Piovani: “Esta idea de descalificación del Estado, tiene que ver con un gran negocio”

Por Ana Valenzuela Zamora* y Franco Carignano**

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La decana de la Facultad de Pedagogía de la UMET, investigadora y docente universitaria, Verónica Piovani, compartió sus reflexiones sobre la situación de la educación pública durante los tres años de gestión del gobierno de #Cambiemos.

¿Cuáles han sido los puntos más afectados en la educación pública durante la gestión de la Alianza Cambiemos?

Cuando comenzó el desarrollo del programa de gobierno de Cambiemos hubo una gran desorientación para muchos y muchas docentes, porque buena parte del apoyo electoral de este proyecto, se encontraba -justamente- en el campo educativo. Los y las docentes los habían votado y encontraron cierto desconcierto hasta que pudieron, de alguna manera, interpretar progresivamente hacia dónde va el proyecto educativo,de hecho hay sectores que todavía no han logrado enhebrar los distintos elementos como para que haya una comprensión.

Una primera cuestión que me parece señalar es que ningún proyecto educativo, científico o cultural, va por fuera de un proyecto de país. Entonces cuando uno entiende cómo funciona el proyecto económico y social de la propuesta actual (de gobierno), entiende como se enhebra el proyecto científico, es decir el no proyecto científico; la subordinación,la idea de que la tecnología hay que comprarla afuera, que es un gasto innecesario y que no hay una idea de soberanía científica. El proyecto cultural, que está fuertemente ligado a un proyecto trasnacional y que tiene condimentos muy identificables. Y el proyecto educativo.

En este sentido se han visto -claramente- las decisiones que abonan a favor de un desfinanciamiento muy pronunciado de la educación pública, de un proceso de mercantilización –que habría que explicar qué quiere decir para el oyente común-, y un proceso de descalificación y desprestigio docente, no sólo del colectivo docente, sino también de los sindicatos. Hay una idea muy fuerte de desprestigiar a los representantes sindicales.

Este combo de conflictividad con el sector docente y de desfinanciamiento de la educación pública va acompañado con la idea de instalar que el Estado fracasó, que no es posible que el Estado siga sosteniendo las políticas de capacitación, de formación y de responsabilidad principal e indelegable sobre la idea del derecho a la educación. Y comienzan a filtrarse algunos conceptos que al principio no los planteaban de manera tan abierta pero que progresivamente fueron comenzando a instalarse cada vez más. La idea de que la educación es una mercancía y que el Estado fracasó, que entonces tienen que aparecer otros actores-que parece como que son mucho mejores-. Son fundaciones, son empresas, son ONG`s, son otros actores del mundo privado. En esta idea de descalificación del Estado, todo tiene que ver con un gran negocio.

Describís que hay un proyecto educativo del sector privado, ahora, ¿desde la visión pedagógica se pueden reconocer algunos ejes de esa pedagogía del sector privado o del capital o como se la pueda denominar?

Quizás ese es el punto más profundo. Muchas veces lo que se denuncia críticamente por parte de muchos analistas tiene que ver con el punto del desfinanciamiento, con el cierre de programas, el cierre de provisión de libros; todos programas que son muy conocidos como el desbaratamiento del Conectar Igualdad, o la limitación en la compra y distribución de libros, de materiales, de recursos, de equipamiento. Todo eso es lo visible. Pero lo que resulta mucho más inasible, mucho más difícil de visualizar, es lo que vos me preguntás, que tiene que ver con un proyecto educativo que pone en juego un conjunto -también- de negocios para empresas.

Lo que se está viendo en el campo educativo es lo mismo, exactamente lo mismo, que en el modelo de acumulación (el proyecto económico) del país. Donde incluso no sólo pymes, sino hasta algunas grandes empresas nacionales se han visto sorprendidas, porque se están -recién ahora- dando cuenta que el negocio, que el modelo económico de este país tiene que ver con articular y darle ingresos a las grandes corporaciones transnacionales. Y en educación ocurre exactamente lo mismo.

Estos primeros negocios cerraron en Davos. En 2016, apenas arrancó, fue a Davos y cerró allí negocios con multinacionales, grandes multinacionales, como GemsInternational -que es de la fundaciónVarkey-, una multinacional poderosísima que ahora opera en provincias de argentina, y entonces ahí cierran las dos patas de lo que me preguntás.

Por un lado la cuestión de que se hacen negocios: las empresas venden plataformas, venden contenidos educativos, venden libros, venden software, venden capacitaciones, venden de todo. Por eso no es casual que el estado argentino decida decir que por ‘X’ razón, porque son muy caras, porque no sirven, porque están ideologizadas o están politizadas; por la razón que quieran esgrimir (que en realidad es siempre una razón ficticia), buscan desfinanciar las ofertas gratuitas y universales estatales, para que los docentes después tengan que comprarlas, porque las necesitan por el puntaje y el Estado les exige que tengan certificaciones, pero las deja de ofrecer. Entonces las docentes se ven obligadas a comprarlas en el mercado. Eso es lo que llamamos mercantilización.

Pero al mismo tiempo que montan este fenomenal negocio, achicando el Estado para abrirle camino al mercado, mientras van montando este fenomenal negocio, van construyendo desde los contenidos una serie de consignas, de posicionamientos, de posturas, de concepciones pedagógicas que ayudan a legitimar el mismo proceso que están instalando. Entonces ahí aparecen pedagogías, formas de enseñar que tiene que ver con lo que se ha visto en estos últimos días, que muchas veces para el público común no es de tan fácil acceso pero que ha producido un revuelo terrible en el campo educativo, que tienen que ver con capacitaciones llenas de banalizaciones, de ideas vinculadas a juegos y recreos cerebrales, y que las mujeres hacen recreos cerebrales en el shopping, que además es una cosa tremenda de descalificación contra la mujer.

Además, intervienen en una cantidad de concepciones pedagógicas que van de la mano de algunos otros -que ya son más difíciles de desarmar-, pero que muchas veces “pegan fuerte” en los docentes. En la docencia hay cierta predisposición a “comprar”, a enamorarse de algunas teorías que se venden como muy “modernas”, como “de avanzada” y que es necesario desmontar, desarmar para ver qué llevan adentro. Neurociencias, meritocracia, pedagogías del clima, la instalación del clima escolar, la educación y el entrenamiento del cerebro; que parecen como modernísimas, “el futuro”, pero que en realidad encierran perspectivas teóricas muy débiles o frágiles, o de muy poco sustento, y además encierran una intencionalidad ideológica.

Un proyecto de país que tiene estas características decimos que no es un proyecto de país, cuando sí lo es pero apunta y actúa al servicio del mercado. Quizás en lo que planteas, se ve en lo que señalabas de los contenidos con lo que se intenta justificar el fracaso educativo, o por lo menos el material teórico científico, no proviene nunca de una disciplina educativa, sino de disciplinas como la medicina (neurociencias), o la psicología. Intentos de explicación del fracaso educativo, que ya se han visto en otros momentos históricos, con medicalizaciones por ejemplo.

Sí, eso ha sido una característica muy fuerte de otros momentos y hoy vuelve a estar presente fuertemente. La idea de medicalizar la infancia. Y ahí también hay un negocio. En los medicamentos y en la idea de la infancia con todo tipo de síndromes que son biológicos y que en muchas escuelas hay una habilitación a que los y las docentes -que no tienen ninguna formación en ese campo- hagan como un pre-diagnóstico de niños que padecerían supuestos tocs. No estoy con esto devaluando la idea de que efectivamente cuando hay una patología, hay un problema, no sea abordado. Tiene que ser abordado. El problema es que se medicalice, se use como una salida rápida para sacarse de encima y no preocuparse realmente por el problema de la enseñanza. El problema lo depositamos en los niños y rápidamente los sacamos de encima tipificándolos como patológicos.

Que además son las mismas fundaciones que hacen formación para docentes… Las mismas formaciones que hacen las fundaciones que tiran talleres de formación docente de esas características -retomando por ejemplo la que mencionabas, La INECO- tienen detallados los síntomas que caracterizas de la niñez y su medicalización. Es el paquetito armado…

Sí, es notable el incremento en la venta de determinadas drogas que son para apaciguar -supuestamente- a los niños. Junto con esto aparecen otras estrategias pedagógicas que depositan en el análisis del cerebro infantil o formas de relajación. Lo particular de esto es que seducen a mucha gente. Muchas familias dicen “qué bueno, relajación en la escuela”, etc. Está bárbaro, el problema es que buena parte de estas supuestas pedagogías avanzan en el sentido de que, mientras se desfinancia el proyecto educativo, mientras no hay cupos en los comedores, mientras las familias donde los dos progenitores o tutores están sin trabajo o con trabajos precarizados, se quiere reducir la conflictividad o la problemática escolar, que es híper compleja, a un tema de relajación o de cómo le funciona el cerebro. O sea, el problema del aprendizaje no está en el cerebro, está también en el conjunto de condiciones sociales, culturales, familiares, hay una complejidad de elementos que juegan en el aprendizaje, entonces hay que  también poder leer la intencionalidad que está detrás del uso de estas teorías. Hay una trampa. Pero lo particular es que seducen a mucha gente del campo educativo. Como que les parece muy atractivo, se sienten muy atraídos, y además porque le dan una respuesta rápida a un problema.

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* Periodista, conductora del programa La Marea (Radio Futura FM 90.5), redactora de Revista Trinchera y colaboradora de Agencia Timón

** Periodista especializado en temas nacionales, columnista del programa La Marea (FM 90.5 Radio Futura), redactor de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.

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