Para que reine en el pueblo la igualdad

Un 15 de julio de 2010, en Argentina, se sancionaba la Ley de Matrimonio Igualitario. Pamela y Mariana se casaron un año después y pudieron construir la familia que soñaban. Un día, Cristina las recibió en el Instituto Patria y le agradecieron por todo. Hoy son mamás de Juana y Eva.

Pamela Visciarelli, ex jugadora de futsal, conoció a Mariana cuando era arquera del Club de Jóvenes. Mariana era la DT de Atlanta, la única mujer que dirigía futsal, y Pamela estaba enamorada; trataba de mostrar su mejor versión para que la mujer de su vida la mirara. “Ese era el único partido que me interesaba jugar”, relata.

Lucre, una amiga de Pamela, organizó una salida para juntarlas. Bailaron, se besaron, y Mariana prometió que iría a verla al próximo partido. Ahí estaba Mariana cuando en el siguiente encuentro Pamela se quebró el brazo. Tenía que ir al hospital y Lucre subió a Mariana de prepo a la ambulancia. 

“Me acuerdo que en ese momento los celulares se usaban muy poco. Y yo, con el brazo quebrado en la ambulancia, con una enfermera y con Mariana, filmé un video con un Blackberry diciendo ‘acá estamos en la ambulancia, la directora técnica se vino conmigo’”. recuerda Mariana entre risas.

Para Pamela, Mariana fue la mejor cura en el postoperatorio: “Dirigió todo como en la cancha y se compró a mi familia como hacía con los árbitros”. A los tres meses, estaban viviendo juntas.

Nos casamos

El 15 de julio de 2010, la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario las puso en igualdad de condiciones con las demás parejas heterosexuales: “Ese fue el punto de inicio para construir la familia que nosotras soñábamos. Siempre estaba el rumor de ‘si sos lesbiana, no vas a poder ser madre’. ¿Y por qué no?”.

Que no existiera el Matrimonio Igualitario no era solo una deuda legal, implicaba un castigo por parte de una sociedad heteronormada para miles de personas que tenían que esconderse y vivían bajo un manto de discriminación permanente. El ejercicio del amor estaba privatizado y tenían que conformarse con una incómoda unión civil, permitida en la Ciudad de Buenos Aires.

“Nosotras nos casamos al año de la sanción de la ley. Mi mamá me lo había pedido cuando estaba muy enferma y le di el gusto. Esa es la última foto que tengo con ella de pie. Ahí vimos que nuestra familia podía ser realidad porque había un proyecto de país que nos incluía, que nos miraba y nos decía ‘ustedes también’”, se emociona Pamela.

El 15 de julio de 2010, el orgullo dejó de ser la respuesta política de un sector de la población para convertirse en el orgullo de un país entero, que se convertía en el primero de América Latina en tener una ley de estas características y el décimo en el mundo todo.

Desde su sanción, de acuerdo con datos de la Federación Argentina LGBT, 20.244 parejas pudieron contraer matrimonio, derecho del que tristemente no gozan las personas homosexuales en la mayor parte del mundo: solo en 30 de 195 países existen leyes como la nuestra. Este dato, así como el reciente crimen de odio que se llevó la vida de Samuel Muñiz en España, nos recuerda que el camino hacia una sociedad libre de violencias tiene aún muchas luchas por caminar, muchos senderos por recorrer.

La maternidad deseada

El camino de ser mamás no fue nada fácil para Pamela y Mariana, porque todavía no había Ley de Fertilización Asistida, había muy poca información, y todo lo que conocían era por amigas en común. “Nos mandamos, como en la cancha. Fuimos juntas al primer centro de fertilidad, nos interiorizaron sobre cómo eran los tratamientos y empezamos a caminar el ser mamás. Fue duro”, explica. 

Después de varios negativos apareció la Ley de Fertilización Asistida: “Eso también fue un respiro porque los tratamientos eran muy caros y ya acarreábamos muchos negativos”, cuenta Pamela. 

Pamela recuerda que en ese momento las dos estaban en River: “Yo como jugadora y Mariana como entrenadora. Es decir que estábamos en actividad de alta competencia y paralelamente poniendo el cuerpo en los tratamientos con todo lo que eso implica”. Claro, la presión y las exigencias que tenían no ayudaban en el proceso de quedar embarazadas.

“Hubo un día que dijimos ‘no podemos seguir así’. Eran muchos negativos, así que Mariana dejó de ser entrenadora de River y yo me fui a San Lorenzo y empezamos otro camino, con otra doctora y todo comenzó a marchar mejor”, relata Pamela. 

“La Ley colaboró, la doctora nos dijo que lo mejor era que yo le donara mis óvulos a Mariana y que así intentáramos. Con San Lorenzo estábamos por jugar la Copa Libertadores de Futsal en Chile y me sometí a una operación muy sencilla. Se generaron ocho embriones, de los cuales dos fueron transferidos al cuerpo de Mariana para que ella geste el embarazo. Fue todo muy hermoso”, cuenta y se emociona.

La Copa Libertadores duraba dos semanas, 15 días en los que ambas tendrían que estar separadas. “Pero un día estábamos en casa y llamaron a Mariana para dirigir un equipo chileno en la Copa. Nos fuimos las dos a Chile y habíamos acordado quedarnos unos días más una vez terminada la competencia para disfrutar juntas”. 

Pero se picó: el equipo que dirigía Mariana y San Lorenzo se encontraron en una de las semifinales. Fue derrota 3 a 1 para el Ciclón en un partido empatado en un gol hasta los últimos minutos. Claro, Mariana se desahogó gritando los tantos que le dieron el triunfo a Santiago Morning y Pamela no se lo perdonó: “Mis compañeras estaban dejando todo y cuando la vi gritar los goles del equipo chileno, me enojé muchísimo. Cuando llegamos al hotel le dije a mis compañeras que me volvía con ellas. Llamé al 0800 de Aerolíneas, cambié el pasaje y la dejé a Mariana en Chile”.

Mariana volvió a Buenos Aires algunos días más tarde. Ya menos enojada, Pamela le escribió un mensaje antes de que se subiera al avión. “¿Cómo te sentís?”. Mariana se sentía mal, cansada. Cuando llegó a la casa, las dos se metieron en el baño del departamento. Era positivo. Después de tantos tratamientos negativos, del vacío y el dolor, llegó el mejor gol. 

Mientras esperaban a Juana, el 21 de abril de 2016, Cristina Fernández de Kirchner las recibió en el Instituto Patria. Ellas le agradecieron por todas las leyes que habían hecho posible que formaran su familia y Cristina tocó la panza de Mariana, que tenía fecha para los últimos días de mayo. Casualidad o no, Juana se adelantó: “Nació el 7 de mayo de 2016, el mismo día que Eva Perón hubiese cumplido 97 años, como para cerrar esa historia de amor y peronismo, y luchas y leyes, y militancia”, relata orgullosa Pamela.

Cuando Juana estaba por cumplir 2 años, Pamela le dijo a Mariana que quería ser madre nuevamente. Ahora sería ella quien llevara adelante la gestación. “Como nos había costado tanto quedar embarazadas la primera vez porque hicimos como 7 tratamientos de baja complejidad y dos de alta complejidad, pensé que también iba a ser un proceso para mí. Por eso quisimos ‘arrancar con tiempo’”, recuerda. 

Después de ir a ver a la doctora y comenzar un proceso de estimulación, en diciembre de 2017 Pamela se transfirió dos de los embriones que habían quedado congelados. Pasaron las fiestas y se empezó a sentir mal, molesta. El 1 de enero se enteró que estaba embarazada. Eva, porque no pudieron concebir otro nombre mejor, nació el 30 de agosto de 2018. 

“Decían que veníamos a terminar con la familia y miren lo que lograron”, culmina su relato Pamela, que hoy a través de su cuenta de Instagram (@dosmadresargentinas) motiva a otras familias homoparentales a creer en el amor y en la lucha.

Miranda Cerdá Campano
Miranda Cerdá Campano

Nací en Chubut y milito porque no hay mejor manera de transformar el mundo. Soy hincha fanática de San Lorenzo y fundamentalista de la Vuelta a Boedo, lloro por todo y no sé cómo explicarle a la gente lo mucho que me gusta la palta.

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