Feminización de la pobreza

Por Flor Luengo*


De la misma manera que Dios creó a Eva para dar placer a Adán,
el capital creo a la ama de casa para servir al trabajador
masculino, física, emocional y sexualmente.
Ellos dicen que es amor, nosotras que es
trabajo no remunerado […]
¿más sonrisas?, más dinero.

Federici. Salario contra el trabajo doméstico

La persecución y la violencia estructural del sistema capitalista -como sistema de esclavitud de los cuerpos-, hacia las mujeres (Segato 20141), tienen serias consecuencias que perjudican la vida cotidiana tanto de las mujeres como de la comunidad de la que forman parte. Aunque se esté en una coyuntura de debate feminista en amplios sectores de la sociedad argentina, hay ciertos patrones que históricamente se repiten respecto a la criminalización y persecución hacia las mujeres.

El caso de Milagro Sala en argentina, representa una de las formas de criminalizar a las mujeres en la era Cambiemos. Mujer, negra, colla y referenta política de la Organización Barrial Tupac Amaru, lo que está viviendo retrotrae a reflexionar acerca del proceso histórico de la “caza de brujas”, ocurrido en Abya Yala (esto es: América Latina y el Caribe). Durante la invasión y conquista europea, se llevó adelante la tristemente célebre “extirpación de idolatrías” para profundizar la colonización y el saqueo. Aquellas liderezas que ejercían el proceso de resistencia cultural y política de grandes movimientos de personas, eran denunciadas por alterar el orden social.

Como desde aquellos tiempos, las mujeres unidas y organizadas fueron y siguen siendo perseguidas: se las persigue laboral y socialmente.

En la última semana, el gobierno nacional de Mauricio Macri, ha dado claras muestras del lado más patriarcal de su administración con la decisión de ponerle fin a las jubilaciones de las amas de casa. El fin de la ley de moratoria previsional, conocida como la “ley de jubilación para las amas de casa”, significa la destrucción de la política económica con perspectiva de género que más años tiene en la Argentina. Se trata de un proyecto sancionado en 1995 que comenzó paulatinamente a implementarse en 2006, e implicaba que las mujeres que tenían 60 años y no llegaban a tener los 30 años de aportes -por cuestiones de informalidad laboral- pudieran comprar años con un sistema de planes de pago muy accesible. Con esta decisión política de concebir a la jubilación como un derecho, se acogieron a este régimen alrededor de 4 millones de personas en todo el país, según datos del ANSES.

La ley pretende ser tumbada el próximo 23 de julio por las decisiones políticas del paternalismo imperialista. En los hechos, según la colega Luciana Peker (2016), esto implica perjudicar la vida especialmente de las mujeres mayores que sufrieron la explotación laboral, la informalidad o que se dedicaron al cuidado de lxs hijxs y el hogar y se quedaron sin seguridad para la vejez. En Argentina, entre 2003 y 2016, casi 1.8 millones mujeres se jubilaron por moratoria previsional según lo establece la ley N° 24.476, las cuales se verán afectadas a partir de julio. Se trata de reconocer al trabajo más allá de los aportes o no, porque la persona que trabajó, independientemente de la regularidad, hizo un aporte a la sociedad con su trabajo.

Es la feminización de la pobreza. La inserción laboral de las mujeres es precaria y segmentada; con ausencia o baja cobertura de la seguridad social; muchas no disponen de ingresos propios y son quienes reciben los salarios más bajos. Por plasmar algunos datos, en Argentina existe un 65% de varones trabajando frente al 41% de mujeres que también lo hacen -más de 20 puntos de diferencia- según el “Informe Mujeres y Mercado de trabajo, Argentina”.

Si se piensa en mujeres jefas de hogar, ellas son el único sostén económico y además, compatibilizan el trabajo doméstico y remunerado con la responsabilidad sobre la crianza y el cuidado de niñxs. Si la mujer logra acceder al mercado laboral, la desigualdad vuelve a aparecer en la paridad salarial: las mujeres ganan un 27% menos que un hombre trabajando de lo mismo.

 Aun así, cuando se habla de feminización de la pobreza, se trata de una pobreza en sentido integral: económicamente, simbólicamente, con la pérdida de ciudadanía, entre otros factores.

Por más que encarcelen a las mujeres -como lo hicieron-; por más que las persigan, las hostiguen, o las manden a la hoguera -como lo hacen-, el movimiento de mujeres continua su lucha por la soberanía territorial, por sembrar relaciones de comunidad en la sociedad, por formar un nuevo pacto social que no se centre en las diferencias sino en el poder que significa entrelazar, políticamente, las historias comunes de les miembres de la sociedad.

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* Periodista, conductora del programa La Marea (Radio Futura FM 90.5), redactora de Revista Trinchera, editora del portal Luchelatinoamérica y colaboradora de Agencia Timón.

[1] Segato, R. (2014) Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres.

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