¿”Nueva normalidad”? Psicología de la pandemia

Nueva normalidad. Concepto que al otro día recorrió todos los medios de comunicación. Los diarios afines ya se hicieron eco del mismo y lo adoptaron a modo de slogan. Algo a lo que hay que acostumbrarse y listo.

Por Nicolás Centurión*

Cuareim y La Paz. Dos calles del centro de Montevideo que se cruzan y en su esquina un nuevo mural capta la atención de los transeúntes por las luces de un bar. La imagen es la de una señora de tercera edad con un barbijo. “El mundo ya no va a ser el mismo. Esa nueva normalidad, la estamos probando en base a estudios científicos”, indicó el presidente uruguayo Lacalle Pou en conferencia de prensa el 16 de abril.

Nueva normalidad. Concepto que al otro día recorrió todos los medios de comunicación. Los diarios afines ya se hicieron eco del mismo y lo adoptaron a modo de slogan. Algo a lo que hay que acostumbrarse y listo.

Pero, ¿qué es lo normal? ¿quién define lo que es normal? ¿y lo anormal? En el imaginario social, como diría Castoriadis, se piensa que lo normal es lo que define lo anormal. En realidad es a través de lo anormal como definimos lo normal: sólo por la anormalidad sabemos qué es normal. Por lo tanto, aunque la anormalidad sea excluida y supuestamente ocultada, la gente que permanece, la gente normal, se dedica a estudiarla e interrogarla de manera incesante y obsesiva.

El psicólogo, nos habla sobre los locos, el médico sobre los enfermos, el criminólogo habla sobre los criminales, pero nunca escucharíamos a los últimos hablar sobre los primeros. Lo que tienen que decir ha sido decretado de antemano como irrelevante, dado que por definición carecen de saber (y esta es justamente la clave para no otorgarles ningún poder).

El estudio de la anormalidad constituye una de la vías principales a través de la cual se establecen las relaciones de poder en la sociedad. Cuando se define una anormalidad con su correspondiente norma, siempre, de una manera u otra, es la persona normal la que tiene el poder sobre la anormal, siguiendo a Foucault.

La nueva normalidad que plantea el presidente uruguayo, se alinea con los poderes concentrados de la derecha continental y mundial. Pero pierden de vista que el centro gravitacional del mundo ya no es Estados Unidos sino que se está corriendo hacia China.

Esta nueva normalidad de nuevo tiene poco y más bien son los 90 con barbijo y distanciamiento social. El sueño húmedo de la oligarquía criolla, que las organizaciones populares no puedan aglomerarse ni manifestarse. La imaginación política será fundamental para poder transitar esta realidad con nuevos obstáculos, como si las organizaciones políticas y sociales tuvieran pocos.

El otro, nosotros, el virus

Hoy el otro es el enemigo. El otro no es la patria, es un agente de contagio. Alguien que nos puede enfermar y matar sin intención. Nosotros lo mismo, potenciales contagiantes.

La amenaza ya no está tan estereotipada, aunque el racismo estructural de este sistema no se lava de un día al otro. Ya no son solo los negros, los pobres, los marginales, los extranjeros, los subversivos. Hoy somos todos amenaza y amenazados. El otro es la barrera y en la atomización social, los de siempre amasan fortunas desde su auto-aislamiento económico.

Allí surge el ecofascismo. Grupos que plantean que el virus es el ser humano y no el COVID-19. Si se plantea que el virus es el ser humano y no el sistema, entonces lo que hay que eliminar es al ser humano. Pero no a todos, porque sería autoeliminación. Entonces a determinada cantidad de seres humanos en nombre de la sobrepoblación.

Quizá no se sepa un número en concreto pero quiénes deciden quienes mueren o no. ¿Los que más consumen, los que más contaminan, los que destruyen ecosistemas? ¿O en realidad siempre terminan definiendo los “normales” a los que ellos consideran “anormales”? Entonces en nombre de la ecología el fascismo se camufla de verde reciclaje y siembra su semilla de odio.

Siglo corto, siglo largo, siglo viral

Las farmacéuticas opulentas aumentan sus arcas mientras un sin techo gasta las pocas monedas que tiene en un barbijo porque no puede ingresar al supermercado para comprar alimentos sino no come.

Un predicador apunta con su dedo hacia el cielo y con la otra mano hacia al piso señalando un número de cuenta para que le transfieran el diezmo. Una nueva tribu olvidada del Amazonas es arrasada por la aplanadora del progreso. Otro preso mira por la ventana de su celda ansiando libertad. Un trabajador mira por la ventana de su oficina ansiando libertad.

En esta nueva etapa mundial se encuentran en una esquina plena de cámaras: Foucault, Orwell y Huxley. El big data toma el té con el 5G mientras esperan a la Inteligencia Artificial. Los brazaletes biométricos se aprontan para salir a escena. Byung Chul Han y Zizek debaten acaloradamente en un bar mientras pasa Bill Gates por detrás de ellos y se dirige hacia atrás del mostrador. A lo lejos asoma Fukuyama sin que se lo vea, escondido, viendo como la historia sigue pariendo nuevos capítulos.

Si el siglo XX fue un cambalache, como decía el tango, ¿qué nos espera para este siglo XXI?


* Licenciado en Psicología, Universidad de la República, Uruguay. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)

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