Anotaciones de una caminata por San Cayetano 

Anotaciones de una caminata por San Cayetano 

TIEMPO DE LECTURA: 7 min.

* Fotos de Manuela Bertola

Nosotros recién llegamos a Liniers, pero, desde la tarde de ayer, hay quienes se encolumnan esperando su momento para acercarse al santo. Son las 8.20, y vemos las banderas que asoman sobre Cuzco y Rivadavia. A dos cuadras del santuario se concentran las organizaciones que una vez más eligen el amparo de san Cayetano, patrono del pan y el trabajo.

Son las 8.30 y nos salpican gotas de agua bendita. El arzobispo García Cuerva y el obispo villero Gustavo Carrara finalizan la bendición de las herramientas de trabajo de la economía y a quienes comenzarán la procesión de 15 kilómetros hacia el lugar icónico de las luchas populares, la Plaza de Mayo.  

Tocan las 9 y la columna se pone en movimiento. Son cientos, no es la marcha de San Cayetano más multitudinaria. Las restricciones y el protocolo antipiquete atentan contra un evento de fe popular. 

Encabeza una camioneta con equipo de sonido y en su techo un San Cayetano, suena música religiosa y de a ratos la voz de una mujer convoca a los vecinos y vecinas a acercarse “a peregrinar con los trabajadores”. 

Derrama sobre nosotros tu fuerza y tu poder, anunciar buenas nuevas a mi pueblo otra vez. Ha llegado el momento es tiempo de avanzar, la hora de los pobres ya acaba de empezar.

Lo sigue un tractor adornado de lechugas de la agricultura familiar, que cual ramo nupcial varias mujeres también llevan en sus manos.

A unos metros una hilera de mujeres de comedores populares camina con sus ollas y cucharones en mano. En cartulinas llevan su mensaje: “7 de cada 10 pibes son pobres, “el hambre es un crimen”.

Entre ese primer segmento de la columna se confunden trabajadores de la construcción, van con sus cascos y carretillas. Por allí también anda una mujer con campera de la CGT, lleva un changuito de supermercado, en el asiento para niños, una foto enmarcada del papa latinoamericano. 

Un poco más atrás, una bandera de arrastre con la consigna “Tierra, techo y trabajo” encabeza la columna militante, la sostienen diversos dirigentes de la UTEP y las CTA’s. Detrás de ellos las tres estatuillas de la Virgen de Luján acompañan a la figura de san Cayetano. Allí también la imagen del Negro Manuel, el primer esclavo argentino en ser beatificado. El que, hace casi 400 años, cuidó la estatuilla de la virgen junto al río Lujan, allí donde hoy yace la Basílica. 

Una de las vírgenes lleva en su pecho el nombre de Evita, la trae el Pato Duna, peregrina hace días con ella, viene de Los Toldos, la llevó a la casa de la jefa espiritual y el intendente quiso arrebatársela, pero ahí va Pato con la virgen en andas. 

De telón de fondo de aquella escena, la bandera de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular. Tras de sí, cientos de trabajadores y militantes que peregrinan la ciudad porteña.

Gloria a dios / En las alturas / Y en la tierra / Paz a los hombres / Paz a los hombres / Paz a los hombres que ama al señor.

Entre los caminantes también se mezcla una variopinta cantidad de dirigentes, que aprovechan las cuatro horas de caminata para rosquear ¿Algunos hace mucho no se cruzarán? Algo novedoso de esta marcha es la participación de dirigentes que no habían participado de otros San Cayetanos, particularmente de La Cámpora, representada por Wado De Pedro ¿Signos de los tiempos? ¿Los de ahora o los que vienen?

Cada 7 de agosto desde 2016, con Macri, con Alberto, las marchas llevaban consigo diversas demandas, en particular proyectos de ley que buscaban impulsar las organizaciones. Esta vez solo moviliza el repudio a un gobierno que hambrea, destruye la industria nacional y rifa la patria a cualquier postor. 

A diferencia de otras movilizaciones, las organizaciones que nutren la columna no están tan identificadas. Faltan banderas, faltan remeras y pecheras. Las hay, pero falta color; y falta un poco de mística militante también. A las 10, un pibe de la JP Evita aparece con un bombo y los pibes que lo rodean se ponen a cantar canciones de la organización. Al rato otro grupo propone “traigan al gorila de Milei”.

El clima no es el de siempre. No hay fiesta. Hay malestar, hay tristeza, hay hambre, y se nota, se respira. Pero también hay ganas de no retroceder, de no perder la calle.

Llévame donde los hombres necesiten tus palabras La necesiten mis ganas de vivir donde falte la esperanza donde falte la alegría simplemente por no saber de ti.

La columna avanza por Avenida Rivadavia, parte cual ecuador la Ciudad de Buenos Aires hacia su desembocadura, la Plaza de Mayo. La vitorean desde esquinas y balcones. Un niño y su hermana hacen la V de la victoria. Muchos no entienden, pero se persignan al pasar. También llegan puteadas. Desde un edificio alguien los manda a laburar, un par responden con el canto de “unidad de los trabajadores”. Está claro que no hay que caer en provocaciones.

Cerca de las 13, el clima va cambiando. Pasamos por el Congreso y se extiende por toda la columna el unísono de “la patria no se vende” ¿Acaso la cercanía territorial con el evento político impulsaba a que la impronta religiosa del inicio dejará lugar a la mística propia de una movilización política?

Desde el momento en que miles de argentinos se acercan al santo a pedir por trabajo es que esta festividad religiosa está profundamente politizada. No hay duda de eso, aunque Adorni piense lo contrario. Pero la impronta de la movilización puede adoptar matices en su recorrido. Cuando hace un rato sonaba la “Misa Criolla” de Mercedes Sosa y ahora suena “Gente que no” de Todos Tus Muertos, se exponen esas transformaciones.  

Cruzamos Avenida de Mayo y el ambiente se pone más efusivo. Tras quince kilómetros, los caminantes ven relativamente cerca su destino final, hay sonrisas, hay piernas cansadas que encuentran motivación, y otros cantan. Que aún vale la pena remarla.

Te ruego, bendito San Cayetano, que mi fe y esperanza nunca flaqueen, Que en momentos de dificultad encuentre en ti consuelo y aliento

A una cuadra de la Plaza comienza a armarse un sendero entre los manifestantes que se encuentran a la espera del acto, pero el camino lo van allanando los caminantes. Las estatuas de la virgen se ubican adelante, alguno de sus portadores rezagados llega al trote. Uno que vino tocando la estatuilla de San Cayetano desde que salimos, ahora corre para no despegarse de él en estos últimos metros. 

La columna se abre paso entre la gente. Algunos militantes se van perdiendo entre la multitud. “Dejen pasar a los peregrinos”, gritan algunos, otros empujan a algún despistado que no sabe lo que ocurre. Llegamos a la valla que limita el avance, unos pasan, otros vamos quedando. Vemos desde allí, que el objetivo ha sido logrado, la Virgen y Sanca llegaron al escenario.

Desde el micrófono apuran el acto, allí suben los oradores, detrás de ellos una cantidad innumerable de referentes de todas las organizaciones que adhieren al acto, organizaciones sindicales, populares y organismos de Derechos Humanos. Ahí llegan Taty Almeida y Adolfo Pérez Esquivel, poniendo el cuerpo desde siempre. Invitan a convencernos de que no todo está perdido, que la única lucha que se pierde es la que se abandona. Hablan dirigentes efusivos con la Rosada de fondo. Los discursos llaman a no caer en la desmoralización. “Quieren a las organizaciones sindicales y populares desmoralizadas, desorganizadas; no lo tenemos que permitir”, sintetizará Peluca Gramajo, secretario general de la UTEP. 

Peligra el trabajo, la vida y la patria, y si esto viene para rato, mejor que sea amparados en la potencia de la fe, escoltados por el santo del trabajo y la patrona de la Argentina. 


Laureano González

Sociólogo y docente. Ricotero, tripero y peronista, porque no se puede ser feliz en soledad.


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