El recuerdo de Sankara

Un 15 de octubre de 1987 era asesinado el presidente revolucionario Thomas Sankara, líder y fundador de la República de Burkina Fasso. Se lo llamó “el Che Guevara africano” y como el Comandante argentino-cubano, fue un verdadero luchador antiimperialista, anticapitalista y marxista-leninista. El legado de Sankara también debe estar presente en las luchas de los pueblos del Sur.

Poco conocido quizás para ciertas ortodoxias de las izquierdas occidentales, el Capitán Thomas Isidore Sankara fue todo un gran líder revolucionario marxista-leninista que intentó combatir al capitalismo imperialista desde su tierra natal, Burkina Fasso. Sankara nació un 21 de diciembre de 1949 en lo que en ese momento se llamaba Alto Volta, una colonia francesa.

Al terminar la escuela secundaria, comenzó a los 19 años una prolífica carrera militar, que estaría inextricablemente ligada a la política. Sus acercamientos con las ideas marxistas fueron un hito en su historia de vida. Pero admiraba las luchas del Tercer Mundo, las de su amada África y no dudó en estudiar sobre la Revolución Cubana de 1959 y las luchas patriotas de los argelinos que consiguieron la independencia en 1962.

Las luchas armadas de los patriotas marxistas de Angola, Cabo Verde, Guinea Bissau, Santo Tomé y Mozambique lo llenaban de esperanzas, ya que odiaba al viejo colonialismo portugués fascistoideo. Por supuesto, repudió al régimen racista del apartheid del sur de África y tomó como bandera las luchas de Nelson Mandela, Oliver Tambo, Steve Biko, Robert Mugabe, Desmond Tutu y Sam Nujoma.

En su patria natal no había muchos líderes locales que admirar. El colaboracionismo francés en Alto Volta era insoportable para un espíritu muy rebelde como el que tenía Sankara. Le quedaba a Sankara estudiar algo de la historia africana precolonial, alimentando su profundo rechazo contra el eurocentrismo y el racismo blanco de la “historia universal” que dejaba a África subsahariana marginada del todo.

Lo que era la colonia francesa de Alto Volta era una región situada entre los 10º y los 15º Norte dentro de la curva del gran río Níger y a más de 500 km de su principal salida al mar, el puerto de Abidjan, Costa de Marfil. Esta región tiene sólo dos ciudades importantes, Ouagaduodou y Bobo Dioulasso.

La historia precolonial comprende a la de los reinos mossi de Ouagadoudou, Yatenga y Gourma (700-1200). Tras resistir la expansión de los imperios de Mali y Songhay, hasta el siglo XVIII las poblaciones se vieron influenciadas por el Islam Sunna. Los misioneros cristianos de Europa Occidental instalaron sus colonias regionales e intentaron evangelizar a los pueblos mossi, diula y soso. Esta región fue anexada finalmente por los franceses a partir de 1890, ganándole a los británicos y alemanes. Gran parte del Alto Volta quedó en el llamado Sudán Francés hacia el 1900.

Estado de África Occidental que limita al noroeste con Malí, al noreste con Níger, al sur con Costa de Marfil, Ghana, Togo y Benín. Burkina Faso no posee acceso al mar. Su capital es Uagadugú.

El yugo colonial francés se mostró muy arbitrario, uniendo y desmembrando el territorio hasta 1946. El principal recurso del país era el excedente de mano de obra. En la Primera Guerra Mundial (1914-1918) se reclutaron muchos soldados, como peones de las plantaciones de Costa de Marfil y como trabajadores forzados de la colonia. Hacia 1950 surgieron algunos grupos nacionalistas, pero eran muy débiles. En 1957 se creó en el entonces Alto Volta un gobierno representativo que, en 1958, pasó a ser miembro de la llamada Unión Francesa Africana.

El 5 de agosto de 1960 Francia le otorga la independencia, bajo liderazgo de Maurice Yameogo, de la etnia mossi, que desempeñó como presidente hasta 1966. En ese año se produjo un golpe militar. En 1979 se retornó a un gobierno civil, cuando el antiguo jefe del gobierno militar golpista, el general Sangoulé Lamazina, se convirtió en presidente por votación popular.

Entre 1969 y 1979 el país de Sankara era un típico enclave neocolonial. De pequeño Sankara quería ser médico, era su vocación. Pero procedía de una familia pobre y la única forma de seguir estudiando era a través de la academia militar colonial. Entonces ya tenía en su pensamiento una base cristiana, y en algún momento pareció que su destino era el sacerdocio, porque la Iglesia en África intentaba incorporar a los alumnos más inteligentes. Finalmente se inclinó por el Ejército, pero esa impronta cristiana siempre formó parte de su ideología. De hecho, adoptó un cristianismo popular muy significativo.

Al terminar la primera instancia de los estudios, sus buenas calificaciones le permitieron seguir formándose como oficial del Ejército en Madagascar (ex colonia francesa), un país que entonces estaba muy convulsionado por revueltas populares en el decenio de 1960. Cuando regresó a Alto Volta, Sankara ya tenía un pensamiento consolidado y se había convencido de que era imperioso intervenir para transformar la realidad de su nación, que era una de las más pobres del planeta. Los mandos militares lo enviaron a la ciudad de Pô, donde comenzó su carrera militar y política. Primero, formando a los soldados que tenía a su cargo. Y segundo, trabajando con la población, ganándose el respeto y la admiración de los más pobres. En todos sus discursos estaba el antiimperialismo y el marxismo-leninismo.

Luego de estar prestando servicios en escaramuzas militares en Marruecos y Mali, Sankara hacia 1979 era todo un líder. Se declaró marxista-leninista y no ocultó su admiración hacia el Che Guevara y Fidel Castro. El 25 de noviembre de 1980, es derrocado el presidente Lamazina por el general Saye Zerbo, que encabeza el Comité Militar de Relanzamiento del Progreso Nacional (CMRPN). Sankara logra su primer cargo público en 1981. El nuevo gobierno, lo nombró secretario para la Información. Duró sólo seis meses en el puesto.

Sankara, al bien estilo Juan Domingo Perón, se convirtió en la voz de las masas obreras y rurales del país. Su nacionalismo marxista-leninista no era bien visto. Pero ya era muy popular en el país. En esos tiempos había formado, junto a Blais Compaoré y a otros miembros de las Fuerzas Armadas, la llamada Agrupación de Oficiales Comunistas. Fueron ellos los que dieron el siguiente golpe. El 7 de noviembre de 1982 derrocaron al gobierno de Zerbo y llevaron a la presidencia a Jean-Baptiste Ouédraogo. Sankara fue designado primer ministro en enero de 1983.

Sankara era el hombre fuerte del país. Por las presiones de Francia y de la facción de derecha de la coalición gobernante golpista, fue encarcelado. En ese momento se pusieron en marcha Compaoré y sus aliados, y Sankara terminó siendo liberado, con la ayuda de manifestaciones populares, al estilo también de Juan Domingo Perón. El crecimiento de popularidad de Sankara era ya un dolor de cabeza para Francia. Sankara al ser liberado dijo que admiraba al líder libio Muammar Ghadafi y dijo que quería refundar al país. No lo dudó. El 4 de agosto de 1983 Sankara y sus camaradas tomaron el Estado por las armas. Con sólo 33 años asumió la presidencia y así comenzó una verdadera historia revolucionaria.

El 4 de agosto de 1984 cambió el nombre de Alto Volta por el de Burkina Fasso, que significa “Patria de los hombres íntegros”, señal de que una de sus prioridades era la lucha contra la corrupción, pero también contra el capitalismo local. Empezó él mismo dando el ejemplo: se mantuvo el sueldo de capitán del Ejército, vendió todos los autos de lujo que estaban al servicio del Estado y adoptó como vehículo oficial al más barato del mercado, el Renault 5. Era un ser muy austero, disciplinado y humilde. Su guía era el Che.

Era ante todo un antiburócrata. Redujo los salarios de todos los funcionarios públicos, prohibió el uso de chóferes y obligó a sus ministros a viajar en clase turista. Se dice que hasta se negó a instalar aire acondicionado en el despacho presidencial. Para limitar el nepotismo, impidió a sus familiares acceder a cargos estatales.

En la VIIª Cumbre de Países No-Alineados, que se celebró en Nueva Delhi entre el 7 y el 12 de marzo de 1983, el joven capitán Thomas Sankara asistió en calidad de Primer Ministro del Alto Volta, y allí se encontró con Fidel Castro por primera vez. 

Sankara no dudó en integrar a su país al Movimiento de Países No Alineados. Apoyó a la Cuba socialista que tanto admiraba y se unió a Fidel Castro en la cruzada contra la deuda externa en 1984. Ambos líderes se hicieron grandes amigos. Con ayuda cubana y de la Unión Soviética, logró el fortalecimiento de la educación y la cultura. Logró que el índice de alfabetización pasara de 12 a 36% en un año (de 1984 a 1985), y que después siguiera subiendo gracias a las escuelas rurales que creó a lo largo del país. También avanzó muchísimo en salud. Creó comandos de vacunación que en pocos meses lograron cubrir a la totalidad de los niños burkineses contra enfermedades infecciosas que estaban causando mucho daño. Allí estaban los médicos cubanos ayudando.

Como si esto fuera mucho, Sankara era también un feminista africano. Fue el primero en abolir la ablación femenina. Le dio una fuerza muy especial a la celebración del 8 de marzo, como “día del mercado para los hombres”, a los que invitaba a hacer las compras. Incorporó a mujeres en todos los ámbitos de la administración pública. Estuvo a favor del aborto y alentó la formación de una Federación Nacional de Mujeres.

Sankara junto a la Federación Nacional de Mujeres de Burkina Fasso

Sankara también fue osado y encaró un programa socialista realmente anticapitalista. Lejos de ser un socialdemócrata débil, o un militar nacionalista a medias, fue por el marxismo-leninismo como modelo. Llevó a cabo una reforma agraria que redistribuyó la tierra, con reparto de abonos y de semillas a los campesinos, y la creación de pequeñas represas de agua.

Así consiguió que Burkina Fasso se convirtiera en uno de los pocos países de la región en adquirir la autosuficiencia en cereales, base de la alimentación popular. Luego confiscó empresas, nacionalizó tierras privadas, estatizó el comercio interno y exterior, repartió viviendas expropiadas a los ricos y creó “guardias civiles” para desmantelar a la vieja policía colonial.

Esta lucha anticapitalista lo llevó a enfrentarse con el sistema financiero internacional y con Francia, pero que aún conservaba una enorme influencia. El no pago a la deuda externa, que había sido contraída por los gobiernos anteriores, se convirtió en una de sus banderas. En su último gran discurso, que dio en septiembre de 1987 en el marco de la Asamblea General de la Unión Africana, defendió una vez más estas ideas y pidió no pagar la deuda externa en el mundo entero.

Los elementos contrarrevolucionarios no se fueron del todo a pesar de esta cruzada sankarista. Sankara lo sabía y creó “comités de defensa de la revolución”, que tenían el objetivo de controlar que sus medidas llegaran a todos los rincones del país, y de controlar a quienes se oponían al proyecto antiimperialista. Creó un sistema de sindicatos marxistas y trató de formar unas milicias populares para que reemplazaran al ejército tradicional.

Nunca faltaron los traidores. Si bien hasta el final mantuvo un importante apoyo popular, Sankara había abierto demasiados frentes dentro y fuera del país, y sus enemigos crecían en fuerza y en número. Su antiguo compañero de armas, Compaoré lo traicionó, lo derrocó y lo mandó a matar el 15 de octubre de 1987. Era un nuevo golpe de Estado en el país, pero esta vez destruyendo a la Revolución Sankarista.

El legado de Sankara aún persiste en el pueblo de Burkina Fasso

Ese fatídico 15 de octubre de 1987, un grupo armado ingresó en su despacho, mientras mantenía una reunión con los 12 integrantes del Consejo Nacional de la Revolución. Sankara, que en ese momento tenía 37 años, fue asesinado junto al resto de los asistentes. Lo mataron, pero sus ideas siguieron firmes. Por lo menos, aquí las recordamos:

“Para el imperialismo es más importante dominar culturalmente que militarmente. La dominación cultural es más flexible, la más eficaz, la menos costosa. Nuestra tarea consiste en descolonializar nuestra mentalidad”.

Estas palabras de Sankara son tan actuales que deben ser retomadas en nuestras luchas.

Homenaje al Che y a Sankara en 2017 en Burkina Fasso

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Mauricio Piñero
Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

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