La chispa taiwanesa

Otra isla protagonista en un conflicto entre dos potencias. No se trata del Caribe, sino de Asia Oriental. En este caso la isla de Taiwán, en el medio de una especie de “guerra fría” comercial entre Washington y Pekín que pone en vilo a la comunidad internacional. Idas y vueltas de una posible chispa latente que podría ser impactante si de lo frío se pasa a lo caliente.

Taiwán, esa isla de poco más de 25 millones de habitantes, icono del capitalismo liberal de los “Tigres Asiáticos”, está en el ojo de la tormenta. Ubicada en el Mar Meridional Chino, parece que se torna una colonia de facto de Estados Unidos frente a la República Popular China (RPC). Y hace tiempo que la fuerza naval estadounidense viene metiendo las narices en aguas cercanas a la RPC, para defender a la República de China, nombre oficial que posee Taiwán desde 1949. La realidad territorial actual ha hecho que en las últimas décadas este nombre haya caído en desuso, y por lo tanto la República de China, también conocida como China Taipéi en grandes eventos deportivos, recibe habitualmente la denominación de Taiwán, mientras que el nombre de China se aplica por lo general a la RPC.

Si la anterior administración yanqui de Donald Trump era muy antichina, la del actual mandatario demócrata Joe Biden parece que sigue esa línea. Sobre el espacio aéreo de Taiwán hay que meterle lupa a la expresa declaración del viejo Biden sobre “defenderla militarmente”. Toda una demostración de que el conflicto con la RPC no estará, como era de prever, limitado al campo comercial.

Taiwán fue habitada por lo menos desde hace unos 150.000 años por seres humanos. Los primeros Homo sapiens se cree que llegaron hace unos 20.000 años, cuando la isla estaba unida a la China continental en la última Era del Hielo del Pleistoceno Tardío. Hace unos 10.000 años  las aguas subieron tras el deshielo del Holoceno Temprano y Taiwán se convirtió en isla. Los humanos se aislaron de los habitantes de China y crearon una interesante cultura originaria conocida como “formosana” por los etnólogos. Hace unos 4000 años a.C., llegaron poblaciones de lenguas austronesias, que fueron poblando la isla y creando las primeras aldeas agrarias. Hasta el siglo X d.C, el imperio chino no tuvo interés en la isla. Hubo contactos desde el 900, pero no mucho más. Piratas chinos bordeaban la isla, pero no fundaban asentamientos. Fue en 1550 que llegaron los marinos portugueses y se quedaron un tiempo con la isla, a la que llamaron “Formosa”, es decir, “Hermosa Isla”. También llegaron colonos españoles, que fundaron asentamientos al norte de Taiwán. Los neerlandeses llegaron y asentados primero en el sur, expulsaron a los españoles y, entre 1624 y 1662, lograron el control de amplias zonas costeras, desde donde mantenían contactos comerciales con China y Japón. Los neerlandeses a su vez serían expulsados por el ejército de 25.000 hombres de Zheng Chenggong (más conocido en Occidente como Koxinga), un antiguo pirata a las órdenes de la dinastía Ming (1368-1644), que organizó la primera oleada de colonos chinos en la isla, desplazando gradualmente hacia el interior a los pueblos originarios de Taiwán. En 1683 a la dinastía manchú Qing (1644-1912)se quedó con toda Taiwán. Desde entonces, hasta 1949 fue provincia china.

Taiwán es el protegido del imperialismo estadounidense desde 1949.

En 1895, tras la Primera Guerra Sino-japonesa, la China Qing fue obligada por el Tratado de Shimonoseki a ceder Taiwán a Japón a perpetuidad. Durante 50 años, los japoneses propiciaron un enorme desarrollo de Taiwán en todos los ámbitos, si bien a costa de imponer un estricto monopolio de todos los productos, y de reprimir militarmente cualquier resistencia. Tras la derrota japonesa en la Segunda Guerra Mundial de 1939-1945​ la isla volvió a ser territorio chino, convirtiéndose en provincia de la República de China en 1946. El ejército del partido nacionalista Kuomintang, que dominaba las instituciones de la República, ocuparía la isla con el apoyo de Estados Unidos. Su líder era el anticomunista Chiang Kai Chek. En 1949, tras ser derrotado en la guerra civil por los comunistas de Mao Tse Tung, se retiró a Taiwán atrayendo consigo a unos dos millones de chinos del continente. Se fundará así la República de China, con capital en Taipéi. En 1950 Cheik fue nombrado presidente de Taiwán y se quedó en el poder hasta el año de su muerte en 1975, estableciendo una férrea dictadura capitalista liberal en la isla con apoyo de Washington.

La RPC considera “rebelde” a Taiwán y siempre mantuvo estado de alerta para recuperarla. En 1971 la RPC y Estados Unidos se amigan y Taiwán queda afuera de las Naciones Unidas (ONU). Pero Washington sigue apoyando a Taiwán en su independencia pese al acercamiento chino. En 1976 muere Mao y los dirigentes del Partido Comunista se hacen más “reformistas”. Desde la década de 1980, con las reformas del “socialismo de mercado”, China se abre al capitalismo. Pero sigue reclamando por Taiwán desde la ONU, ya que logró su asiento en el organismo supranacional.  La “isla rebelde” constituye no solamente un reclamo histórico sino también un objetivo político en la lucha por el poder dentro de la cúpula de la potencia asiática. En el año 2022 vence el segundo mandato de Xi Jinping e intentará, en el Vigésimo Congreso General del Partido Comunista, vulnerar el principio, impuesto por Deng Xiao Ping, de una sola reelección. Por ello en sus discursos abandonó el “un País, dos sistemas” y lo reemplazó por “Una sola China”. Toda una declaración.

Las fuerzas militares de la RPC realizan grandes ejercicios muy cerca de la isla y cientos de aviones de guerra vulneran el espacio aéreo, mientras la presidenta de la República de Taiwán, TsaiIng Wen, reclama ayuda al Pentágono quien le vende armamento, entrena sus tropas y desplaza fuerzas navales de magnitud a la zona. Wen está en el cargo desde 2016, pertenece al Partido Socialdemócrata local, y ha levantado el nacionalismo taiwanés pidiendo ayuda a Washington.

La «progresista» Tsai Ing-Wen fue reelecta presidenta de Taiwán en 2020 y está en el cargo desde 2016, apoyada por Estados Unidos.

La escalada entre ambas Pekín y Washington en la era Biden tuvo un hito central, hace poco más de un mes, en los acuerdos entre Estados Unidos, Australia y Gran Bretaña (AUKUS). Por ese pacto que incluye “cooperación en tecnologías avanzadas de defensa, inteligencia artificial, sistemas submarinos y vigilancia de larga distancia” se provee a Australia de un escudo de defensa múltiple para neutralizar el expansionismo de China en el Indo Pacifico.La negociación tripartita incluye la venta a Camberra de submarinos nucleares.Con estas naves de guerra el patrullaje del Mar de la China Meridional, incluyendo Taiwán, está asegurado e implica una respuesta a la incursión de submarinos chinos en “las cercanías” de Australia.El Ministerio de Relaciones Exteriores chino replicó con dureza: “Los socios de AUKUS deben abandonar su mentalidad de Guerra Fría (…) o se acabarán perjudicando a sí mismos.” Lo mismo le dijo a Taiwán y a Estados Unidos hace poco.

El conflicto no es ideológico sino por poder militar en zonas de influencia. A la RPC no le gusta que Washington está tan cerca de sus aguas. Y lo hará notar. La chispa taiwanesa resulta peligrosa y los riesgos aumentan. La diplomacia china sabe jugar. Alienta a sus aliados regionales como la República Popular Democrática de Corea (RPDC) a molestar al Tío Sam en la Península de Corea, y sigue alentando acuerdos con Rusia, Irán, Afganistán y los estados ex repúblicas soviéticas de Asia Central. Taiwán en el ojo de un juego de ajedrez que resulta desafiante. Veremos qué tipo de chispa será.

Mauricio Piñero
Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

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