Importancia de la política económica en la relación entre Argentina y el Reino Unido

Por Flore Luengo*

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Argentina reclama la soberanía de las islas Malvinas desde 1833, año en que Reino Unido ocupó el archipiélago ilegítimamente. El 2 de abril del año 1982 la dictadura cívico-militar (1976-1983) intentó recuperarlas por medio de una ocupación militar, la cual fue contraatacada por el Reino Unido apoyado por la OTAN y Estados Unidos. Una guerra de dos meses y medio de duración que culminó el 14 de junio con la derrota de Argentina. Esto es lo que se conoce popularmente, lo que se divulga desde el sentido común construido y socializado en la escuela y en el grueso de la sociedad ¿Qué esconde este relato?

Juego geopolítico

En principio, lo que sucede en este hecho político, económico y social que significa Malvinas, es que desde hace tiempo se sabe que existe un yacimiento de petróleo de escala mundial en la cuenca marítima Sea Lion, al norte de las islas, cuya soberanía reclama Argentina. La idea fundamental es convertir a la cuenca norte del archipiélago en una nueva provincia productora de hidrocarburos, ya que tiene potencial para ser una cuenca de 1.000 millones de barriles. Rockhopper es la empresa propietaria de más del 50 por ciento de dos yacimientos petrolíferos en el archipiélago, Sea Lion e Isobel Elaine, que fueron licitados para su explotación por el Gobierno británico.

Según las últimas estimaciones las dos cuencas contienen reservas por 747 millones barriles de petróleo y gas. Sea Lion posee más de la mitad de esas reservas, con casi 270 millones de barriles de bajo riesgo.

Respecto a los discursos políticos de la época, el gobierno de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), consideró ilegal la exploración y producción de hidrocarburos en las islas Malvinas y prometió sanciones contra las firmas que explotaran la zona. Para el actual ejecutivo encabezado por Mauricio Macri, este no es el tema central que tiene Argentina con Reino Unido, según señaló su ex-ministra de Relaciones Exteriores, Susana Malcorra. Luego de estos dichos, la empresa Rockhopper aumentó del 24 al 64 (+40%) por ciento su participación en estos yacimientos al fusionarse a finales de 2015 con la compañía Falkland Oil & Gas. En este contexto de “amistad”, en el año 2016 Reino Unido y Argentina alcanzan un acuerdo de cooperación para el levantamiento de las restricciones respecto a la industria del petróleo y el gas, el transporte y la pesca, que afectan a las disputadas Islas Malvinas.

Desde la asunción de Mauricio Macri en diciembre de 2015, las relaciones británico-argentinas experimentaron una distensión considerable. Lxs veteranxs del conflicto, al igual que el pueblo argentino, critican al presidente su poco compromiso con la recuperación de las islas. Algo que el mandatario niega. La realidad es que esta relación con el Reino Unido, es primordial en el esfuerzo del país por “reinsertarse en el mundo”, que es una de las prioridades de la política exterior del Gobierno de Cambiemos.

Otro punto de discusión son los beneficios que trae la industria pesquera y marítima: 150.000 millones de dólares es lo que obtuvo el Reino Unido gracias a la pesca en la zona desde la guerra, luego de los acuerdos firmados post conflicto. En los años 1989 y 1990, el presidente Carlos Menem le permitió a los británicos avanzar en la explotación de enormes recursos ictícolas y marítimos.

El colonialismo, como se ve, no ha terminado y no terminará con gobiernos que continúen concibiendo a la Argentina, o mejor dicho, a Nuestra América, como el patio trasero del Imperio. Estados Unidos e Inglaterra necesitaban una base en el Atlántico Sur y para eso provocaron un conflicto para luego instalarla, y allí se encuentra desde 1983. Con proyección a la Antártida y al continente Sudamericano.

Esta forma de hacer política tiene mucho de patriarcal, de colonialismo, de oprimidos y opresores. El debate a nivel global, en la década del 80, encontró al Norte queriendo reconquistar su posición hegemónica frente al mundo no desarrollado. Transitando un claro proceso recesivo en sus economías, Estados Unidos y el Reino Unido adoptaron políticas basadas en la reducción del gasto público y del papel del Estado, fortaleciendo el sector privado dirigido por las grandes empresas transnacionales. Las políticas neoliberales debilitaron a lxs trabajadorxs sindicalizadxs y sometieron al Sur a los dictados económicos y políticos del Norte.

Paralelamente iniciaron una fuerte campaña contra de la Unión Soviética. Los principales exponentes del neoliberalismo serían la primera ministra del Reino Unido, Margaret Thatcher (1979 -1990) y el presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan (1981 – 1989). El Sur y el Este se definieron como el enemigo al que veían como la fuerza a vencer para el desarrollo de la economía y el despliegue de la competitividad. Para lograr imponer su modelo económico, se valieron de herramientas políticas y económicas como el Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional.

Lo que la historia demuestra, es que siempre el monstruo de occidental ha encontrado aliadxs para saldar sus ansias, generando saqueos, desorientación y discordia entre quienes se les oponen. La reparación histórica será, entonces, encontrar los hilos de empatía que unen a los pueblos latinoamericanos, ofrecer peleas colectivas no desde el enfrentamiento bélico sino desde la batalla cultural, porque es desde la cultura (como síntesis colonizadora de pensamiento y consumo) que el Imperio traza su mapa de conquistas.

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* Periodista especializada en cuestiones de género e historia, columnista del programa La Marea (Radio Futura FM 90.5), redactora de Revista Trinchera, del portal Luchelatinoamérica y colaboradora de Agencia Timón.

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