Cromañón: la noche que marcó a una generación 

Cromañón: la noche que marcó a una generación 

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La noche del 30 de diciembre de 2004 quedó grabada en la memoria colectiva argentina como una de las mayores tragedias urbanas del país. El incendio en el boliche República Cromañón, durante el recital de la banda Callejeros, provocó la muerte de 194 personas y dejó cientos de heridos. A más de dos décadas, Cromañón sigue siendo un símbolo de justicia, memoria y cambios estructurales en la forma que se conciben los espacios públicos y la protección ciudadana.

Un recital que terminó en masacre

El 30 de diciembre del 2004 era la última fecha que la banda Callejeros iba a tocar en el establecimiento República Cromañón, inaugurado el 12 de abril del mismo año, administrado por Omar Chabán. Si bien el lugar estaba habilitado para una capacidad máxima de 1031 personas, esa noche ingresaron alrededor de 3000, o un poco más.

En los años 90 y principios de los 2000, las bengalas se convirtieron en un símbolo de la cultural del rock barrial: se usaban para expresar euforia y pertenencia dentro de los recitales, aunque estas eran realmente peligrosas en espacios cerrados. En el rock barrial, los recitales eran vividos con la misma intensidad que los partidos de fútbol, los fans trasladaban costumbres de las canchas a los shows, y las bengalas eran vistas como una forma de demostrar fervor y acompañar a la banda.

A eso de las 20:00 hs de aquel 30 de diciembre, la gente comenzó a ingresar a Cromañón, y si bien muchos eran revisados por la seguridad, algunas otras personas no pasaron ningún control, principalmente aquellos que ingresaban al sector VIP.

A las 21:30 hs aproximadamente comenzó a tocar la banda soporte Ojos Locos, y ya en su presentación podían verse bengalas encendidas entre el público. Pasadas las 22:35 con el show de soporte finalizado, el encargado del lugar, Chabán, se acercó a la cabina de sonido para pedirle al público que dejen de tirar bengalas, que en el lugar habían más de 6000 personas y que si seguían haciéndolo se iba a incendiar todo, que nadie iba a poder salir y que iban a morir quemados.

Los dichos de Chabán no lograron calmar al público. Minutos después los integrantes de Callejeros subieron al escenario. Antes de empezar a tocar, el cantante de la banda, Patricio Fontanet, pidió al público que hagan caso a Chabán, y que no tiren bengalas, ya que algo grave podía pasar. Instantáneamente y omitiendo todas las advertencias, se encendieron algunas bengalas.

Al impactar contra el techo, se inició un foco de incendio que comenzó a derretir materiales plásticos como el poliuretano y la guata que cubrían el techo. En cuestión de segundos, Cromañón empezó a llenarse de humo negro, espeso y altamente toxico. Minutos después se cortó la luz. La gente en pánico intentaba encontrar alguna salida, tarea que era prácticamente imposible. Quienes lograban llegar a las salidas, descubren que de las seis puertas que separaban el salón de las boleterías, cuatro estaban cerradas con pasadores metálicos, retrasando la evacuación de la gente.

Con el correr de las horas los números comenzaban a subir, pasando de cientos de heridos a los 194 fallecidos y más de 1000 heridos. Se estima que entre el 30 % y el 40 % de los fallecidos murieron cuando volvían a ingresar intentando buscar a sus amigos o a cualquier persona que pudieran ayudar.

En cuestión de minutos los hospitales empezaron a colapsar totalmente desbordados. El Hospital de Clínicas y el Ramos Mejía de la Ciudad de Buenos Aires recibieron a más de 200 personas heridas. La evacuación completa de todas las personas que estaban en el lugar recién se pudo completar a las 02:00 hs del 31 de diciembre, más de tres horas después de que se iniciara el incendio.

El desastre de Cromañón

La masacre de Cromañón fue lo que puso en evidencia la profunda negligencia empresarial reflejada en las condiciones del local. República Cromañón estaba habilitado para una cierta cantidad de personas (1.000), pero se estima que esa noche ingresaron más del triple de la capacidad permitida, lo que terminó por generar un hacinamiento extremo.

De igual forma el techo estaba recubierto con materiales altamente inflamables —media sombra y espuma acústica— que ardieron en segundos al contacto con la bengala, liberando los gases tóxicos. A esto se le sumó la falta de ventilación adecuada y la ausencia de un sistema de prevención de incendios, así como muchas de las salidas de emergencias estaban bloqueadas.

Estas modificaciones ilegales, junto con la falta de controles estatales, transformaron el boliche en una trampa mortal que multiplicó las consecuencias del incendio y dejó al descubierto la desidia de los responsables. El principal señalado fue Omar Chabán, quien estaba a cargo del establecimiento con estas graves irregularidades. No obstante, en segundo plano quedó el dueño del mismo, Rafael Levy, a través de su empresa Nueva Zarelux S.A. Incluso la banda Callejeros, aunque no organizadora directa, fue considerada partícipe necesaria antes que Levy.

Por otro lado, también se expuso la complicidad del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, cuyos inspectores y autoridades habían permitido que el boliche siguiera abierto pese a estas irregularidades. A raíz de esto, el entonces jefe de Gobierno, Anibal Ibarra, fue destituido por mal desempeño en sus funciones, tras un juicio en 2006 que duró un año. De igual forma la Policía Federal también quedó bajo cuestionamiento por su rol pasivo, al permitir el ingreso de pirotecnia y no garantizar condiciones mínimas de seguridad.

Recién en agosto de 2008 comenzaron los juicios orales. En total los acusados eran 15, entre Chabán, los músicos de Callejeros, funcionarios del gobierno de la ciudad y oficiales de la policía federal. Y en agosto de 2009 se conocieron las sentencias.

“El tribunal resuelve condenar a Omar Emir Chabán por considerarlo coautor penalmente responsable del delito de incendio doloso calificado por haber causado la muerte de 193 personas y lesiones a por lo menos 1432, en concurso real con el delito de cohecho activo en calidad de autor a la pena de 20 años de prisión, accesorias legales y costas.’

Se condenó a Omar Chabán a 20 años de prisión, a Diego Argañarás, manager de la banda, a 18 años, al subcomisario Carlos Díaz, también a 18 años, a Raul Villareal, a un año de prisión en suspenso, a Fabiana Fisbin y a Ana María Fernández, ex funcionarias a 2 años y 4 meses. El comisario Miguel Velay y el funcionario Gustavo Torres fueron absueltos, así como los integrantes de Callejeros en una primera instancia, aunque años después fueron vinculados nuevamente en la causa sufriendo penas, como es el caso del líder Fontanet, que salió en libertad definitiva en 2018. Por su parte, Rafael Leyv fue condenado recién el 6 de diciembre de 2014.

 

La noche que cambio la historia: la aprobación de la Ley del aborto

La noche que cambio la historia: la aprobación de la Ley del aborto

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En una historica madrugada marcada por canticos, pañuelos verdes y una vigilia multitudinaria, el Senado aprobo la ley de aborto legal, seguro y gratuito, consagrando un derecho largamente reclamado por el movimiento feminista y transformando así para siempre el panorama de la salud y los derechos reproductivos en Argentina.

La lucha por la legalización del aborto viene tomando fuerza paulatinamente desde el proceso democratico iniciado en Argentina en 1983, y se vio amplificado en los Encuentros Nacionales de Mujeres (desde 2018 denominados Encuentros plurinacionales, de mujeres, lesbianas, lesbianas, travestis, trans, bisexuales y no binaries). Sus demandas, junto con reinvindicaciones vinculadas a la violencia contra las mujeres y la demanda por trabajos dignos son los tres derechos fundamentales que demandan las mujeres populares.

En 2015 emergió el colectivo Ni Una Menos (NUM) lo que fue otro momento articulatorio producto de la movilización de miles de mujeres y varones. Las estrategias del NUM se dirigieron principalmente a visibilizar, denunciar y responsabilizar al Estado y la sociedad por la violencia contra las mujeres. A estos primeros reclamos les siguió una expansión de demandas corporizada en marchas multitudinarias, en especial de les adolescentes y jóvenes que abrazaron la lucha contra la violencia de género y los femicidios, por el aborto legal, contra la justicia machista, contra la desocupación y la pobreza.

Después de un intenso debate en el Congreso Nacional y movilizaciones en todo el país, en 2018 el proyecto de ley fue aprobado por la Cámara de Diputados, pero no por el Senado.
El 17 de noviembre del 2020, el entonces presidente de Argentina, Alberto Fernandez, presentó al Congreso de la Nación un proyecto de ley para legalizar la Interrupción Voluntaria del Embarazo y otro que constituye el “Programa de los mil días”, que busca fortalecer los cuidados de la mujer embarazada y de los primeros años de vida de los niños y niñas.

El debate por la legalización del aborto empezó el 10 de diciembre, cuando ambos proyectos se presentaron en sesión en la Cámara de Diputados y al día siguiente, tras veinte horas de discusión, se aprobaron para pasar al Senado. El 29 de diciembre, este último se reunió para discutir la ratificación de estos proyectos y, en un hecho histórico, tras más de un día de discusión y miles de pañuelos verdes esperando el resultado en las calles argentinas, ambos proyectos fueron aprobados la madrugada del 30 de diciembre.

La Ley 27.610 entro en vigencia el 24 de enero del 2021 y desde entonces todas las mujeres tienen derechoa pedir —sin dar explicaciones— la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) hasta la semana 14 inclusive, o la Interrupción Legal (ILE) si su salud corre peligro, o el embarazo es producto de un abuso.

A las 4:12 de la madrugada, el Senado dio el paso histórico: el tablero del recinto indicó que la interrupción voluntaria del embarazo obtuvo 38 votos a favor para convertirse en ley, frente a 29 votos que se opusieron. El tablero registró también 1 abstención y 4 ausentes. “Resulta aprobado”, dijo entre aplausos la presidenta del recinto, Cristina Fernández de Kirchner, al cabo de una jornada de vértigo, durante la cual el correr de las horas acrecentó la brecha entre quienes apoyaron el derecho de las mujeres a acceder a la IVE y quienes procuraron mantener la práctica en la clandestinidad. Cómo había sucedido veinte días antes en Diputados, el aire en el Senado sopló abrumadoramente verde.

La mayoría de los votos positivos fue aportada por senadoras, en un apoyo transversal, de todo el espectro partidario, que cristalizó lo que sucedió con el proyecto que comenzó su trámite parlamentario ese año.

Hablemos del aborto

Según un informe realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) se calcula que cada año se hacen en todo el mundo unos 73 millones de abortos inducidos. Al mismo tiempo, entre el 4,7 % y el 13,2 % de las muertes maternas se deben a un aborto peligroso, es decir, son realizados en lugares sin estandar medico minimo o son realizados con personas sin capacitación o con tecnicas incorrectas.

El 97 % de los abortos peligorosos se practican en paises en vías de desarrollo, más de la mitad en Asia (la mayor parte de ellos, en las regiones meridional y central del continente). También son peligrosos la mayoría de los abortos practicados en América Latina y África (aproximadamente tres de cada cuatro). Se calcula que, en las regiones desarrolladas, por cada 100 000 abortos peligrosos se producen 30 defunciones, mientras que está proporción aumenta hasta las 220 defunciones por cada 100 000 abortos peligrosos en las regiones en desarrollo.

El aborto inducido es común en todo el mundo. La gran mayoría de los abortos ocurren como respuesta a embarazos no deseados, que generalmente resultan del uso ineficaz o la falta de uso de anticonceptivos. Otros factores también son importantes impulsores de un embarazo no deseado y de la decisión de abortar. Algunos embarazos no deseados son resultados de violación en incesto, otros se vuelven no deseados debido a cambios en las circunstancias de vida o porque llevar un embarazo a termino tendría consecuencias negativas para la salud y el bienestar de la mujer.

En Argentina, abortar era un delito penado con hasta cuatro años de cárcel, excepto en caso de violación o riesgo para la vida o la salud de la madre. Pese a esta legislación, según el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), en Argentina se practican entre 460 mil y 600 mil abortos clandestinos cada año.

Desde la promulgación de la Ley, según el reciente reporte del Proyecto Mirar Logros de la política de acceso al aborto y amenazas actuales (agosto 2024), se han logrado cambios significativos en indicadores como mortalidad materna, fecundidad adolescente y ampliación de los efectores de salud que dan acceso a IVE-ILE. De acuerdo al informe, algunos de estos avances han sido:

  • La reducción de  50 % de la tasa de fecundidad adolescente observada entre 2018 y 2022, que marca un quiebre en la tendencia amesetada sin descensos significativos previos. Se logró una reducción de la tasa de fecundidad en niñas de 10 a 14 años del 57 % donde intervienen situaciones ligadas al abuso sexual del entorno familiar cercano. 
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  • Los datos muestran que las muertes maternas de causa indirecta han tenido un comportamiento decreciente en la última década vía el acceso a los abortos permitidos por ley.
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  • La tasa promedio para el país es de 17 efectores públicos que proveen IVE-ILE por cada 100.000 mujeres en edad fértil, con un rango que varía entre provincias desde 2 a 4 cada 100.000 mujeres en Chaco, Santiago del Estero y Tucumán, a 53 a 57 cada 100.000 mujeres en La Pampa y Mendoza. 
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  • En 2023 se entregaron 106.737 medicamentos para IVE-ILE (mifepristona y misoprostol) y en 2024 ninguno. La caída fue del 100 %, y tampoco distribuyó insumos contemplados en el Programa Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, establecido por la Ley 25.673. 

La ley de Acceso a la Interrupción Voluntaria del Embarazo representó un gran avance no solo para Argentina, sino para todo Latinoamérica, una de las regiones más restrictivas en cuanto a los derechos reproductivos, en gran parte por la enorme influencia ideológica y política ejercida por la Iglesia Católica durante siglos. 

Nacional: Café de barrio, identidad y palabra en movimiento en Tolosa

Nacional: Café de barrio, identidad y palabra en movimiento en Tolosa

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En Tolosa, donde las cuadras todavía conservan algo de ese pulso ferroviario que marcó generaciones, abrió el 1 de octubre de 2024 un espacio que ya se volvió referencia: Nacional, que no es solo otro café de especialidad. Es un proyecto que vuelve a colocar al barrio en el centro, que recupera la pausa, la charla, la ventana, la costumbre. Un pequeño territorio donde el tiempo baja un cambio y la comunidad vuelve a tener nombre propio.

Guadalupe, barista y corazón del lugar (y además socióloga), sostiene la barra con una sonrisa calma. A las 9 de la mañana, cuando abre la puerta, el aroma del café recién molido marca el inicio de una rutina que se vuelve ritual. El menú es simple y honesto, con una selección cuidada de acompañamientos dulces que completan la propuesta sin buscar impresionar: buscan acompañar, estar, aportar.

Pero si algo caracteriza a Nacional es su identidad de barrio, como lo sostiene su nombre, dada la ambientación clásica —madera, objetos con historia, detalles que remiten a la mesa familiar— genera un clima donde quedarse es fácil. Hay quienes van solo a mirar por la ventana, quienes encuentran un espacio para trabajar, quienes recuperan un hábito perdido: conversar sin apuro. Incluso quienes se acercan con sus mascotas, porque el espacio es pet friendly y abraza esa cotidianeidad compartida.

Nacional abre de martes a domingo, de 9 a 13 y de 16 a 20 hs, en 2 y 529, Tolosa.
Un punto de encuentro que no busca ser tendencia: busca ser propio. Un espacio donde el café, la palabra y la comunidad encuentran un mismo territorio. Donde, como siempre sostiene esta revista, la cultura sigue siendo trinchera.

En diciembre sumaron un gesto que define su apuesta cultural: el Taller Mecánico de Poemas, una propuesta tan original como necesaria. Un “taller” donde las palabras pasan por boxes de diagnóstico, alineación y balanceo, y cada persona sale con un poema propio. Una invitación a escribir sin solemnidad, a recuperar la creatividad como ejercicio comunitario.

Dato no menor, son las más de 80 reseñas y su calificación casi perfecta (4.9 en Google) que podrían resumirse en una frase común: Café Nacional ya es parte del barrio. Y no por estrategia, sino por coherencia. Porque Tolosa necesitaba un espacio así: cuidado, cercano, con alma.

Finalmente, para quienes forman parte de Comunidad Trinchera, el vínculo se profundiza: hay 20% de descuento en todas las compras, una forma concreta de apoyar proyectos locales que construyen tejido cultural y económico desde abajo. La economía de proximidad, esa que todavía resiste frente al desguace y la concentración, también se defiende en pequeños gestos cotidianos como elegir un café del barrio.

Belén: Cuando el cine se convierte en denuncia

Belén: Cuando el cine se convierte en denuncia

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La película Belén, dirigida por Dolores Fonzi y basada en el caso real de una joven tucumana encarcelada tras un aborto espontáneo, trasciende el terreno del cine para convertirse en un manifiesto político y social. Con un relato crudo y profundamente humano, la obra expone las tensiones entre justicia, patriarcado y derechos reproductivos en Argentina, al tiempo que dialoga con debates universales sobre libertad y dignidad. 

Estreno de una obra que incomoda

La película se basa en la historia de una jóven tucumana que fue encarcelada tras sufrir un aborto espontaneo. El caso narrado en el libro Somos Belén de Ana Correa, se convirtio en un simbolo de la lucha feminista Argentina y tambien en una bandera por el reclamo por justicia reproductiva. No se trata solo de una producción artística, sino de un relato que interpela directamente a las instituciones judiciales y médicas.

“(…) Hay una mujer de unos 30 años en un puesto de venta de ropa en Constitución. Lleva su pelo lacio largo atado y un pañuelo rosa en el cuello. Ese abril no se vende demasiado a causa de la crisis así que puede ver tranquilamente desde el celular el debate por la legalización del aborto en el Congreso de Buenos Aires. Cuando habla la abogada Soledad Deza sobre el caso Belén sube el volumen. 

«Vivo en Tucumán. Soy abogada y feminista, y vengo de una provincia que tuvo encarcelada a Belén durante 29 meses a consecuencia de haber sufrido un aborto espontáneo dentro de un hospital. Luego ella fue liberada por el movimiento de mujeres». Marina, la vendedora del local de al lado escucha y le dice: 

—No sabía que en tu provincia había pasado eso. Pobre piba. ¿Vos la conocías? 

—No, viste que la provincia es grande —responde la joven, que desde que está en Buenos Aires volvió a usar el nombre 14 real, el que usaba el día que la encarcelaron unos cuatro años atrás. Aquí en Buenos Aires nadie sabe que ella es Belén.”

Belén se remonta al caso real ocurrido en Tucuman en 2014, cuando una joven de 25 años ingresó al Hospital Avellaneda con fuertes dolores abdominales y sufrió un aborto espontaneo. En lugar de recibir atención médica adecuada, fue denunciada por el personal de salud y acusada de homicidio, lo que derivó en su encarcelamiento durante casi tres años. El proceso judicial estuvo marcado por irregularidades y por la criminalización de un evento obstétrico, exponiendo las fallas estructurales del sistema judicial y sanitario argentino. 

En el marco de la llamada Marea Verde, el movimiento femenista que impulsó la legalización del aborto en Argentina, miles de mujeres y personas gestantes ocuparon las calles desde 2018 con el pañuelo verdecomo simbolo. Tras un primer intento fallido en el Senado, la presión social logró que en diciembre del 2020 se sancionará la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Este triunfo convirtió a la Marea Verde en referencia regional y consolidó al pañuelo verde como emblema global de justicia reproductiva. 

Más allá del expediente judicial, Belén revela la dimensión política de los procesos legales vinculados a la salud reproductiva. La criminalización de la protagonista no puede entenderse sin el contexto de un país donde, hasta 2020, el aborto estaba penalizado y donde sectores conservadores ejercian presion sobre jueces y médicos. 

 

La mirada de la directora 

Todo comienza una noche de marzo de 2014, cuando Julieta (Camila Plate) ingresa en un hospital de San Miguel de Tucumán con severos dolores abdominales. Acompañada por su madre, es derivada a la guardia, pide ir al baño y tras unos minutos de sangrado y sudoración, es destinada a ginecología para un legrado de urgencia. Mientras se encuentra en el quirófano irrumpe la policía, la causa de haberse prácticado un aborto, y la esposa a la camilla, todavía con las piernas abiertas y ensangrentada. El fundido a negro nos despega de ese horror y nos conduce dos años después, con Julieta tras las rejas. 

El guión, coescrito por Fonzi y Laura Paredes, se construye como un thriller judicial que mantiene la tensión en cada escena. La narrativa logra evitar los golpes bajos y se centra en la burocracia y el lenguaje frío de las instituciones. Visualmente, la película utiliza cuadros cerrados y espacios opresivos para así transmitir el encierro físico y simbólico de la protagonista. 

Una de las escenas más potentes es la del juicio: Belén aparece sentada frente a un tribunal que la trata como culpable desde el inicio. La película evita el melodrama y se concentra en el lenguaje técnico y distante de los jueces, reforzando de esta manera la violencia simbólica. 

En esta obra, Dolores Fonzi confirma su madurez como directora. Si en su debut con Blondi exploraba la intimidad desde un tono más ligero y cotidiano, en Belén se adentra en un terreno mucho más complejo y político. Para esta obra Fonzi elige un registro sobrio, casi austero, que evita el melodrama y apuesta por la crudeza de los hechos. La cámara pasa a convertirse en un testigo incómodo, que expone la violencia institucional con un realizas que llega a incomodar al espectador. 

La interpretación de Camila Plaate como Belén se vuelve el corazón de la película. Su actuación transmite la vulnerabilidad de una mujer reducida a un simple expediente judicial, pero también la dignidad de quién resiste frente a un sistema que se encarga de despojar de identidad. Plaate logra un equilibrio entre fragilidad y fuerza, evitando caer en la victimización. A su lado, actrices como Laura Paredes y Julieta Cardinali aportan matices que enriquecen el relato, mostrando cómo la violencia institucional se extiende más allá de la protagonista.

Además Belén dialoga con una tradición del cine argentino que ha sabido convertir la denuncia en arte. Películas como La noche de los lápices o Argentina 1985 también pusieron en escena lo que es la violencia estatal y la búsqueda de justicia. Mientras que Fonzi se diferencia al situar la violencia en el presente, en un ámbito íntimo y cotidiano como es la salud pública. 

 

Recepción crítica y proyección internacional 

La película ha recorrido festivales internacionales y fue seleccionada para representar a Argentina en los Óscar y los Goya, consolidándose cómo fenómeno cultural. Destacando su crudeza y pertinencia que se valora como un aporte al debate global sobre los derechos reproductivos y la justicia de género. 

El móvil feminista argentino abrazo esta obra como una herramienta de memoria y denuncia, recordando que, aunque la ley de aborto ya fue aprobada, persisten resistencias culturales y judiciales que afectan a mujeres y personas gestantes. 

La Corte Suprema de Tucumán ordenó la liberación de Belén en agosto de 2016, cuando llevaba casi tres años presa. Esto fue posible porque tres meses antes la abogada tucumana Soledad Deza de enteró casi de casualidad que había una mujer presa por aborto espontáneo y a los dos días asumió su defensa. La habían condenado a 8 años de prisión por homicidio agravado por el vínculo. Seis meses después, la misma Corte resolvió su absolución. (Corre, Ana E. 2019) 

Belén no es solo una película: es un manifiesto político que incomoda, interpela y exige reflexión. Al transformar este caso judicial en un relato cinematográfico, Fonzi recuerda que el cine también puede ser un espacio de resistencia y memoria, capaz de cuestionar instituciones y denunciar la ausencia del Estado en la defensa de la salud reproductiva.





Señores jueces: Nunca Más 

Señores jueces: Nunca Más 

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A cuarenta años del histórico Juicio a las Juntas iniciado en abril de 1985 por decisión del presidente Raúl Alfonsín, la Argentina recuerda el proceso que sentó en el banquillo a los principales responsables de la dictadura militar. Por primera vez, un país juzgaba en sede civil a los responsables de crímenes de lesa humanidad cometidos por su propio régimen.

“Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino: Nunca Más.”

El 24 de marzo de 1976, una junta militar conformada por los tres comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas derrocó al gobierno constitucional de Isabel Perón. Poco después, el jefe del Ejército, Jorge Rafael Videla, fue designado presidente de facto y presentado por la prensa oficial como “un profesional moderado y ferviente católico”. Este nuevo golpe contra la democracia dio inicio a la dictadura más sangrienta de la historia argentina. El régimen dejó un saldo de miles de muertos y desaparecidos, cientos de miles de exiliados, la derrota militar en la Guerra de Malvinas, un incremento exponencial de la deuda externa, el vaciamiento de empresas públicas y la destrucción de gran parte del aparato productivo nacional. 

Los crímenes perpetrados por los militares son hoy reconocidos en el derecho internacional como delitos de lesa humanidad. Treinta mil desaparecidos, alrededor de 400 niños apropiados y un país devastado constituyen el saldo de aquella ocupación militar. 

La democracia argentina recién había sido recuperada en 1983, tras siete años de dictadura militar, y el gobierno de Raúl Alfonsín enfrentaba la presión de sectores castrenses que aún conservaban poder y capacidad de amenaza. En ese escenario, la creación de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) y la publicación del informe Nunca Más fueron pasos decisivos para documentar el plan sistemático de represión ilegal y legitimar la demanda social de justicia. 

Durante meses, el tribunal integrado por los jueces León Arslanian, Ricardo Gil Lavedra, Jorge Torlasco, Guillermo Ledesma y Andrés D’Alessio escuchó más de 800 testimonios en un debate público sin precedentes. El fiscal Julio César Strassera, acompañado por Luis Moreno Ocampo, llevó adelante la acusación que culminó con su alegato y el célebre “Nunca Más”. 

¿Que fue el Juicio a las Juntas? 

El Juicio a las Juntas de 1985 representó un acto fundacional en la democracia argentina porque enfrentó, con las herramientas del derecho, a quienes habían instaurado el terrorismo de Estado entre 1976 y 1983. La decisión del presidente Raúl Alfonsín de impulsar el proceso fue una apuesta política audaz: en un contexto de tensiones militares y fragilidad institucional, eligió la vida judicial como respuesta a la demanda social de la justicia. Por primera vez en el mundo, un tribunal civil juzgó a los máximos responsables de una dictadura militar en su propio país, sin recurrir a tribunales especiales ni a la justicia militar. 

El alegato del fiscal Julio Cesar Strassera, acompañado por Luis Moreno Ocampo, sintetizó la acusación en la célebre consigna “Nunca Más”, que condensó el dolor de miles de víctimas y se transformó en un pacto ético colectivo. La argumentación del juicio no se limitó a probar delitos: busco demostrar la existencia de un plan sistemático de represión ilegal, con secuestros, torturas y desapariciones, y establecer que los comandantes no podían alegar desconocimiento. De este modo, el proceso no solo condenó individuos, sino que desmanteló la lógica de impunidad y legitimó la democracia como espacio de reparación y de construcción de futuro. 

Los testimonios de sobrevivientes y familiares se convirtieron en el corazón del proceso: más de 800 voces narraron secuestros, torturas, desapariciones y apropiaciones de niños, transformando el dolor privado en memoria pública. Relatos como el de Adriana Calvo, quien dio a luz esposada en un patrullero, o el de las madres que buscaban a sus hijos en los centros clandestinos, marcaron un antes y un después en la conciencia social. Cada declaración no solo aportó pruebas jurídicas, sino que también desarmó el silencio impuesto por el terror, instalando en la sociedad la certeza de que la verdad debía ser escuchada

Cuarenta años después, el Juicio a las Juntas se lee no solo como un acontecimiento jurídico, sino también como un acto cultural y político que redefinió la identidad democrática argentina. En el plano internacional, se convirtió en un modelo de justicia transicional, inspirando procesos similares en América Latina y siendo citado como antecedente en tribunales de derechos humanos. En el plano social, los testimonios de sobrevivientes y familiares transformaron el dolor en memoria colectiva, y el alegato de Strassera se volvió consigna universal de resistencia frente a la violencia estatal.  

Solución institucional frente a la impunidad 

Este Juicio ofreció una salida inédita a un dilema histórico: cómo enfrentar los crímenes de lesa humanidad cometidos por el Estado sin recurrir a la venganza ni a la justicia militar. La decisión de llevar a los comandantes ante un tribunal civil fue, en sí misma, una solución institucional que reafirmó la primacía del derecho sobre la violencia. En un contexto de tensiones políticas y amenazas de levantamientos militares, el juicio demostró que la democracia podía responder con firmeza y legitimidad, evitando la impunidad y consolidando la confianza en las instituciones. 

El hecho trascendió las fronteras argentinas y se convirtió en un referente mundial de justicia transicional. Su carácter pionero —al juzgar en sede civil a los responsables de crímenes de lesa humanidad cometidos por un régimen propio— inspiró procesos similares en países como Chile, Perú y Sudáfrica, y fue citado como antecedente en tribunales internacionales de La Haya y en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. De este modo, la experiencia argentina no sólo consolidó su democracia, sino que ofreció al mundo una solución ética y jurídica. 

 

Reconstruir las Fuerzas Armadas nacionales al servicio del pueblo argentino y su soberanía

Reconstruir las Fuerzas Armadas nacionales al servicio del pueblo argentino y su soberanía

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Trinchera entrevistó a Cesar Milani, militar retirado con el grado de teniente general y ex jefe del Estado Mayor General del Ejército desde el 3 de julio de 2013 hasta su relevo el 24 de junio de 2015. Se dialogó sobre el desmembramiento de las FFAA tras la última dictadura cívico militar hacia el presente con el actual gobierno nacional, la relación del país de cara al futuro con el Atlántico Sur, y el accionar respecto a la ocupación británica en co-acción con Estados Unidos.

En toda tu trayectoria como militar, ¿Qué balance hacés del país en términos de defensa? (En cuanto a la defensa de la soberanía sobre el agua, de la Antártida, de las Islas Malvinas, de Tierra del Fuego, y de la Plataforma Marítima).

Yo entré en la carrera militar de subteniente, precisamente con la dictadura militar, tenía 20 años, pasaba la dictadura militar. En ese contexto, evidentemente, las prioridades de la dictadura militar no eran la defensa de nuestros recursos naturales, de nuestro territorio, de nuestro espacio aéreo, de las Islas Malvinas.

Ya venían de los años 55 en adelante, 60, 70 con los golpes de Estado, eran relativas a la seguridad interior y a las cuestiones relativas a preparar a la Fuerza Armada para enfrentar ya sea levantamientos civiles, ya sea huelgas, ya sea, bueno, y todo lo que pasó después del 76. Es decir, la Fuerza Armada estaba preparada para actuar en el ámbito interno.

Luego llegó Malvinas, con un enemigo tradicional, en una guerra tradicional que nos exigía a nosotros tener no solamente militares profesionales y, por supuesto, nacionalistas, exigía tener un equipamiento moderno, estar preparado para una guerra tradicional, como la que se planteó con Gran Bretaña, y no se estaba preparado para todo esto.

Fuimos a la guerra con lo que teníamos, yo recuerdo que fui movilizado a Comodoro Rivadavia, con una fuerza de tarea transportada, yo era paracaidista, y estábamos nosotros con los bolsones por equipaje viejos, no teníamos equipamiento nuevo, no teníamos mochilas nuevas, no teníamos, bueno, todas las cuestiones que los ingleses sí lo tenían.

Yo no llegué a pasar a las islas, pero evidentemente fue una guerra con un nivel de desproporcionalidad en los elementos, la tecnología y los elementos impresionante respecto a los ingleses. Los argentinos supieron de la falta de todo esto que traían los ingleses, es decir, el aparato logístico, el aparato militar, y de igual manera fueron con coraje, con entrega y con patriotismo, pero bueno, no alcanzó. Esta es la realidad, estábamos preparados para cuestiones de origen interno, y de golpe plantearon una guerra convencional con Gran Bretaña, y no estábamos preparados, y por supuesto que se perdió.

A partir de esa guerra las Fuerzas Armadas fueron recluidas por todos los gobiernos políticos de distintos signos: peronistas, radicales, menos peronistas, menos radicales, macristas, etc. Y por supuesto, este último, ni qué hablar. Fueron recluidas, con esto quiero decir que, la metieron en una cápsula, le bajaron el presupuesto, bajaron los gastos de defensa, no reequiparon, no reacondicionaron el equipamiento militar, y por supuesto, lo que se hizo fueron únicamente cuestiones de maquillaje, cuestiones de presentación, administrativa, mayor parte de administrativa del Estado Mayor Conjunto, del Ministerio de Defensa, mayores secretarías, todo esto, pero no mayores fierros.

No se les dio a las Fuerzas Armadas el valor que deberían tener, no se les proveyó el material necesario para que sean, no una potencia, pero para que estén por lo menos a par de los países de la región en el poderío militar. Consecuentemente, el equipo se fue degradando, después de 40, 45 años. Se bajaron la cantidad de soldados voluntarios, se bajaron la cantidad de suboficiales y oficiales, se bajó el presupuesto de las Fuerzas Armadas de forma impresionante, no hubo más reequipamiento.

El último gran reequipamiento lo produjo en mi gestión gracias a un aporte extraordinario de la Presidente que pudimos afectarlo a las Fuerzas Armadas, y se produjo una recuperación de capacidades muy importante como no se había producido en los últimos 40 años, pero por supuesto que nos alcanzó, porque yo estuve poco en la gestión, es decir, no tuve lo necesario para terminar esta ecuación (2013-2015).

Y lo que vino después fue desastroso, el gobierno de Alberto Fernández fue desastroso y este gobierno fue más desastroso. Bajó el Producto Bruto, los sueldos de los militares están más bajos de lo normal, la mitad de los sueldos de los militares están por debajo de la línea de pobreza, la obra social de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas de Seguridad está quebrada con más de 200.000 millones de pesos de déficit, sumado a un ministro de Defensa que es un fantoche, que se vestía de militar para hacerse, pero no tenía nada de militar.

Todo esto sumado a que Petri va a ofrecerse para formar parte de la OTAN, para formar parte del grupo Rampen, que apoyaba a Ucrania en la guerra contra Rusia, como si tuviéramos nosotros algo que ver, siendo súbditos y vasallos de Estados Unidos en todo, absolutamente en todo lo que dicen, especialmente en política internacional.

Me queda claro que el presente y este gobierno es un desastre con el área de defensa, ahora te pregunto, ¿Qué posibilidad de peligro real crees que representan todas estas hipótesis de bases conjuntas en Tierra del Fuego con Estados Unidos?


Yo creo que es gravísimo, pero muy grave. Estados Unidos ha tomado a la Argentina como una especie de colonia, donde pueden venir a hacer lo que quieran, independientemente de traer los recursos naturales que ellos quieran, llevarse lo que ellos quieran, sin pagar absolutamente nada, entrando equipamiento viejo para trabajar y llevándose todo lo que quieran, no solamente en recursos naturales, sino en el mar, instalando bases conjuntas, ellos dicen conjuntas, pero son bases militares norteamericanas, especialmente en el sur porque tienen control sobre el paso bioceánico, Malvinas y sobre la proyección antártica que pueda tener Argentina.

Está bien claro que Estados Unidos intenta, -gracias a Dios voy a decir algo, que Trump le quedan 3 años de gobierno, y no sé si 3 años de vida, ojalá que se muera antes-, pero le quedan 3 años de gobierno, así que no sé si va a concretar lo que quiere concretar en nuestra patria. Estados Unidos viene por supuesto también a ayudar a Gran Bretaña. Si hay algún enfermo, si hay algún estúpido que cree que Estados Unidos va a hacer alguna gestión para que los ingleses nos devuelvan Malvinas, está loco, no vive la realidad, eso es una irrealidad. Estados Unidos tiene como principal aliado en la OTAN a Gran Bretaña, aliado histórico, es decir, participó con ellos en las guerras mundiales.

Gracias a Dios que estos periodos políticos terminan, y a Milei se le va a terminar y a Trump se le va a terminar, y ahí es donde nosotros tenemos que volver.

¿Estados Unidos el que potencialmente te da más miedo? O pensás también en una relación de coacción con Inglaterra y con Israel, -que también hemos visto varios movimientos, no solo de petroleras, sino también de su área de defensa, o Mekorot con el agua- ¿Ahí cómo ordenarías eso?

En Argentina por supuesto Estados Unidos es el que más influencia tiene por una cuestión financiera y monetaria, si deja de apoyarlo financieramente este gobierno no dura tres meses y cae, no llega a las elecciones del año 27, así que depende así de Estados Unidos. Por supuesto que acá hay un espíritu de vasallaje y de coloniaje hacia Gran Bretaña y hacia Israel también, hacia Gran Bretaña en todas las concesiones que le ha hecho, este gobierno a los ingleses, no solamente permitirle aterrizajes intermedios acá en la Argentina para ir a Malvinas, sino beneficios en el área pesquera, beneficios en el área petrolera, que están explotando en este momento juntamente con una empresa israelita, haciendo perforaciones, explotando con vista a un comienzo de producción de petróleo en el sur, en la parte muy cercana a las islas Malvinas, así que todas las concesiones se están dando a Gran Bretaña y por supuesto Israel entra a jugar ahí en muchos aspectos, técnicos y militares.

Tenemos políticos entreguistas que le van a otorgar todo, empezando por el presidente, políticos entreguistas que van a entregar la soberanía de la patria y van a desintegrar a la nación.

Como vos bien mencionas también, los períodos y los tiempos políticos van, vienen, son muy álgidos en este momento, entendiendo todo esto y entendiendo la ocupación que tenemos de Gran Bretaña en un cuarto de todo el territorio, y en un gobierno de índole nacional, ¿Cuál debería ser la planificación en defensa?

Bueno, en principio hay que conformar un ministerio de defensa con gente nacionalista y poner un ministro de defensa militar nacionalista, en principio, después ir a una participación del Producto Bruto Interno de la fuerza de defensa del orden del 1 al 1,5% del PIB. Eso le va a permitir a las fuerzas armadas reequiparse, no solamente cambiar material obsoleto y viejo, sino reequiparse con material tecnológicamente nuevo. Y, por supuesto, todo esto tendiente a lo siguiente, y esto es lo último que quiero decir y lo más importante: nosotros tenemos que dejar de pensar que Gran Bretaña se va a sentar con nosotros a la mesa de negociaciones, tenemos que dejar de pensar que nosotros vamos a recuperar las Islas Malvinas por obra de magia o porque va a venir algún gurú o porque va a venir Estados Unidos a gestionar algo, eso es mentira. La única posibilidad que tenemos nosotros es conformar un poder de disuasión militar, tan importante en las tres fuerzas (en la parte terrestre, aérea y marítima), tan importante, disuasorio que obligue a Gran Bretaña a sentarse en la mesa de negociación.

Que digan: “Bueno, muchachos, acá podemos tener un problema, no podemos seguir invirtiendo, invirtiendo y llenando, ¿no es cierto?, y poniendo cada vez más equipamiento militar y más apoyo logístico en las Malvinas, ¿no es cierto?, porque estos muchachos se están armando, y se están armando con equipamiento no controlado por nosotros”. Para eso entra China, Rusia, India y todos los países que nos puedan proveer armamento, que Estados Unidos, lamentablemente, el armamento que nos puede proveer, es armamento controlado por la OTAN y controlado por Gran Bretaña, que no va a tener ningún efecto disuasorio sobre Malvinas.

Para ellos va a ser más conveniente sentarse en la mesa de negociación con nosotros, que seguir invirtiendo millones y millones y millones de libras en agrandar cada vez la base militar, porque van a ver que nosotros cada vez nos agrandamos más. Es la única opción, no hay otra opción, y que se entienda bien, un efecto disuasorio, disuasorio significa poder militar, en poder militar terrestre, aéreo y naval.

Y por supuesto, un Ministerio de Defensa muy nacionalista, que tenga bien en cuenta que nuestro principal enemigo se llama el Reino Unido-Gran Bretaña, que está a 600 kilómetros de nosotros, que tenemos una hipótesis del conflicto, que hay que cortarle absolutamente todas las posibilidades, ya sea de apoyo logístico y de transporte militar en nuestro país, de apoyo pesquero, de la explotación cerca de Malvinas, o alrededor de Malvinas, o lo que sea, en el mar, bueno, ponerle todas las trabas posibles, y que nuestro país se esté equipando en forma permanente para ejecutar una acción disuasoria, después veremos qué pasa, pero esto debe ser el objetivo principal en defensa para los próximos 20 años.

Por supuesto que Malvinas está número 1, la proyección antártica número 2, que ya se viene el tema antártico en los próximos años, el paso bicontinental, el paso bioceánico número 3, es decir, tenemos mucho que jugar en el Atlántico Sur y mucho que jugar en nuestro territorio, en la parte sur de nuestro territorio, que tenemos que poner brigadas mecanizadas, ágiles, potentes, rápidas, que por supuesto que se pueden obtener, y no necesariamente de Estados Unidos.

Con esto te quiero decir que yo tengo una visión, digamos, para nada acuerdista, ni para nada, digamos, pensando que podemos recuperar nuestra isla de Malvinas por la vía diplomática, en absoluto, no existe esa posibilidad, está claro.

¿Te gustaría participar en algunas -no te digo decisiones, porque eso conllevaría que ya tengas algún puesto- , pero por lo menos poder entablar diálogo con gente cercana a un futuro gobierno y poder participar de recomendaciones, entre otras cosas?

Yo te voy a decir algo. Tengo 71 años, pero tengo el espíritu de una persona de 40 años. Estoy dispuesto a dar mis últimos años de mi vida, de acá hasta los 100 que voy a vivir, lo estoy diciendo un poco en broma, pero hasta la edad que Dios me dé, ¿no es cierto?, tratando de servir a la patria.

Y esto incluye no solamente hablar, no solamente pregonar, no solamente militar, no solamente hablar con algunos referentes políticos, sino fundamentalmente prever que puedo hacer algo en el próximo gobierno que va a venir de tinte nacionalista. Pero no quiero un gobierno como el de Alberto Fernández, no quiero un gobierno socialdemócrata, quiero un gobierno nacionalista, peronista. Y creo que hay mucha gente nueva, con nuevas expectativas, aunque sea gente grande, pero gente nueva en el proceso político que está dispuesto a participar y yo estoy dispuesto a participar para dar todas las peleas que sean necesarias.

 

 

 

La Cuestión Malvinas: “Una causa nacional, un nudo académico y un drama pasional”

La Cuestión Malvinas: “Una causa nacional, un nudo académico y un drama pasional”

TIEMPO DE LECTURA: 9 min.

Creación: EdICMa
Arte y diseño: Ana Clara Reinhadt

Trinchera entrevistó a Juan Cisilino, Director  de EdICMa, el Equipo de Investigación de la Cuestión Malvinas de  la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), que cuenta con 18 investigadores y docentes, en su mayoría, graduados y graduadas de carreras de las Ciencias Sociales y las Humanidades de la misma universidad. En 2014 comenzaron a trabajar a partir de la convocatoria Malvinas en la Universidad, impulsada por la Subsecretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación y el Consejo Interuniversitario Nacional y la Cancillería argentina. 

¿Cómo fueron los comienzos del EdICMa?

En aquel momento comenzamos este equipo siendo tres estudiantes de Sociología que nos presentamos en esa convocatoria y fuimos uno de los proyectos acreditados. Empezamos a trabajar porque nos movilizaba la Causa Malvinas, queríamos aportar en nuestro rol de investigadores, de docentes. Nos empezamos a formar, a meter en el mundo malvinero, a conocer, fuimos trabajando con amplitud y con audacia, eso nos fue permitiendo crecer desde abajo y cuesta arriba. 


¿Qué debates encontraron en todos estos años?

Fuimos aprendiendo en nuestro propio recorrido. Nos formamos en la Facultad de Humanidades y por lo tanto teníamos representaciones y sentidos comunes acerca de Malvinas. Te doy un ejemplo, Rosana Guber, una especialista de la guerra de Malvinas, habla de las dos lecturas dicotómicas que se articularon en la posguerra de Malvinas, una que llama la lectura heroica, y la otra que se llama la lectura dictatorial. Y esta última es la que ella menciona como hegemónica. Eso, de alguna manera, se reproducía en el escaso tratamiento de la cuestión Malvinas en nuestras formaciones, y en las ciencias sociales en general. 

Estas dos estas dos lecturas que menciona Guber son construcciones que obviamente están en disputa. Podríamos decir que hay una especie de discusión en el campo malvinero que podríamos llamar una especie de dialéctica entre el árbol y el bosque. Es decir, hay desacuerdos sobre cuál es el árbol y cuál es el bosque. Una lectura prioriza el carácter justo de la causa Malvinas y por lo tanto,  la justeza del enfrentamiento por parte de la Argentina en defensa de la soberanía nacional frente al imperialismo británico respaldado por Estados Unidos y la OTAN, a pesar de la conducción política y militar de la dictadura de aquel momento. Mientras que otra prioriza el contexto dictatorial para definir al conflicto del Atlántico Sur. Y en ese sentido, Malvinas es un episodio más de la dictadura e incluso puede ser concebida como la prolongación del terrorismo de Estado practicado en el continente hacia las islas. Eso lleva obviamente sentidos y representaciones atribuidas a los combatientes, a las actitudes sociales del pueblo argentino en aquel momento y obviamente distintas lecturas sobre sobre la Causa Malvinas.

Si tuvieras que definir sobre qué línea caminaron, ¿Cuál sería? 

En el ámbito de las Ciencias Sociales y en particular en el campo de la Historia Reciente, tiende a predominar la lectura dictatorial, que fue la que nosotros conocimos en primera instancia, aunque teníamos nuestras dudas porque para nosotros Malvinas es una causa nacional, popular y antiimperialista y en ese sentido nos parece que vale la pena no mellar el filo de esa causa, para poder inscribirla no solamente en la historia larga de nuestro país y en la construcción de nuestra identidad nacional, sino también porque articula debates de fondo sobre las políticas de soberanía que tenemos todavía pendiente. De alguna manera nos fuimos distanciando de la idea de que  Malvinas fue sólo la guerra, aunque obviamente no negamos su relevancia, fue un punto de inflexión  en nuestra historia reciente, pero al mismo tiempo entendemos que la Causa Malvinas forma parte de la historia larga de la construcción de nuestra nación porque si no, de alguna manera se pierde de vista la dimensión geopolítica y no se puede explicar  lo que fue ese conflicto y sobre todo el desempeño de nuestros combatientes. 


¿Cómo analizan la guerra en sí? ¿El por qué del conflicto?

No analizamos el Conflicto del Atlántico Sur absolutizando las intenciones de la dictadura en aquel momento, que por supuesto tenía que ver con instrumentar una causa nacional para buscar de alguna manera legitimar su permanencia en el poder cuando ya era una dictadura en crisis, socavada no solamente por la crisis de la política económica de Martínez de Hoz, sino también por la creciente resistencia obrera y los organismos de Derechos Humanos que empezaban a poner en jaque con mayor fuerza la situación en la que se encontraba la dictadura. También había mucha disputa interna en ese frente militar que dirigía el país. Entonces, en ese contexto, nosotros siempre buscamos entender Malvinas en la historia larga y el conflicto del Atlántico Sur, de alguna manera, complejizando la mirada, no reduciendo la dimensión geopolítica que se puso en juego en aquel momento a  las meras intenciones de esos dictadores a la hora de entender el Conflicto Atlántico Sur, porque nos parece que es un corsé interpretativo que no termina de dar cuenta de la complejidad de Malvinas y sobre todo de ese acontecimiento histórico tan importante  que ha dejado consecuencias muy grandes en nuestra historia reciente. 

 

¿Cómo se han expandido a partir del 2014?

Nuestro fuerte es el ámbito de la Universidad Nacional de La Plata y obviamente dentro de ella, en particular, la Facultad de Humanidades, aunque en el contexto de pandemia desarrollamos la Red de Investigadores de la Cuestión Malvinas, en la cual hoy participan más de 60 investigadores y docentes de todo el país, que de alguna manera ha hilvanado los esfuerzos y los intercambios de distintos investigadores.

Somos un equipo de malvineros que desarrollamos nuestra actividad en los ámbitos de la investigación, la docencia y la divulgación y en ese sentido trabajamos con seriedad, con amplitud y respetando las reglas de esos ámbitos. Eso de alguna manera es lo que nos ha permitido ganar prestigio y que, en nuestras instancias, en las iniciativas que nosotros impulsamos, todas las personas puedan participar y todas las perspectivas tengan lugar, porque creemos fundamentalmente en el debate colectivo como mecanismo para dar la disputa por el sentido. Desde ese punto de vista, somos un equipo muy amplio, muy diverso, que nos une obviamente la Causa Malvinas, porque además de una causa nacional  y de un nudo académico, es también un drama pasional. En ese sentido creemos que moviliza sentimientos nacionales, populares, antiimperialistas que son muy muy valiosos para poder concebir otra Argentina, soberana y bicontinental.

¿Si tuvieras que definir cuál es la línea que se maneja en la universidad o se manejaba en aquel momento, y a partir de estas diversas voces que mencionás, ¿cómo fue evolucionando, cómo se fue saliendo de esa lógica de dos discursos totalmente antagónicos? 

A estudiantes o a nosotros mismos nos ha pasado muchas veces de estar interesados en la Cuestión Malvinas e ir a buscar alguna persona para que nos oriente o nos guíe, y esas personas, con buena intención, decían, “Mirá, no te metas con Malvinas, es un tema de los militares, es un tema de la derecha, es un tema complicado, mejor andá para otro lado, para otros temas”. Es decir, de alguna manera, Malvinas no garpaba, por decirlo mal y pronto. En cambio, hoy en día creemos que asistimos a un nuevo momento difícil de fechar. No sé si habrán sido los 40 años en el 2022 o el mundial de fútbol, no podríamos precisar pero de alguna manera  esto empezó a cambiar. Con el ascenso del gobierno de Macri, las discusiones de soberanía se fueron volviendo cada vez más urgentes.

¿El hundimiento del submarino ARA San Juan?

Por supuesto. Fue y es todo un proceso que implica discutir si la bandera de Malvinas se la vamos a regalar a la dictadura o la vamos a disputar como una causa del pueblo argentino y como un puente de unidad patriótica y popular en el camino de la liberación de la patria. Entendemos que las nuevas juventudes vienen con otro entusiasmo, vienen sin esos corsés interpretativos que a lo mejor nos atravesaron a nosotros en nuestra época, donde por ahí había en auge otras posiciones y otros perfiles. Y creemos hoy que los temas de soberanía se vuelven muy urgentes y se vuelven muy movilizantes en la nueva juventud. Por supuesto, estoy hablando de los sectores en los cuales a nosotros nos toca trabajar. Me refiero a investigadores jóvenes, me refiero a estudiantes de la Facultad de Humanidades, estudiantes de la Facultad de Periodismo, docentes universitarios, escuelas secundarias, asociaciones deportivas y culturales. 

Obviamente somos conscientes de que con las nuevas juventudes también se discute con las ideas del individualismo, del escepticismo, de la desnacionalización, pero nosotros creemos que hoy Malvinas late con fuerza y se mete a los codazos, pero se mete igual, digamos. Entonces, en ese sentido, creo que ha crecido incluso su presencia en la universidad. Creo que nuestra experiencia colectiva es un ejemplo de eso en la Universidad Nacional de La Plata, pero también están las experiencias, de la Universidad Nacional de Lanús o el Observatorio Gaucho Rivero, que se acaba de formar en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, una universidad en la cual plantear estas cuestiones también es muy cuesta arriba. También hay que mencionar a la  Universidad Nacional de Rosario con el programa Malvinas y Atlántico Sur de Historia; nosotros decimos que Malvinas es como una mirilla para comprender la Argentina.

Mencionabas al Gaucho Rivero; ver cada vez más agrupaciones y cosas a las que se le pone Gaucho Rivero me parece también un signo de lo necesario en esta causa. ¿Podemos hablar de una nueva resistencia a los intentos de desmalvinización?

Totalmente. Frente a la desmalvinización desde arriba siempre hubo una resistencia malvinizadora desde abajo, pero creo que el salto en calidad se da en donde juventudes vinculadas a las Ciencias Sociales y a las Humanidades que por ahí antes se encontraban hegemonizadas por otros paradigmas. Hoy ven la importancia que tiene la soberanía, disputar las causas nacionales, en ese sentido, darles un contenido popular a las causas nacionales, porque en otro momento quizá uno parecía estar obligado a optar entre un nacionalismo sin pueblo o un progresismo  cosmopolita. Vos hoy me preguntabas por las lecturas, nosotros en realidad no estamos en una, no nos paramos en una contra la otra, sino que buscamos unir lo que es la soberanía desde una perspectiva integral, y lo que es la memoria, lo que es la historia larga y la historia reciente de la Cuestión Malvinas. Me parece que en ese sentido es donde cobra mayor gravitación o relevancia para poder analizar y comprender sus disputas simbólicas, sociales, culturales y políticas y dotarlas de todo ese filo que puede ayudarnos a concebir otro proyecto de nación. 

¿Cómo pregna esta cuestión -que puede parecer un detalle- de los carteles con la distancia a Malvinas?

En el ámbito de la investigación, tenemos nuestra revista científica interdisciplinaria Malvinas en Cuestión, editada por la UNLP y la Universidad de Tierra del Fuego. También llevamos adelante las Jornadas de la Cuestión Malvinas en la UNLP, el 11 y 12 de diciembre de este año realizaremos su V edición, con la presentación de más de cincuenta trabajos y paneles con especialistas de lujo. En el ámbito de la docencia, nosotros venimos haciendo un trabajo fuerte con lo que son seminarios de grado y de posgrado en la Facultad de Humanidades y en la Facultad de Periodismo, y también capacitaciones para la docencia universitaria. 

 En el ámbito de la divulgación, venimos desplegando tres grandes iniciativas. La primera es la realización de entrevistras a combatientes de La Plata, Berisso y Ensenada para Voces de Malvinas, un archivo oral de combatientes de todo el país que tiene su canal de YouTube y además queda almacenado en el Archivo General de la Nación para que esas vidas, historias y experiencias queden para la posteridad, es un trabajo de Memoria. La segunda es la Campaña de Difusión del Mapa de la Argentina Bicontinental, que la llevamos a cabo en escuelas, en institutos de formación docente, y en asociaciones barriales y culturales. Y la tercera es la Campaña de Señalización. “Malvinas siempre estuvo cerca” que tomamos como inspiración la propuesta de la provincia de Buenos Aires que está impulsando en escuelas y jardines. Básicamente consiste en colocar placas con la distancia a nuestras islas como la que colocamos en la Comunidad Ferroviaria, en la Facultad de Humanidades, en la Facultad de Periodismo y en la Facultad de Ciencias Naturales. Seguimos trabajando para que estas placas estén en todas las facultades de nuestra universidad y por supuesto en otras asociaciones populares, culturales, sociales, etcétera. Buscamos incorporar Malvinas en nuestros espacios cotidianos para fortalecer una conciencia malvinera y una perspectiva de nación, como te decía hoy, austral, bicontinental. con soberanía integral. Eso nos pone de relieve de alguna manera frente  a las generaciones jóvenes. Queremos contribuir en ese camino para poder tener otro destino nacional.

Pujante, argentino y del sector privado: SPI, el astillero que apuesta a la industria naval a pesar del desguace

Pujante, argentino y del sector privado: SPI, el astillero que apuesta a la industria naval a pesar del desguace

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Horacio Tettamanti es ingeniero naval y mecánico, fundador de Astilleros SPI, y diseñador de todas sus plantas. En comunicación con él, Trinchera dialogó sobre el presente de la empresa, y el recorrido que sufrió el sector tras su desarticulación en la década menemista hasta el presente.

¿Qué es SPI?

SPI es el astillero privado y tecnológico más importante de la Argentina afortunadamente. En este momento estamos instalados en 4 lugares: en Campana, en El Tigre, en Mar del Plata y en Santa Cruz.

¿Cómo describirías la evolución del sector naval desde la creación de la Marina Mercante (1941) hacia el presente?

Es evidente que desde la década del 90 prácticamente la industria naval fue abandonada en la Argentina. Sacando algunos intervalos pequeños en estos años de la democracia, ha sufrido una devastación de todas sus capacidades, y estamos tratando de que la industria naval continúe, porque a nivel tecnológico Argentina es un país muy importante. Estamos a la altura de los más importantes del mundo, no tenemos ninguna limitación, disponemos de las tecnologías más avanzadas y de hecho se construyen en la Argentina los barcos más complejos que se pueden hacer y además exportamos ingeniería.

¿Cuál es el presente de la industria?

Estamos a la espera de que, en algún momento, las políticas públicas comprendan que el quinto país del mundo en litoral marítimo y fluvial no puede carecer de industria naval. Sin embargo, hoy enfrentamos una situación que nos discrimina de manera negativa: en Argentina se subsidia la importación de buques usados, mientras que en países como España ocurre exactamente lo contrario: se subsidia la construcción, se protege la industria y se promueve la exportación.

La Argentina no solo carece de políticas que contrarresten esta competencia desleal, sino que, por el contrario, penaliza a los astilleros locales. La situación llega al extremo de que el acero producido en el país se consigue más barato en el exterior que en los propios mercados locales, lo que evidencia una ausencia total de atención estratégica hacia un sector decisivo para el desarrollo soberano.

¿En qué momento situás el punto de inflexión de este presente?

Mirá, está claro que a partir de la década del 90 hubo un objetivo muy claro del consenso de Washington de desmantelar en los países periféricos todas las capacidades estratégicas, ahí se determinó el cierre de ELMA (Empresa Líneas Marítimas Argentinas), de la flota de YPF, de toda la flota fluvial del Estado, la desaparición de los argentinos en el agua y bueno, el viejo principio de los ingleses que los argentinos teníamos que estar de tranquera adentro, que de tranquera afuera se ocupaban ellos, se materializó.

La industria naval fue uno de los objetivos y lo sigue siendo. Es un objetivo estratégico de estos intereses que la Argentina no tenga industria naval, con lo cual no deja de ser una buena noticia de los que todavía resistimos e insistimos y mantenemos una industria naval de alto nivel. Peor no podemos estar, más daño no nos pueden causar, y nosotros seguimos insistiendo. Yo soy muy optimista porque creo que la base técnica de los obreros, de los técnicos, y de los ingenieros navales es del más alto nivel. Lo interesante es que a pesar de todo y contra todo, seguimos insistiendo, seguimos estando y seguimos siendo actores a nivel internacional.

¿Cómo se resuelve esto?

Pienso que es cuestión de que la Argentina empiece a retomar un camino mínimamente de racionalidad. Es absolutamente inexplicable que semejante país como la Argentina carezca de barcos, y creo que a partir de ahí vamos a empezar a retomar el camino, a volver a ser como fuimos: uno de los referentes mundiales en esta industria.

¿Cómo pensás que puede perjudicar el desfinanciamiento en las escuelas técnicas?

Si bien ha sido negativo el desmantelamiento de las escuelas técnicas, sin ninguna duda, en lo que es referente a naval, todavía la UTN (Universidad Tecnológica Nacional), la UBA (Universidad de Buenos Aires) y la ITBA (Instituto Tecnológico de Buenos Aires) sostienen las carreras de ingeniería naval. La Universidad de Quilmes mantiene arquitectura naval de muy alto nivel, hay todavía escuelas técnicas en San Fernando, y por otro lado es también muy importante la contribución que hacen los sindicatos y las empresas, que sostenemos y desarrollamos una política de capacitación permanente, con lo cual, digamos, podemos decir que en lo que es naval específicamente, hemos mitigado esa cuestión, y no veo un cuello de botella ahí. Al contrario, me parece que la Argentina en ese sentido, en la parte naval, ha sido ejemplar.

¿Ves potencial para rearmar la flota con YPF, así como Brasil con Petrobras?

Yo creo que la discusión de si una empresa petrolera tiene que tener o no flota propia está zanjada. Me parece que una empresa petrolera se tiene que dedicar a upstream (exploración y producción de crudo), y down stream (refinación), y el negocio del flete me parece que debería ser tarea de armadores. No creo que el problema sea que YPF haya perdido la flota, el problema que tiene Argentina es que ha entregado el agua, ha entregado los ríos, ha entregado el Atlántico Sur, y no tiene ningún tipo de protección al cepo logístico y a la trampa logística que tenemos.

La marina mercante no nace en los barcos, sino en la normativa y en la soberanía marítima. Argentina no es un paraíso fiscal para poder fabricar bandera de conveniencia. Yo creo que si el río Paraná y el Río de la Plata mal llamado hidrovía es entregado, me parece que eso es el certificado de defunción que va a garantizar que la Argentina nunca más tenga buques.

Hay que modificar el modelo de navegación, ahí nace la posibilidad que Argentina recupere la marina mercante. Con este modelo de navegación que se pretende continuar y profundizar con la nueva licitación, así los marineros sean esclavos, no va a haber ninguna posibilidad de recomponer nuestra flota. La flota se va a recomponer si Argentina recupera la soberanía plena de su río Paraná, del Río de la Plata y del Atlántico Sur.


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De la Desmalvinización a la Disuasión

De la Desmalvinización a la Disuasión

TIEMPO DE LECTURA: 13 min.

La recuperación de las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y sus espacios marítimos, tal como lo ordena nuestra Constitución Nacional, es un objetivo permanente e irrenunciable del Pueblo Argentino. De este mandato soberano se desprende, como imperativo de la defensa nacional, la necesidad de desarrollar y fortalecer todos los medios necesarios para afirmar, defender y eventualmente restituir nuestros derechos frente al poder ocupante (nuestro enemigo histórico, el Reino Unido de Gran Bretaña), mientras persista su usurpación ilegítima de nuestros territorios australes y sus pretensiones sobre la Antártida Argentina.

La soberanía no es declamativa; se ejerce. Como enseñaban los pioneros antárticos Pujato, Leal y Olezza, la soberanía existe en la medida en que se la hace efectiva. De lo contrario, se reduce a un significante vacío, una promesa incumplida para la Nación.

Para alcanzar el doble objetivo estratégico en el Atlántico Sur —recuperar lo usurpado y ejercer lo propio de manera incontestable— identifico cinco áreas fundamentales. En términos castrenses: en la retaguardia profunda se encuentran la cultura identitaria, la educación patriótica y el desarrollo científico-tecnológico e industrial soberano. En la vanguardia inmediata actúan, de manera coordinada, la política exterior y la Defensa Nacional.

Las Fuerzas Armadas son el instrumento esencial del poder nacional para materializar estos objetivos. ¿Qué es la Defensa Nacional? Es un bien público supremo, cuya ausencia solo se percibe en la crisis. Se vincula a la existencia, permanencia y desarrollo libre de la Patria. La Ley 23.554 la define como “la integración y la acción coordinada de todas las fuerzas de la Nación para la solución de aquellos conflictos que requieran el empleo de las Fuerzas Armadas, en forma disuasiva o efectiva, para enfrentar las agresiones de origen externo”. Su fin es garantizar la soberanía, la independencia, la integridad territorial y la autodeterminación. Abarca todo nuestro espacio soberano: continental, insular, marítimo, aéreo y el sector antártico. La ley es clara: la Defensa Nacional es un derecho y un deber de todos los argentinos.

Las FF. AA. son el instrumento que la Defensa Nacional esgrime para poder cumplir sus objetivos. Ahora bien, ¿Qué es la Defensa Nacional? Es un bien intangible, sólo se siente su ausencia ante emergencias nacionales. Está vinculada a la existencia, permanencia y desarrollo de una Nación. De acuerdo con la Ley de Defensa Nacional N°. 23.554, el textual afirma: es la integración y la acción coordinada de todas las fuerzas de la Nación para la solución de aquellos conflictos que requieran el empleo de las Fuerzas Armadas, en forma disuasiva o efectiva, para enfrentar las agresiones de origen externo.

Su fin es garantizar de forma permanente la soberanía e independencia de la Nación Argentina, su integridad territorial y capacidad de autodeterminación, proteger la vida y la libertad de sus habitantes. Abarca los espacios continentales, islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y demás espacios insulares, marítimos y aéreos de la República Argentina, así como el sector antártico argentino.

La misma Ley define a las FF. AA. como el instrumento militar de la Defensa Nacional y, tal como mencionamos más arriba, prevé su integración con medios humanos y materiales orgánicamente estructurados para posibilitar su empleo en forma disuasiva y efectiva. Y nos da un dato no menor, la Defensa Nacional constituye un derecho y un deber para todos los argentinos.

Sin embargo, en la actualidad nuestra Defensa Nacional enfrenta graves problemas. Con el retorno de la democracia en 1983, una parte de la sociedad y gran parte del campo intelectual, especialmente el progresista, se planteó la necesidad de desarmar y reducir al mínimo nuestras Fuerzas Armadas (FF. AA.). Después de la enorme catástrofe que significó la dictadura cívico-militar para nuestro país, era entendible y lógica la fractura entre la institución militar y la sociedad argentina.

Esta concepción se vio reflejada en la desmalvinización y en el drástico descenso del porcentaje del PBI destinado a Defensa en los primeros años de democracia, que cayó del 3,5% del PBI en 1983 al 1,8% en 1989. Durante la década de 1990, dicho presupuesto siguió disminuyendo hasta cerrar el decenio en el 1,1%. A esto hubo que sumarle el cierre y/o privatización del 90% de las empresas relacionadas con el sector.

En la actualidad, año 2025, Argentina continúa profundizando su deterioro presupuestario en materia de Defensa, con una inversión equivalente al 0,62 % de su PBI, marcando una tendencia decreciente y generando un obvio impacto negativo en las FF.AA. Hace pocos días se supo que el porcentaje del PBI destinado a la Defensa para el 2026 es aún más bajo, tocando un piso histórico negativo absoluto al proyectarse destinar sólo el 0,57% del PBI. Este gobierno por más que discursivamente dice una cosa, en los hechos no hace más que profundizar la desinversión y el abandono al cual nuestras FF. AA. han sido sometidas durante los últimos 40 años. Esta cifra, la más baja de la historia, preocupa principalmente por dos razones:

La falta de un presupuesto acorde a los gastos proyectados para el próximo ejercicio puede generar una subejecución presupuestaria en las fuerzas para cuidar y racionar (aún más) los escasos fondos percibidos para su funcionamiento, generando un deterioro en infraestructuras, mantenimiento de medios, etc. Cabe recordar que el esfuerzo que todos los países del mundo dedican a la Defensa, se mide únicamente por medio del porcentaje del PBI destinado a la misma. Esto genera un marco de previsibilidad que permite a las Fuerzas Armadas proyectar en el tiempo el uso de sus partidas al tiempo que poder prever con certeza el porcentaje de fondos que podrán destinarse en el futuro a nuevos programas de equipamiento.

El segundo problema derivado de este bajísimo número que el gobierno pretende para Defensa es que demuestra que el Ejecutivo cree posible sostener una gestión eficiente en materia presupuestaria por medio de partidas extraordinarias sin comprender el daño que esta práctica genera en los horizontes presupuestarios que cada fuerza debe manejar. Sin un horizonte previsible, que es precisamente lo que debería garantizar el % de PBI para Defensa, es imposible que las fuerzas puedan proyectar a mediano plazo programas de equipamiento o adquisiciones de nuevos sistemas de armas, sobre todo en tanto su asignación y ejecución presupuestaria sigan dependiendo de la discrecionalidad política del momento.

Esta cifra nos sitúa como el país sudamericano con menor esfuerzo relativo en la materia, incluso por debajo de economías de mucha menor escala como Guyana o Bolivia.

¿Es esta política correcta? ¿Puede sobrevivir un Estado en la actualidad sin poder de disuasión? Es decir, sin unas FF.AA. modernas, bien equipadas y entrenadas. La respuesta es un rotundo no. El no poder utilizar a las Fuerzas Armadas para sus misiones principales, especialmente con respecto a la seguridad internacional, debilita no solamente la capacidad nacional sino también la estructura democrática.

Debemos comprender que la principal función de las FF.AA. no es la de defender al país ante un ataque, sino brindar una capacidad disuasiva suficiente para que ese ataque jamás ocurra.

Nuestra Nación debe mirar al Atlántico Sur. No hacerlo y descuidar los intereses que tenemos en dicho mar sería un error que sin dudas puede afectar incluso nuestra existencia como Nación. Teniendo en cuenta que el 85% de nuestro comercio se realiza por vía marítima, y siendo conscientes de la magnitud de los recursos renovables y no renovables que se encuentran en el mar (de hecho, lo llamamos Pampa Azul) sobre el cual tenemos jurisdicción, si no pensamos una estrategia que tenga en cuenta el valor geopolítico del mismo estaríamos cometiendo un error gravísimo. Y es que el Atlántico Sur no es sólo importante por los recursos naturales, sino que también este mar nos conecta a las Islas Malvinas, nos conecta a la Antártida y además permite los pasos interoceánicos que se encuentran a nuestro alrededor.

En nuestro país la principal vulnerabilidad en el área del Atlántico Sur ha radicado históricamente en la falta de conciencia por parte del Estado y de su población acerca de las amenazas que enfrenta. Expertos en geopolítica de otros países han descripto al mar como el punto débil de Argentina[1]. Nuestro país tiene la imperiosa necesidad de controlar y proteger cinco complejos geopolíticos fundamentales: el Frente Marítimo, el Área focal de la Provincia de Buenos Aires, las islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur, el Polo Patagónico Austral y, por último, la Antártida. Aunque ésta falta de conciencia ha ido desapareciendo lentamente en los últimos años en lo declamativo al menos, el supuesto cambio de mentalidad no se ha transformado en acciones concretas y la defensa nacional sigue sin centrarse en recuperar nuestros territorios usurpados y continúa en el camino de la desinversión constante. Hay sectores tanto del campo popular como de la llamada derecha que dicen defender a la Patria. En sus discursos afirman mirar al sur con objetivos claros: lograr la cohesión territorial y la integración de las tierras al sur de Tierra del Fuego. Sin embargo, parece que esa mirada al sur se diluye, los últimos por tener el propósito fijo de subordinación frente a los Estados Unidos e Israel y otros por despreciar a las Fuerzas Armadas, negar todo intento de fortalecimiento de estas y acusar de militarismo o de nacionalismo chauvinista a quiénes intentan dar una discusión real sobre las FF. AA. y su rol en la Defensa Nacional y la recuperación de los territorios usurpados por el enemigo.

La función estratégica básica de nuestras Fuerzas Armadas no es otra que la de brindar a nuestro país un instrumento para proteger su territorio, su espacio marítimo y su proyección en el continente antártico para que sea capaz de proyectar poder para denegar el acceso a actores no deseados y resguardarlo para los propios propósitos.

Tal y como señaló hace tiempo el Contralmirante Martin: “Ningún país que se precie de serio puede carecer de pensamiento geopolítico y de un sistema de defensa acordes con los objetivos nacionales”[2]. No podremos hacer efectiva nuestra definición de ser una nación bioceánica y bicontinental de otra manera, y en la medida que no podamos resolverla, la recuperación de las islas Malvinas y el ejercicio de soberanía plena en nuestro sector antártico no pasará de ser una utopía distante.

La Defensa es una responsabilidad del Estado y es obligatorio para todos los ciudadanos, constitucionalmente, acudir a realizarla ante cualquier necesidad, por lo que debería ser parte de la problemática a atender por todos los argentinos. Es tiempo de que los ciudadanos comunes se interesen por estos temas. Los académicos y los comunicadores deberían ser los primeros en volcarse a aprender sobre las herramientas que tiene nuestra Patria para defenderse.

La disuasión es un componente esencial de la política internacional y uno de los aspectos básicos de la misma es la credibilidad. Necesitamos apoyar nuestros discursos patriotas con hechos concretos que le muestren al mundo, y especialmente al gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña, que realmente hablamos en serio cuando decimos que las Malvinas son Argentinas y que somos un país bicontinental que al Sur limita con el Polo.

A continuación, dejo algunas sugerencias respecto a que se podría hacer para darle músculo a nuestra Defensa.

Hay que romper con la política de Estado llevada a cabo durante los últimos 40 años de desinversión en defensa (con excepción de la gestión Taiana entre 2020 y 2023). La Argentina debe revertir de manera urgente y planificada la crónica desinversión en su defensa. El objetivo estratégico ineludible es cuadruplicar el presupuesto del sector, estableciendo por ley una trayectoria ascendente y obligatoria que eleve gradualmente la asignación desde el 0.6% actual del PBI hasta un piso del 2%. Este porcentaje no es una cifra arbitraria, sino un estándar mínimo que nos alinearía con el esfuerzo de naciones vecinas que comprenden el vínculo entre defensa y soberanía: Brasil (1.1%), Chile (1.6%), Uruguay (2.3%) e, incluso, Colombia (3.4%), quien destina una proporción significativamente mayor a garantizar sus intereses nacionales. Resulta paradójico y alarmante que, reclamando la soberanía sobre un territorio ocupado por una potencia militar, seamos el país que menor esfuerzo relativo realiza en defensa en toda Sudamérica.

Para transformar esta declaración en realidad, se propone un Plan de Reinversión Estratégica Gradual (PREG) a 6 años, con metas legalmente vinculantes:

Año 1 (Ley de Financiamiento Base): Establecimiento del PREG por ley del Congreso, fijando el objetivo del 2% del PBI y blindándolo de recortes discrecionales.

Año 1 al 3 (Fase de Recuperación Crítica): Incremento anual de 0.25 puntos del PBI. Los fondos se destinarán prioritariamente a: 1) frenar el deterioro operativo (mantenimiento crítico de medios, infraestructura y salarios), 2) reactivar proyectos de recapitalización congelados, y 3) reforzar la presencia logística en el Atlántico Sur.

Año 4 al 6 (Fase de Desarrollo de Capacidades): Incremento anual de 0.2 puntos del PBI. Con una base financiera saneada, el foco pasará a: 1) programas de equipamiento mayor (capacidades A2/AD, vigilancia y control marítimo, movilidad estratégica), 2) inversión acelerada en la Base Industrial de la Defensa, y 3) modernización de sistemas de comando, control e inteligencia.

Año 6 (Meta de Disuasión): Alcanzar y sostener el 2% del PBI. Este nivel permitirá no solo una fuerza disuasiva creíble para la defensa de nuestros espacios soberanos, sino también una previsibilidad presupuestaria que habilite ciclos de planeamiento y adquisición a mediano y largo plazo, acabando con la lógica del “parche” y la emergencia permanente.

Esta escalada gradual, consensuada y plasmada en ley, enviaría una señal inequívoca de seriedad estratégica al país y al mundo, transformando la retórica de la soberanía en un instrumento concreto de poder nacional.

La política de defensa debe plantearse en función de la usurpación británica. Todos nuestros esfuerzos deben estar orientados al Atlántico Sur. Esto implica definir los medios materiales, la infraestructura, los recursos humanos, la inteligencia, la logística, el adiestramiento, la doctrina y la organización en consideración de la principal amenaza a nuestra seguridad. La Argentina debe recuperar el Fondo Nacional para la Defensa (FONDEF). El FONDEF probó ser una gran herramienta para recuperar, reequipar y modernizar a las FF. AA. El gobierno de Javier Milei le ha sacado la fuente de su financiamiento, quiénes lleguen al gobierno nacional después de él, y se precien de ser nacionalistas deben instituir su financiamiento por ley y aumentarlo.

Hay que capacitar a los oficiales y suboficiales de las FF. AA. en asuntos de geopolítica situada. No puede ser que nuestros mejores oficiales viajen a EE. UU. a aprender doctrinas geopolíticas que nada tienen que ver con los intereses nacionales.

Debemos recuperar las empresas estratégicas para la Defensa Nacional. FAdeA, Tandanor, Fabricaciones Militares, IMPSA, Astilleros Río Santiago, INVAP, ARSAT.

Tenemos que fortalecer la presencia militar y científica en el Atlántico Sur a partir del aumento de sus capacidades de defensa de sus costas, de anti-acceso, de denegación de área (A2/AD) y de control del mar.

Por otro lado, es imperativo dar una discusión seria para mejorar el subregimen de promoción industrial de TdF teniendo en cuenta los intereses geopolíticos nacionales como marco teórico. Y digo mejorarlo, no cancelarlo o desmantelarlo como este gobierno e incluso algunos académicos (como los que integran FUNDAR) están intentando hacer en la actualidad.

La Argentina debe recuperar las capacidades submarinas y los medios aeronavales y fortalecer la flota de mar en general.

En el comedor de la Base Marambio hay una bandera argentina que reza la siguiente inscripción: “Cuando llegaste apenas me conocías, cuando te vayas me llevarás contigo”. A los antárticos nos gusta repetir que no se puede amar lo que no se conoce ni defender lo que no se ama.

Son los hombres y mujeres de nuestras Fuerzas Armadas quienes nos permiten al resto de los ciudadanos argentinos conocer nuestro territorio más austral, valorarlo y aprovecharlo. En medio de un presente geopolítico cambiante y turbulento y un futuro incierto, podemos mencionar una frase de cabecera del gran Almirante Storni, el hacía referencia a la defensa marítima, pero se puede hacer extensiva a la Defensa de todo el territorio nacional: “Y esto es bueno que el pueblo argentino lo sepa, que el Honorable Congreso lo tome en cuenta y que los hombres de Estado lo mediten”[3].

Los tiempos de diagnósticos han pasado. Nuestro país se encuentra en una encrucijada crítica que puede desembocar en la balcanización o en una condición colonial permanente. Sin embargo, en medio de este panorama, se abre una ventana de oportunidad inmejorable: el nuevo mundo multipolar se redefine en un cambio geopolítico acelerado, donde el coraje y la claridad estratégica de las naciones serán recompensados. Los que amamos a esta Patria tenemos el deber de proponer soluciones concretas, viables, y impulsarlas con la determinación de quien se sabe forjando su destino.

No es hora de nostalgia, sino de potencia y decisión. La disuasión no se negocia, se construye. La soberanía no se espera, se ejerce. Debemos actuar con la claridad de aquellos pioneros que, mirando al Sur, entendieron que la Patria se defiende con hechos en el presente. El camino es uno solo: voluntad política inquebrantable, inversión estratégica sostenida y unidad de acción nacional.

O somos artífices de nuestro resurgimiento como potencia bicontinental, o seremos rehenes de un ocaso irrevocable. La ventana aún está abierta. La historia nos juzgará por la decisión que tomemos en este instante. La hora crucial para nuestro pueblo es ahora.


[1] Koutoudjian, A. y otros. “Geopolítica del mar argentino”. Instituto de Publicaciones Navales, Bs As, 2015, pág. 322.

[2] Koutoudjian, A. y otros. “Geopolítica del mar argentino”. Instituto de Publicaciones Navales, Bs As, 2015, pág. 360.

[3] Storni, Vicealmirante Segundo. “Los intereses argentinos en el mar”. 2° Ed. Armada Argentina, Buenos Aires, 2009, pág 102.

David Pizarro Romero

Lic. en Historia por la Universidad del Salvador (USAL) y Prof. en Historia también por la Universidad del Salvador (USAL). Mg en Estrategia y Geopolítica por la Escuela Superior de Guerra (ESG-UNDEF). Investigador del Instituto de Asuntos Internacionales y Estudios Políticos Manuel Ugarte, Universidad de Lanús (UNLa). Antártico.

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