La guerra olvidada de República Centroafricana

La prensa occidental tiene la costumbre de brindar a su público la idea estereotipada de que en África subsahariana es una región de guerras civiles, hambrunas y pobreza extrema. Lo que nunca dice es que la inestabilidad política en algunos países es producto del colonialismo y el neocolonialismo. Y una de las naciones víctimas de todo este andamiaje histórico reciente es la olvidada República Centroafricana, que vive uno de los conflictos más encarnizados de estos tiempos. Lo que sucede es que no tiene fama ni le interesa a los portales. Pero hay mucha riqueza en juego.

Como su nombre lo indica, este país está ubicado en el centro de África, posee casi 4 millones de habitantes y vive una tragedia que la prensa mundial no trata en los grandes portales. También allí hay conflicto tremendo y las mujeres viven un drama producto de las luchas entre grupos paramilitares tanto musulmanes como cristianos. Otra ex colonia francesa que vive ese fenómeno maldito conocido como “estado fallido”.

Los rebeldes del grupo Seleka, combatientes que se dicen musulmanes y pertenecen a la rama wahabita saudí, ubicados en el norte de República Centroafricana.

Mientras todos cubrían lo de Afganistán, nadie se percataba lo del conflicto centroafricano. Más de una treintena de ONG internacionales han expresado su “profunda preocupación” por la “crisis humanitaria” que sufre República Centroafricana y han reclamado una mayor movilización internacional, en la medida en que la comunidad humanitaria ha recibido menos de la mitad de los 444,8 millones de dólares requeridos para este año 2021. Ni las “fuerzas de paz” de las Naciones Unidas (ONU) estacionadas allí hacen nada, y solo se repliegan en Bangui, la capital, mientras los grupos Seleka y Antibalaka se disputan territorios, fomentando señores de la guerra para apropiarse de los yacimientos de diamantes, oro, gas natural y petróleo. Por supuesto, las multinacionales europeas están allí para pagar mercenarios de un lado y del otro.

Unos 2,8 millones de personas necesitan ayuda humanitaria, más de la mitad de la población, según la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) de la ONU. Más de la mitad de los ciudadanos pasan hambre en un país en el que hay 1,4 millones de desplazados y refugiados, la cifra más alta desde el año 2014.

En el ámbito sanitario, la situación es igualmente alarmante, habida cuenta de que República Centroafricana tiene la peor tasa de mortalidad infantil de todo el mundo y figura entre los primeros en cuanto a mortalidad materna. La esperanza de vida es de apenas 53 años, también una de las peores del mundo, y en el último año se han detectado brotes de enfermedades prevenibles como el sarampión o la malaria. También está al alza la violencia sexual hacia las mujeres por los grupos Seleka y Antibalaka.

Los rebeldes que se dicen cristianos del Movimiento Antibalaka, ubicados en el sur de República Centroafricana, que han llevado una campaña antimusulmana en el país.

El 13 de agosto de 1960, la República Centroafricana se independizó de Francia. Con el apoyo de los franceses, David Dacko tomó el poder, estableciendo hacia 1962 un Estado de partido único.  El 31 de diciembre de 1965, Dacko fue derrocado por su primo, el general Jean-Bédel Bokassa, quien suspendió la constitución y disolvió la Asamblea Nacional. El 2 de marzo de 1972 se proclamó presidente vitalicio, mariscal el 19 de mayo de 1974, y en 1976 se convirtió al islam adoptando el nombre de Salah Eddine Ahmed Bokassa. En 1976 Bokassa cambió el nombre del país por Imperio Centroafricano y se autoproclamó emperador con el nombre de “Bokassa I” en una fastuosa ceremonia inspirada en la coronación de Napoleón. Sus constantes violaciones a los derechos humanos (matanza de estudiantes que protestaban contra la obligatoriedad de llevar uniforme), entre otros motivos, llevaron a Francia a organizar un golpe de estado en su contra. En la llamada Operación Barracuda, aprovechando que el emperador se hallaba de visita en Libia, las fuerzas francesas (paracaidistas) ocuparon los lugares estratégicos del país y establecieron en el poder al expresidente Dacko. Luego vino una era de inestabilidad política, nuevos golpes de estados y rebeliones militares.

La estabilidad recién llegó en 2012, con el mandatario Francois Bozizé, pero este fue derrocado en 2013. Los grupos musulmanes del norte llagaron a Bangui y tomaron la capital. Eran los Seleka, de ideología wahabita y muy anticristianos. Desde entonces, aparecen las facciones cristianas Antibalaka, que se apoderan del sur del país. En 2014 estalla la guerra civil entre ambos grupos. Hacia el año 2016 recién hay una tregua, cuando el presidente Faustine Tuderá logra calmar la situación, con ayuda de Francia. Pero esto duró poco, porque en 2019 empezó de nuevo la guerra civil crónica del país.

Diamantes, oro, gas natural, petróleo y bosques son las riquezas saqueadas por Occidente en República Centroafricana, mientras fomenta la guerra civil entre facciones.

Los Seleka son facciones guerrilleras de la parte musulmana sunna del norte del país, que reciben ayuda misteriosa de Chad y Sudán, países colindantes. En el sur, cerca de Bangui, están los guerrilleros del grupo Antibalaka, influenciados por el cristianismo evangélico conservador y muy islamófobo.

El país vive sumido en una grave crisis desde la ofensiva lanzada en diciembre de 2020 por de la Coalición Patriotas por el Cambio (CPC), que ha puesto en jaque de nuevo la estabilidad política y social, y aún arrastra los efectos del golpe de Estado de 2013.

A pesar de sus abundantes recursos minerales, tales como las reservas de uranio en Bakouma, petróleo en Vakaga, oro y diamantes, así como maderas, energía hidroeléctrica y tierras de cultivo, el país está fraccionado por donde se lo vea. Los señores de la guerra se sirven de la inestabilidad y venden la riqueza del país a los mejores pagadores occidentales. Francia se queda con las reservas de uranio, gas natural y petróleo. París solo tiene sus 3500 pretorianos estacionados para que el país siga balcanizado, porque así es más sencillo explotarlo. Por eso, no se olviden de República Centroafricana.

Mauricio Piñero
Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

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