El problema es la concentración de la tierra

Durante la semana uno de los temas preferidos por los medios de comunicación fue la intervención de Vicentín y el proyecto que el ejecutivo mandó al Congreso para expropiarla. Vayamos un poquito más profundo…

POR NICOLÁS SAMPEDRO*

…bestialidad que no tiene una frontera determinada ni pertenece a un país determinado.
Bestias fueron las hordas hitleristas, como bestias son los norteamericanos hoy, como bestias son los paracaidistas belgas, como bestias fueron los imperialistas franceses en Argelia. Porque es la naturaleza del imperialismo la que bestializa a los hombres, la que los convierte en fieras sedientas de sangre que están dispuestas a degollar, asesinar, a destruir hasta la última imagen de un revolucionario, de un partidario de un régimen que haya caído bajo su bota o que luche por su libertad.»

Comandante Che Guevara 

Salvando las evidentes distancias, las palabras del Che sirven de analogía para comprender el comportamiento que tuvo el poder real en Argentina -y sus voceros mediáticos- desde que el pasado lunes el presidente argentino anunciara la intervención de la empresa Vicentín y el envío al congreso de un proyecto de expropiación de esta empresa. El dicho popular afirma que “para muestra, un botón”… y eso que no se habló de reforma agraria.

Amén de ello, queda claro que lo que puso sobre la mesa el COVID-19 son las grandes desigualdades que existen en todos los rincones de este planeta. Pese a ello, el sistema mediático dominante (que son los voceros del poder real) se ha encargado de intentar ocultar esas desigualdades y hacer como que «no pasa nada, les pobres son pobres y así debe ser».

Lo central es que la pandemia puso de manifiesto que el Estado es un actor clave a la hora de proteger a la población y que quienes defienden el mercado, sólo piensan en sus bolsillos. Algo de esto señaló en distintas oportunidades el ex presidente ecuatoriano Rafael Correa: el capitalismo prioriza las ganancias y la acumulación de capital por sobre la vida de les seres humanos.

Ahora bien, continuando con lo que se ha señalado en reflexiones anteriores, la situación actual habilitó algunas discusiones que algunes vienen impulsando desde hace muchos años: hoy le toca al tema de a la posesión de la tierra.

Algunos números

Según un informa publicado por la OXFAM en 2016, retomado por la FAO, Nuestra América es la región del mundo más desigual. Según éste “en la región, 32 personas privilegiadas acumulan la misma riqueza que los 300 millones de personas más pobres. Esta desigualdad económica está íntimamente relacionada con la posesión de la tierra, pues los activos no financieros representan un 64% de la riqueza total[1].

Si se puntualiza en la propiedad de la tierra, en Nuestra América, el 1% de las fincas concentra más de la mitad de las tierras productivas. Medido según el coeficiente de Gini (donde 0 es lo más equitativo y 1 lo más inequitativo), la región alcanza al 0.79, muy por encima de Europa (0.57), África (0.56) y Asia (0.55).

Fuente: Oxfam

En la región, Colombia es el caso más preocupante: “Las fincas de más de 500 hectáreas –que apenas representan el 0,4 por ciento del total de explotaciones– concentran el 67,6 por ciento de la tierra productiva”. Números similares tienen Chile o Paraguay en donde el 1% de las fincas acumula el 70% de las tierras donde hay algún tipo de explotación económica[2].

Según el mismo informe en Argentina, “el 0,94% de los dueños de las grandes extensiones productivas maneja el 33,89% del total del territorio argentino. El 99,06% restante controla apenas el 66,11%[3].

Estos datos vienen de la mano con la profundización del monocultivo: Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia y Uruguay están consideradas las Repúblicas unidas de la Soja dado que «entre 1990 y 2014 triplicaron el área de cultivo y quintuplicaron la producción hasta alcanzar conjuntamente más de 150 millones de toneladas en 60 millones de hectáreas, una extensión más grande que la superficie de Paraguay y Uruguay juntos«[4].

“Daños colaterales”

La concentración de la tierra es un problema fundamental e histórico en Nuestra América, pero no viene solo, está atado -y genera- otro sin fin de inconvenientes que hacen a la compleja situación que acarrean los pueblos del continente: desplazamientos forzados, asesinatos, persecución judicial, represión, expulsión y concentración de población en las urbes, pobreza, marginación, y un largo etcétera.

Por dar un ejemplo y citar algunas cifras, según el informe de Global Witness: en 2017 ocurrieron 207 asesinatos a defensores del medio ambiente en 22 países, casi 4 personas por semana; la mayoría de esos asesinatos estuvieron vinculados a proyectos de agricultura destructiva como el acaparamiento de tierra para la producción de aceite de palma; el 60% de los asesinatos registrados ocurrieron en Nuestra América; y Brasil registró la mayor cantidad de asesinatos a líderes campesinos e indígenas en el mundo con 57 casos.

El tema de los asesinatos de activistas sociales es sólo un caso testigo, porque las desigualdades se repiten sea cual sea la perspectiva que se elija para analizar la problemática. Por ejemplo, cabe recordar que la posesión de la tierra en pocas manos, las grandes desigualdades sociales y el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, fueron las chispas que dieron lugar a la insurgencia colombiana[5].

Fuente: dejusticia.org

A día de hoy se podrían mencionar los más de 7 millones de desplazamientos forzados en Colombia, o los asesinatos diarios a ex guerrilleros y a líderes y lideresas sociales. Pero esto no es algo que sea propio de ese país, también sucede en muchos países de Centroamérica, en Brasil o en otros países. De igual manera se podrían mencionar los maltratos y cacerías a miembros de las comunidades campesino-indígenas en Argentino (como vimos recientemente en Chaco), las reiteradas represiones a la comunidad Mapuche en Chile y en la patagonia Argentina; y nuevamente un largo etc.

Vicentín es un buen paso hacia adelante, pero el problema de fondo -y revertirlo puede ser una posible solución al problema estructural de la pobreza- es la concentración de la tierra, la concentración de los mercados, la concentración de la riqueza. Todas concentraciones que siempre están en las mismas manos, las de una oligarquía cipaya y entreguista, y/o en las manos de grandes multinacionales extranjeras que sólo miran planillas de excel y las decenas de ceros de sus cuentas bancarias.

La pandemia del COVID-19 puso en evidencia los desequilibrios de un sistema planetario opresivo, injusto y capaz de hacer lo que sea para sostenerse en pie. Avanzar en la redistribución de la propiedad de la tierra; repensar las formas de producción y de consumo, para que sean más responsables con el cuidado del ambiente; o la implementación de un sistema impositivo más progresivo (que por ejemplo grave las herencias y a las grandes fortunas de personas o empresas), No sólo son debates urgentes y necesarios, sino posibles soluciones equilibrar la balanza y que no estalle todo por los aires.

Imagen de Luis Arenal Bastar sobre la Revolución Mexicana

* Prefiero escucha antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún 
resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las
injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

Referencias:
[1] https://www.alainet.org/es/articulo/184653
[2] https://www.eltiempo.com/vida/ciencia/concentracion-de-la-tierra-en-america-latina-oxfam-52376
[3] https://www.ambito.com/politica/se-profundiza-la-concentracion-la-tierra-la-argentina-apenas-1-acapara-33-del-territorio-n3969517
[4] Idem 2
[5] https://www.celag.org/el-9-de-abril-en-las-escenas-de-la-guerra-por-la-tierra-por-javier-calderon-castillo/

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