Un debate estratégico que no puede esperar

No hay tiempo que perder. Si queremos fortalecer las democracias de nuestra región, no hay tiempo que perder: el acceso a la información es un derecho, hay que cortarle el choro a quienes lucran con ello.

Desde que comenzó la pandemia, en los medios masivos de comunicación han sucedido decenas de debates alrededor de lo que está bien y lo que está mal, de si los gobiernos priorizan la vida o la economía, de si “la gente” es responsable o no, de cómo haremos para volver a la “normalidad”, entre otras.

En los últimos meses, al menos en Argentina, la mayoría de los debates que se han querido instalar desde las grandes empresas info-comunicacionales (habría que ver cuánto informan en realidad), respondió a una lógica de agresión al gobierno del Frente de Todes que intenta desgastarlo.

Aunque con matices, la narrativa es siempre la misma: Cristina es la responsable de todos los males de la patria; Alberto a veces es un títere de «la yegua», otras se “cristinizó”, otras es «dialoguista». Los cañones apuntan todo el tiempo a desgastar o a intentar generar fracturas internas. Nuestro pueblo poco y nada importa en esas construcciones semánticas.

Y estas lógicas (como ya se ha dicho en otras oportunidades) no es casual. Los medios de comunicación oligopólicos responden a sus propios intereses. Si miramos quienes los financian, veremos que las cuentas desde donde salen los billetes son más o menos las mismas: grandes corporaciones internacionales y/o las grandes empresas locales.

Desde esta lógica, es por demás entendible que los medios de mayor alcance respondan a quienes los financian. Desde que la prensa vio la luz siempre hubo un interés político detrás. Ya sea la presa que contaba la revolución (sea de Mariano Moreno o de Simón Bolívar), o las que respondían a los intereses de las oligarquías locales, por citar una, el diario de los Mitre.

En la actualidad estas empresas lucrativas, disfrazadas de medios de comunicación, ya no sólo seleccionan qué y cómo contar para sacar réditos económicos, sino que se han convertido en un arma de guerra simbólica que permanentemente atacan toda idea que no los represente. En definitiva, los grandes medios casi en su totalidad, son el brazo armado -semántico- de las distintas vertientes de las oligarquías locales y/o grupos conservadores (y ricos) de éste o de otros países.

Desde esta óptica se puede entender por qué muchos medios dan lugar a personajes de diversa índole que no hacen más que confundir mediante la tergiversación o la mentira más descarada. Ejemplo de ello son personajes como Espert o Miley y decenas de economistas liberales que declaran el apocalipsis. Qué decir de el tiempo de pantallas en tv, de aire en radios o de caracteres en notas escritas.

Recientemente el filósofo mexicano Fernando Buen Abad publicó un interesante artículo titulado “Un inmenso archipiélago inconexo”. En dicha publicación analiza la inmensa y riquísima cantidad de experiencias comunicacionales que tienen los pueblos de Nuestra América. La lamentable particularidad de estas es que están desconectadas entre sí.

Aquí una pregunt a les lectores ¿a qué medios recurren cuando quieren saber qué pasó en alguna provincia de nuestra extensa Argentina? Y si quieren saber qué pasa en Brasil, en Chile, en Bolivia, en Uruguay, en Venezuela o en algún país hermano del continente ¿en qué medio buscan esa información? Esos medios a los que recurren ¿De dónde sacan la información que publican? Quienes hagan el ejercicio de seguir el hilo conductor, seguramente podrán observar que las fuentes de información originales son casi siempre las mismas.

En relación con esto último Buen Abad señaló recientemente que “de los más o menos 6 mil medio más importantes que hay en el mundo, están en manos de 8 personas”. Una concentración fabulosa de las herramientas de producción comunicacional, de los modos de producción y de las formas narrativas. Estos medios no sólo representa un enorme poder económico, sino también político e ideológico. Es la “fase imperial de la comunicación” que está íntimamente relacionada con las otras 2 grande industrias del planeta: la industria militar y la industria bancaria y/o financiera.

Esto explica por qué se generó tal revuelo cuando el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner presentó la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que regulaba no sólo la cantidad de propiedades que podía tener cada grupo empresarial, sino que diversificaba la cantidad de voces, dando mayor preponderancia a medios sin fines de lucro y a medios estatales en todos sus niveles.

Algo similar ocurrió cuando Alberto decretó a las telecomunicaciones (Internet, telefonía celular y televisión por cable) como servicios básicos, dando al Estado la potestad de autorizar o no aumentos en sus tarifas. La virulencia mediática se hizo sentir aún más luego de ese anuncio.

En la misma línea fue el reciente lanzamiento del Plan Conectar que retoma el trabajo sobre la construcción de satélites propios, ampliación y mantenimiento de las redes de tendido de fibra óptica, entre otras. Plan que recupera el Conectar Igualdad que el macrismo había borrado de un plumazo al igual que los artículos más significativos de la tan vilipendiada “Ley de Medios”.

Todo lo antes dicho pone de manifiesto la importancia estratégica que tienen los medios de comunicación. No sólo por la concentración que ya existe, sino por el rol desestabilizador que están jugando muchos de estos medios en las democracias de la región.

Como se señalaba en el artículo “El mayor virus en siglos no se llama COVID-19”, el Responsable de Comunicaciones Digitales de Enel Argentina, Juan Pablo De Santis, arroja algunos interesantes datos sobre el consumo de medios digitales en este 2020. No casualmente los tres multimedios más consumidos son los que operan política y permanentemente para intentar deslegitimar al gobierno del Frente de Todes.

Ante la situación que se vive en Argentina, resulta cuanto menos llamativo, ver que la triada Clarín, La Nación e Infobae sea de los medios que más pauta oficial reciben. Y aquí es sumamente necesario profundizar las reflexiones que vienen de larga data: si los medios de comunicación, usufructúan el espacio radioeléctrico que es propiedad del Estado ¿por qué el Estado les da mayor cantidad de pauta oficial a los medios más grandes? ¿Acaso no debería ser a la inversa y que ese dinero que sale de las arcas públicas vaya al fomento de medios comunitarios o cooperativos para facilitar su crecimiento y la multiplicación de voces?

Estas preguntas van junto a las miles de discusiones y luchas que han venido realizando los distintos medios populares, las federaciones e instancias organizativas como FARCO, desde la vuelta de la democracia hasta hoy. Ahora, si hoy los medios hegemónicos se están convirtiendo -además- en un problema de seguridad nacional ¿por qué seguir financiándolos? Incluso más, si la información es un derecho ¿por qué algunos puede usufructuar el espacio radioeléctrico si éste es propiedad del Estado Nacional?

Muy distinta es el tipo de relación que construyen los medios comunitarios o cooperativos que mayoritariamente son herramientas comunicacionales del pueblo, que casi en su totalidad trabajan con sus comunidades más cercanas. Estos aportan a la construcción de ciudadanía, de comunidad ¿Acaso los medios hegemónicos hace algún aporte así o sólo son empresas que venden información? De hecho hoy por hoy se podría afirmar que en muchas oportunidades mienten descaradamente y cuando se descubre la mentira, o no se retractan o lo hacen en una perdida oración en la última página o último minuto de tal o cual programa.

Es evidente que si el pueblo argentino pretende una mejor democracia, las preguntas antes realizadas deberían -necesariamente- ser discutidas a fondo. Y ese debate no puede quedar sólo en aquelles compañeres que nos dedicamos al periodismo o la comunicación social, requiere que se dé tanto en las instituciones del Estado, como en las organizaciones populares y en la sociedad toda. La comunicación es un debate estratégico que no puede esperar.

Nicolás Sampedro
Nicolás Sampedro

Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

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