La noche del 30 de diciembre de 2004 quedó grabada en la memoria colectiva argentina como una de las mayores tragedias urbanas del país. El incendio en el boliche República Cromañón, durante el recital de la banda Callejeros, provocó la muerte de 194 personas y dejó cientos de heridos. A más de dos décadas, Cromañón sigue siendo un símbolo de justicia, memoria y cambios estructurales en la forma que se conciben los espacios públicos y la protección ciudadana.
Un recital que terminó en masacre
El 30 de diciembre del 2004 era la última fecha que la banda Callejeros iba a tocar en el establecimiento República Cromañón, inaugurado el 12 de abril del mismo año, administrado por Omar Chabán. Si bien el lugar estaba habilitado para una capacidad máxima de 1031 personas, esa noche ingresaron alrededor de 3000, o un poco más.
En los años 90 y principios de los 2000, las bengalas se convirtieron en un símbolo de la cultural del rock barrial: se usaban para expresar euforia y pertenencia dentro de los recitales, aunque estas eran realmente peligrosas en espacios cerrados. En el rock barrial, los recitales eran vividos con la misma intensidad que los partidos de fútbol, los fans trasladaban costumbres de las canchas a los shows, y las bengalas eran vistas como una forma de demostrar fervor y acompañar a la banda.
A eso de las 20:00 hs de aquel 30 de diciembre, la gente comenzó a ingresar a Cromañón, y si bien muchos eran revisados por la seguridad, algunas otras personas no pasaron ningún control, principalmente aquellos que ingresaban al sector VIP.
A las 21:30 hs aproximadamente comenzó a tocar la banda soporte Ojos Locos, y ya en su presentación podían verse bengalas encendidas entre el público. Pasadas las 22:35 con el show de soporte finalizado, el encargado del lugar, Chabán, se acercó a la cabina de sonido para pedirle al público que dejen de tirar bengalas, que en el lugar habían más de 6000 personas y que si seguían haciéndolo se iba a incendiar todo, que nadie iba a poder salir y que iban a morir quemados.
Los dichos de Chabán no lograron calmar al público. Minutos después los integrantes de Callejeros subieron al escenario. Antes de empezar a tocar, el cantante de la banda, Patricio Fontanet, pidió al público que hagan caso a Chabán, y que no tiren bengalas, ya que algo grave podía pasar. Instantáneamente y omitiendo todas las advertencias, se encendieron algunas bengalas.
Al impactar contra el techo, se inició un foco de incendio que comenzó a derretir materiales plásticos como el poliuretano y la guata que cubrían el techo. En cuestión de segundos, Cromañón empezó a llenarse de humo negro, espeso y altamente toxico. Minutos después se cortó la luz. La gente en pánico intentaba encontrar alguna salida, tarea que era prácticamente imposible. Quienes lograban llegar a las salidas, descubren que de las seis puertas que separaban el salón de las boleterías, cuatro estaban cerradas con pasadores metálicos, retrasando la evacuación de la gente.
Con el correr de las horas los números comenzaban a subir, pasando de cientos de heridos a los 194 fallecidos y más de 1000 heridos. Se estima que entre el 30 % y el 40 % de los fallecidos murieron cuando volvían a ingresar intentando buscar a sus amigos o a cualquier persona que pudieran ayudar.
En cuestión de minutos los hospitales empezaron a colapsar totalmente desbordados. El Hospital de Clínicas y el Ramos Mejía de la Ciudad de Buenos Aires recibieron a más de 200 personas heridas. La evacuación completa de todas las personas que estaban en el lugar recién se pudo completar a las 02:00 hs del 31 de diciembre, más de tres horas después de que se iniciara el incendio.
El desastre de Cromañón
La masacre de Cromañón fue lo que puso en evidencia la profunda negligencia empresarial reflejada en las condiciones del local. República Cromañón estaba habilitado para una cierta cantidad de personas (1.000), pero se estima que esa noche ingresaron más del triple de la capacidad permitida, lo que terminó por generar un hacinamiento extremo.
De igual forma el techo estaba recubierto con materiales altamente inflamables —media sombra y espuma acústica— que ardieron en segundos al contacto con la bengala, liberando los gases tóxicos. A esto se le sumó la falta de ventilación adecuada y la ausencia de un sistema de prevención de incendios, así como muchas de las salidas de emergencias estaban bloqueadas.
Estas modificaciones ilegales, junto con la falta de controles estatales, transformaron el boliche en una trampa mortal que multiplicó las consecuencias del incendio y dejó al descubierto la desidia de los responsables. El principal señalado fue Omar Chabán, quien estaba a cargo del establecimiento con estas graves irregularidades. No obstante, en segundo plano quedó el dueño del mismo, Rafael Levy, a través de su empresa Nueva Zarelux S.A. Incluso la banda Callejeros, aunque no organizadora directa, fue considerada partícipe necesaria antes que Levy.
Por otro lado, también se expuso la complicidad del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, cuyos inspectores y autoridades habían permitido que el boliche siguiera abierto pese a estas irregularidades. A raíz de esto, el entonces jefe de Gobierno, Anibal Ibarra, fue destituido por mal desempeño en sus funciones, tras un juicio en 2006 que duró un año. De igual forma la Policía Federal también quedó bajo cuestionamiento por su rol pasivo, al permitir el ingreso de pirotecnia y no garantizar condiciones mínimas de seguridad.
Recién en agosto de 2008 comenzaron los juicios orales. En total los acusados eran 15, entre Chabán, los músicos de Callejeros, funcionarios del gobierno de la ciudad y oficiales de la policía federal. Y en agosto de 2009 se conocieron las sentencias.
“El tribunal resuelve condenar a Omar Emir Chabán por considerarlo coautor penalmente responsable del delito de incendio doloso calificado por haber causado la muerte de 193 personas y lesiones a por lo menos 1432, en concurso real con el delito de cohecho activo en calidad de autor a la pena de 20 años de prisión, accesorias legales y costas.’
Se condenó a Omar Chabán a 20 años de prisión, a Diego Argañarás, manager de la banda, a 18 años, al subcomisario Carlos Díaz, también a 18 años, a Raul Villareal, a un año de prisión en suspenso, a Fabiana Fisbin y a Ana María Fernández, ex funcionarias a 2 años y 4 meses. El comisario Miguel Velay y el funcionario Gustavo Torres fueron absueltos, así como los integrantes de Callejeros en una primera instancia, aunque años después fueron vinculados nuevamente en la causa sufriendo penas, como es el caso del líder Fontanet, que salió en libertad definitiva en 2018. Por su parte, Rafael Leyv fue condenado recién el 6 de diciembre de 2014.










