Güemes, siempre presente

Este 17 de junio se cumple un nuevo aniversario del paso a la inmortalidad del patriota salteño, argentino y latinoamericano Miguel Martín de Güemes. Caudillo de las clases populares y odiado por las oligarquías, Güemes debe ser reivindicado como paradigma de patria liberada en Argentina.

La historiografía oligarca quiso ocultarlo. No lo consideró en las fechas patrias importantes de Argentina. Pero en 2010 eso cambió con las presidencias de Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015).

La Ley 26.125, de 2006, declaró al Güemes “Héroe Nacional» y la nominación de “Gral. Güemes” a la Sala 1 de Comisiones ubicada en el segundo piso del Edificio Anexo “Juan Carlos Pugliese” de la Cámara de Diputados de la Nación. Y la Ley 27.258 incorporó al calendario de feriados nacionales de Argentina el día 17 de junio de cada año en conmemoración de la “Muerte del Héroe Nacional”. ​ El general Martín Miguel de Güemes es el único general argentino que murió en combate durante la Guerra de la Independencia de Argentina. Sus restos descansan junto a los de su esposa en el Panteón de las Glorias del Norte de la República, ubicado en la Catedral Basílica de Salta.

Pero cada 17 de junio es feriado, desde 2014 en Salta y desde 2016 en toda la Argentina, en conmemoración del “Paso a la inmortalidad del General Don Martín Miguel de Güemes”, por iniciativa del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Güemes vivió tan solo 36 años. Nació en Salta, un 8 de febrero de 1785. Durante seis años fue gobernador de Salta. ​ Con muy escasos recursos libró una constante guerra de guerrilla, conocida como “Guerra Gaucha”, deteniendo seis invasiones del ejército español, conservando así el resto del actual territorio argentino libre de invasores realistas.

Pero de muy jovencito ya era un valeroso patriota criollo. Durante la primera invasión inglesa de 1806, en el recientemente creado escuadrón de Húsares de Buenos Aires prestaba servicios un muy joven cadete de 21 años Güemes. El jefe de dicha milicia formada por ciudadanos y gauchos era Juan Martin de Pueyrredón.

Antes de la invasión, según refiere Alexander Gillespie, el comodoro Popham, comandante de la flota, había pasado por la isla de Santa Elena y allí ordenó como refuerzo que 100 hombres de la guarnición local se embarcaran en el «Justina», barco mercante que fue adaptado con 26 cañones. 

Ya en plena invasión, entre los que buques ingleses que bombardearon “la Alameda” (hoy avenida Leandro Alem) y la “Plaza de Toros del Retiro” (hoy Plaza San Martín) estaba el Justina. En esa zona, a la altura de la batería Abascal estaban acantonados los Húsares de Pueyrredón.  La artillería criolla puso fuera de combate a dos barcos ingleses. El Justina, entretanto, desconociendo el comportamiento del chato y pantanoso río, queriendo estar más a tiro y con poco velamen, quedó varado por una repentina bajante de las aguas a menos de 400 metros de la costa. Su mástil de popa había sido desarbolado el día anterior.  La información llega al francés Santiago Liniers y éste encomienda al joven Güemes que galope hasta el Retiro con una orden para Pueyrredón, avanzar con sus soldados de caballería hasta aproximarse al barco encallado.

Güemes es puesto al mando de una tropa de entre 40 y 60 hombres armados con sables y pistolas de chispa.  Así, al caer la tarde fría y lluviosa de ese 12 de agosto de 1806, el joven Güemes y sus jinetes, con el agua hasta el cuello de los caballos, tomaron tras un combate de dos horas, al navío que ya intentaba fugarse. Fue apresada su bandera, la cual se conserva en el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires. 

Fue un hecho inédito que una carga de caballería abordaje un buque de guerra de la marina más poderosa del mundo en esa época. Las fuerzas inglesas se rendirían ese mismo día. Toda una hazaña bélica.

Güemes de regreso a su tierra salteña, se sumó a la causa de las masas contra las oligarquías regionales del norte argentino y también del Alto Perú. Güemes se hacía entender, tanto por la “clase ínfima”, o sea la máxima al menos numéricamente, que lo llamó “el Padre de los Pobres”.

El propio Bartolomé Mitre escribió sobre Güemes:

“Aunque educado y perteneciente a una clase notable de Salta, Martín Güemes manifestó siempre una tendencia a halagar las pasiones de las multitudes para conquistarse su afecto y dividirlas de las clases cultas de la sociedad, haciendo de ellas el pedestal de su elevación”.

Batalló contra los realistas y traidores, apoyando la causa sanmartiniana. Gracias a sus gauchos “Infernales”, los españoles y criollos traidores no pudieron someter el norte argentino, también ayudando a mantener a raya a los colonialistas en el Alto Perú.

Desde que asumió como gobernador de Salta en 1815 no paró en defender a la Patria naciente del Río de la Plata. Pese a las dificultades, a los porteñistas, a los traidores de siempre, a las oligarquías antipueblo, Güemes siguió firme y convencido de la liberación de la patria, derrotando a los realistas.

Pero el 17 de junio de 1821 los pobres de Salta y sus alrededores se quedaron sin padre. Moría Martín Miguel de Güemes tras varios días de agonía. El pueblo que lo había acompañado en las buenas y en las malas, concurrió en masa a su entierro en la Capilla de Chamical.

Hoy, los patriotas de Argentina y América Latina, deben recordar a uno de los grandes héroes de la liberación nacional e independentista. Tan necesario en estos tiempos, conocer su legado. Seguimos su senda. Seguiremos su ejemplo.

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