Una puerta de posibilidades

Desde hace más de una semana, la incertidumbre y las tensiones reinan en las calles de los 50 estados del país erigido -hasta ahora- como potencia mundial. Las elecciones del 3 de noviembre pusieron sobre la mesa la enorme fragmentación, lo cual tiene panorama incierto. Una gran posibilidad para el resto del continente.

Más allá del resultado anunciado por los medios masivos de comunicación, más allá de lo difundido a primera vista, lejos está de resolverse aún qué podrá pasar en los EEUU frente al enrarecido escenario electoral que tiene como virtual ganador al binomio demócrata BidenHarris.

Mientras una gran mayoría de medios ya da como presidente electo al ex vicepresidente de Obama, Trump se niega a reconocer la derrota y judicializa el proceso electoral en estados claves donde según argumenta, hubo “fraude”. Y algo de repercusión ha tenido dado que el tribunal de Pensilvania dio lugar al reclamo del actual ocupante del Despacho Oval respecto del voto por correo.

Al revuelo judicial, el ninguneo informativo e incluso la censura mediática y en redes, cabe agregarle las declaraciones del Secretario de Estado Mike Pompeo que aseguró que «habrá una transición sin problemas. El dato relevante es que sería entre el primer y el segundo mandato del republicano.

¿Estado Fallido?

En su artículo de opinión en el periódico The New York Times el economista norteamericano Paul Krugman sostuvo que «si estuviéramos ante un país extranjero con el nivel de disfunción política de Estados Unidos, tal vez consideraríamos que está al borde de convertirse en un Estado fallido, es decir, un Estado cuyo Gobierno ya no es capaz de ejercer un control efectivo«.

Por su parte el analista Alfredo Jalife-Rahme directamente llama “país bananero” al gigante norteamericano, arguyendo que son escandalosas las manipulaciones de un país gobernado por una elite que lejos de ser una democracia, califica como plutocracia/bancocracia/cibercracia.

La afirmación del analista mexicano responde al análisis del poder que ejercen sobre el gobierno de EEUU las empresas del GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft), íntimamente relacionadas con “gigabancos” como Black Rock, Vanguard, State Street o Fidellity.

Evidentemente no importa el resultado

En esta andanada de incertidumbres y acusaciones cruzadas, el equipo demócrata, Joe Biden y Kamala Harris ya se lanzaron a gobernar, incluso antes de asumir, enumerando algunos de los pretendidos ejes de trabajo: revertir la situación sanitaria, reanudar los lazos internacionales y volver a los acuerdos multilaterales, solucionar el tema migrante.

El reajuste que debería enfrentar una posible administración Biden evidentemente será de proporciones astronómicas y hacerlo requiere de recursos, y muchos. Ese puede ser un escollo importante si les demócratas no logran obtener la mayoría en el Senado, donde aún están en disputa les dos representantes por el estado de Georgia que irá a segunda vuelta el próximo 5 de enero.

El posible segundo escollo -y que está vinculado a artículos anteriores- es que en términos concretos Biden no ganó: perdió Trump. El voto anti-Trump fue lo que posibilitó la pírrica victoria demócrata que previamente las encuestadoras y medios señalaban (en realidad operaban) que sería de casi 10 puntos.

Nuestra América ante este escenario

Si el escenario antes descripto no desemboca en una escalada de tensiones y de violencia que lleve al enfrentamiento directo entre ambos bandos, la “remontada” para la administración gringa no será sencilla.

El panorama nuestroamericano está cambiando a paso firme: la vuelta al gobierno de Bolivia del MAS-IPSP, las grandes posibilidades de una victoria de sectores del correismo en Ecuador, la consolidación de gobiernos progresistas como el de México, Argentina y varios países de Centro América, la resistencia de Venezuela, Cuba y Nicaragua.

A los aciertos del progresismo hay que sumarle los descalabros de la derecha en Perú, Colombia y Chile, los escándalos de corrupción en Brasil, Paraguay y muchos de Centro América.

Muchos de estos países tienen procesos electorales en 2021: Presidenciales en Ecuador; Municipales y parlamentarias en El Salvador; Presidenciales en Honduras; generales y Constituyente en Chile; presidenciales en Perú; parlamentarias en México y Argentina; presidenciales en Nicaragua. Mientras que en 2022 le tocará a las presidenciales de Colombia y Brasil.

El Doctor en historia ecuatoriano, Juan Paz y Miño señala que posiblemente la administración de Biden intentará tener un trato directo con los gobiernos de AMLO y de los países centroamericanos para intentar ajustar -fundamentalmente- la situación migrante.

La intervención en Venezuela sigue sobre la mesa

Por su parte no ve que las cosas vayan a cambiar mucho en relación a Venezuela. No hay que olvidarse que fueron los demócratas con Obama a la cabeza quienes señalaron al país bolivariano como una amenaza para la seguridad nacional de los EEUU. Quizás cambien la estrategia y dejen de sostener a Guaidó, pero las agresiones continuarán.

En este sentido el analista político Darío Azzellini resalta que la grave polarización interna en EEUU puede generar que Biden pueda “verse tentado a comenzar una guerra para unificar de nuevo a la población estadounidense”, lo cual dejaría abierta la posibilidad de una intervención militar sobre la Venezuela chavista.

En la misma línea -pero alertando sobre el carácter imperial de los EEUU- el sociólogo y politólogo argentino, Atilio Borón, repasa el escenario y advierte que “nada bueno cabe esperar de este recambio. Se aventó el riesgo mayor y nada más”. Sus palabras hacen alusión a que sólo se logró sacar a un demente como Trump de la Casa Blanca, lo cual no significa que con Biden, EEUU no siga siendo imperio.

¿Nuevo tiempo?

Lo decíamos en artículos anteriores y lo volvemos a afirmar: la política exterior norteamericana puede cambiar de caras, de modos, pero seguirá siendo una política imperial, porque no importa quién gobierne en EEUU, sean demócratas o republicanos, hay un acuerdo en relación a la forma de vincularse con Nuestra América y es a través de la Doctrina Monroe y la del Destino Manifiesto.

El reacomodo político en los países de la región, sumado al tiempo que demore el imperio en reacomodarse luego de los cuatro años de Trump, serán claves para fortalecerse y seguir trabajando en la reconstrucción de la unidad continental. Se abre una puerta de posibilidades que habrá que ver si sabemos aprovechar.

Nicolás Sampedro
Nicolás Sampedro

Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

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