiempo se revela en el pelo que ahora es escaso; blanco y gris, donde antes era castaño oscuro. Las cejas que eran anchas son más angostas pero siguen marcando su rostro. El bigote que le cubre el labio superior sigue igual que en su juventud, prolijamente recortado y voluminoso, pero ahora repleto de canas.

***

La vida de Raúl estuvo marcada por la búsqueda de una revolución que creía posible, inevitable. Por la creación de poder para los más humildes hasta las últimas consecuencias, sean la prisión o la muerte.   

—Tuvo dos grandes amores: la revolución y sus hijos —dice Araceli Mastellone, expareja y madre de dos de sus tres hijos, Candela y Simón, al recordarlo en el velorio-homenaje que realizaron sus compañeros de militancia tras su fallecimiento en 2016. 

Otras personas que lo conocieron señalan que sus dos grandes amores fueron el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores), donde comenzó a militar durante la dictadura de Onganía en la escuela secundaria a finales de los 60 en su ciudad natal, Santa Fe; y el Movimiento Patriótico Revolucionario Quebracho, la organización que gestó a mediados de los 90 como expresión de resistencia y combate directo contra el neoliberalismo y el saqueo menemista, tras un breve paso por la agrupación “9 de julio”. 

Pero hay un punto en el que todos coinciden: Raúl Lescano dejó su vida en la militancia por una Patria justa.

Ezequiel Lopardo lo conoció cuando tenía 15 años y militaba en un secundario de Capital Federal. Los presentó su hermano Federico que ya militaba en Quebracho. Recuerda que ese verano de 1995 se juntaron por lo menos tres veces en Mar del Plata, donde el Boli pasaba todo enero porque su pareja de entonces, Araceli, trabajaba en esa ciudad. Recuerda también que le contaba historias y anécdotas mientras tomaban cerveza negra en una mesa del bar marplatense La Minga. En aquellos años la información que circulaba sobre las organizaciones y la lucha armada de los sesenta y setenta no superaba la publicación de dos o tres libros, y la reivindicación de los revolucionarios caídos en combate parecía una utopía impensada.    

—Si hay alguien que pudo entender de qué se trataba eso de constituirse como “Hombre Nuevo” fue el Boli. Nunca pidió nada, todos los días estaba presto para militar, con el entusiasmo de un permanente recién ingresado a la militancia. No sé si hubiese sido el Che Guevara, pero la convicción y la actitud la tuvo —expresa Ezequiel, casi treinta años después de aquellas reuniones en la ciudad costera. Actualmente Lopardo integra la Dirección Nacional de la Corriente NuestraPatria.

Un enamorado de la vida, lo describen algunos. Enamorado de la vida y de varios otros amores, cuenta con picardía su compañero. Resulta que Raúl, dicen, se autopercibía como un león herbívoro entre su círculo íntimo de amigos. Un coqueteador nato.   

En palabras de su médico y amigo, Juan Manuel De Rosa, era “un romántico indomable”, que militando pudo criar a sus hijos: “Y los crió con amor. Jamás se despreocupó por ellos”. 

Candela Lescano ríe y lo confirma:

—Yo aprendí a caminar en un corte del Puente Pueyrredón, en los piquetes. Hoy con 24 años no puedo comer guiso de arroz, me descompone porque siempre comíamos en las ollas populares, siempre estuvimos en todas las movilizaciones. Para él, era la militancia y nosotros. Un papá presente a su manera.   

Las cosas cambiaron cuando su padre cayó preso en 2007. Candela tenía siete años y su hermano Simón, cinco. Tenían, además, un hermano mayor de otra madre, Roberto -nombrado así en honor a Santucho-, pero que no conocieron, ni su padre tampoco, hasta años más tarde por gestiones de Araceli. Es que Roberto nació en los tiempos en que Raúl se hacía llamar Sebastián y estaba en la Compañía de Monte, rondando 1974, como hijo de dos militantes del PRT que debían esconderse. Son tan iguales que genera impresión, señala Candela.   

—La cárcel nunca fue algo malo en sí. Siempre pensando en el futuro, en que iba a salir. Disfrutábamos ir a verlo. Nos hacía cuadernos y el abecedario cuando estábamos aprendiendo a escribir. 

En su casa, la joven conserva una caja llena de las cartas que con letra paciente y prolija les escribía a ellos y a su mamá. En ese entonces con Araceli compartían dos hijos pero ya estaban separados. Boli siguió viviendo en su casita prefabricada del barrio de Ezpeleta, en la periferia de Quilmes, y el resto de la familia se instaló en La Plata. Candela lo trae a la memoria como una época confusa. Siendo una niña, asistía a marchas a favor del nuevo gobierno de Kirchner con su madre y a otras en contra, con chalinas, piedras y palos junto a su padre. Años después se sumó a militar en el peronismo: a Boli no le gustó mucho. Hasta el último de sus días le dijo despectivamente “La Señora” a Cristina Fernández y fue un preso político del kirchnerismo. Sin embargo, nunca hubo peleas. 

—Nos dejaba ser muy libres. Nunca nos impuso nada. —expresa su hija— Siempre contándonos y diciéndonos la verdad. A él le importaba que nos formemos, que nos involucremos, que leamos: no importaba si era un libro de Harry Potter o una revista de Casi Ángeles. 

Se jactaba -un poco en chiste, un poco con orgullo- de haber nacido en el centenario de la muerte del Libertador de la Patria, un 20 de febrero de 1950. “PATRIA o MUERTE” era la consigna que marcó su tránsito por la militancia. “A pesar de ser marxista-leninista, él se describía como patriota”, cuenta con gracia y admiración Juan Manuel, quien lo cuidó en el quincho de su casa hasta sus últimos días cuando permanecía en un estado de salud crítico y bajo prisión domiciliaria. Un patriota internacionalista. “El Boli era de los pocos militantes internacionalistas que existían en la República Argentina. Supo heredar la doctrina del otro gran argentino revolucionario que fue Ernesto “Che” Guevara”, agrega al recordar que la convicción sobre la solidaridad internacional llevó a su amigo a combatir a Nicaragua para acompañar la Revolución Sandinista que comenzaba a consolidarse a mediados de los 80, apenas un año después de salir de la cárcel.

Las reservas morales de nuestro pueblo —asegura Boli— están abonadas en algo que para nosotros es un precepto como revolucionarios que es la solidaridad. Lo dice con simpleza, con su característica paciencia, sin mirar a la cámara que lo graba y lo muestra aún joven, firme, con una barba blanca y gris que le rodea el mentón, un tanto larga y desprolija como pocas veces. Tiene la nariz ancha y pocas arrugas. La piel morena, café con leche. El cuello está cubierto por la kufiya de pequeños cuadros blancos y negros -la tradicional chalina palestina- que lleva a todos los lugares a los que asiste. Los ojos marrones parecen hundidos por la hinchazón de sus ojeras. Sucede que la entrevista es realizada pocos días después de obtener la libertad condicional en 2015, tras una prisión de dos años entre idas y vueltas judiciales como condena al escrache al local del gobernador neuquino Sobisch por el asesinato del maestro Carlos Fuentealba. Esa causa puso a Lescano y su compañero de dirigencia, Fernando Esteche, en la plana principal de los grandes medios de la época.

—Hicimos lo que teníamos que hacer en ese momento y cumplimos lo que teníamos que cumplir. Pagamos Fernando y yo como máximos dirigentes de Quebracho y largaron al resto de los compañeros. Eso fue un logro. Lo contrario de esa mierda que hay en la sociedad, de que los jefes se salvan y los perejiles pagan —repitió en más de una oportunidad. Nunca se arrepintió de participar en el repudio al local del autor intelectual del fusilamiento del docente. 

Boli no era un gran orador. No regalaba grandes alocuciones políticas en actos ni infería reflexiones autorreferenciales en reuniones para demostrar que sabía. Escuchaba, tomaba nota y hablaba, lo justo y necesario. Fue siempre un militante raso, simple, de la acción, de la puesta en práctica de sus palabras. “Lo que se dice, se hace”, insistía. Leía mucho, se formaba, no pasaba un día sin al menos cruzarse con algunas líneas: Guevara, Marx, Lenin, Santucho, Cooke. La biblioteca repleta de los principales teóricos para un militante de izquierda revolucionaria argentina. Y la biblia. Era ateo, no creía en Dios ni dioses, pero la sabía completa: era lo único que le dejaban leer en la cárcel durante algunas épocas. Cuenta su médico, Juan Manuel, que aquel 9 de septiembre de 2016 en que falleció, en la habitación de su casa de Ezpeleta, yacía sobre su cuerpo una edición de “Guerra del Pueblo, Ejército del Pueblo”, el libro de la guerra popular vietnamita de Vo Nguyen Giap. 

—No hablaba mucho de su pasado. Era reservado. Esa era su gran diferencia con las personas que se quedan ancladas en un tiempo histórico, atrapadas y admirando un pasado. El Boli pensaba cómo seguir pariendo revoluciones.  

Quien lo afirma es Carlos “Cascote” Bertola, militante popular y referente nacional de la Corriente NuestraPatria. No recuerda con exactitud el día que lo conoció, pero está seguro que fue entre los años 2001 y 2002, en una de las tantas veces que el dirigente de Quebracho lo visitó en la cárcel de Ezeiza cuando cayó detenido por tenencia de explosivos caseros. Varios años más tarde, ambos compartirían incontables reuniones como parte de la mesa política de conducción de la organización conocida por sus chalinas en la cara y palos en las manos.         

—El Boli era un compañero para correr una maratón porque sabía que la cosa se trataba de seguir empujando hacia adelante —agrega Lucía Corsiglia, entonces militante de Quebracho, que conoció al dirigente en aquellos años en que su compañero, Bertola, estaba detenido. —Contenía cuando veía un problema, si había alguno enojado iba a la casa, se pasaba a comer, llamaba, uno por uno de ser necesario, se tomaba el tiempo de construir organización, te convencía de que había que seguir.

***

Solo quedaban dos saquitos de té para matar el vacío en el estómago. Entre la tela y el relleno del colchón delgado, Fernando Esteche esconde una pequeña barra de chocolate amargo Águila. Pasaron 24 horas desde que iniciaron la huelga de hambre en un calabozo del penal de Ezeiza. Lo calculó: en el panóptico, desde la cama, nadie puede ver ni saber que tiene esa pizca de alimento para saciar las ganas. Piensa cada noche lamer un pedacito para ganar azúcar. Cuando llega la noche se dispone a buscar el chocolate pero no lo encuentra. Alguien lo desapareció. Salió a los insultos brutos del calabozo, puteando a los roedores por robar el premio tan deseado. Boli lo paró en seco. Lo miró con firmeza, con las manos cruzadas atrás de la espalda, a la altura de la cadera, como hacía de costumbre, con un caminar lento, a paso cansino. No de fatiga, más bien de quien piensa cada movimiento. “Yo lo tiré a la basura”, le dijo, y prosiguió:

—Un militante revolucionario no se puede mentir a sí mismo. Si nos mentimos, cagamo’. 

“Un intachable”, asegura Ezequiel Lopardo: “es muy difícil en la política encontrar a alguien así, que nadie tenga algo malo para decir de su conducta. El ejemplo militante era fundamental para él”.  

El 22 de agosto de 2007, Esteche y Lescano iniciaron una huelga de hambre que duraría 43 días. Terminaron internados y tuvo un impacto irreversible en la salud de Boli, que se fue deteriorando progresivamente. Reclamaban la libertad de la prisión preventiva a la espera de una sentencia que sabían injusta. Estaban acusados de prender fuego un local partidario del gobernador de Neuquén y candidato a presidente, Jorge Sobisch.      

Trece días habían pasado desde el fusilamiento de Fuentealba y doce desde el escrache al local político del microcentro porteño. Como todos los años, Quebracho realizaba un acto masivo por el Día Internacional de los Presos Políticos en la esquina de Corrientes y Callao. Con un condimento especial: ese año todavía quedaban 12 detenidos, conocidos como los “presos de Sobisch”. Caía una lluvia intensa. Terminó el acto y alrededor de 3000 compañeros desarmaron el escenario, los parlantes y comenzaron a desconcentrar. Raúl Lescano y Federico Lopardo se dirigen al Hotel Bauen a una reunión. Tienen apenas 50 metros de recorrido pero nunca llegan a destino: dos policías aparecen de atrás, con una cachiporra golpean el rostro de Federico, que logra zafarse, pero agarran a Raúl y lo suben a un Peugeot 504 blanco sin patente. Al enterarse de la situación, la autodefensa de Quebracho abolla a patadas el auto que resultó ser de la inteligencia de la Policía Federal, pero no lo frenan y huye a toda velocidad. “Un secuestro propio de la dictadura militar, de la Triple A”, recuerda su amigo Juan Manuel. Está desaparecido hasta que lo blanquean al día siguiente. Es trasladado a los Tribunales de Comodoro Py y luego al penal de Marcos Paz. Recién tres años después, en 2010, es condenado a 3 años y 6 meses de prisión en un juicio acelerado.        

 

***

Vamos a seguir luchando y poniendo el cuerpo, 

vamos a construir el poder del pueblo, 

contra el Imperialismo y la Oligarquía,

en la lucha por la Patria Socialista,

libres o muertos, jamás esclavos

 

La estrofa se repite una, dos, tres, cuatro veces. Hay puños en alto y algunos dedos en V. Se escuchan aplausos. “Viva el Boli. Viva la Patria”, grita alguien y el resto responde repitiendo la frase. La sala está repleta de militantes políticos, de los 70, de los 90, del presente. 200, 300 personas, nadie se detuvo a contarlas. La atención está puesta en el pequeño escenario del fondo, en ese salón poco iluminado del subsuelo del local del sindicato de trabajadores del Estado. Una bandera argentina con una estrella roja y una federal con la inscripción “Movimiento Patriótico Revolucionario Quebracho” cuelga tapando toda la pared de atrás. En el centro de la tarima, un ataúd que casi no se ve, cubierto por una tela celeste y blanca y una estrella roja en el medio con las letras ERP. Dos mujeres jóvenes, con chalinas y los brazos cruzados por detrás de la espalda están custodiando el cajón, una a cada lado. Hay varias coronas de flores, más banderas argentinas y mucha gente. Algunos lloran. Todos cantan. Entran y salen del lugar hasta que una de ellos sube al escenario y toma el micrófono. La seguirán varios oradores. 

“Algo se rompió adentro ese 2016”, cuenta con un nudo en la garganta Franco, que recuerda a Raúl Lescano como “el viejo”, como tantos otros militantes que lo conocieron cuando pasaba los 60 años. “Hay una vigencia absoluta, el Boli está insoportablemente vivo en el camino de lucha por la Revolución y felicidad del pueblo”, y sentencia: 

—Su mirada es una llama prendida, observando que hagamos con el cuerpo lo que decimos con la boca.  


Delfina Venece

Nací en el interior de Buenos Aires: los porteños nos confunden con Parque Chacabuco. De crianza gorila, devenida en pseudo-troska por contraste, hoy peronista por convicción. Mi canción favorita a los 10 años era Los Salieris de Charly, de León Gieco.

 

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La Flotilla de la Libertad (Global Sumud Flotilla) fue atacada por un drone

La Flotilla de la Libertad (Global Sumud Flotilla) fue atacada por un drone

TIEMPO DE LECTURA: 2 min.

El ataque sucedió tras una serie de amenazas que el gobierno israelí de Netanyahu ya había lanzado a la Global Sumud Flotilla. Afortunadamente, el único daño que se generó fue un foco de incendio rápidamente controlado por el capitán. “Fue un ataque para frenar a esta flotilla, a Israel no le importa nada”, afirmó “Cascote” Bertola, capitán de una de las embarcaciones.

La noche de este lunes en la costa de Túnez fue testigo del primer ataque directo a la Global Sumud Flotilla mediante un drone que impactó contra una de las embarcaciones. Tras varias amenazas de parte del autoproclamado Estado de Israel, la flotilla fue amedrentada en un acto que, por suerte, no registra siquiera un herido.

La “Flotilla de la Libertad” transita actualmente su viaje en el mar mediterráneo en la zona del país africano de Túnez, con destino a la costa de Gaza, en búsqueda de abrir un corredor humanitario y facilitar más de 10 mil toneladas de comida, medicamentos, agua, entre otros. Es la vez número 38 que este conjunto de embarcaciones intenta esta expedición desde el bloqueo israelí.

El 31 de mayo del año 2010, la flotilla fue atacada mediante la misma metodología por el Estado de Israel, en un marco de mayor escala que registró 10 decesos. En esta ocasión, el hecho no pasó a mayores: “Claramente fue un atentado dirigido a un tanque de combustible que no tuvo éxito, el incendio fue rápidamente controlado por el capitán”, informó Carlos “Cascote” Bertola, militante de la Corriente NuestraPatria que capitanea una de las embarcaciones.

“Estábamos de guardia en el barco cuando un drone sobrevoló y cayó sobre el ‘family’ y causó un incendio”, extendió Cascote, y enfatizó: “Evidentemente hay preocupación porque esta flotilla está queriendo abrir un corredor humanitario y está siendo agredida militarmente, porque lo que acaba de pasar fue un ataque para frenar esta flotilla”.

Más allá del hecho, Bertola destacó sorprenderle que Israel hubiese atacado en el área de una nación. “La vez anterior fue en aguas internacionales, ahora el atentado se comete en un tercer país, lo cual demuestra que a Israel no le importa nada”, desarrolló.

“Cuando decimos que Netanyahu está buscando una tercera guerra mundial y no le importa cometer un genocidio a cielo abierto, estas acciones lo confirman. La humanidad tiene que despertar y saber que si son capaces de hacer este genocidio en Gaza son capaces de cualquier cosa”, enfatizó Bertola.

Así mismo, el entrevistado recalcó que las propias fuerzas de seguridad tunecinas están en alerta, y que “fue importante registrar el hecho” para que no se relativice su dimensión. “Esto le da más fuerza a la flotilla y habrá que usarlo para llegar a Gaza, nos reagruparemos en Túnez para poder llevar comida y medicamentos a la población de Gaza, no hay nada más simple y más humano que eso”, concluyó.

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Entre la tinta y el agua: escrituras femeninas del desgarro 

Entre la tinta y el agua: escrituras femeninas del desgarro 

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Aunque separadas por océanos y contextos culturales, Alfonsina Storni y Virginia Woolf compartieron una sensibilidad feroz frente a los límites impuestos a las mujeres en la literatura y en la vida. Ambas eligieron el agua como símbolo final de sus existencias, pero antes de sumergirse en ella, tejieron obras que desafiaron el canon, exploraron la angustia, la lucidez y el deseo de libertad. 

Alfonsina Storni (1892-1938) y Virginia Woolf (1882-1941) fueron escritoras que desde contextos culturales distintos compartieron una misma urgencia: la de nombrar lo innombrable, cuestionar todo lo establecido y abrir espacios para la subjetividad femenina en un mundo literario que estaba dominado por voces masculinas.

Alfonsina Storni nacida en Suiza, pero criada en Argentina, se convirtió en una de las grandes poetisas latinoamericanas. Fue una figura clave del modernismo hispanoamericano con una poesía que evolucionó desde el romanticismo hacia una voz feminista, critica y vanguardista.

Se enfrentó desde joven a una vida marcada por la precariedad económica y los prejuicios sociales. Fue madre soltera en una época en que eso implicaba un fuerte estigma y trabajó como maestra, periodista y actriz para sostenerse.

Virginia Woolf nació en Londres en una familia intelectual: su padre era historiador y crítico literario, lo que le permitió crecer rodeada de libros y pensadores. Aunque no asistió a la escuela formal, recibió educación en casa y desarrolló desde joven una pasión por la escritura.

Revolucionó la narrativa con su estilo introspectivo y experimental, usando el “flujo de conciencia” para explorar la mente humana. Llegó a plantear la idea de que toda mujer necesita independencia económica y simbólica para poder escribir, convirtiéndose en una voz clave del feminismo.

Aunque ellas vivieron en contextos distintos, Alfonsina Storni y Virginia Woolf compartieron una búsqueda común: la de poder escribir desde la libertad, romper con aquellos moldes impuestos y así poder abrir el camino para otras mujeres.

Los paralelismos entre estas autoras comienzan en la adolescencia, etapa en la que ambas enfrentan pérdidas familiares que marcan profundamente sus vidas y sus obras. En 1895, Virginia Woolf tenía apenas 13 años cuando falleció su madre. Dos años más tarde falleció Stella, su media hermana que había asumido el rol materno en el hogar. Estas dos grandes pérdidas son los desencadenantes del primer colapso nervioso y su posterior hospitalización.

Diversos estudios señalan que su trastorno bipolar también estuvo vinculado a los abusos sexuales sufridos en la infancia por parte de sus dos hermanastros, cuando tenía apenas seis años. Esta experiencia traumática puede verse a través de sus novelas, donde los personajes masculinos suelen aparecer como figuras que demandan algo que las mujeres no están dispuestas —o no pueden— entregar.

De manera similar, Alfonsina Storni atraviesa una pérdida significativa tras la muerte de su padre. Poco tiempo después, a los 16, durante una gira teatral, sufre acoso sexual por parte del representante de la compañía. Años más tarde esto puede verse a través de su poemario Ocre, donde escribe: “disminuida, atáxica, robada, en tu pura pureza violada”.

Estos acontecimientos dolorosos, junto con otros que vendrían después, fueron canalizados por ambas autoras a través de la escritura. El trauma del abuso sexual condicionó su vínculo con el sexo opuesto, al que miraban con recelo no solo por la desigualdad estructural de la época, sino por el daño íntimo e irreparable que les había sido infligido.

La escritura como resistencia 

Alfonsina y Virginia. Poeta una. Escritora la otra. Tomaron a la escritura como un acto de subversión; para ambas, la escritura fue un refugio, arma y espejo. Aquel espacio donde podían existir libremente sin pedir permiso. Sabiendo que escribir siendo mujer significaba transgredir, que por fin cada texto estaba ocupando un espacio que se les había sido negado, y que al llevarlo adelante estaban abriendo el espacio para otras. Ya sea superando los estereotipos femeninos, poniendo a la vista la invisibilidad de las mujeres en la historia, así como también la necesidad de la independencia simbólica y económica.

Woolf lo expresó con claridad en Una habitación propia (1929): “No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”, revelando que para ella la escritura significaba una emancipación intelectual, una herramienta capaz de mover las estructuras que habían empujado a la mujer lejos de la historia literaria. Mientras que Storni, desde América Latina, también entendía y usaba la palabra como una forma de rebelión. En su poema “Tú me quieres blanca” (1918) interpela la doble moral que oprime a las mujeres: “Tu me quieres blanca, tú me quieres casta, tú me quieres alba”.

 

 Ambas autoras pertenecen a una generación de mujeres que desafiaron los límites que se les fueron impuestos: Gabriela Mistral, Delmira Agustini, Juana de Ibarbourou, Victoria Ocampo, Simone de Beauvoir, entre otras, tejieron redes invisibles de pensamientos y sensibilidad que fueron transformadoras en la literatura como un terreno fértil para la reflexión feminista.

Así es como ambas autoras entienden y toman a la escritura como un espacio de afirmación del yo femenino, no domesticado por las normas sociales. Woolf lo hace desde el ensayo y la novela introspectiva; Storni desde la poesía lírica y la crítica.

El agua como símbolo compartido

Un elemento que une profundamente a Woolf y Storni es el agua. No solo como escenario de sus muertes, sino como símbolo poético de disolución, libertad y tránsito.

El agua aparece también a lo largo de sus textos como metáfora de lo femenino, lo fluido, lo inabarcable. Representado como un refugio, disolución, tránsito. Ambas autoras, marcadas por el sufrimiento psíquico y físico, encontraron en el agua una forma de regresar al origen, de fundirse con algo más grande que ellas mismas. Poniendo así que el agua no es algo que las destruye, las abraza y las rescata.

Virginia Woolf llenó los bolsillos de su abrigo con piedras antes de sumergirse en el río Ouse. No solo como un método para asegurarse de no arrepentirse, sino como un gesto poético, casi un ritual. Mostrando ahí una forma de doblegar el instinto de supervivencia, de entregarse por completo al silencio del agua.

Y aunque Alfonsina Storni no usó piedras, su caminata hacia el mar en Mar del Plata tiene una carga simbólica similar. Se adentro lentamente en las olas, como una deidad dispuesta a inmolarse en los brazos de Neptuno.

Alfonsina Storni y Virginia Woolf no escribieron en diálogo directo, pero sus obras de alguna manera se buscan, se rozan, se responden. Ambas entendieron a la escritura como un acto de libertad, una forma de existir sin pedir permisos. Una literatura que no sólo narra, sino que desafía, transforma y sobrevive; convirtieron el dolor en palabra, y la palabra en forma de resistencia.

En sus textos el trauma se vuelve forma, la angustia se vuelve ritmo, y la muerte símbolo;
volviéndose autoras del desgarro, porque no se quedaron en el sufrimiento, sino que lo transformaron en su legado.

 

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¿Una semana histórica del siglo XXI?

¿Una semana histórica del siglo XXI?

TIEMPO DE LECTURA: 7 min.

Unas pinceladas de historia china, varias reuniones, muchos presentes y algo nuevo que no es tan nuevo. Una semana que, posiblemente, quedará catalogada en la historia como un momento bisagra.

Hace poco más de dos semanas el analista geopolítico mexicano Alfredo Jalife vaticinaba que la semana que concluyó sería “la semana más histórica del siglo XXI”. Quizás para quienes no están tan empapados en las discusiones internacionales puede sonar como algo grandilocuente, y muy posiblemente el tiempo responderá a esa tesis. Lo que no se puede perder de vista es cómo, de un tiempo a esta parte, China ha adoptado otra postura respecto a su rol internacional y estamos viendo la materialización de algunas de las primeras consecuencias.

Vale recordar que, al inicio de su gestión, allá por 2012, Xi Jinping especificó cuáles sería los cuatro grandes ejes de su mandato. Líneas de acción que serían enunciadas en su discurso del Museo Nacional de Beijín en el marco de la exposición “El camino hacia la renovación”. En ese discurso Xi le dirá a la sociedad china que es el momento del “Gran Rejuvenecimiento”, de la “Gran renovación”.

¿Por qué es importante este hecho? Desde el museo, dirían en aquel entonces que esta exposición “muestra los sentimientos de amor a la patria y de respeto a la humanidad del pueblo chino, así como su persistencia frente a la adversidad”, a lo cual agrega que la misma está “basada principalmente en más de 1.840 objetos históricos desde la Guerra del Opio (inicio del “Siglo de la humillación”) hasta la actualidad, refleja el espíritu de resistencia del pueblo chino frente a la invasión extranjera y su compromiso con la construcción de una nación fuerte”. Obviamente hace una mención especial al rol del Partido Comunista de China y su liderazgo en la independencia y la liberación de la nación.

De todo lo propuesto, en la complejidad que tiene esa sociedad y gobierno, hay cuatro ejes que se convertirán en claves a la hora de entender el desarrollo chino durante los tiempos de Xi: La lucha contra la corrupción (dentro del partido), una nueva posición de política exterior (un rol más activo y protagónico), la construcción de una sociedad moderadamente próspera (lo cual habla de un desarrollo balanceado), y la construcción de una nueva normalidad económica.

Hay bibliografía -in extensum- al respecto de estos cuatro puntos (lamentablemente casi todo en inglés) y no será lo que abordemos en estas líneas, lo que sí nos parece relevante en este momento es señalar que desde la llegada de Xi Jinping al gobierno chino, se ve cada vez con mayor frecuencia la impronta que el gigante asiático está tomando, uniendo piezas y torciendo las riendas de la política internacional tal como la conocíamos: Iniciativa de la Franja y la Ruta; fortalecimiento de los BRICS+, de la Organización de Cooperación de Shanghái y de otros organismos multilaterales; reclamos más vehementes en el seno de Naciones Unidas y defensa diplomática de la no intervención en asuntos de terceros países; entre un sinfín de demostraciones de que hay un cambio en marcha y que lo llevarían a afirmar en 2017 que “El socialismo con características chinas” había entrado en una nueva era.

Tal como lo analizábamos en artículos anteriores, esta semana fuimos testigos de un encuentro trascendental de la Organización de Cooperación de Shanghái, donde el tan mentado “triángulo Primakov” parece estar comenzando a caminar: Los líderes de Rusia, China e India en una foto que quedará para la prosperidad por las implicancias que puede tener. Eso sin mencionar la caminata de Xi, Putin y Kim por la alfombra roja seguidos por Lukayenko (presidente de bielorruso), por Sharif (Primer ministro pakistaní) o por Pezeshkian (presidente iraní) hacia el lugar donde el mandarín pronunciaría el discurso inicial al desfile militar en conmemoración del 80º aniversario de la victoria en la Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la agresión japonesa y la Guerra Mundial Antifascista (conocida en Occidente como 2GM).

Y si bien su discurso puede ser motivo de análisis en profundidad, dado el simbolismo de todo lo que señaló en muchos de sus pasajes, hay dos fragmentos fuera de serie:

  1. La historia nos advierte que la humanidad surge y cae junta. Sólo cuando todos los países naciones se traten como iguales, coexistan en paz y se apoyen mutuamente, podremos defender la seguridad común, erradicar la causa raíz de la guerra y evitar que se repitan tragedias históricas”;
  2. El rejuvenecimiento de la nación china es imparable. La noble causa de la humanidad por la paz y el desarrollo, prevalecerán”.

Dos frases que van atadas de la mano. Por un lado, deja explícito que para China la única posibilidad de evitar las guerras y la destrucción humana, es con solidaridad, trabajo y vinculación respetuosa entre iguales y que busque beneficio mutuo. Por el otro, que ante la pretensión de boicotear ese destino de causa común de “la paz y el desarrollo de la humanidad”, China prevalecerá. En criollo: Si agreden, responderemos.

Cabe destacar que la plaza de Tiananmén, donde Xi pronunció su discurso, es el mismo escenario donde Mao Tse-tung proclamaba, en 1949, la conformación o el nacimiento de la República Popular de China. Mensaje que no sólo está relacionado con el pasado del Partido Comunista de China (y con Mao como figura emblemática) sino con el futuro. Para algunos analistas, dado el simbolismo del lugar elegido y las palabras de Xi, el mensaje podría entenderse como que China se está erigiendo como líder de una alternativa al moribundo orden mundial imperante hasta la fecha, no sólo el encabezado por EEUU, sino el del Occidente Colectivo y sus más de 500 años de colonialismo.

Paradójicamente, lo que reafirma la magnitud de semejante acontecimiento, no es lo que hicieron o dijeron estos mandatarios en sus múltiples encuentros y convenios, sino lo que publicaba en la red social Truth, el presidente norteamericano, Donald Trump: “Parece que hemos perdido a India y a Rusia ante una China más profunda y oscura. ¡Qué tengan un futuro largo y próspero juntos![1]. Una muestra de la parálisis e impotencia occidental ante un polo de poder que hoy por hoy (si no se arma la hecatombe) parece imparable.

Recopilando esta semana euroasiática histórica: 25º reunión de la OCS, 80º aniversario de la victoria China contra la invasión japonesa en el marco de la Guerra Mundial antifascista, reuniones y acuerdos bilaterales varios, Foro económico de Vladivostok.

Éste último se dio en la ciudad rusa de mismo nombre, tan sólo unas pocas horas después de las megajornadas organizadas por China. Un evento anual donde se discuten lineamientos y negocios de toda índole: desde las rutas comerciales del ártico hasta sistemas de pago alternativos para el comercio internacional, pasando por el desarrollo del este y Siberia como un todo o encuentros entre Rusia e India, dos de los principales miembros BRICS y OCS.

Así como en su momento se dijo que el principal error de Barak Obama fue “arrojar a Rusia a los brazos de China” (o viceversa), quizás el peor error de Trump haya sido arrojar a India, Brasil e Irán (como mínimo) a los brazos de Rusia y China. El tristemente célebre Occidente Colectivo no tiene ideas, no tiene políticas, no tiene el financiamiento y evidentemente no tiene la capacidad militar para romper esa alianza que (con todas sus contradicciones y complejidades) comienza a cobrar cada vez más fuerza. Ni siquiera tiene la capacidad de derrocar al Chavismo (por más que a Marco Rubio se le haga agua la boca), fuertemente respaldado por la mayoría de los actores claves de este mundo multipolar y multimodal que se está gestando.

Pero a no confundir… Los nodos de ese mundo multipolar emergente no son anti EEUU o anti Occidente. De hecho, todo el tiempo los líderes de esos países se encargan de remarcarlo. Algunos podrán decir que es para no confrontar abiertamente e ir a una guerra, puede ser, está entre los márgenes de acción. Pero todos saben que EEUU seguirá teniendo un lugar importante en el desarrollo mundial, lo que no están dispuestos a seguir soportando son las imposiciones y el avasallamiento permanente al que nos tiene acostumbrados el imperio. La disputa es por el orden mundial y la lógica colonialista, racista, supremacista y saqueadora hasta ahora reinante. Lo que están proponiendo, a priori, es otra cosa. Y sin dudas esa nueva formación socioeconómica con orientación socialista, llamada República Popular China, y el resto de sus socios, tienen mucho para decir y compartir.


Referencias:
[1] https://www.infobae.com/america/mundo/2025/09/05/donald-trump-lamento-que-india-y-rusia-hayan-decidido-aliarse-a-una-china-mas-profunda-y-oscura/

Nicolás Sampedro

Prefiero escucha antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

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Partió la “Flotilla de la Libertad” hacia Gaza

Partió la “Flotilla de la Libertad” hacia Gaza

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Más de 500 voluntarios de alrededor de 44 países, divididos en unas 20 embarcaciones llevan adelante la nueva misión humanitaria de la Flotilla de la Libertad (Global Submud), que milita desde hace años para intervenir en el genocidio a Palestina. Entre los participantes se encuentran ocho argentinos, uno de ellos es Carlos “Cascote” Bertola de la Corriente Nuestra Patria, capitán de una de las embarcaciones.

Este lunes partió desde la ciudad de Barcelona la “Flotilla de la Libertad”, un grupo de embarcaciones englobadas en el movimiento Global Sumud Flotilla, que desde 2010 busca romper el bloqueo de Israel a Palestina. Si bien la “zarpada” iba a ser el domingo 31, las condiciones climáticas que se presentaron mar adentro como fuertes vientos y altas olas hicieron que la salida deba ser reprogramada.

Más de 500 voluntarios de alrededor de 44 países, divididos en unas 20 embarcaciones llevan adelante la nueva misión humanitaria de la Flotilla de la Libertad, que milita desde hace años para que la balanza social se incline un poco más a favor del pueblo de Palestina, que desde hace más de 75 años atraviesa el genocidio del Nakba, un plan de destierro y exterminio por parte del autodeterminado Estado de Israel.

Actualmente, el genocidio en marcha liderado por el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, registra, según Naciones Unidas, que Israel ya asesinó aproximadamente a 62 mil palestinos, más de mil trabajadores de salud y más de 200 periodistas. En este último caso, por ejemplo, el número supera ampliamente a la cantidad de comunicadores muertos en la Segunda Guerra Mundial (69), en la guerra de Vietnam (63), y en el actual conflicto entre Rusia y la OTAN en territorio ucraniano, que se cargó aproximadamente a 150 de ellos.

No obstante, y mas allá de los bombardeos, el exterminio comienza a hacerse presente en las cifras -y escalará aún más- debido al bloqueo total que no permite el ingreso tanto de insumos médicos para la asistencia, como de comida e incluso agua potable.

Si bien el genocidio y el avance sobre territorio palestino tienen más de 75 años, el último bloqueo indefinido se impuso el 7 de octubre de 2023, tras el ataque civil de Hamas, con bombardeos que oscilan pero que no cesan desde marzo del año corriente.

En este sentido, el objetivo de la Flotilla de la Libertad, nuevamente, es abrir un corredor humanitario para poder ingresar insumos para la asistencia médica, comida y agua, y al mismo tiempo generar un impacto que diga basta a este genocidio.

Con la presencia de personajes de envergadura como la activista sueca Greta Thunberg, entre otros actores, artistas y militantes, las embarcaciones buscarán ingresar ayuda humanitaria por primera vez al territorio gazatí, ya que en anteriores ocasiones fueron atacados previo a llegar a destino. En ese sentido, el propio ministro de Seguridad Nacional de ese país, Itamar Ben Gvir, ya advirtió que intentará aprobar una propuesta ante el gobierno para que los integrantes de la flotilla sean arrestados en carácter de “sospechosos de terrorismo”.

Antecedentes

Si bien la primera misión de la índole para la Sumud Global Flotilla fue en 2008, uno de los primeros hecho mas recordados sucedió el 31 de mayo de 2010, cuando la misma fue atacada por la marina de Israel, en una misión similar en la que 633 personas de 37 países divididas en seis flotillas pretendían ingresar 10 mil toneladas de ayuda humanitaria a Gaza, en el mismo contexto de bloqueo por parte del país genocida. Debido al ataque resultaron fallecidos 9 activistas y un periodista, y fueron heridos más de 30 tripulantes.

Ya adentrándonos en este año, la flotilla volvió al ruedo con un equipo mucho más reducido, de aproximadamente 30 activistas, entre los que se encontraba Thunberg. La misma fue abordada por drones israelíes cuando se encontraban a 70 kilómetros de la costa de Gaza, siendo este el máximo acercamiento de la flotilla al objetivo.

En esta ocasión, la flotilla vuelve a sumar más de 500 personas para tratar de romper el bloqueo, en lo que será su acción número 38 en contra del neocolonialismo, que aún vemos reflejado en Gaza en este siglo XXI. Si bien los navegantes pudieron retomar su navegación, se reportó que aún las tormentas persisten, por lo cual siete de las embarcaciones más pequeñas debieron bajarse definitivamente de la flotilla. De igual manera, se espera que este jueves se sumen más flotillas desde Túnez.

Cabe destacar que, además de Jorge Gonzalez, mencionado por el medio Clarín, es capitán de una de las flotillas Carlos “Cascote” Bertola, Dirección Nacional de la Corriente Nuestra Patria, quien además participó en hazañas como la recuperación de La Sanmartiniana, barco secuestrado por Inglaterra en la guerra de Malvinas.

La flotilla comandada por “Cascote”, con una bandera de la Corriente Nuestra Patria que lleva a Diego Maradona encabezando la travesía

“Amanece en el mediterráneo; pasamos la noche esperando a los barcos que entraron a hacer reparaciones y otros que también lo hicieron en Barcelona. Volveremos a juntar la flotilla por esta zona para seguir rumbo a Túnez, esa es la última información actualizada”, relató desde la flotilla “Cascote” Bertola, en un breve informe para el Multimedio Trinchera.

Así mismo, afirmó: “La tripulación está muy bien, quienes se descompusieron en la tormenta ya están recuperándose y acostumbrándose al barco, y los periodistas haciendo sus informes y subiéndolo a sus medios; todos trabajando, porque se necesita el espíritu bien alto para hacer lo que hay que hacer y llevar la ayuda humanitaria”.

 

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Al gran pueblo argentino ¡Salud!

Al gran pueblo argentino ¡Salud!

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

Desde el año 1812 las estrofas del himno piden firmemente por la salud del pueblo argentino. Por lo tanto e indefectiblemente, cada momento de la historia tiene algo para decir sobre ella: desde la epopeya sanmartiniana y los procesos revolucionarios hasta el presente inmerso en políticas (neo)liberales. Para pensar en la Patria, debemos pensar en la salud de las y los argentinos.

La salud en Argentina, como en muchos otros lugares, es un tema complejo que nos invita a reflexionar sobre su pasado, presente y futuro para edificar los cimientos de un proyecto político de Patria. Desde la figura del General José de San Martín hasta la de Ramón Carrillo y luego del Dr. René Favaloro, encontramos un hilo conductor que resalta la importancia de una visión humanista y social de la medicina y la concepción comunitaria de la salud. Estas figuras y distintos episodios de la historia argentina nos instan a pensar en la salud no solo como la ausencia de enfermedad, sino como un estado de bienestar que requiere una atención integral y comprometida.

San Martín, con su pragmatismo militar, afirmaba que la salud de sus soldados era “la poderosa máquina que, bien dirigida, puede dar el triunfo“. Esta convicción lo llevó a procurar el mejor cuidado sanitario para sus tropas, reconociendo que el bienestar físico es fundamental para cualquier objetivo. Durante el cruce de los Andes, el revolucionario creó un grupo de sanidad del Ejército de los Andes como una de sus primeras medidas en la preparación para la osadía de atravesar un cordón montañoso donde los cuerpos de sus soldados -y el suyo propio- debieron soportar temperaturas muy bajas y alturas muy altas que afectaron su rendimiento y del cuál no tenían antecedentes. En total fueron seis enfermeros y se ocuparon de la promoción, prevención, curación y rehabilitación de 5423 hombres. El desempeño del personal de sanidad en las campañas militares de la época sigue siendo poco conocido.

¿Por qué nos remontamos a tiempos tan lejanos? Para dar cuenta de que la salud fue parte de la proyección incluso de la liberación del pueblo argentino. Las discusiones sobre las prácticas de la medicina y la sociedad fueron cambiando a lo largo del tiempo en relación a los distintos gobernantes y líderes pero también, en la diversidad de proyectos políticos que estuvieron de turno. Además, los procesos tecnológicos de cada época fueron advirtiendo sobre su importancia.

Entonces, bajo la afirmación de que es sabida la importancia de la salud en las personas, la pregunta que nos hacemos es sobre quienes pueden acceder a ella, los modos y alcances, qué se encuentra dentro del bagaje medicinal que se construyó y expandió por el extenso territorio argentino.

La historia de la medicina argentina se encuentra en las cosmovisiones de las comunidades indígenas y sus múltiples naciones que habitaron y habitan la región con la medicina ejercida desde lo espiritual, utilizando como insumos hierbas y especias, y siempre concibiendo a la persona como una unidad compuesta no solo por órganos que podían encontrarse enfermos si no por emociones que los atravesaban y trabajan en conjunto. Pero también aparece en la ciencia y los avances tecnológicos que fueron llegando al país alargando la esperanza de vida y construyendo nuevos horizontes en el campo de estudio. En el año 1822 con la fundación de la Universidad de Buenos Aires, llega la carrera de Medicina como una de las primeras en la región, es así que la formación de médicos y médicas en el país toma un nuevo rumbo. 

Pero hasta ese momento se trataba de un área que no alcanzaba a todos y todas, fue recién a finales del siglo XIX, particularmente después de la epidemia de fiebre amarilla en el año 1871 y con la creación del Hospital Militar en el año 1875 que podemos empezar a hablar de salud pública por la necesidad de que se desarrollen medidas sanitarias organizadas.

Sin embargo, fue mucho después -nos permitimos este gran salto en la historia ya que podrá ser abordado en el dossier sobre la temática- cuando se creó la primera Secretaría de Salud Pública en el año 1946, que luego pasaría a ser el Ministerio de Salud de la Nación,  bajo la dirección del “padre de la salud pública argentina”, Ramón Carrillo. “Solo sirven las conquistas científicas sobre la salud si éstas son accesibles al pueblo”, dijo Carrillo como demostración de la perspectiva sobre la salud en relación a su accesibilidad y ligada al desarrollo social y político de una nación. Sus políticas incluyeron el diseño del Plan Analítico de Salud Pública del año 1947, la construcción de hospitales y centros sanitarios, y la erradicación del paludismo. Al mismo tiempo, fue defensor de la idea de que la salud de la población estaba ligada de forma directa con su condición social, el trabajo y la vivienda, lo que implicó una intervención estatal en las situaciones socioeconómicas de las familias argentinas que afectaban su salud.

Si de exponentes de la medicina argentina se trata, debemos mencionar al Dr. René Favaloro quien también creía fervientemente en una salud comunitaria y que estuviera al servicio de las necesidades del pueblo. Pasó toda su vida luchando contra el mercado de la prestación privada de la medicina y de la recaudación y acumulación de capital aprovechándose de la salud de las personas; incluso murió en esa batalla. Él quería ser recordado como médico rural más que como leyenda de la medicina y creador de grandes avances de la materia, remarcaba que la verdadera tarea que lo convocaba y que contenía un real peso e importancia, era su tarea con y para las comunidades. En relación a ello decía: “No hay nada que pueda reemplazar a la vieja medicina clínica de «sentir» al paciente, palparlo, tocarlo, escucharlo. El problema, el «síntoma» de la medicina moderna es, tal vez, un olvido. El paciente es una persona y como tal tiene tres dimensiones de existencia: una comprende su fisiología, anatomía y estructura; otra, sus sentimientos, emociones, afectos y pensamientos ―todo lo que hace a la psiquis en forma general― y la tercera representa sus relaciones con los otros seres humanos y su posición dentro de la red social. El paciente es la fusión indisoluble de estas tres dimensiones. Es antinatural pretender separar la mente ―si se quiere, el alma― del cuerpo del paciente. Como todo está íntimamente relacionado, una palabra, un acto, un gesto son capaces de cambiar, en cierto modo, nuestra fisiología. Una frase o un abrazo pueden herir o reconfortar nuestra salud”. 

Favaloro también introduce discusiones del campo de la salud que tardaron en ser aceptadas y estudiadas como lo es la Salud Mental. La comunidad se puede concebir entonces, como un pilar de salud. En particular, la salud mental comunitaria, que se opone a la internación que aísla al paciente, busca que la atención y la rehabilitación ocurran dentro del entorno social del paciente, potenciando su participación y sus vínculos. Esto implica un enfoque que va más allá del hospital y el consultorio, reconociendo que el paciente forma parte de una red social y que su identidad está ligada a su territorio de vida.

En el contexto político actual -después de una pandemia de COVID-19 la cual no mencionamos pero abordaremos en el dossier próximo- muchos de los conceptos y discusiones mencionados son relegados por políticas de desfinanciamiento a la salud de forma directa e indirecta. Desde el despido de trabajadores y trabajadoras de la salud en hospitales públicos hasta la quita de pensiones y subsidios por discapacidad. Desde el desfinanciamiento de organismos de investigación y avances en materia de la salud hasta construir discursos que rompen con lo establecido por la medicina mundial. Bastardear la Educación Sexual Integral y el derechos a la interrupción del embarazo y muchas cosas más. El retroceso en materia de salud por parte del gobierno “anarcocapitalista” de Javier Milei y la alianza de La Libertad Avanza y el PRO, significan un gran golpe al bienestar del pueblo y a sus condiciones de desarrollo.

De esta manera, presentamos las preguntas que todos y todas nos hacemos sobre nuestro futuro: ¿Qué capacidad de crecimiento tiene nuestro país si la salud es relegada para unos pocos? El reto para la salud en Argentina es construir una comunidad que siga exigiendo por la igualdad de derechos y oportunidades. Esto implica pensar y discutir nuevos paradigmas relacionados a un proyecto de país de forma emancipadora, justa, soberana y para todos, todas y todxs.

¡Al gran pueblo argentino, SALUD!

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