¿De qué hablamos cuando hablamos de feminismo islámico?

La imagen de una mujer con velo aflige a Occidente. Mientras, las mujeres musulmanas se organizan y definen su resistencia: feminismo islámico. Cuestionar lo incuestionable y desafiar las bases más sólidas de su propia cultura y del feminismo hegemónico.

El debate sobre la situación de la mujer en el mundo islámico tomó fuerza en los últimos años, aunque está contaminado por clichés y prejuicios colonialistas e islamófobos, que dificultan significativamente su análisis.

Para aproximarnos y comprender, al menos un poco, el feminismo islámico, es fundamental dejar de pensar al Islam como una religión, y comenzar a entenderlo como una cosmovisión, un proyecto ideológico que interpreta la realidad en su totalidad: económica, social, cultural, ética, política y, entre ellas, espiritualmente. 

En este contexto, no se puede abordar al Islam, a “los países islámicos”, “los musulmanes” o “las musulmanas”, como un todo homogéneo o un modo de vida monolítico, como se intentó construir históricamente desde el mundo occidental, ya que incluye una población diversa y heterogénea de 1.900 millones de personas en latitudes geográficas y sociales muy diversas, y por lo que sería imposible que se viva y exprese de igual forma en todos lados y en cada persona.

No es lo mismo ser una mujer musulmana en los países árabes o islámicos, que en Europa, Estados Unidos o Latinoamérica. Y, a su vez, no es igual serlo al interior del mundo musulmán, donde cada país ha implementado políticas, leyes e ideas distintas, que van desde un Túnez con aborto legal establecido en 1973, hasta un Arabia Saudí que aún permite la lapidación y donde recién hace unos pocos años se autorizó a las mujeres a conducir autos. 

Lo que siempre entra en juego ante la concepción monolítica y superficial de las mujeres musulmanas, es la mirada del hemisferio occidental y de los feminismos occidentales sobre estas mujeres: una mirada racista, islamófoba y paternalista. 

La imagen de la mujer occidental libre se ha construido en el imaginario social como oposición a la mujer árabe o musulmana, que parece estar velada, encerrada, oprimida, pasiva, con su voz y su capacidad de agencia totalmente anuladas. Por lo que “hay que salvarlas”, “sacarlas” de sus países, de su religión o de su cosmovisión con tal de adaptarlas a los parámetros de vida, y de perspectiva feminista, de Occidente.

Para el feminismo islámico, la crítica vale tanto para el patriarcado entre los musulmanes y las leyes islámicas, como para el feminismo hegemónico occidental. Entienden que es un discurso colonialista y excluyente de las mujeres del llamado Tercer Mundo: la mujer musulmana les significa un mero objeto de estudio, nunca un sujeto en sí misma, concebida como subdesarrollada, analfabeta, pasiva, sexualmente reprimida. El estigma alentado por occidente ha decidido que la vida de las mujeres musulmanas que viven en el mundo islámico está sobredeterminada por el Islam.

Y entonces se pregunta, ‘¿cómo puede una mujer musulmana, que sigue “una religión machista”, que usa hiyab, ser feminista? ¿Cómo puede serlo si el feminismo no se condice con el Corán, las leyes islámicas y sus tradiciones? ¿Cómo las salvamos si ellas no tienen voz, no pueden hacer nada, sufren pasivamente?’. 

El feminismo islámico vino a dar una vuelta a este debate. No solo puedo ser feminista -dicen estas mujeres-, sino que también puedo construir una trasformación feminista desde la religión, con o sin velo, pero particularmente desde y con el Islam y el Corán.  

Antes de sumergirnos de lleno en la propuesta de este feminismo tan poco reconocido en el mundo, es necesario comprender que la cuestión de género en el mundo islámico no surge sin raíces ni cimientos. El feminismo islámico se nutre de la tradición feminista de las mujeres en el mundo árabe de los siglos XIX y primeras décadas del XX, fundamentalmente en Egipto, Líbano y Siria, donde comienza la Nahda o “despertar cultural árabe”. 

En ese momento, muchas mujeres se posicionaron en torno a una ideología feminista, que era secular, laica y nacionalista, ya que nacía en el marco de los procesos de los movimientos nacionalistas árabes, que intentaban desprenderse del colonialismo europeo y de la dominación del Imperio Otomano. También la idea de modernidad social y política estaba latente e invitaba a igualar feminismo a modernidad, y religión a tradición y atraso. Por esta razón, el feminismo árabe supo ir en contra de la religiosidad al interior del movimiento, con una concepción en la que ‘ser moderno’ equivalía a sacarse el velo o el hiyab, y en la que esencialmente feminismo e Islam eran incompatibles.  

Las mujeres árabes, a quienes les llevó tiempo definirse feministas porque entendían este concepto como propio del colonialismo y ajeno a sus luchas, obtuvieron avances significativos al calor de la resistencia. Por ejemplo, en Egipto aumentó el número de mujeres universitarias, se consiguió el derecho a voto y a elección en el país y, por primera vez, una mujer fue ministra. 

Una figura clave de estos logros fue la egipcia Huda Sha’arawi, pionera del movimiento feminista egipcio y árabe, quien realizó uno de los actos más simbólicos y revolucionarios para la época: en 1923 se quitó públicamente el velo frente a cientos de mujeres que habían ido a recibirla a la estación de El Cairo tras asistir a un congreso de la Alianza Internacional de Mujeres en Roma. 

«El velo arrancado», Huda Sha’arawi – Archivo

Shaarawi luchó por la educación de las mujeres y su derecho a la vida pública. Reivindicó el voto feminino, acceso al mundo laboral, prohibición de la poligamia, aumento en la edad de matrimonio de las niñas, entre otras causas. Consiguió el permiso para realizar reuniones de mujeres en la Universidad Egipcia, fundó en 1920 el Comité Central de Mujeres del Partido Wafs (primera organización política de mujeres de la región) y en 1923 la Unión Feminista Egipcia (primera organización feminista del país), desde donde se planteaba la necesidad de facilitar el acceso a la universidad y la función pública, pero también cuestiones relativas al velo, el divorcio o la poligamia. 

Partiendo de estas bases de organización de las mujeres, el movimiento feminista islámico emerge cerca de los años 90, pero en otro contexto totalmente distinto: en el escenario árabe se consolidaba la reislamización de los países y las sociedades, un proceso que había comenzado en los años 70.  Las sociedades y los Estados árabes atravesarían un giro hacia el conservadurismo, motivado por varios acontecimientos, como la victoria de Israel en la guerra de los Seis Días -en 1967- y el consecuente fracaso del proyecto de unidad de todos los pueblos árabes, y el enriquecimiento de los países del Golfo, que aprovecharían las necesidades económicas y el descontento popular presente en diversos Estados árabes para difundir un modelo de islam tradicional de corte conservador. Con esto, se promoverían acciones patriarcales, restringiendo la presencia de las mujeres y su posibilidad de interferir en la esfera pública.

En este marco, las mujeres musulmanas empezaron a construir una identidad feminista como respuesta a esta opresión. Sin embargo, contrario a lo que se podría suponer si no nos interiorizamos en el tema, no se originó como resistencia a la islamización que se materializaba en sus territorios, sino para aportar una perspectiva feminista que pise fuerte en ese proceso de cambio. Reconociendo las estructuras brutalmente patriarcales en las sociedades de mayoría árabe o musulmana, pero sosteniendo que no son una problemática ni exclusiva ni intrínseca de estas realidades.

La organización feminista Sisters In Islam (Hermanas en el Islam) fue creada por referentas como Zainah Anwar y Amina Wadud, entre otras, en 1988 con la impronta de responderse: «Si Dios es justo como el Islam, ¿por qué las leyes y políticas hechas en nombre del Islam crean injusticia?», y comenzó una búsqueda perseverante de soluciones al problema de la discriminación contra las mujeres musulmanas en nombre del Islam. 

Este feminismo piensa y lucha desde el Islam: la fuente de su emancipación, de la igualdad de género y la liberación femenina, la encuentran en el Corán y en la tradición del Profeta Mahoma. Las mujeres musulmanas plantean que para transformar las problemáticas de género y las violencias contra las mujeres en estas sociedades, no debe excluirse su religión y su modo de entender el mundo, porque el Islam no es intrínsecamente patriarcal: el patriarcado dentro de los países islámicos es el resultado de la forma en que los intérpretes masculinos han leído los textos islámicos. 

Es decir, sostiene que la opresión de las mujeres tiene que ver con la lectura e interpretación sesgada que los hombres han hecho hace siglos de los textos sagrados. Y, por lo tanto, para luchar contra el patriarcado deben deconstruirse las interpretaciones machistas y encontrar en las palabras y pasajes del Corán y de la tradición del Profeta, la igualdad y la libertad de las mujeres. 

Una tarea que se vuelve esencial teniendo en cuenta que la interpretación del Corán afecta la forma en que se redactan e implementan las leyes islámicas o la Sharía. Y una tensión entre texto sagrado e interpretación que es fundamental para que muchas mujeres musulmanas, que en reiterados casos pasan su vida creyendo que hay violencias justificadas por la tradición islámica, den con la posibilidad de pensar que la ley islámica no es divina, sino que puede estar sujeta a discusiones.   

En este sentido, como ha dicho Zainah Anwar, “Invocar a la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) no es suficiente para convencer a estas mujeres (musulmanas en Malasia) de sus derechos, porque no tiene ninguna resonancia para ellas. El Islam, por otro lado, es una fuente de valores y principios”. Anwar camina las aldeas de Malasia para contarles a las mujeres sobre sus derechos, donde se enfrenta a preguntas sobre la ley islámica del tipo ‘¿No dice el Islam que un hombre tiene derecho a golpear a una mujer? ¿No dice el Islam que una mujer debe obedecer a su marido? ¿No dice el Islam que un hombre tiene derecho a tener cuatro esposas?’. La difusión de la re-interpretación y re-apropiación del Islam se vuelve también tarea urgente para este feminismo.

Frente al feminismo islámico, resurge el escandaloso fantasma que tanto preocupa al feminismo hegemónico y, por qué no, al árabe: feministas con hiyab. El velo no resulta un símbolo de la opresión para muchas de las mujeres musulmanas identificadas con este feminismo. La dicotomía entre mujer cubierta como sinónimo de sumisa y descubierta como equivalente de empoderada recae en un reduccionismo solo basado en estereotipos externos. Más bien -explican las feministas islámicas- el problema radica en el criterio de libertad que lo rodea: su imposición, en países como Arabia Saudí e Irán, o su prohibición, en países que se pretenden voceros de la libre elección. 

Muchas mujeres entienden al velo o hiyab como una identidad política, a través de una espiritualidad que le da un significado liberatorio. Y, lejos de encontrarlo un modo de opresión, ven en el velo un caballo de Troya que Occidente ha utilizado muchas veces para esconder sus agendas socio-políticas coloniales, en las que el discurso feminista -o que se propone como tal- no queda excluido.

Huseyin Aldemir / REUTERS

Algunas activistas del feminismo islámico dirán que en el Corán hay ciertos rastros machistas que han sido “sobredimensionados” por la tradición islámica y que son reflejo de la cultura patriarcal dominante en Medio Oriente al momento de su interpretación. Otras investigadoras del tema, como la referente sirio-española Sirin Adlbi Sibai, dirán “El feminismo islámico es una redundancia. El islam es igualitario”, y en realidad lo patriarcal es el colonialismo -también al interior del feminismo-, por lo que hay que ir más allá, hacia un pensamiento islámico decolonial.   

En este punto es importante destacar que el feminismo islámico no se articula concretamente como un activismo territorial, al menos hasta ahora, como sí lo hizo y hace el árabe, sino más bien se construye como un pensamiento académico e intelectual, que encuentra su motor no tanto en los países islámicos, sino en mujeres musulmanas que viven en Estados Unidos o Europa, donde han tenido mayor acceso a la lectura y la reflexión a partir de los textos sagrados.  A diferencia del feminismo árabe, que se reconocía nacionalista, este nace al mismo tiempo en el mundo islámico y en Occidente -a partir del crecimiento de las sociedades musulmanas-, por lo que se trata de un movimiento mundial.

Del mismo modo, debe resaltarse que la lucha de las mujeres musulmanas contra las violencias en los Estados islámicos existe: contra la mutilación genital femenina, la poligamia, los crímenes de honor, las pruebas de virginidad, los matrimonios forzados o infantiles, por el divorcio, derechos de familia, entre otros. Aunque aún no logra articularse en torno al denominado feminismo islámico y, necesario aclarar, varía muchísimo de acuerdo al país, las experiencias de las mujeres allí, la organización política, las intervenciones extranjeras, la militarización del territorio, etcétera. 

Hace poco más de una década el feminismo está en ascenso en los países del mundo islámico. Durante las protestas conocidas como la Primavera Árabe (2010 – 2012), la participación de las mujeres árabes y musulmanas en el proceso político ganó una nueva visibilidad y marcó un nuevo punto de inflexión en el movimiento de mujeres, que se constituyó como un actor político. La mirada atónita de Occidente ante la resistencia feminista en la región no se corresponde con la larga historia de defensa activa de las mujeres árabes y musulmanas por sus derechos y su emancipación. 

Sin embargo, los avances que resultaron de la Primavera Árabe han estado más vinculados a cambios en la cultura y la conciencia social de las mujeres, que con progresos en el ámbito de los derechos y las libertades. Asimismo, en un momento de cambio y agitación dentro del mundo islámico, las mujeres se están articulando cada vez más en una visión del futuro que incluye la igualdad de género y la justicia social de la mano de su fe. Más aún, tiene el feminismo islámico un gran camino por recorrer ahora que son cada vez más las mujeres musulmanas con acceso a la lectura del Corán, y que ya no dependen de interpretaciones mediadas por hombres. 


Referencias:

https://rebelion.org/el-feminismo-se-abre-paso-en-el-espacio-islamico-en-medio-de-la-controversia/
https://elpais.com/elpais/2017/01/30/mujeres/1485795896_922432.html
https://elordenmundial.com/el-feminismo-arabe-contra-el-patriarcado-mundial/
https://elordenmundial.com/feminismo-islamico/


Delfina Venece
Delfina Venece

Nací en el interior de Buenos Aires: los porteños nos confunden con Parque Chacabuco. De crianza gorila, devenida en pseudo-troska por contraste, hoy peronista por convicción. Mi canción favorita a los 10 años era Los Salieris de Charly, de León Gieco.


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