Hablemos de impunidad

Por Pedro Jalid*

Ilustración de @ar_olivares

El pasado miércoles se desarrolló en el Hotel Sheraton de Retiro, en la ciudad de Buenos Aires, la IV reunión anual de la Asociación Empresaria Argentina, un encuentro que nuclea a los principales referentes empresariales del sector privado nacional. Estuvieron presentes algunos de los empresarios más importantes del país: Paolo Rocca (Techint), Carlos Blaquier (Ledesma), Martín Migoya (Globant), Hector Magnetto (Clarín), entre otres. Por supuesto, la responsabilidad de cerrar el evento estuvo en manos del presidente Mauricio Macri, recibido con tibios aplausos, y de su ministro de hacienda Hernán Lacunza.

Algunos nombres sonarán más conocidos que otros, sin embargo todes manejan fortunas con las cuales podrían vivir centenares de familias que día tras día, en este eterno invierno, hacen lo que pueden para no morirse de frío o de hambre. Muchos de ellos construyeron su fortuna, y las sostienen, a costa de saqueos, explotaciones y matanzas. Sin ir más lejos, Carlos Blaquier fue procesado por la justicia federal de Jujuy en 2012, como cómplice primario de los secuestros y asesinatos ocurridos en la “Noche del apagón”, uno de los hechos más trágicos de la historia argentina en la que más de 400 personas fueron secuestradas y 55 de ellas aun hoy continúan desaparecidas. En el año 2015, sin embargo, la “justicia” revocó el procesamiento por falta de méritos.

Otro de los nombres rimbombantes  fue el del empresario Alfredo Coto. Dueño de una de las cadenas de supermercados más importantes del país, atravesó un importante conflicto judicial hace poco más de un año cuando lo procesaron y embargaron a raíz de haber encontrado en una de sus sucursales un arsenal de guerra compuesto por 227 granadas, 41 proyectiles de gases, 27 armas de fuego y 2 de lanzamiento, 3.886 municiones, 14 chalecos antibala, 22 cascos tácticos sin número visible, un silenciador y 9 escudos antitumultos. Coto justificó esa cantidad de armas diciendo que pertenecían a fuerzas de seguridad y que las dejaban ahí para ser usadas ante posibles saqueos. Ayer, ante la pregunta de los periodistas, respondió  que quizás elles eran muy jóvenes y no recordaban lo ocurrido en la Argentina desde el año 2001 en adelante, haciendo referencia a los saqueos ocurridos producto de la terrible crisis económica que se sufría el país. “Ahora vendrán, y les diremos <vengan que acá estamos>”, añadió en una de las frases más repudiables y preocupantes que tuvo la entrevista.

Tanto a Coto como a Blaquier se les dictó falta de méritos y se les revocó sus procesamientos. Para la cámara de apelaciones, el supermercadista podría no conocer lo que ocurría en la sucursal. Distintas causas, distintas denuncias, pero siempre la misma impunidad.

No era ese tema, sin embargo, el objetivo central por el que distintes periodistas intentaron conversar con él, sino que Coto expresara alguna opinión sobre el reciente hecho ocurrido en uno de sus muchísimos supermercados: Vicente Ferrer, un hombre de setenta años que padecía de demencia senil, fue asesinado a golpes por dos custodios de una sucursal de San Telmo, tras haberse llevado sin pagar medio kilo de queso, un aceite y dos chocolates (ninguno de estos datos, ni su edad, ni su condición mental, ni aquello que se llevó, deberían ser importantes en esta noticia, ningún guardia de seguridad debería matar a nadie a patadas).

(Foto: Nicolás Aboaf)

Afortunadamente, Coto no esquivó el tema y respondió a las preguntas de los periodistas. Dijo, entre otras cosas, que nadie mató a nadie y mandó a los periodistas a que averigüen bien lo que pasó. «Ni sé lo que pasó, pero no creo que haya pasado algo así«. Los videos de las cámaras de seguridad del lugar y el testimonio de decenas de personas, dejan poco espacio para las dudas acerca de lo ocurrido ¿Sabrá Coto de la existencia de dichas pruebas? Ahora bien, las declaraciones del empresario no deberían sorprender a nadie ¿realmente se puede creer que Vicente Ferrer es «alguien» para un hombre como Alfredo Coto? ¿Realmente se puede pensar que la vida de este hombre vale en un país donde cien o doscientos hombres y mujeres (la mayoría hombres) se reparten todo lo que se produce sin siquiera trabajar un día de su vida?

«¿Vamos a ver todos los errores que pudimos cometer con 19 mil empleados y millones de personas que pueden pasar por ahí?”, se preguntó el empresario. Por supuesto que no Alfredo, quédese tranquilo. Al menos, no lo hará este poder judicial, el mismo que una y otra vez se ha encargado -y se encarga- de blindarlos ante cualquier delito en el que estén implicados. No importa la gravedad, no importan las pruebas, no importan las víctimas, ustedes nunca han tenido que dar explicaciones de nada, hasta ahora nunca se las han exigido. ¿Por qué vendrían a exigírselas ahora y encima por un viejo ladrón? “Nadie es perfecto, todos podemos cometer errores. Sin embargo, acá no hubo errores, por eso la justicia me eximió de la causa”, otra de las polémicas frases que Coto dejó en este diálogo, retomado por Alejandro Bercovich en su programa de radio Pasaron Cosas.

Para terminar la nota, Bercovich preguntó al empresario si estaba en condiciones de garantizar que lo ocurrido con Ferrer no vuelva a pasar. Como señaló el periodista, una salida elegante habría sido que la respuesta de Coto fuese que no volvería a pasar; no tenía por qué garantizarlo, pero al menos mostraría algo de respeto. “No sé lo que va a pasar” dijo el empresario.

Como se mencionó anteriormente, se trata de un hombre con cerca de 20 mil empleades, que ni siquiera mide las respuestas que da a la prensa para intentar evitar posibles conflictos, ya sean judiciales, políticos o sociales. No hay respuestas corporativas, no hay respuestas moderadas ni “políticamente correctas”: a estos empresarios, poco acostumbrades también a las preguntas del periodismo, les interesa muy poco medirse y ser prudentes. Y eso se llama impunidad.

La misma impunidad que le permite a Blaquier, seguir acumulando fortunas inmensas sin siquiera tener que explicar qué paso en la Noche del Apagón. Impunidad que hace más de cuarenta años le permite a Magnetto evitar dar explicaciones acerca de lo que ocurrió con Papel prensa, de qué manera él y su familia adquirieron la empresa, qué vínculos y relaciones tuvieron ambos con la última dictadura cívico-eclesiástico-militar. Impunidad que también le permite a Alfredo Coto ahorrarse explicaciones sobre la ridícula cantidad de armas que porta. Impunidad que le permite, en unos pocos minutos, negar la muerte de Vicente Ferrer, decir que ni siquiera sabe lo que pasó, y que no puede garantizar que no se repita.

La lucha por un país y un mundo más justos demanda que no se deje de repudiar la impunidad. Algún día, más temprano que tarde, la impunidad terminará y deberán dar explicaciones sobre sus fortunas pero sobre todo, sobre la vida de personas como Vicente Ferrer. Sólo así se podrá decir que todes somos iguales ante la ley. Sólo así se podrá decir que la justicia existe.


* Docente popular y estudiante de Letras de la FAHCE – UNLP

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