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Desafíos 2021: la constancia del cambio permanente (Parte II)

La reaparición de nacionalismos extremos son otro de los efectos y al mismo tiempo desafíos que enfrentar en este período pandémico aún y post pandémico cuando logremos derrotar la enfermedad. Desafío por encarar, al igual que las políticas de fragmentación que serán parte del panorama en amplias regiones del mundo: Siria, Irak, Libia, Sudamérica (Venezuela sometida a los ataques permanentes de Estados Unidos y el grupo de Lima). Como también el nacionalismo económico como campo de estudio, es decir aquel discurso político que defiende a las empresas locales y rechaza a los inmigrantes y los bienes importados, donde existe el peligro de mayor proteccionismo y guerras comerciales. La respuesta a la pregunta ¿Cómo saldremos de esta pandemia? No es fácil y las alternativas son variadas. ¿Más insulares, más tribales, más egoístas?

Algunos europeos ya están aplaudiendo los efectos del COVID 19. “La necesidad de fronteras está siendo reivindicada por la pandemia”, afirmó en una entrevista Laura Huhtasaari, miembro del Parlamento Europeo por el partido nacionalista-populista de Finlandia. “El globalismo se está derrumbando”. Esto trae como desafío la necesidad de trabajar por implementar o reimplementar instituciones de integración más allá de aspectos políticos, sino que también adicionen lo económico, cultural, lo científico entre otros aspectos. Tal necesidad fortalece las democracias, las obliga a profundizar los derechos sociales y económicos de la población, tomar más conciencia de sus propias necesidades y anhelos y con ello impulsar las luchas sociales. No es sólo retomar sino que refundar.

Trabajar por una verdadera humanidad

Esta es una línea de trabajo fundamental que posibilita los diálogos para la cooperación frente a los grandes centros de poder, nos permite avanzar hacia acuerdos regionales de beneficio para el territorio y no para beneficio exclusivo de las empresas transnacionales. Tal idea de trabajo nos obliga a evitar esa fragmentación regional, fortalece la solidaridad, impulsa la integración y va apoyando la creación de condiciones propicias para impulsar las transformaciones (y no sólo las interpretaciones) necesarias para lograr nuestra verdadera independencia. Avanzar hacia un mundo más justo y sostenible, tras esta tremenda prueba local, regional, nacional y global, que nos impuso esta pandemia, nos impele hacia la creación de un mundo más justo y sostenible.

Resulta un imperativo trabajar por políticas de acceso universal a Internet, bajo líneas potentes con uso de tecnología de primer nivel a bajo costo y sin restricciones ni censuras como se ha experimentado por medios de información alternativos. Este aislamiento social obligatorio, esta cuarentena impuesta ha demostrado que es posible llevar adelante tareas mucho más allá de las que suponíamos, de manera remota; lo que trae como desafío el poder desplegarlas con la protección social necesaria. Exigir la protección social para los sectores más desfavorecidos: salud, educación, alimentación, previsión.

La búsqueda de la vacuna contra la Covid 19, en cuya carrera vemos a las grandes potencias: China, Estados Unidos, Rusia, Europa, pone en el tapete la exigencia de la libre circulación y acceso al conocimiento como un bien imprescindible. A la política de querer imponer una lógica de apropiación exclusiva del conocimiento, hay que oponer la cooperación, la difusión, el conocimiento general. Millones de investigadores, miles de centros de investigación (públicos y privados) comparten avances, estudios, revistas hasta ayer cerradas abren sus publicaciones, existe una corriente de pensamiento de amplitud inimaginable. La OMS, la UNESCO, centros de estudios económicos se abren y exigen abrir sus fuentes de conocimiento.

Esto es positivo, un tremendo desafío y hay que aprovecharlo, las leyes de transparencia hay que utilizarlas y dejar a la vera del camino a quienes pretenden imponer una lógica de apropiación, exclusiva y excluyente (tratando de extraer los mayores niveles de ganancia) ese tipo de conducta está siendo cuestionada y debe serlo como parte de nuestros desafíos globales. La democratización del conocimiento es un desafío ineludible, un derecho humano ya a estas alturas.  

La pandemia nos volvió a demostrar la importancia del Estado y de la industria nacional, en un tema tan estratégico como es la salud. En esto, y su decisión soberana de proceder a su propia fabricación de la vacuna contra el Covid 19, que permite superar la lógica del monopolio farmacéutico pone en primera línea a Irán“Desde la eclosión de la pandemia del nuevo coronavirus en el mundo hace 10 meses, los científicos persas se pusieron a trabajar en una vacuna, pese a que el país se encuentra bajo un régimen durísimo de sanciones estadounidenses. El pasado 13 de noviembre del 2020, el portavoz de la Organización para Alimentos y Medicinas de Irán, Kianush Yahanpur, destacó que ocho vacunas iraníes contra la COVID-19 se encuentran como candidatas en la lista de la Organización Mundial de la Salud”

Tengamos presente que el mercado de vacunas contra la gripe, que es el verdadero negocio, con valor de decenas de miles de millones de dólares al año, nos está sugiriendo que si la Covid-19, como la gripe, llegó para quedarse y va a requerir inyecciones de refuerzo anuales, entonces sí podría ser enormemente rentable para las empresas farmacéuticas, que hoy se han cuidado mucho de no aparecer beneficiándose en extremo, después de recibir aportes externos y de estados que han cubierto su trabajo, que ha permitido contar con una vacuna con más anticipación de lo esperado. Los datos que se manejan señalan, que en total, los gobiernos han proporcionado US$8.600 millones, según la empresa de análisis de datos científicos Airfinity. Las organizaciones sin fines de lucro han otorgado casi US$1.900 millones. Sólo US$3.400 millones provienen de la propia inversión de las empresas, y muchas de ellas dependen en gran medida de la financiación externa o de aportes como la Fundación Gates, Jack Ma de Alibaba entre otros.

En otra línea de desafíos, desde la necesaria mirada global que tenemos que asumir la crisis que vivimos y los desafíos que enfrentamos dejan claro que los vínculos con nuestra madre naturaleza con el medio ambiente en general y con nuestros congéneres no ha sido positiva y debe cambiar. Este año 2020 hemos atestiguado aún más (no es nuevo, pero ha quedado en evidencia global como nunca) que no podemos seguir manteniendo nuestra forma de vida ciega, sorda y muda, en un modelo de desarrollo suicida.  La enorme mayoría de la humanidad está en peligro cierto, más allá del tema pandémico sino por las pésimas condiciones sanitarias, su escaso acceso a la salud, las mínimas condiciones de supervivencia. Y, en esta realidad resulta suicida seguir sosteniendo las mismas tecnologías de producción que se basan en el uso intensivo de nuestros escasos recursos, el uso de pesticidas en la agricultura, de sustitución de cultivos variados por aquellos más rentables y dedicados a la exportación.

Es importante no perder de vista que, a pesar de que la crisis derivada de esta pandemia será muy nociva para nuestra región, muchos de los factores que frenan su avance a esta nueva etapa son de carácter estructural y previos a la crisis del COVID-19. No nos nuble la vista la pandemia cuando nuestras necesidades de cambios medulares son anteriores. Un desafío transversal que debe ser el norte de nuestra visión de defensa de lo humano, de nuestra condición de seres humanos por encima del capital es incentivar y apoyar alternativas de vida saludables, alimentación, prevención en salud. Y en el plano laboral, la realidad de una población lanzada a su suerte, una enorme masa poblacional sin recursos para satisfacer sus mínimas necesidades nos impele a preguntarnos si parte de la lucha está en garantizar o avanzar hacia el ingreso universal, no se supervivencia sino de vida justa y digna.

Existe la necesidad de avanzar en un trabajo riguroso de análisis, diagnóstico y propuestas. Ser certeros en aquello que realizamos, responsables. Ser certeros implica ser consecuentes, con un análisis científico de la realidad. El voluntarismo está alejado del trabajo con rigor, que en el plano de las ideas implica estudiar, analizar, visualizar, decir, sostener, denunciar y llevar adelante esa idea que nos refiere que la teoría es gris pero el árbol de la vida es inmensamente verde.

Hago mía las palabras de la investigadora argentina Anabel Martin al sostener que “Encarar el camino de la transformación requiere, sin embargo, reconocer las enormes tensiones que se generarán. Es de esperar una disputa muy fuerte entre los defensores de lo establecido, de los sistemas de privilegios actuales, y los que promuevan transformaciones. Las voces de los grupos de poder, de hecho, ya están trabajando a tiempo completo, movilizadas ante las más pequeñas señales de cambio, para defender el statu quo” Y en ese escenario nuestra posición debe estar muy clara, firme y decidida. Los desafíos del año 2021 refieren que lo único inmutable es el cambio permanente y esa mutación no puede ser sólo la de un virus, como se está experimentando en Europa, sino que de pensamiento, de acción transformadora, de modificar las condiciones de vida que no satisfacen las necesidades de gran parte de la humanidad. Tenemos mucho trabajo.

Artículo publicado originalmente en segundopaso.es

Pablo Jofré Leal

Periodista y escritor chileno. Analista internacional, Máster en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid. especialista en temas de Latinoamérica, Oriente Medio y el Magreb. Es colaborador de varias cadenas de noticias internacionales. Creador de revista digital www.politicaycultura.cl

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