Eduardo Galeano, incansable salvador de la memoria colectiva

Ese fue Eduardo, escritor uruguayo, que escribiendo les dio vida a los hombres sin nombre.

Por Juan Francisco Blascone*

La historia oficial les dio la espalda porque ellos metieron el dedo en la llaga; la historia intentó desterrarlos de su tierra, de su patria, de nuestro mundo, pero olvidó que hay cosas que no se pueden olvidar. Y para eso nació Eduardo, para conocerlos, para nombrarlos, para contar de una forma particular lo que nadie se atrevió a contar. Porque el mundo no es la realidad que te venden, sino la mejor mentira que nos disponemos a comprar, que la historia oficial no es la historia real,solo es un buen cuento, aquel que queremos escuchar.

En su vida y por obligatoriedad del destino fue muchas cosas: dibujante, pintor, mensajero, obrero de fabrica, mecanógrafo y hasta cajero de banco.

Pero en su vida plena, la verdadera, la del amor a la vocación más que al oficio, decidió ser lo que nadie pudo ser: historiador desconfiado que desconfiando de una verdad absoluta tropezó con unas cuantas verdades; crítico ferviente de las injusticias de este mundo, fue la voz de los débiles e implacable con los injustos;  cuestionador nato que cuestionó hasta el hartazgo aquello que el hombre tomó como dado; admirador que admirando las cosas simples y bellas logró ser admirado; optimista exagerado, pues entendió que el mejor de los días no es el que ya pasó sino el que está por venir, el que aún no llegó; amigo de los justos ladrones, gran reivindicador de las mujeres olvidadas; perseguidor de perseguidores, inquisidor de torturadores; buscador de verdades: reivindicó a los preguntadores insaciables, a quienes no se conforman con el orden dado de antemano, buscó y preguntó, y encontró que las venas de nuestra tierra estaban abiertas; un contador de cuentos que sobrepasó el límite porque contando lo que nadie se atrevió a contar jamás, llenó de vida a aquellos que la vida decidió ignorar; fiel amigo de los amigos y crítico ferviente del machismo que América importó.

Decidió celebrar todo aquello que el colonialismo occidental condenó: celebró la indianidad  latinoamericana y su moderno sistema cultural; celebró a los despreciados dándoles un lugar, celebró a los invisibles dándole visibilidad; celebró la diversidad sexual y el divorcio porque el amor no es atadura ni humillación, es libertad, es elección; celebró a la mitad de la humanidad que intentaron invisibilizar y les agradeció rindiéndole un incesante homenaje en cada cuento que contó: niñas, jóvenes, madres, abuelas, de ayer, de hoy y de siempre; celebró a los anormales y a los locos, a aquellos que teniendo lo simple lo tienen todo; celebró a los desaparecidos que gracias a la lucha de sus madres lograron no desaparecer;celebró aquello que estaba prohibido celebrar, celebró el comunismo, celebró al Che, celebró lo prohibido; Celebró escribiendo el arte  de escribir, celebró narrando el arte de narrar, y celebró bailando “la música de las palabras”.

Pero también condenó, y decidió condenar todo lo que el colonialismo occidental quiso celebrar: condenó la discriminación racial y la masiva matanza de los negros africanos y americanos que antes de morir sufrieron como ganado; condenó al año 1492 y su misión civilizadora por hacer una América que nunca quiso ser lo que fue obligada a ser; condenó a los piratas de saco y corbata, a su ideología imperial y a sus miedos de comunicación; condenó dictaduras y a dictadores, al plan Cóndor y a sus creadores del norte; condenó a aquel que estigmatiza al prójimo por pertenecer a otra patria, por vestir distinto, por ser el paria, por pertenecer a las tierras“terroristas” de Asia, tierras enemigas del sentido común, tierras masacradas; condenó a todos aquellos que ocultan lo que pasa y transcurre, lo que sucede y sucedió, los que distorsionan la veracidad de la información, y por eso decidió hablar desde la realidad y se propuso dar cuenta de la verdad de la vida observando al mundo desde la óptica inversa, como quien mira “por el ojo de una cerradura”; condenó a los poderosos, a aquellos que teniendo mucho quieren tenerlo todo, a los Estados Unidos por su necesidad incesante de matar, doblegar y volver a matar a costa de todo, por perseguir el sueño imperial y reproducir el exterminio del mundo; y condenó a Dios, por querer ser único y no permitir otras religiones, un dios celoso de los mortales, propagador del miedo, cómplice de los malos hombres. Lo condenó por condenar la diversidad sexual e imponer la norma, la heterosexualidad obligatoria, por su indiferencia frente al pobre. Lo condenó por querer hacer de la mujer simple costilla yocultar su rol protagonista. Lo condenó por querer ser el creador, creerse superior, por no aparecer y salvarnos del dolor. Lo condenó por hacerse el sordo cuando más había que escuchar, por ser invisible cuando ahí tenía que estar.

Ese fue Eduardo, escritor uruguayo, que escribiendo les dio vida a los hombres sin nombre.

Ese fue Eduardo, el latinoamericano más humano de los escritores.


* Estudiante de Sociología (FaHCE - UNLP)

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

¡Quiero suscribirme!
1
Más rápido y fácil
Hola
Si querés que te incluyamos en nuestras listas de difusión de publicaciones y promoción de entrevistas en vivo, envianos un mensaje para suscribirte y te llegará toda nuestra información.
¡Sumate a la Comunidad Trinchera!