El deporte, trinchera histórica en la lucha contra la discriminación

El deporte, de alguna u otra manera, siempre ha sido reflejo de lo que sucede en la sociedad, pero ¿qué rol ha jugado históricamente en la lucha contra la discriminación, el sexismo y la homofobia?

POR EDUARD PAZ*

Luego del asesinato de George Floyd a manos del ex policía Derek Chauvin, se desencadenó una ola de protestas y marchas de antidiscriminación. El deporte no tardó en mostrarse como uno de los espacios más fuerte de lucha contra esto.

No es casualidad: a lo largo de la historia, el deporte ha sido una de las trincheras de la sociedad para poder expresar y protestar ante las injusticias que se presentaban en el mundo; ha sido utilizado en muchas ocasiones para plantar bandera a ello, al punto de ser herramienta fundamental para el cambio de un país y la sociedad.

Es importante hacer un repaso histórico de ciertos momentos en los que el deporte fue utilizado para contrarrestar la discriminación y a su vez dejar en evidencia a todos aquellos que han querido tener un trato diferente y perjudicial para con otras personas.

Merma y rupturas de la segregación en los JJ.OO.

En 1904, en Saint Louis, Estados Unidos, en paralelo a las Olimpiadas, se celebraron los juegos antropológicos: los supremacistas blancos estadounidenses obligaron a competir a aquellos que consideraban «seres primitivos», como negros africanos, nativos americanos, patagones, sirios, o pigmeos.

Esas pruebas consistían en subir árboles o disparar arcos (lo cual después paradójicamente sería considerado deporte olímpico), incluso hacerles competir en deportes que no conocían solo por mera burla y entretenimiento.

Mientras que el objetivo de estos juegos era reafirmar una supuesta superioridad de los blancos angloamericanos, en las Olimpiadas de Saint Louis, un negro hijo de esclavos, conocido como George Poage, ganaba dos medallas de oro en atletismo.

Siguiendo por esta línea, un caso muy conocido o de los más célebres reveses al supremacismo blanco, es el del atleta afroamericano Jesse Owens, que tuvo un despliegue enorme en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936: cosechó cuatro medallas de oro con récord mundial incluido en atletismo.

Esto respondía y dejaba en jaque a las extendidas teorías pseudocientíficas que se desprendían de la «superioridad aria» y se extendían por toda Europa y Norteamérica. En la casa de Hitler, en pleno apogeo del nacionalsocialismo, un negro dejaba con la boca abierta a todos.

En estos juegos, la Alemania nazi trató de mostrarse como un país a respetar por la comunidad internacional, por lo que intentaron rebajar el racismo en los periódicos y buscaron eliminar los carteles discriminatorios de la Villa Olímpica. Lo irónico fue que la inauguración se encontró llena de prohibiciones y panfletos, con instrucciones de no dejar entrar “a los perros y a los judíos”.

Así como Jesse Owens, la estrella de los Juegos, no recibió el saludo del Führer, tampoco lo recibió de el presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt, ya que felicitar a un negro suponía arriesgar el voto blanco racista del sur estadounidense en un año electoral.

Las Olimpiadas de Berlín fueron una de las peores competencias para aquellos que no eran locales. Pero eso no era todo, Gretel Bergman, compatriota alemana y poseedora del récord de salto en alto, fue excluida del equipo antes de los Juegos por el solo hecho de tener un origen judío.

Pero el caso con más impacto y que muchos recuerdan fue el de los Juegos de México 68, cuando Tommie Smith y John Carlos realizaron el saludo del “Black Power” arriba del podio como señal de protesta por la discriminación contra las personas afroamericanas en Estados Unidos. Luego de eso fueron, alejados de la competencia y discriminados por los medios de comunicación en su país.

Deportistas contra la discriminación

Un deportista que siempre se mostró en contra de la segregación, fue Cassius Clay, ganador del oro en los pesos semipesados de los Juegos de Roma 60. Pese a convertirse en uno de los máximos deportistas de la historia yanqui, en Louisville, su ciudad natal, se negaron a servirle un plato de comida en un restaurante por ser negro.

Luego de eso, arrojó la medalla al Río Ohio, se convirtió al islam y cambió su nombre a Muhammad Alí. También se negó a participar en la Guerra de Vietnam, decisión por la que le quitaron sus títulos y lo suspendieron, aunque no le quitaron su reconocimiento como uno de los mejores boxeadores de la historia.

El tenis también fue un lugar de protesta: el afroamericano Arthur Ashe, durante se transformaría, en las décadas del 60 y 70, en un símbolo de la lucha contra la discriminación contra los negros y los portadores de VIH, enfermedad que padecía. Se expresó en contra de las políticas del Apartheid en Sudáfrica y tuvo una gran conciencia social.

Por el lado del rugby, Nelson Mandela se convirtió en un ícono en la lucha contra la segregación. Siendo presidente de Sudáfrica y con el mundial de 1995 disputándose en su país, Mandela utilizó el rugby para promover ideas que ayudaron a dejar atrás el Apartheid tras más de 40 años de segregación.

En EEUU, el jugador de fútbol americano Colin Kaepernick, fue apartado del los San Francisco 49ers en 2016, luego de negarse a ponerse de pie durante la entonación del himno previo a un juego, para visibilizar los asesinatos a personas afroamericanas en manos de la policía. Ningún club quiso contratarlo después de eso porque afirmaban que perderían dinero. Durante todo ese año, varios jugadores se hincaron durante la entonación del himno nacional en señal de respaldo a Colin.

Argentina no está exenta de estos hechos porque la discriminación y sexismo, no distingue nacionalidad. Uno de los casos recientes fue el de Gustavo Fernández, estrella mundial de tenis adaptado, actual N 1° del ranking ITF (Federación Internacional de Tenis) en esta modalidad, quien pese a sus logros y méritos como deportista, no fue tenido en cuenta en la terna para el Olimpia de Oro del 2019. Fernández fue el deportista con más logros durante ese año, incluso se convirtió en el primer argentino de la historia en coronar un torneo de Wimbledon.

Otro caso es el de Facundo Imhoff, jugador de voley en el Club Bolívar, uno de los grandes de la Liga nacional. Facundo hizo púbico que es homosexual y ha mostrado su apoyo a los movimientos LGBTIQ+. También ha expresado lo difícil que es abrirse en estos aspectos en el deporte argentino, por ser un ambiente muy xenófobo y machista.

Por último, tenemos a Mía Fedra, la primera tenista trans profesional de la Argentina. Si bien en 2012 la Asociación Argentina de Tenis le cambió su carnet de jugador por el de jugadora, Mía afirma que siempre en los encuentros le dicen que no es lo mismo, que tiene más fuerza, lo que deja entrever que en términos de géneros, aún hay muchas discusiones que dar.

Si bien la lista es inmensa y hay muchos otros casos más en el deporte actual que acompañan las protestas en contra de la segregación, es necesario destacar el rol que cumple el deporte, un espacio donde se ven representados miles y que si se lo trabaja de manera correcta, puede contribuir y concientizar en la sociedad enormemente.


* Sureño instalado en la ciudad de las diagonales. Fiel pensante de que lo político y lo deportivo 
van de la mano. Apasionado y siempre al servicio de la comunicación del pueblo y su deporte.

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