Ahí vienen las tripas a revolverse una vez más

Mucho se está diciendo en los diferentes medios de comunicación que cubren lo que sucede con la pandemia del Coronavirus (COVID-19). Algunes desde las implicancias locales, otres desde las consecuencias económicas a escala global, o de si es parte o no de una guerra bacteriológica. Lo cierto es que este tiempo de aislamiento y cuarentena dan lugar a reflexionar sobre el sistema, sobre las formas de organización y de cómo vivimos los seres humanos.

Por Nicolás Sampedro*

Mucho se está diciendo en los diferentes medios de comunicación que cubren lo que sucede con la pandemia del Coronavirus (COVID-19). Algunes desde las implicancias locales, otres desde las consecuencias económicas a escala global, o de si es parte o no de una guerra bacteriológica. Lo cierto es que este tiempo de aislamiento y cuarentena dan lugar a reflexionar sobre el sistema, sobre las formas de organización y de cómo vivimos los seres humanos.

La principal reflexión tiene que ver con el rol del Estado. En principio relacionado al rol de la sanidad pública a la hora de frenar o mitigar el contagio del virus que hoy aqueja a gran parte del mundo. Pero no es sólo el sistema público de salud, también se pone en debate el rol de policía o de control, cómo resuelve el Estado la situación económica de quienes se ganan el mango día a día para poder sobrevivir, entre un sinfín de temas que se podrían abrir.

Une podría preguntarse qué tienen en la cabeza les más de 20 mil argentines que se fueron del país luego de que Alberto Fernández comenzara a tomar medidas de aislamiento para evitar la propagación del virus. Muches de elles que ahora reclaman al gobierno argentino que gaste dinero en ir a buscarles porque las aerolíneas privadas suspendieron todos sus vuelos.

¿Qué pasa por la cabeza de quienes durante décadas se la pasaron hablando mal de la salud pública y tirando flores al sector privado y ahora exigen al gobierno que resuelva un problema que requiere de un sistema público fuerte para que el tránsito por esta situación sea lo menos traumático posible? ¿Algune se puso a pensar qué habría pasado con un gobierno de signo neoliberal al frente del Estado?

Si se observa el mapa global, los países más afectados (y que en la tendencia seguirán aumentando sus casos de contagio) son aquellos países que desarticularon y desfinanciaron sus sistemas públicos de salud y que actuaron tarde ante lo que China ya venía alertando.

De aquí se desprende la segunda reflexión, que tiene que ver con los medios de comunicación y los mensajes que se emiten diariamente y se reproducen en redes sociales. Si bien este virus puede ser una mutación natural, lo que muches comunicadores afirman como una verdad, es la reproducción de una mirada particular del problema.

Por ejemplo, no muches han citado las palabras de un importante funcionario de la cancillería China, quien afirmó que este virus es “de laboratorio” y que fue implantado por los EEUU en octubre pasado, momento en que en la ciudad de Wuhan (provincia de Hubei) fue sede de los Juegos Mundiales Militares.

Otro ejemplo concreto del manejo informativo y el rol de les comunicadores, responde al hecho de que cada vez que se menciona a China es para resaltar el supuesto carácter represivo del gobierno para con su pueblo. Pese a que parece haber frenado el contagio local del virus, pese a estar ofreciendo ayuda a otros países, siempre está presente el comentario despectivo de su gobierno.

Algo no muy lejano pasa con Cuba. Si algo demostró esta pandemia es que aquello que decía Fidel era verdad: “nosotros nunca realizaríamos ataques preventivos y sorpresivos contra ningún oscuro rincón del mundo, pero que en cambio nuestro país será capaz de enviar los médicos que se necesiten a los más oscuros rincones del mundo. Médicos y no bombas”.

En estas semanas Cuba no sólo envió médicos y expertos a China, sino que compartió con el país asiático el Interferón Alfa 2B, que parece haber colaborado en la recuperación de las zonas afectadas, algo que ahora realizarán en otros países por pedido de sus gobiernos. Una actitud bastante alejada a la adoptada por el paladín de la libertad occidental, EEUU: Trump ofreció más de mil millones de dólares a una empresa alemana que está investigando una posible vacuna para el Coronavirus: esta debía ser para uso exclusivo del país del norte de América.

Lo antes mencionado se da en un contexto del que muches parecen haberse olvidado. El Coronavirus parece haber acaparado todas las miradas. Temas como la Guerra Comercial, las sanciones unilaterales de EEUU a otros países, la reelección de Luis Almagro como Secretario General de la OEA, los asesinatos en Colombia, la guerra en Siria o Libia, la guerra de precios por los hidrocarburos entre Rusia y Arabia Saudí y la negativa del FMI de otorgar un financiamiento por 5 mil millones de dólares del Fondo de Emergencia del Instrumentos de Financiamiento Rápido (IFR) a Venezuela y a Irán (dos países enemistados con EEUU), quedaron fuera de agenda.

Lo cierto es que el mundo post pandemia no será el mismo. Por más que algune lo quiera, no debería ser el mismo. Debería generar un brote, pero de conciencia respecto de las implicancias de dejar librado al mercado temas tan trascendentes como la salud, como la economía y las formas de distribución de la riqueza, como los derechos a la vivienda y al trabajo digno, entre muchos otros que se podrían mencionar.

El enfriamiento de la economía mundial, las consecuencias sobre los pueblos en costos humanos, o quienes resuelvan antes y de mejor manera la situación, gestarán otro tipo de mundo. Quizás mejor, quizás peor. Ello dependerá de los pueblos y su capacidad creativa y reflexiva para exigir cambios profundos en un mundo que está al límite.

Esta crisis demuestra el agotamiento de una forma de reproducción de la vida que está matando al planeta y que algunes llaman Capitalismo, pero que en realidad debería llamarse Modernidad. El “sálvese quien pueda” impuesto durante décadas debe llegar a su fin si pretendemos que la especie humana y la naturaleza en su conjunto sigan teniendo un futuro de vida.

Quizás uno de los que mejor lo retrató es el cantante venezolano, Sandino Primera (hijo del mítico cantor de esa patria, Ali Primera), que en una de sus canciones sostiene que pa’ andar juntos “tendremos que superar las tristeza y los disgustos que este sistema nos provocará”.

Pa andar juntos (Sandino Primera)

* Periodista, conductor de Marcha de Gigantes (Radio UNLP - AM 1390), productor de Columna Vertebral (Radio Estación Sur - FM 91.7), columnista La Marea (Radio Futura – FM 90.5) y Mirada Crítica (Realpolitik), responsable de la sección Sindical de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

¡Quiero suscribirme!
1
Más rápido y fácil
Hola
Si querés que te incluyamos en nuestras listas de difusión de publicaciones y promoción de entrevistas en vivo, envianos un mensaje para suscribirte y te llegará toda nuestra información.
¡Sumate a la Comunidad Trinchera!