Oceanía, la otra historia humana a descolonizar

Oceanía, la otra historia humana a descolonizar

TIEMPO DE LECTURA: 9 min.

Como ha pasado con las tierras de África, el Oriente Medio, el Indostán, Asia Central, Asia Oriental y las Américas, la historia colonial ha impuesto su versión oficial sobre el pasado de las culturas de Oceanía. Se la ha colocado como parte de una historia apéndice del mundo colonial, imponiendo la idea de que los oceánicos “ingresaron” a la historia universal cuando llegaron los “civilizados” europeos blancos.

Poco han sido los historiadores occidentales los que se preocuparon de la antigua Oceanía. Fue más bien la Antropología la que se preocupó de Oceanía originaria, desde el lado de la Etnología básicamente, con estudios muy interesantes que sacaron a la luz el pasado del continente olvidado. La Arqueología también hizo lo suyo en Australia y Nueva Guinea, como así también en Nueva Zelanda y la Isla de Pascua, desenterrando el pasado de los aborígenes.

Desde 1945 se produjo un creciente interés en la epistemología, la teoría y la metodología de la arqueología. Este interés se dio tanto en Gran Bretaña y en la llamada “nueva arqueología” más allá de las fronteras de Estados Unidos. Los nuevos trabajos arqueológicos llegaron tanto en China como en la Unión Soviética y luego en las jóvenes naciones tras la era de la descolonización en el Tercer Mundo.  En los tiempos de la llamada Guerra Fría (1945-1989) la arqueología y la antropología han crecido con nuevos hallazgos y también nuevas metodologías. Las modernas dataciones de los hallazgos se fueron perfeccionando y la aparición del método de datación por radiocarbono fueron las estrellas del gran avance tecnocientífico para la arqueología. También los estudios innovadores en antropología cultural, social, lingüística y física se acercaron mucho a la búsqueda del pasado humano tanto temprano como tardío. La etnología desnudó aún más al eurocentrismo de viejo cuño y contribuyó a que las visiones de los historiadores sean menos restringidas y occidentalizadoras.

En Oceanía el debate sobre el pasado se ha hecho casi exclusivamente en términos de Antropología, esta situación puede modificarse por la presión de los grupos nativos que quieren asumir el estudio de su historia. Esto pasó en Nueva Zelanda, donde los maoríes discuten el tipo de análisis llevado a cabo hasta ahora por los pakeha (neozelandeses de origen europeo) o que denuncian, como en Australia, las interpretaciones “blancas” que han servido para construir la imagen de la “inferioridad del nativo” y justificar que se le arrebate el control de sus tierras. Los estudios que tratan de integrar las dos perspectivas, la de los colonizadores y la de los colonizados, como los que hace en Australia el grupo que desde 1977 publica la revista Aboriginal history.

Pueblos originarios de Papúa Nueva Guinea, aldeanos que viven de esa forma desde hace unos 7000 años a.C.

La irrupción de los nacionalismos melanesios, entre las décadas de 1960 y 1970, tomó por sorpresa a los investigadores e incluso a las mismas potencias coloniales, porque estos “sobrevivientes de la prehistoria” (como se les ha llamado a veces) todavía en la primera mitad del siglo XX estaban condenados a desaparecer. Desde la época de los primeros contactos regulares entre europeos y melanesios, a principios del siglo XIX, la caída demográfica había sido especialmente masiva, afectando hasta al 95% de la población de ciertas islas. Las causas probables de esta desaparición no se limitarían a las diversas enfermedades llevadas por los europeos, sino también a la profunda desorganización social que experimentaron los melanesios (en especial la desaparición de los rituales de fertilidad). El pastor y etnólogo francés Maurice Leenhart relató que a su llegada a Nueva Caledonia, en 1902, los europeos consideraban la desaparición progresiva de los kanaks como un hecho consumado.

Dicho fatalismo demográfico comenzó a difuminarse hasta los años previos a la Segunda Guerra Mundial. La crisis de 1929 tuvo consecuencias relevantes incluso en esas lejanas tierras del Pacífico, cuya economía de plantaciones era sumamente dependiente de las coyunturas internacionales de aquella época (la copra principalmente, pero también la caña de azúcar, café, cacao, algodón y tabaco). En 1930, cuando Australia y la Nueva Caledonia dejaron de reclutar mano de obra de las Nuevas Hébridas (hoy Vanuatu), fue posible una recuperación del equilibrio demográfico de estas islas donde prácticamente ya no existían hombres jóvenes. Con el “regreso” de esos migrantes económicos y el retraimiento de los archipiélagos, nacerían nuevas sociedades. Asimismo, la antigua presencia de misiones cristianas había engendrado nuevos cultos e introducido nuevas jerarquías. Las sociedades melanesias comenzaban una confrontación cada vez más abierta con las autoridades coloniales.

Luego, en el curso de la década de 1950, aparecieron progresivamente movimientos de renacimiento cultural e ideologías nacionalistas bajo el impulso de una nueva generación de líderes melanesios. Estos líderes y sus partidos contribuirían ampliamente al nacimiento de los Estados independientes en la Melanesia: Ratu Mara en Fiji (1970), Michael Somare en Papúa Nueva Guinea (1975), Francis Bugotu en las Islas Salomón (1978), Walter Lini en Vanuatu (1980), así como el movimiento nacionalista en Nueva Caledonia, cuya figura insigne era Jean-Marie Tjibaou. Todos ellos colaboraron en la construcción de un nuevo espacio político e intelectual en torno de la identidad melanesia contemporánea. Como el resto del mundo, en el último cuarto del siglo XX, el Pacífico estuvo marcado por la irrupción de discursos políticos sobre la identidad.

Máscara de la antigua cultura polinésica de los lapita (2000-600 a.C.).

Frente a la aparición de los movimientos nacionalistas que reformulaban a placer la “tradición” con fines políticos, los investigadores que estudiaban esas sociedades debieron revisar algunas concepciones muy arraigadas. En primer lugar, fue evidente que estas sociedades llamadas “tradicionales”, lejos de ser “frías” y “sin historia” (o en todo caso “sin historias” para el colonizador), podían encargarse de su destino y de ser necesario voltear contra el colonizador sus propias armas, mostrando así su capacidad para “evolucionar”. En segundo lugar, por medio del pensamiento sincrético de algunos líderes e intelectuales indígenas, se constató que estas sociedades elaboraban discursos sobre sí mismas que poco a poco llegaban a rebatir las pretensiones de los especialistas occidentales de ser los únicos que poseían la “autoridad etnográfica” para hablar de ellas. En los archipiélagos melanesios, el antropólogo fue, de alguna manera, “capturado por su objeto”.

A partir de la Segunda Guerra Mundial, cuando los movimientos de descolonización del Tercer Mundo se intensificaron, pocos antropólogos intentaron realmente hacer una reflexión sobre las mutaciones sociales y políticas de las comunidades tradicionales. Los textos del francés Georges Balandier, sin embargo, constituían un verdadero programa de investigación en la materia, pero tuvieron relativamente pocos seguidores, al menos fuera del África Subsahariana. La antropología marxista de la década de 1960 llenó una parte de ese vacío, y ello se lo deben en gran parte a diversos africanistas como los franceses Claude Meillassoux, Pierre-Philippe Rey, Emmanuel Terray y, después de ellos, Jean-Loup Amselle, Jean Bazin, Jean-Pierre Dozon… siendo el más notable de todos el oceanista Maurice Godelier. En el Pacífico, Godelier no ponía en duda la delimitación etnolingüística propia de la Antropología y, además, en sus textos sobre el Estado, se interesó más en el problema de su formación y su perennidad como estructura antigua que en las condiciones concretas de su desarrollo en el nuevo Estado independiente de Papúa Nueva Guinea.

Las poblaciones de Oceanía, dominadas y pacíficas, habían visto considerablemente disminuidas sus posibilidades de desplazamiento y de intercambio. Estacionadas, forzadas a permanecer en un lugar (asignées à résidence), daban la impresión armoniosa de ser sociedades que formaban universos cerrados y fuera del tiempo. Por otro lado, fue desde la perspectiva de los contextos locales (la aldea o tribu) como los antropólogos observaron, después de 1945, bruscas y rápidas transformaciones, incluso si las aldeas o tribus en cuestión eran a veces el producto de reacomodos poblacionales impuestos por los misioneros, como en el caso de Fiji. La verdadera toma de conciencia de la etnología francesa sobre el “hecho colonial” en el Pacífico sur data de los acontecimientos de 1984 en la Nueva Caledonia. Antes, las lógicas sociales inducidas por la diversificación de recursos y retos (escuela, religión, trabajo) en realidad no eran consideradas como problemáticas dignas de interés. En el mejor de los casos, nociones vagas como “cambio social” o “modernidad” no aparecen más que al final de las monografías y como una especie de epílogo desafortunado que, al mismo tiempo, constituye el “principio” y el “fin” de la historia de estas “sociedades sin historia”. Sin embargo, estos sobresaltos se tornaron cada vez más visibles y se hizo mucho más difícil ignorar la palabra de los colonizados, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial.

Las famosas estatuas gigantes de Rapa Nui, en la actual isla oceánica chilena de Pascua.

Los movimientos de independencia nacieron más o menos en la misma época, a pesar de las historias coloniales específicas y de la gran diversidad política y lingüística que caracterizan a la Melanesia. La nueva generación de líderes melanesios que, a finales de los añosde 1960, comenzó a oponerse de manera cada vez más activa a la presencia colonial (tanto francesa como británica), siguió el ejemplo de los líderes africanos y se apoyó en conceptos y métodos tomados de Occidente, como el desarrollo de partidos políticos y de la militancia, la exigencia de democracia, la reivindicación del derecho a la autodeterminación. En sus reclamos suscribían dos grandes tendencias. La reapropiación de valores y dogmas occidentales (derechos del hombre, marxismo, humanismo cristiano), también empleados contra el colonizador, y la revitalización de los valores propios de sus sociedades según diversas modalidades (neotradicionalismo, sincretismos, políticas culturales de Estado).

Evidentemente, estas dos dimensiones no son excluyentes, más bien de su estrecha coincidencia nació la mayor parte de los discursos fundadores del renacimiento político del Pacífico. Además, todos los movimientos políticos indígenas de la región pregonaron una visión idealizada de las sociedades de Oceanía, nutrida abundantemente por los discursos de los misioneros sobre la igualdad de los hombres frente a Dios. Dicha visión enriquecía las ideologías, más o menos estructuradas, al exaltar la unidad cultural y la especificidad del mundo oceánico. En este sentido, las expresiones Pacific Way, Melanesian Way o Melanesian Socialism se acuñaron para designar una especie de cultura genérica que reúne tanto a la región del Pacífico en su conjunto como a la Melanesia únicamente o, incluso, a una comunidad nacional en formación.

Lo más viable es buscar una historia realmente panhumana, que tenga en cuenta a todas las culturas de los cinco continentes, no como mera descripción anecdótica, sino también buscando interrelaciones, sincretismos, legados, debates, hipótesis y nuevos aportes a las disciplinas encargadas del pasado. No es una tarea sencilla ni tampoco se trata de fundar una especie de dogma sobre una historia mundial antieurocéntrica. La globalización de hoy exige que las viejas visiones coloniales, racistas, sexistas, burguesas e imperiales sean desterradas del todo a la hora de conocer, comprender, analizar, reflexionar, problematizar y disfrutrar el derrotero del pasado humano en África, Asia, Europa, Oceanía y América.

Mauricio Piñero
Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

Siria: Elecciones bajo agresión

Siria: Elecciones bajo agresión

TIEMPO DE LECTURA: 7 min.

Estos comicios se celebraron en momentos en que Siria, su gobierno, su ejército, la sociedad sigue luchando, para erradicar del país todo vestigio de terrorismo y la presencia ilegal de fuerzas extranjeras, como las estadounidenses, turcas y mercenarios. Todo ello, en medio dela pandemia del por el COVID-19 y sus variantes, además de las durísimas sanciones, que afectan a la población. Pero el pueblo sirio, masivamente, le asestó una bofetada de dignidad a aquellos que han avalado, organizado y financiado la agresión terrorista contra su país. La población del país levantino rechazó con su voto toda injerencia extranjera, mostrando que el voto a favor de aquellos que han defendido la soberanía siria no sólo era un derecho sino que un deber nacional y constitucional, representando la mayor y contundente respuesta ante las conspiraciones externas.

Aún antes de concretar los comicios presidenciales en Siria, occidente y sus corifeos mediáticos, incluyendo sus títeres regionales como son Israel, Arabia saudí y aquellos que en forma indigna han generado procesos de “normalización” con el sionismo; habían rechazado el proceso electoral. “Las elecciones en Siria no serán ni libres ni justas” vociferaron gobiernos como el de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Alemania.  Dicha postura fue calificada por el gobierno de Al Asad como una desvergüenza e injerencia. El viceministro de Relaciones Exteriores de Siria, Faisal al Miqdad, sostuvo que “su insolencia (de las potencias de Occidente) ha llegado a un punto de interferir en la decisión de los sirios, para participar o no en las elecciones presidenciales, pero llevaremos a cabo estas elecciones porque el pueblo sirio desea estas elecciones”. Y así fue y con pleno éxito.

Es necesario recordar a nuestros lectores, el marco en el cual se desarrollaron estas elecciones, para así darse cuenta del valor de llevarlas a cabo y comprender que es imposible comparar procesos como el realizado en un país sometido a criminales agresiones, que hacerlo en un país europeo sin más complicaciones,que aspirar a que vote la mayor cantidad de ciudadanos. En el caso de Siria se trata de un país agredido, invadido, sometido a la presencia de centenares de grupos terroristas, que han generado la muerte de al menos 500 mil ciudadanos sirios, el desplazamiento de 9 millones de personas y 5 millones de refugiados. Un territorio invadido por tropas estadounidenses, turcas y grupos takfiri como Daesh, Ahrar al Sham, Jabhat Fateh al-Sham (ex Frente al Nusra), Tahrir al Sham, entre otros,que han recibido el apoyo financiero, militar, logístico por parte de la casa al Saud, las monarquías ribereñas del golfo Pérsico y el sionismo. Otro país, que no sean aquellos que valoran su soberanía no habría realizado elección alguna y eso debería comprenderse pero las potencias dominantes y su mirada interesada sólo privilegia sus intereses geopolíticos.

Se realizaron las elecciones aún bajo las presiones estadounidenses y sus incondicionales a través de sanciones, bloqueos y embargos intensificado en la llamada Ley César. Comicios en un país, que sigue sufriendo ataques y bombardeos, acciones terroristas en sus ciudades. El saqueo de sus riquezas naturales como el petróleo, donde cientos de camiones cisterna mensualmente, llevan el crudo robado a territorio turco, a la palestina histórica ocupada donde empresas israelíes lo cargan con destino a Europa. El robo de riquezas arqueológicas, incluyendo el expolio, incluso, de la producción de trigo del país, desde la provincia de Hasakeh, en el nordeste. Elecciones en un país que sufre una grave crisis económica y presiones de organismos internacionales con la suspensión de sus derechos en la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) patrocinado por Estados Unidos, el Reino Unido y Francia, que con métodos de “extorsión, amenaza, intimidación y presión” permitieron adoptar un fallo contrario al país árabe. Sólo este panorama permite valorar el esfuerzo del gobierno sirio.

Las críticas contra el proceso político sirio provienen, precisamente, de aquellos que han intentado fragmentar el país, balcanizarlo, robar sus riquezas, generar un caos premeditado con el fin no sólo de destruirlo, sino que seguir con la agonía hegemónica de este occidente hipócrita. Impedir el desarrollo de un mundo multilateral, impedir el avance de la federación rusa hacia occidente, cercar a la República Islámica de Irán y con ello favorecer a la alianza, a esta triada criminal conformada por el imperialismo, el sionismo y el wahabismo.

¿Quién pretende enseñarle democracia a Siria?La ignorancia del análisis trata de asimilar la situación que se vive en la nación mediterránea levantina, a la vida bucólica en Suiza, los países nórdicos u otra sociedad que no conoce de guerras de agresión, con decenas de miles de terroristas en su territorio, sujetos a una agresión desde hace una década a la fecha, que ha generado la situación descrita contra el pueblo sirio, la destrucción de su infraestructura, el robo de sus riquezas naturales. Cuyos responsables son los mismos que hoy le piden a siria que respete las reglas de una democracia representativa avalada por aquellos que se consideran moralmente superiores.Qué enajenado puede pedir eso sin condenar el sufrimiento de un pueblo, que ha soportado una guerra de agresión criminal, posible de calificar como crímenes de guerra y lesa humanidad, de la cual deberían responder los patrocinadores de esta acometida criminal, que lleva ya una década.Sólo faltaría que el régimen sionista critique las elecciones en Siria mostrándose ellos como ejemplo.

¿Quién critica a Siria? ¿Estados Unidos? Un país como el norteamericano, sujeto a elecciones permanentemente cuestionadas, con acusaciones de fraude, donde corren ríos de miles y miles de millones de dólares, para concretar una democracia plutocrática, segregacionista, violenta y hegemónica. El mismo país que mientras se realizaban las elecciones en Siria, concretó el ingreso a sus bases ilegales en el país levantino, una columna de medio centenar de camiones cargados con equipos militares y logística destinados a seguir agrediendo a Siria. Ese país de rateros pretende hablar de democracia.

¿Quién cuestión las elecciones en Siria? ¿Alemania? Un país europeo donde la canciller actual, la Sra. Merkel lleva ya varios periodos de administración (16 años) y que suele ser quien dicta las reglas por las cuales deben moverse los otros países de la Unión Europea, en un diktat teutón siglo XXI. Una Alemania sujeta al chantaje permanente del sionismo, cercado por sus crisis de conciencia que aún después de 76 años del término de la dictadura del Tercer Reich, sigue pagando aquellos crímenes, claro está que en forma exclusiva a las instituciones sionistas, que reiteradamente ponen el dedo en la llaga histórica alemana.

¿Quién se suma al coro hipócrita contra Siria? ¿Francia? Este país, aun con ínfulas imperiales, que sigue pensando que sus ex colonias son parte de su patio trasero. Una república incapaz de solucionar sus propios problemas políticos con ex presidentes como Nicolás Sarkozy procesado y condenado por corrupción. Con un mandatario como Emmanuel Macron que suele dar su respaldo a apoyos políticos y ex ministros que han sido sindicados como corruptos. ¿Esa democracia es la que quieren imponer?

Hasta España, potencia de segundo orden en Europa se da maña para censurar a Siria. Una Monarquía Constitucional, dotada de una jefatura de estado que es una casa real corrupta, parasitaria, cuya cabeza de la casa de los Borbones tuvo que renunciar acosado por delitos de corrupción, lio de faldas, concomitancia con monarquías como la marroquí y la saudí de la cual recibió cientos de millones de dólares de comisiones ilegales, para favorecer empresas españolas. Un país donde su jefatura de gobierno es cómplice de la ocupación y colonización del pueblo saharaui sin levantar un dedo y cediendo siempre a los chantajes de Marruecos y que además reprime los afanes independentistas del pueblo catalán y el pueblo vasco. ¿Este es el país que quiere enseñar democracia al mundo, a Siria y a Latinoamérica?

El canciller sirio, Faisal Al – Miqdad ante las opiniones de los gobiernos de estos países señaló “Las declaraciones emitidas por algunos países occidentales sobre las elecciones en Siria indican que no viven en el mundo actual y están lejos de la realidad. Solo los sirios pueden expresar su opinión sobre los comicios”. Efectivamente, la participación masiva de los sirios en los comicios probó su adhesión a la independencia y la unidad de su patria, así como su rechazo a someterse a los chantajes o presiones.Ciertamente, estos gobiernos están lejos de la realidad de los pueblos, siguen con su mentalidad colonizadora. Nuestras sociedades deben estar alertas frente a estos pontificadores de sus sistemas, afincados en la explotación de nuestros países, protectores de privilegios que deben terminar. Siria ha mostrado un camino de resistencia con el ejemplo de lucha de su gobierno, su ejército y su pueblo en general. Esa es la realidad y no aquellas fábulas de occidente y sus lacayos.

Artículo publicado originalmente en segundopaso.es

Pablo Jofré Leal
Pablo Jofré Leal

Periodista y escritor chileno. Analista internacional, Máster en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid. especialista en temas de Latinoamérica, Oriente Medio y el Magreb. Es colaborador de varias cadenas de noticias internacionales. Creador de revista digital www.politicaycultura.cl

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