Palestina: Una Tormenta de Dignidad. Parte I

Palestina: Una Tormenta de Dignidad. Parte I

TIEMPO DE LECTURA: 9 min.

Las preguntas que ha surgido tras dos años desde la denominada Tormenta de Al Aqsa, una operación con una importancia de hondas repercusiones tiene, a mi entender, dos vertientes principales.

La primera, aquella que señala el punto de inflexión que significa, a través de la acción política militar de Tormenta de Al Aqsa, el poder visibilizar la lucha del pueblo palestino, tras aquel 7 de octubre de 2023.

Un hito que permite hoy conocer, en forma más profunda por parte de nuestras sociedades que, el proceso de ocupación, colonización y exterminio que ha sufrido el pueblo palestino durante 77 años, es una realidad presente, con enormes efectos humanos, económicos, políticos, sobre la vida diaria de millones de seres humanos en Palestina y en el transtierro. De esta manera se echa por tierra, en forma contundente, la narrativa y la Hasbará (1) sionista respecto que, el actual proceso de genocidio comenzó producto del ataque de los movimientos de resistencia de Palestina.

Una de las interpelaciones la podemos entender en la siguiente perspectiva ¿Tormenta de Al Aqsa era inevitable, necesaria, justa, legal? Respuesta que, a lo largo de este articulo podrá dilucidarse y que a mi entender, desde ya y sin tanto rodeo, es a favor de los argumentos de la resistencia palestina.

La segunda línea, que emana del análisis de lo que ha significado Tormenta de Al Aqsa proviene desde la trinchera del régimen nazisionista israelí y los gobiernos aliados. Estos, sostienen que, el proceso de agresión, crímenes, destrucción y genocidio, posterior al 7 de octubre del 2023, llevado a cabo por el ente israelí, tiene su génesis y explicación en base a Tormenta de Al Aqsa y que la respuesta es consecuente con la idea de una conjeturada legítima defensa.

Una línea argumental de absoluta debilidad legal y moral, que les permite desconocer y minimizar la historia de crímenes que la entidad que denominan estado nación judía ha cometido, desde el momento de su nacimiento el 14 de mayo de 1948 e incluso con anterioridad a través de las acciones llevadas a cabo por grupos terroristas sionistas como la banda Stern, Irgún, la Haganá.

Esos movimientos terroristas y sus acciones de terror, bandidaje, usurpación de tierras y masacres fueron preparando el terreno a través del llamado Plan Dalet, con el apoyo de potencias como Gran Bretaña y Estados Unidos, para concretar el mayor acto de pillaje de la historia moderna, como fue la conquista, ocupación y colonización de Palestina. Un Plan detallado con precisión y pleno conocimiento de las autoridades el mandato británico en palestina, que además proporcionó las armas y la preparación militar para que esas bandas terroristas actuaran.

El objetivo de este plan era dominar aquellas áreas que fueran establecidas para el futuro “estado judío” cuya recomendación saldría de la resolución 181 de diciembre de 1947 y por tanto aprovechar esa determinación no vinculante para hacerse con el control de la mayor cantidad de territorio palestino. También y como se detalló en el plan general el obtener el control de las áreas de asentamiento y concentración judías que se encontraban fuera de las fronteras que se querían establecer mediante la citada resolución de la ONU. Un plan basado en tres planes anteriores: 1. Plan B de septiembre del año 1945 (apenas terminada la segunda guerra mundial. 2. Plan de mayo de 1946 y 3. Plan Yehoshua de marzo de 1948. Evidencia concreta de la complicidad en el expolio de Palestina de las potencias occidentales (2)

Todo ello bajo un manto de supuesta legalidad internacional destinado a dotar de un hogar, principalmente a los europeos de creencia judía, en las tierras ancestrales del pueblo palestino. ¿La excusa? Reparar el crónico relato de una persecución histórica de aquellos creyentes judíos, que han hecho del victimismo su relato principal.

Una comunidad de judíos, de diversas nacionalidades, imbuidos, sobre todo a partir de fines del siglo XIX, de la ideología de origen cristiana fundamentalista como es el sionismo y donde es el pueblo palestino el que ha tenido que pagar un altísimo precio por ese mito victimista y sobre todo, los crímenes cometidos por el Tercer Reich alemán.

Desde este relato se instala una interrogante, signada por el dilucidar si frente al ataque de la resistencia palestina aquel 7 de octubre la entidad israelí tenía del derecho de llevar a cabo un proceso de destrucción y asesinatos masivos bajo el marco de lo que se denomina la legítima defensa invocando incluso la Carta de las Naciones Unidas en su artículo 51 Misma carta violada una y otra vez por Israel. “El derecho a la legítima defensa puede invocarse cuando un Estado se ve amenazado por otro Estado, lo que no es el caso” sostuvo Francesca Albanese, relatora especial de la ONU sobre los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados en un discurso ante el Club de Prensa Australiano (3)

La política sionista, bajo este manto de legitimar sus acciones criminales ha significado, en estos últimos dos años, el asesinato de al menos 300 mil palestinos, gran parte de ellos mujeres y niños, ya sea mediante muertes directas e indirectas y que se enmarcar en esta ideología genocida, amplificada en su esencia por los propios líderes judío-sionistas.

Una ideología en esencia criminal, racista, que desprecia a todo ser humano que sea goyim (no judíos) y que se explica sin ambigüedad alguna con las palabras de Menachem Begin. Primer ministro de Israel 1977-1983 y Premio Nobel de la Paz, en un discurso dado al Knesset (Parlamento israelí) citado por Amnon Kapeliouk, Begin and the Beasts, New Statesman, 25 de junio de 1982.

Dichas palabras reflejan la esencia de la dieología y del actuar de lo que es la sociedad israelí, más allá de las responsabilidades de sus líderes políticos y militares “Nuestra raza es una raza de amos. Nosotros somos dioses sobre este planeta. Somos tan diferentes las razas inferiores como ellos lo son de los insectos. De hecho, comparados con nuestra raza, las otras son bestias, ganado como mucho. Las demás razas son consideradas como excremento humano. Nuestro destino es gobernar sobre las razas inferiores. Nuestro reino terrenal será gobernado con vara de hierro por nuestro líder. Las masas lamerán nuestros pies y nos servirán como nuestros esclavos”.

La respuesta a este eje discursivo se responde en virtud de la primera interrogante pues explica con claridad que no existe argumentación alguna que permita defender la política de solución final llevada a cabo por el régimen civil militar israelí, con apoyo de gobiernos como Estados Unidos y países europeos, devenidos en socios políticos, diplomáticos, económicos y militares del ente nazisionista y por tanto cómplices del más atroz proceso genocida de los últimos 80 años.

Con toda claridad Tormenta de Al Aqsa se constituyó en un hito fundamental para decirle al mundo que el pueblo palestino a pesar de décadas de usurpación, expolio y genocidio estaba vivo, que sus sueños y anhelos por el logro de la autodeterminación negada en función de una entidad supremacista, racista, violenta y punta de lanza de los intereses occidentales en la zona de Asia occidental. Israel representa los intereses de aquellas potencias hegemónicas y arrogantes, que han sido el puntal de la política de ocupación, colonización y exterminio del pueblo palestino por más de siete décadas.

Tormenta de Al Aqsa no fue una acción precipitada. Ha sido una respuesta como lo sostienen los dirigentes de la resistencia en Gaza, frente a décadas de genocidio sistemático, desplazamiento de la población palestina, expulsión, creación de asentamientos con colonos extranjeros en tierras palestinas que son usurpadas, expoliadas y su población obligada a dejar sus hogares.

Consigno décadas de robos, de crímenes, de violación constante de los derechos humanos. Detenciones arbitrarias, bajo un marco de torturas físicas, sicológicas. Violación de hombres y mujeres, secuestro de menores de edad. Un sinfín de hechos absolutamente contrarios, no sólo al derecho internacional como es la construcción de muros de segregación, tanto en Cisjordania como en Gaza, sino que violatorios de todo tipo de derechos humanos e incluso de elementos componentes básicos de cualquier pueblo como es su historia, arqueología, gastronomía, su cultura, musical, literatura. Entre otros.

La Operación Tormenta de Al Aqsa ha sido un hito fundamental, catalizador para volver a colocar en el centro de la defensa, apoyo y solidaridad al pueblo palestino. Tormenta Al Aqsa, ha sido efectuada desde la justeza, de la necesidad y del derecho que les asiste a los pueblos ocupados el rebelarse y alzarse contra aquellos regímenes que en el caso del nacionalsionismo ocupan, colonizan y han generado una política de exterminio palestino desde hace 77 años hasta hoy.

Shahd Hammouri, profesora de derecho internacional en la Universidad de Kent, en Inglaterra, señala en un interesante artículo titulado “El Pueblo Palestino tiene el derecho de resistir por todos los medios disponibles a su alcance” (4) señala que los actos de resistencia del pueblo contra una ilegalidad grave no son contrarios a los principios de la Carta de las Naciones Unidas.

Afirma Hammouri que “La resistencia del pueblo palestino, utilizando todos los medios disponibles a su alcance contra un poder de ocupación ilegal, es un acto legítimo. Privar a los pueblos de uno de los derechos más básicos es negar su derecho a la igualdad y la dignidad humana, lo que va en contra de la Carta de las Naciones Unidas. La legitimidad de la resistencia es provocada por la gravedad de la ilegalidad en cuestión, tal como la ausencia de voluntad política de la comunidad internacional para detener las violaciones y la posición asimétrica en la que se encuentran las personas subyugadas”

En su trabajo, la mencionada profesional da a conocer que la legitimidad de esta resistencia palestina ha sido establecida en diversas fuentes del derecho internacional. La confirmación de esta legitimidad es evidente cuando se examinan las fuentes teniendo en cuenta las opiniones de los Estados y académicos de los países del Sur global en la construcción del derecho internacional. Esta resistencia no es incompatible con la prohibición del uso de la fuerza, ya que constituye una forma de autodefensa colectiva por parte de los pueblos. Tampoco está prohibida por el Derecho Internacional Humanitario, que establece que las personas no están obligadas a prestar lealtad al poder de ocupación y, por lo tanto, se les permite recurrir a las armas en su resistencia contra un poder de ocupación ilegal.

Artículo publicado originalmente en Hispantv.


  1. Hasbará: Se deriva del verbo hebreo lehasbir, que suele traducirse como “Explicar” o “esclarecer”. Es el campo de trabajo destinado por el sionismo a maquillar y lavar la imagen de un régimen colonialista y ocupante del territorio palestino. La idea de este Hasbara, empleado como programa de propaganda, es dar a conocer la versión israelí o más bien distorsionar, manipular y desinformar sobre lo que acontece tanto en Palestina como en Asia occidental.
  2. Según relata Ilan Pappé (La limpieza étnica de Palestina, Barcelona, Crítica, 2006, pp. 9-18), este documento fue elaborado en la «Casa Roja» de Tel Aviv, sede de la Haganá. El miércoles 11 de marzo de 1948, un grupo de once hombres, «conformado por veteranos líderes sionistas y jóvenes oficiales militares pusieron los toques finales al plan para la limpieza étnica de Palestina». El Plan D (Dalet en hebreo) era la cuarta y definitiva versión de proyectos anteriores, más vagos y menos contundentes. «A cada unidad se le proporcionó su propia lista de aldeas y barrios” https://revistanuestrahistoria.com/wp-content/uploads/2025/02/nh18_pp169-176.pdf
  3. Según el Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, hasta que el Consejo de Seguridad adopte medidas para mantener la paz y la seguridad internacionales, “nada en la Carta menoscabará el derecho inherente de legítima defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un miembro de las Naciones Unidas”. Desde que Israel inició el bombardeo de la Franja de Gaza, sus funcionarios y sus aliados occidentales defienden las acciones israelíes invocando el Artículo 51. https://www.aljazeera.com/news/2023/11/17/does-israel-have-the-right-to-self-defence-in-gaza
  4. https://law4palestine.org/el-pueblo-palestino-tiene-el-derecho-de-resistir-por-todos-los-medios-disponibles-a-su-alcance-escrito-por-dr-shahd-hammouri/

Pablo Jofré Leal

Periodista y escritor chileno. Analista internacional, Máster en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid. especialista en temas de Latinoamérica, Oriente Medio y el Magreb. Es colaborador de varias cadenas de noticias internacionales. Creador de revista digital www.politicaycultura.cl

Maria Bernabitti: la mujer que encendió la chispa del peronismo 

Maria Bernabitti: la mujer que encendió la chispa del peronismo 

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

En un país y un contexto en donde las mujeres obreras eran invisibles y los sindicatos algo del territorio masculino, María Bernabitti de Roldán se convirtió en una figura irrepetible. Delegada sindical en el frigorífico Swift, parte organizadora de la histórica movilización del 17 de octubre de 1945, y voz de miles de trabajadoras que exigían dignidad. Roldán no solo desafío las estructuras laborales de su tiempo: ayudó a moldear el nacimiento de un movimiento político que cambiaría la historia argentina. 

La mujer que lideró el 17 de octubre 

En la historia oficial de aquel 17 de octubre de 1945, la jornada que dio origen al peronismo como movimiento popular, los nombres que suelen resonar suelen ser masculinos. Sin embargo, entre aquellas columnas obreras que marcharon hacia Plaza de Mayo exigiendo la liberación de Juan Domingo Perón, hubo una mujer que no solo caminó: lideró. Su nombre era Natalia María Bernabitti de Roldán, trabajadora del frigorífico Swift en Berisso, y primera delegada sindical mujer en América Latina.  

Roldán encabezó una de las columnas más emblemáticas que partieron desde el conurbano bonaerense. Su liderazgo no fue algo casual: venía de enfrentar a la patronal inglesa del frigorífico, organizando a sus compañeras y compañeros en defensa de sus derechos laborales. En una época en la que el sindicalismo era territorio masculino, ella se convirtió en referente, símbolo y pionera. 

La historia de María Roldán ha sido silenciada durante décadas. Su figura no aparece en los manuales escolares ni en los actos oficiales. Pero en los últimos años, movimientos feministas y archivos sindicales han comenzado a recuperar su legado. No como una excepción, sino como parte de una genealogía de mujeres que hicieron del sindicalismo un espacio de lucha, cuidado y pacto colectivo. 

Roldán no marchó solo por Perón. Marchó por todas las mujeres que querían ser escuchadas, votadas y representadas. Su caminata fue un gesto de lealtad, pero también de desafío. Su nombre vuelve a resonar como símbolo de una ética obrera que no separa lo sindical de lo femenino. 

Sindicalismo con cuerpo, coraje y memoria. 

María Bernabitti fue mucho más que una figura del 17 de octubre. Su trayectoria como sindicalista revela una ética obrera profundamente comprometida con la justicia, la lealtad y la organización colectiva. Nacida en 1908 en San Martín, se trasladó de niña a Berisso, donde luego trabajó en el frigorífico Swift. Allí en un ambiente dominado por la patronal inglesa y por estructuras gremiales masculinas, se convirtió en la primera mujer delegada sindical de América Latina. 

Su militancia sindical se articuló con el liderazgo de Cipriano Reyes, referente del movimiento obrero que luego daría origen al Partido Laborista. Junto a él y otros compañeros, Roldán organizó huelgas, enfrentó despidos y desafió el poder patronal. Su activismo le valió la expulsión del frigorífico, pero no el silencio: el 17 de octubre, a pesar de estar despedida, se presentó en la puerta del establecimiento y encabezó la columna obrera que marchó hacia Plaza de Mayo para exigir la liberación de Perón. 

 

Tenía prohibida la entrada al Swift de Berisso. La habían despedido tras una huelga y los capataces no querían verla ni en pintura. Pero en los últimos minutos del día anterior al 17 de octubre, con la convicción que nace cuando se vence el miedo, decidió entrar de todos modos.

María, con 37 años, organizando una distracción en la puerta del frigorífico para burlar a los vigilantes, le pidió a su esposo, Vicente Roldán, que agarrara cuatro o cinco hombres y que simularan una pelea frente a la puerta de Swift, para luego irrumpir entre las secciones al grito de:

—¡Lo van a matar a Perón! ¡Tenemos que movilizarnos!

Los obreros, sorprendidos, la escuchaban con respeto. Sabían bien quién era. Había sido una de las mujeres más combativas del sindicato, cercana a Cipriano Reyes, delegada del Swift y voz encendida en cada asamblea. En cuestión de minutos, la fábrica se transformó en una marea de trabajadores decididos a marchar.

Caminaron más de 15 kilómetros hasta la Plaza de Mayo. María fue la única mujer que se dirigió al pueblo trabajador desde el palco de la Casa Rosada: “Acá tiene que llegar el Coronel, porque ya nosotros en el sindicato de la carne nos hemos juramentado todos que si él a las 12 de la noche no esta aca en el palco con nosotros seguiremos sin trabajar, paralizando el pueblo argentino. Pase lo que pase, la vida por Perón.” 

Edelmiro Farrell, sorprendido por esa voz femenina que escuchó, le preguntó quién era. María le dijo: “Yo soy una mujer del frigorífico Swift que corta carne con una cuchilla mucho más grande que yo.”

Del campo a la lucha

Cómo la de tantos obreros y obreras de Berisso, la historia de María Bernabitti comenzó lejos de los frigoríficos. En 1933, junto a su esposo Vicente, dejaron atrás el campo, huyendo del hambre y la miseria de las cosechas itinerantes. La decisión fue definitiva: tras presenciar la muerte por inanición de un niño en una de las estancias cercanas a la Vedia, juraron no volver a vivir bajó la indiferencia de los patrones rurales. 

La ciudad les ofreció trabajo, pero no el alivio que buscaban. En los frigoríficos Swift y Armour encontraron otra forma de explotación. Jornadas extenuantes por apenas siete centavos la hora —menos aún para las mujeres—, condiciones laborales durísimas y una lógica despiadada: los trabajadores eran simples números en un cartel, y quién no alcanzaba el mínimo de producción era despedido sin miramientos. 

Fue en esa rutina implacable donde se templó el carácter de María. En los conventillos de la calle Nueva York, compartiendo piezas de madera, baños comunes y ollas colectivas, se forjó una militante obrera que no tardaría en convertirse en una de las voces más combativas del movimiento sindical de la época. 

Su historia, estuvo marcada por la lucha, la dignidad y una convicción inquebrantable. Mujer de acción, su compromiso con la causa obrera trascendió los discursos: lo suyo era el cuerpo en la calle, la palabra directa y la exigencia concreta. 

Durante una de las visitas de Juan Domingo Perón a Berisso, cuando todavía era coronel y secretario de Trabajo. Mientras la mayoría lo rodeaba con respeto y distancia, María se le acercó sin rodeos. Lo miro a los ojos y le dijo: 

—Coronel, nosotros vivimos en un conventillo. No tenemos donde bañarnos. 

Perón, con tono conciliador, le respondió: 

—Ya va a haber un baño, María. 

Pero ella no se achicó: 

—No queremos baños, queremos casas. 

Esa frase, simple y contundente, resumía el reclamo de miles de familias obreras que vivían hacinadas en los conventillos, en condiciones precarias, compartiendo baños y cocinas, con techos de chapas y paredes de madera que apenas los protegían del frío y la lluvia

 Pocos días después, Perón volvió a Berisso. Está vez no fue solo, llevaba una bandera y un proyecto. En un descampado, donde antes se hacían  carreras cuadreras, se anunció la construcción del Barrio Obrero de Berisso. Las casas, de material, con baño propio y patio, marcaron un antes y un después en la vida de cientos de familias trabajadoras. 

Una llama que sigue encendida

En la Argentina de 2025, marcada por la fragmentación política, el avance de discursos individualistas y el retroceso de derechos laborales conquistados con décadas de lucha, la figura de María Bernabitti de Roldán resurge como un faro ético y colectivo. Su historia no es solo memoria: es advertencia, inspiración y propuesta.

Mientras se debaten reformas que afectan a los trabajadores, se recortan políticas de cuidado y se intenta desarticular el tejido sindical, recordar a María es recordar que hubo una vez una mujer que, desde un conventillo, exigió casas dignas; que irrumpió en una fábrica para encender la marcha del 17 de octubre; que desafió a la patronal inglesa y al machismo gremial con la misma convicción. Su cuerpo en la calle, su palabra directa, su gesto de pacto, siguen siendo lecciones urgentes.

María no fue una excepción. Fue parte de una genealogía de mujeres que hicieron del sindicalismo un espacio de lucha, cuidado y reparación. Hoy, cuando el país vuelve a preguntarse por el sentido de lo colectivo, su nombre se convierte en símbolo de una ética obrera que no separa lo sindical de lo femenino, lo político de lo afectivo.

Recordarla no es solo un acto de justicia histórica. Es una invitación a volver a mirar el país desde abajo, desde las ollas compartidas, los baños comunes, las marchas improvisadas y los pactos que nacen del coraje. María Roldán encendió la chispa del peronismo, pero también la de una Argentina que aún puede ser justa, digna y profundamente humana.

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