La entrañable transparencia

El 9 de octubre de 1967, Ernesto Guevara era ejecutado en Bolivia por instrucciones de los órganos de inteligencia de Estados Unidos. El mismo día, se convierte en nuestro “Che”.

Ernesto “Che” Guevara nace el 14 de junio de 1928 en Rosario, en el seno de una familia acomodada y aristocrática, y con solo dos años, sufre su primera crisis de asma, enfermedad que lo acompañaría toda su vida y forjaría su voluntad a toda prueba. 

En 1953 se gradúa de la carrera de medicina en la Universidad de Buenos Aires. Tres años antes había realizado su primer viaje en moto por el norte de Argentina, donde reconoció la miseria que golpeaba a su pueblo; y en 1952, con 24 años, viaja por primera vez, también en moto, por algunos países de Nuestra América.

En Lima conoce al doctor Hugo Pesce, dirigente del Partido Comunista de Perú, con el que trabajó en una leprosería. Ese encuentro, como también los meses que pasarían en la institución médica, serían decisivos y orientarían su futuro de lucha en favor de los oprimidos. Este viaje le permitió descubrir la explotación de los pueblos latinoamericanos por parte de las multinacionales estadounidenses.

En julio de 1953, tras recibirse, inicia el segundo de sus viajes por América Latina y en diciembre llega a Guatemala, donde entabla una amistad con Ñico López, exiliado cubano que había participado en el asalto al Cuartel Moncada en julio de ese año. López sería quien le daría el apodo de Che.

Para ese entonces, el Che tenía un pensamiento político definido. Así lo muestra en una carta que le escribe a su tía Beatriz el 10 de diciembre de 1953: “He jurado ante una estampa del viejo camarada Stalin no descansar hasta ver aniquilados a estos pulpos capitalistas. En Guatemala me perfeccionaré y lograré lo que me falta para ser un revolucionario auténtico. Tu sobrino, el de la salud de hierro, el estómago vacío y la luciente fe en el porvenir socialista”.

Guevara asiste al golpe de Estado que organizan la CIA y el coronel Castillo Armas contra Jacobo Árbenz y comienza a integrar las brigadas juveniles comunistas que organizaban la resistencia. Con el derrocamiento de Árbenz, un mes después, el Che se refugia en la embajada de Argentina y logra viajar a México, donde se reencuentra con Ñico López.

En 1955 conoce a Raúl Castro, recién salido de la cárcel y luego le presentan a Fidel, que se vio impactado por su carácter: “El Che tenía asma. Ahí estaba el Popocatépetl, un volcán que se halla en las inmediaciones de México, y él todos los fines de semana trataba de subir el Popocatépetl (5482 metros). Preparaba su equipo, iniciaba el ascenso, hacía un enorme esfuerzo y no llegaba a la cima. El asma obstaculizaba sus intentos. A la semana siguiente intentaba de nuevo subir el «Popo» —como le decía él— y no llegaba. Nunca llegaba arriba, y nunca llegó a la cima del Popocatépetl. Pero volvía a intentar de nuevo subir, y se habría pasado toda la vida intentando subir el Popocatépetl, hacía un esfuerzo heroico, aunque nunca alcanzara aquella cumbre. Usted ve el carácter. Da idea de la fortaleza espiritual, de su constancia”.

Aquella historia termina con el Che comandante, con el Che a la cabeza de la Escuela Militar para formar guerrilleros, con el Che al mando del Pelotón Suicida, con la Revolución Cubana triunfante y después, con el Che y un papel clave en la creación del Instituto Nacional de Reforma Agraria y en la nacionalización de los sectores estratégicos de la economía del país.

En 1964, el Che renuncia a sus cargos en el Gobierno revolucionario para iniciar la lucha armada en América del Sur. Como no estaban reunidas las condiciones, Fidel le propone ir al Congo, en África, un lugar estratégico que podía ser el foco revolucionario del continente.

En 1965, el Che escribe la famosa carta de despedida a Fidel, en la que renuncia definitivamente a sus cargos y a la nacionalidad cubana que había conseguido en febrero de 1959, y declara su voluntad de hacer la revolución en otras tierras.

Ese año llega a Tanzania, retaguardia de los revolucionarios congoleños, pero la experiencia sería un fracaso por las luchas internas, la falta de disciplina entre los insurrectos y la decisión de Tanzania de dejar de suministrar a los rebeldes.

El Che regresa secretamente a Cuba desde donde parte hacia Bolivia, entonces bajo la dictadura de René Barrientos. El objetivo era lanzar un movimiento insurreccional que se expandiría por toda América del Sur, pero el 8 de octubre de 1967, el ejército es sorprendido cerca de La Higuera y el Che es capturado y llevado a una escuela de la localidad. El 9 de octubre, el dictador Barrientos acata las órdenes de la CIA y ordena la ejecución del Che.

Su cuerpo fue primero exhibido y después enterrado en la clandestinidad. En 1997, luego de una extensa investigación encarada por el Gobierno cubano, sus restos fueron descubiertos, identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense y enviados a Cuba, donde se encuentra su memorial.

El 8 de octubre de 1997 se inició el V Congreso del Partido Comunista en Cuba. La presencia del Che fue distinta: sus restos habían sido hallados y estaban en la patria que lo acobijó. En el discurso de clausura, Fidel dijo: “De este congreso puedo decir […] que salgo con más seguridad que nunca […] de que nuestro pueblo conquistará un lugar importante en la historia, esa historia en la que el Che va delante como símbolo, como abanderado, como profeta del mejor futuro de la humanidad”.

A 53 años de su paso a la inmortalidad, su imagen siempre será símbolo de la revolución más sentida, lucha incesante por la construcción de un mundo diferente, indignación frente a cualquier injusticia y bandera contra la opresión del imperialismo. ¡Hasta la victoria siempre, Comandante!

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