La memoria nos hará libres

Por Ana Valenzuela Zamora*

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Concluyó la Semana de la Memoria con un 24 de marzo donde se conmemoró 43 años de la última dictadura cívico-eclesiástica-militar. El día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia convocó al pueblo una vez más, lo enfrentó y lo alertó de aquello que pasó y que se debe utilizar como caleidoscopio para mirar el presente. Porque 43 años no es tanto, y como se puede ver, pues, no hay que caer en el error (en la irresponsabilidad, mejor dicho), de pensar este día como algo que tan sólo pasó.

Les compañeres siguen desaparecides, y hay responsables y testigos que eligen no hablar; existen funcionarios y funcionarias, particularmente de este Gobierno, que siguen parados en el negacionismo, y aún hoy, se atreven a cuestionar a les 30.000. Además de la bochornosa realidad de que el año pasado indultaron a genocidas, otorgándoles la prisión domiciliaria.

Porque aún en “democracia”, hay desaparecides en circunstancias poco claras, por no decir oscurísimas; aunque todo apunte a que la bala provino algún policía, aunque haya testigos, llamadas, manchas de sangre… se manipulan macabramente los hechos y las pruebas (con un de ayudín de la corpo judicial y los medios de in-comunicación), para luego encajonar causas o realizar sentencias obscenas, dejando en el más repugnante abandono a las víctimas.

Porque se escuchan las mismas palabras: “enfrentamiento”, “algo habrán hecho”, “subversivos”, para encubrir la violación actual de Derechos Humanos que perpetúan les uniformades (bajo estrictas órdenes de les cabecillas).

Porque no se necesita recurrir a los relatos de otras décadas para conocer los allanamientos, la crueldad, la censura, la persecución, las amenazas, las detenciones injustificadas, la grotesca violencia física y abuso verbal, el machismo; la brutal soberbia de la que hablaba Rodolfo Walsh. Bajo la gestión de Cambiemos pareciera incluso que desempolvaron o reciclaron algún manual con detallesdel plan sistemático de control y orden a la fuerza.

Gracias a la memoria, se puede identificar a quienes desde lo político y lo económico, jugaron papeles determinantes antes, durante y después del golpe, lamentablemente algunos sentados sus tronos, o en los altos cargos de este Gobierno, o debatiendoen medios de comunicación que se consumen masivamente. Los recuerdos del FMI y los Estados Unidos negociando nuestras políticas económicas internas, hace que recorra un escalofrío por la espalda.

El ejercicio de la memoria permite hilar todos los puntos y hacer una lectura entre líneas que nadie quiere contar crudamente. No se necesita, porque sólo recordando y comprendiendo, prestando atención a los legados de les compañeres que lucharon incansablemente por una patria libre, justa y soberana, ya se puede decidir de qué lado de la cancha está cada une.

Gracias a la memoria, se puede discutir con aquelles que todavía reproducen los viejos y falsos discursos, putrefactos, inventados a conveniencia, que ponen en duda la crudeza de las torturas, los campos de concentración que operaban en clandestinidad, que buscan justificar lo que pasó en pos de una “recuperación” o una cierta “estabilidad económica”, que tardó décadas en llegar, para hoy volver a verse comprometida, nadando nuevamente, en la miseria y los ajustes…

Por estas y muchas otras razones, es que hoy más que nunca es imprescindible vivir a través de esa Memoria. Seguir el ejemplo de Madres y Abuelas, no claudicar, denunciar a gritos si es necesario, y poner el cuerpo. Porque van a intentar por todos los medios posibles, callar, manipular y quebrar la conciencia de este pueblo. Pero no podrán.

La invitación para este domingo fue no sólo a recordar, sino a transformar aquello que pasó (y que marcó a esta sociedad) en enseñanza, en insumo para la construcción de un país, una región y un mundo más justo, más equitativo, más solidario, más unido, más humanos.

 

* Periodista, conductora del programa La Marea (Radio Futura FM 90.5), redactora de Revista Trinchera y colaboradora de Agencia Timón

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