La escuela está de luto

De Tolosa al mundo. Esta semana falleció el ex jugador y técnico Alejandro Sabella, persona que trascendió al pueblo argentino, no solo por el deporte si no por sus valores.

Con la Libertadores en mano, ante una multitud que explotaba de felicidad en Plaza Moreno, Alejandro Sabella habló. Arrancó saludando a su familia, todos y todas las hinchas de Estudiantes de la Plata; agradeció al equipo y a la gente por viajar por América y siempre confiar; y por último citó a Juan Domingo Perón y dijo: «Llevo en mis oídos la más maravillosa música, la de ustedes, el pueblo pincha».

Llego con su camperita beige y las manos en los bolsillos dentro del pantalón, sin hacer mucho escándalo. Su primer partido fue por la Copa que meses después ganaría. Debutó en 25 y 32, en un Estadio Único aún sin techo. Esa noche posiblemente algún cristal de su casa retumbó ante el estallido de las bombas de estruendo que festejaron el 4 a 0 a Deportivo Quito, por la fase de grupos.

Alejandro era un tipo sencillo, de calle de empedrado, de 200 gramos de paleta en el almacén, de sifón de soda, pero también de elegancia, de sabiduría y de unos botines negros bien puestos por haber portado la 10, en el Monumental, en Europa y luego en el plantel del Narigón en aquellas campañas del 82 y 83 que revivían, solo una década después, las hazañas de los dirigidos por Zubeldía. Aquel equipo alejado del centro porteño y con estadio de tablones, que se paseó tres veces por América y fue a demostrar a las tierras piratas, allá a Old Trafford, que por estos pagos, en el sur del mundo, en la Argentina históricamente saqueada y con dictaduras, se levantaba un pequeño club, que alegraba las tierras que en algún momento habían sido pensadas como centro ferroviario de la Argentina, pero que por el poder de Madero quedaron empobrecidas y con sus rieles y galpones de fundición cerrados. Ese equipo tricampeón que rompió con la hegemonía para convertirse en el hecho maldito del fútbol burgués. De esa escuela venía Sabella.

A lo largo de casi 20 años fue ayudante de Passarela, en la Selección, en River, en la Celeste y Corinthians, hasta que a comienzo del 2009 se apareció por City Bell para comenzar a forjar una página más en la historia de la Ciudad de las Diagonales. En dos años cosechó dos títulos, la Copa Libertadores 2009, y el Apertura 2010, pero además fue a jugarle de igual a igual, allá en Dubai, al mejor equipo de este milenio, el Barcelona de Messi y Pep Guardiola. Bah, de igual a igual es una forma de decir, porque el cabezazo de Mauro Boselli puso bastante nerviosos a la bolsa de Wall Street y al resto de poderosos en el mundo hasta los 89′.

Luego la selección. A Ezeiza llegó igual, esta vez sin su campera beige, pero con las manos en los pantalones y tranquilo, posiblemente silbando o tarareando algún tango. Y acá arrancó de nuevo, desde abajo armando el equipo a su modo y comiéndose todas las balas del periodismo y del salame promedio que siempre repite como loro. Primero las eliminatorias, la clasificación y el Mundial. La emoción de Lio, sus gambetas y goles, pero también sus declaraciones a favor de Palestina por las charlas con Alejandro. La rabona de Rojo, la garra de Mascherano y las manos mágicas de Romero, las lagrimas de felicidad de todo un pueblo y ¡Brasil decime qué se siente! El rodillazo de Neuer y la FIFA obrando como en Italia 90 y Estados Unidos 94, Götze y nuestro Maracanazo que se pierde.

La vuelta con las caras largas que duran hasta hoy, y el pedido de disculpas desconsolado de Alejandro hacia la vecina de Tolosa y presidenta Cristina Fernández de Kirchner, por no haber logrado traerle la Copa a todo el pueblo argentino.

Ahora tampoco hay colores, todos estamos de luto. La patria y el equipo siempre son el otro.

Felipe Bertola
Felipe Bertola

Cuando estaba en la panza, mi vieja me cantaba «Significado de Patria» para tranquilizarme. En la comunicación y organización popular encontré la clave para poder «ser la revancha de todxs aquellxs». Como todo buen platense, sé lo que es ganar una Copa Libertadores.

1 pensamiento sobre “La escuela está de luto

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