Cambiemos y la sana costumbre de ir más allá de los limites

Un golpe de estado, según el sentido común establecido sobre finales del SXX, es algo por lo menos, repudiable. Sin embargo, lo que pasó en Bolivia dejó en descubierto que ese sentido no formaba parte de un sentido instituido, sino que había una contra hegemonía que operaba en busca de una resignificación.

Por Nicolás De La Iglesia*

Un golpe de estado, según el sentido común establecido sobre finales del SXX, es algo por lo menos, repudiable. Sin embargo, lo que pasó en Bolivia dejó en descubierto que ese sentido no formaba parte de un sentido instituido, sino que había una contra hegemonía que operaba en busca de una resignificación. Y eso fue lo que sucedió, no sólo desde medios oficialistas sino también desde el gobierno nacional se desconoció y se evito hablar de “golpe de estado”, así, con todas las letras. En su lugar, buscaron eufemismos de todo tipo y color. La Nación, que históricamente dio cátedra de cómo desconocer golpes, tituló: “La democracia pierde atractivo en la región”.

Cuando promediaba el final del SXX, también terminaba, o por lo menos así lo consideraban distintos referentes de las Ciencias Sociales, la idea de que la violencia podía ser un medio para alcanzar objetivos en la política tradicional. Con la caída de la Unión Soviética y el derrumbe del muro de Berlín comenzaron a gestarse nuevos paradigmas dentro de la política tradicional. Los valores democráticos, después de las dictaduras más sangrientas, parecían tener cada vez más importancia.

Lo cierto es que hay ciertas discusiones que se pensaban zanjadas, sobre todo en este país, como que no se puede aceptar el derribo de un gobierno democráticamente electo a través de un golpe de estado. La actitud de la derecha Argentina, de ciertos funcionarios y medios oficialistas deja en claro que la discusión NO está terminada. Peor aún si se pone en cuestión la fuerte carga simbólica que conllevan estas acciones.

Ivanka, Gerardo y compañía

Si bien el gobernador de Jujuy Gerardo Morales negó contundentemente que haya existido colaboración de su gestión con los golpistas bolivianos, hay ciertos hechos que hacen dudar sobre la veracidad de sus declaraciones.

En primer lugar -y teniendo en cuenta que en política las coincidencias no existen- la visita a Jujuy de la hija y asesora del presidente de Estados Unidos, Ivanka Trump, a poco menos de un mes de que estalle el conflicto en Bolivia. Alguien podría suponer que nada tiene que ver una cosa con la otra y acusar de “conspiranoicos” a quienes esgrimen que el gobernador miente.

Una de las virtudes de la derecha Argentina -mejor dicho, de la derecha mundial- es endilgar constantemente a la izquierda cosas que sólo ellos ponen en práctica. Para poner un ejemplo a mitad de año Donald Trump decidió sacar a EEUU del pacto de proliferación nuclear con la excusa de que Rusia no lo estaba cumpliendo. Pero, pero, pero, tiempo después se descubrió a través de imágenes satelitales que los yanquis hacía rato que no cumplían con el tratado. Ese modus operandi también se emplea en Nuestra América.

Volviendo a la visita de la hija del twittero más picante de la web, lo llamativo es que varios analistas como Stella Calloni advirtieron cómo después del Plan Cóndor -a mediados de los años 80’- la secretaría de estado de los Estados Unidos optó por estrategias menos llamativas para intervenir en los asuntos de los estados del cono sur. Estas, tienen a las ONG’s como pantalla y uno de los ejemplos que señala la periodista  y que se fue desperdigando a cada país de la región es la NED (National Endowmentfor Democracy). Reconocida como la “cara social de la CIA”, según varios documentos fue participe activa del intento de golpe contra Evo Morales en el año 2008, hecho que le valió la expulsión del país vecino.

¿A qué viene este relato de la función injerencista de las ONG’s? Ivanka es representante de Women’s Global Development and Prosperity, W-GDP (Iniciativa para el Desarrollo y la Prosperidad Global de las Mujeres) una propuesta ideada desde la Casa Blanca. Ahora bien, vale aclarar que en el marco de su visita a Jujuy también estuvo acompañada por una delegación bastante nutrida. Entre ellos estaban: el Subsecretario de Estado, John Sullivan; el Jefe Interino de la Corporación Privada de Inversiones en el Extranjero (OPIC), David Bohigian; la Subsecretaria Interina de Asuntos del Hemisferio Occidental, Julie Chung y el Administrador de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), Mark Green.

Sobre este último personaje y la agencia que representa, hay que decir que esa misma organización estuvo detrás de distintos movimientos en contra del presidente depuesto Evo Morales. Se descubrió que en 2011 -y está documentado- financiaron levantamientos de sectores indígenas que luchaban por el medio ambiente. Los líderes de estos grupos de choque llamaban hasta doce ¡Sí, doce! veces por día a la embajada norteamericana.

Volvamos a Jujuy, el despliegue incluyó más de dos mil de agentes de inteligencia (2.500 para ser precisos) y tal vez lo más importante el desembolso de U$S 400 millones de ¿ayuda? para el gobernador. Lo llamativo es que al día siguiente un avión partió desde Jujuy hasta Santa Cruz de la Cierra con ¿ayuda? para socavar los incendios en la amazonia boliviana. Como se dijo antes, las coincidencias en la política no existen y acá son muchas.

Por último, hay que destacar que el gobierno nacional supo, por lo menos 48 hs antes, de que se produjera el golpe ya que Luis Fernando Camacho pidió un salvoconducto al cónsul argentino en Santa Cruz, Roberto Dupuy, en caso de que sus planes salieran mal. El funcionario le dijo que eso debía ser tratado con la embajada en La Paz e intento hacerlo desistir en sus planes. Muy distinto fue el accionar de Cambiemos que evito por todos los medios posibles llamar al golpe por su nombre. Este hecho trajo nuevos conflictos dentro de la coalición ya que los radicales, que lo último que les quedaba era no reconocer un golpe de estado, le hicieron honor a la “tradición” democrática.

No hay que pasar por alto la reacción de Cambiemos y de los medios hegemónicos, porque estamos ante la reivindicación del golpe de estado como herramienta. La carga simbólica que tiene este hecho es alarmante no sólo porque de justificar un golpe no se vuelve, sino porque no condenarlo los hace cómplices. Sus manos también estarán manchadas con la sangre de los y las bolivianas que murieron en manos de una nueva dictadura que desgarra, una vez más, las venas de Nuestra América.


*Periodista, columnista sobre Europa del programa Marcha de Gigantes (Radio UNLP - AM 1390) responsable de la sección de Política Nacional de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

¡Quiero suscribirme!
1
Más rápido y fácil
Hola
Si querés que te incluyamos en nuestras listas de difusión de publicaciones y promoción de entrevistas en vivo, envianos un mensaje para suscribirte y te llegará toda nuestra información.
¡Sumate a la Comunidad Trinchera!