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Recuerdo que alguna vez mi viejo me contó la historia de Dina Nardone. Desaparecida por la última dictadura cívico-militar, nunca se supo el motivo por el cual no la liberaron aquella noche de diciembre de 1978.

Fotos enmarcadas posando sobre un antiguo piano que nadie usa. Un mural en la escuela donde trabaja mi mamá. Un nombre, de los miles que figuran en el Parque de la Memoria. Una investigación revive una historia que hoy intento comprender.

Recuerdo que alguna vez mi viejo me contó sobre la historia de Dina Nardone. Entendí que era la tía de mi tía, y que no era familiar de mi papá porque su familia no era convencional. Recuerdo festejos de cumpleaños y alguna que otra navidad o año nuevo en su casa en calle San Martín, en la ciudad de Concepción del Uruguay, Entre Ríos.

En mi mente infantil, nunca dimensioné que en ese hogar lleno de pertenencias y portarretratos  que tanto cuidaba la abuela Ana María se buscaba mantener presente la imagen de su hija Dina Nardone, estudiante de medicina que fue detenida-desaparecida en la ciudad de Buenos Aires un 10 de noviembre de 1978.

Escuché el rumor de que ella había sido detenida por la policía por formar pareja con un militante encarcelado. Según me contaron, ella iba a ser liberada, pero era tal el amor hacia su novio, Francisco Mirabelli, que no quiso irse sin él. Varios relatos indican que estaba embarazada, por lo que se tomaron muestras óseas de la tumba de su padre, debido a la sospecha de un nacimiento en cautiverio.

Una tarde de mayo me encuentro en la casa de mi tía Juliana con la intención de saber más acerca de la vida de Dina. Percibo entusiasmo en su voz al mostrarme todos los archivos y fotos que conserva en la biblioteca.

Aparecerán siempre que queramos buscarlos
Cual calcio en las entrañas de un país fraternal
Sangre sobre los surcos cultivando consciencias
Cosechando alegría, siempre aparecerán

Aquí están – Falta y Resto

La democracia en la Argentina del siglo XX era algo efímero. Atravesada por diversas dictaduras militares que la gobernaron con la excusa de preservar la paz y combatir la subversión. La última de ellas fue la más sangrienta de todas: el denominado Proceso de Reorganización Nacional estableció el Terrorismo de Estado, desapareciendo a miles de personas y apropiándose de bebés a los que se les ocultaba su identidad. 

Muchas víctimas fueron estudiantes del interior que, en busca de mejores oportunidades, se mudaban a la capital del país para seguir alguna carrera. Desde Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos, una familia sigue buscando respuestas.

A orillas del río Uruguay

Familia Nardone

Ana María era madre de tres gurises. La primera fue Dina, y la siguieron Antonio (Pato) y Alfredo (Pepe). Todos acataban las directivas del jefe de la casa, porque lo que su papá decía se hacía sin chistar.

Dina era una joven muy alegre, apasionada desde chica por la música y una estudiante sobresaliente. Se destacaba también por tener un carácter fuerte, generando muchos enfrentamientos con su papá, un hombre que no soportaba opiniones diferentes a las suyas y que, eventualmente, terminó chocando con sus hijos.

Sin dudas, con Alfredo era con quien se llevaba peor. Dina llegó incluso a preguntarle a su padre por qué no lo quería a Pepito, pero Elio simplemente le contestó que tenían ciertas diferencias. Con el paso del tiempo, Pepe empezó a tocar la guitarra e interesarse por la música popular, y eso terminó dilapidando la comunicación entre padre e hijo.

Elio Nardone fue un padre de pocas palabras. Una persona severa y estructurada. Cuando Dina cumplió sus 15 años, le consultó si podía invitar al festejo a alguna de sus compañeras de colegio, pero su padre contestó con un rotundo no. La quinceañera pasó su cumpleaños llorando en su cuarto metida en sus libros. Estudiar era una de las pocas actividades que se le permitía hacer.

Dina recibiendo su diploma de profesora de piano (15 años)

Ese mismo año se recibió de profesora de piano mientras cursaba la secundaria en el Colegio Nacional Justo José de Urquiza, edificio de renombre para la ciudad. Egresada con uno de los mejores promedios de su año, decidió como muchos estudiantes del interior mudarse a la ciudad de Buenos Aires para ir a la universidad.

“Tengo varias cartas que mi tía (Dina) le mandaba a mi abuela Ana María cuando estudiaba en Buenos Aires. En una de ellas, le decía que además de seguir en medicina, había empezado a cantar en un coro.”

Juliana Nardone

Dina consiguió alojarse en un pensionado universitario y comenzó a estudiar la carrera de medicina en la Universidad Nacional de Buenos Aires. Por medio de cartas, le comunicaba que estaba muy contenta con su carrera y que había formado pareja con un chico de Trenque Lauquen.

Su novio trabajaba como taxista y militaba en la Juventud Universitaria Peronista. No hay registros que reflejen un interés por parte de ella en la militancia de algún partido. Nadie tiene datos sobre su participación en alguna agrupación. Sin embargo, a Dina le molestaban las injusticias y se involucraba para intentar solucionar problemáticas sociales.

Llevo en mi garganta la voz de los que no tienen voz
de trabajadores de los que el tiempo no perdonó
de los marginados y los que no llegan a fin de mes
soy la voz de hermanos que todavía hay que aparecer
no habrá dictadura jamás que me pueda enmudecer

La murga que no transa – La Trasnochada

La navidad más amarga

Francisco Mirabelli, novio de Dina, desapareció un 9 de noviembre de 1978 en la localidad de San Justo, provincia de Buenos Aires. Un día después, Dina fue detenida por un grupo de tareas de la ciudad de Buenos Aires mientras ingresaba a la pensión universitaria “El Centavo”, alrededor de las 20:30 horas. Tenía 23 años cuando fue vista por última vez por sus compañeras.

La denuncia por detención-desaparición fue radicada en la Comisaría 17 de la Policía Federal y ante el jefe de área de Concepción del Uruguay. El 23 de diciembre, aproximadamente a las 22:30 horas, recibió una llamada su tío, quien vivía en Capital Federal y había dejado sus datos en la comisaría. Le comunicaron que llamaban de parte de la Policía Federal para decirle que Dina iba a ser liberada.

Dina pudo hablarle por teléfono y comunicarle que estaba bien. Al enterarse que su madre había salido de viaje para buscarla, le respondió a su tío: “A nosotros no nos dejan llamar para afuera”.

Una hora después de la comunicación, el teléfono volvió a sonar informando que no podían liberarla el día 24 porque “había surgido un inconveniente”, y que tendrían que esperar a fin de año para retirarla.

Nunca más tuvieron noticias.

Ana María se comunicó con Madres de Plaza de Mayo, mientras Elio hacía su búsqueda personal y sin emitir palabra dentro de su hogar. El padre era quien tenía mayores contactos, ya que trabajaba en el Banco Nación, y terminó creando una biblioteca en su casa en donde recopilaba toda la información que le era útil para dar con su hija.

(Transcripción) carta de Elio Nardone enviada a la Secretaría Comisión de Desapareidos

Tiempo después de las solicitudes a las autoridades, un militar se presentó en la puerta de la casa. Decía estar de paseo, visitando a los vecinos del barrio. Aparentando conversar de manera distendida con la familia, pidió entrar a la casa y comenzó a husmear los libros que tenían. Ninguno de los textos parecía ser alarmante, ya que los prohibidos estaban muy bien guardados.

Se hicieron gestiones ante autoridades militares, administrativas, judiciales, políticas, Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la O.E.A, incluso ante el Episcopado Argentino. Se presentaron recursos de Habeas Corpus ante los juzgados competentes y se comunicaron en reiteradas oportunidades con el Ministerio del Interior. Los recursos fueron rechazados y se hizo caso omiso a todas las cartas y turnos solicitados ante los funcionarios.

Luego de la vuelta a la democracia, su hermano Antonio decidió abandonar sus estudios e irse a vivir a Brasil, ya que tenía un amigo que lo podía ayudar a empezar una nueva vida. Emigró de la Argentina luego de que el Proceso de Reorganización Nacional terminara, pero confesó que tendría que haber escapado antes.

Las Madres

Ana María realizó incontables viajes hasta la capital para pedir por información sobre el paradero de su hija. Participó de varias reuniones con Madres de Concepción, en donde tuvo contacto con familiares de los 15 desaparecidos que aún reclama la ciudad.

Participó de marchas en la ciudad de Paraná con las Abuelas de Plaza de Mayo. Estuvo en la inauguración de una obra de arte presentada por la escultora Amanda Mayor (también integrante de Madres).

Atesoró las pertenencias de Dina y mantuvo presente su imagen, brindando información de su biblioteca personal para quienes se interesaban en investigar sobre las víctimas de la dictadura. Conservó el piano con la esperanza de que algún día su hija vuelva a hacerlo sonar. Falleció un 5 de febrero de 2015.

Abuela Ana, que en paz descanses.

Ana María junto al piano de su hija Dina

Madres de indomable voluntad
mágico estandarte de la paz
las que pregonando amores un día de abril abril abril
a los secuaces del dolor derrotarán

Un cariño para vos
dulce mujer, valiente sol
por tus ganas de vivir
y de entregar el corazón

Las madres – Falta y Resto

Testigos

En 2014 se publica el testimonio de Enrique Fukman, sobreviviente de la ESMA y miembro de la Asociación de Ex Detenidos-Desaparecidos (AEDD).

Enrique era militante de Montoneros y fue secuestrado y llevado al centro clandestino de detención, tortura y exterminio que funcionó en la ESMA. El testigo fue consultado sobre un grupo  de jóvenes de Trenque Lauquen, grupo en el que se encontraba Francisco y Dina. Fukman aclaró que los escuchó, pero no pudo verlos ya que tenía una capucha colocada en la cabeza. Contó que, cuando algún guardia lo permitía, podían hablar.

Recordó las chacareras de Ricardo Frank, los chistes de Sergio Antonio Martínez, y la “voz hermosa” de Dina Nardone, que cantaba tangos. Su cantar es parte de la memoria de quienes sobrevivieron a la ESMA.

En el año 95 estuve en Paraná en una conferencia donde participaba Estela de Carlotto y Tati Almeida (Abuelas de Plaza de Mayo). Ellas me dijeron que pensara en la posibilidad de que Dina podría estar embarazada.”

Alfredo Nardone

En 2019, en un homenaje a Francisco “Titín” Mirabelli en San Justo, provincia de Buenos Aires, una testigo se acercó para informar que Dina estaba embarazada mientras estuvo detenida.

 A partir de ese dato, su hermano Pepe sospecha la posibilidad de encontrar un sobrino/a de unos 43 años aproximadamente. Se inició un estudio de ADN y se tomaron muestras óseas extraídas de la tumba de Elio, su padre. La búsqueda nunca se detuvo, sino que se amplió la investigación.

Nunca se supo el motivo por el cual no largaron a Dina aquella noche de diciembre. Algunos testigos informaron que ella iba a ser liberada, pero que prefirió quedarse junto a su novio. Su amor incondicional y su lucha contra las injusticias sociales no serán olvidados.

Dina Ana María Nardone Irigoyen, presente

Dina y Elio Nardone

Si he de morir
Que me muera de tanto vivir
Con la furia de la tempestad
Incendiándome el alma al partir
.

Si he de partir
Que me parta la vida un amor
Y transforme mis huesos en flor
En algún carnaval
.

Un camión que se va – Agarrate Catalina
Tomás López
Tomás López

Me sensibilizo fácilmente con la música, recurso presente en mi escritura. Me cuesta confiar en la gente, pero soy muy apegado con quienes me rodean. Entrerriano, fanático del mate y de los planes sencillos.

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