F(ormatear) M(onitorear) I(ntervenir)

Desde su fundación hasta la actualidad, la construcción de narrativas mediáticas acerca del Fondo Monetario Internacional han buscado ubicarlo como un ente responsable, independiente y garantista de que las políticas económicas de los países mejoren la calidad de vida de les ciudadanes. La realidad demuestra sobradamente que no es ni busca ser eso que se le endilga desde la opinilogía mediática.

Por Nicolás Sampedro*

Desde su fundación hasta la actualidad, la construcción de narrativas mediáticas acerca del Fondo Monetario Internacional han buscado ubicarlo como un ente responsable, independiente y garantista de que las políticas económicas de los países mejoren la calidad de vida de les ciudadanes. La realidad demuestra sobradamente que no es ni busca ser eso que se le endilga desde la opinología mediática.


A raíz de la crisis económica y financiera en la que sumergió a la Argentina el gobierno de Cambiemos, encabezado por Mauricio Macri, los titulares periodísticos, los informativos radiales o los zócalos televisivos volvieron a hablar del FMI, del Riesgo País, o de la Deuda Externa[1]. Esto no quiere decir que antes de Don Gato y su pandilla no existiera endeudamiento externo o que la deuda por sí sola sea mala, el punto es cómo te endeudás, para qué, por cuánto tiempo, con quién y con qué fin.

No es intención de esta reflexión indagar o meterse de lleno en el análisis concreto de la deuda que contrajo Argentina en estos últimos 4 años de gestión cambiemita. Los hechos recientes (que aún persisten) en la hermana República del Ecuador, donde todo un pueblo salió a las calles a rechazar las medidas de ajuste y austeridad[2] que pretendía implementar Lenín Moreno -como parte de las condiciones del fondo para prestarle 4200 millones de dólares-, dan cuenta de que los planes del fondo son bastantes similares, por lo menos, para toda la región[3].

El papel intervencionista del Fondo Monetario Internacional, así como el de otras instituciones internacionales (como el Banco Mundial), es de larga data y se centra sólo en la intervención sobre políticas económicas internas de un país, sino intervenciones sobre la vida política de los países.

Lo primero a destacar es que estos organismos internacionales de crédito surgen en 1945 luego de que concluyera la segunda guerra mundial con los acuerdos de Bretton Woods. Estos nacieron bajo el pretexto de reconstruir una Europa completamente devastada por la guerra y para evitar que vuelva a suceder en el mundo una crisis global como la ocurrida en 1929. Nada de eso ocurrió si miramos la crisis desatada por las diferentes burbujas económicas y/o financieras como la ocurrida en 2008 en Wall Street.

Está claro que la finalidad política de estas instituciones desde un primer momento fue condicionar a occidente a los designios del dólar y de los EEUU, y debilitar la posición de la URSS. Luego de que cayera la Unión Soviética, lejos de cambiar de lógicas, el FMI y el BM siguieron operando para condicionar las políticas de gobiernos tanto de amigos como de enemigos.

El historiador, Dr. en Cs Política y portavoz de la Red Internacional del Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas, Eric Toussaint[4], señala que los organismos jugaron un papel clave en ese enfrentamiento con el bloque soviético, fundamentalmente a partir del alejamiento de la Rumania que conducía Nicolae Ceaucescu en 1980. El endeudamiento en tan sólo 2 años fue suficiente para que cuando estallara la crisis internacional (Crisis del Tequila de 1982) el Secretario General del Partido Comunista Rumano, implementara una política de austeridad agresiva para pagar rápidamente su deuda con el BM y librarse de los condicionamientos.

Rumania pagó rápidamente su deuda, como consecuencia el pueblo pasó hambre y miserias por un tiempo prolongado, lo que aumentó el descontento. Este hecho fue la cuña que metió occidente para derrocar a Ceauscescu culpándolo de todos los males del país, y después de un juicio express de 2 horas, un show mediático, él y su esposa fueron fusilados.

Como se puede apreciar el organismo tuvo un papel clave. De igual modo, Toussaint marca la injerencia del Banco Mundial y del FMI con otros procesos como las dictaduras en Chile (a Allende le negaron todos los préstamos que después de 1973 le otorgarían a Pinochett), en Brasil (A Goulart le negaban el dinero que luego le dieron a la dictadura que lo asesinó en 1964), o en Nicaragua (a la familia Somosa la ayudaron, a los sandinistas les cortaron el crédito y se lo volvieron a dar a Violeta Chamorro, apoyada por los EEUU en las elecciones de 1990). Lo mismo se podría decir de las monarquías del golfo o de los regímenes autoritarios que castigan al medio oriente o África.

El resultado siempre es el mismo por más que cambien los tiempos, porque las políticas son siempre las mismas: ajuste, recortes, cambio de políticas pública, liberalización de la economía, privatización de empresas públicas, reducción del Estado. En definitiva lo que siempre hicieron el FMI y el BM fue enfrentar a los gobiernos “enemigos” de los designios de EEUU y las potencias occidentales y condicionar más o menos salvajemente a los gobiernos “amigos” para que estén siempre amarrados del cuello[5].

En este sentido se puede observar lo relatado por el Magister en Desarrollo Económico, Federico Kucher, quien sostiene que el fondo ha pifiado sistemáticamente en las predicciones de crecimiento del PBI, el desempleo o la inflación de los países latinoamericanos. En el estudio publicado por CELAG, donde compara lo pronosticado con lo que verdaderamente sucedió, la información analizada revela que el “error” en promedio es de más de 23 puntos porcentuales[6] ¿Error o intencionalidad?

En otro estudio publicado por el portal el Dr. en Economía Aplicada, Guillermo Oglietti, señala analiza la proyección histórica del la deuda de los países de la región donde “gracias al impulso del FMI, la deuda pública externa latinoamericana pasó de representar porcentajes en torno al 15% del PIB, a principios de los ’70, hasta cerca del 50% antes de la crisis de la deuda en el 1982 (Crisis del Tequila). El salto en el nivel de la deuda fue formidable. En dólares corrientes, la deuda pública externa de Latinoamérica y el Caribe pasó de apenas 14 mil millones en 1970, a 126 mil millones en 1980, 314 mil millones en 1990, 394 mil millones en 2000, 474 mil millones en 2010 y 742 mil millones hasta 2015. La deuda regional se multiplicó 9 veces en la primera década de globalización, y por 53 veces desde 1970 hasta 2015[7].

Si bien el mundo cambia y ha cambiado permanentemente, podría afirmarse que los últimos años se empezaron a observar muestras de un hartazgo generalizado de los pueblos respecto de las políticas neoliberales. Se puede ver en Medio Oriente, se puede ver en África, se puede ver en el propio EEUU o en Europa, se puede ver aquí en Nuestra América.

El desprestigio de estos organismos, la aparición de nuevas instituciones financieras, el emergente de bloques regionales que ponen en cuestión la hegemonía norteamericana, ponen de manifiesto que esta nueva aparición del FMI en Nuestra América no tiene más fin que volver a condicionar a los gobiernos regionales. Sea cual sea el signo político, lo que buscan es condicionar las políticas de Estado, impedir que los pueblos puedan desarrollarse y cambiar las lógicas acumulación y producción. En definitiva, que esos gobiernos garanticen los derechos básicos de sus pueblos.

De aquí en adelante, fundamentalmente si se ganan las elecciones el 27 de octubre, y posteriormente asumen Alberto y Cristina Fernández, quedará pendiente la tarea de cómo resolver esta ecuación y cómo librarse de esos condicionamientos que seguramente buscará imponer el Fondo Monetario Internacional, para intentar impedir que la experiencia del Frente de Todos pueda ser un fato, una guía, para el resto de los países de la región.

Habrá que ver qué es lo que sucede, pero lo que está fuera de discusión es que estos debates, necesariamente, los esté debatiendo el pueblo en su conjunto. Porque la jaula, la prisión que impone el Fondo Monetario Internacional es realmente violenta.

El supuesto significado de la sigla FMI es Fondo Monetario Internacional, aunque podría afirmarse que en la práctica la “F” es de Formatear, la “M” es de Monitorear y la “I” es de Intervenir.


* Periodista, conductor de Marcha de Gigantes (Radio UNLP - AM 1390), productor de Columna Vertebral (Radio Estación Sur - FM 91.7), columnista La Marea (Radio Futura – FM 90.5) y Mirada Crítica (Realpolitik), responsable de la sección Sindical de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.

Bibliografía:
[1] http://www.motoreconomico.com.ar/economia-mundial/el-extrao-mundo-al-que-volvimos-cules-son-los-pases-deudores-del-fmi-en-la-actualidad
[2] https://www.youtube.com/watch?v=VNFi2RZ6sFg
[3] https://www.alainet.org/es/articulo/202658
[4] https://www.alainet.org/es/articulo/172870
[5] https://www.pagina12.com.ar/118988-las-condiciones-del-fmi
[6] https://www.celag.org/errores-proyecciones-fmi-para-america-latina/
[7] https://www.celag.org/deuda-latinoamericana-argentina-y-el-fmi/

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