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El Doctor en Filosofía, Fernando Buen Abad, dialogó con Radio Trinchera acerca de las Constituciones políticas y reflexionó en torno a lo dificultoso que es en algunos casos siquiera debatir la posibilidad de reformar los textos constitucionales, en tanto se constituyen como “leyes sacrosantas” para las burguesías.

Las últimas semanas han tenido en el centro del plano mediático a la vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, el accionar de la justicia en su contra. La denominada “Causa Vialidad”, por la que los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola pidieron 12 años de prisión e inhabilitación para la expresidenta, consiste en la acusación por un supuesto desvío de fondos de la Obra Pública en Santa Cruz en favor de Lázaro Báez, entre 2003 y 2015.

El fiscal Luciani realizó el pedido de 12 años de cárcel acusando a Fernández de ser la “jefa de una asociación ilícilta” en un alegato en el que además incorporó pruebas que no se encontraban en el expediente, para luego negarle a Cristina el derecho a una defensa.

Sin dudas, uno de los grandes problemas yace en la falta de democracia dentro del mismo Poder Judicial, el único (a diferencia del Ejecutivo y el Legislativo) en el que sus representantes no son elegidos mediante el voto, permitiendo así la perpetuación de jueces elegidos a dedo por autoridades políticas para conspirar en favor de los intereses de unos pocos.

Otro problema podría radicar en la falta de dinamismo que posee la actualización de las Constituciones en América Latina. En este sentido, Fernando Buen Abad Domínguez, Doctor en Filosofía, Máster en Filosofía Política, Licenciado en Ciencias de la Comunicación, y director de cine, invitó a la reflexión a través de un texto titulado “¿Es pecado cuestionar las Constituciones Políticas? “, donde se permite observar detenidamente lo dificultosa que resulta la participación del pueblo en la construcción y actualización de las constituciones.

En diálogo con Radio Trinchera, Buen Abad explicó: “El texto tiene un anclaje sobre cómo se han venido desarrollando las constituciones en América latina, y cuestiona la poca intervención que tenemos como pueblo en la conformación de las mismas, ya que de movida el análisis sobre ellas es muy escaso”.

Para él, ha costado, incluso golpes de estado y erupciones desestabilizadoras, la sola idea de convocar a debatir, y rediseñar los cuerpos constitucionales de algunos países. Especialmente en aquellos Estados en los que las Constituciones Políticas “han sido deformadas para arrodillarlas a los caprichos más turbios del neoliberalismo”, apuntó.

“El texto pretende invitar a la reflexión sobre qué tan cerca estamos nosotros de la vida orgánica de nuestras Constituciones, también llamadas Cartas Magnas, porque mientras más lejos estamos de eso, mayores son los atropellos que sufrimos. Se pueden ver ahora con las maniobras judiciales hacia Cristina Kirchner en Argentina o Lula Da Silva en Brasil”, especificó y ejemplificó el especialista.

Para Buen Abad, no podemos ser tan ingenuos como para seguir confundiendo a la Justicia con las instituciones que se suponen salvaguarda y activadores de aquella, y que bajo el capitalismo sólo la degradan confunden y postergan.

“Nuestros pueblos han luchado mucho para lograr la conformación de Estados basados en un modelo constitucional que acompaña como columna vertebral a la economía, la historia y la cultura de los países. En ese sentido, no puede ser que las Constituciones se mantengan congeladas y de espaldas a las necesidades que el presente político va planteando”, argumentó.

En ese sentido, planteó la urgencia de democratizar el poder judicial para la participación de los pueblos, para que sucesos como los que ocurren ahora con en Argentina no prosperen. Sobre algunas experiencias ejemplificadoras en la región, aparece el modelo venezolano: “En Venezuela se decidió cambiar la estructura de tres poderes a cinco, y eso es llamativo porque abre la puerta a una forma de pensar la organización política del Estado, pero también la propia dinámica de la Constitución, que necesitó convocatorias de bases y asambleas populares para discutir los temas álgidos de una Constitución que pasa por los derechos individuales, pero también por los colectivos”.

Para finalizar, el Doctor en Filosofía hizo hincapié nuevamente en la deuda constitucional que tienen los pueblos latinoamericanos, y concluyó: “Evita decía que ‘donde hay una necesidad hay un derecho’. Bueno ahí hay un derecho. El pueblo tiene que tener el derecho de elegir al poder judicial, y castigar a quienes se están comportando de manera mercenaria”.

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