Versos como llave de nuestra casa

Versos como llave de nuestra casa

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

A 76 años de la Nakba, la catástrofe palestina que se perpetua hasta nuestro presente, les compartimos una selección de poemas palestinos.

Las tonalidades de la ira
de Rafeef Ziadah

Permítanme hablar en mi lengua árabe
antes de que también ocupen mi lenguaje.
Permítanme hablar en mi lengua materna
antes de que también colonicen su memoria.
Soy una mujer árabe de color
y nosotras venimos en todas los tonalidades
[de la ira.

Todo lo que mi abuelo siempre quiso hacer
fue levantarse al amanecer y observar a mi
abuela postrarse y rezar
en una aldea escondida entre Jaffa y Haifa.

Mi madre nació bajo un árbol de olivo
en un suelo que, dicen, ya no es mío;
pero yo cruzaré sus barreras, sus checkpoints,
sus locos muros de apartheid y volveré a mi hogar.

Soy una mujer árabe de color
y nosotras venimos en todas las tonalidades
[de la ira.

¿Escucharon gritar a mi hermana ayer,
mientras paría en un checkpoint
con soldados israelíes buscando entre sus piernas
la próxima amenaza demográfica?
llamó a su hija nacida, Jenin.¿Y escucharon gritar a alguien
«¡estamos retornando a Palestina!»
detrás de las rejas de la prisión,
mientras le tiraban gas lacrimógeno en la celda?
Soy una mujer árabe de color
y nosotras venimos en todas las tonalidades
[de la ira.

Pero me dices que esta mujer que hay dentro
[de mí
sólo te traerá tu próximo terrorista:
barbudo, armado, pañuelo en la cabeza, negrata.
¿tú me dices que yo mando mis hijos a morir?
pero esos son tus helicópteros,
tus F-16 en nuestro cielo.

Y hablemos un segundo de este asunto
[del terrorismo…
¿No fue la CIA la que mató a Allende
[y a Lumumba?
¿Y quién entrenó a Osama primero?
Mis abuelos no corrían en círculos, como
[payasos,
con capas y capuchas blancas en la cabeza linchando negros.

Soy una mujer árabe de color
y nosotras venimos en todas las tonalidades
[de la ira.
«¿Quién es esa mujer morena gritando en la manifestación?»
Perdón. ¿Debería no gritar?
¿olvidé de ser todos tus sueños orientalistas?
el genio de la botella, bailarina de la danza del vientre,
chica de un harén,
voz suave,
mujer árabe,
Sí, amo.
No, amo.
Gracias por los sándwich de manteca de maní
que nos tiras desde tus F-16, amo.

Sí, mis libertadores están aquí para matar
[a mis hijos
y llamarlos «daño colateral».
Soy una mujer árabe de color
y nosotras venimos en todas las tonalidades
[de la ira.
Así que déjame decirte que esta mujer que
[hay dentro de mí
sólo te traerá tu próxima rebelde.
Ella tendrá una piedra en una mano y una
[bandera palestina en la otra.

Soy una mujer árabe de color…
ten cuidado, ten cuidado,
De mi ira

La llamada de la tierra
Fadwa Tuqán

«¿Me han usurpado mi tierra?
¿Me han privado
[de mis derechos,
y me voy a quedar aquí, uncido al exilio,
[humillado y desnudo?
¿Me voy a quedar aquí a morir como un
[extraño en tierra extraña?
¿Me voy a quedar?
¿Y quién lo ha dicho?
Volveré a la tierra amada.

¡Por supuesto que volveré!
Y allí se cerrará el libro de mi vida.
Se apiadará de mí su tierra generosa
y dará cobijo a mis cenizas.

¡Regresaré, es necesario que vuelva!
¡Regresaré, comoquiera que sean mis desgracias!»
Más siguió desterrado, observando su tierra
y murmurando: «¡Es necesario que vuelva!»

Mientras, agachaba la cabeza en la tienda,
cerrando el alma a su oscuridad,
cerrando el pecho a su desgracia.
Pero seguía estando ahí, fija, esa idea,
zumbando febril y silenciosa,
hirviendo y ardiendo en su cabeza,
quemando, como el fuego, sus sentidos:
«¡Regresaré, es necesario que vuelva!»

La tierra se estrecha para nosotros
Samih Al-Qassem

Ve y róbate el último pedazo de mi tierra,
abandona mi cuerpo joven en mazmorras,
saquea mi herencia,
quema mis libros,
alimenta tus perros con mis peces,
ve y esparce tu red de espanto
sobre los techos de mi aldea,
enemigo del hombre,
no habrá tregua
y habré de pelear hasta el fin,
así apagues tus fuegos en mis ojos,
así me llenes de angustia,
así falsifiques mis monedas,
o cortes de raíz la sonrisa de mis hijos,
así levantes mil paredes,
y clavetees mis ojos humillados,
enemigo del hombre,
no habrá tregua
y habré de pelear hasta el fin.

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Las hamacas voladoras

Las hamacas voladoras

TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

Las hamacas voladoras (1964, Falbo) es el primer libro de cuentos de Miguel Briante. Una voz que irrumpe en la literatura con una madurez pocas veces vista.

“Cambian los lectores, no los libros”. Quién dijo esto, años más tarde, alguna vez tuvo que escribir aquel libro que no cambiaría, aquella obra a la que las miradas atentas epocales volverían una y otra vez. 

Aquel joven escribió Las hamacas voladoras entre sus 15 y 21 años, con una rebelde precocidad. Rebeldía que no era torpe, no pecaba de inmadurez. El futuro no fue suyo, pero acometió contra la literatura aquél cross a la mandíbula pregonado por Roberto Arlt (en soledad, sin hacer mucho ruido), aquél escritor porteño que acorraló a los puristas de la letra, a los correctos. A quienes decían que escribo mal. Pero con una diferencia: el tono estaba puesto en otro lado.

Sorprende la madurez literaria de estos primeros escritos publicados. Pareciera que moldea un mundo ya existente, ya imaginado. Que, narrativa y estructuralmente, se acerca a la mesa de Borges y de Joyce, como un pendejo nostálgico por naturaleza de General Belgrano que agudiza la oreja como todo buen concurrente de Arispe. Y luego replica, pero siempre a su manera. Sutil. Un espectáculo hipnotizante pero no ampuloso. 

Como Bentos Márquez Sesmeao, bautizado Kincón por las voces del pueblo, quién a la hora de contar su historia padece un ataque de conciencia borgeano: “Ahora, que relato esto, sé dos verdades: sé que esta voz, estas palabras, estos gestos que son simples y perfectas repeticiones (esta explicación de mi voz, de mis palabras, de mis repeticiones), me han sido impuestos y es, de alguna manera, como si me hubieran sido prestadas.” También sabe que alguien lo está obligando a recordar, a bucear sobre su vida como frente a un psicoanalista. O como un bufón de circo. Y así, con sus limitaciones, se rebela contra el lenguaje, aquella herramienta que jamás le fue útil, porque ciertas palabras no encierran el significado cabal de las vivencias de aquellos personajes periféricos de las grandes historias. 

Porque aquel niño de Capitulo primero (cuento con el que abre el libro), enfurecido ante la poca claridad de su familia sobre la situación de su alcohólico padre, no es un Pip de Charles Dickens. Su mundo, o la parte que se nos muestra, son, en la pluma de Briante, las dos cuadras que hizo desde la casa hasta la vidriera del bar que le muestra a un padre humillado, rendido sobre una mesa cualquiera. Y ahí, en esa pintura, cabe el significado de la tristeza. 

Y esto nos puede dar un panorama de dónde está puesto el foco en estas historias. Al modo de Faulkner, y como bien dice Ricardo Piglia en un prólogo al segundo libro de cuentos de Briante, “Hombre en la orilla”, los relatos tienden al melodrama: buscan transmitir la emoción de la experiencia y no su sentido. Y la emoción no es clara, ni lógica. Con gran capacidad imaginativa, varios de sus cuentos nos pasean por laberintos. Nunca nos suelta la mano, pero tampoco nos va a mimar y a mostrarnos la salida. Lo que importa aquí es la forma, y cada uno de ellos tiene una marca de estilo singular, atrapante, acompañada de un ritmo narrativo cuasi musical, como sólo un gran contador de historias lo puede lograr. 

Luciano Montoya

Nació en Mar del Plata, en 1997. Actualmente reside en La Plata. Estudia la licenciatura y el profesorado en Música Popular en la UNLP. Conductor del programa de radio Plástico Cruel.

Tan go pista

Tan go pista

TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

Gerónimo Rivera Cano nos trae de vuelta las crónicas de un niño solo, una mirada alucinada de las cosas. En este caso tango y autopista.   

Se define por ser mal escritor todo quien arranca su escrito con una pregunta. Por eso ¿qué tiene que ver el tango con las autopistas? ¿Qué tiene que ver las autopistas con el aire? 

Aún peor es quien escribe preguntas sin dar respuestas. Los ojos necesitan certezas. La vista necesita un tacto claro, concreto, mucho concreto; mil bolsas de cemento en el pecho; arena en la garganta; agua en las fosas nasales y dos metros bajo tierra para las fosas sepulcrales. 

Fosas que también son basamento de algunas autopistas porteñas. Pero claro, estas no son cules no son reconocidas son rebeldes, subversivas. Las fosas. Las autopistas son del aire, todos los coches son del viento. 

Primera persona, es detestable la primera persona pero no sé cómo escribir esto si no es a través de ella. Y cuando digo ella no sé si me refiero a su nombre, a la noche, su figura, su desprecio por la carne o su olor. 

Tango. La melodía del tango que no lo imita ni lo adquiere porque lo guarda en su corpus sancti. Santo no. Pecador a medias. 

El elemento transformador ha logrado su cometido. Nos transformó en peores. Aún más mal nacidos que consentidos por madres. O abandonados por figuras paternas que a veces también caben el rol de madres. 

Madres siendo padres y padres siendo ausencias. Así es la familia de la que nace un Piazolla. Nos transformó en peores… 

Afirmar que ayer estábamos bien sería mentir, al menos ponían el guiñe al cambiar de carril. 

Hoy son perros callejeros quienes respetan las sendas peatonales. 

Astor ha visto autopistas. Pero ¿pugliese? Pugliese no. Y sin embargo él va al compás de la soledad selectiva. Seleccionada. Va con los autos que siguen junto a la primer persona  al curso de la autovía. 

Y entonces Astor con Osvaldo alguna vez han de cruzarse en carromatos a 130km/h yendo derecho o viniendo torcidos. Silbando. Creyendo ser dueños de su destino. Destino, no suerte. Ese hálito que inexpugnablemente embadurna nuestra presencia y nos regala a la ausencia del sentido. 

Aunque salga a hacer mandados un milico es un soldado. Un día nublado es soleado. Y las autopistas son exuberancias que plasman las fragancias leds de luces artificiales. Exuberancias de los noventa. 

Es mejor andar solo con los fantasmas. Solo y acompañado. Solo nunca. Solo “solo” solamente “solo” está el sol. Que ni siquiera “es”. Por eso “está”. El sol está solo. 

El tango y las autopistas entonces. La novedad y el dale que va. La música ligera de blancas noches y la música rutera del traqueteo sobre el riachuelo. La exuberante pontífica edificación con la exiberancia musicalidad que se logra solamente habiendo hecho una vez pecera en el baño del exilio. ¿Qué tienen que ver? 

Nada tienen que ver, pero como el sol, están. El tango y las autopistas no tienen nada que ver; en cambio vosotros lectores sí, tenemos mucho que ver, oír…

Gerónimo Rivera Cano

No sé mucho de mi persona. Huyo del “conócete a ti mismo”. Solo tengo por ofrecer un par de sienes ardientes: mi capital intelectual se basa en ser graduado en Ciencias Jurídicas, reseñar cosas, hacer notas de opinión, análisis y crónicas. Como sujeto narrante soy buen lector. Me prostituyo en las palabras. Formo parte del multimedio Trinchera, integro el equipo de CAPTO. Trabajo en un estudio jurídico y notarial. Nací y me crié en la ciudad de La Plata. No me gusta el helado. Maradoniano, sí, aunque se poco de futbol. Siempre de acá, el lado en donde reina el amor y la igualdad.

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