¿La balcanización de Etiopía?

Etiopía, una de las cunas de la humanidad, enfrenta hoy el peligro de una balcanización que sería impactante en la región del Cuerno de África Oriental y más allá también. El gobierno del premier Abiy Ahmed impuso el “estado de emergencia” ante el avance de fuerzas rebeldes que están acercándose a la capital, Adis Abeba, mientras los reclamos étnicos locales aumentan y también se arman para buscar autonomía o la independencia.

El pasado 2 de noviembre el gobierno del premier Abiy Ahmed, Premio Nobel de la Paz en 2018, impuso el “estado de emergencia” ante el avance de las guerrillas rebeldes del Tigray, que se hacen llamar Frente Popular de Liberación del Tigray (FPLT), en la zona norteña del país. Los rebeldes lograron estratégicos avances sobre la vecina región de Amhara en los últimos días dentro de una guerra que está a punto de cumplir un año. El “estado de emergencia”, se mantendrá por un plazo de seis meses (prorrogable, si es necesario). Ahmed ordenó destituir a los gobiernos locales del país, para poner en su lugar a interventores militares y civiles con el objetivo de controlar que se desmadre la situación. También llamó a sus seguidores a armar milicias en caso de que grupos del FPLT repartidos en el país se activen. Otra preocupación e la reactivación de las guerrillas de la gran región de Oromo, donde se encuentra una de las etnias más grandes del país, la de los oromos, que fundaron su guerrilla también, Frente de Liberación del Oromo (FLO).

El “estado de emergencia” restringe el derecho de manifestación y, en general, de cualquier acto que interrumpa la producción o sabotee los servicios económicos esenciales. Todo aquel que pueda ser sospechoso de colaborar con fuerzas enemigas podría ser arrestado sin necesidad de una orden judicial y permanecer detenido mientras dure el estado de emergencia.También se prohíbe diseminar información o propaganda en apoyo de los grupos considerados “terroristas” -como los rebeldes de Tigray- y portar armas de fuego, excepto para las personas autorizadas por las fuerzas de seguridad. Ahmed se puso firme y no dudará en atacar a las guerrillas con fuerza.

Mapa del conflicto de Etiopía

Ahmed quiere evitar que se desintegre el federalismo tenso de Etiopía. La declaración del “estado de emergencia” se produjo después de que, entre el sábado 30 de octubre y el lunes 1° de noviembre últimos, el rebelde FPLT, gobernante en esta región norteña hasta el estallido del conflicto en noviembre de 2020, anunció la toma de las ciudades de Dessie y Kombolcha, ambas situadas en Amhara, una región vecina de Tigray con la que mantiene una disputa territorial histórica, y a menos de 400 kilómetros de la capital de Etiopía, Adis Abeba. Esto situaría a los rebeldes del FPLT en el mismo territorio donde operan los insurgentes de etnia oromo del FLO, con quienes anunciaron una alianza a finales del pasado agosto. Todo un combo explosivo que puede convertir a Etiopia en una nueva Yugoslavia.

Hay que analizar tres cosas. Primero, la historia reciente del país. Etiopía, uno de los estados más antiguos de África, tuvo al reinado del déspota filoyanqui Haile Selassie I, desde el decenio de 1930. Fue derrocado por una Revolución de militares progresistas en 1974. La caída del emperador Rasta Fari fue producto también de la aparición de diversas guerrillas locales que reclamaban independencia ante Adis Abeba, y la mayoría de ellas respondían a las etnias del país y también a versiones marxistas de todo tipo. Entre ellas las del FPLT y el FLO, como así también las guerrillas de Eritrea. En 1974 los militares progresistas que fundaron la República de Etiopía prometieron autonomías políticas a las etnias del país, pero en 1977 surge el gobierno marxista-leninista del Haile Mariam Mengistu, el Rojo, quien fundó la República Popular de Etiopía, se alió a la Unión Soviética y no dudó en fijar un gobierno centralizado para llevar a cabo los planes de socialización del país.

Ya en 1975 el FPLT empezó su actividad independentista contra Adis Abeba, ahora republicana. Los rebeldes combatieron al gobierno revolucionario de Mengistu El Rojo. El FLO también rompe con Etiopía socialista y reactiva la guerrilla. Los grupos principales que luchaban contra Mengistu el Rojo eran el Frente Popular de Liberación de Eritrea (FPLE) y FPLT. Este último pidió una acción común al FLO, pero, en aquel momento, este se negó. Entonces, el FPLT organizó un movimiento armado oromo con los prisioneros que había hecho de esta etnia, que se llamó Organización Democrática del Pueblo Oromo (Oromo People’s Democratic Organization, OPDO) de tendencia marxista. Al mismo tiempo, el FPLT creó una organización de oposición de mayoría amhara y de alcance en toda Etiopía.

El primer ministro Abiy Ahmed Ali de Etiopía, Premio Nobel de la Paz en 2018.

En 1991 cayó el gobierno de Mengistu el Rojo y las guerrillas buscaron hacer realidad sus reclamos. Los rebeldes eritreos, al mando de Isaías Afewerki, lograron la independencia de la provincia en 1993. De hecho, Afewerki es el actual presidente del país llamado Eritea. Pero los otros grupos pactaron crear un gobierno federal en Etiopía, con centro en Adis Abeba. Sin embargo, las tensiones se daban porque Adis Abeba imponía medidas unitarias que molestaban a las etnias.

En segundo lugar, hay que analizar el mapa étnico de Etiopía. Es un país que tiene el privilegio de ser el único país que pudo resistir con éxito al rompecabezas creado por las potencias coloniales e imperialistas en África desde 1880. Jamás fue conquistado por potencias extranjeras, salvo un breve período de ocupación italiana durante 1935-1936. Con el 75% de la población perteneciente a cinco etnias distintas, una importante variedad lingüística y una organización territorial basada en el federalismo étnico, el conflicto armado en la región de Tigray (que ya lleva siete meses) puso contra las cuerdas al gobierno etíope actual.

En África existen más de 2000 idiomas (sin contar los dialectos, los cuales duplican esa cifra). De ellos, más del 2% se hablan en Etiopía, pertenecientes en su mayoría al segundo patrón lingüístico en importancia del continente, el afroasiático (de donde derivan el árabe, el hebreo antiguo, el arameo, el fenicio, el cananeo, el acadio, el babilonio, el asirio y el ugarítico). Y, en cuanto al total de las etnias de Etiopía, más del 75% pertenece a cinco de ellas: oromos, amharas, somalíes, tigrayanos y sidamas. También están los cushitas, los Afar, los Ifti y los Nilotas. Con más de 115 millones de habitantes, Etiopía es el núcleo de la temperatura del “cuernómetro”, es decir, de los niveles de tensión que se experimentan en la región nororiental de África. Además, posee una característica muy particular en cuanto a su organización interna. Su sistema político-territorial es de base etnofederal, es decir, posee diez provincias o kililoch, administradas por etnias mayoritarias y con un nivel de autonomía bastante elevado.

Mapa de las etnias de Etiopía

Los tres grupos étnicos mayoritarios provienen del grupo afroasiático, emparentado con los semitas del Oriente Medio. Pero muchos de los grupos etíopes tienen otros orígenes (como el de los nilo-saharianos, de donde vienen los Nilotas, emparentados con los de Sudán y Sudán del Sur) y no son, de ninguna manera, minorías poco visibles. Por el contrario, varias de ellas poseen una presencia bastante notable en sus respectivas regiones. De hecho, de las casi noventa etnias que existen en Etiopía (sin contar las cinco más numerosas) ocho de ellas oscilan en una población de entre uno y dos millones de personas. Etiopía es un país de mayoría cristiana (la religión de Jesús llegó hacia el siglo IV), aunque hay focos musulmanes en el norte del país. También hay religiones tradicionales no monoteístas.

En tercer lugar, hay que ver el lado geopolítico de la posible balcanización de Etiopía. La intervención militar en esta zona, que limita con Eritrea y que hasta hace muy poco tiempo tenía al FPLT como parte de la coalición de gobierno nacional, ya cuenta con cerca de 500.000 soldados movilizados, más de mil muertos, personas movilizadas, refugiadas y desplazadas. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ya ha reportado y denunciado violaciones masivas a mujeres en la región. También hay desplazados a países vecinos como Sudán.

En 2018, el primer ministro Hailemariam Dessalegn renunció a su cargo. Esto catapultó a los oromos al poder de la mano del carismático Ahmed. Sin embargo, el nuevo primer ministro llevó adelante un plan “pan-etíope”, que incluyera en una fuerza política a oromos, amharas, Afary somalíes, así como también etnias del centro del país, como los bertha, gumuz, nuer o anuak y los pueblos minoritarios de la región sur. Las elecciones del pasado junio de este año 2021 se desarrollaron en un clima tenso. Los contendientes fueron el actual premier Abiy Ahmed Ali, del Partido de la Prosperidad (una organización sin distinción entre etnias que se asume como continuadora del histórico Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope, que pasó del marxismo-leninismo a la socialdemocracia), Berhanu Nega, el representante de Ciudadanos Etíopes por la Justicia Social, de  centroderecha y con tintes nacionalistas y liberales, y Debretsion Gebremichael, el líder del FPLT. Esta última organización, que se encuentra en el centro de la guerra civil, es, a todas luces, compleja de entender: proviene del marxismo-leninismo (y en particular del hoxhaismo, como se conoce a la línea del ex dictador comunista albanés Enver Hoxha) pero en la actualidad defiende el etnonacionalismo tigreano combinado con ideas nacionalistas revolucionarias y “socialdemócratas”.

Etiopía es cuna de la humanidad y uno de los primeros países del mundo en cristianizarse. Aquí se ve la imponente Estela de Axum, una antigua civilización que se desarrolló entre los siglos I y IV en el país. Etiopía ha sido el orgullo de África al no ser dominada por el imperialismo del siglo XIX.

Ganó Ahmed y los rebeldes no aceptaron el resultado electoral de junio. Acusaron a Ahmed de hacer fraude y estalló la bronca. Pronto se revivieron las rencillas étnicas y religiosas del pasado. Etiopía tiene el ingrediente religioso que suele actuar como catalizador de ciertas tensiones. A una región con una larga tradición judeocristiana se le sumó el Islam sunnita, el cual logró dominar amplios sectores del Cuerno de África, una de las zonas geopolíticas más inestables del planeta. Es por esto que Etiopía no se entiende sin la región del Cuerno, ni este sin el decurso político de aquella. De hecho, el resto de los integrantes de la región del Cuerno de África (Yibuti, Eritrea y Somalia, además de Kenia, los dos Sudán y Uganda) tienen un peso recíproco y notable en los acontecimientos políticos internos. Podría decirse, incluso, que la política nacional y la regional en África nororiental son la misma cuestión. También mete las narices Estados Unidos, Arabia Saudí y la Unión Europea.

La situación no podría ser más compleja en Etiopía y en todo el Cuerno de África. Hambrunas, sequías, casi medio millón de soldados movilizados, migraciones forzadas y refugiados, intervención militar, amnistiados rebeldes, críticas internacionales, choques armados, persecuciones, pandemia y ahora la guerra civil en puerta. Etiopía pasó de ser la promesa del “milagro neoliberal” para África (crecía a tasas chinas, tenía préstamos jugosos del FMI, el Banco Mundial, del Banco Africano de Desarrollo, de los bancos occidentales, de China, etc.) y era el paraíso para los inversores de Washington y la Unión Europea, como así también de China. Pero no. La redistribución de la riqueza no llegaba. Las etnias se enojaron. Las clases trabajadoras no soportaron el ajuste. Y la guerra civil amenaza la idea “pan-etíope” de Ahmed. La balcanización parece estar en la esquina.

Mauricio Piñero
Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

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