La literatura ve sus pesadillas de nuevo

Por Felipe Bertola*

La alfombra roja se lleno de barro.

Citó a Borges. – Son incorregibles.

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El verde pasto del patio de la Rural empezó a ser pisoteado por los tilingas, los fanáticos, los choriplaneros; en otro momento habrían hablado del subsuelo de la patria. Hasta aquí, esto ya era una aberración para los dueños de todo. Como las circunstancias y la suerte siempre se ponen de su lado, el cielo se cayó en un solo estruendo. Una lluvia violenta arremetió La Provincia de Buenos Aires.

Pero a diferencia de como muchos hubieran querido «El mal tiempo» no fue una lástima y el predio de la Capital explotó de gente.

Bajo unos pocos paraguas intentamos refugiarnos del potente aguacero, hasta que Cristina apareció en la pantalla para presentar su libro y la lluvia que azotaba fuertemente dejó de ser problema. No importaba, después de medio año volvía a hablar para su pueblo.

Cuando habla los sentimientos encontrados en el cuerpo son raros; venimos cagados a palos y es difícil andar levantando la cabeza, pero la coherencia y la esperanza comienza a nacer en los pies y va copando por todas partes. El cuerpo se convierte en una sopa, porque afuera llueve, hace frió, pero por dentro el corazón comienza a calentar todo.

El discurso fue corto, media hora. Posiblemente el tiempo pactado. Pero ese rato alcanzó para dibujar una sonrisa en la cara de todos, algo muy difícil en estos tiempos.

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Ya contentos, satisfechos, hasta saciados emprendimos la vuelta. Estábamos sucios, mojados, embarrados, alegres. Como si fuésemos realmente un rebaño de vacas entramos en la Feria del libro. A los gritos a los empujones, puteando; llenos de esperanza nos metimos en el corazón de la derecha. Si Echeverría viviera hubiese reinventado “El matadero”, para inmortalizar ahora a los sucios kirchneristas que iban a ver a su Rosas del siglo XXI.

La gente de los stand filmaba y no podía creer los cánticos populares, el nombre de Cristina a coro. La gente de saco se espantaba y la cara de Cortázar aparecía en ellos, como si Casa Tomada se repitiera hoy.

Les copamos la Rural y le vamos a volver a copar el país. Cuando lo hagamos realmente no van a poder volver a interferir en esta tierra. Tendrán que aguantarse y ver nuestra victoria, nuestra fiesta. Vivirán para siempre aquella pesadilla de Borges: La fiesta del monstruo, en el futuro argentino.

 

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* Periodista, columnista del programa No Se Mancha (Radio Estación Sur FM 91.7) y del programa Hijos de 30.000 (Radio Universidad Nacional de La Plata FM 107.5), redactor de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.

 

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