Humanidad Jaqueada

Humanidad Jaqueada

TIEMPO DE LECTURA: 8 min.

Por Nicolás Sampedro*

Hace algunas semanas el filósofo y teólogo argentino, naturalizado mexicano, Enrique Dussel, compartió algunas reflexiones acerca de la pandemia del COVID-19 que está viviendo la humanidad y los desafíos que enfrenta.

Dussel reflexionó sobre algunos conceptos fundamentales para pensar el presente y el futuro de la especie humana y del resto de los seres vivos que habitan este planeta, si es que se pretende continuar viviendo y no seguir avanzando derechito al precipicio.

Si bien existen muchas corrientes de pensamiento e intelectuales que han materializado diversas reflexiones al respecto, una fundamental para el filósofo y teólogo será la reflexión sobre la ética. Ética entendida como la reafirmación de la vida, como el espacio liberado, donde el instinto no llega. Ésta será entonces lo que diferencie a la especie humana del resto de las especies vivientes.

Ese espacio que llena la Ética será la libertad de acción de seres racionales que pueden realizar actos que reafirmen la vida o que -por el contrario- la agredan. Diferente posibilidad tienen el resto de las especies, que no actúan racionalmente sino que lo hacen por instinto, adaptándose a las leyes de la naturaleza, de la madre tierra o la Pachamama como la llaman los pueblos originarios.

La modernidad o era moderna, que comienza con la invasión europea al continente americano (o Abya Yala como le decían comunidades originarias a este continente), es un momento histórico en el que se reafirma y exacerba una visión antropocéntrica, considerando a la naturaleza como un objeto explotable y controlable. Al respecto Dussel afirma que esta forma de comprenderse -amo y señor del planeta- ha llevado a los seres humanos a no medir las consecuencias de sus actos. La acumulación de actos que dañan a la naturaleza es la que está complicando la vida, no sólo de la humanidad sino del resto de las especies vivientes.

El calentamiento global producto de la emisión desmedida de gases de efecto invernadero, la gran cantidad de residuos plásticos arrojados al mar que perjudica a diversas especies marinas, los incendios repetidos en distintas partes del planeta, son todas consecuencias de la acumulación de actos erráticos que priorizan las ganancias por sobre la naturaleza y quienes habitan esta casa común.

El punto es que los seres humanos no son dueños de la naturaleza, sino parte de. Este cambio de enfoque necesariamente debería llevar a repensar las prácticas, las lógicas de producción y de consumo hoy vigentes, o la forma en que nos relacionamos con otros seres vivientes.

Simplificando la profunda reflexión vertida por Dussel, es imperioso el debate acerca de una Ética, no del mercado y las ganancias, sino de reafirmación la vida(tanto la del ser humano como la de los demás seres vivos y la naturaleza en su conjunto). Si el ser humano no es “dueño” de la naturaleza sino parte de ella, matarla, a la corta o a la larga, es suicidarse.

Esta Ética de reafirmación de la vida, debe pensarse como reafirmación de la comunidad. Les seres humanes son seres sociales, por consiguiente que sobreviva uno por encima de la comunidad, también sería suicidarse. ¿Acaso Rockefeller, Bill Gates, Trump o Soros saben cómo producir alimento con sus propias manos? ¿Saben cómo hacer un fuego por sus propios medios o dependen de quienes sí saben hacerlo? Está claro que si no es en comunidad, no se salvará nadie.

El capitalismo, la globalización, el individualismo, los ecocidios, los genocidios, son partes de una misma forma de organización planetaria de la que se desprenden otros muchos factores que hacen a las formas de vida que hoy por hoy lleva gran parte de la humanidad. Cada una de ellas es producto de lo que se conoce como Modernidad. Un sistema mundo que se propagó durante siglos y que el COVID-19 está poniendo en jaque.

La pandemia, sin dudas es un llamado de atención que la naturaleza está dando a la humanidad, única especie capaz de dañar y/o matar el entorno en el que vive. Dussel señala que este es un momento de transición entre esa “modernidad” que muere y lo nuevo, que necesariamente deberá reordenar las prioridades, si es que se pretende seguir existiendo.

Quizás un buen ejercicio para aprender y aprehender esta nueva Ética sea analizar las actitudes no solo del gobierno argentino, sino de los gobierno del mundo, de lo que opinan las referencias partidarias del diverso abanico que compone la vida política de cada nación. Posiblemente se observará casi de inmediato quién prioriza la vida y quién la “acumulación de riquezas”.

Obsérvese el caso norteamericano: un Donald Trump que primero desestimó el virus y lo ninguneó, que después renegó de los gobernadores que tomaron medidas de cuarentena porque “eso frenaba la economía”, que en sus declaraciones reafirmó una y otra vez su desinterés por las miles de vidas que se están perdiendo ante este nuevo virus, que no distingue entre clases (aunque obviamente perjudica en mayor magnitud a les más desprotegides del sistema).

Un Trump que hasta hace solo un mes estaba enfrascado en una guerra comercial con China y se vio forzado a comprarle suministros médicos porque su sistema sanitario no da abasto, y que ahora pretende desfinanciar a la Organización Mundial de la Salud (organismo que depende de la ONU) argumentando que benefició al país asiático y que manejó mal la situación de la pandemia.

Hay que tener presente que -haciendo una simplificación- el neoliberalismo es una corriente de pensamiento que prioriza la economía y la “libre competencia”, que considera al mercado como la institución suprema y que entiende que el Estado -la otra institución que puede intervenir- debe tener una función secundaria, debe ser y debe intervenir lo mínimo posible, para no modificar las lógicas y reglas del mercado.

Ésta lógica es por demás perversa: prioriza la ganancia económica -en el menor tiempo posible- por sobre la vida, no solo humana sino de la naturaleza, que es el ambiente donde vive junto a otras especies; por consiguiente es un sistema que atenta contra las condiciones de reproducción de la vida.

Siguiendo esta lógica que profesa que el Estado debe ser mínimo, no habría posibilidad de que éste intervenga ni siquiera en la salud, que también sería vista como un negocio. ¿Acaso el COVID-19 no pone de manifiesto que así es como se comprende a la salud en gran parte del mundo? ¿No queda evidenciado que sólo el Estado, a través de la salud pública, puede garantizar el acceso a un servicio sanitario para quien lo necesite sin importar clase social, color de piel, identidad de género o lugar de procedencia?

Como contracara de EEUU se puede observar la actitud que han adoptado otros gobiernos como el chino, el ruso, incluso los de Cuba y Venezuela, que pese a estar bloqueados por la administración Trump (y de sus aliados) no dejan de tenderle su mano solidaria a otros pueblos. Cabe señalar que los gobiernos de estos países proponen un Estado fuerte, con mucha participación e intervención para garantizar los derechos básicos de sus pueblos: educación, salud, seguridad, alimentos y vivienda digna, entre otras.

En el caso argentino el gobierno de les Fernández se encontró con un Estado en franco deterioro, endeudado hasta la médula y con pocas alternativas materiales para enfrentar una situación, que ya era compleja antes de la aparición del COVID-19, producto de las políticas de Macri y “el mejor equipo de los últimos 50 años”. Sin embargo lo que no le faltó al gobierno que encabeza Alberto Fernández fue decisión política para poner sobre la mesa que lo que verdaderamente importa es cuidar la vida del pueblo. La economía más temprano que tarde se arreglará, pero para una vida que se pierde no hay marcha atrás.

Es importante resaltar que bajo la órbita de la modernidad, “la normalidad” está dada por el aumento de la tasa de ganancia, yes precisamente por ello, que es el mercado quien debe “regular” el sistema. Desde esta perspectiva, la intromisión del Estado sería un estorbo.¿Cuánto economista, empresario, lobista, periodista u opinólogo liberal (aunque a veces intenten ocultarlo) se ha visto pululando por los medios de comunicación o las redes sociales con discursos que intentan presionar al gobierno argentino para que “vuelva a encender la economía”?

En un pasaje de esta entrevista Dussel exclama: “¡No se venden autos! Pero qué bueno, por fin vamos a tener menos autos. Lo que hay que hacer es cambiar el sistema de transporte para tener menos autos”. Según este intelectual, el mundo se escandaliza porque se venden menos autos pero “la vida nos dice: tengan menos autos porque el esmog de las ciudades destruye la posibilidad de la vida futura. Tener menos autos tendría que ser el propósito de una racionalidad vital, que es la misma que la que lucha contra el virus”. En este sentido, sostiene que “el virus jaquea, pone en cuestión la normalidad de la modernidad, que es irracional”.

¿La humanidad pretende volver a la “normalidad” que impuso durante décadas la modernidad o esta catástrofe que está viviendo será el puntapié para generar cambios, reordenar las prioridades, repensar los vínculos sociales y la imperiosa necesidad de ser más solidaries y tener más empatía por lo que le pasa al de al lado? Alberto Fernández ha señalado en reiteradas oportunidades que precisamente la pandemia abre la posibilidad de barajar y dar de nuevo, pero de manera más justa y equitativa.

En línea con esta última pregunta, Dussel aporta algunas ideas insistiendo en que no necesitamos ni un Estado totalitario,ni una democracia liberal, sino un Estado democrático, popular y obediencial a las necesidades del pueblo y, fundamentalmente,que piense primero en les pobres.

La pandemia del COVID-19 puso en jaque a la humanidad. El sistema, la modernidad, ese 1% que tiene más dinero que el 99% restante,y que mediante sus usinas de producción y reproducción, reacciona para intentar que nada cambie; o que cambien algunas cosas,pero mínimas.Por consiguiente el debate propuesto estará a cargo de los pueblos, de esa mayoría abrumadora de personas que todos los días sale a trabajar, que está cansada de tanta injusticia y que pretende vivir dignamente, en armonía y con felicidad. Bienvenido sea el debate.


* Periodista, conductor de Marcha de Gigantes (Radio UNLP - AM 1390), productor de Columna Vertebral (Radio Estación Sur - FM 91.7), columnista La Marea (Radio Futura – FM 90.5) y Mirada Crítica (Realpolitik), responsable de la sección Sindical de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.
Programa 09 de abril
Programa 16 de abril
La Piratería Inhumana y criminal del ¡sálvese el que pueda¡

La Piratería Inhumana y criminal del ¡sálvese el que pueda¡

TIEMPO DE LECTURA: 10 min.

Por Pablo Jofré Leal*

La pandemia del Covid-19 ha sacado a relucir, no sólo la nobleza y abnegación de aquellos que luchan contra esta enfermedad, que sacude los cimientos de nuestra civilización; sino también la conducta miserable de algunos gobiernos, que inmutables violan los derechos de millones de seres humanos.

Estos días, los medios de información, han detallado las acciones del gobierno estadounidense, principalmente, en materia de expoliar materiales sanitarios y equipamiento médico destinados a proveer de estos elementos a países como Alemania, Francia, Canadá entre otros. También se ha dado muestra abundante, de la decisión de Washington de seguir con la política de sanciones, embargos, bloqueo e incluso frenar el posible apoyo financiero del Fondo Monetario internacional (FMI) a países como Venezuela, Cuba, Siria y la República Islámica de Irán, con el objetivo de desestabilizar sus gobiernos y continuar con el objetivo estratégico de apoderarse de sus recursos y materias primas, tratando de reimponer una hegemonía, que ha perdido terreno en la última década. Y, finalmente cortar el apoyo financiero a la Organización Mundial de la Salud (OMS)

Una conducta de piratería versión siglo XXI, que signa el tipo de pensamiento que anima a administraciones como la de Donald Trump, que no duda en pasar por encima del respeto al derecho internacional, incluso si sus víctimas son socios y aliados. El gobierno alemán, a través de su canciller Ángela Merkel, por ejemplo, reaccionó indignado frente a la incautación de 200 mil mascarillas del tipo FFP2 compradas y pagadas a un proveedor estadounidense (pero fabricadas en China) incautadas en el aeropuerto de Bangkok, la capital de Tailandia. El Senador por Berlín Andreas Geisel no fue tan diplomático y acusó a Estados Unidos de cometer un claro acto de piratería “nuestro gobierno debería exigir que Estados Unidos respete las reglas internacionales, incluso en tiempos de crisis global, no debería haber métodos del “salvaje oeste”

Francia, por su parte, otro aliado político, militar y económico de Estados Unidos, declaró, a través del Gobernador de la región de Provenza, Renaud Muselier que Washington, haciendo gala de su potencia económica y falta de escrúpulos, compró a un precio cuatro veces superior una carga de millones de mascarillas clínicas (en la pista del aeropuerto chino), que ya habían sido pagadas por el gobierno galo y que estaban a punto de despegar rumbo a la nación gala. París, para no ser menos en estos combates llevado a cabo por corsarios modernos, se apropió, un día después del hecho denunciado contra Estados Unidos, de un cargamento de 4 millones de mascarillas compradas por la empresa sueca Mölnlycke a China y que llegaron al puerto francés de Marsella, para ser destinadas a España e Italia. Posteriormente, las autoridades galas sólo permitieron la salida de la mitad de la carga, el 50% restante fue parte del botín de guerra.

La escalada de piratería no se quedó sólo en ganar el quien vive y expropiar cargas o pagar más por ellas en la losa misma de los aeropuertos. Washington a través de la llamada Ley de Defensa de la Producción, el día 3 de abril, definió con la multinacional 3M, que debía dejar de exportar mascarillas y otros equipamientos (incluyendo ventiladores mecánicos) tanto a Canadá como Latinoamérica. El primer ministro canadiense Justin Trudeau respondió duramente señalando que Canadá podría impedir que miles de profesionales sanitarios canadienses, que cada día cruzan la frontera para trabajar en hospitales estadounidenses en ciudades como Detroit, viajen a cumplir sus funciones si se interrumpe el comercio de productos como las mascarillas N95”

Las acciones del gobierno de Trump, respecto a esta papel de piratería y política de sanciones contra algunos países, ha recibido severas críticas desde congresistas demócratas de su país, gobiernos aliados de la Unión Europea, organizaciones defensoras de derechos humanos, líderes cristianos y que se han intensificado frente a la denuncia del Diario Al Quds Al Arabi con circulación en Gran Bretaña, que en medio de la grave situación pandémica en Estados Unidos y la  severa escasez de equipos médicos vitales, Washington, en lugar de fortalecer su sistema sanitario, ha robado mascarillas a sus socios europeos para remitirlas a Israel. Un millón de mascarillas quirúrgicas ha sido enviada al Ejército Ocupante Sionista, para enfrentar el brote del nuevo coronavirus, denominado como COVID-19.“Mientras nuestro personal médico debería usar mascarillas usadas y hechas a mano, Trump regala un millón de mascarillas al ejército de Israel, para que pueda seguir con sus actos de ocupación”, denunció el viernes Ariel Gold, directora de la oenegé CODEPINK.

Prueba de lo sostenido “En las últimas semanas, hemos comprado y entregado a Israel decenas de miles de hisopos, máscaras, trajes protectores para el personal médico y más (…) Un millón de mascarillas, adquiridas en China, fueron trasladadas rápidamente (…) para que el ejército israelí las use en los próximos días”, confesó Limor Kolishevsky, jefe de la División de Compras y Logística de Nueva York. Un Israel afectado con 11 mil contagiados y 120 muertos y mientras continua, criminalmente, la ocupación y colonización de Palestina, afectando a su pueblo que está, no sólo bajo el peligro del virus Covid-19 sino también uno más más peligroso como es el Sion-48. Piratas y criminales se unen para seguir asesinando al pueblo palestino, como también al pueblo yemení, iraquí, afgano, sirio, en estas guerras que no se detienen a pesar de la pandemia. Y, no lo harán pues el negocio de las armas es multimillonario.

Para medios de información internacionales “las empresas productoras chinas están dando prioridad a los compradores estadounidenses, que pagan más y al momento. Esto, sobre todo, porque Washington ha levantado restricciones, les ha dicho a las empresas que tengan o no tengan certificados que envíen sus productos. Por eso se producen la inmovilización de la salida de productos desde el aeropuerto de Beijing. Se está dando prioridad, sostiene productores de la ciudad de Guangzhou, a los compradores estadounidenses por una razón muy profana y pragmática: pagana al contado y tres a cuatro veces más que otros compradores de productos tales como mascarillas, termómetros infrarrojos y test de detección del covid-19”

Para la República Islámica de Irán, uno de los países sometidos a una de las más crueles y criminales políticas de sanciones por parte de Estados Unidos – desde el momento mismo del triunfo de la revolución el año 1979 e intensificadas en los últimos 15 años – las acciones de Washington no son algo nuevo, es parte de su historial delictivo, de la forma de conducirse en sus relaciones internacionales. Irán asegura que las medidas de algunos países occidentales, en concreto Estados Unidos, ante el coronavirus es una muestra más de su carácter. “El brote del coronavirus mostró nuevamente a todo el mundo la cara antihumana y racista de los Gobiernos occidentales, especialmente Estados Unidos, y expuso que, ante los beneficios de sus capitalistas, incluso la vida de sus propios ciudadanos no vale nada” atendiendo con ello las constantes alusiones de Trump respecto a que es necesario no seguir dañando la economía, cuando ese país tiene ya 600 mil contagiados y ha sobrepasado a Italia en cantidad de muertos por la pandemia, 21 mil en el último recuento entregado por la Universidad Johns Hopkins. 

El mal ejemplo estadounidense ha influido en países como Turquía, país que a inicios del mes de abril, bloqueó la salida de medio millar de ventiladores mecánicos comprados por comunidades autonómicas españolas, para el cuidado de los enfermos por el Covid – 19 que en el país peninsular ha significado la muerte de 18 mil personas. A fines del mes de marzo se denunció que el gobierno checo había requisado 700 mil mascarillas quirúrgicas y un par de centenares de respiradores artificiales, parte de cuyo stock de productos habían sido una donación del gobierno chino a Italia que en ese momento presentaba el mayor número de contagios y muertes por la pandemia. Igualmente a fines de ese mes el gobierno alemán denunció que en el aeropuerto de Nairobi, Kenia, habían desaparecido 6 millones de mascarillas que iban con destino al país europeo. Las flotas piratas inundaban el mundo, quien más o quien menso con sus billeteras rebosantes ofrecían llevarse la carga del vecino.

Estos ejemplos se multiplican y muestran la verdadera falta de solidaridad y colaboración en la lucha contra la pandemia, usando más bien la política de las chequeras, que la coordinación y apoyos que la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) pueden llevar a cabo. Situación que se complica por las críticas que la administración Trump ha hecho contra la OMS y su director general, el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus, acusándola de favorecer a China en desmedro de la nación norteamericana. Nuevamente con argumentos basados en el dinero sostuvo “por alguna razón, la OMS está financiada en gran parte por Estados Unidos, pero es muy “Chinacéntrica” lo que generó que el mandatario estadounidense haya decidido, con críticas venidas desde todas partes del mundo, cortar el apoyo financiero de 850 millones de dólares con los cuales concurre a este organismo, como contribución dentro del bloque de países de la ONU y la llamada contribución voluntaria.

China ha criticado abiertamente a Estados Unidos. No sólo por la piratería desplegada sino también porque “en medio de la pandemia, algunos políticos estadounidenses se comportan en forma inmoral e inhumana, al no poner la vida y la salud de las personas por encima de la política” sostuvo Hua Chunying, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China. Esto, en función de refutar una serie de informes de inteligencia estadounidense, donde se asegura que Beijing ha desinformado sobre los casos del Covid-19 y las estadísticas. El gobierno chino expresó su indignación y Hua Chinying expresó que “ni la calumnia ni las manchas ni el desvío de la culpa hacia los demás pueden compensar el tiempo perdido. En cambio, redundará en más tiempo y vidas perdidas. El pueblo chino simpatiza con el pueblo estadounidense por el dolor que está sufriendo ahora pero, la politización de los problemas de salud pública debe ser denunciada por las personas de todo el mundo, incluido los propios estadounidenses y exigirles a sus políticos ajustar su dirección y prioridades de trabajo, concentrándose en salvar vidas.

Traigo a colación las palabras de Sayed Ali Jamenei, que hago propias, pues interpretan este sentimiento, que me acompaña respecto al Covid-19 con relación a que esta humanidad sufre de injusticia, divisiones de clase, inequidad, abusos de las potencias mundiales. Donde el coronavirus es un gran problema para nuestras sociedades, pero sigue siendo un problema pequeño en comparación con otras muchas dificultades que hemos vivido y por las cuales hemos transitado con sangre, dolor y lágrimas. Conflictos que nos han aquejado, que nos afectan y lo seguirán haciendo mientras no seamos capaces de cambiar drásticamente la manera en que hasta ahora nos hemos comportado: guerras, invasiones, agresiones, ocupación de territorios, desplazamiento de personas por millones (65 millones de refugiados contabilizados el año 2019). Racismo, sometimiento de pueblos, inequidad económica, la apropiación de la riqueza de todos en manos de unos pocos.

La muerte se ha tenido que hacer presente por miles, en las potencias occidentales, para que se den cuenta en la fragilidad en la que viven, aunque el 75% de la humanidad vive en esa inestabilidad, pobreza, esa cuerda delgada, desde siempre, sea en África, Asia y Latinoamérica. La cultura y la civilización donde el capitalismo se enseñorea ha mostrado su verdadera cara: escasa cooperación, falta de solidaridad, robos, usurpación, amenazas de cortar fondos a organismos internacionales, esconder las verdaderas cifras de la hecatombe, piratería, usurpación, la fuerza del más poderoso contra el pequeño, soberbia, matonaje.

El capitalismo ha mostrado su verdadera cara, mediante los saqueos, aumento de precios, acaparamiento de alcohol gel, alimentos, la falta de conciencia social, comprar armas para defenderse del otro. Pensar incluso en a quién se salva, al joven o el viejo en una disyuntiva éticamente reprobable porque lo allí se discute en verdad, es la viabilidad económica del ser humano, si podrá producir o es simplemente una carga. El dividir a la población entre los viables y los que llegan al fin del camino, pobres, con jubilaciones miserables. O una población carenciada sujeta a los vaivenes del mercado, sometidos a la decisión de gobiernos que deben apelar a la “bondad” del empresariado más poderoso, para ver si el ciudadano tendrá algún apoyo económico. Una sociedad vergonzosa que posee cientos de miles de millones de dólares de sus cotizantes previsionales, pero no pueden hacer uso de ellos.

La pandemia del Covid-19 ha mostrado la cara de un mundo que grita “sálvese el que pueda” individualmente y si tiene ahorros mejor, sino los tiene las migajas caerán para que el engranaje productivo siga funcionado. La piratería del siglo XXI se expresa robando mascarillas, ventiladores mecánicos, kits de detección del virus. Esta pandemia nos obliga a combatir el virus decididamente pero también cambiar las bases de este político, económico y social que ya no da el ancho. La inmoralidad, la inhumanidad no puede seguir marcando nuestro rumbo. Estamos obligados a repensar el mundo que se nos viene y una de las tareas es tirar por la borda a todo pirata que pretenda aprovecharse de esta pandemia.


* Periodista y escritor chileno. Analista internacional, Master en Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en temas principalmente de Latinoamérica, Oriente Medio y el Magreb. Es colaborador de varias cadenas de noticias internacionales. Creador de revista digital www.politicaycultura.cl
La palabra empeñada

La palabra empeñada

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

Por Maia Cubric*

“Me sentía frío, ridículo, cumpliendo mi misión de periodista. ¡Qué hacía yo ahí, con la lapicera en la mano, en lugar de estar apretando el gatillo de una ametralladora!”

Jorge Ricardo Masetti

Jorge Ricardo Masetti nació el 31 de mayo de 1929 en Avellaneda. Fue periodista, escritor, revolucionario, Comandante del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP) en la Argentina y fundador de Prensa Latina, el primer proyecto comunicacional latinoamericano que problematizó y disputó con el monopolio comunicacional.

En 1958, Masetti trabajaba para Radio El Mundo, cuando decidió viajar a Cuba para ver con sus propios ojos esa revolución que se estaba gestando y de la que tanto se hablaba. Así lo expresó en el prólogo de Los que luchan y los que lloran, obra que Rodolfo Walsh describió como “la mayor hazaña individual del periodismo argentino”:“La única forma de saberlo, de despejar los interrogantes que siempre dejaban abiertos los cables de las agencias noticiosas, de conocer si realmente la causa del Movimiento 26 de Julio merecía la adhesión de quienes querían la libertad de Latinoamérica, era ir hasta Fidel Castro y plantearle claramente las preguntas que nos hacíamos aquí”. Motivado por su compromiso con la verdad, llegó a La Habana con pocos contactos, pero con la convicción de encontrar a Fidel.

El reportaje se escondía entre las montañas de una Cuba enardecida y Masetti caminó las sierras durante meses para encontrar a Fidel. En el trascurso fue tomando la forma de un revolucionario, porque no podía ignorar las injusticias. Se internó en Sierra Maestra, sabiendo que solo allí encontraría la revolución. Vivió ráfagas de tiros que bajaban desde los aviones enviados por la dictadura de Fulgencio Batista, conoció campesinos y empezó a comprender, cada vez más, la realidad cubana: la miseria, la pobreza, la violencia, la represión con la que el imperio pretendía instalarse en la isla. Y también, la resistencia, la fuerza y la lucha de un pueblo harto, que estaba dispuesto a dejar su vida por la causa.

Los niveles de violencia, los asesinatos que imponía el régimen militar y el innegable compromiso con la realidad del periodista argentino encontraron en la revolución por la liberación de los pueblos, la respuesta a siglos de opresión. Masetti entendió, en ese trayecto, que la respuesta era necesariamente práctica: “¡Qué hacía yo ahí, con la lapicera en la mano, en lugar de estar apretando el gatillo de una ametralladora!”,pensaba mientras escribía desde un hospital levantado por el Ejército Rebelde para les herides por las metrallas de Batista.

Hizo su recorrido, pieza histórica necesaria e indispensable en la lectura, y entrevistó al Comandante Che Guevara y al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Una vez obtenido el material, luego de meses en Sierra Maestra, se encaminó hacia la capital de Cuba, pero en el camino se enteró que dicha entrevista no había llegado “bien” a Buenos Aires. Y ahí, su compromiso con la palabra y su acto heroico en busca de la verdad, volvió a cobrar sentido porque decidió, pese a todo lo vivido, volver a internarse en las sierras para conseguir nuevamente las palabras de quienes lideraban la revolución junto al pueblo.

En su vuelta a la selva, el peligro era cada vez más visible y constante. Masetti entiende la importancia que la posible revolución generaba en el mundo político mundial y desde allí la extrema violencia con la que la dictadura avanzaba. Cada vez corría más riesgos su vida, porque cualquier persona afín, o con intención de indagar un poco más en los movimientos revolucionarios, era asesinada. La dictadura de Batista censuraba cualquier modo y medio de expresión que no fuese el de las grandes empresas. Y un periodista con el compromiso de Masetti representaba todo lo opuesto, porque como expresaba: “no se puede ser imparcial entre el bien y el mal”.

Cuando Guevara lo vio, nuevamente en la Sierra, y luego de saber que la entrevista no había llegado a destino, comprendió que Jorge Ricardo Masetti no era un simple periodista. En ese campamento, hablaron de la revolución, de cambiar el sistema del mundo, de la liberación. Masetti logró entrevistar, por segunda vez, a los mártires revolucionarios y terminó de conocer, y sentir, profundamente la realidad cubana. A esta altura de los hechos, Cuba ya era parte de su carne, como lo era el compromiso por luchar contra las injusticias en cualquier lugar del mundo.

El Masetti que volvió a la Argentina ya no era el mismo que el que se había ido. El 16 de junio de 1959, funda en Cuba, Prensa Latina, un proyecto de Ernesto Guevara para dar batalla a la hegemonía mundial en el campo de la comunicación. En 1961, junto a Rodolfo Walsh, logró descifrar los mensajes secretos norteamericanos y descubrió la contraofensiva que preparaba el imperio con la idea de invadir nuevamente la isla, y desembarcar en Playa Girón. Masetti no solo puso al descubierto la carta secreta yanqui, sino que también tomó el fusil para combatir convencido y defender las tierras revolucionarias cubanas. En octubre de ese año, participó de una misión en Argel, África-la primera misión internacionalista cubana-, donde también entrevistó al Frente de Liberación Nacional argelino.

Siendo su único objetivo de vida la liberación de los pueblos, Masetti se unió al Che Guevara en la construcción de un foco guerrillero en el sur del continente. Creó el Ejército Guerrillero del Pueblo y fue apodado Comandante Segundo. El 21 de junio de 1963, con treinta compañeros, ingresaron a la Argentina cruzando desde el límite fronterizo de Tarija, hacia Orán. Pasaron meses en la selva y luego de resistir una emboscada del ataque armado, Masetti decide volver a la base de Bolivia. La historia no acabó allí: el Comandante Segundo volvió a Salta entre el 21 y el 24 de septiembre de ese año, junto a otros diez compañeros, pero esta vez ingresaron divididos en dos grupos a la selva norteña.

El 18 de abril una patrulla de gendarmes encontró a los guerrilleros en la zona de El Bananal y comenzó un tiroteo que terminó con la vida de gendarmes y guerrilleros. Masetti logró escapar y se escondió en la selva. La última vez que fue visto por sus compañeros fue el 21 de abril de 1964. Todavía la familia pide por su cuerpo.

“Que su nombre siga casi tan ignorado en su país como el pedazo de selva que esconde sus huesos era previsible para Jorge Masetti. Periodista, sabía cómo se construyen renombres y se tejen olvidos. Guerrillero, pudo presumir que si era derrotado el enemigo sería el dueño momentáneo de su historia […] Masetti no aparece nunca. Se ha disuelto en la selva, en la lluvia, en el tiempo. En algún lugar desconocido el cadáver del comandante Segundo empuña un fusil herrumbrado”,escribió Rodolfo Walsh en su recuerdo.

A 56 años de su desaparición forzada, Masetti sigue vivo en su ejemplo. El periodista comprometido, que se hace carne en la lucha y que cuando el momento histórico lo demanda deja su vida por eso, es una de las tantas enseñanzas que supo plasmar. La palabra empeñada. La lucha por defender el ideal antiimperialista. La lapicera y el fusil. Son solo algunas insignias de las huellas que dejó Masetti y que nunca se van a borrar. Porque, como bien expresaba: “Ningún revolucionario termina, sin prolongarse en su lucha y en su ejemplo. Su grito jamás se apaga, sin que encuentre el eco de mil gargantas jóvenes que lo renueven. Su sangre jamás se coagula, sin que la asimile la tierra por la cual la derramó.

Esa es su única, íntima y reconfortable recompensa”.


* Periodista, conductora del programa La Marea (Radio Futura - FM 90.5), columnista del programa No Se Mancha (Radio Estación Sur – FM 91.7), colaboradora de Revista Trinchera y de Agencia Timón.
Julie Callahan: “La pandemia ha sobrecargado al sistema sanitario y ha expuesto su incapacidad para atender a las personas que lo necesiten”

Julie Callahan: “La pandemia ha sobrecargado al sistema sanitario y ha expuesto su incapacidad para atender a las personas que lo necesiten”

TIEMPO DE LECTURA: 17 min.

Revista Trinchera dialogó con la activista en derechos humanos y animales estadounidense, Julie Callahan, quien analizó la forma en que el gobierno de Donald Trump está enfrentando la pandemia del COVID-19.


¿Cuál era la situación general del país previa a la aparición de la pandemia?

La economía de los Estados Unidos está impulsada principalmente por el consumo interno y las políticas económicas neoliberales. Tiene impuestos más bajos y un sector financiero más grande que algunos otros países que mantienen más un estado de bienestar para compensar las conmociones económicas que pueden ocurrir debido a problemas comerciales. Estados Unidos depende de los salarios para impulsar el crecimiento y prácticamente no tiene reservas para compensar los efectos de las crisis económicas. El modelo de crecimiento funciona bien siempre que haya un bajo desempleo, se ganen y gasten los salarios, y los consumidores y las empresas reciclen el crédito para cubrir la diferencia entre salarios y costos.

Dado que el poder adquisitivo de los salarios en los Estados Unidos ha disminuido con el tiempo, las personas se han visto obligadas a gastar más de sus ingresos en pagos de tarjetas de crédito, préstamos estudiantiles y gastos médicos. Cuando hay un shock en la economía y los ingresos de las personas se reducen considerablemente, como durante esta pandemia, no hay fondos de respaldo para compensar sus deudas.

Como parte clave del modelo de crecimiento de EE.UU., se rescatará a los sistemas financieros para mantener el flujo de crédito y que la economía absorba el impacto a través de mecanismos como el desempleo, la reducción de salarios y las políticas de austeridad. Se supone que los precios y los salarios se ajustarán rápidamente, el capital se reasignará y el crecimiento volverá sin la necesidad de intervención estatal. Sin embargo, la pandemia de coronavirus ha creado un shock que no es normal y los mecanismos habituales para el shock económico son de poca utilidad. Rescatar el capital y esperar que la mano de obra se ajuste a través de recortes salariales y desempleo es simplemente imposible dado el alcance del cese de actividades. El modelo de crecimiento de EE.UU. sin gastos de asistencia social está diseñado de tal manera que si se apaga, crea un daño extremo para sí mismo.

Otro factor clave en el estado actual de desorden en los Estados Unidos es el sistema de atención médica existente. Es un sistema predominantemente atado al empleo. Si las personas están desempleadas, es posible que no tengan acceso o no puedan pagar la atención médica debido a la falta de seguro médico. También hace que sea más difícil para las personas cambiar de trabajo por temor a perder sus beneficios de salud. Antes de la pandemia, se estimaba que aproximadamente 28 a 30 millones de personas no tenían seguro y que al menos 40 millones de personas tenían seguro médico insuficiente. Esta situación, por supuesto, afecta principalmente a las personas más pobres, los trabajadores agrícolas y los inmigrantes indocumentados en el país. En Estados Unidos se paga cierta cantidad de dinero por una póliza de seguro médico, que suelen ser muy caras, y cada gasto sanitario (consultas e insumos médicos) se va descontando de ese monto total. Por eso, incluso para aquellas personas que pueden costear un seguro médico, este mecanismo hace que las personas eviten ver a un médico a pesar de que puedan necesitarlo o reducen la cantidad de medicamentos recetados que toman para que a póliza dure más.

La atención médica en los Estados Unidos es un sistema privatizado con fines de lucro que está completamente mal equipado y no está preparado para cualquier tipo de emergencia de salud a nivel nacional, y mucho menos para la pandemia que estamos experimentando actualmente. Sin embargo, deberíamos haber estado preparados para esta crisis porque ha habido advertencias durante años de este mismo escenario. Obama sabía de la posible pandemia cuando era presidente, sin embargo, ni él ni Trump tomaron medidas para prepararse para ella. Durante los últimos tres años, los Estados Unidos se han distraído con las absurdas tonterías de Russiagate, Ukrainegate y la farsa de un juicio político. En lugar de prestar atención a las advertencias de los científicos y profesionales médicos, el gobierno los ignoró, no porque no hubiera evidencia científica de que pudiera ocurrir una pandemia, sino porque ha habido una falta de voluntad por parte de los líderes del país.

La pobreza existente en los Estados Unidos es otro problema crítico que ha sido expuesto por el virus. Muchas personas han estado viviendo de cheque en cheque sin ahorros o red de seguridad para ayudarlos en este momento de crisis. Un informe que fue generado en 2020 por The State of America’s Children afirmó que uno de cada seis niños en el país -casi 11.9 millones de niños-, viven en la pobreza, lo que los convierte en el grupo de edad más pobre de los EE.UU. “Casi el 73 por ciento de esos niños son niños afroamericanos. La tasa de pobreza infantil (16 por ciento) es casi una vez y media más alta que la de los adultos de 18 a 64 años (11 por ciento) y dos veces mayor que la de los adultos de 65 años o más (10 por ciento).” Los niños que viven en la pobreza tienen menos probabilidades de tener un seguro médico y atención médica adecuados.

Además de un modelo de crecimiento desmoronado, un sistema de salud deteriorado y una pobreza cada vez mayor, especialmente para los niños, Estados Unidos tiene una población de aproximadamente 330 millones de personas, donde cerca de 270 millones poseen armas cortas, y existen 80 millones de trabajadores (que cobran por hora y trabajan en la informalidad) que no reciben licencia por enfermedad en este contexto de pandemia. Todo esto se suma a desafíos únicos que muy pocos países enfrentan.

Europa Press – 27/02/2020

¿Cómo caracterizarías la actitud del gobierno nacional para enfrentar al COVID-19?

Inicialmente, el gobierno de Trump se mostró poco serio ante cualquier peligro de la pandemia y tardó en actuar. Trump realmente ridiculizó a China cuando comenzaron sus medidas sistemáticas para abordar la pandemia. En ese momento, Trump declaró que las preocupaciones sobre el virus eran un “engaño”. El gobierno esperó casi dos meses desde la primera notificación sobre los casos de coronavirus en China antes de tomar medidas en los Estados Unidos. El 22 de enero, cuando se le preguntó acerca de un individuo en Seattle que había dado positivo por coronavirus, Trump declaró: “Es una persona que viene de China y lo tenemos bajo control. Va a estar bien”. Al momento de escribir este artículo, hay más de 805,000 casos de COVID-19 en los Estados Unidos y casi 45,000 muertes.

Aunque la administración de Trump había sido notificada sobre la pandemia que tuvo lugar en China a fines de diciembre, no se tomaron medidas clave para preparar a la nación. No habló con los ciudadanos sobre la pandemia hasta el 26 de febrero. Los equipos médicos que salvan vidas, como respiradores, no fueron almacenados. Los datos vitales de salud pública de China no fueron utilizados por el gobierno de los Estados Unidos. Las advertencias urgentes fueron ignoradas por Trump, que tenía la intención de proteger su próspera economía, aquella que considera fundamental para sus posibilidades de reelección en 2020. Él y su administración han estado poniéndose al día desde entonces. El Dr. Anthony Fauci, el principal experto en enfermedades infecciosas del gobierno, recibió una alerta sobre el virus al mismo tiempo que Trump y solo en el plazo de dos semanas comentó que podría provocar una catástrofe global.

El 1 de febrero, la administración Trump prohibió la entrada a los Estados Unidos de ciudadanos extranjeros que habían viajado a China en los últimos 14 días, excluyendo a los familiares inmediatos de ciudadanos estadounidenses o residentes permanentes. A pesar de la prohibición, casi 40,000 personas han llegado a los Estados Unidos en vuelos directos desde China desde esa fecha, según un análisis realizado por The New York Times. A mediados de marzo, Trump declaró que la distancia social podría ser levantada en Semana Santa, aunque luego se retractó e instó a las personas en los Estados Unidos a quedarse en casa hasta al menos el 30 de abril. Agregó que sería una “buena” noticia si solo 100,000 a 200,000 personas mueren en los Estados Unidos.

Ha habido cantidades insuficientes de equipo de protección personal (EPP) como máscaras y guantes, así como cantidades inadecuadas de kits para testeos, ventiladores e incluso camas de hospital para abordar la pandemia. Debido a las políticas económicas neoliberales, un sistema de atención médica con fines de lucro y hospitales privados, el sistema médico ya estaba funcionando al máximo nivel. La pandemia ha sobrecargado ese sistema y expuesto su incapacidad para atender a las personas aún en las mejores situaciones, pero aún más durante esta crisis.

Inmediatamente después de que Trump prohibió viajar desde Europa a los Estados Unidos el 12 de marzo, el mercado de valores cayó casi un 8 por ciento. Una de las primeras acciones tomadas por el gobierno casi de manera instantánea fue inyectar $ 1,5 billones de dólares en los mercados financieros.

El plan económico más amplio para proporcionar “alivio” al país es a través de la Ley CARES, aprobada recientemente y por unanimidad por los legisladores demócratas y republicanos para compensar los problemas económicos que se han producido debido a COVID-19. The Joint Committee on Taxation (el Comité Conjunto de Impuestos) realizó un análisis en el que se descubrió que el 80% del beneficio del proyecto de ley se destinó a solo 43.000 contribuyentes que ganan más de $ 1 millón de dólares al año cada uno. La exención de impuestos promedio para esas 43.000 personas fue de $ 1,6 millones de dólares, mientras que todos los demás recibieron un pago único de $ 1.200 dólares en el mejor de los casos, sin contar que el proceso para hacerse de este dinero es burocrático e incluso imposible para muchos habitantes.

A medida que aumentan la cantidad de casos confirmados y las muertes resultantes del coronavirus, el gobierno acusa a China de no notificar lo suficientemente pronto sobre el virus. Trump y otros afirman que China le debe dinero a Estados Unidos por los daños causados ​​por el virus.

La administración Trump ha aprovechado la crisis del coronavirus para aumentar la presión contra aquellos países que no obedecen los designios de Washington voluntariamente. Ha aumentado las sanciones contra Venezuela, Cuba e Irán y Trump ha seguido intentando expulsar a Maduro del gobierno. Recientemente, Mike Pompeo, Secretario de Estado de Estados Unidos afirmó que Maduro está involucrado en el tráfico de drogas y el gobierno de los Estados Unidos, de la mano de su Departamento de Justicia, colocó una recompensa de $15 millones de dólares por la cabeza de Maduro.

Aunque no está claro a dónde se ha ido todo, el gobierno federal de EE.UU. ha robado suministros de EPP y equipos médicos que se dirigían a otros países, e incluso robó suministros de sus propios estados sin notificarles.

¿A qué atribuye la actitud adoptada por el gobierno?

Inicialmente, parecía que Trump no creía que el brote de coronavirus en China fuera más grave que la gripe estacional. Él mismo lo declaró públicamente. Una vez que quedó claro que había cada vez más casos en los EE.UU. y que la gente moría por el virus, Trump comenzó a señalar con el dedo. Al principio, acusó a los hospitales en los Estados Unidos de “atesorar” suministros médicos, causando la escasez que muchos profesionales médicos y centros de salud han estado experimentando. Después de eso, Trump comenzó a culpar a varios gobernadores por la escasez: afirmó que algunos gobernadores estaban solicitando equipos médicos que no necesitaban.

Ahora, cada vez hay más culpa dirigida a China no solo por Trump, sino también por Joe Biden, el candidato demócrata a la presidencia. Trump ha estado atacando a China para desviar la culpa por su negligencia al abordar el coronavirus de manera expeditiva y efectiva. Recientemente, afirmó que China pudo haber comenzado el coronavirus deliberadamente. También ha atacado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) por favorecer a China y no abordar la pandemia adecuadamente. Para “castigar” a la OMS, Trump ha recortado los fondos estadounidenses a la organización que tiene un presupuesto de $4,8 mil millones de dólares.

Claramente, todo este señalar con el dedo y castigar es un intento de culpar a cualquiera más que a sí mismo por los Estados Unidos sufriendo el peor brote de COVID-19 del mundo hasta la fecha. Sin embargo, los propios fracasos de Trump en la pandemia están bien documentados. Su desdén, su desprecio por las opiniones de expertos y su obsesión por evitar que las malas noticias afecten al mercado de valores, empeoraron la crisis. Trump y su gabinete también afirmaron desde el principio que los demócratas y los medios estaban exagerando intencionalmente el virus para dañar la economía e impactar negativamente en sus posibilidades de reelección.

Donald Trump, Presidente de los EEUU

¿Qué efectividad considerás que tienen las medidas adoptadas?

Creo que las medidas adoptadas en los Estados Unidos son mixtas en cuanto a efectividad. Los estados individuales en el país han adoptado sus propias medidas diferentes. Por ejemplo, algunos han cerrado restaurantes y otros no. Algunas iglesias continúan celebrando servicios presenciales y otras no. En la parte de California, donde vivo, el gobierno local fue uno de los primeros en tomar acción, implementando medidas de resguardo de la población como cerrar escuelas y otros lugares públicos y limitar la cantidad de personas que podían congregarse en un mismo lugar. Sin embargo, otros estados fueron más lentos para actuar y en diferentes grados. Al momento de escribir este artículo, Trump está presionando para abrir negocios y ciertos estados, como Texas, están planeando relajar las medidas que tienen actualmente vigentes, a pesar de que el virus continúa escalando en el país.

Aunque el Congreso finalmente aprobó un paquete de estabilización económica de 2 billones de dólares, su negativa a cuidar a las personas por encima de las corporaciones y los mercados financieros demuestra las tensiones en el modelo de crecimiento de Estados Unidos. Como se mencionó anteriormente, Estados Unidos generalmente opta por proteger el capital y simplemente dejar que la mano de obra se ajuste a través del desempleo. Pero este instinto, para proteger a los más ricos del país y dejar que los trabajadores se vean afectados, demuestra el fracaso del modelo neoliberal.

Como oportunistas que son, Wall Street, Big Banks y las corporaciones más ricas del país utilizaron esta crisis para empujar a que el Congreso promulgue proyectos de ley que les brinden un “rescate”,y permitan que las empresas más pequeñas y los más pobres y vulnerables del país, sean los que paguen el golpe financiero. Por supuesto, estas corporaciones más ricas se aprovecharán de aquellas empresas más pequeñas que no pueden resistir financieramente el bloqueo y usarán sus fondos de rescate para engullir sus negocios en bancarrota a precios de ganga.

Claramente, el gobierno no quería establecer un bloqueo porque sabían que sería catastrófico para la economía, y esa es su principal preocupación. Finalmente alentaron las medidas de cuarentena únicamente por desesperación porque no estaban preparados para tomar ninguna otra medida. China demostró excelentes resultados al contener el virus y recuperar la economía. Sin embargo, más allá de limitar a las personas a sus hogares y el distanciamiento social, los servicios de salud chinos desplegaron máscaras, pruebas, localización de contactos y tratamientos que los EE.UU. no tenían disponibles. China también construyó dos nuevos hospitales dedicados al coronavirus. Estados Unidos aún tiene que implementar estas estrategias adicionales.

¿Cuál ha sido la actitud de la oposición en esta situación? ¿Actuaron con prudencia y colaborando a mejorar o aprovecharon para golpear al gobierno?

Hasta hace poco, la mayor oposición en el país ha sido de los dueños de negocios. Ha habido cierta resistencia por parte de las personas que no quieren seguir las medidas de resguardo y distanciamiento social. Sin embargo, en general, la gente ha cumplido. Sin embargo, eso puede estar cambiando: la semana pasada hubo algunas protestas contra las medidas de refugio en el lugar. Trump ha estado alimentando las protestas con tuits incendiarios como “Libérate Michigan” o “Libérate Minnesota”. No está claro cuántas personas participan realmente en las protestas odónde se originaron, sin embargo, Trump está explotando la frustración de las personas que están cansadas de las medidas de cuarentena y distanciamiento social, para alentarlas a protestar contra sus gobiernos locales.

¿Cómo repercutió este nuevo escenario en la economía nacional?

Como se mencionó anteriormente, esto ha sido un gran éxito para la economía y particularmente para las pequeñas empresas y para las personas más vulnerables del país. Una solución alternativa, presentada por el presidente estadounidense Donald Trump y con defensores en muchos estados, es simplemente “reiniciar la economía.” El costo directo de hacerlo, según un estudio realizado por el Imperial College de Londres, podría provocar la muerte de hasta 2,2 millones de personas. El vicegobernador de Texas, Dan Patrick, es uno de los defensores de este plan en un estado que pronto facilitará las medidas de bloqueo sugeridas en una entrevista reciente que las personas mayores necesitan morir para salvar la economía.

Si se levantan las medidas de cuarentena y distanciamiento social y se reinicia la economía como sugieren Trump y algunos de los gobernadores en los EE.UU., el riesgo de mayores tasas de infección o una segunda ola de infección podría cerrar efectivamente los mercados laborales. Esto no ayudará a impulsar la economía y, de hecho, podría retrasar la capacidad de recuperación de la economía. Poner la economía en espera durante seis meses podría destruir el modelo de crecimiento y lo que queda de la cohesión social del país. Sin embargo, ignorar las advertencias de los expertos médicos y reiniciar la economía antes de contener el virus podría causar muchas más muertes y daños mucho más graves y duraderos en la economía.

¿Cómo repercutió la pandemia en el día a día del pueblo?

La mayoría de las personas en el país han tenido que refugiarse en sus casas. Algunas personas han podido trabajar desde sus hogares y continúan ganando sus salarios regulares, sin embargo, muchas otras personas no pueden trabajar y han perdido sus trabajos, ya sea temporal o permanentemente. Hasta el 16 de abril, el Departamento de Trabajo informó que las solicitudes semanales de desempleo totalizaron 5.245 millones. El gobierno aprobó un cheque único de $ 1,200 para aquellas personas que ganan menos de $75,000 dólares anuales, sin embargo, al momento de escribir este artículo, muchas personas no han recibido esos cheques y en ciertas áreas, $1.200 dólares ni siquiera pagarán la mitad del alquiler de un mes, y mucho menos servicios públicos, alimentos y otras necesidades.

Varias industrias y negocios continúan operando al ser consideradas esenciales, como la atención médica, la policía, los carteros, los trabajadores del transporte público, los conductores de Uber y Lyft, los trabajadores agrícolas y otros. Amazon es una de esas compañías. Sin embargo, sus trabajadores han estado en huelga sienten que están trabajando en condiciones inseguras, que no están siendo abordadas por la gerencia y no se les está pagando ningún ingreso adicional por poner en riesgo su salud y posiblemente sus vidas para trabajar en una empresa que es propiedad del hombre más rico del mundo.

Las personas sin techo sufren cargas adicionales durante este tiempo porque los pocos servicios que tenían disponibles antes de la pandemia, ya no están. Están solos sin ningún lugar donde refugiarse. Los inmigrantes indocumentados también se encuentran en una situación desesperada porque no tienen seguro y no quieren pedir ayuda por temor a ser deportados.

En general, la pandemia de coronavirus ha cambiado las reglas de la sociedad, aisló a las personas en sus hogares, cerró las escuelas, devastó la economía y dejó a millones sin trabajo.

CNN – 02/04/2020

¿Qué rol están jugando las FFAA en esta particular situación?

Al momento de escribir este artículo, las Fuerzas Armadas han actuado poco en los Estados Unidos, sin embargo, algunos gobernadores han mencionado la posibilidad de usar la ley marcial “si fuera necesario”. Con las recientes protestas a las que asistieron personas armadas y alimentadas por Trump, ese escenario parece más posible.

¿Cuál es la actitud de los empresarios?

Como se mencionó anteriormente, algunos de los dueños de negocios están hablando en contra de las medidas de bloqueo y la interrupción del trabajo. Están ansiosos por que las empresas retomen sus actividades por razones obvias. No creo que entiendan los riesgos potenciales de levantar las restricciones en este momento y que a largo plazo, regresar a “negocios como de costumbre” antes de que el virus esté completamente contenido puede ser mucho más perjudicial para sus negocios que esperar.

Del mismo modo, ¿cómo están actuando los medios de comunicación?

Como es típico, los medios alternativos son la mejor fuente de noticias precisas y éticas. Los medios corporativos, como siempre, representan al gobierno, ya sea a la “izquierda” o la derecha. Los principales medios de comunicación rara vez informan sobre las crecientes sanciones contra Venezuela, Irán y Cuba o la recompensa que Trump recientemente puso por la cabeza de Maduro. Si discuten estos temas, siempre es desde el punto de vista de que este es un curso de acción necesario. Los medios corporativos tampoco han estado informando sobre los continuos bombardeos que la administración Trump ha estado llevando a cabo durante la crisis pandémica. El enfoque de los medios corporativos, en ambos extremos del espectro político, ahora se ha convertido en demonizar y culpar a China por la pandemia y el daño que ha causado a los Estados Unidos.

¿Cuáles crees que serían las medidas más urgentes que debería adoptar el gobierno en este contexto, entendiendo las particularidades del país?

Lo primero que se necesita es una inversión decisiva en salud pública para enfrentar el desafío de combatir el virus. Actualmente en los Estados Unidos estamos experimentando el dolor del aislamiento y el cierre de actividades sin una ruta para contener con éxito el virus. Sin embargo, China pudo reducir significativamente la tasa de transmisión mediante una combinación de distanciamiento social, pruebas, seguimiento de personas en contacto con el virus, aislamiento y tratamiento. Una vez que esas medidas se pusieron en práctica y se aplicaron estrictamente, se ganó la batalla contra la pandemia.

Corea del Sur, Singapur, Taiwán y Hong Kong también obtuvieron el control del virus al implementar y hacer cumplir estas cinco medidas. En los Estados Unidos, el gobernador de Massachusetts ha implementado recientemente un plan que incorpora pruebas estatales y rastreo personas en contacto con el virus. Esto estará relacionado con lo que se espera sea un sistema efectivo de cuarentena y tratamiento.

Aunque es un proceso tardío, otros países que han logrado suprimir COVID-19 han demostrado que el rastreo de de personas que han entrado en contacto con el virus es efectivo incluso en el pico de una epidemia. El seguimiento requiere testeos y aunque eso es difícil debido a la falta de kits de testeo o de instalaciones para procesar grandes cantidades de testeos, Massachusetts lidera el camino en la creación de métodos alternativos para pruebas y procesamiento.

Además de este procedimiento de 5 pasos, debe implementarse un sistema de soporte. Las personas necesitan apoyo para obtener alimentos, tener un teléfono disponible, transporte si es necesario, asistencia para sus familias, alguien para vigilar a las personas mayores que están enfermas. El gobierno tiene que proporcionar fondos suficientes para que las personas necesitadas puedan acceder a este sistema de apoyo lo más rápido posible.

La financiación de este procedimiento de 5 pasos y un mayor sistema de apoyo requerirá otra gran inyección de efectivo del gobierno, sin embargo, la eficacia potencial ha sido demostrada por otros países. Si continuamos el bloqueo como lo estamos haciendo sin implementar las otras medidas necesarias que han demostrado ayudar a detener con éxito la pandemia, el costo a largo plazo debido a una economía en quiebra por un período de tiempo imprevisto podría ser mucho peor.

El gobierno dejó caer 1,5 billones de dólares en un abrir y cerrar de ojos para impulsar los mercados financieros. Puede encontrar fácilmente el dinero para ayudar a cada estado individual a abordar el virus con el mismo tipo de plan que se ha utilizado con éxito en otros países. El gobierno debería usar algunos de los fondos del Pentágono destinados a la “guerra” para combatir el coronavirus aquí mismo en los Estados Unidos. Podríamos ayudar a librar la guerra en casa y, simultáneamente, poner fin al imperialismo estadounidense y las guerras de cambio de régimen en todo el mundo.

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