¿Por qué el gobierno despliega una persecución contra las organizaciones populares? ¿Por qué se obstina en negar el hambre del pueblo? ¿Será que no la ven? Diego desde Moreno (Buenos Aires) y Elizabeth desde Los Amores (Santa Fe), buscan responder estas preguntas, piensan colectivamente desde distintos puntos del país y nos invitan a seguir cultivando comunidad para cosechar esperanza.
*Por Diego Mendieta y Elizabeth Maidana, integrantes de la Pastoral Social Evangélica.
El ensañamiento del gobierno de La Libertad Avanza con los sectores populares tiene como punto de partida una certeza: es un peligro para el propósito de su gestión todo lo que ocurre al calor de los espacios socio-comunitarios (merenderos, comedores, ollas, espacios de infancias, abordajes de violencias y consumo problemático, centros comunitarios educativos, entre otros) y socio-productivos (cooperativas, unidades de trabajo y unidades productivas) que impulsan los movimientos populares, las iglesias y el sector de la economía popular.
¿Por qué? Porque saben que es en esos espacios y momentos donde se construye y se pone en práctica, concretamente, una forma nueva de organizar la vida y el trabajo, de vincularse y reconocerse, de cuidar de las personas y la casa común, de producir y comercializar. Saben, este gobierno, sus patrones y cómplices, que es entre esos lazos que el espíritu de grupo, de comunidad, se vuelve a tejer. Conocen que es juntándonos como vamos reconstruyendo y anidando los sueños de felicidad de un pueblo que ha sido empobrecido. Sabe que si las víctimas de un sistema injusto, y de gobiernos que desprecian al pueblo permanecen solas, aisladas, serán vencidas por la desesperación. Son conscientes de que en el peregrinar de los últimos veinte años de organización comunitaria, este “juntarse y arremangarse” nos ha permitido resistir, e ir reinventando formas de representación social, sindical y parlamentaria.
Es por todo esto que logramos juntos/as, en esos lugares, que este gobierno quita la materialidad del trabajo y ataca la organización comunitaria, no entrega los alimentos, destruye el salario social complementario, e impulsa una fuerte demonización en los medios de comunicación y en redes sociales, donde pululan sus peones. Persiguen políticamente, hostigan judicialmente a todo/a referente social, porque estamos en medio de una guerra declarada al sentido mismo de comunidad organizada, a la práctica común de la solidaridad que le nace a nuestro pueblo por los poros en épocas oscuras; a la noción y al horizonte de nuestro bien común, al amor social organizado.
Necesitan de un escenario distópico, de la selva diaria del todos contra todos, del desconcierto ante la incertidumbre y la sorpresa cotidiana de las malas noticias, del desamparo que producen, de la desesperación del aislamiento. Necesitan multiplicar la desesperanza, la resignación, de quien nada espera, para que nuestro pueblo se entregue, para que quienes sobrevivan sean los/as que ellos eligen, para que ganen los de siempre.
Si sabemos ver en la maraña de humo cotidiano y la velocidad de las malas nuevas en todos los frentes, también sabremos convencernos de que avanzarán con la máscara de la libertad solamente hasta donde les dejemos. Confiando en que nuestro impulso de comunidad, aunque insultado y golpeado día a día, es fuerte y sabe de resistencia, es cuando más unidos y unidas estaremos, porque podremos ver su objetivo claramente, y nuestro horizonte seguirá intacto.
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