Una nueva trinchera sobre el feminismo y la diversidad

Una nueva trinchera sobre el feminismo y la diversidad

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

Feminismo y diversidad como territorios de disputas, construcción y transformación. Desde una mirada crítica y comprometida, este frente apuesta por visibilizar las voces que desafían el orden establecido, cuestionan las violencias estructurales y abren caminos hacia una sociedad más justa, plural y libre.

A lo largo de los procesos revolucionarios e independentistas de América Latina, las mujeres han ocupado un rol silencioso pero que fue fundamental en los procesos revolucionarios: desde aquellas que resistieron a la colonización y defendieron sus territorios y culturas, hasta las que levantaron los pañuelos blancos en la Plaza de Mayo, exigieron justicia en las calles y convirtieron su dolor en bandera de lucha. 

El feminismo popular no se construye desde los mármoles del poder, sino desde el barro: desde las ollas comunitarias, los cuerpos que desobedecen y los márgenes que gritan. La figura de “madres de la patria” se resignifica, ya no como un mito de abnegación, sino como símbolo de rebeldía, organización y resistencia cotidiana.  

Las mujeres no solo fueron acompañantes en el proceso de emancipación: fueron guerreras, espías, organizadoras, mensajeras y líderes comunitarias. Su participación fue clave tanto en el frente de batalla como en la retaguardia. 

El reconocimiento de estas mujeres no solo se encarga de reparar una deuda histórica, sino que permite entender que la independencia fue una gesta colectiva, diversa y profundamente feminista en sus formas de resistencias. Desde aquellas que compraron las armas que empuñaron los soldados del general Belgrano, hasta las que organizaban tertulias y bailes domésticos en las que se recordaba la “gloriosa revolución”

Cifras que incomodan, cifras que interpelan

En un país donde el Estado ha desmantelado el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad, y donde el Programa Acompañar sufrió una reducción del 98,6 % en apenas un trimestre, hablar de feminismo y diversidad no es una decisión editorial: es una urgencia política. La línea 144, la ESI y la Ley Lucio han sido desfinanciadas, mientras cada 30 horas ocurre un femicidio y el 45 % de las mujeres sufre violencia de género, de las cuales solo una de cada cinco se anima a denunciar. 

La feminización de la pobreza se profundiza: una de cada cuatro mujeres no cuenta con ingresos propios, y la brecha entre varones y mujeres en situación de pobreza extrema ronda los diez puntos. Estas cifras no son estadísticas aisladas: son un reflejo de un sistema que reproduce desigualdades y despoja de derechos. 

La situación de la comunidad LGBTIQ+ también da cuenta de violencia estructural y exclusión sistemática. Según el primer Relevamiento Nacional de Condiciones de Vida de la Diversidad Sexual y Genérica (2023) más del 59 % pensó en quitarse la vida alguna vez; el 14 % de los varones trans y el 12 % de las mujeres trans están desocupados; y un 35 % sufrió agresiones o amenazas en espacios públicos. 

Al pararnos desde el feminismo popular con matriz política, construido desde una perspectiva que entiende el cuerpo como territorio político, atravesado por múltiples formas de violencia, pero también como espacio de lucha y dignidad. El feminismo popular que se posiciona como  contrapoder frente a la avanzada neoliberal y fascista. 

Los encuentros plurinacionales, la marea verde, las asambleas post crisis 2001 y las movilizaciones de Ni Una Menos constituyen lo que se puede tomar como momentos bisagra en la historia. Desde aquellas mujeres indígenas, que se resistieron a la colonización, hasta las militantes de los últimos años, Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, Evita, Norma Plá, Diana Sacayan, Lohana Berkins, Milagro Sala, etc. este feminismo es construido en una continuidad histórica. 

¿Por qué centrarnos en el feminismo y la diversidad?

El feminismo y las disidencias sexuales y de género comparten una raíz común: la resistencia frente a sistemas de opresión que se manifiestan en múltiples formas –el patriarcado, el cisheteronorma, el racismo, el capitalismo, entre otros. Estas luchas que no son homogéneas ni lineales, están atravesadas por tensiones, contradicciones y una enorme riqueza de perspectivas que merecen ser exploradas con profundidad y respeto.

Queremos construir un espacio que permita pensar de manera crítica, las identidades, los cuerpos, los afectos y las formas de vincularnos. Queremos hablar de lo que incomoda, de lo que transforma, de lo que se organiza en los márgenes y desde abajo. Porque hablar de feminismo y diversidad, es hablar de derechos, de autonomía, de deseo, de comunidad y de futuro. 

Nuestro enfoque no busca brindar ningún tipo de respuesta cerrada, sino más bien abrir preguntas, habilitar diálogos y acompañar procesos de construcción colectiva. Elegimos hacerlo con convicción, sensibilidad y compromiso, dando lugar a los debates sobre el feminismo negro, la violencia institucional, los crimenes de odio y la invisibilidad de las disidencias. 

Es importante entender que la diversidad no se presenta como un complemento del feminismo, sino como una parte constitutiva de una lucha colectiva que se construye desde los márgenes, desde el barro. Es una denuncia, si, pero también es una afirmación política. 

Estos temas no suelen ocupar los titulares de los medios hegemónicos, y por eso es fundamental que existan espacios como este, que no solo informan, sino que también construyen comunidad, memoria y resistencia.

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Pensar el trabajo, pensar la patria

Pensar el trabajo, pensar la patria

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Trabajar para vivir o vivir para trabajar. Nuestro presente argentino, y global, nos inclina hacia lo segundo. Entregarnos al trabajo, para una retribución que no alcanza, a cambio de una falta de tiempo que no nos permite vivir plenamente. ¿Hay margen en este presente para salir de la lógica de vivir para el trabajo? ¿Hay propuestas para ello? ¿Hay margen para, lo que el papa Francisco llamó, “recuperar el sentido del trabajo”?

No es novedoso afirmar que la fragmentación es un signo de estos tiempos. En el marco de un proceso global que la excede, la realidad del mundo del trabajo es una dimensión que, en parte, explica y, en parte, expone este signo. 

Tampoco es novedoso señalar que en los proyectos nacional-populares se está viviendo una crisis, no solo de representación política sino también programática. Una falta de brújula que impide construir esa misma representación. Una dificultad para conectar con el espíritu de época. 

En este escenario cabe preguntarse, ¿Cómo pensamos el trabajo?¿Qué categorías y qué realidades referimos para caracterizarlo en este momento histórico? ¿A qué trabajador se le habla? ¿Cómo se piensa su representación? ¿Para quienes se diseñan las políticas? En este sentido, ¿podemos encontrar en la victoria de Milei, una expresión de las erráticas caracterizaciones del mundo del trabajo? Y por ende, ¿su relectura puede ser un pilar de un proyecto de país que se muestre vital frente a la avanzada anarcocapitalista? ¿Podemos pensar la patria sin pensar el trabajo?

A priori podemos decir que desentrañar ese entramado laboral argentino es una tarea crucial para comprender las problemáticas y necesidades de estos tiempos. Allí lo primero que emerge son realidades en plural; una multiplicidad que pareciera difícil de resolver bajo las mismas recetas y que traen sus propias problemáticas e interrogantes. Los desocupados en la puerta giratoria del trabajo informal, las changas y la nada. Los trabajadores de la economía popular entre lo organizado y lo silvestre pero siempre desprotegidos. Los trabajadores de plataforma que se arriesgan a los costos de ser “dueños de su tiempo”. Los tercerizados y la incertidumbre. Los informales que priorizan ingresos a derechos (o aceptan la que venga). Los cuentapropistas y monotributistas en crecimiento sostenido. Los que encuentran en cada necesidad un emprendimiento. Los trabajadores formales con bajos ingresos, fenómeno considerado como marca distintiva de los últimos años. 

Categorías, sectores delimitados para cuantificar pero que, en el mundo real, se entremezclan. Los que salen del laburo para hacer unos viajecitos en la plataforma, las que trabajan en un comercio y se ponen en la casa el salón de uñas, las que hacen contenido y cobran en dólares, el docente que vende tortas, entre otros ejemplos. A ellos se suman los docentes desbordados de horas, los que salen de un laburo para entrar a otro, y diversas modalidades de pluriempleo o pluriactividad que también caracterizan este momento.

Una multiplicidad de pertenencias laborales que dan lugar a un sujeto trabajador mucho más complejo y diverso que hace treinta o cuarenta años, excediendo las líneas divisorias entre campo/ciudad o de rama de actividad ¿Cómo se construye identidad desde el trabajo en estos tiempos? ¿Esa fragmentación y fluidez dificulta la construcción de una agenda común? Sin perder sus problemáticas y necesidades particulares, ¿Cuál es el  hilo conductor entre esas realidades? Dando un puntapié al debate, podríamos señalar, en muchos casos, a la precariedad como denominador común. Precariedad en un sentido amplio, entre ausencia de derechos, bajos ingresos, malas condiciones de trabajo, etc. 

Un panorama que nos enfrenta a una tensión esencial: trabajar para vivir o vivir para trabajar. Nuestro presente argentino, y global, nos inclina hacia lo segundo. Entregarnos al trabajo, para una retribución que no alcanza (y que en muchos casos una parte significativa se destina a transporte y otros recursos para el trabajo mismo) y una falta de tiempo para destinarla al placer, pasar tiempo con la familia, amistades, para vivir plenamente. ¿Hay margen en este presente para salir de la lógica de vivir para el trabajo? ¿Hay propuestas para ello? ¿Hay margen para, lo que el papa Francisco llamó, “recuperar el sentido del trabajo”?

En otro orden, abordar el trabajo involucra preguntarse por los procesos organizativos y gremiales de los trabajadores, ya sean estos potentes, fragmentarios, incipientes o anquilosados. Las organizaciones de desocupados, las herramientas gremiales autoinstituidas (y pseudoreconocidas) de la economía popular, las iniciativas poco orgánicas del sindicalismo de plataforma, las centrales sindicales que se limitan a representar a la parte y se alejan del todo. Una columna vertebral que se va desangrando. En un contexto donde tener vacaciones es de casta, donde la solidaridad y el sentido colectivo se ve embestido por las lógicas neoliberales, la organización de los trabajadores pide ser analizada y debatida. 

Mientras vivir para el trabajo se vuelve lógica imperante, la exclusión emerge como otro rasgo distintivo del estadio actual del capitalismo. Al desarrollo tecnológico, que trae consigo los debates en torno a los procesos de exclusión de mano de obra, se le suma la intensa y veloz expansión de la inteligencia artificial que pareciera poner nuevamente en agenda las discusiones sobre el “fin del trabajo”, a través de los portavoces del poder económico global. Allí emergen genuinas dudas en torno a qué trabajos subsistirán en este proceso, cuáles inevitablemente se jerarquizarán o aparecerán en virtud de las nuevas necesidades de esta economía. En paralelo, surgen preguntas sobre cómo frenar este proceso de expulsión asalariada, la factibilidad del retorno al pleno empleo, y de no ser así como garantizar trabajo para todos; a fin de cuentas, cómo crear trabajo (o tal vez, cómo dotarlo de derechos para que pueda ser realizado dignamente). 

Inevitablemente este debate también nos lleva a problematizar el rol del capital. Identificar sus lógicas, dinámicas y transformaciones nos permitirá repensar la función social del mismo. A nivel nacional, ¿Cómo ubicar al empresariado nacional en el marco de una economía trasnacionalizada y financierizada?¿cómo reorientar de la timba a la producción? Producir para crear trabajo pero ¿Qué producir, para quién y cómo?¿con qué matriz impositiva, con qué salarios, con qué beneficios y qué obligaciones? ¿Qué armonía es posible entre el capital y el trabajo? ¿Cómo poner al hombre en el centro, en los tiempos del Dios dinero?

Estos son sólo algunos ejes que ameritan una reflexión en pos de no sólo diagnosticar sino también imaginar un nuevo horizonte deseable para la Argentina, o al menos algunas líneas para marcarle la cancha al realismo capitalista. 

Frente a un gobierno que busca romper todo entramado social-comunitario, toda iniciativa que apele a la respuesta colectiva (de subsistencia o de avanzada) nos trae al trabajo; a fin de cuentas, es la relación social primitiva: debatir el trabajo es debatir cómo nos relacionamos. Hoy como ayer, el trabajo sigue siendo el eje ordenador de la vida y de un proyecto de país. Aquí buscaremos dialogar entre la especificidad de cada realidad y la necesidad de construir lectura integral que pueda construir una punta de lanza para pensar la patria.

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Argentina: Bicontinental, bioceánica y del Atlántico Sur

Argentina: Bicontinental, bioceánica y del Atlántico Sur

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

Existen varias visiones y recuperaciones historiográficas sobre que es Argentina, que era antes, que comprendía y que comprende, y, en función de ella, que nos corresponde aspirar a reclamar. El último mapa diagramado por un gobierno, que fue el bicontinental en 2010, grafica a la perfección la idea mas extensa de Argentina como tal.

A la hora de pensar la extensión de la Argentina sobre el Atlántico Sur, es importante retomar algunas líneas brevemente mencionadas en el texto introductorio  de este relanzamiento llamado “Pensar la Patria” sobre los “ diversos imaginarios sobre el territorio”. Allí, en una rápida mención -a fín de no atascarse en ningún concepto particular- aseveramos que la defensa criolla en las invasiones inglesas dieron nacimiento al sentimiento de patria, la cual luego se materializaría en la proclama de independencia, con una clara concepción sobre qué territorios se incluían.

Existen varias visiones y recuperaciones historiográficas sobre que es Argentina, que era antes, que comprendía y que comprende, y, en función de ella, que nos corresponde aspirar a reclamar. Historiadores, intelectuales, entre otros, discuten en el cotidiano sobre esto, aunque muchos, lamentablemente, con ciertos sesgos formativos en favor de las narrativas pro británicas.

Así fue el caso del podcast realizado entre Revista Anfibia y la ONG de ese país, Wild Conservation Society (WCS), que propone una zona protegida en el sector argentino del mar, pero jamás menciona la explotación ilegal pesquera y minera de Gran Bretaña en la misma zona. El podcast se puede encontrar en Spotify bajo el nombre  “La Argentina y el mar”.

En ese sentido, la totalización del discurso de Argentina como un pacto en 1860 tras la victoria del unitarismo, el cual luego decide “anexar” la patagonia, puede representar no solo un tiro en el pié a nuestra soberanía, sino además la subordinación bajo un concepto determinado. Porque, si de conceptos hablamos, la idea principal de los libertadores de América como José de San Martín, Simón Bolívar, Manuel Belgrano, entre otros, fue la de la “patria grande” la cual comprendía la totalidad de América del Sur (sin el reino del Brasil). 

Frustrado ello, la independencia se firmó entre las provincias unidas del sur, agregando Malvinas y demases islas del Atlántico Sur, con proyección a incluir la patagonia, y finalmente, la porción más próxima de la Antártida. Luego, diez días después, el diputado Pedro Medrano agregaría al acta de independencia la proclama “y de toda dominación extranjera”.

Esta es, por lo pronto, una primera postura legible. De esta manera se conforma la “bicontinentalidad” (América del Sur con proyección a Antártida) y la “bioceanidad” al llegar al Atlántico Sur y conectarse con los océanos atlántico y pacífico. Además, estas dos cualidades aseguran la presencia en una de las tres rutas comerciales marítimas de la región. 

Posterior a estas resoluciones, por ejemplo, la proyección a Antártida se logró mediante la presencia en aquel continente (Base Orcadas en 1904) y se aseguró mediante la creación de Tierra del Fuego (1972), la provincia que es epicentro de todo el territorio, y desde donde se pueden proyectar los viajes con mejor logística. 

Lo que resta discutir es si esto fue posible mediante la “anexión” sanguinaria realizada sobre la patagonia por Julio Argentino Roca, o si en realidad ya existían dirigentes que comprendían a quienes vivían allí como parte del mismo territorio y los reconocían como parte de un mismo pueblo plurinacional.

De la misma forma se puede relativizar la presencia en Malvinas, que vendría a ser el título que adquirió la causa general de Atlántico Sur, pese a que Gran Bretaña posee otras partes de este territorio, con un valor estratégico igual, mayor o menor dependiendo la zona. Entre esto se encuentra parte de la plataforma marítima, las Islas Georgias y Sandwich del Sur, y el reclamo activo sobre la Antártida, que por supuesto pisa la parte reclamada por Argentina. ¿Qué casualidad? ¿No?

Entre todo lo nombrado, Gran Bretaña ocupa un 25% del territorio reclamado históricamente por esta visión de la Argentina. Si bien ese dato no abunda en la opinión pública del país, por lo menos sí existe en ésta un consenso casi total por la pertenencia de Malvinas. Pero como dijimos, todo se puede relativizar según la visión que se quiera imponer. 

Tomemos de ejemplo entonces la causa Malvinas: fue incluida por Cornelio Saavedra en la declaración de independencia y controlada por gestiones sucesoras. El 10 de junio de 1829, el entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Martín Rodriguez, designó por decreto a Luis Vernet como comandante Militar y Civil de las Islas Malvinas, quien se mudó allí e incluso dio vida a la primera ciudadana oficial de las Islas, Matilde Malvina Vernet. Podemos entonces asegurar incluso desde una visión de población “natural” que la Argentina tiene todos los argumentos para considerar que Malvinas le pertenecen. 

No obstante, en 1833, una supuesta expedición de investigación de un barco inglés finalizó con la toma de las Islas, la implantación de una nueva población artificial que hasta día de hoy se hace pasar como natural; los “Kelpers”, y un posterior conflicto bélico que sentó las bases para que se reconfiguren las construcciones historiográficas.

Tal es así que, el afán intelectual sin interés nacional de estos historiadores hace primar el reconocimiento de una historia de Argentina que inició en 1860 (desde cuestiones tan simbólicas como nombres o el triunfo de una idea de nación), lo cual, legitima el discurso del invasor, Gran Bretaña, que “tomó unas islas que no pertenecían a ninguna nación por mera expedición”.

Todo se puede relativizar desde construcciones meramente políticas. El problema surge cuando se impone la visión que beneficia al poder extranjero y no al nacional.

Esto lo vimos en el ejemplo Anfibia, en donde, por si fuese poco, la frutilla del postre fue ver a Valeria Falabella, intelectual Argentina, justificar lo que asevera este podcast del cual participó, asegurando que Argentina “no necesita estos recursos”.

No obstante, a lo largo de  nuestra historia también tenemos ejemplos contrarios a este hecho nombrado, como la lucha de Antonio Rivero, mejor conocido como el gaucho, quien casualmente es recordado a duras penas por la historiografía. Uno de los que lo recupera es el portal El Historiador, a cargo de Felipe Pigna, profesional de esa rama.

Adentrándonos en esa cuestión, este 26 de agosto del año corriente se cumplen 192 años del levantamiento que Rivero realizó en las Islas en 1833, junto a un grupo de patriotas, para recuperar el territorio que Gran Bretaña tomó el 3 de enero de ese mismo año. Entre este lapso, los trabajos con los que se mantenían en el día a día los comandaron los usurpadores, llevando a los criollos a la explotación.

Mientras varios de estos huyeron, Rivero resistió junto a otro grupo con el objetivo de realizar un levantamiento. Así es como junto a los gauchos Juan Brasido y José María Luna, y los indios charrúas Luciano Flores, Manuel Godoy, Felipe Salazar, Manuel González y Pascual Latorre, asesinaron a los ocupantes, efectuando la maniobra con éxito. 

No obstante, la segunda parte del plan, que era recibir refuerzos desde Buenos Aires, nunca se ejecutó, por lo que, ante el regreso de tropas británicas casi un año después de la primera invasión, los patriotas fueron apresados y llevados a Londres.

Lo que continuó luego de este hecho suma argumentos en favor de la postura que mantuvo durante estos años Argentina: en dicho juzgado británico los patriotas fueron absueltos y devueltos al sur de América, ya que las islas no se encontraban “bajo la jurisdicción del Reino Unido”. Como se explicó hasta ahora entonces, era un momento clave en la puja que los británicos ganaron mediante la fuerza, ya que los argumentos geográficos, históricos, e incluso de ocupación natural no los favorecían ni los favorecen. Por eso mismo reiteraremos y explayaremos: Argentina, además de pertenecerle Malvinas, es bicontinental, bioceánica y del Atlántico Sur. 

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Nadie se salva solo: piensa global, actúa local

Nadie se salva solo: piensa global, actúa local

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

¿Está bien llamar a lo que surge en la naturaleza “Recursos Naturales”? Si el agua, el aire, la tierra, los bosques, las montañas, los ríos o los mares pueden categorizarse de esta forma ¿Estaría bien decir que la música, el teatro, la literatura o la comunicación son “Recursos Sociales”? ¿Cómo podría explicarse si “Recursos humanos” se llama a quienes trabajan en empresas, o en el Estado, “evaluando” a las personas que se contratarán para tal o cual trabajo? El uso de las palabras y los conceptos nunca es inocuo, inocente o casual. Siempre hay un interés o justificación detrás.

Claro está que los seres humanos dependemos de la naturaleza para poder subsistir. Sin poder producir alimentos, o tomar agua dulce, no duraríamos ni un día con vida. Es obvio. Pero ¿siempre fue igual la relación de los seres humanos con la naturaleza o el ambiente en el que vivimos y nos desarrollamos? Evidentemente no. A medida que nuestra especie fue evolucionando, el vínculo con el entorno fue mutando.

Así lo que, para una comunidad originaria, para que pudiesen vivir, había integrantes que se dedicaban a la caza y utilizaban arco y flecha (construidos -principalmente- con madera y piedra) como herramienta, la forma de alimentarnos de hoy dista mucho de aquella. Pero algo nunca cambió y es esa dependencia de.

Sin entrar en detalles muy complejos y engorrosos, lo que seguramente todos sepan, es que por ejemplo un curso de agua de manantial, no siempre fue explotado por una empresa (sea nacional o extranjera) para embotellarla y ponerla a la venta en el “mercado” para que cada uno de nosotros pueda ir al kiosco o supermercado y pagar por ella. Existió un momento en que el agua había que ir a buscarla a esos cursos, o había que utilizar mecanismos para extraerla de pozos subterráneos. 

Eso que la naturaleza crea o genera, en algún momento del devenir histórico terminó convirtiéndose en algo que alguien se apropió. Para seguir con el ejemplo del agua, en algún momento alguien compró al Estado (o a quien la había usurpado) esa tierra donde se encuentra la desembocadura del manantial donde instaló una fábrica para embotellar agua dulce para vender.

Fue el devenir histórico y el avance de los procesos industriales y tecnológicos, los que perfeccionaron las técnicas con las que cuenta la especie humana para convertir eso que la naturaleza nos da, para satisfacer sus necesidades. Y fue específicamente en el capitalismo donde todo ello comenzó a llamarse “recurso”. Y, lógicamente, en tiempos donde todo parece que es controlado por el “mercado” no resultará muy difícil comprender que bajo el sistema capitalista todo, absolutamente todo, lo que pueda ser mercantilizado, pasará a llamarse “recurso”. En este caso particular, esos que surgen de la naturaleza, serán los llamados “Recursos Naturales”.

Pues bien, más allá de la ideología o el pensamiento que se profese, hay prácticamente un acuerdo unánime (obviamente, hay excepciones) en que la vida es un derecho de todo ser humano. Casi nadie en el mundo pone en tela de juicio esta afirmación. Ahora, si la vida es un derecho ¿los alimentos, el agua y demás cosas necesarias para poder vivir ¿No serían, también, un derecho? En los papeles si, en la práctica (de nuevo, bajo el capitalismo) no. No todas las personas acceden a esos famosos “Recursos”.

Pues bueno, surgen entonces algunas preguntas fundamentales: ¿Son recursos o son bienes? ¿Son de propiedad privada o colectiva? ¿Está bien que sean de una u otra forma? Aquí entramos en un debate moral sobre el asunto, porque si vivir es un derecho y para ello necesitamos tomar agua ¿Puede una empresa determinar si podemos o no tomar agua dependiendo si pagamos por ella o no? Más allá de si es legal o no ¿Es legítimo que eso suceda? Bueno, desde la perspectiva que encaramos en el Multimedio Trinchera, no. Rotundamente no. Son elementos que deberían ser de uso colectivo, no para usufructo de unos pocos. Y por ello debería dejar de utilizarse el término “Recursos Naturales” para ser reemplazado por el de “Bienes Comunes Naturales”, porque de ellos depende no sólo el ser humano, sino todo ser vivo.

No será motivo de este artículo profundizar en detalles o debates demasiado profundos, simplemente es un puntapié para empezar a pensar cómo llamamos a las cosas, por qué y fundamentalmente a qué responde que lo hagamos de esa manera. Y si hablamos de cómo mencionamos o llamamos a las cosas, hablamos de construcciones colectivas, de consensos colectivos (o imposiciones de las que somos víctimas). 

En la misma línea que lo antes mencionado, cabría preguntarse si el concepto “Bienes Comunes” no debería englobar también a los sociales, por consiguiente, dependientes/atados a las culturas de nuestros pueblos. Si así fuese podríamos decir que la música, la literatura, la escultura, los juegos, los deportes, la comunicación y toda construcción cultural deberían llamarse “Bienes Comunes Culturales”, porque para vivir también necesitamos de acceso a ellos. Fundamentalmente porque somos seres sociales. No podemos reproducir la vida en soledad.

Y conste que ni siquiera nos metimos a filosofar y preguntarnos sobre el derecho de los demás seres vivos que existen sobre la tierra. Estas consultas y preguntas siguen ancladas en una lógica dualista cartesiana que escinde al ser humano del resto de la naturaleza. Sigue siendo una mirada eurocéntrica y antropocéntrica. Ahora, si cambiamos la perspectiva en la mirada respecto de estos “Bienes Comunes” necesarios para la reproducción de la vida, que es un derecho, ¿Por qué los seres humanos tenemos esos derechos o el resto de los seres vivos no? Como verán se abre un nuevo abanico de discusiones.

Tal como afirmamos en el artículo principal de este Dossier de relanzamiento, de lo que se tratará de aquí en adelante, es de ponernos a pensar. Sobre la base de la investigación, de consultar a especialistas en cada materia, intentaremos realizar un aporte concreto que nos ayude a pensar. Un aporte que buscará que quienes los lean puedan discutirlos, incluso contradecirlos, pero sobre la base de opiniones formadas y críticas. Los problemas que vive la humanidad no se van a resolver por arte de magia. Hay que poder trabajar en la construcción de respuestas colectivas. Porque como siempre decimos, la salida, la solución, siempre fue, es y será colectiva. Nadie, por más “iluminado” que sea, se salva solo.

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¡Mortales! Oíd: Una Patria, un Estado, una Nación  

¡Mortales! Oíd: Una Patria, un Estado, una Nación  

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Cuando discutimos el Estado, no estamos haciendo otra cosa que discutir qué nociones de igualdad o libertad hay debajo de las acciones y los discursos, qué relaciones de poder se tensan y se disputan, cómo se distribuyen regionalmente los poderes, cómo se planifica y hacia dónde camina esa Patria.¿Podemos pensar en un Estado sin los aparatos burocráticos heredados de la colonia? ¿Podemos pensar un Estado que sea posibilitador de la igualdad y la libertad bajo la promesa democrática? 

“Ya entregué mi corazón
y otros te dieron la vida entera,
las fogatas de ese amor
no encienden sólo en primavera.
No me pidas olvidar, no me pidas desarmar,
desde niño aprendí que “patria”
es memoria y sueño bajo la piel.
Mira mis manos, llenas de hermanos.
Que tu sangre cante en el viento
como bandera de libertad.”

Patria; 1998 – Víctor Heredia

Un breve repaso universal

Entre los siglos XV Y XVIII, se desarrollan los “Estados modernos” en occidente arraigados a la idea de Nación. Es decir, empieza a constituirse el mundo como lo conocemos actualmente. Parafraseando a Weber podríamos decir que el “progreso” hacia el Estado burocrático, no es otra cosa que el proceso de racionalización que administra e imparte justicia según reglamentos igualmente racionales paridos por la ilustración y de este modo, unido al desarrollo capitalista moderno. Para ponerlo en otras palabras; podríamos sostener que Estado –Moderno- y Capitalismo, no solo nacen de un mismo proceso sino que son difícilmente disociables, constituyendo lo que Oszlak definia en 1997 de la siguiente manera;

“El Estado nacional es el resultado de un proceso convergente, aunque no unívoco, de constitución de una nación y un sistema de dominación. La constitución de la nación supone -en un plano material- el surgimiento y desarrollo, dentro de un ámbito territorialmente delimitado, de intereses diferenciados generadores de relaciones sociales capitalistas; y en un plano ideal, la creación de símbolos y valores generadores de sentimiento de pertenencia.

¿Podemos entonces pensar en un Estado sin los aparatos burocráticos heredados de la colonia? ¿Podemos pensar un Estado que sea posibilitador de la igualdad y la libertad bajo la promesa democrática? 

Rebeldes, conservadores y revolucionarios

En tiempos de desencanto los grifos vestidos de inofensivos heraldos, esponsoreados por grandes marcas y mejores tecnologías, prometen un mundo despolitizado, intermediado por la tan neutral matemática y la economía de la objetivación institucional del Estado como una alternativa novedosa. Mientras, desde el banquillo las izquierdas y los grandes relatos progresistas parecen tiritar desorientados, con horizontes de posibilidad en color sepia y dificultades para pensar la Nación, el Estado y la Patria. En medio de esa trifulca, donde se dirime el curso próximo del siguiente cuarto de siglo, las viejas preguntas se desempolvan y desfilan sobre la mesa ante los comensales que deberán decidir qué camino tomar, de qué mensajero recoger las cartas y hacia dónde inclinar la balanza.

La modernidad, como buena partera de contradicciones, trajo consigo el mayor dilema del Estado moderno y la democracia; [Igualdad/libertad o Libertad/Igualdad], esa ha sido y ha de ser la discusión nodal de la política dentro del mundo occidental, democratico y en vías de “progreso” de su génesis hasta el dia de hoy. Progreso, otra gran palabra encerrada en el reverso democratico sujeta a la promesa racionalista e insignia de reconocidos lemas nacionales, donde el orden termina muchas veces por sobreponerse al progreso en la clásica fórmula del credo positivista.  

Cuando discutimos el Estado, entonces, no estamos haciendo otra cosa que discutir qué nociones de igualdad o libertad hay debajo de las acciones y los discursos, qué relaciones de poder se tensan y se disputan, cómo se distribuyen regionalmente los poderes, cómo se planifica y hacia dónde camina esa Patria.  ¿Existe una Patria sin Estado o un Estado sin Patria? ¿Es posible pensar en la Patria sin soberanía? 

Si siguiéramos la noción del péndulo hegeliano, nos encontraríamos con una oscilación de izquierda a derecha, que las más de las veces no ha encontrado un  punto medio. Aunque algunos dirán que la democracia moderada es la síntesis entre el gobierno conservador y los movimientos revolucionarios. Podríamos por lo tanto  reiterar la pregunta redirigiendo nuestras incógnitas no solo a la estructura y la historia del Estado, sino también y sobre todo a la democracia. ¿Es la democracia una síntesis, o como sostienen algunos eruditos clásicos y contemporáneos, la democracia no es otra cosa que la escenificación de una farsa para mantener las estructuras desiguales y la perpetuación de los poderes?

Creemos elemental construir una batería de preguntas, por más primarias que estas sean, para las cuales encontraremos múltiples respuestas en algunos casos y escuetos esbozos en otros, con la finalidad de encontrar en la amalgama colectiva un horizonte desde donde proyectar y construir el Estado, la nación y la patria que anhelamos. 

¿Entonces….?  ¿Qué es el Estado? ¿Cómo pensamos en la estructura del mismo, su alcance y su agencia? ¿Qué hay detrás de las proclamas contra la estatalidad? ¿Cómo pensar el Estado desde América Latina? ¿Se puede hacer extirpando de la historicidad regional la marca colonial? ¿Cuáles son los mitos fundacionales de la Argentina, cómo nos estructuran, bajo qué preceptos y en qué carril de la ancha avenida de la historia nos sitúa? ¿Qué significa defender la democracia? ¿La defendemos porque atrevernos a pensar fuera de sus guiones nos resulta aterrador, o porque estamos convencidos de que es el modelo más representativo de lo político?¿Seguimos en vigilia unitarios y federales? ¿Hay un ellos y nosotros originario, o podemos ser uno? ¿Todos somos hijos de la patria?  

Tiempo atrás, el filósofo Argentino Carlos Astrada, decía lo siguiente en el Mito Gaucho: “Sostenemos que somos algo o alguien – aunque más no sea, una brizna en el pampero- y que una fuerza ínsita en nuestros orígenes, un programa de vida implícito nos ha proyectado al horizonte histórico para realizar una tarea, para cumplir una misión. Podremos desertar de esta empresa, podremos traicionar aquella fuerza, articulada en mandato; pero el impulso inicial existe y la tarea estaba ya prebosquejada en nuestra historia, en la entraña misma del advenimiento del pueblo argentino a su soberanía política y vida propia”. (Astrada, 2006:22) 

Nosotros humildemente venimos a tomar la pregunta como punta de lanza para encontrar ese impulso inicial del que nos habla Astrada y bajo la pretensión de desandar o remontar el mito, en este dossier buscaremos dar lugar al encuentro colectivo y al debate entre pares y dispares, para entender qué hay en la trama de la división de poderes, el desarrollo técnico-estratégico y los procesos de industrialización del país. Pero también, para pensar y proponer formas de construir soberanía en un mundo que parece cada vez más desenraizado e hiperconectado en su fragmentación y donde la turbiedad mediática y la obsolescencia del tiempo parece oxidar viejos cimientos a la velocidad de la luz. Insistimos en hacernos el tiempo para utilizar la pregunta como esa catapulta desde donde preguntarnos cómo desarrollar políticas de estado, en un mundo donde las tecnologías parecen desdibujar las fronteras, porque creemos que ahí, en la pregunta incisiva y constante es donde se encuentra el brete desde donde construir esos tan necesarios horizontes de deseo.

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Una escuela para la patria, una patria para la escuela

Una escuela para la patria, una patria para la escuela

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

¿Qué escuela necesita la patria que soñamos? ¿Qué proyecto de patria necesita la escuela para crecer? En un mundo donde las instituciones trastabillan y entran en crisis, debemos ser capaces de recuperar sus sentidos.

En el origen de los tiempos, cuando no había electricidad ni autopistas, alguien le enseñaba algo a otro. Cuando la tecnología se acabe, las inteligencias artificiales colapsen y todo vuelva a comenzar, alguien tomará un palo, una rama, y dibujando en la tierra le enseñará a su hijo a leer. La educación es necesaria, pero también inevitable. Se conoce por repetición, se asimila, se aprende. Acá en Argentina o en el extremo más lejano, en este presente en crisis, en otros anteriores o por venir.

Sin embargo, un individuo no es un sistema, y pensar la formación individual no es lo mismo que pensar un sistema educativo. Fue con la creación de los Estados modernos en Occidente cuando surge la escuela como la institución responsable de desplegar saberes comunes, principios básicos que estructuren a la comunidad. No hay nación en tanto no haya educación que la respalde. En 1789, para la Revolución Francesa, solo el 10% de los habitantes de aquel país hablaba francés. Fue la escuela la encargada de resolver esa situación: no como una herramienta más, sino como la maquinaria responsable de hacerlo. En nuestro país, como ya sabemos, el caso no fue distinto: hacia fines del siglo XIX, cuando se impone la tarea de construir la nación Argentina, se construye la escuela. 

A grandes rasgos, podemos decir que a través de tantos años y contextos diversos, esta institución se ha mantenido relativamente estable. También, parecen haberlo hecho los debates en torno a ella. Estas continuidades pueden ser productivas, volver una y otra vez a ciertas preguntas puede permitir nuevas y mejores respuestas. Mantener ciertas ideas comunes, fija un lugar desde donde pensar y discutir. A saber, existen consensos aparentemente inamovibles, que la educación debe ser gratuita y común a todxs, que gracias a ella los individuos y las sociedades progresan.  También otras, menos entusiastas: que la escuela está en crisis, que se tiene que renovar, que los pibes ya no aprenden.

Todo lo que se dice tanto y por tanto tiempo, corre el riesgo de ya no decir nada. Todo lo que se repite a viva voz, sin hacer demasiado ruido, seguramente dice cada vez menos de lo que pensamos. Sobre todo, si todxs parecemos coincidir al respecto. Es hora de volver a preguntarnos entonces qué nos dicen las cosas que decimos, qué nombran los significantes que usamos al hablar, quién dice qué en educación. ¿Cómo decir, por ejemplo, que la escuela está en crisis, cuando se dice y se repite desde que uno tiene recuerdo, y lograr que aún siga diciendo algo? ¿Cómo decir también que la escuela es la solución a la crisis, si al lado nuestro, alguien, cuyas ideas y deseos son opuestos a los nuestros, repite lo mismo? 

Como primer precepto, en Trinchera buscaremos que las palabras vuelvan a decir. Creemos, desde este espacio, que es momento de alejarse de ciertos eslóganes ya vacíos. Alejarse de los sentidos comunes, de aquellas ideas que de tan repetidas ya no nos dicen nada. O, más que alejarse, tal vez de lo que se trate es justamente de lo contrario, hacer el movimiento inverso. Acercar la lupa, aumentar el foco, enfocar más la mirada. Aproximarse y desentrañarlo, revisar y volver a pensar.

Lo primero que habrá que hacer es comprender que nada existe en sí mismo, nada es en un vacío. Como señala Mariano Dubín, “Los términos educación, escuela o enseñanza no existen por fuera de las fuerzas históricas y políticas que los hacen parte de una praxis.” No nos referimos, entonces, a lo mismo cuando hablamos de los mismos temas. “Existen proyectos, perspectivas y actores en el marco de conflictos constitutivos de la historia social argentina.”

No fue la misma la forma de pensar la educación y los proyectos en torno a ella, por ejemplo, durante los años ‘90, donde distintos organismos internacionales aliados al poder económico empezaron a hablar e intervenir  al respecto; que durante los años 2000, donde el rumbo político del país comenzó a cambiar, y nuevas figuras fueron las responsables de pensar, proponer y desarrollar un proyecto educativo. Las dos etapas dejaron secuelas y consecuencias que aún hoy moldean nuestra educación. Volver a pensarlos y pensar sus consecuencias, se impone como tarea necesaria.

Pensando el presente, no vienen siendo tiempos fáciles para el sistema educativo en la Argentina bajo la presidencia de Javier Milei. En su primera apertura de sesiones, el 1 de marzo de 2024, el actual presidente se refirió a esta como un servicio. No fue la primera vez, ya que en el famoso DNU 70, la incluyó como servicio esencial con el objetivo de “sacarle el arma de la mano a los sindicatos” y evitar el ausentismo docente por motivo de paros y jornadas de lucha. A su vez, algunas semanas después, cuando la Argentina empezaba a comprobar que el rumbo del gobierno, al menos en algunos aspectos, no iba a ser distinto del propuesto en campaña, Javier Milei cuestionó la obligatoriedad escolar. Propuso un sistema de vouchers, también propuso que las amas de casa sean quienes asuman la tarea de educar a nuestros hijos en el futuro. Dijo que no se puede obligar a nadie a hacer algo, ni siquiera a ir a la escuela. También atacó a docentes acusándolos de adoctrinamiento, los trató de vagos, de corruptos, de ignorantes.

Más allá de sus dichos y consideraciones, el mayor daño que La Libertad Avanza viene generando en el sistema educativo tiene que ver con las medidas concretas, y con la reducción de presupuesto. Javier Milei eliminó el Fondo Nacional de Incentivo Docente, eliminó la paritaria nacional docente, subejecutó el Presupuesto Educativo (que a su vez se trató del menor en los últimos diez años); paralizó toda obra de infraestructura escolar, eliminó el financiamiento para comedores escolares, las becas progresar y la entrega de materiales educativos en las escuelas. En el nivel superior, la crisis es aún mayor. El gobierno definió vetar la ley de financiamiento universitario, y los salarios docentes se encuentran en el peor nivel desde la vuelta de la democracia.

Cada medida de las enumeradas, tuvo consecuencias concretas: caída del poder adquisitivo de los docentes, caída de muchos estudiantes del sistema educativo. Estudiar es un derecho, pero en la Argentina de Milei, cada día es más imposible. 

El desafío de pensar una educación para la patria, implica ser capaces de hacerlo más allá de lo coyuntural, es decir, más allá de Milei. La gran mayoría de las complejidades y problemas no empezaron en 2023; a lo sumo se profundizaron. Tampoco desaparecerán de terminar este gobierno, o al menos no por sí solos. El sistema educativo en la Argentina es enorme, y es ejemplo en muchos lugares del mundo. Sin embargo, atraviesa enormes complejidades aún no resueltas. La deserción escolar, la desigualdad entre niveles e instituciones, e incluso la pérdida de cierta valoración de la institución escuela son indicios de la gravedad de las problemáticas que se atraviesan, y eso solo para hablar del nivel medio. En el sector universitario, son cada vez más los docentes que dejan sus cargos por no poder llegar a fin de mes, y las aulas, al terminar este primer cuatrimestre, se encontraban mucho más vacías que como estaban al comenzar. Resolver estas complejidades que se han vuelto estructurales implicará repensar la relación entre los distintos actores que hacen a la comunidad educativa: docentes, estudiantes, familias, directivos. Eso nos llevará a pensar otra cuestión necesaria e importante: qué ocurre hoy en día con el sindicalismo en la docencia de nuestro país, qué relación existe entre los docentes de la escuela y su sindicato, y sus delegados, qué relaciones construyen en cada distrito.

Serán estos y otros tantos (nuevas tecnologías, perfiles y graduados a desarrollar, currículum y contenidos escolares, organización sindical y formación docente) algunos de los temas que serán motivo de abordaje en este dossier. 

Para ello, a través de diversos formatos como entrevistas, artículos de opinión y recorridos históricos, convocaremos a distintos actores que protagonizan, construyen y discuten la situación educativa. Porque no es lo mismo quién habla, y es momento de que sean los protagonistas quienes se encargan de pensar sus problemas y soluciones. Creemos que nuestra patria necesita de la escuela, pero también la escuela necesitará de la patria.

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Pensar la Patria… ¡Para hacer la Patria!

Pensar la Patria… ¡Para hacer la Patria!

TIEMPO DE LECTURA: 7 min.

¿Qué es la Patria? ¿Quiénes la piensan y construyen? ¿Qué lugar ocupa un pueblo en esa construcción? ¿Es parte de, o un mero objeto pasivo que la “habita”? Son preguntas a las que intentaremos hacer un humilde aporte.

El sentido de “Patria” en nuestro pueblo ¿Fue siempre el mismo? ¿Siempre percibimos de la mima manera al territorio que hoy reconocemos como propio que va Jujuy hasta Malvinas, el Atlántico Sur y la Antártida? La respuesta claramente es que no. En estos poco más de 200 años de historia, diversos imaginarios se fueron sucediendo, y no sólo sobre el territorio, sino respecto a métodos de gobierno, sobre quiénes pueden o no ser parte de las decisiones, incluso sobre quiénes eran o son parte de nuestro pueblo. Y claramente estas disputas estuvieron también atravesadas por intervenciones extranjeras, sean directas o indirectas. Nos parece oportuno, entonces, dedicarle un tiempo a pensar y repensar la Patria.

Se podrá coincidir que la rebelión popular a las invasiones inglesas de 1806 y 1807, pueden considerarse como uno de los momentos que sentaron las bases en la gesta del sentimiento patriótico, pero no el único. El Acta de Independencia de la Corona española del 9 de julio de 1816, empezaba a cimentar esa idea de Nación con control de un territorio, que incluso aún no era el que es hoy. Pese a la extensión y las condiciones geográficas que posee lo que luego se llamó Argentina, lamentablemente, aún podemos afirmar que aquella gesta, aquel proceso revolucionario de independencia quedó trunco o inconcluso. Diversos intereses extranjeros condicionaron, y aún ejercen presión, para que primen por sobre los intereses reales de nuestro pueblo.

Resultado de ello es una sociedad empobrecida, en la que más de la mitad asegura no llegar a fin de mes; un territorio con gran concentración poblacional en paralelo a zona casi despobladas; un cuarto del territorio bicontinental ocupado por Gran Bretaña; recursos estratégicos controlados por multinacionales saqueadoras en detrimento de las grandes mayorías; y un gran porcentaje del pueblo atravesado por una discusión impuesta (cargada de sesgo ideológico encubierto) que nos divide entre un ellos/as y nosotros/as, como si los intereses de las mayorías no fuesen -en realidad- una causa común.

Nuestro proceso histórico, cargado de injerencias y presiones foráneas, siempre tuvo presente a la famosa “grieta”.  Condición que actualmente es fogoneada por los medios de comunicación en su gran mayoría. Empresas info-comunicacionales que trabajan para el poder real, para aquellos sectores que necesitan mantener ese binarismo ideológico y guerra psicológica constante para seguir saqueando nuestros bienes comunes, para que no cuestionemos en unidad el lugar que otros pensaron que debíamos ocupar.

Desde nuestro surgimiento como medio de comunicación, allá por 2012, siempre estuvo la intención de hacer un aporte a los debates nacionales e internacionales que atraviesan nuestra vidas cotidianas. No porque seamos portadores de verdades, sino por entender que hay debates ausentes o tergiversados maliciosamente por quienes detentan poder y sólo buscan su beneficio personal.

Parafraseando al periodista y revolucionario Jorge Ricardo Masetti, una referencia obligada en nuestra comprensión del periodismo o la comunicación social, desde Trinchera siempre sostuvimos que se puede ser objetivo, pero no imparcial ante las injusticias y opresiones sean en el lugar del mundo que sean. Y aquí es importante desenredar el primer nudo gordiano: objetividad e imparcialidad no son sinónimos. Hay un debate muy profundo en relación al tema, y no es función de este artículo profundizar en él, pero servirá a nuestras lectoras y lectores para comprender desde dónde nos posicionamos para hablar y analizar la realidad que vivimos.

Y si bien podríamos estar tentados a afirmar que todo el mundo sabe de qué hablamos cuando decimos las palabras “Patria”, “Pueblo”, o “Justicia”, es evidente que en la actualidad no hay un consenso generalizado entre -al menos- quienes habitamos la Argentina. Las palabras, al igual que su significado, históricamente están en tensión y disputa permanente. Y eso es así porque no todos los sectores que componen una sociedad tienen los mismos intereses, ambiciones, posibilidades o recorridos.

En ese marco de situación, profundizado por la influencia de distintas corrientes de pensamiento, y distintos intereses, locales y foráneos, es que se van dando múltiples pujas para convencer a nuestros pueblos que tal o cual es el camino correcto hacia la supervivencia, reproducción y felicidad.

Otro concepto que aparece y que es -a priori- importante definir: Pueblo. Si bien hay múltiples definiciones e interpretaciones, una de las que adoptamos como propia es la que realizó el Comandante Fidel Castro Ruz, en su mítico alegato de autodefensa el 16 de octubre de 1953, conocido por su famosa frase “La historia me absolverá”. En él, el líder del proceso revolucionario cubano señala que: “Entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, la gran masa irredenta, la que anhela una patria mejor, más digna y más justa; la que ansía grandes y sabias transformaciones en todos los órdenes, y está dispuesta a dar cuando crea suficientemente de sí misma, hasta la última gota de sangre”. Lo importante no es a qué sector pertenezca cada quien, sino su compromiso con la causa colectiva y la disposición y perseverancia y sortear las dificultades que surjan en el camino.

Causa común de la que también hablaba el General Juan Domingo Perón, materializada entre otros documentos en las 20 verdades peronistas, o más sintéticamente en la construcción de una nación socialmente justa, económicamente libre, y políticamente soberana. Postulados que también serán aplicados en las “10 Verdades Justicialistas Internacionales”.

Pero como se imaginarán, nada de lo que hicieron estos dos gigantes de la historia de nuestra Patria Grande, fue azaroso o casual. Todo tenía un minucioso análisis basado en un profundo estudio no sólo sobre las características y circunstancias históricas de nuestros pueblos, sino en cómo operan aquellos que desean impedir la realización de esos proyectos de construcción colectiva. Y, claramente, no eran sólo las ideas de Perón o las de Fidel. Estos dos humanistas, estos dos revolucionarios de su época eran la síntesis, la conducción política de una expresión popular que anhelaba transformar sus condiciones de vida.

Revolución, decía Fidel: “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo.

Lo que se viene en Trinchera es consecuencia directa de muchos de estos conceptos previamente señalados; es por comprendernos como parte de un proceso histórico que no comienza con nuestra primera publicación, sino que nos antecede; es comprender que debemos mutar, volver a nuestros orígenes para proyectar nuestro futuro; es por comprender la necesidad de un análisis situado en el lugar y tiempo histórico determinado. 

No pretendemos entrar en la improductiva e innecesaria lógica de buscar responsabilidades o culpas. Los procesos de transformación, como dice García Lineras, se dan por oleadas; y lo importante -a nuestro humilde entender- es repensar el pasado, intentar comprender el presente, para poder proyectar el futuro. Esa será la titánica tarea a la que nos encomendaremos, deseando que el humilde aporte que podamos hacer, sirva para generar los debates urgentes que el momento demanda. Porque es sumamente necesario, parir ese proceso, esa gesta revolucionaria aún trunca en nuestra querida Argentina.

El presente del país es la muestra más cabal de esa necesidad: Un gobierno que se autodefine como libertario y anarco-capitalista, pero que es un rejunte de los sectores más rancios y antipatria que tuvo el pasado reciente del país. Gobierno que instaló un sistema de degradación permanente de la palabra, del pensamiento crítico y de las instituciones del Estado, que busca deliberadamente resquebrajar cualquier posibilidad de credibilidad en algo. La planificación del caso y el saqueo sin restricciones. Escenario que se abrió luego de años en los que, tras un breve período de control de esos resortes estratégicos del Estado, los gobiernos no supieron, no pudieron o no quisieron, resolver los problemas comunes de la mayoría de nuestro pueblo: comida, techo, trabajo, salud, educación, etc.

Ante semejante escenario de desolación e incertidumbre, cosa que denunciamos a diario, resulta fundamental preguntamos: ¿Qué es pensar la Patria en este contexto tan adverso? ¿Qué Patria queremos construir las y los argentinos? ¿Qué tenemos para ofrecer?

Modestamente, entendemos que el contexto político requiere repensar cómo construir una opción, un proyecto de país distinto al que está destruyendo el actual gobierno nacional; que es, justamente, la antítesis de un proyecto nacional. Ese intentará ser nuestro granito de arena.

Y en el camino, esperamos que quienes nos lean, nos critiquen, nos corrijan, hagan sus aportes por más insignificantes que puedan parecer. Como ya lo mencionamos, del presente que vivimos, sólo saldremos construyendo un proyecto colectivo, que piense en el común, y no sólo en los individuos. 

En esa empresa, nos proponemos discutir, al menos, 12 ejes fundamentales: 

  • los sectores estratégicos del Estado; 
  • la bicontinentalidad, bioceanidad, las Malvinas y el Atlántico Sur; 
  • la justicia; 
  • el trabajo; 
  • la educación; 
  • la salud; 
  • la comunicación, inteligencia artificial y nuevas tecnologías; 
  • el federalismo y las estructuras de gobierno; 
  • la integración regional; 
  • la ciencia y tecnología; 
  • los bienes comunes 
  • y los feminismos y diversidades.

Estamos convencidos que la proyección de trabajo a largo plazo, organizado, constante y disciplinado son elementos fundamentales en esa gesta que permita al pueblo argentino construir una Patria digna de ser vivida, proyecto de país, que incluya en lugar de excluir; que contenga en lugar de expulsar; que sea solidario y contemplativo, sobre todo con el que peor la está pasando. 

En este camino, todo aporte será bienvenido. La idea es pensar y pensarnos, debatir y volver a pensar. Y como decía John William Cooke: “Cuando culmine el proceso revolucionario argentino, se iluminará el aporte de cada episodio y ningún esfuerzo será en vano, ningún sacrificio estéril, y el éxito final redimirá todas las frustraciones”.

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La delgada línea roja entre el ser y el parecer

La delgada línea roja entre el ser y el parecer

TIEMPO DE LECTURA: 8 min.

¿Finalmente el rey está desnudo? ¿El gran “Businessman” o “Showman” del Siglo XXI quedó entrampado en su retórica beligerante, supremacista y xenófoba? En política, sobre todo a escala internacional, nunca hay una respuesta cien por ciento certera, pero… las piezas se siguen moviendo.

Como se ha analizado en anteriores oportunidades, desde su retorno a la Casa Blanca, el presidente norteamericano, Donald Trump, ha librado una batalla sin cuartel en múltiples frentes. Batallas que se dan en medio de una crisis de hegemonía imperial no sólo en el plano político, sino en el económico, el militar, el tecnológico, cultural y fundamentalmente ético/moral.

Con el respaldo de EEUU (¿o los tienen amenazados con el caso Espetein?), el “pichón de Hitler” sigue haciendo una limpieza étnica en Gaza, y ahora el parlamento del Ente Sionista aprueba tomar el control de todo el enclave palestino. Pese a las diversas reacciones a nivel mundial, incluso dentro de Israel, parece que nada importa: El mensaje es que la masacre va a continuar. Algo que no se cansan de repetir distintos ministros, como el tristemente célebre, Amichai Eliyahu (ministro de patrimonio sionista), quien sostuvo que “El ejército debe encontrar maneras más dolorosas que la muerte para los civiles de Gaza. Matarlos no es suficiente”.

Y como si estas barbaridades no fuesen suficiente, no solamente Bibi Mileikowski (Netanyahu) amenazó a Starmer si reconocía a Palestina, sino que en paralelo Trump arremetió contra sus vecinos del norte por reconocer al Estado de Palestina. Algo que también había ninguneado cuando hizo lo propio el francés Macrón.

Pero como sabrán lo de las amenazas es algo habitual en la dinámica del magnate de peluquín que hoy ocupa el Despacho Oval. Sin duda los últimos hechos de peso en este sentido fue la imposición de sanciones tanto a Brasil como a la India. Éste último, un aliado histórico de EEUU, pese a que es uno de los socios fundadores del BRICS.

No conforme con haberle impuesto sanciones a todo el mundo (porque no se salvó ningún país), redobló la apuesta con 2 socios fundadores del bloque, bajo el argumento de que le compran petróleo a Rusia y que con ello alimentan la maquinaria de guerra de Putin. Como resultado, Lula y Modi fortalecieron su retórica soberanista, contestaron con contramedidas: mientras el brasileño impondría sanciones recíprocas, o dejará de, por ejemplo, vender café, que pasará a suministrarle a China; el hindú, entre otras cosas, frenó la compra de armamento a EEUU, luego de unos días de publicado un comunicado en el que expone la hipocresía de Occidente: “EEUU continúa importando uranio a Rusia, hexafluoruro para su industria nuclear, paladio para su industria de vehículos eléctricos” o fertilizantes y químicos.

Como si no bastara, recientemente también amenazó -nuevamente- a China con imponerle los famosos “aranceles secundarios” por seguir comprando hidrocarburos a Rusia. Cosa a la que el gigante asiático respondió de forma implacable: seguiremos garantizando nuestra soberanía energética en base a nuestros intereses. Además, salió a respaldar a Brasil y a la India.

Lo sorprendente del escenario no es que Brasil o China se hayan plantado, sino que lo haya hecho la India. Modi confirmó hace horas que participará el próximo 31 de agosto de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai en China. Será una visita luego de siete años sin viajar al gigante asiático, y luego de la escalada de tensiones que se vivieron hace algunos años. Organización en la que también participa Pakistán, otro aliado estratégico de China. Con sus políticas de aranceles, amenazas y bravuconadas ¡Trump está logrando lo que parecía casi imposible! Que converjan en un mismo evento Xi Jimping, Narendra Modi y quizás (por qué no) Shehbaz Sharif ¡Mega WOW! ¡De no creer! ¡Home Run para Xi si mete ese pleno”

De hecho, fue el mismo Trump quien reconoció públicamente (¡MEGA WOW!) que no sabe si las sanciones “tienen algún efecto”, pero que lo van a hacer. Y lo hizo luego de haberle dado un “ultimátum” de 10 días a Putin para que ponga fin a la guerra en Ucrania como si fuese el emperador del globo. Mandatario con el que, de hecho, anunció que se reunirá a mediados de agosto en Alaska (antiguo territorio ruso, vendido a los norteamericanos en 1867), cosa que luego confirmó el asesor del presidente ruso, Yuri Ushakov.

Este anuncio se da tan sólo unos días después del cruce entre Trump y Medvedev, que según el ex diplomático y analista británico, Alastair Crooke, podría convertir el conflicto en Ucrania en una guerra nuclear. Según este, Putin no está fanfarroneando con la cuestión de los submarinos nucleares, los misiles hipersónicos rusos son un “Game changer” por ser más precisos y efectivos que el armamento nuclear y porque ya están en producción masiva, para 2026 se estima te tendrán divisiones enteras equipadas con los Oreshnik, que son tan solo uno de los misiles de nuevo tiempo de los que dispone Rusia. En este escenario, uno hasta se podría imaginar al mandatario ruso, luego de tres horas de reunión, despidiéndose con una sonrisa, muy protocolar y formalmente, del enviado especial de Trump, Steve Witkoff, pero saludándolo internamente con un ¡Chau pichón, hasta el viernes!

Y en esta línea de continuidad temporal, posiblemente haya sido la difusión de la “noticia” de que Rusia dejaría de autoimponerse el no despliegue de misiles de corto y mediano alcance, lo que prendió las alarmas en Occidente. Tal como lo relata el ex marine norteamericano y ex analista nuclear de la ONU, Scott Ritter, vale aclarar que, en 2019, durante la primera administración de Trump, EEUU ya había abandonado el tratado INF (Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio) que databa de 1987, en tiempos de “Guerra Fría”, y que prohibía los misiles balísticos y de crucero terrestres con alcances de entre 500 y 5.500 kilómetros. EEUU ya había realizado pruebas de estos sistemas luego de romper el acuerdo, así y todo, Rusia continuó con su autolimitación para no provocar una escalada. Sin embargo, la paciencia rusa, como la de cualquiera, tiene un límite; y al parecer se agotó estas semanas.

Es por ello que, coincidiendo con lo analizado por el Dr. Alfredo Jalife, quizás el tema nuclear y retomar algún tipo de diálogo/acuerdo en materia nuclear/misilística, sea el tema más importante de lo que discutirán Trump y Putin este viernes 15 de agosto en Alaska; seguido por el reparto del Ártico.

Pese a los intentos por boicotear el encuentro desde dentro y fuera de EEUU; pese a las frases rimbombantes del comediante jázaro usurpador del ejecutivo ucraniano y de los “chihuahuas” europeos; pese a las amenazas repletas de humo del magnate de peluquín, lo cierto es que lo más importante es evitar un posible enfrentamiento nuclear entre las dos principales potencias del mundo, y discutir a qué otros actores se contemplarán en un posible nuevo acuerdo. Vale destacar que, por ejemplo, China no era firmante del antiguo acuerdo INF ¿Lo será en el próximo? Habrá que ver qué sucede dado el historial de violaciones sistemáticas de acuerdos de Trump, hecho que tanto Xi como Vlady conocen de memoria.

En esta misma lógica, los analistas Ezequiel Bistoletti y Fernando Moragón, señalan que podrían agregar en estas conversaciones temas colaterales a las consecuencias de la derrota de Occidente en Ucrania: las agresiones a Irán y la situación en Asia Occidental, los movimientos desestabilizadores en Moldavia y/o el juego que están haciendo en el Cáucaso sur con Armenia y Azerbaiyán. Todo esto sin perder de vista que posiblemente Trump querrá discutan cómo “echarle todo el fardo” a los europeos para dejar a EEUU “fuera” de la impactante foto de la derrota.

Tal como podrán observar, pese a la retórica, lo que hay de fondo es una batalla descarnada de EEUU y sus socios del Occidente Colectivo (pese a que Trump los ningunee y embauque cuantas veces pueda) contra los BRICS. Y en esta misma tónica se deberían leer muchos de los demás hechos que suceden en la actualidad: el supuesto acuerdo de resolución pacífica del conflicto entre Azerbaiyán y Armenia, mediado por Trump (que no es otra cosa que el Corredor de Zangezur para aislar a los armenios de Irán y competir con el Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur); el aumento de la “recompensa” para la captura del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, un socio BRICS en la práctica, pese a que formalmente no sea miembro; la calificación de terroristas a los cárteles del narcotráfico y el actual despliegue militar de EEUU en norte, centro y sud América, puntualmente apuntando a México, Colombia, Venezuela, Nicaragua y Cuba; entre otros.

Pero lo “jugoso”, tal como sostiene el analista internacional brasileño, Pepe Escobar, aún está por llegar: posiblemente a mediados de octubre, el Politburó del Partido Comunista de China, realizará su cuarta sesión plenaria. Reunión que congregará a los 370 miembros del Comité Central del partido, donde se elaborarán los lineamientos del próximo plan quinquenal. ¡Sí! China elabora planes quinquenales y en ellos define cuál será su política, de acuerdo al contexto; ahora guerra comercial, de tarifas y de monedas mediante. ¡No es una reunión cualquiera! Encima, “el pleno tendrá lugar unas semanas después de que Pekín organice un gran desfile para celebrar el final de la Segunda Guerra Mundial”, donde Vladimir Putin es uno de los invitados de honor de Xi.

Y como si fuese poco, a finales de octubre (luego del delineado del próximo plan quinquenal de China y de una cumbre de la OCS que puede ser histórica) sucederá la Cumbre Anual de la APEC (o Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico) en Seúl (Corea del Sur). Y si bien es un foro que está bastante desprestigiado, lo importante es que ¡podrían coincidir Xi y Donald! Una cachetada para el viejo Orden Unipolar, que daría una nueva señal de que el mundo se está reconfigurando muy rápidamente.

A esta altura del partido, está más que claro que las amenazas ya no estaría funcionando como antes para el imperio unipolar. Y los países BRICS saben muy bien que esto es así, por eso responden en conjunto. Y el resto del mundo lo está viendo en vivo y en directo ¡Los principales países del sur global ya no se callan!

Y de los jugadores medianamente grandes en esta ecuación, quizás, por peso específico y ubicación geográfica, sea el Brasil de Lula el que menos preparado esté para la embestida que se puede venir. Y esto es fundamentalmente porque internamente el gobierno brasileño no está tan consolidado como otros procesos, incluso si se lo compara con Venezuela. Las alianzas que conforman el gobierno de Lula no son tan homogéneas, sin embargo, todo parece indicar que, así y todo, en Brasil están comprendiendo que no tiene más opción que plantarse y dar pelea si no quiere terminar arrodillados y subsumidos a los designios de este imperio en decadencia.

Serán semanas y meses muy importantes. Habrá que analizar muy minuciosamente lo que decante de la reunión de Trump con Putin, y estar atentos y atentas a todos los detalles, porque como dice el dicho, ahí es donde radica lo importante. Es la delgada línea roja entre el ser y el parecer.

Nicolás Sampedro

Prefiero escucha antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

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