Centro América, víctima de la violencia

Por Melany De Juana*

 

Fuente Migrantes en el triangulo norte_cifras Amnistía Internacional
Fuente: Migrantes en el Tiangulo Norte – Cifras Amnistía Internacional

La violencia atraviesa de diferentes maneras a cada región del mundo, y Centro América no es la excepción. Guatemala, El Salvador y Honduras integran el Triángulo de la muerte, más conocido como Triángulo Norte, una zona que está envuelta por la inseguridad ligada fuertemente al narcotráfico que encontró, en estos países, un puente estratégico para facilitar que la droga circule entre Sudamérica y Estados Unidos.

El endurecimiento de la lucha contra la exportación de armas y sustancias ilegales que cada vez se acrecentaba más en México “obligó” a los traficantes a buscar otras rutas que conduzcan al país del norte en aquellas regiones que se encuentran más debilitadas por la violencia que producen las pandillas, los grupos de crimen organizado, las maras y los gobiernos neoliberales.

Procesos como el golpe de Estado en 2009 a Manuel Zelaya favorecieron el fortalecimiento de la violencia en Honduras, así como las políticas de derecha que llevan a cabo Juan Orlando Hernández, en dicho país, y Jimmy Morales en Guatemala.

En 2012 el Instituto de Análisis militar de Londres consideró al triángulo Norte una de las regiones más peligrosas del mundo, poniéndolo al mismo nivel de los países de medio oriente -Siria, Somalia e Irak- con la diferencia de que en estos existe un conflicto armado, pero con la coincidencia de que en ambos territorios penetran las garras de Estados Unidos.

Esa inseguridad es provocada por diferentes factores como la pobreza, la falta de oportunidades, el alto volumen de armas que circula en la región producto del mercado negro favorecido por la corrupción de las fuerzas armadas, y el surgimiento de las pandillas y de las maras.

Las maras son organizaciones transnacionales de corte criminal originadas en la década del 80’’ que se dedican al narcomenudeo, la extorsión, el secuestro de personas, el robo, el tráfico de armas y los asesinatos por encargo y que con el tiempo se establecieron principalmente en Honduras y El Salvador.

Entre las más conocidas se encuentran la Mara Salvatrucha y la Mara 18, que tienen sus orígenes en Estados Unidos. La primera se formó después de la Segunda Guerra Mundial, cuando mexicanos que habían migrado en busca de trabajo se unieron para resistir el racismo y la violencia que ejercían los ciudadanos estadounidenses contra ellos. La segunda fue creada treinta años depuse y la integraban centroamericanos que escapaban de la Guerra Civil en El Salvador.

En 1997 Estados Unidos endureció la ley migratoria y deportó a los centroamericanos que residían alli, entre ellos los que integraban los grupos organizados. La introducción forzada a sus países de origen generó que las maras se expandieron por toda Centro América y dio lugar a que las pandillas se instalen en la ciudad, los barrios y las zonas rurales e impongan su poder a través de la coerción.

La pobreza, la falta de oportunidades laborales y de acceso a los servicios básicos, sumado a la persecución policial favorecieron la expansión de las maras que están conformadas, principalmente por jóvenes que dejaron sus estudios y se encontraban en situaciones de vulnerabilidad.

Así mismo, en Centro América se pueden adquirir armas libremente, ya que, no hay control sobre la venta de las mismas. En Honduras el uso de estas es el causante del 78% de las muertes.

Pero la grave situación que se vive en la región también es consecuencia de la militarización impulsada bajo la excusa de combatir el crimen organizado, a partir de la cual países como Estados Unidos proveen a los gobiernos de armas, helicópteros y vehículos militares en el afán de combatir la inseguridad con más violencia. A su vez el escaso control a las fuerzas armadas favorece que la inseguridad no tenga fin.

Pese a que con el paso de los años las muertes fueron disminuyendo, las cifras aún siguen siendo preocupantes: en 2018 en Honduras fueron asesinadas 2774 personas, en Guatemala 3881 y en El Salvador 3340. El 70% de las muertes violentas fueron consecuencia del uso de armas.

La compleja situación del triángulo Norte es causante de la crisis humanitaria que obliga a los centroamericanos a huir de sus países de origen en busca de una mejor calidad de vida en Norteamérica. La salida de miles de ciudadanos que tuvo al mundo en vilo por ser una de las caravanas migrantes más grande de la historia es consecuencia de esa misma inseguridad: salieron encolumnados porque esa es la única forma de protegerse ante posibles agresiones.

Esa migración multitudinaria despertó el malestar del presidente Donald Trump, que lejos de brindar asilo, notificó a Guatemala, Honduras y El Salvador que les quitaría la ayuda humanitaria si no detienen a los ciudadanos que buscan refugio en Estados Unidos, demostrando una vez más su falta de humanidad.

Por último, es necesario que los gobiernos centroamericanos comprendan que la solución no es violencia por violencia sino políticas que atiendan aquellas cuestiones que favorecen la creación de los grupos armados como la pobreza, la exclusión social y la corrupción de la que, muchas veces, ellos forman parte.

Analista especializada en Centro América, redactora de Revista Trinchera y columnista del programa Marcha de Gigantes (AM1390) y colaboradora de Agencia Timón

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