Argentina en el Atlántico Sur

Argentina en el Atlántico Sur

TIEMPO DE LECTURA: 12 min.

El actual dossier lleva por nombre “Bicontinentalidad, bioceanidad y Atlántico Sur”. Esto se debe a: la posición bi-continental de Argentina (entre América y la Antártida), la posición bi-oceánica (entre el océano Atlántico y Pacífico), y por último, la referencia al Atlántico porque una gran parte de todo el territorio del país se encuentra en este, entre la porción antártica, Malvinas, Georgias, Sandwich y la plataforma marítima.

¿Por qué hacer un dossier entero sobre ello? Resulta importante entender el valor estratégico, en calidad y cantidad de recursos que toda esta superficie sugiere, pero, sobre todo, mencionarlo hasta el hartazgo, ya que no es un tema instalado en el común denominador de la población, así como el hecho de que gran parte de este territorio está invadido por Gran Bretaña (no sólo las Islas Malvinas).

De esa manera, mientras otros artículos profundizarán sobre la exactitud de las riquezas del suelo en cuestión, u otros más, en la ocupación británica en cuestión, en el siguiente texto se narrará la historia de Argentina con estos suelos desde su momento fundante, que situamos en la defensa a las invasiones inglesas de 1806 y 1807.

¿Y por qué recopilar esta historia? Porque la ocupación y población de un territorio es un argumento pujante a la hora de reclamarlo, y ha sido, en el caso de Malvinas, el mejor aliado de la Argentina para disputar su tenencia tras la invasión de Gran Bretaña y lo será, en caso de la Antártida, si llegase el momento de discutirlo también.

Islas Malvinas 

El caso más conocido y emblemático de nuestro país. Su historia se remonta al mismo “descubrimiento” de América por parte del reino de España, por lo menos en 1520, en donde varias historiografías coinciden en el avistamiento de Fernando de Magallanes. Aunque previamente, en 1501, también existen datos sobre un avistamiento (no comprobado) de Américo Vespucio. Por su parte, Inglaterra afirma haber realizado un primer avistaje en 1592, lo cual dará pie a su puja posterior.

Para entender este contexto, es importante recordar que los distintos reinos europeos se encontraban en plena batalla por la dominación de los mares que abrían puertas a “nuevas tierras”. Todo esto, por supuesto, entendiendo que fue la historiografía y visión eurocentrista que se impuso ante la matanza de quienes ya residían en otras tierras y la aniquilación de una gran parte de sus memorias.

Así, reinos como Gran Bretaña, España, Francia, Portugal, Holanda, entre otros, merodearon América. España y Portugal se asentaron en el sur, Holanda en el centro, Francia e Inglaterra del centro al norte. Pero ello no quita que hayan existido disconformidades u otras aspiraciones entre medio.

Tal es así que, no solo Inglaterra merodeó desde aquel momento Malvinas, si no que, tras el avistaje de España, Francia también ocupó el archipiélago y de hecho fue el primero en formar un asentamiento permanente con el “Port Saint Louis”. Lo hizo a espaldas de España, en un marco de alianza que no le permitía a Francia tomar posesión en el sur de América.

Si bien el reino español retomó el poder diplomático de las islas en pocos años, es importante entender que estos diversos intereses no son casuales: todos los reinos se disputaban las rutas comerciales del mundo a través de los mares, y sabían que tomar posesión de alguna isla como base significaría tener un lugar desde donde pujar el pasaje entre el Atlántico y el Pacífico en el sur. Una lógica que aún predomina y es más fuerte en el presente: el futuro llegó. 

El principio de posesión del reino de España a través del Virreinato del Río de La Plata sobre las Islas Malvinas es, por excelencia, el primer argumento diplomático con el que la Argentina cuenta incluso desde antes de formarse como tal. Una vez independizadas las Provincias Unidas, todo el territorio de ese virreinato correspondía a ese conjunto. 

En el acta de independencia de la corona española las mismas Islas fueron confirmadas como pertenecientes a la provincia de Buenos Aires, y a partir de allí las provincias unidas ejercerían la plena soberanía hasta 1833. Sin embargo, recién en 1829, luego de la consolidación del confederalismo, se designó a un responsable de las islas.

El por entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Martín Rodriguez, designó a Luis Vernet como comandante Militar y Civil de las Islas Malvinas, quien se mudó allí e incluso dio vida a la primera ciudadana oficial de las Islas, Matilde Malvina Vernet. Incluso desde una visión de población “natural”, la Argentina tiene los argumentos en su favor.

Pero Inglaterra tenía un plan histórico de ocupación sobre los mares y no se quedaría de brazos cruzados solo porque el pueblo bonaerense le cerró las puertas en 1806 y 1807. Cuatro años más tarde de la designación de Vernet, con el argumento de una “expedición de investigación”, los piratas zarparon a las islas.

El ataque obtuvo resistencia a través de una tropa de trabajadores de las islas comandadas por Antonio “El Gaucho” Rivero, que se levantó contra los británicos y volvieron a izar la bandera argentina. Los piratas regresaron a su archipiélago real pero por supuesto, contraatacaron. Rivero prevé esto, pero los refuerzos de Buenos Aires nunca llegaron y el regreso de los ingleses un año después fue definitivo. Rivero y los suyos fueron encarcelados y enviados hacia Inglaterra primero y luego de regreso a Buenos Aires.

Desde ese momento, Inglaterra comenzó su plan de autoimplantación de población, los llamados “Kelpers”, que diagramaron un argumento legal al mismo tiempo que ejercían la ocupación. 

Antes siendo Provincias Unidas, y luego Argentina, este pueblo jamás dejó de anteponer sus argumentos ante organizaciones y juzgados internacionales, ya que la diferencia militar entre ambos países fue y es holgada. Incluso en 1974, bajo la presidencia de Juan Domingo Perón, y luego en las continuación con María Estela “Isabelita” de Perón, se profundizó la estrategia proveyendo a los isleños de gas natural a través de YPF.

Fueron años de esfuerzos diplomáticos interrumpidos por un manotazo de ahogado de la última dictadura cívico militar en su etapa más senil, cuando decidió enviar tropas de jóvenes argentinos de entre 18 y 20 años a “recuperar las islas”. 

El resultado es el conocido ampliamente y Argentina hoy apuesta nuevamente a la vía diplomática, no solo en contra de Gran Bretaña, si no de los lobbies internos que esta ejerce a través de narraciones como la de los kelpers o prohibiciones de explotación cercanas al área marítima argentina a través de ONG´s en su mayoría británicas, disfrazadas de ambientalistas.

Todo ello forma parte de la malvinización en la que se profundizará en otros artículos. No obstante, es importante no dejar de mencionar que la Argentina aún conserva su estrategia y que desde 1957 lo hace de manera integrada hacia todo el Atlántico Sur con la creación de la provincia Tierra del Fuego, la cual unifica las porciones marítimas, antárticas e isleñas.

Tierra del Fuego 

No como provincia sino como territorio, desde 1884, tras aniquilar gran parte de la población originaria, se estableció el “Territorio nacional de la Tierra del Fuego”, pero recién en 1957 se le añadió “Antártida e Islas del Atlántico Sur”, completando ese nombre. Finalmente, en 1991 adquirió el carácter provincial bajo el nombre definitivo “Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur”.

Para entender a la provincia en sí misma es importante pensar en su posición estratégica: es un mirador perfecto a toda la superficie del Atlántico Sur, en donde Argentina se disputa cara a cara con Inglaterra desde que reside en Malvinas. Su capital, Ushuaia, es el territorio más cercano del mundo a la Antártida (aproximadamente 1600 km). ¿Por qué el hombre querría habitar territorios complejos en cuanto a temperaturas como los polos, tanto ártico como antártico, o las provincias más boreales o australes? Sencillamente por su valor estratégico. Por esto mismo Gran Bretaña merodea el sur y los mares, pero también pelea en el ártico (que sería mucho más lógico por proximidad) así como Rusia, Estados Unidos u otras potencias.

Si bien Argentina no tiene el potencial militar para asemejarse a tales monstruos internacionales como los mencionados anteriormente, tiene, al igual que en Malvinas, una posición territorial y diplomática que da sólidos argumentos para la disputa. 

Por ello resulta imperiosa la necesidad de ocupar el territorio austral fueguino, hecho que no sucederá si no se otorgan ciertos métodos para hacer atractiva la experiencia de vida en esa tierra. Para esto, en 1972, un desgastado gobierno dictatorial al mando de Agustín Lanusse creó el Régimen de Promoción Industrial de Tierra del Fuego. 

Como podemos ver en la recuperación de hechos, la mayoría de construcciones no son hitos de un solo gobierno, muchas veces incluso ni siquiera suceden en el mismo siglo, si no que se pueden enmarcar en “políticas de Estado”. Esta es una buena noticia, ya que el relato agotador de la “grieta” gráfica el sentido de que los argentinos no nos pusimos de acuerdo nunca en nuestra vida. Si bien es verdad que hay líneas de diferencias marcadas, por suerte también hay excepciones en las que se han respetado líneas comunes de acción.

Continuando en el relato: el cambio de ciclo estaba por concretarse hacia el año 1972, en el que el propio Lanusse ya había llamado a elecciones con la participación del Partido Justicialista, tras 18 años de proscripción. Se crea entonces un régimen que liberaba del pago del Impuesto al Valor Agregado (IVA), ganancias y hasta importaciones para quienes residan en Tierra del Fuego (TDF).

La última medida fue fundamental para generar fuentes de trabajo en la isla: con la casi libre importación, la provincia comenzó a ingresar industria tecnológica y ensamblar, agregándole valor y proveyendo al país, por ejemplo, con aires acondicionados o celulares.

Creer que este movimiento tiene por fin la óptima distribución de productos tecnológicos de la mejor calidad al mejor precio sería ignorar todo lo anterior contado; se trata simplemente de la imposición de una industria, a cambio del control de la zona más estratégica del país y una de las más importantes del mundo. 

En la actualidad, el gobierno de La Libertad Avanza quitó los beneficios impositivos a industrias como la textil en TDF, hecho que sucede en un marco de discusión y críticas al régimen de incentivos, por lo menos desde la presidencia de Mauricio Macri en 2016. 

Estos actores políticos abrieron la discusión sobre el régimen desde una óptica meramente económica sobre las industrias en cuestión, dejando de lado el sentido de desarrollo en el territorio e incluso la futura exportación de los recursos del mismo (si se viera desde una óptica de economía primaria, como lo es la de los actores nombrados). Desde una óptica de sector secundario y distribución interna, en cambio, habría que restar además cuan más barato puede salir la energía o el combustible, extraídos de la misma zona.

Traducido en criollo: si al argentino de la provincia del centro o norte del país le va  salir mas caro un aire acondicionado por el valor agregado de TDF en vez de la importación, a eso habría que restarle luego el valor en el que se puede reducir el costo de la energía o el combustible tanto para el hogar como para el resto de industrias y logísticas en el país. Es sacrificarse “manteniendo” una industria para poder hacerse con recursos vitales que se disputan las grandes potencias, lo que se dice “estratégico”.

¿Puede existir un mejor régimen? Sería poco ambicioso pensar que no, por lo que no es mala palabra la discusión, pero sí sería una pantomima mal intencionada tener el debate a medias, ignorando el origen y la búsqueda del régimen incentivo.

Antártida

En último lugar, la síntesis y quizás el fin de búsqueda de esta disputa geopolítica sea el llamado continente blanco. Por supuesto que en los archipiélagos ocupados por Gran Bretaña y en sus alrededores marítimos existen incalculables recursos, así como en la misma Patagonia argentina. Sin embargo, la Antártida es aún más codiciada por su nivel de “virginidad” en la tierra. Un terreno prácticamente aislado de la vida humana y en el que la mayor actividad fue ejercida justamente por Argentina. 

La relación de Argentina con la Antártida se remonta, por lo menos, hacia 1904. Habiendo participado el gobierno argentino en diversas investigaciones científicas, y en línea con el histórico posicionamiento de independencia que declaraba a todos los territorios del Atlántico sur como parte de las Provincias Unidas, la Argentina se hizo oficialmente de una base en enero de 1904, en herencia de una investigación escocesa.

El antecedente data de un año atrás, en 1903, cuando William Speirs Bruce, a cargo de una expedición antártica nacional de Escocia llegó a las costas de las Orcadas del Sur, en donde quedó atrapado en medio de hielos. Sobrevivió con la construcción de una especie de casa precaria hasta la llegada del verano, cuando los hielos se derritieron lo suficiente como para emprender el regreso.

Bruce se acercó hasta Buenos Aires con la oferta al Gobierno nacional de vender el proyecto y la “base” llamada “Omond House”, con el interés de que se continúen con las investigaciones. Así es como en enero de 1904 Argentina adquirió la que un mes después pasaría a llamarse “Observatorio Orcadas del Sur”. El 22 de febrero se izó por primera vez la bandera argentina y el país se afirmó como el primero en tener presencia ininterrumpida en el continente, desde aquella fecha hasta la actualidad. Como no podía ser de otra manera, Inglaterra reclamó la soberanía sobre la isla en donde se encuentra Omond House en una primera instancia y luego toda la porción antártica argentina hacia 1908.

Por otro lado existen relatos alternativos que explican que ya en el siglo 19 pescadores criollos se aventuraban en las zonas para conseguir pesca y aceites y luego venderlos, hecho que nunca difundieron para no atraer competidores.

En 1939 Argentina creó transitoriamente la Comisión Nacional del Antártico, para participar de una invitación hecha por Noruega para profundizar investigaciones. El clima de tensión en el sexto continente genera que los países se midan constantemente sus intenciones. Si bien en este caso la propuesta de Noruega era de índole “colaborativa” e “internacionalista”, un año después Chile fijó su reclamo territorialmente, el cual pisa a la Argentina.

Por si fuera poco, Inglaterra tampoco quedó expectante y reforzó su reclamo. Ante estos movimientos Argentina y Chile llegaron a un acuerdo básico en el cual ambas partes reconocen que “Chile y Argentina tienen derechos indiscutibles de soberanía en la zona polar denominada Antártida americana”, aliándose contra Reino Unido, quien pretende llevarse las partes reclamadas por estos dos.

De esta manera se configuró el actual mapa de reclamos tal cual lo conocemos hoy, pero lo cierto es que mientras Reino Unido sólo ejerció un camino de lobby a través de comunicados, papeles y movimientos diplomáticos, Argentina no solo mantuvo esa línea, si no que continuó con la instalación de bases, investigaciones, aportes científicos y presencia en el continente, convirtiéndose en quien más lo habitó y habita actualmente.

Hacia 1951 Argentina inauguró el Destacamento Naval Almirante Brown, y al año siguiente la Base Esperanza, hechos que dieron comienzo a una larga lista de bases: en total son 13, de las cuales 7 (Orcadas, Carlini, Esperanza, San Martín, Belgrano II y Marambio) son permanentes, y 6 (Brown, Matienzo, Melchior, Decepción, Cámara y Primavera) se utilizan durante la temporada de verano, momento más habitable del continente.

Entre otros hechos destacables se pueden repasar la primera presencia de un presidente argentino en el continente (Arturo Frondizi en 1957) y la firma del tratado antártico tras varios ataques militares de Reino Unido a bases de Argentina (1959). Este último fue firmado entre quienes tienen reclamos: Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Francia, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Sudáfrica, Unión Soviética, Reino Unido y Estados Unidos. El mismo prohíbe la acción militar en el continente y permite su utilización sólo para fines pacíficos.

Es importante destacar que el tratado no caducará en el año 2048 como se suele afirmar, pero si se abre a la posibilidad de realizar modificaciones, que dependerán de los argumentos y recursos que cada nación pretendiente presente. 

Como se puede ver en cada uno de los apartados analizados, la presencia del Reino Unido es repetida en cada uno de los territorios del Atlántico Sur. Sería imposible negar un evidente interés de ese país en toda esa zona que, en términos geográficos, no tiene nada que ver con su original archipiélago, a diferencia de Argentina, que es quien está más próxima a estas zonas, y que además ha ejercido el dominio pacífico sobre las mismas.

Por último, no se puede dejar de mencionar la plataforma marítima que rodea estas tierras, cuestión que puede pasar más desapercibida pero en la que el Reino Unido también ejerce la invasión: hace un año declararon 166 mil kilómetros cuadrados cercanos a Malvinas y pertenecientes a la Argentina como suyos, sin que el actual Gobierno nacional emita un solo reclamo. 

Por último, también es importante recordar que, para sintetizar el posicionamiento de Argentina sobre todos estos territorios y su ejercicio de soberanía, tanto terrestre como marítimo, en 2010 se realizó el mapa bicontinental, del cual su difusión es fundamental para aceitar los conocimientos nacionales sobre nuestro territorio.



Joaquín Bellingeri

Por una patria justa, libre, y soberana de la Quiaca a la Antártida. “Para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”. Nacional Justicialista.

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El Atlántico Sudoccidental: ¿un espacio estratégico?

El Atlántico Sudoccidental: ¿un espacio estratégico?

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El orden hegemónico liderado por Occidente desde mediados del siglo XX se encuentra actualmente desafiado por las potencias emergentes, particularmente China y la Federación Rusa, y en un sentido más amplio por el bloque de los BRICS, cuyas visiones del mundo, sistemas de valores y objetivos geopolíticos difieren significativamente de los parámetros establecidos por Estados Unidos y Europa. 

Nos encontramos ante un orden internacional “interpolar” (Grevi, 2010), “no polar” (Haas, 2008) o “multiplex” (Acharya, 2017), en el cual ya no hay un único polo de poder sino varios poderes estatales, organizaciones regionales e internacionales con influencia y numerosos actores no gubernamentales que desarrollan formas complejas de interdependencia, presentan múltiples capas de autoridad y liderazgo y actúan en dimensiones superpuestas de la gobernanza global.

En este marco de reconfiguración geopolítica, se ha intensificado la rivalidad estratégica por el dominio de los espacios marítimos. De acuerdo con Altieri (2018), “control del mar” implica el despliegue de una presencia efectiva en zonas de interés clave para la proyección de poder con el doble propósito de negar a un adversario la utilización del área e influir decisivamente en los acontecimientos continentales.

Principalmente, el foco de atención ha estado en el Indopacífico debido a sus características centrales. Por una parte, la región es el centro de gravedad de la economía mundial, aportando más del 35% de la riqueza global y el 70% de su crecimiento, a su alrededor se despliega la Rutas Marítimas de la Seda chinas y se transporta la mayor parte del petróleo y gas producidos en Medio Oriente. Por otra parte, es el escenario de puntos de tensión como el Mar de China, el Golfo Pérsico, el estrecho de Taiwán y la península de Corea (Abensour, 2024).

En tanto, la relevancia del Atlántico Sur para la paz y el crecimiento mundial ha sido durante mucho tiempo desestimada, a pesar de ser una ruta marítima indispensable, de ser abundante en recursos naturales y del rol que ocupa en la rivalidad geopolítica contemporánea (Leoni et. al., 2025). En parte, esto puede comprenderse porque este océano ha sido concebido como un “remanso estratégico” (Abdenur y De Souza Neto, 2013).

Dicho calificativo se basa en las dinámicas pacíficas de este orden marítimo -en especial en el Cono Sur, donde la probabilidad de conflictos militares inter-estatales es casi nula y existe un importante grado de cooperación- y en la vigencia de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZOPACAS). La misma es un mecanismo de diálogo multilateral africano-sudamericano, instituido a instancia de Brasil en Naciones Unidas en 1986, con el propósito de coordinar la agenda de la gobernanza en materia de defensa y seguridad y promover el Atlántico Sur como un espacio opuesto al colonialismo, desmilitarizado y libre de armas de destrucción masiva. De este modo, el Atlántico Sur posee un grado relativamente alto de estabilidad –más allá de cuestiones puntuales vinculadas a la piratería o el tráfico ilícito en las costas africanas o problemáticas de la pesca ilegal, no declarada o no reglamentada- que dista mucho de ser un espacio de amenazas para las grandes potencias navales

Sin embargo, es cada vez más evidente la importancia estratégica sudatlántica, tal como lo sugiere la presencia de actores regionales y extrarregionales que detentan “poder naval”. El mismo da cuenta del uso político y militar de las fuerzas navales, tanto en tiempos de guerra como de paz, ya que presenta dimensiones militares y no-militares, vinculadas con lo económico, lo ambiental, lo diplomático y lo normativo (Allahverdizadeh & Karimi, 2023). 

Desde la perspectiva argentina, debemos prestar atención a la presencia de cuatro potencias hoy centrales en el Atlántico Sudoccidental -Brasil, China, Estados Unidos y el Reino Unido- que configuran un complejo entramado de intereses.

En relación a Brasil, cabe señalar que es el país con la costa atlántica más extensa del mundo y que en sus documentos de defensa y política exterior ha enfatizado la “importancia estratégica del Atlántico Sur”. En el mismo busca asegurar las líneas marítimas de comunicación y mantener la paz y la cooperación, procurando que “los conflictos y rivalidades ajenos al Atlántico Sur no sean proyectados aquí por estados situados en otras regiones”, en clara línea con las bases de la ZOPACAS (República Federativa de Brasil, 2012:39). Además, se reconoce que el entorno estratégico brasileño incluye el Atlántico Sur y a los países limítrofes con África, así como la Antártida.

La importancia del Atlántico Sur se cristalizó además en el concepto de “Amazonia Azul”, una noción político-estratégica que aborda el océano como patrimonio nacional, fuente de riqueza y ambición, que debe protegerse, preservarse y explorarse de forma sostenible. Más del 95% del comercio brasileño transita por el mar y del mismo se extrae aproximadamente el 95% del petróleo nacional, esto en particular desde los descubrimientos de los yacimientos del pre sal, y además alberga innumerables recursos vivos y minerales, así como sitios ambientales, puertos estratégicos y centros industriales (Mariha do Brasil, 2025). 

Es decir, la idea de Amazonia Azul se corresponde con la categoría de “economía azul”, ampliamente utilizada en los últimos años y que refiere al desarrollo de una amplia variedad de actividades que dependen de los océanos, como la pesca, el transporte, el turismo o la generación de energía, entre otras, para fomentar el crecimiento económico y social y a la vez preservar los ecosistemas oceánicos.

Asimismo, debe considerarse que Brasil aumentó su gasto militar en más del 300% desde 2003 (Levaggi 2023) y en este marco implementó el programa de submarinos, en cooperación con Francia. En efecto, la defensa del Amazonia Azul se ha traducido en inversiones significativas en los sectores de defensa, como la adquisición y modernización de unidades como así también, en la aplicación de la ciencia y la tecnología para promover el desarrollo autónomo, con generación de empleo y capacidades para el crecimiento económico nacional en función de generar una mayor autonomía estratégica.

Lo anterior quedó plasmado en las palabras del presidente Lula Da Silva durante la botadura de uno de los submarinos de industria nacional: “El ProSub es el mayor y más importante proyecto de cooperación internacional de Brasil en materia de defensa. Este proyecto garantiza la soberanía brasileña en nuestras costas, fortalece la industria naval generando puestos de trabajo e ingresos, y promueve el desarrollo del sector con una gran dosis de innovación” (Da Silva, 2024). 

El segundo actor a tener en cuenta es China, que si bien no tiene una presencia militar importante en el Atlántico Sur, su proyección escalonada desde el Mar de China y su status actual de potencia global, ameritan su examen.

Actualmente la presencia de la armada china es marginal. Si bien las primeras visitas oficiales a los países latinoamericanos se realizaron a mediados de la década pasada, cuando la Armada del Ejército Popular de China realizó sus primeros ejercicios en aguas del Atlántico Sur, aún el principal interés recae en la expansión de las inversiones y del comercio. Se trata de la búsqueda de provisión de energía, de recursos naturales y de nuevos mercados. En efecto, la actividad pesquera forma parte de sus objetivos de soberanía alimentaria y el gobierno subsidia e impulsa las flotas comerciales, una de las mayores en el Atlántico Sudoccidental. 

Asimismo, se debe tener en cuenta que el país tiene el objetivo de alcanzar una “armada de aguas azules”, es decir, una armada capaz de operar en cualquier parte de los océanos, para proteger a su diáspora, inversiones y empresas comerciales. Es por esto que en menos de una década puso en marcha cuatro portaaviones, dos de los cuales son de origen nacional (Ginés Soriano, 2025), y avanza a paso firme en la construcción de submarinos.

Considerando que la estrategia integral de desarrollo oceánico de China revela que el “poder marítimo” puede significar una amplia gama de acciones, desde el uso de la fuerza militar hasta la aplicación de fuerza económica y cultural (Chan, 2025) es una preocupación constante y creciente del hegemón regional americano, a pesar de su relativa superioridad naval.

En efecto, actualmente Estados Unidos continúa siendo la potencia naval global más poderosa, por la cantidad de personal, la capacidad de fuego de su equipamiento —más de 300 buques, 11 portaviones y 67 submarinos— y la red de acuerdos institucionales y bases alrededor del mundo que le permiten desplegarse en cualquier teatro de operaciones.

En el Atlántico Sur la presencia estadounidense se refleja en la reactivación IV flota de la armada en 2008 y en particular en su estrategia marítima de relaciones de cooperación con los países de la región, la cual se centra en el control del tráfico marítimo y la vigilancia con la participación de la Guardia Costera de Estados Unidos (USCG), que atiende especialmente a la agenda de la pesca ilegal, no declarada o no regulada, con especial interés en las embarcaciones chinas. 

Este interés renovado en las últimas décadas también se cristaliza en la creación de la “Asociación para la Cooperación Atlántica” en 2022, una iniciativa llevada adelante en marco de asambleas de la ONU que  reúne a 32 países ribereños, tanto el norte como el sur, el este y el oeste, y cubre una amplia gama de temas, que van desde el desarrollo sostenible hasta la cooperación en ciencia y tecnología, aunque con la excepción de los asuntos relacionados con la defensa y la seguridad. 

Pero sin duda, la puesta en marcha de la “Operación Lanza del Sur” en enero de este año y la incorporación en noviembre del buque de guerra más grande del mundo, el USS Gerald R. Ford, son claros exponentes de los intereses geopolíticos estadounidenses sobre el espacio que considera su patio trasero. De acuerdo con el secretario de Defensa, Pete Hegseth, la Operación Lanza del Sur, que contempla la utilización por parte de la marina norteamericana de drones, barcos y lanchas interceptoras no tripuladas, buques y submarinos para luchar contra el narcotráfico, “defiende nuestra patria, expulsa a los narcoterroristas de nuestro hemisferio y protege a nuestra patria de las drogas que están matando a nuestra gente” (La Nación, 13 de noviembre de 2025). 

La política de “palos sin zanahorias” de la administración de Donald Trump en América Latina y en particular su presencia en el Atlántico Sudoccidental, es preciso enmarcarla en la alianza estratégica con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, la cuarta potencia que debemos considerar especialmente en relación a los intereses argentinos.

De acuerdo con el gobierno británico, Estados Unidos es su socio preeminente en materia de seguridad, defensa y política exterior y en esa relación la contribución británica al vínculo incluye el alcance e influencia inglesa en Europa; la inteligencia británica; la capacidad del Reino Unido para librar guerras de forma independiente o como nación líder en una coalición; y la ubicación estratégica de nuestros Territorios de Ultramar (HM Government, 2015).

En este sentido, se observa que en el océano Índico, en el atolón Diego García, que es aún una colonia británica, se instaló en los años setenta una base militar estadounidense; y que en el Atlántico Sudoriental, cerca de la costa africana en la isla Ascensión, hay un aeropuerto utilizado tanto por la fuerza aérea estadounidense como por la aviación real. Y por supuesto, la base británica en Malvinas, que forma parte del “collar de perlas marítimo” de la alianza anglosajona.

En dicha clave es oportuno aludir al programa de renovación de la infraestructura de la base de Monte Agradable iniciado en 2015, el cual incluyó la modernización del sistema energético, el aumento de la capacidad de carga del puerto, la actualización del sistema de defensa aérea, el recambio del patrullero oceánico y del avión Hércules c130 de carga por un el ATLAS, entre otras acciones realizados hasta la fecha vinculadas al bienestar de los efectivos en las instalaciones.

La necesidad de mantener la capacidad de fuego británica en el archipiélago malvinense cumple con el objetivo inglés de apoyar a los territorios de ultramar y las dependencias de la corona en la disuasión y defensa contra amenazas estatales y no estatales y con la actual estrategia global, presentada en junio de este año en el documento denominado “Revisión Estratégica de Defensa: Haciendo a Gran Bretaña más segura: segura en casa, fuerte en el extranjero” (HM Government, 2025).

Dicho documento enfatiza la necesidad de incrementar las capacidades armamentísticas en función de los resultados de la guerra en Ucrania y, a la vez, propone fomentar la inversión en empresas nacionales del complejo de defensa industrial militar para generar puestos de trabajo y desarrollar la ciencia y la tecnología. 

Es decir, se concibe que el Estado posee un rol clave para promover “asociaciones” con industrias tecnológicas y de armamentos, lo cual se resume en las palabras de los ministros británicos de Defensa, John Healey y de Economía, Rachel Reeves, respectivamente: “El Ejército solo tiene la fortaleza de la industria que lo respalda” y “Una economía fuerte necesita una defensa nacional sólida” (Infobae, 2 de junio de 2025).

En esta línea es posible también leer la propuesta de producción de hasta 12 submarinos de ataque con propulsión nuclear y con armamento convencional a través del programa AUKUS, la alianza entre Estados Unidos, Australia y el Reino Unido presentada en 2021 como respuesta a la presencia China en el Indopacífico.  

Además, todo esto se plantea con el sentido de reforzar el rol en la OTAN, incrementando el compromiso de elevar el porcentaje del PBI destinado a la inversión en Defensa, en línea con las demandas del gobierno estadounidense en el contexto de la competencia global con China y Rusia.

En síntesis, el Atlántico Sudoccidental es un espacio marítimo de creciente relevancia estratégica, tanto para los estados ribereños como para las potencias extraregionales que proyectan su poder naval en función de sus intereses nacionales. Esto nos lleva a preguntarnos si el actual posicionamiento argentino en materia de Política Exterior y de Defensa, que ha sido caracterizado como “hiperoccidentalismo” (Tokatlián, 2024) y que lleva adelante un “imperialismo por invitación” con Estados Unidos (Anzelini, 2025) es acertado para un país bicontinental, con un litoral marítimo americano de 4.725 km., con 6.683.000 km.2 de espacios marítimos continentales, insulares y antárticos y que presenta un reclamo imprescriptible de soberanía sobre las Islas Malvinas, Sandwich del Sur y Georgias ante la presencia colonial británica. 


Referencias Bibliográficas

Abensour, M. (2025). Geopolítica del Indo-Pacífico: comprender la estrategia francesa. Le Grand Continent. Disponible en: https://legrandcontinent.eu/es/2025/01/16/geopolitica-del-indo-pacifico-comprender-la-estrategia-francesa/  

Acharya, A. (2017). Europa en “orden mundial multiplex” emergente. CIDOB. Disponible en: https://www.cidob.org/publicaciones/europa-en-el-orden-mundial-multiplex-emergente 

Allahverdizadeh, R. & Karimi, M. (2023). A New Approach to the Theory of Seapower in the 21st  Century (In Times of War and Peace). Geopolitics Quarterly, 18(4), 383-411. Disponible en: https://journal.iag.ir/article_145524_23279d142ece080b62ce9193c9389ac3.pdf 

Altieri, M. A. (2018). Nuevas Dinámicas del Poder Naval en el Siglo XXI¬: la competencia por el control y en el espacio marítimo. Relaciones Internacionales, 27(55), pp. 197–211. Disponible en: https://revistas.unlp.edu.ar/RRII-IRI/article/view/5782

Anzelini, L. (2025). Imperialismo por invitación. El Cohete a la Luna, 26 de octubre. Disponible en: https://www.elcohetealaluna.com/imperialismo-por-invitacion/ 

Chan, E. (2025). China’s Discourse of Maritime Power: A Thematic Analysis. Journal of Contemporary China 2025, 34(153), 432–450 Disponible en: https://doi.org/10.1080/10670564.2024.2319064

Da Silva, L. (2024). Discurso durante la botadura al mar del submarino Tonelero, 27 de marzo. Disponible en https://www.gov.br/planalto/es/seguir-al-gobierno/discursos-y-pronunciamientos/2024/03/discurso-del-presidente-lula-durante-la-botadura-al-mar-del-submarino-tonelero 

Ginés Soriano (2025), China ya tiene en servicio su tercer portaviones, el primero con catapultas, y construye el cuarto, el primero de propulsión nuclear. Infodenfensa, 7 de noviembre. Disponible en:  https://www.infodefensa.com/texto-diario/mostrar/5659024/china-tiene-servicio-tercer-portaaviones-primero-catapultas-construye-cuarto-primero-propulsion-nuclear

González Levaggi (2023). Great Power Competition in the Southern Oceans From the Indo-Pacific to the South Atlantic. Francis and Taylor.

Grevi, G. (2010). El Mundo Interpolar. Foreign Policy en Español, abril-mayo. Madrid.

HM Government (2015). National Security Strategy and Strategic Defence and Security Review 2015. Ministry of Defense, United Kingdom. Disponible en: https://www.gov.uk/government/publications/natio nal-security-strategy-and-strategic-defence-and-security-review-2015

HM Government (2025). Strategic Defence Review Making Britain Safer: secure at home, strong abroad. Ministry of Defense, United Kingdom. Disponible en: https://assets.publishing.service.gov.uk/media/683d89f181deb72cce2680a5/The_Strategic_Defence_Review_2025_-_Making_Britain_Safer_-_secure_at_home__strong_abroad.pdf

Infobae (2025). Keir Starmer advirtió que el Reino Unido debe prepararse para la guerra ante la amenaza real de Rusia. Infobae, 2 de junio. Disponible en: https://www.infobae.com/america/mundo/2025/06/02/keir-starmer-advirtio-que-el-reino-unido-debe-prepararse-para-la-guerra-ante-la-amenaza-real-de-rusia/ 

La Nación (2025). Por órdenes de Trump, el Pentágono anuncia la operación Lanza del Sur en el Caribe, 13 de noviembre. Disponible en:  https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/por-ordenes-de-trump-el-pentagono-anuncia-la-operacion-lanza-del-sur-en-el-caribe-nid13112025/ 

Leoni, Z., Tossini, J., de Sousa Moreira, W & Tzinieris, S. (2025). A Neglected Region? The Strategic Value of the South Atlantic. The Washington Quarterly. Disponible en: https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/0163660X.2025.2480518#d1e139 

Marinha do Brasil (2025). Amazônia Azul. Disponible en: https://www.mar.mil.br/hotsites/amazonia_azul/ (Recuperado el 15/11/25).

República Federativa de Brasil (2012). Libro Blanco de Defensa Nacional. Disponible en: https://www.gov.br/defesa/pt-br/arquivos/ajuste-01/estado_e_defesa/livro_branco/Versao2012dolivroLBDNemespanhol.pdf 

Tokatlián, J. (2024). Hiperoccidentalismo, Milei y el interés nacional. Cenital, 17 de junio. Disponible en: https://cenital.com/hiperoccidentalismo-milei-y-el-interes-nacional/  


Carla Morasso

Doctora en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario (UNR). Docente de grado y posgrado UNR. Coordinadora del Programa de Estudios América Latina-África (PEALA) – Programa de Estudios sobre Relaciones y Cooperación Sur-Sur (PRECSUR). Investigadora del Grupo de Estudios sobre Malvinas (UNR).

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Las Islas vuelven: variaciones de Malvinas como herida en clave literaria

Las Islas vuelven: variaciones de Malvinas como herida en clave literaria

TIEMPO DE LECTURA: 10 min.

Por Marcos Stábile y Pedro Jalid

Es Walter Benjamin el primero que registra el fenómeno: “¿no advirtió que la gente volvía enmudecida del campo de batalla?”. La pregunta está en El Narrador, un ensayo corto sobre la devaluación de la experiencia en el que Benjamin contrapone de manera explícita información y narración. Lo que se cuenta, lo narrado, es una artesanía que alcanza “una amplitud que a la información le falta”. Más de cuatro décadas después del gran episodio bélico argentino del siglo XX, su escenario, las Islas Malvinas, insisten, vuelven, reaparecen en la literatura con variaciones en sus formas de elaborar el trauma. Si el lema “volver a Malvinas” persiste como consigna pendiente en el imaginario político de algunos sectores de la sociedad argentina, en el campo literario puede decirse que los polos de esa promesa se invierten y son ellas, las islas, las que vuelven siempre.

 

Entre fantasmas e impostores: las trampas del regreso.  “Los pasajeros del tren de la noche” de Fogwill (1981) y “Memorándum Almazán” de Juan Forn (1991)

Existe un pueblo en el que todas las noches, un grupo de madres se sienta en el andén de la estación a esperar la vuelta de los soldados. Los soldados son sus hijos y un día, en plena madrugada, comienzan a volver. Vuelven después de telegramas que anunciaron su muerte, vuelven después de misas y condecoraciones que los despidieron. Regresan rodeados de preguntas que nadie se anima a hacer. La presencia es más fuerte que los misterios, y la posibilidad de llenar el vacío que dejaron al irse, es respuesta suficiente. Con los fantasmas que regresan en “Los pasajeros del tren de la noche”, Fogwill intuye que Malvinas tendrá sus especificidades y características propias, pero también que conservará las marcas universales de toda guerra: esas que nos enseñan que es una cosa llena de errores, que la gente es capaz de acostumbrarse a todo y que, si hay algo que una madre no sabe, es resignarse a la falta de sus hijos.

Escrito a fines de la década de 1970, Fogwill entregó el cuento para su publicación en Música japonesa de 1982. La guerra estropeó el efecto, dirá años después. Aquello que quiso ser una alegoría de las Madres de Plaza de Mayo y sus rondas de los jueves, terminó siendo una de las ficciones más profundas para narrar una guerra que todavía no había ocurrido. Es que el horror ya estaba entre nosotros: jóvenes cuyas vidas debieron ser más largas, familias rotas buscando un cuerpo que enterrar, héroes que vuelven a lugares que ya no conocen.

Diez años después, en 1991, Juan Forn publicó Nadar de noche, su primer libro de cuentos. Entre rupturas amorosas y despedidas familiares, la cuestión Malvinas apareció en el segundo de los cuentos, “Memorándum Almazán”. Forn inauguró la literatura sobre Malvinas de la década de los 90 con un texto importante en donde se pregunta qué representa para un país un soldado que vuelve. ¿Una víctima? ¿Un héroe? ¿Un problema o una posibilidad? 

En la embajada argentina en Chile, se presenta un joven con un papel. Allí dice que es ex combatiente, y pide que le presten dinero para comprarse un traje con el cual buscar trabajo. El soldado pide algo de lo que la patria le debe. La inmediata respuesta del embajador y sus empleados, que lo reciben y lo incorporan, expresa un gesto que intenta redimir el abandono y el olvido al cual el Estado sometió a los soldados. A nadie sorprende encontrar un ex combatiente en esa situación: sin poder hablar y, casi como una ironía, intentando empezar de nuevo lejos de nuestro país. 

El final del cuento es arriesgado y previsible. Almazán no es Almazán, y la vergüenza de haber caído en un truco tan burdo invade a los funcionarios. Entre confesiones y lamentos, el farsante confiesa que primero intentó hacer lo mismo en Argentina. Pero allí, dijo, nadie toma así como así a un ex Malvinas.

Escritos con una distancia de diez años, Fogwill y Forn, dos autores que vivieron de cerca y en presente Malvinas, se interrogaron por lo qué hará y lo que debe hacer el país con aquellos que vuelven del campo de batalla y anticipan los riesgos del olvido, del abandono y de que nadie pague los costos de las heridas

Llevar Malvinas en la cabeza – Las Islas, Carlos Gamerro (1998) 

Registro irónico sobre el devenir de los combatientes, compilado de ejercicios de ucronía en torno a la causa Malvinas, policial joyceano con hackers y milicos. Obra monumental sobre el tema, si las hay. Las islas es todo eso. Una novela de largo aliento que explora las vertientes abiertas por la guerra en la sociedad argentina de los noventa. Felipe Félix, ex-combatiente, experto en informática y cocainómano desesperado, recorre Buenos Aires con el objetivo de salvar a los integrantes de una lista negra en manos de un empresario empecinado en fundar una aristocracia financiera. Incrustadas en esa trama policial, las esquirlas de Malvinas aparecen por todos lados. Ni Félix ni sus compañeros pueden salir del influjo de la guerra, reactivado durante la  década de los noventa por el décimo aniversario del conflicto. El archipiélago es omnipresente en la novela, es un objeto obstinado, que se presenta en múltiples formas. Aparece como una mancha en la pared o como el escenario de un videojuego desarrollado por el protagonista con finales alternativos; también es el tablero en el que un comando militar secreto planea su regreso, o una maqueta del tamaño de un sótano en el que un veterano intenta reproducir el paisaje exacto de sus pesadillas. 

Las islas recuperó el sentido trágico que Fogwill usó en Los pichiciegos (1983) —la gran novela de Malvinas— para aplastar el halo de épica con que la tradición envuelve todo conflicto armado. Los linyeras que se revelan como veteranos a lo largo del texto de Gamerro parecen ser el devenir urbano de los desertores escondidos en los huecos de las islas bajo una nieve que se confunde, por su color, por su suciedad, con la mierda. También tiende una línea de continuidad entre la maquinaria represiva del terrorismo de Estado y las prácticas de tortura durante la guerra. Gamerro entiende que no se puede hablar de una cosa sin que aparezca la otra, pero logra que su texto no quede capturado por el relato de “los pibes indefensos”, prácticamente hegemónico en una década atravesada por la desmalvinización. 

Lo que se destaca, por debajo del argumento policial que tracciona al texto, es el empecinamiento de la guerra en la memoria de sus participantes. Una marca en sus frentes tan imborrable como inentendible para la población que todavía no había sabido construir los marcos sociales en los que registrar las consecuencias del enfrentamiento en sus protagonistas. La novela está plagada de esas fricciones, de una rasposidad entre la cicatriz sobre el cuerpo de los combatientes y un tejido social que no sabe leerla. Es, de hecho, un problema médico para Felipe Félix, que lleva incrustado en su cabeza un pedazo de casco responsable de una paradójica pérdida de memoria y al que el cirujano recomienda no tocar porque sería como “sacarle una parte suya”. En ese desencuentro se gesta una endogamia de circuito cerrado, ritualística, entre los veteranos, que potencia el retorno fantasmagórico de las islas a sus vidas en las formas más variadas.

No todos los monumentos se hacen sobre la tierra – Leñador, Mike Wilson (2023)

Si en Gamerro la persistencia de las islas tiene una ubicuidad concreta—manchas, cuerpos mutilados, maquetas a escala, discursos delirantes—, en Wilson es el tamaño de su vacío en la voz del personaje lo que le da dimensión a la huella del horror. Wilson usa el lenguaje para medir la herida: se lo echa encima como se tira una sábana sobre un fantasma para descubrirlo. Lo que queda por debajo, lo que no se dice, parece ser tan extenso como las más de quinientas páginas en las que el narrador nos describe el bosque al que se retira luego de haber peleado en una guerra de un archipiélago al sur. 

La alusión a Malvinas es ineludible y se apuntala con el subtítulo de la novela, Leñador o ruinas continentales, elige Wilson para bautizarla. “Si el protagonista, siempre en primera persona, elige callar su pasado de combatiente en Malvinas, y ese silencio es atendible, respetable, considerando el pavor tácito vivido como elemento implícito, entonces Leñador puede considerarse, también de forma tácita, para escándalo de los espíritus nacionalistas, como literatura de Malvinas”, estampa, como clave de lectura, Guillermo Saccomano en el prólogo. 

La de Wilson es una novela total. Una obra que por volumen, método y apuesta produce el “vértigo” que Vargas Llosa pensaba como piedra de toque para identificar ese tipo de textos totalizadores. Leñador levanta un mundo, el del Yukón, una región de turquesas y verdes al norte de Canadá en el que el protagonista anónimo de Wilson se interna en una profunda búsqueda de separación y de encuentro. Distanciamiento, por un lado, de la ciudad y de la sociedad que la habita y acercamiento, por otro, a la naturaleza como espacio en el que se esconde algo más vital y puro que las pesadillas de la razón instrumental que incubaron su infierno. 

Leñador es literalmente un catálogo, un inventario interminable de la vida de los trabajadores madereros del Yukón. El texto avanza por acumulación de definiciones. Nombre, dos puntos, texto y a otra cosa. Así hasta intentar cubrir todo el bosque con palabras. No hay, prácticamente, narración, sino una acumulación de descripciones que intercalan, cada tanto, para amortiguar su peso, lagunas evocativas en las que refucila el fuego inglés y la memoria de la guerra, apenas insinuada. 

En ese sentido, por lo que no dice, la obra de Wilson se inscribe en la tradición del iceberg para contar la guerra. Una corriente literaria que construye por omisión, que pone lo mínimo en superficie y mantiene latente el verdadero núcleo emotivo de aquello que se cuenta. El gran río de los dos corazones, de Hemingway y Un día perfecto para el pez plátano de Salinger, son, sin duda, dos hitos de esa estrategia puesta al servicio de los relatos de posguerra. Pero en Leñador, a diferencia de esos ejemplos, la economía de la prosa no mantiene una relación inversamente proporcional con respecto al peso de lo oculto. No se dibuja, entre lo dicho y lo no dicho, el triángulo característico del iceberg. Más bien las dos masas de discurso, el texto y su contracara elidida, parecen simétricas y lo que se adivina, creciendo por debajo del ambicioso registro de lo visible por parte del narrador, es una memoria monumental, tan densa, precisa y acabada, como el listado que se apoya en ella. 

 

Monte Longdon en Buenos Aires – El eternauta, Stagnaro (2025)

El rastro de Malvinas en la nueva adaptación de El eternauta empieza casi a la par de la serie. Después de la escena inicial en el velero, Juan Salvo rechaza a un limpiavidrios que le golpea la ventanilla. Lo sigue en el espejo retrovisor y lo ve perderse entre la fila de autos. Al tipo le falta una pierna y Salvo se queda atrapado en esa imagen unos segundos. La memoria lo asalta. Después aparece el grafitti, la calcomanía en la garita de un guardia privado y, más evidentes, las visiones del protagonista. “Volvieron las islas, ¿no?”, la pregunta la hace Elena en el tercer capítulo y enhebra todos esos elementos: Salvo, en esta adaptación, es ex-combatiente y la presencia espectral de las islas no lo suelta. 

La incorporación de un pasado en Malvinas del protagonista se acopla de forma orgánica a la trama. Es virtuosa no solamente por instalar el reclamo histórico de la Argentina sobre las islas en una serie que se convirtió en la más vista en la categoría de habla no inglesa al momento de su estreno, sino porque esa condición dada de Salvo cohesiona y justifica sus habilidades con las armas y su audacia en una situación tan liminar como la de la nieve mortífera, incluso en desmedro de la emblemática figura del héroe colectivo.

A diferencia tanto de Las islas, como de Leñador, El eternauta se hace cargo de la cuestión Malvinas desde un registro no mimético. Elaborar el conflicto desde los recursos narrativos de la ciencia ficción abre un campo de posibilidades a nivel de lo que se puede contar de la guerra y de sus efectos que rebasa las codificaciones del realismo y habilita otras potencias. Poner a la par, por ejemplo, en lo que a producción de terror respecta, la invasión extraterrestre con la batalla de Monte Longdon. 

Los flashes de la guerra irrumpen en Salvo detonados por símbolos —la nieve, las armas, la muerte y hasta lo rudimentario en el equipamiento— que remiten de manera inequívoca a su experiencia en el territorio malvinense. La memoria se reactiva, se desborda, sale y las imágenes se yuxtaponen. Salvo ve el pasado impreso sobre el presente. Es la nota característica del trauma, el retorno de lo que no puede ser ligado, simbolizado ni elaborado y que, por tanto, se sale del tiempo, se eterniza. 

Más allá de las interpretaciones coyunturales que El eternauta supo y sabe encender y que enriquecen su lectura, el eje temático que abre y cierra el arco narrativo de la historieta se ordena alrededor del tiempo, de la memoria, sus olvidos y la eternidad. Queda por ver, aún, de qué manera la cuestión Malvinas se resuelve en su cruce con estos pilares, basales en la obra de Oesterheld.

En el original, el protagonista, condenado a buscar en la infinitud del tiempo una fisura que le permita desgarrar su destino y torcerlo, se olvida de todo apenas la encuentra. Es ese narrador metaficcional que coincide con la figura de Oesterheld quien entiende la potencia de la ficción para custodiar una memoria y decide publicar el relato de Salvo, con la convicción de que “¡será posible!” cambiar la historia. Con la certeza de que lo inenarrable le pertenece a la literatura.


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La cultura como trinchera de soberanía popular

La cultura como trinchera de soberanía popular

TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

“La Soberanía nacional se defiende también con la cultura” – Osvaldo Pugliese

La cultura fue y sigue siendo la trinchera del pueblo argentino; mientras el gobierno entrega los recursos la gente, el arte y la memoria popular sostienen la lucha de soberanía cuando la gestión flaquea y no se gobierna con un necesario proyecto y pensamiento nacional, para no vivir y padecer como hoy un país en decadencia en el campo de defensa  sobre nuestra soberanía.

Cuando hablamos de Malvinas hablamos de identidad. De arte, de memoria, de pueblos, de palabras. De una cultura que se teje en cada barrio, en cada aula, en cada canción popular. La cultura argentina ha sido siempre una trinchera. Si el territorio se disputa con fuerzas militares, la cultura se defiende con palabras, imágenes, ritmos, relatos y cuerpos. Y en ese combate, Malvinas es el símbolo por excelencia: un recordatorio constante de cómo se intenta fragmentar aquello que nos pertenece no sólo por derecho, sino por sentido común histórico, por linaje, por territorio.

Desde las pinturas de Carpani, que retrataron el dolor obrero y la lucha nacional hasta las coplas que aún se cantan en el Norte, desde la educación que reivindica la soberanía hasta la murga barrial que rebautiza esquinas como “Islas Malvinas”, desde el fondo de pantalla de un celular con una imagen de Malvinas hasta un niño saliendo del jardín indignado por conocer la historia de la usurpación de los ingleses, todo gesto cultural argentino es también un acto político. Y toda cultura que no se pliega al coloniaje, que no se resigna a la entrega ideológica y pedagógica del territorio, es parte activa de la recuperación simbólica y territorial. 

Además, la cultura no se limita a lo urbano o europeo: también son nuestros pueblos originarios, quienes aportaron sus cuerpos y su espíritu colectivo a la defensa de la patria. Que es también su Patria. Muchos ex combatientes fueron descendientes de esos pueblos, llevando en sus mochilas una memoria ancestral que también luchaba por volver y ser. Del mismo modo, la presencia afrodescendiente en la historia de Malvinas marca otra dimensión silenciada de nuestra identidad. Las islas fueron ocupadas y pobladas en parte por afrodescendientes durante el período colonial, formando parte de un entramado social que la historia británica y muchas veces la argentina, han intentado borrar. Es en esa trama plural, indígena, afro y mestiza, donde nuestra cultura se hace presente y reclama continuidad histórica y afectiva con Malvinas.

 El enemigo lo sabe. Por eso su ataque no sólo es territorial, sino simbólico. ¿Cuántas veces intentaron reemplazar nuestra historia por la versión “civilizada” del ocupante? ¿Cuántas veces nos quisieron convencer de que Inglaterra venía a “mejorar” u “ordenar”? Es el mismo relato que usaron con nuestros pueblos originarios y con nuestros recursos naturales. Y es el mismo que hoy sostienen en Malvinas. Por eso, la cultura es un campo de batalla tan importante como el mar frío del Sur. Porque si logran despojarnos de la memoria, del sentido de pertenencia y de la palabra, el territorio les resulta más fácil. 

Es imprescindible la fuerza de la cultura en la reconstrucción de un nuevo esquema en defensa geopolítica bicontinental.

Resistiendo con libros, con murales, con danzas, con radios comunitarias, pero además ocupando espacios contemporáneos donde se construyen y difunden teorías como “factos”, el sociólogo Pedro Lacour en su colaboración con la revista La Carlos plantea el siguiente cuestionamiento:

“¿Y si la influencia ya no dependiera de tener razón, sino de ocupar la pantalla adecuada?”

La comunicación vertida construye ideas, por ello también es un campo base importante en la batalla cultural. Hoy desde las tecnologías, las redes, la divulgación…

Malvinas es cultura porque Malvinas es pueblo. 

Y mientras el pueblo siga creando, nombrando y recordando, el reclamo seguirá vivo. Se trata de banderas. Se trata de no soltar la raíz. Se trata de re-conocer lo nuestro y creer que es nuestro.

Porque sin cultura no hay patria, y sin Malvinas no hay destino.


Dii Ocampo

Peronista, Feminista, Gallina, Malvinera, Tanguera y cumbiera como manda Eva, Cristiana, Bailarina en proceso, Ph. en proceso fotografía

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Argentina Bicontinentalidad y el desafío de repensar nuestra Defensa Nacional

Argentina Bicontinentalidad y el desafío de repensar nuestra Defensa Nacional

TIEMPO DE LECTURA: 8 min.

Pensar en el mapa de nuestro territorio, su bicontinentalidad y su bioceanidad sin dudas es una tarea que presenta grandes desafíos. No sólo la generación de consenso entre fuerzas políticas, sino también entre los diversos actores que hacen a la cosa pública en nuestro país. Una de las aristas fundamentales en un mundo cada vez más complejo, es la Defensa Nacional.

La entrevista a Rodolfo Carrizo, actual Presidente del Centro de Ex Combatientes de Islas Malvinas de La Plata (CECIM-LP), originalmente fue pensada para el Trabajo Integrador Final “Defensa Nacional: más allá de las Armas”, un podcast que busca introducir a la Defensa Nacional. Un área estratégica del Estado, bastardeada y olvidada durante generaciones.

Las reflexiones de Carrizo, nos parecieron más que pertinentes para compartir con ustedes en este Dossier de Trinchera sobre Bicontinentalidad, Bioceanidad y Atlántico Sur.


¿Cómo definirías el concepto de defensa nacional y qué importancia crees que tiene en este contexto mundial?

 Bueno en principio me parece que pensar la defensa nacional no solamente habría que pensarla en términos militares, sino me parece que hay que pensarla en términos que tengan que ver con la patria; con este concepto que significa defender lo propio, de conocer lo propio, de saber el valor estratégico que tiene lo propio. Y a partir de acá tratar de construir una política que comprenda no solamente el desarrollo de unas fuerzas armadas que tengan esa capacidad de proteger los territorios entendiendo aquellos lugares que son de alta importancia a partir de los recursos estratégicos que tiene un país, sino también en la formación de los jóvenes en cuanto a entender que es muy importante el desarrollo de las nuevas tecnologías, de los avances científicos y tecnológicos, de proteger las universidades para defender el conocimiento.

Creo que es muy importante construir una conciencia que nos permite entender la defensa en una complejidad amplia, y en esta complejidad entender que no se trata solamente de esa vieja mirada que hay -militarista- alrededor de la defensa, sino construir un pensamiento más moderno, más nuevo, que, obviamente, implica también defender al ciudadano en toda su integralidad, respetarle sus derechos, defender la autonomía de las provincias; pero también defender la autonomía que tienen que tener diferentes estamentos del Estado a la hora de -obviamente- construir esto que nosotros entendemos como un modelo de nación soberana.

¿Qué importancia tiene la Defensa Nacional en este contexto mundial?

Creo que es importante observar que primero nuestro mapa continental, o por lo menos mirar la parte continental del territorio, entendiendo que somos un país bicontinental. Pero si nos detenemos un poquito en lo que es estrictamente el territorio continental, es importante ver que nosotros tenemos una muy mala distribución demográfica de la población, con altas concentraciones en las ciudades y un gran despoblamiento de los territorios del interior. Si uno observara que al sur de La Pampa hasta Tierra del Fuego la población promedia en el orden de los 2 millones, 2 millones 100 mil, uno comprendería que la distribución, que la gente está -obviamente- concentrada, fundamentalmente, en las grandes ciudades, en las grandes urbes. Y esto es un problema, es un problema por la saturación en las urbes y la otra por el despoblamiento del territorio.

Al tener un país que continentalmente tiene 2.700.000 kilómetros cuadrados, aparece una vulnerabilidad que subyace en aquellos lugares donde uno debería construir, obviamente, un modelo que permita, una utilización racional, consciente, de lo que significan los recursos del territorio. Nosotros sabemos que en el norte de la Argentina está muy bien en cuanto a lo que es un recurso estratégico hoy muy demandado que es el litio de la misma manera que conocemos que sobre la zona de Misiones y Formosa está el acuífero más importante de agua potable, o uno de los tres más importantes del planeta, que compartimos con Uruguay y con Brasil. Y obviamente, si así recorremos toda la Argentina vamos a encontrar que en cada provincia hay un recurso natural estratégico que, obviamente, uno de los problemas que tiene es que se desconoce y al desconocerse obviamente no se protege, no se defiende y se lo hace muy vulnerable. Ergo si uno toma el lago escondido en la provincia de Río Negro, uno de los temas que va a encontrar es que, ahí nosotros tenemos un enajenamiento del territorio y una consolidación importante de grupos económico-financieros que se apropian de manera vil del territorio y hace que los argentinos no podamos disponer de ese territorio que es muy importante y limítrofe.

Creo que hay que cambiar esa mirada de la Argentina porque también somos una Argentina atlántica, oceánica, que ahí tenemos una infinidad importante de recursos, por supuesto también despilfarrado en el gran sentido. En la Argentina hace muchísimos años que no se desarrolla y se crea un puerto; hace muchísimos años que no se crea y se desarrolla un astillero; en la Argentina obviamente no hay un proceso de conectividad y de transferencia de la vinculación de las economías regionales con el gran centro urbano que es Buenos Aires y el puerto de Buenos Aires; y por lo tanto es muy importante repensarlo, porque obviamente si nosotros no lo hacemos, lo hacen los de afuera como dice el dicho y nos expone a una situación de saqueo que cuando vienen procesos neoliberales hace que esto sea mucho más sencillo, más fácil, y obviamente quienes pierden son los habitantes autóctonos del territorio, los argentinos,  las argentinas y obviamente la posibilidad del desarrollo.

¿Qué implica para nuestro país que las áreas de Defensa y Seguridad estén separadas? ¿Es una ventaja o una desventaja?

Desde que se implementó la Ley de Defensa Nacional, creo que estaba en el contexto de una visión de pensar una Argentina en la cual las Fuerzas Armadas no se involucraran en los problemas de la seguridad interior. La defensa en general siempre hay que pensarla en proteger nuestras fronteras, nuestras zonas que podrían ser sensibles a cualquier tipo de vulneración, fundamentalmente, de las que obviamente imponen los países que tienen una ambición imperial, como el caso del Reino Unido. Hecho obviamente más que paradigmático en nuestras Islas Malvinas, ¿no es verdad? Y obviamente la política de defensa no estaría en correspondencia como en una vinculación directa con la seguridad.

Creo que la seguridad responde fundamentalmente a otros parámetros, a preservar la vida de los ciudadanos, a construir garantías sociales que hagan que los ciudadanos que habitan un país, un territorio, tengan las condiciones para poder desarrollarse y tener una vida con mucha dignidad. En este sentido, a partir de la interacción de la Doctrina de la Seguridad Interior, se confundió muchísimo a la Seguridad con la Defensa. Obviamente, cuando hay procesos neoliberales en la conducción del Estado lo que se trata de utilizar es a las Fuerzas Armadas haciendo seguridad interior, algo para lo que no están preparados y que generan acciones que obviamente terminan en saldos muy luctuosos para las sociedades. Y en ese sentido creo que la defensa debe ser absolutamente clara en cuanto a ser algo totalmente distinto, o pensarse totalmente distinto, al concepto de seguridad y cómo se maneja la seguridad de un Estado.

¿En este contexto global cuán importante se vuelven las políticas públicas en materia de reivindicación sobre la Antártida y las Malvinas e Islas del Atlántico Sur en materia de Defensa Nacional?

Vos sabes que para nosotros (el CECIM) es fundamental dar esta discusión. La pregunta no solamente es atinada, sino que yo creo que va al meollo del problema de un país como el nuestro, pero también de una región en el cual, bueno, las Islas Malvinas están posicionadas en un punto estratégico del planeta. Pensémoslo: está ahí a 500 kilómetros del territorio continental, pero aparte es la que nos permite tener una observación del movimiento, monitoreo y vinculación entre los dos grandes océanos que son el Pacífico y el Atlántico.

Si los procesos de crisis climáticas que vive el planeta, en el cual obviamente nos han impuesto las políticas hegemónicas a partir de los procesos de deforestación, de uso indiscriminado de la energía a combustión interna, y otros hechos más que obviamente funcionan producto del complejo militar industrial, vamos a entender de que este pasaje natural entre ambos océanos está precisamente en el pasaje de Hoces, en lo que sería y que mal se llama como el pasaje de Drake.

Esto es importante porque lo que hace es que la transferencia se puede hacer sin límites que, a diferencia del canal de Panamá, lo que tiene son las dificultades operativas. Hay que entender que hay un crecimiento muy importante de los buques de transporte de carga, los conocidos Panamá, que llevan 30 mil, 40 mil contenedores y que obviamente cuando hay procesos de crisis de aguas o hídrica hacen que el canal empiece a tener muchísimas dificultades, y lo que va a tender es precisamente a usarse este pasaje bioceánico que es natural y que obviamente no corre los riesgos ni siquiera de que tenga un atentado terrorista y que se pueda destruir.

Sumado a esto, en el proceso de crisis energética o de escasez energética que se va a tender, pensemos que toda la zona de nuestro Atlántico Sur también tiene una potencialidad muy grande, tanto en petróleo, minería, minerales raros, que son muy importantes a la hora de pensar un mundo de escasez. Y hay que sumarle a esto que está el continente blanco, la Antártida, que tiene un recurso que es el agua potable, en un mundo donde solamente el 3% del agua del planeta es potable. Entonces, creo que construir toda una política que obviamente piense Malvinas, que piense la integralidad territorial, que piense esta vinculación bioceánica y que comprenda que -obviamente- hay que defenderla, hay que protegerla, significa también construir una estrategia común que tienda a esa misión sanmartiniana, bolivariana, que es la unión de los pueblos de la América Latina y el Caribe, porque son los únicos que nos pueden dar garantía real de una defensa efectiva del territorio; que defienda las soberanías territoriales y obviamente nos permita tener la oportunidad de tener un desarrollo sustentable, armónico y que proteja el planeta.

Nicolás Sampedro

Prefiero escucha antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

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“24 horas por Malvinas”: el show de la guerra

“24 horas por Malvinas”: el show de la guerra

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

 

Durante 24 horas, la televisión argentina coreografió una vigilia patriótica que prometía cuidado, unidad y reparación. Pinky y Cacho Fontana lloraban en vivo, el país donaba conmovido y el Fondo Patriótico Malvinas Argentinas se convertía en símbolo de afecto nacional. Pero detrás del espectáculo, los soldados no recibieron lo prometido, el dinero desapareció y el gesto solidario se volvió deuda simbólica. “24 horas por Malvinas” no fue solo propaganda: fue una coreografía emocional que ritualizó la guerra mientras ocultaba el abandono. ¿Qué ética sostiene un pacto televisivo cuando el cuerpo que debía ser cuidado queda fuera de cuadro? 

Entre la solidaridad y la propaganda 

En mayo de 1982, la televisión argentina se convirtió en escenario de un acontecimiento sin precedentes: Las 24 horas de las Malvinas. Conducido por Lidia “Pinky” Satragno y Jorge “Cacho” Fontana, el programa se presentó como una maratón solidaria destinada a recaudar fondos para los soldados en las Islas. La propuesta apelaba a la emoción colectiva y al fervor patriótico, en un contexto donde la dictadura militar necesitaba sostener la moral de la población y legitimar su aventura bélica. 

El régimen necesitaba mostrar que la guerra no era solo una decisión de alto mando, sino una causa nacional compartida por todos los argentinos. La colecta televisiva fue presentada como prueba de esa unidad, reforzando la idea de que apoyar los soldados equivalía a apoyar al gobierno. El programa funcionó como un plebiscito simbólico: cada donación era interpretada como un voto de confianza hacia la dictadura. 

La participación de Pinky y Cacho Fontana, junto con los artistas y periodistas, fue clave para blanquear la propaganda oficial. Estas figuras reconocidas y queridas por el público otorgaron credibilidad al evento reforzando la idea de que esta causa trascendía a la política para convertirse en un bien patriótico. Su presencia legitimó el programa y ayudó a movilizar a la sociedad. 

La emisión comenzó a las seis de la tarde del 8 de mayo y se extendió de manera ininterrumpida durante un día entero, combinando entrevistas, número artísticos y llamados a la solidaridad. Numerosas personalidades del espectáculo, el periodismo, el deporte y la política se sumaron a la iniciativa. Entre ellos, participaron figuras como Susana Giménez, Mirtha Legrand, Jorge Porcel, Alberto Olmedo y Mercedes Sosa, quienes realizaron llamados a la solidaridad y ofrecieron actuaciones especiales. Diego Maradona, Daniela Passarella y Osvaldo Ardiles, los tres a un mes de participar del Mundial de España, estuvieron presentes. Susana Rinaldi cantó una versión del Himno Nacional. 

La colecta millonaria se utilizó como un símbolo de cohesión nacional, pero terminó siendo recordada como un símbolo de desconfianza. En un solo día se recaudaron 1,5 millones de dólares, que luego se sumaron a la colecta nacional del Fondo Patriótico Malvinas Argentinas, alcanzando alrededor de 54 millones de dólares, la mayor en la historia argentina. Sin embargo, los fondos nunca llegaron a los soldados en las Islas. Mientras la televisión mostraba imágenes de abundancia y solidaridad, los combatientes padecían hambre, frío y falta de equipamiento. La falta de transparencia convirtió la recaudación en un triunfo propagandístico en el momento, pero en un escándalo en la memoria colectiva. 

Más allá de la emoción televisiva y la magnitud de la colecta, el programa debe ser leído como un dispositivo político y mediático que buscó legitimar a la dictadura. La televisión no fue un simple canal de solidaridad, sino un escenario de manipulación emocional. 

En este sentido, el hecho en sí, funcionó como un teatro de la unidad nacional. La presencia de figuras queridas como Pinky y Cacho Fontana otorgó credibilidad y afectó a un evento que, en realidad, estaba diseñado para encubrir la precariedad de los soldados en las Islas. La distancia entre la representación televisiva y la realidad del campo de batalla revela la capacidad del poder para manipular la emoción colectiva y ocultar el sufrimiento. 

La perspectiva política muestra cómo el programa fue un intento de blanquear la dictadura, presentándola como garante de la cohesión nacional. La colecta funcionaba como un dispositivo de legitimación, donde la emoción reemplazó al debate y la propaganda se disfrazó de afecto. La sociedad fue convocada a participar en este espectáculo que, en lugar de fortalecer la democracia, reforzó el poder de un régimen autoritario. 

Por otro lado, tomando una perspectiva ética se plantea una pregunta incómoda: ¿Qué responsabilidad tienen los medios cuando la emoción colectiva es utilizada para encubrir el sufrimiento? La deuda simbólica que dejó “24 horas por Malvinas” no es solo económica, sino moral. La sociedad argentina respondió con solidaridad, pero el Estado y los medios fallaron en transformar ese gesto en cuidado real. 

El destino de los fondos: la otra cara de la solidaridad

Lejos de llegar a los soldados en las Islas, los fondos quedaron bajo administración de la dictadura militar y fueron desviados a usos desconocidos. Los combatientes siguieron padeciendo hambre, frío y falta de equipamiento, mientras la televisión transmitía las imágenes de una Argentina entregada a la unidad y la solidaridad. Las joyas y objetos de valor donados fueron almacenados y vendidos, pero no sé sabe con precisión a qué se destinaron los ingresos. El dinero recaudado, en gran parte, fue absorbido por el Estado sin rendición de cuentas claras. 

Con el paso del tiempo, el Fondo Patriótico dejó de ser recordado como un gesto de cohesión nación y pasó a convertirse en un gran símbolo de desconfianza, y la desaparición de los fondos de transformó en una deuda simbólica en donde la solidaridad genuina fue instrumentada como una propaganda y el dinero recaudado se convirtió en un vacío en la memoria histórica. 


Milagros López Mansilla

Periodista gráfica a la que le interesa la literatura. Desde mi lugar intento reivindicar la lucha de las travestis, las disidencias y los feminismos.

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Ucrania: Sabotaje y terrorismo (Parte II)

Ucrania: Sabotaje y terrorismo (Parte II)

TIEMPO DE LECTURA: 11 min.

En la primera parte de este articulo referí al apoyo que Estados Unidos y sus socios europeos han otorgado al régimen de Zelenski, que hace marchar a su sociedad, como cordero al matadero, para ser parte de la OTAN y supuestamente de la Unión Europea, aunque en esta última organización se estime que no alcanza los estándares políticos, económicos y de estabilidad como país y que sólo es visto como país testaferro, servil a los intereses de las potencias occidentales hegemónicas y arrogantes.

En esas primeras letras de este trabajo consignaba que, mientras el gobierno de Zelensky enfrenta graves cuestionamientos por corrupción en plena guerra, su régimen civil militar profundiza una estrategia basada en el sabotaje y el terrorismo como vía desesperada para intentar revertir un escenario adverso. ¿Hasta dónde puede escalar este camino y qué rol juegan las potencias occidentales? Una incógnita que Rusia trata de dilucidar enfrentando al ente nazi ucraniano en el campo de batalla para derrotarlo sin vuelta atrás.

El régimen kievita, según las denuncias entregadas por las autoridades rusas y organismos internacionales, utiliza el terrorismo como método de guerra y el permanente interés en llevar adelante estos actos adoptándolo como herramientas de política estatal. Para el ministerio de defensa de la federación rusa las Fuerzas Armadas de Ucrania (AFU por sus siglas en inglés) utilizan el terrorismo como una manera de alimentar el pánico y alentar un sentimiento derrotista en la sociedad rusa que les permita intimidar a la población civil, generar descontento con las políticas de gobierno mediante políticas de desestabilización de las autoridades gubernamentales, causando daños a la infraestructura civil e industrial consideradas críticas.

Estas acciones contribuyen a incrementar los riesgos, ya que los perpetradores no son sólo un terrorista o unas organizaciones criminales aisladas, sino unidades regulares del ejército que, además, cuentan con apoyo internacional en los ámbitos político, económico, militar, técnico-militar e informativo. En Ucrania, esto se manifiesta con especial claridad, puesto que Occidente no solo proporciona al régimen de Kiev armamento ofensivo de última generación, sino que le concede abiertamente carta blanca, para utilizarlo en actos terroristas subversivos en territorio ruso

Peligro de Terrorismo Nuclear Ucraniano

“Una Ucrania que bajo el mandato de un presidente de facto y una camarilla civil y militar que  está destrozando el país, cuya derrota total es inevitable, sigue usufructuando de las supuestas dádivas occidentales, que sólo hipotecan el futuro de millones de ucranianos, que para seguir en esta maraña ha entrado de lleno en condutas propias de una sociedad terrorista, que cree alcanzará algún beneficio en una  eventual negociación, forzando a Rusia  a partir de los ataques terroristas a la población civil, la infraestructura crítica e incluso instalaciones nucleares, poniendo en peligro al país, a sus vecinos y en general al conjunto de Europa” (1)

Las arremetidas peligrosísimas del ejército ucraniano y sus servicios secretos, contra instalaciones nucleares rusas, incluyendo la infraestructura crítica de las centrales nucleares de Zaporozhskaya, Kurskaya y Smolensk, así como las embestidas contra los aeródromos base de los bombarderos estratégicos portadores de ojivas nucleares ubicados en Murmansk, Irkutsk Ivanovs y otros sitios representan un peligro global.

Ubicaciones y blancos precisos que han sido entregadas por la inteligencia satelital occidental, la labor de los servicios secretos de Ucrania en concomitancia con la CIA estadounidense, el MI6 británico y el servicio de inteligencia polaco, fundamentalmente. Todo ello es motivo de especial preocupación para un mundo que ve con alarma como el irresponsable régimen ucraniano es capaz de conducir su suicidio como país hacia un peligro nuclear de incalculables consecuencias.

Rusia ha advertido de forma insistente en foros internacionales como la Asamblea general de las Naciones Unidas, en el seno del Consejo de Seguridad, e incluso ha alertado a sus propios aliados, que sus documentos de doctrina militar de defensa catalogan esos ataques llevados a cabo por el régimen kievita contra el llamado componente ruso de la “triada nuclear” como casus belli (2). Moscú se refiere con ello al peligro que significa atacar la estructura de los frentes militares dotados de armas nucleares de altísimo poder destructivo: hablamos de misiles balísticos intercontinentales terrestres de alcance global (ICBM por sus siglas en inglés), y misiles balísticos lanzados desde submarinos (siglas en inglés SLBM), que son el tercer ámbito con presencia de armamento atómico, como son los bombarderos estratégicos dotados con bombas y misiles nucleares.

Estados Unidos ha generado una política de alianzas contra Rusia, donde ha ido delegando las acciones prácticas, el apoyo concreto en armas y dinero desde el lado, principalmente europeo. En ese marco se destaca el papel que cumple Gran Bretaña, convertida, junto a Alemania en proveedores principales de misiles y financiamiento para la mantención de una estructura gubernamental ucraniana cada día más corrupta, junto al apoyo político y diplomático de sostenimiento a nivel global.

El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, el pasado mes de junio acusó al Reino Unido de respaldar plenamente a Ucrania en la ejecución de ataques terroristas contra territorio ruso, incluyendo recientes atentados con drones y actos de sabotaje dirigidos a infraestructuras civiles y militares. A lo cual hay que sumar los ataques contra instalaciones nucleares y las bases aéreas de los bombarderos estratégicos, que disponen de bombas nucleares.

La guerra en Ucrania es el patrocinio para que el régimen de Zelenski lleve a cabo cada día más ataques terroristas contra Rusia, y en especial contra su población civil e instalaciones que pueden afectar al conjunto el planeta. Direccionarlos hacia las centrales nucleares, o los aeródromos (que tienen en sus dependencias la aviación estratégica de las fuerzas pareas rusas) son acciones delicadísimas avaladas por occidente.

Con Kiev se tiene una conducta muy hipócrita por parte de Washington, porque, al mismo tiempo que se apoya militar y financieramente al ente neonazi ucraniano, se le critica públicamente por sus acciones de ataques a instalaciones de corte estratégico nuclear ruso, como sucedió con la llamada Operación Pautina de los servicios secretos ucranianos (SBU) contra las bases aéreas rusas, donde radica su aviación nuclear estratégica.  Una operación supervisada por la inteligencia británica y planeada en vísperas de las conversaciones ruso-ucranianas en Estambul, celebrada en julio del 2025, con el objetivo de influir en la agenda política.

El MI6 cumplió las orientaciones de Washington en función que Washington no apareciera directamente involucrado en estos actos terroristas que involucran material nuclear. Londres, no sólo coordinó las acciones del SBU, sino que también proporcionó apoyo mediático, difundiendo noticias falsas sobre supuestas grandes pérdidas rusas y atribuyendo un éxito abrumador a los saboteadores kievitas.

Desde Rusia se informó, el pasado 14 de noviembre, que el ejército ucraniano intentó atacar con drones, la central nuclear de Novovorónezh, situada en el suroeste de la federación rusa. Así fue comunicado por Alexéi Lijachov, director general de la Rosatom (corporación de energía nuclear de la federación rusa), durante su encuentro en la ciudad de Kaliningrado, con el director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), el argentino Rafael Grossi, fuertemente cuestionado por países como Irán de ser un agente de Estados Unidos e Israel en materia del llamado Plan Integral de Acción Conjunta. “Drones ucranianos volaron hacía la central nuclear de Novovorónezh. Todos fueron derribados” señaló Lijachov, y consignó que “tarde o temprano, Rusia logrará los objetivos de su operación militar en Ucrania, lo que permitirá reanudar el funcionamiento de la planta”. (3)

Estados Unidos, con apoyo de sus cervatillos europeos y sobre todo con las acciones terroristas llevadas a cabo por Ucrania a través de sus servicios secretos y el uso de drones y misiles, proporcionados por sus aliados, ataca centrales nucleares e incluso genera operaciones de terrorismo internacional como fue el asesinato del teniente general Igor Kirílov, jefe de las tropas de protección nuclear, biológica y química de Rusia. Ataque mortal que también significó asesinar a su asistente Ilía Polikárpov en pleno corazón de Moscú. La BBC, ligada a la OTAN a través del régimen británico, señaló en su reporte sobre el crimen que “Ucrania reconoció estar detrás del asesinato, según declaró una fuente de seguridad ucraniana a Reuters y a la agencia de noticias AFP.

El régimen ucraniano reconoció el asesinato del General Igor Kírilov en Moscú. Un acto de terrorismo internacional contra un alto cargo del gobierno ruso.

Un acto terrorista para tratar de enmudecer al hombre que mediante su trabajo científico y político mostró pruebas concretas del papel cumplido por los gobiernos estadounidenses, junto a fondos de investigación privada  como Rosemont Seneca Thornton, fundado por Hunter Biden, hijo del ex presidente de Estados Unidos Joe Biden, y el infaltable Fondo del billonario George Soros. Ambos participaron en la financiación de los laboratorios de armas biológicas en Ucrania patrocinados por el Pentágono, que serían utilizados en actos terroristas contra Rusia (4)

El senador Tommy Tuberville de Alabama criticó a Zelenski por intentar “atraer a la OTAN a una guerra con Rusia creando problemas para Estados Unidos”. El presidente estadounidense Donald Trump y representantes políticos y parlamentarios denuncian lo que denominan “la peligrosa provocación de Kiev” al atacar esas instalaciones críticas de Rusia, acusando el ente kievita de querer provocar una guerra mundial. El propio Trump califico a su protegido Zelenski como “el malo que empuja al mundo a una guerra”, pero de nada sirve esa retórica – más demagógica que real interés en plantearse terminar la guerra – si al mismo tiempo no cesa el flujo masivo y sin fin de dinero, armas y apoyo político al nazismo ucraniano.

Desde Europa, y en específico desde el gobierno húngaro y su Ministerio de relaciones exteriores, se imputa a las autoridades de facto en Ucrania de “utilizar métodos de terrorismo de Estado para lograr objetivos políticos y militares” como fue el caso de los gasoductos Nord Stream I y II, “llevados a cabo por entidades estatales europeas, que actuaron en beneficio de Ucrania”. Así fue declarado por el canciller húngaro Péter Szijjártó en una entrevista con un canal de YouTube .(5)

El alto funcionario húngaro también señaló a Kiev como responsable de los ataques terroristas que dañaron el oleoducto ruso que suministra crudo a Hungría: “Un ataque contra nuestra seguridad energética que es indignante e inaceptable…Durante tres años y medio, Bruselas y Kiev han intentado arrastrar a Hungría a la guerra en Ucrania. Esta no es nuestra guerra, no tenemos nada que ver con ella y, mientras estemos al mando, Hungría se mantendrá al margen”, señaló Szijjártó. (6)

Desde organizaciones internacionales también se condenan las acciones de sabotaje y terrorismo del régimen kievita. Es así como, en la última Cumbre de los BRICS, celebrada en Rio de Janeiro, en el comunicado final se sancionaron las acciones de Ucrania en la organización de ataques de terroristas contra Rusia: “Condenamos en los términos más enérgicos los ataques contra puentes e infraestructura ferroviaria que deliberadamente tenían como objetivo a civiles en las regiones de Briansk, Kursk y Vorónezh, en la Federación Rusa, resultando en varias víctimas civiles, incluyendo niños”.

La propaganda de Bankova (7) por más respaldo financiero, militar, político y mediático que reciba no puede detener la ola gigantesca que se avecina de una derrota que significará, no sólo el fin de 11 años de neonazismo en Ucrania, sino también una nueva correlación de fuerzas en Europa oriental. Las acciones de sabotaje y terrorismo llevado a cabo por Kiev (que no trepida en poner en riesgo a millones de seres humanos, no sólo en el escenario de la guerra, sino que el conjunto de Europa), representan la viva imagen de un criminal apoyado por aquellos que, suelen desgarrar vestiduras por la defensa de la democracia y los derechos humanos. 

En mi consideración, las sociedades europeas -no sus gobiernos que siguen con su aval a Kiev-, han comprendido que, la Ucrania de hoy no es un actor internacional responsable. No podría ser considerado parte integrante de ese mundo europeo que tanto se jacta de sus valores. Un régimen kievita que, de la mano de sus servicios secretos, con el sostén de la CIA, el MI6 británico, el BND alemán, la Dirección General de la Seguridad Exterior (DGSE) francesa, así como también la Agencia de Inteligencia Exterior de Polonia, entre otros, lleva a cabo, en forma regular, sangrientos ataques terroristas contra instalaciones civiles rusas y servicios básicos que incluyen el asesinato de civiles, incluidos mujeres, niños y ancianos.

Todas estas acciones son invisibilizadas por los medios occidentales, que suelen demonizar a Rusia y ensalzar al régimen kievita, quien goza de la protección y bendición de aquellos que se hacen llamar custodios de la civilización occidental y que no son más más que potencias hegemónicas y arrogantes. Y si a eso sumamos los peligrosos e imprudentes ataques de Kiev a instalaciones nucleares, se termina de mostrar la verdadera cara del terrorismo que representan Zelenski y los suyos. Un régimen que demora en morir y genera más y más dolor y sufrimiento a su población.

Articulo publicado originalmente en Hispantv.


  1. https://mid.ru/en/foreign_policy/reports/1969025/
  2. Locución latina que se traduce como motivo de guerra Refiere al acto, evento o situación que se presenta como justificación para iniciar un conflicto bélico o cualquier otro tipo de enfrentamiento. Históricamente, se ha utilizado para legitimar acciones militares ante la comunidad internacional y la propia población. En el derecho internacional público, el término casus belli se refiere a los motivos o razones jurídicas que un Estado invoca para justificar el inicio de un conflicto armado contra otro Estado. Ha desempeñado un papel central en la diplomacia y en las relaciones internacionales a lo largo de la historia. Para ampliar su comprensión recomiendo leer
    https://raiadiplomatica.info/2025/02/10/casus-belli-concepto-y-ejemplos-historicos-en-el-derecho-internacional-publico/
  3. https://www.resumenlatinoamericano.org/2025/11/14/rusia-drones-ucranianos-intentaron-atacar-la-central-nuclear-de-novovoronezh/
  4. https://www.hispantv.com/noticias/opinion/606839/rusia-nueva-guerra-sagrada
  5. https://www.youtube.com/watch?v=WiuOSHFeJtM
  6. https://www.aa.com.tr/es/mundo/canciller-h%C3%BAngaro-denuncia-que-un-ataque-ucraniano-da%C3%B1%C3%B3-el-oleoducto-ruso-que-suministra-crudo-a-su-pa%C3%ADs/3662485
  7. El Bankova es un bloque de oficinas de hormigón ubicado en el centro de Kiev, lugar que supone alberga a la Oficina Presidencial de Ucrania y centro neurálgico del régimen de facto que ha tenido que ser reemplazado por instalaciones móviles frente al temor de Zelenski de ser atacado directamente.

Pablo Jofré Leal

Periodista y escritor chileno. Analista internacional, Máster en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid. especialista en temas de Latinoamérica, Oriente Medio y el Magreb. Es colaborador de varias cadenas de noticias internacionales. Creador de revista digital www.politicaycultura.cl

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China vs. Estados Unidos en Latinoamérica: Un año de competencia que abre oportunidades

China vs. Estados Unidos en Latinoamérica: Un año de competencia que abre oportunidades

TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

En este último año, Latinoamérica ha vuelto a ocupar un lugar central en la competencia entre China y Estados Unidos. Aunque esta pugna no es nueva, hoy se siente más intensa y más enfocada. Ambas potencias han ajustado sus estrategias, y la región se encuentra en una posición curiosa: al mismo tiempo cortejada, presionada y llena de posibilidades.

Por Juan de Dios Guevara

China (CN): Menos mega préstamos, más precisión estratégica

China ha pasado de financiar megaproyectos en carreteras y represas a enfocarse en áreas que considera estratégicas: tecnología, infraestructura digital y energía. Ya no busca solo construir, sino integrarse más profundamente en el funcionamiento económico de la región.

En la práctica, esto significa varias cosas:

  • Un comercio cada vez más fuerte: En países como Brasil, Chile, Perú, Bolivia y Uruguay, China es el principal socio comercial, superando a EE. UU.
  • Inversión más especializada: Las prioridades están en 5G, transición energética, tecnología financiera y plataformas digitales.
  • La Franja y la Ruta sigue creciendo: Más países se suman a esta iniciativa, Colombia por ejemplo, y el Puerto de Chancay, en Perú, inaugurado en 2024, se perfilan como una pieza clave del comercio entre Sudamérica y Asia.
  • Más acuerdos comerciales: Ecuador ya ratificó un TLC (Tratado de Libre Comercio), y otros países avanzan en esa dirección.
  • Diplomacia militar moderada: Existe, pero su interés principal sigue siendo económico.

China ofrece cooperación rápida, visible y sin demasiadas condiciones políticas. Pero también puede generar dependencia comercial o riesgos de deuda si no se negocia con cuidado.

Estados Unidos (US): Migración, seguridad y contención a China

La política estadounidense hacia la región estuvo marcada por la migración, la seguridad y la competencia directa con China. Gran parte de sus movimientos se explican por prioridades internas.

En este periodo, se ha observado:

  • Migración como eje central: Especialmente en relación con México y Centroamérica.
  • Economía con influencia selectiva: Aunque EE. UU. sigue siendo el principal inversionista y su comercio con la región duplica al de China, su influencia fuerte se siente principalmente en su vecindad más cercana.
  • Aranceles y presión comercial: Con la administración Trump regresaron las amenazas arancelarias para influir en la política migratoria.
  • Limitación a China: Estados Unidos busca frenar el acceso chino a sectores como semiconductores y tecnologías avanzadas.
  • Una ventana política: Con gobiernos más alineados a Washington en algunos países, ve una oportunidad para reforzar su presencia. Ejemplo: Milei-Argentina

Estados Unidos opera con una visión más reactiva que estratégica. Su agenda prioriza la seguridad, el control migratorio y el uso del comercio como instrumento de presión.

Dos potencias, dos estilos

  • CN: Comercio, inversión, tecnología
  • US: TLCs, seguridad, presión arancelaria

Zonas de influencia

  • CN: Sudamérica
  • US: México y Centroamérica

Sectores clave

  • CN: 5G, energía, puertos
  • US: Seguridad, migración, comercio tradicional

Riesgos

  • CN: Deuda, falta de transparencia
  • US: Disminución de influencia y polarización interna

Impactos en la región: Economía, sociedad y política

China

  • Economía: Es el gran comprador de materias primas; ofrece préstamos ágiles, pero a veces poco transparentes.
  • Social: Impulsa infraestructura y tecnología, pero también genera preocupaciones sobre privacidad y vigilancia.
  • Político: Su narrativa de “no intervención” atrae a muchos gobiernos, aunque puede debilitar la transparencia y los controles democráticos.

Estados Unidos

  • Economía: Mantiene fuertes TLCs e instituciones financieras. El nearshoring beneficia más a México que al resto.
  • Social: Tiene enorme influencia cultural, y trabaja en seguridad y desarrollo social. Pero existe cansancio ante su enfoque selectivo en derechos humanos.
  • Político: Lidera la seguridad hemisférica y trata de limitar a China, empujando a los países a tomar posición.

Oportunidades y advertencias para Latinoamérica

  1. Mayor margen de negociación

La competencia entre potencias abre espacio para que los países negocien mejor, diversifiquen socios y exijan mejores condiciones.

  1. Más riesgo geopolítico

La región se ha convertido en un tablero donde las presiones aumentan y los alineamientos pueden afectar la autonomía nacional.

  1. Menos cohesión regional

Organismos como CELAC u OEA se ven fragmentados por las diferentes simpatías hacia China o Estados Unidos.

¿Qué camino debería tomar la región?

  • No caer en la lógica de “elegir bando”.
    La autonomía estratégica debe ser prioridad.
  • Exigir transparencia en las inversiones externas.
    Especialmente cuando involucran grandes deudas o activos estratégicos.
  • Fortalecer instituciones, reglas y controles.
    La mejor protección frente a presiones externas es contar con instituciones sólidas y confiables.

China y Estados Unidos seguirán compitiendo. La verdadera pregunta es cómo puede Latinoamérica convertir esa rivalidad en una oportunidad para su propio desarrollo. Con visión, transparencia y estrategia, es posible transformar esta competencia externa en un impulso para el fortalecimiento interno de la región.

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Ucrania: Sabotaje y terrorismo Parte I

Ucrania: Sabotaje y terrorismo Parte I

TIEMPO DE LECTURA: 10 min.

El gobierno ucraniano, sometido en estos días a intensas críticas y denuncias por la corrupción desenfrenada que afecta al mundo civil y militar en la administración de facto de Volodimir Zelensky  intenta, en forma desesperada, tratar de torcer el inevitable curso de su derrota, en la guerra en Europa oriental. Guerra a la cual ha sido conducida por sus valedores occidentales. Y para ello no ha encontrado mejor camino que transitar por el camino del sabotaje y el terrorismo desenfrenado.

Hablo de un conflicto que enfrenta a Rusia contra Estados Unidos (la OTAN), y que precisamente tienen como testaferro al régimen neonazi ucraniano. Esto no desde febrero del año 2022, sino que hunde sus raíces desde el momento mismo del derrumbe de la ex Unión Soviética, el avance de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) sobre la frontera occidental rusa, haciendo caso omiso de las garantías de seguridad exigidas por Rusia y los apoyos occidentales, reconocidos por altos funcionarios del gobierno estadounidense.

Tal ha sido el caso de la ex responsable de la política exterior para asuntos europeos y euroasiáticos, la diplomática y ex representante permanente de Estados Unidos en la OTAN, Victoria Nuland, con aseveraciones y operaciones concretas destinadas a que Ucrania volcara su accionar hacia las vías pro-OTAN y pro-Unión Europea, sirviendo de punta de lanza en la política de máxima presión contra la Rusia post soviética.

La ex secretaria de Estado adjunta de USA Victoria Nuland junto al Embajador de Estados Unido en Ucrania, Geoffrey Pyatt en la llamada
Plaza Euromaidán apoyando las manifestaciones pro-golpistas del año 2014 que condujeron al Golpe de Estado en Ucrania.

Nuland admitió en la Conferencia de la Fundación Estados Unidos – Ucrania el 13 de octubre de 2013, celebrada en la ciudad de Washington que “Desde la independencia de Ucrania en 1991, Estados Unidos ha apoyado a los ucranianos en el desarrollo de sus capacidades e instituciones democráticas, así como en la promoción de la participación ciudadana y la buena gobernanza, condiciones indispensables para que Ucrania alcance sus aspiraciones europeas. Hemos invertido más de 5000 millones de dólares para ayudar a Ucrania en estos y otros objetivos que garantizarán una Ucrania segura, próspera y democrática”.

Declaraciones recordadas en entrevista dada por el ministro de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa, Serguéi Lavrov, con el canal de YouTube “Ultrahang”, Moscú, el día 26 de octubre de 2025, trayendo al presente lo que los propios medios occidentales habían consignado triunfalmente “tras el golpe de Estado de hace once años, en febrero de 2014, cuando los golpistas tomaron el poder mediante un derrocamiento ilegítimo y sangriento orquestado por Estados Unidos. Tiempo después, la entonces subsecretaria de Estado estadounidense, Victoria Nuland, admitió ante el Congreso, que su país había gastado aproximadamente cinco mil millones de dólares en apoyo a Ucrania hasta ese momento, y que esto no había sido en vano, porque supuestamente había triunfado la democracia”.

El alto funcionario ruso continúa su remembranza signando el hecho que “este gobierno democrático” que había llegado al poder ilegalmente, anunció en su primera declaración, demostrando claramente sus instintos políticos, al día siguiente del golpe, la abolición del estatus del idioma ruso. Y el golpe de Estado tuvo lugar al día siguiente de la firma de un acuerdo, para el cual Alemania, Francia y Polonia habían dado garantías, entre el entonces presidente legítimo y universalmente reconocido, Víktor Yanukóvich, y la oposición. “Cuando llamamos a los franceses y alemanes y les dijimos: “Ustedes dieron garantías, y a la mañana siguiente la oposición ocupó edificios gubernamentales, entre otras acciones, respondieron que, la democracia a veces da giros inesperados” 

Terrorismo Kievita apoyado por Occidente

Ese apoyo a toda prueba de occidente al golpismo neonazi ucraniano permite entender la contumacia criminal exhibida, más de una década después del golpe que llevó al poder a las fuerzas pro otanistas. La manera que ha visualizado el régimen civil militar ucraniano, contando con el visto bueno de sus padrinos de Washington y Bruselas, es llevar adelante campañas de intensos ataques de sabotaje y terrorismo indiscriminado, contra la federación rusa. Sin distinguir en ello blancos civiles y militares y con el silencio cómplice de los medios de manipulación y desinformación occidentales, que suelen victimizar permanentemente a Ucrania y demonizar a Rusia.

Europa y su conducta ciega, sorda y muda frente al terrorismo ucraniano, haciendo caso omiso de las denuncias del gobierno ruso, evidencia el absoluto sometimiento al plan de desestabilización llevado a cabo contra la nación euroasiática, impulsado desde Washington y con el apoyo político, diplomático, financiero y militar, en sus distintas variantes, por parte de la Unión Europea, en su ala civil y militar adscrita a la OTAN.

Para el régimen kievita, todo lo que se vislumbre ruso (hombres mujeres y niños), son un blanco donde dirigir sus armas otorgadas, a manos llenas, precisamente por occidente. Una conducta que se concreta al mismo tiempo que las tropas ucranianas, golpeadas duramente por el ejército ruso, se retiran de las zonas de contacto, principalmente en las fronteras con las repúblicas de Donetsk y Lugansk en el Donbás.

El terrorismo, que no es ajeno a la historia del régimen ucraniano tras la etapa golpista del llamado Euromaidán, como ha sido, por ejemplo, la masacre en Odessa en mayo de 2014, recurre en forma desesperada a métodos destinados a generar pavor masivo e individual, con sabotajes a infraestructura crítica civil de la federación rusa y asesinatos selectivos como han sido los crímenes cometidos por los servicios de inteligencia ucranianos contra figuras públicas (rusas y ucranianas por igual), pero al fín críticas del régimen de Zelenski y su mafia de civiles y militares.

Tal es el atentado con un coche bomba contra la periodista Daria Dugina (hija del filósofo nacionalista Alexander Dougin), así como contra el bloguero militar Vlavden Tatarsky asesinado en San Petersburgo. Nombres al que hay que sumar al ex diputado de rada Suprema de Ucrania, Ilia Kiya, cuyo crimen, de un disparo en la cabeza, fue reconocido por un comando ucraniano que actuó en el distrito de Odintsovo, cerca de Moscú. Kiya fue acusado por el gobierno ucraniano de ser un colaborador del gobierno ruso.

Darya Dugina politóloga y periodista rusa asesinada por Kiev. De fondo, su padre Alexander Dugin. Prominente filósofo ruso.

A esos crímenes incluyo, indudablemente, el sabotaje a instalaciones energéticas, como son los gasoductos Nord Stream I y II ubicados en el Báltico, cuya autoría occidental no admite discusión; y los sabotajes a los trenes de pasajeros y de carga, demostrando el carácter exclusivamente terrorista de las definiciones político-militares del régimen kievita. Los medios occidentales, sin excepción, equiparan los ataques a trenes de uso militar ucraniano a aquellos atentados de Kiev contra el transporte ferroviario civil. Acción mediática con una narrativa con una narrativa rusofóbica que no admite matices.

Los reportes de acciones de estragos planificados para dañar infraestructuras de comunicación y transporte son permanentes, generando interrupciones en servicios esenciales para la población rusa. Se han registrado daños en depósitos de petróleo, terminales portuarias y buques, con consecuencias directas en el transporte y la exportación de crudo desde Rusia, lo que ha contribuido a tensiones económicas y ha elevado los costos energéticos. El sabotaje a líneas eléctricas y depósitos de almacenamiento ha provocado cortes de luz y calefacción en ciudades fronterizas rusas, afectando la vida cotidiana y la seguridad de la población civil que, con toda lógica exige más protección frente al terrorismo ucraniano.​

Rusia ha señalado a Kiev como responsable de ataques terroristas que incluyen el uso de minas prohibidas y actos que dañan servicios y medios esenciales para la población, contraviniendo todas las leyes de la guerra. Como prueba de estas acciones, el gobierno ruso ha presentado principalmente informes del Ministerio de Defensa y comunicados oficiales afirmando la interceptación y derribo de drones ucranianos usados para sus objetivos civiles donde los blancos principales son instalaciones energéticas, ferroviarias y civiles, citando patrones de ataques coordinados en regiones como Voronezh, Nizhni Nóvgorod y Bélgorod, con amplia repercusión incluso en medios ucranianos donde se vanaglorian de dichos actos.

El ministerio de guerra ucraniano ha asumido los ataques mortales contra el mundo civil ruso, los servicios básicos no militares de energía, transporte ferroviario, por ejemplo, bajo la justificación de “inhabilitar los elementos de la infraestructura ferroviaria” empleados – según Ucrania – en el sistema logístico del personal de las fuerzas armadas rusas en la zona de operación especial para la desnazificación y desmilitarización del ejército kievita.

El propio presidente de facto de Ucrania, en un esfuerzo de vigorizar a una sociedad y un ejército ucraniano desmoralizado, en un país consumido por la corrupción, participa activamente en las campañas mediáticas agradeciendo a los servicios secretos ucranianos por llevar a cabo sus actos de sabotaje y terrorismo y el apoyo en armas y dinero otorgados por occidente. Una guerra con resultados dramáticos para la población y un futuro hipotecado que quedará en manos de estos que entregan dinero a raudales y que exigirán devolución total.

Estos actos terroristas han conducido al régimen ucraniano a una degradación absoluta, e incluso diputados que solían apoyar a Zelenski, hoy exigen su salida, como es el caso del parlamentario Artem Dmitruk, quien ha calificado los ataques contra trenes de pasajeros como “otro paso hacia la paz bajo la fórmula Zelensky” es decir una fórmula fracasada. El diputado Dmitruk sostiene que la salida de Volodímir Zelenski de la presidencia se ha convertido en una condición necesaria para la supervivencia del país.

En su canal de Telegram, el miembro de la Rada Suprema subrayó que, a su juicio, la dimisión de Zelenski no es cuestión de emociones ni de eslóganes políticos, sino una necesidad inevitable. Dmitruk acusó al jefe de la administración de Kiev de presidir un colapso nacional, de acelerar el empobrecimiento y de profundizar la degradación institucional. Sostuvo que la única salida a la crisis pasa por transferir competencias clave de gobierno al Parlamento y avanzar con rapidez hacia negociaciones con Rusia para detener el conflicto.

Todo ello en pleno proceso de cuesta abajo en la rodada en materia de una derrota inevitable, que sólo se mantiene en pie gracias a los cientos de miles de millones de dólares en armas y dinero entregados por Estados Unidos y sus socios europeos – que hoy, bajo decisión de Trump – deben cubrir gran parte de la factura que repercutirá, inevitablemente, en las sociedades de esos países europeos que verán mermados sus beneficios sanitarios, educacionales y pensiones, fundamentalmente. La factura de la guerra hay que pagarla a los complejos militares industriales occidentales.

Rusia ha efectuado sus denuncias en foros internacionales acompañando sus palabras con pruebas concluyentes extraídas de imágenes satelitales o de cámaras de seguridad mostrando daños en instalaciones civiles e incluso nucleares. Moscú ha entregado listados de acciones terroristas desde el inicio de la guerra contra la alianza Washington-OTAN y Ucrania como punta de lanza. Entre esas denuncias encontramos:

⦁ Mayo del 2025. Descarrilamiento de trenes en las regiones de Briansk y Kursk (frontera con Ucrania), con uso de explosivos en puentes ferroviarios, dejando siete muertos y más de un centenar de heridos.​​ Los explosivos usados para derribar un puente vehicular que cayó sobre un tren de pasajeros fueron el C4 estadounidenses.

⦁ En junio de este año en la región de Kursk se hizo estallar un puente ferroviario en momentos que un tren de pasajeros transitaba por esta vía. Acto reconocido por representantes de la inteligencia ucraniana.

⦁ Reporte en días y horas de uso de drones contra la población civil rusa, incluyendo instalaciones energéticas e infraestructura básica.

⦁ Ataques a líneas de electricidad, oleoductos y aeródromos – incluyendo aquellos que albergan material nuclear – especialmente en las regiones de Bélgorod, Kursk, Vorónezh y Nizhni Nóvgorod.

⦁ Incidentes de sabotaje y terrorismo afectando también servicios de telecomunicación y transporte en zonas fronterizas.​

Junto a lo señalado reitero, existe un peligro aún mayor de intensificación del conflicto pero que puede causar daños más allá de las fronteras de Europa oriental. Me refiero a las acciones de sabotaje y ataques directos con drones a las instalaciones nucleares rusas, que ha generado alarma en la propia Unión Europea, cuyos dirigentes sotto voce, alertan sobre el peligro, pero no generan una política de freno por parte de su servil presidente de facto ucraniano. Tema que trataré en la segunda parte de este artículo.

Artículo publicado originalmente en HispanTv.


  1. Los ministros de Energía y Justicia de Ucrania renunciaron el miércoles 12 de noviembre después de que se revelara un escándalo de corrupción y sobornos por 100 millones de dólares. Por esta trama, fue acusado Timur Mindich, copropietario de una productora audiovisual fundada por VolodímIr Zelenski. Timur Mindich es copropietario de la productora audiovisual Kvartal 95, fundada por Volodímir Zelenski, quien fue un comediante estrella antes de ingresar a la política. “Mindich ejerció control sobre la acumulación, distribución y legalización de fondos de origen criminal en el sector energético ucraniano”, indicó al tribunal un fiscal de la Fiscalía Especializada Anticorrupción (Sapo) quien denunció la relación privilegiada Zelenski para sus actividades criminales.
    https://www.france24.com/es/europa/20251112-esc%C3%A1ndalo-de-corrupci%C3%B3n-en-ucrania-dos-ministros-renuncian-a-petici%C3%B3n-de-zelenski
  2. https://2009-2017.state.gov/p/eur/rls/rm/2013/dec/218804.htm
  3. https://www.mid.ru/de/maps/ua/2055699/
  4. El 2 de mayo de 2014, milicias fascistas fuertemente armadas atacaron la Casa de los Sindicatos en Odesa, Ucrania. En su interior quedaron atrapados manifestantes que se oponían al gobierno de derecha de Kiev, instaurado semanas antes mediante un golpe de Estado orquestado por Estados Unidos.
    https://www.peoplesworld.org/article/the-odessa-trade-union-massacre-ten-years-later/
  5. https://www.unian.net/war/voyna-v-ukraine-gur-i-sso-vzorvali-dve-zheleznodorozhnye-vetki-v-rossii-13130244.html
  6. https://www.rtve.es/noticias/20240421/ucrania-rusia-directo-guerra/16069486.shtml
  7. https://voennoedelo.com/es/posts/id4592-dmitruk-dimisi-n-de-zelenski-nica-salida-para-ucrania

Pablo Jofré Leal

Periodista y escritor chileno. Analista internacional, Máster en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid. especialista en temas de Latinoamérica, Oriente Medio y el Magreb. Es colaborador de varias cadenas de noticias internacionales. Creador de revista digital www.politicaycultura.cl

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