Larreta es la cultura

Un perfil del Jefe porteño que marca tendencia en la segregación de clases sociales, y nos lleva de viaje en el tiempo a la fase 1, pero en lugar de un DeLorean usa unas Nike.

POR JORGELINA URRA*

El 4 de junio, Larreta anunció desde la Residencia de Olivos, las medidas que su gobierno había resuelto frente al cumplimiento del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) y al igual que tantas otras veces; a su izquierda estaban Alberto Fernández y Axel Kicillof, que lo observaban detenidamente, de la misma manera que se mira cuando se tienen dudas.

Desde hace tres meses el ASPO rige en todo el territorio nacional, pero con regiones en diferentes fases; y como es costumbre hay un detalle significativo: la filmina del AMBA no deja de tener protagonismo en las pantallas por la cantidad de infectades. La gente está aglomerada en la jungla de asfalto y las diferencias son notorias; varies funcionaries se encargan de dejarlas bien marcadas. Hay quienes viven y quienes sobreviven. Por eso les que viven sueñan con privilegios y les que sobreviven sueñan con derechos.

Esta zona siempre estuvo desfasada, tal vez por culpa de las bocinas y las cacerolas que ensordecen el pensamiento, o de les porteñes obsecuentes al poder de la clase alta. Pero en definitiva fueron elles, quienes incumplieron desde un primer momento las medidas establecidas. Quizá el retorno a las primeras etapas del aislamiento nos recuerde al surfer que se escapó para ir a la playa, un ejemplo de cómo influye el poder adquisitivo, que logra pagar la fianza de una condena social. 

Larreta se mostraba comprensivo con las dificultades del aislamiento, enumeraba con detalles sus muchas preocupaciones y decía entender la presión del encierro. Incluso como si en ese momento lo hubiese iluminado el pensamiento de su discípulo Wiñazki, dijo: “Yo entiendo la angustia de […] no poder ver a los seres queridos”, pero nosotres sabemos, que poco le importa cómo se siente una madre con dos hijas hacinada en una villa. Lo que le preocupa son, por ejemplo, los paseos por el shopping, que les suyes ya no disfrutan. Por eso no estuvo en sus prioridades la vida de Ramona, muerta de coronavirus por falta de agua en la Villa 31.

En el anuncio transmitido por cadena nacional también dijo que su equipo se encontraba trabajando en una “cuarentena quirúrgica”, y que por lo tanto, serían muy “estrictos” con los controles en todas las actividades que generasen agrupamientos. Se encargó de explicar los métodos que debían aplicar les comerciantes que contaban con espacios reducidos, teniendo en cuenta la nueva norma, y de especificar el promedio de fallecimientos según la edad y el riesgo de contagio. En fin, detalló un montón de aspectos que cualquiera consideraría desfavorables, pero para nuestro desconcierto, él argumentó que algo de bueno tenían, ya que aun no se había llegado al colapso.

El discurso lo maneja a la perfección y se nota por la particular manera en que inmediatamente después, hizo referencia a los controles del protocolo para las “actividades permitidas” en las zonas barriales: serían muy “precisos”. Esa flexibilidad era la que necesitaba para encarar el reclamo de la gente que quiere salir a correr, a la que medios como TN prefieren llamar runners y al mismo tiempo, le permitió justificar un capricho personal.

Alberto suspiraba y no cesaba en mirarlo con fijación, como si estuviese midiendo cada una de las palabras que de su boca salían. Entre ademanes y constantes movimientos de cejas, algo que sabe utilizar para demostrar sorpresa, explicó que los “expertos” recomendaban el esparcimiento y el ejercicio físico para mantener la estabilidad emocional, o para prevenir enfermedades. Paradójico ya que lo que estamos haciendo, es tratar de disminuir el contagio de un virus. Incluso justificó su decisión diciendo que seria a “contraturno” para evitar el contacto y la aglomeración de gente.

No cesaba en vociferar una fingida insistencia en que debían cumplirse los protocolos, que el tapabocas no se negociaba, que la restricción era de no salir juntes más de dos convivientes, y mientras utilizaba sus dedos índice y anular para dibujar en el aire dos personas corriendo, explicaba que debían respetar una distancia prudente de 10 metros entre unes y otres. Axel parecía juntar paciencia en cada respiración mientras escuchaba las responsabilidades que Larreta iba asumiendo, demandas de los “runners” lobbistas de la anticuarentena. Como todo porteño orgulloso de sus coterráneos, el pelado no dejaba de desembuchar las observaciones positivas que había medido en base a los permitidos burgueses antes otorgados.   

¿Qué entendieron por libertad?

Eran las ocho menos cuarto del día en que la tan anhelada libertad exigida por les runners, iba a materializarse en un paseo por el bosque. Pero la imagen fue disruptiva, y constituye una demostración empírica de la idiotez. Estrenando outfit nuevo quizá, parecían estirar y precalentar algunos músculos. A las ocho en punto largaron, y TN se encargó de transmitirlos en vivo corriendo despavorides por los bosques de Palermo. A los tropezones se adelantaban unes a otres, y desde el fondo se veía avanzar a paso tranquilo a quienes solo habían salido a caminar, pero que iban quedando detrás. Tal y como si nunca hubiesen corrido, el frenesí les conducía al amontonamiento de la curva de contagios.

Salvo el detalle del tapabocas de la movilera, lo protocolos parecían no existir ya que quienes estaban encargades de la seguridad y el control de la actividad permitida, no estaban precisamente cumpliendo su función. Epicentros del caretaje como Saavedra, Palermo, Parque Centenario o Caballito fueron sitiados por estos grupos de irresponsables. Les mismes que en marzo alegaban que “los negros” que hacían cola en distintos sitios de la cuidad para cobrar el bono de emergencia, incrementaban los números de contagio, tres meses después se hiperventilaron en un nado sincronizado independiente, que bien podríamos decir, aportó al retroceso a la fase 1. Tienen convicción de salvages unitarios, no hay otra.   

Sus prioridades

El jueves 11 de junio en el año de la pandemia, eran las 6 am y el viento estaba calmo. Un leve frío se hacía presente en el asfalto de la Capital Federal (que no le hace honor a su nombre), pero no estaba mojado. Horacio llevaba poco menos de media hora corriendo por el Rosedal de Palermo. Marcaba el paso con un par de zapatillas de esas que cuestan casi lo mismo que un IFE, o incluso más, y como de costumbre lo vestía la línea Nike. Sus trotes son de púbico conocimiento entre sus seguidores, más aun, lo han visto mantener reuniones. Les runners causaron revuelo, y lograron instalar su agenda en la grilla de varios medios por culpa de su terrible comportamiento. Asimismo, él insiste en que no hay riesgo de contagio en estas prácticas; es una casualidad el aumento de los testeos en su zona entonces. 

La contradicción de Larreta es evidente, habla de libertad y de bienestar físico y psíquico pero no se preocupa por la falta de insumos en centros de salud. Sin ir más lejos, en la tarde de ayer 26 de junio, explicaba con total impunidad que los casos habían crecido exactamente el doble en las últimas tres semanas, es decir que fueron de 400 a 800. Esto significa que está gestionando mal, y entonces apareció de nuevo la jugada discursiva: “Esto lo dijimos desde el primer día, obviamente el hecho de que lo hayamos anticipado, que hayamos dicho que iba a pasar, de ninguna manera aplaca la angustia de la gente”.

Horas más tarde, ATE Capital, que presentó un recurso de amparo por el incumplimiento de las medidas sanitarias, publicó en sus redes una orden de la Justicia que obliga al Gobierno porteño a proteger a les trabajadores de la salud. Es un cínico, ni siquiera ha presentado los informes de las supuestas entregas de los elementos a los hospitales, pero despliega datos y promedios de cantidad de camas disponibles. La Ciudad de Buenos Aires tiene dos virus letales: el Covid-19 enfermando cuerpes y el runner de Larreta trotando con sus Nike hacia la curva de contagios.


* Entiende que para que las ideas no mueran hay que escribir, pero como el lenguaje 
es un universo lleno de palabras muertas y consejos de la RAE; prefiere hablar
desde el léxico revolucionarie.

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