Hay quienes dicen que la ficción muchas veces es utilizada por los imperios como maquinaria de propaganda para proyecta los deseos. Lo que vivimos actualmente en este mundo tranquilamente podría encajar en alguna serie apocalíptica. Dependerá quién la cuente, para ver como termina.
En enero de 2015 se lanzaba el piloto de la serie norteamericana “The men in the high castle” (El hombre en el castillo), basada parcialmente en la novela homónima (1962) del escritor de ciencia ficción, Philip K Dick. En sus cuatro temporadas, la serie relata la historia de un mundo alternativo en el que las potencias del Eje (Alemania, Japón, Italia y aliados) resultaron victoriosas en lo que en Occidente conocemos como la Segunda Guerra Mundial.
Con un EEUU dividido en tres partes (una controlada por la Alemania nazi, otra por Japón y una tercera zona “neutral”) la historia narra los periplos de distintos personajes que intentan hacer frente a ambas potencias en busca de librarse de esos regímenes opresores. En paralelo (y acá es donde entra lo ficcional), un mundo más parecido a lo que conocemos al que los nazis pretenden conquistar, luego de inventar una máquina que les posibilita viajar entre esas dos realidades contrapuestas.
Si bien podría asegurarse que esa no fue la intención de su mentor, mucho menos de los creativos de Amazon Studios que produjeron la serie, la historia serviría para hacer un paralelismo con la actual situación que vive el mundo: Un Occidente Colectivo (ahora con el EEUU de Trump a contramano), intentando desaparecer del mapa el incalculable aporte que hicieron rusos y chinos (entre muchísimos otros pueblos) por derrotar al nazi-fascismo.
Y si bien la conmemoración del 80 aniversario del Día de la Victoria en la Gran Guerra Patria se da en Rusia (dado que allí ocurrió esa batalla épica), también debe mencionarse a la China de Mao, esa que entre muertos y heridos alcanzó la escalofriante cifra de 35 millones de víctimas, superando ampliamente a los casi 27 millones de soviéticos caídos en combate.
Hace algunos días, el analista geopolítico brasileño, Pepe Escobar, realizaba un breve, pero interesante análisis de las implicancias de este 80 aniversario de aquella gesta patriótica de la vieja URSS, señalando algo en lo que venimos insistiendo desde hace varios meses: el destino del nuevo mundo multipolar está siendo delineado por tres países BRICS: Rusia, Irán y China.
Un día antes de esta histórica conmemoración, la delegación china, encabezada por el invitado de lujo Xi Jimping, pisaba suelo moscoví. Aproximadamente 7 horas de reunión fueron las que destinaron Putin, Lavrov, Zajárova y compañía, con sus homólogos chinos. Entre los destacados de lo que se pudo conocer de este encuentro, nos pareció muy atinado el comentario del mandarín Xi, respecto de la actitud que están tomando los mandatarios y las elites occidentales en este momento: comparó la hegemonía asesina del imperio estadounidense con las “fuerzas fascistas arrogantes” de los años 1930/40. Es de destacar que las llama “fascistas”, porque para China, aquella guerra fue una Guerra Mundial Antifascista, valga la redundancia.
“Las fuerzas justas del mundo, incluyendo China y la Unión Soviética, lucharon valientemente y derrotaron a las arrogantes fuerzas fascistas lado a lado. 80 años después, el unilateralismo, la hegemonía y el acoso escolar son extremadamente dañinos. La humanidad está una vez más en la encrucijada“, señaló Xi. Y es que, nuevamente, Occidente se posa del lado de los nazi-fascistas, hoy representados en Zelenski, por sólo citar un ejemplo.
Tras 10 años de su última participación en la conmemoración del Día de la Victoria, Xi Jimping afirmó que “La gran amistad de nuestros pueblos fue forjada en fuego y cimentada en sangre” y además de firmar varios acuerdos bilaterales, ambos mandatarios firmaron una declaración conjunta, advirtiendo que la llamada Cúpula de Oro que propone Trump (un sistema de defensa aérea inspirado en la Cúpula de Hierro de Israel), al igual que la nuclearización de alianzas militares como el AUKUS, plantean una nueva amenaza para la seguridad mundial, y son de carácter “profundamente desestabilizador“, por lo que ambos países se comprometieron a llevar una voz conjunta ante el Consejo de Seguridad de la ONU.
Y si bien no fue la única, obviamente hubo de todos los colores, sin duda fue la más significativa de todas por el peso que tienen estos dos países en la construcción de ese nuevo mundo multipolar. No es menor recordar las palabras de Xi, hace algunos años, cuando se despedía de Putin: “En este momento hay cambios, como no hemos visto en 100 años, y somos nosotros los que impulsamos estos cambios juntos”.
Tal como lo afirma el analista geopolítico mexicano, Alfredo Jalife, en dos de sus últimos artículos “hasta ahora, Rusia no mordió el anzuelo muy abaratado de Ucrania para crear un G-2 con Estados Unidos frente a China, cuando cunde la “primera guerra comercial del mundo” (Red Voltaire dixit), que se ha transformado caleidoscópicamente en guerra financiera y de divisas”, producto de lo cual de continuar así, lo que existirá en el mediano/corto plazo, no será un “Yalta 2.0”, sino el “Congreso de Viena 2.0”, que “equivaldría al papel restitutivo y reparativo de Talleyrand que sustituyó al derrotado Napoleón”.
Lo que queda claro después de esta jornada histórica, y de cómo Occidente intentó boicotear e invisibilizar tal conmemoración (fundamentalmente redirigiendo las miradas a la elección papal), es que los mandatarios y elites norteamericanas y europeas, están tan obsesionados por no perder su lugar de privilegio, como el personaje del führer que sucede a Hitler, por viajar a ese mundo paralelo para conquistarlo. Occidente debería estás más agradecida a que no hablan alemán o japonés como sucede en la serie.
Amigues, nunca pierdan de vista que los imperios, sean reales o ficcionales, siempre harán lo que esté a su alcance por continuar oprimiendo, saqueando y rapiñando a los pueblos del mundo con tal de saciar su incontrolable y cruel sed de destrucción.

Nicolás Sampedro
Prefiero escucha antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.
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