El mayor virus en siglos no se llama COVID-19

Los medios de comunicación hegemónicos no sólo hacen negocios, operan políticamente para nada cambie y sigan ganando quienes lo hicieron toda la vida. Algunas reflexiones y debates hacia adelante que con más que necesarios.

Estamos infestados con aluviones de afirmaciones imprecisas, de credibilidad paupérrima, cerca de la calumnia, relativas a la situación actual del mundo y a la pandemia. La verdad está sometida a un bloqueo económico demencial, a sanciones ideológicas imperiales y un alboroto demagógicas en defensa de la ′′ libertad de expresión ′′ burguesa. En las noticias de todo tipo, se fabrican infamias descomunales que hacen envidia a las peores calumnias de Miami. No hay rigor informativo, encuestas adquiridas en fuentes de derecha y un ′′ tonito ′′ de superioridad que parece haber olvidado la situación de emergencia a la que se está sometiendo la humanidad por culpa del capitalismo ¿Alguien duda?[1]

Fernando Buen Abad, filósofo y comunicador mexicano

Las afirmaciones del colega no hacen más que reafirmar distintos análisis que se han realizado en este espacio en reiteradas oportunidades. El sistema internacional de medios de comunicación no sólo está podrido, sino en niveles de descomposición que aterran.

No es nuevo que los medios de comunicación hegemónicos en cada país responden a los intereses de sus dueños y accionistas, y que trabajan en tándem, conformando una red internacional de generación de subjetividades que busca sostener el status quo actual, haciendo su aporte para que nada cambie; ni siquiera en medio de esta pandemia.

Época de plus-mentiras

Se podría partir desde la reciente experiencia argentina con la repetición hasta el hartazgo del concepto de “Infestadura” acuñado por la derecha, hasta las barbaridades que se repitieron en las últimas manifestaciones de sectores minoritarios en las calles porteñas, insistiendo en que en Argentina no existe la democracia, que se robaron un PBI (algo un poco más viejo) o que está llegando el comunismo ruso o chino.

Pero las similitudes en la forma de construcción narrativa de medios de otros países, dan cuenta que en realidad estamos ante un plan sistemático de “lavado de cerebros”. Por algo el dicho popular dice: “miente, miente, que algo quedará”, y parece que así sucede.

En este mismo sentido van las reflexiones del profesor de la Universidad Central de Venezuela, Jesús Sotillo Bolívar, quien afirma que “con el apoyo de las agencias internacionales de noticias y el uso de nuevas tecnologías aplicadas al campo comunicacional, los mensajes audiovisuales, las noticias, todo el mundo Online, son utilizados por estos verdaderos carteles informativos, con carácter transnacional para influenciar a miles de millones de personas en el orbe y domesticar, si, esta es la palabra correcta, domesticar, para dominar y expoliar[2].

Si se analizan con más detenimiento, se podrá observar que la catarata de mentiras, tergiversaciones u omisiones son groseras. Pero para ese entonces ya se habrá desparramado mediante las redes, volviéndose muy compleja su refutación. Información descontextualizada, declaraciones que culpan a le opositore aunque caigan en el absurdo de criticar lo que ellos mismos no hicieron. Todo es válido para una derecha vernácula cada vez más violenta.

La era del consumo digital

Como complemento de estas situaciones, es interesante poner el acento en el incremento sustancial que se ha venido dando en el consumo de noticias mediante medios digitales. Al respecto, el Responsable de Comunicaciones Digitales de Enel Argentina, Juan Pablo De Santis, arroja algunos datos interesantes como que más de 33 millones de usuarios consumieron noticias mediante internet en junio del 2020, o que el multimedio Clarín alcanza a más del 80% de les usuaries, mientras que Infobae llega a un 63% y La Nación a un 50%.

El problema está en que estos medios son partidarios de reproducir los discursos de quienes se autodenominan abanderados de la democracia, la república y sus instituciones, aunque en la realidad resultan ser quienes hicieron todo lo contrario cuando fueron gobierno. Incluso así llegaron al gobierno.

Información: un arma de guerra

El colega uruguayo Aram Aharonian sostiene que “el problema no es que todos puedan opinar. Ese es un derecho inalienable. Lo que no es un derecho es la impunidad para mentir, descargar un torrente interminable de fake news, mentiras, falsedades. Y menos que, en nombre de la libertad de prensa ejerzan un escandaloso libertinaje para desinformar irresponsablemente, montados en campañas de terrorismo mediático. No, no existe tal “libertad” para contagiar la muerte[3].

Aparece entonces el problema de que la mentira pública no está penada legalmente y cuando alguien osa denunciar a une de estes “periodistas”, la corporación periodística hace de ese hecho un ataque a la libertad de expresión. Y ha habido casos de sobra que no viene al caso mencionar.

Las mentiras mediatizadas y entregadas al gran público como grandes verdades buscan construir imaginario, fragmentar, poner el mote de “bueno” o de “malo” según las conveniencias y dividir la sociedad, generar miedo. Todos estos elementos son funcionales a su objetivo: sostener las cosas como están. No hay que olvidar que los medios de comunicación privados son empresas que venden información y trabajan para el que mejor les pague. Eso es lo que establecerá qué se cuenta y qué no y de qué formas.

La escritora y ensayista italiana, Erica Perucchietti, sostiene que “el miedo es solo una de las muchas piezas en el proceso de manipulación social que adopta el poder para llevar a cabo políticas que de otro modo serían impopulares, pero que la percepción del terror convierte en legitima[4].

El manejo de la información, la construcción de subjetividades, la influencia en las percepciones sociales respecto de tal o cual tema, se han convertido en un arma de guerra ampliamente utilizada y que adoptó un mayor caudal de operaciones, con la aparición masiva y masificada de los medios web, el consumo web de los medios tradicionales y la difusión de campañas de mentira vía redes sociales.

Oíste hablar de…

¿Cuántas mentiras se han repetido en la prensa hegemónica respecto de la situación de Venezuela? ¿Cuántos medios reprodujeron que en Bolivia había habido en las elecciones de noviembre, utilizando un informe mentiroso y ruin de la OEA que luego se comprobaría como falso? ¿Cuántos rectificaron esta “información”? ¿Qué trato dieron los medios sobre las movilizaciones en Chile, Ecuador, EEUU o Colombia, todas reprimidas ferozmente por sus fuerzas de seguridad?

De igual manera ¿Cuántos medios contextualizaron lo que sucedió en el puerto de Beirut?[5] ¿Cuántos medios hablaron de las elecciones en Bielorrusia[6] sin calificar a Lukashenko como dictador, autoritario, represor, o simplemente se hicieron eco de lo que decían emporios comunicacionales europeos?[7] ¿Cuántos medios repudiaron las represiones de Macrón a los Chalecos Amarillos en Francia o los de Rajoy a los pueblos catalán, o vasco? [8].

El colega Agustín Mina, señaló en un artículo publicado recientemente que “cuando quienes trabajamos en medios seamos responsables con nuestras palabras, tendremos una comunicación mejor, más sana; una comunicación que siga siendo libre, plural, diversa y, quizá por primera vez, también justa y responsable. Una comunicación donde se podrá pensar diferente, criticar, preguntar; dónde lo único que no podamos hacer sea violentar derechos, personas, leyes, desinformar o mentir[9].

El mayor virus en siglos no se llama COVID-19

Si bien une puede estar de acuerdo con esta afirmación, en el mientras tanto, producto de la mercantilización de la información, su utilización descarada para conseguir determinados beneficios o “favores”, o crear imaginarios a favor o en contra de tal o cual idea, seguirá siendo moneda corriente y un arma de guerra utilizada por los poderes fácticos para intentar poner la balanza de su lado. El problema no son los medios o las personas que en ellos trabajan, el problema es que mientras vivamos bajo el sistema capitalista, siempre habrá alguien que quiera corromper a algune trabajadore de prensa, a algún medio o a algún funcionario para sacar ventaja sobre el resto.

El problema es el capitalismo y su necesidad de reproducción que indiscutiblemente requiere de corromper las voluntades; que necesita de las divisiones sociales y que se vuelvan irreconciliables distintos sectores del pueblo; que necesita de la existencia de pobreza y miseria, de la destrucción y el saqueo de los bienes comunes.

La especie humana -y el resto de las formas de vida- no necesitan solo una vacuna contra el COVID-19 u otras enfermedades mortales, necesita una contra el capitalismo, necesita una sociedad más solidaria, más consciente y responsable de sus actos; pueblos que estén dispuestos a dar batalla a cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier lugar del mundo.


[1] https://www.facebook.com/fernando.buenabad/posts/3116294331820685
[2] https://barometrolatinoamericano.blogspot.com/2020/08/la-informacion-internacional-contra-la.html
[3] http://estrategia.la/2020/07/12/la-pandemia-de-la-desinformacion-y-la-manipulacion/
[4] https://rebelion.org/noticias-falsas-y-realidad-cuando-mentir-conviene-a-los-poderosos/
[5] https://spoti.fi/2DOhUUr
[6] https://rebelion.org/bielorrusia-prensa-alineada-un-titular-y-algunos-apuntes-al-respecto/
[7] https://spoti.fi/32b0l9a
[8] https://blogs.publico.es/cristina-fallaras/2020/08/04/ni-medios-de-comunicacion-ni-democracia/
[9] https://www.agenciapacourondo.com.ar/opinion/el-dia-que-nos-hagamos-responsables-de-nuestras-palabras

Nicolás Sampedro
Nicolás Sampedro

Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

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