África y el Medio Oriente: un balance necesario de este 2020

En lo que respecta al año 2020, pandémico, las regiones de África y el Medio Oriente no estuvieron exentas de crisis e inestabilidades políticas.

Golpismos en el Sahel africano, guerras entre Armenia y Azerbaiyán, Etiopía al borde de la guerra civil y la peligrosa expansión diplomática del sionismo israelí sobre países musulmanes escenificaron un panorama crítico y que hizo temblar ciertos cimientos geoestratégicos para las potencias en la lucha por los recursos naturales.

Empezamos con el conflicto en el Medio Oriente

Si hay regiones que hacen tensionar a la geopolítica de grandes y medianas potencias en el mundo actual, son las de África y el Medio Oriente. El año 2020 fue bastante dinámico, aunque los conflictos que se dieron a lo largo de este año singular vienen de largos legados históricos que no hacen más que eclosionar con fuerzas cuando las tensiones aumentan. Ya el año arrancó con el temor de una guerra entre Estados Unidos y la República Islámica de Irán, enfrentados desde 1979. El 3 de enero de 2020 el general iraní Qasem Soleimani, considerado la segunda persona más importante de aquel país, es asesinado en Irak por orden del presidente estadounidense Donald Trump. Para colmo, el 5 de enero la Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta al mundo del surgimiento de un nuevo coronavirus en la ciudad china de Wuhan lugar donde se reportó un brote de neumonía atípica desde diciembre de 2019, ratificando oficialmente el inicio de la pandemia del COVID-19.

Pero regreando al Medio Oriente, el 8 de enero la Guardia Revolucionaria Islámica ataca simultáneamente, con decenas de misiles, las bases aéreas de Al Asad y Erbil, las cuales son operadas por Estados Unidos e Irak. En Teherán, Irán, el vuelo 752 de Ukraine International Airlines es derribado de manera errónea, dejando un saldo de 176 personas muertas.

La prensa occidental alardeaba sobre un posible conflicto entre Washington y Teherán. El cacareo de Trump alimentaba esto y desde Irán el orgullo nacionalista era cada vez más firme como desde 1979. Israel se sumaba a combatir y buscaba la guerra con Teherán, lo mismo que Arabia Saudí, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos y Jordania, monarquías antishiítas. Irán recibió el histórico apoyo desde el Hizbolá libanés, grupos afines en el sur de Irak y en el Yemen, y, por supuesto, desde la República Árabe Siria, donde el shiíta alawita Bashar Al Assad ha estrechado lazos con Teherán.

Homenaje del pueblo iraní al profesor Moshe Fajrizade, asesinado por los sionistas de Israel y Estados Unidos.

Pero la guerra no llegó. Sin embargo, el sionismo israelí y el wahabismo saudí siguieron confrontando con Irán. Pero el 27 de noviembre es asesinado el científico nuclear iraní Moshe Fajrizade en un atentado terrorista orquestado por Israel y Estados Unidos, y las tensiones resurgieron. Sobre todo, dejando un cóctel explosivo desde Trump para Joseph Biden, el próximo presidente estadounidense que tendrá que sentarse a ver cómo está el panorama en el Medio Oriente y el capítulo urticante iraní. Lo que sabemos es que Teherán jamás se va a dejar chantajear y que no abandonará a Palestina en su lucha contra la ocupación sionista israelí.

El peligroso embate sionista

Israel se ha convertido en este año 2020 en un protagonista diplomático muy peligroso para los pueblos palestino y saharaui. ¿Por qué? El sionismo israelí ha logrado avances diplomáticos en el Medio Oriente y con la ayuda de la diplomacia estadounidense ha lanzado sus tentáculos hasta el Magreb africano. El 4 de septiembre de 2020 Baréin e Israel acuerdan normalizar las relaciones, lo que marca el cuarto acuerdo de paz árabe-israelí. Días después, el 15 de septiembre, Israel, los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin firman acuerdos para normalizar formalmente las relaciones diplomáticas.

El 14 de noviembre Israel logra avances en la normalización con países africanos de mayoría musulmana como Níger y Mauritania. Pero una noticia en el mismo tiempo sacudió al Magreb. Los saharauis reactivan su lucha por la independencia contra Marruecos en la zona sureña del Guerguerat. Desde fines del siglo XIX el territorio del Sahara Occidental quedó bajo dominio colonial español. En 1975-1976 España abandona esas tierras ancestrales de los saharauis (que viven allí desde hace miles de años) y Marruecos y Mauritania entran a una guerra por el control del Sahara Occidental. En el medio quedaron los patriotas saharauis del Frente POLISARIO, que siguen luchando hasta hoy por su independencia. Marruecos se apoderó del país desde 1976 y condenó a un apartheid y a campos de concentración a los saharauis. La ONU no pudo activar un referéndum por la independencia del Sahara Occidental, que es la última colonia de África.

Finalmente, el 12 de diciembre Israel y Marruecos normalizan relaciones con patrocinio de Estados Unidos. En este paisaje, los palestinos y los saharauis siguen siendo los castigados. Las naciones musulmanas que han hecho pactos con Israel traicionan los fundamentos básicos de la Liga Árabe y de la Conferencia Islámica Mundial que dicen defender los derechos de autodeterminación del pueblo de Palestina.

Nagorno-Karabaj

Uno de los conflictos que puso en vilo a las potencias fue el de la región de Nagorno-Karabaj entre Azerbaiyán y Armenia, en la Transcaucasia. Los enfrentamientos comenzaron la mañana del 27 de septiembre de 2020 a lo largo de la línea de contacto del Alto Karabaj con los bombardeos por parte de los azeríes a la “República de Artsaj”, que es como llaman los armenios a Nagorno-Karabaj. Ambas partes informaron de bajas militares y civiles. En respuesta a los enfrentamientos, Armenia y la “República de Artsaj” introdujeron la ley marcial y la movilización total, ​mientras que Azerbaiyán introdujo la ley marcial y el toque de queda. Varios países y la ONU han condenado enérgicamente el conflicto y han pedido a ambas partes que reduzcan las tensiones y reanuden negociaciones significativas sin demora,​ mientras que Afganistán, Pakistán y Turquía han expresado su apoyo a Azerbaiyán. Asimismo Turquía ha proporcionado un amplio apoyo militar a Azerbaiyán. Se cree que el apoyo de Turquía a Azerbaiyán es un intento de ampliar su esfera de influencia aumentando la posición de los azeríes en el conflicto y marginando la influencia de Rusia en la región y en Armenia.

Los enfrentamientos se derivan luego del fin de la Unión Soviética en 1991 y de la disputa sobre la región de Nagorno-Karabaj en el que habita una minoría armenia dentro de Azerbaiyán, que actualmente está en manos de la autoproclamada “República de Artsaj”. Este antecedente de guerra de Nagorno-Karabaj terminó con un alto el fuego en 1994, con Armenia al mando de la protección de la región y territorios circundantes. Pero todo volvió a explotar en el 2020. Los intereses hidrocarburíferos siempre estuvieron  presentes, ya que los negocios rusos, turcos y occidentales sobre el gas natural de la Transcaucasia es muy rentable y es el paso de Asia a Europa. Los turcos, por su parte, bajo el régimen “neo-otomano” de Recep Tayyip Erdogan quieren poner un pie firme no sólo en la Transcaucasia, sino también en el Mediterráneo y el Medio Oriente, con sus escaramuzas con Chipre, Grecia y Siria. Al tradicional sentimiento antiarmenio de los “turcos neo-otomanos”, se le suma la idea de la “Gran Turquía” reivindicando al Sultán Solimán el Magnífico del siglo XVI. El 10 de noviembre se termina el conflicto bélico entre armenios y azeríes por Nagorno-Karabaj, territorio de mayoría armenia que queda finalmente bajo control de Azerbaiyán. Un triunfo del “neo-otomano” Erdogan.

Golpismo, separatismo y crisis en Malí

África no estuvo libre de crisis. El 18 de agosto en Malí ocurre una rebelión militar, que termina con la renuncia del presidente de Ibrahim Boubacar Keita. Desde un principio retuvieron al presidente Keita al primer ministro Boubou Cisse, al jefe del estado mayor del ejército y otros miembros del gobierno. Los militares anunciaron la creación del Comité Nacional para la Salvación del Pueblo, para celebrar elecciones “en un plazo razonable” y restaurar la estabilidad. La Unión Africana y la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) han suspendido a Malí como Estado miembro. El 5 de octubre de 2020 se nombró el nuevo gobierno de Malí dando inicio a la transición. En el nuevo gobierno los militares se reservan los ministerios clave de seguridad y control territorial. La CEDEAO anunció el levantamiento de las sanciones impuestas tras el golpe de Estado. Todo volvió a su cauce neocolonial. Francia sigue teniendo influencia en su ex colonia del Sahel.

Población maliense contra la presencia militar francesa.

Malí, ex colonia francesa, sigue estando bajo órbita de las injerencias occidentales. Francia tiene una presencia militar en África Occidental y en el Sahel, para combatir al “terrorismo” y a los grupos “yihadistas” que resurgen desde los pueblos Tuareg del Sahara. El sentimiento antifrancés de los militares golpistas en Malí es un síntoma de que los neocolonialistas hacen estragos en las soberanías de los países africanos sahelianos y subsaharianos. El saqueo de los recursos agroindustriales, minerales e hidrocarburíferos en esas regiones son la razón de la presencia de los pretorianos franceses en el Sahel y África Occidental. Malí y otros países del Sahel tienen a raya los separatismos Tuareg, que son históricos y de era precolonial. Además, los intereses de China en África molestan a los occidentales y eso genera que se propaguen las desestabilizaciones, los golpismos y las guerras civiles.

Etiopía y la guerra civil en puertas

El 4 de noviembre estalla la lucha secesionista de la región del Tigray contra el gobierno central de Etiopía del premier Ahmed Abiy, Premio Nobel de la Paz 2019. Los tigreños se vienen cansando de las medidas políticas centralistas desde Adis Abeba, capital de Etiopía, pero el trasfondo es más fuerte. Los grupos nacionalistas del Tigray desean unirse a Eritrea, país que se independizó de 1993 tras una guerra con Etiopía. Los eritreanos son apoyados por los chinos y de hecho hay jugosos negocios comerciales hidrocarburíferos que derivó en sanciones occidentales. Etiopía se fue acercando a Occidente y de hecho Abiy es un aliado de Estados Unidos en la región del Cuerno de África Oriental.

Más allá del rebrote nacionalista del Tigray, Etiopía no dudó en sofocar a la rebelión secesionista y la guerra civil siempre se mantuvo como latente. Era una clara señal a Eritrea y a… China. Los tigreños resisten y el temor de una escalada militar puede generar un fuerte chispazo en esa parte de África. Occidente cuidará a Etiopía y no permitirá que un área cercana al estratégico Golfo de Adén caiga en manos de China y sus aliados. Otro desafío para la administración de Biden desde enero de 2021.

Balance o final abierto

Está más que claro que África y Medio Oriente se convertirán en un escenario abierto de conflictos que no pasarán desapercibidos. Una escalada focalizada puede generar una guerra regional y ésta última una contienda entre potencias interesadas. Los guerreros de la administración de Barack Obama han hecho estragos en Siria y Libia, y quizás busquen debilitar a enemigos regionales cuando regresen de la mano de Biden. No obstante, se especula con volver a los acuerdos nucleares entre Irán y las potencias occidentales, como en la era Obama.

Pero con Irán no es sencillo, ni tampoco con Turquía. China y Rusia jugarán su partido y custodiarán sus intereses también. Estados Unidos y la Unión Europea se unirán con el argumento del “multilateralismo” y aunque no abandonarán a Israel no se arriesgarán a una escalada militar incontrolable en África y Medio Oriente que impacte de forma muy negativa en los mercados de petróleo, gas, minerales, agroindustria y otras materias primas rentables. Pero la guerra regional está allí y no puede ser descartada como punto de partida para conflictos bélicos más significativos en el 2021.

Mauricio Piñero
Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

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