El Reino: la realidad supera la ficción

El estreno de la serie El Reino nos abre una puerta para analizar situaciones verdaderamente relevantes. El evangelismo crece a pasos agigantados en el mundo pero en especial en América Latina ¿Con qué sectores se vincula estrechamente?

El pasado 13 de agosto se llevó a cabo el estreno de una mega producción de la plataforma Netflix, situándose en Argentina y analizando temas, a priori, llamativos. La serie titulada “El Reino”, obra escrita por Claudia Piñeiro y dirigida por Marcelo Piñeyro, encarna la situación del pastor Emilio Vázquez Pena candidato a vicepresidente de la República Argentina, interpretado por Diego Peretti, que, tras la muerte de su compañero de fórmula a manos de un trabajador de su iglesia, suplanta su puesto para seguir por la carrera presidencial. 

Actores y actrices como Mercedes Morán, personalizando a la pastora Elena, o el “Chino” Darín como el abogado y mano derecha de la familia, entre otras figuras de la industria cinematográfica argentina, muestran una realidad poco visible de lo que ocurre puertas adentro de los conocidos templos de Dios.

A raíz del impacto que desencadenó la serie, los sectores más influyentes de la comunidad eclesiástica argentina reaccionaron de manera negativa, atacando e intentando censurar la difusión de esta, y alegando que la obra de ficción estigmatiza y deslegitima la fe de quienes creen en este tipo de instituciones.

Los ataques recibidos por parte de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA) y los seguidores de la misma hacia la autora de la obra se encontraron con el repudio del elenco de la serie y de la Unión Argentina de Escritoras y Escritores, que concluyó en un comunicado por la red social Twitter: “Vivimos un tiempo atravesado por una reacción conservadora que pretende cercenar derechos, silenciar a quienes piensan distinto y atacar la creación artística confundiendo deliberadamente la realidad con la ficción”, y enfatizaron en el cierre:  “mucho más cuando el ataque va dirigido a una sola persona, cuyo trabajo se ve perjudicado por estas acciones de censura”.

Claudia Piñeiro / SILVINA FRYDLEWSKY

Intentar analizar los sucesos ocurridos como un hecho aislado por la repercusión de la obra, es una manera sesgada de enfrentar la realidad con la que vivimos. La historia se repite constantemente: sectores reaccionarios del clero oponiéndose a procesos sociales que constituyen un paradigma distinto a la hegemonía eclesiástica. 

Ampliaciones de derechos como el aborto, movimientos feministas y LGBTIQ+ o, en este caso, un producto que realiza una crítica a una indiscutible fisonomía de la iglesia conservadora incapaz de reinventarse, son algunas de las discusiones en boga en las cuales se posiciona firmemente en contra. 

La pregunta es por qué la escritora recibió todo tipo de ataques y el director de la misma no fue siquiera nombrado por dicho sector. Esto denota una clara misoginia a la hora de criticar y, a su vez, una doble vara que influye dependiendo en qué posición de privilegio se encuentra, en este caso, quien llevó a cabo los procesos de filmación. Claudia Piñeiro no solo fue criticada por ser mujer, sino por ser feminista o por posicionarse a favor de la legalización del aborto, lo cual es injustificable e intolerable en una sociedad donde todes tienen derecho a expresarse y opinar libremente sin perjudicar a otres. 

Un aspecto interesante de abordar es que, aunque cierta esencia de la serie está basada en hechos de la realidad y existan puntos de pensamiento en común, no deja de ser una ficción y debería tomarse como tal. Llama la atención, no obstante, el fervor con el que estos sectores expresan su descontento al “generalizar” en cuanto a temas referidos a abusos de poder o situaciones que son más comunes de lo que parecen. Al llevar el debate por este camino, se corre el foco del problema real que estamos abordando, que es que estos abusos existen, y que no solo deben dejar de suceder, sino que se debe penar y repudiar a quienes ejercen este tipo de prácticas.

La religión en la escena política

El bautismo de Bolsonaro en el río Jordán

No es extraño ver a los partidos de ultraderecha trabajar de la mano con los sectores evangélicos o cristianos más duros, y que, a su vez, gracias a estas instituciones, acceden al poder mediante los Value Votes, o votos de valor.

En Brasil, por ejemplo, durante las últimas elecciones de 2018, Jair Messias Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL), obtuvo más del 55% de los votos llegando a la presidencia contra el candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad. Lo relevante es que un 22,2% de la población brasileña es practicante del cristianismo evangélico, teniendo lo dicho en cuenta, es fácil encontrar un hilo conductor con los hechos ocurridos en 2018. 

Pero el presidente del país vecino no es el único caso de esta magnitud, teniendo en cuenta cómo llegó al poder Donald Trump en Estados Unidos, el crecimiento acelerado del partido Vox en España o, si se quiere, el partido NOS en Argentina, habiendo dirigentes que justifican el intento de censura de la popular tira de Netflix.

Otro suceso relacionado al fanatismo religioso fue el del golpe de estado de 2019 a Evo Morales en Bolivia, donde Jeanine Añez se autoproclamó presidenta acompañada por los sectores más importantes del Evangelismo. Tal fue así que cuando asumió el poder levantó en sus manos “Los Cuatro Evangelios”, demostrando su desprecio hacia el Estado Plurinacional de Bolivia y los diferentes credos que lo integran.

Asunción de Jeanine Añez

Es imprescindible entender que “El Reino” no va en contra de la fe religiosa de los practicantes del evangelismo, sino que hace una crítica hacia las instituciones y el poder que estas tienen para influir y en cierto punto pujar en favor de sus intereses en la mayoría de los países, y más específicamente en Latinoamérica. 

Piñeiro afirma en una entrevista reciente que “eso no tiene nada que ver con los creyentes, tiene que ver en todo caso con las iglesias y con algunos personajes dentro de esas iglesias que hacen esos pactos”, en referencia a los ataques de los sectores del poder eclesiástico, y añade: “Porque claramente hay ciertos partidos, sobre todo partidos de extrema derecha, que comparten agenda en cuanto a derechos humanos, derechos de las mujeres, etcétera, con algunas partes del catolicismo, del evangelismo, muy conservadoras”.

El crecimiento de esta religión no solo está logrando desplazar al catolicismo, sino que crece a pasos agigantados. En países de Centroamérica como Honduras o Nicaragua los datos revelan que uno de cada dos habitantes practican el evangelismo, y en países como Costa Rica, si bien sigue existiendo una hegemonía del catolicismo, los creyentes del cristianismo evangélico duplicaron su porcentaje del 9% de la población al 21%, caso similar al argentino. 

Asimismo, gana espacios de poder en los gobiernos, adquiriendo bancas en los congresos y predicando sus valores que, a sus ojos, son los únicos válidos, como así también comprando espacios en medios de comunicación donde su alcance crece exponencialmente.

Para bien o para mal, estas cifras son, cuanto menos, interesantes, ya que, en gran parte, la eficacia de su avance se encuentra en un discurso profundamente carismático, con la capacidad de curar a sus fieles, pero también recaudando parte de sus ingresos. Esto va de la mano de la situación social en la que se encuentra una parte de la sociedad con menos recursos económicos o países en crisis, encontrando en este tipo de credos una especie de esperanza para sobrepasar los infortunios que deriva el contexto en el que habitan.

Es imprescindible recalcar que las críticas hechas se dirigen a las instituciones y los valores que profesan, el odio hacia las personas del colectivo LGBTIQ+ -llegando a los casos extremos de recomendar o ellos mismos realizar “terapias de conversión” sin ningún sustento psicológico, científico o neurológico-, las mujeres, más si son feministas o defienden sus propios derechos, y a los partidos o dirigentes políticos que no se identifican con la ultraderecha o los modelos económicos liberales a los cuales estas instituciones tanto adhieren. Estos motivos expresan el peligro de la fuerte expansión de estos fanatismos religiosos y sus valores reaccionarios.


Referencias:

https://www.eldiarioar.com/cultura/reino-controversia-misoginia-evangelicofobia_129_8237149.html

https://www.latinobarometro.org/latOnline.jsp

https://www.youtube.com/watch?v=bgSNItOFglk&t=9s

https://www.perfil.com/noticias/opinion/el-reino-una-mirada-evangelica-marcelo-figueroa.phtml


Nicolás Van der Wedden
Nicolás Van der Wedden

Políticamente correcto, con excepciones. No solo soy del interior, sino que mis vecinos son vacas. Rompo la norma del estudiante de ciencia política vueltero e inentendible. Mis convicciones son fuertes: la patria es el otro.

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