EL SHOCK ROOM ARGENTINO

El experimento mafioso que vive Argentina, lejos de ser perdurable en el tiempo, tiene crecientes problemas para sostenerse. Incluso para llegar a las elecciones de 2019 con cierta tranquilidad.

Por Nicolás Sampedro*

El martes de esta semana, el exjuez Carlos Rozanski declaró en el programa de Gustavo Sylvestre, que en la historia democrática no hay antecedentes de un momento judicial como este, donde hay gente presa por fotocopias. Lo cual lo llevó a decir que actualmente “no hay vigencia del estado de derecho

Rozanski continua su alegato sosteniendo que nada de lo que lleva adelante el modelo que encabeza Mauricio Macri, se podría sostener sin la complicidad del aparato judicial y los medios de comunicación.

En artículos anteriores se han arrojado algunos elementos y algunas características del momento histórico, de quienes nos gobiernan y de cómo llegaron al control del Estado, por los cuales -efectivamente- puede afirmarse que no hay estado de derecho en Argentina.

La oligarquía mafiosa argentina llega al poder luego de una clara operación en un marco de Guerra de 4ta Generación: La denuncia de Nisman por el memorándum de entendimiento con Irán (el manifiesto político), la muerte del Fisca (el mártir), el escenario callejero (la marcha del 18F) y la proyección política (la conformación de Cambiemos).

Está claro que esta operación no es propia de la mente brillante de algunos de los que hoy están en la función pública, ni mucho menos. La Operación Nisman tuvo repercusiones a escala global y respondía a intereses concretos en la disputa geopolítica de los EEUU y su cambio de posición respecto al país persa. Un viraje, además, en un momento de decadencia del imperio, que lejos de ser más benévolo (como ha sucedido históricamente), se vuelve más bestial.

Nada es casual, ni un error, ni nada que se le parezca. La mafiocracia financierista y oligarca que nos gobierna vino a hacer lo que está haciendo: a hacer ese viraje geopolítico hacia EEUU (para que recuperen su influencia sobre la región); vino a debilitar el mercado interno para que las grandes corporaciones multinacionales puedan, a posteriori, comprar por migajas la capacidad instalada ociosa que dejará el gobierno; vino a implantar al Fondo Monetario Internacional para que el pueblo argentino pague parte de la crisis internacional; vino a entregar nuestras Malvinas a los piratas británicos, a entregar la cordillera a la Barrick Gold, a entregar el litio del norte, a entregar el petróleo patagónico, a entregar el agua del Acuífero Guaraní. Esa es su finalidad, no otra.

En lo concreto, el experimento mafioso que vive Argentina, lejos de ser perdurable en el tiempo, tiene crecientes problemas para sostenerse. Incluso para llegar a las elecciones de 2019 con cierta tranquilidad. Las cuentas no cierran para gran parte de la población y el gobierno parece no estar dispuesto siquiera a juntarse a charlar con los opositores a charlar. Ni hablar de cambiar su matriz económica.

El nuevo acuerdo con el FMI y los posibles incrementos futuros que adelantaba Verbitsky esta semana, sólo tienen por objetivo calmar las aguas hasta después de la cumbre del G20 que se sesionará en Buenos Aires en noviembre. No es casual que en los últimos meses hayan pasado por nuestro país, tres altos cargos de las Fuerzas Armadas de los EEUU: el secretario de Defensa, general James Mattis; el jefe del Comando Sur, almirante Kurt Tidd, y el jefe del Estado Mayor del Ejército, general Mark Milley.

Los poderes reales a escala planetaria, de los cuales gran parte hacen lobbie en EEUU, han venido aplicando desde los años 70, una política de shock ante situaciones de crisis. Hechos analizados por la periodista canadiense Naomi Klein en “La Doctrina del Shock” y recientemente en su último libro “Decir no, no basta”, donde analiza la llegada al poder de Donald Trump y su accionar desde entonces.

Maquiavelo aconsejaba al príncipe que “las injurias deben perpetrarse todas a la vez, a fin de que sintiéndolas menos ofendan menos”. Klein analiza cómo se implementaron las políticas neoliberales de Milton Fridman y sus Chicago Boys tras el golpe en Chile y las demás dictaduras en Nuestra América durante los 70; tras la invasión a Irak de 2003; tras el tsunami que arrasó Asia en 2004; tras el paso de Katrina por el propio EEUU en 2005. Estas mismas políticas fueron aplicadas tras los golpes a Mel Zelaya en Honduras (2009), a Fernando Lugo en Paraguay (2012), a Dilma Rousseff en Brasil (2016), y tras la llegada de Mauricio Macri en Argentina y Lenin Moreno en Ecuador. La cola del diablo siempre estuvo presente.

El reciente twitt del presidente argentino, citando dos frases del libro “Mi lucha” de Adolf Hitler, sumado a los halagos al genocida alemán del asesor estrella, Durán Barba, dan cuenta del costado fascista que se suma a la larga lista de hechos bochornosos descriptos, pero que dan cuenta de las dimensiones de lo que enfrenta el pueblo argentino: un grupo de mafiosos en el poder, que van como perros falderos tras las políticas diseñadas por Trump, Netanyahu y el FMI, y que están dispuestos a obedecer a sus amos, por más que ello implique el asesinato en masa ya sea mediante políticas de hambre o la represión ante el creciente descontento social.

El momento histórico requiere de cabeza fría, de mucha serenidad y de paciencia, lo cual no significa no luchar sino todo lo contrario. Hay que seguir organizándose, cuidarnos les unes a les otres, hermanarnos y solidarizarnos con cada agredide, pero fundamentalmente nunca dejar de luchar. La disputa contra este modelo hay que darla en todos los planos y el objetivo que persiguen estas líneas editoriales intenta realizar su aporte en ese camino. Las cartas están echadas sobre la mesa… Salir del shock room es tarea de todes…


* Periodista especializado en temas internacionales, conductor del programa Marcha de Gigantes (AM 1390 Radio UNLP), productor del programa Columna Vertebral (Radio Estación Sur - FM 91.7), columnista del programa La Marea (Radio Futura – FM 90.5) editor de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.

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