La larga marcha Palestina

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El pueblo Palestino y su larga marcha de liberación acaban de escribir en las últimas semanas una nueva página de su heroica historia. La victoria de Gaza contra la ofensiva –criminal- del ejército israelí volvió a demostrar, como lo hicieron anteriormente los nicaragüenses, cubanos, vietnamitas y libaneses, que la resistencia popular en unidad es más poderosa que cualquier potencia militar del mundo.

Por Ezequiel Pablo Lopardo

 

Israel: La criatura imperialista

La historia de Israel no proviene de la lucha luminosa de un pueblo sojuzgado por conquistar su independencia contra el poder colonial de alguna potencia mundial. No está, tampoco, relacionada a los grandes movimientos independentistas como los surgidos en Nuestra América, en Asia o en África. Israel es fruto de un plan imperialista que lleva siglos orquestándose en Gran Bretaña y en Estados Unidos[1]. Sus más fervorosos defensores no son los sectores populares de un determinado territorio sino grandes grupos financieros y empresariales que controlan el senado y las reservas federales norteamericanas mediante el AIPAC (Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel).

Los apellidos más notorios del lobby sionista a nivel mundial son: Rothschild, Warburg, Schiff, Belmont, Hirsch, Montefiore, Goldschmidt, Oppenheimer, Goldman, Sachs, Erlanger, Speyer, Mendelssohn y decenas de nombres poderosos de las finanzas de distintas regiones del mundo.

El Estado sionista es un constante violador de resoluciones emanadas de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad[2] sobre su agresión hacia Palestina. La impunidad israelí reside en su integración del consorcio anglosajón imperial liderado por Estados Unidos y Gran Bretaña, ambos estados miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU con derecho de veto. Esa relación orgánica directa le facilitó a Tel Aviv mantenerse constantemente fuera del derecho internacional, es decir concretar invasiones, masacres, arrestos e innumerables atropellos a los derechos humanos de los palestinos sin ningún tipo de represalia significativa de la “comunidad” internacional.

Estos elementos volcados son necesarios para comprender que la cuestión de Israel no se reduce meramente a un conflicto del lejano Medio Oriente. A pesar del bombardeo intensivo de los medios de comunicación masivos, en su mayoría contralados por el sionismo internacional como la agencia Reuters y las sucursales locales –como por ejemplo en Argentina: Clarín, La Nación, Tiempo Argentino-, que pretenden alejar a los pueblos nuestroamericanos de la causa palestina o libanesa trabajando el discurso ordenado de la vieja región violenta de los árabes en el oriente medio. Pero si hacemos un repaso de operaciones directas del estado sionista nos encontramos con que no sólo ataca a los palestinos, libaneses, sirios e iraníes, sino que opera en distintas geografías mundiales.

En Nuestra América fueron agentes de la inteligencia israelí –Mosad- quienes estuvieron en la conspiración del golpe de Estado contra el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, en 2002; y en el ataque aéreo al campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) en Ecuador, donde murió el comandante Raúl Reyes en 2008; al igual que fueron orquestadores del derrocamiento al Presidente de Honduras, Manuel Zelaya, en 2009; y hoy son actores esenciales de las maniobras de los fondos buitres en Argentina, al igual que en Bolivia con la constante campañas difamatorias contra el gobierno de Evo Morales. Son algunos de los casos más significativos donde los servicios israelíes intervinieron directamente. Además, es importante destacar que Israel se pronunció siempre a favor de la usurpación británica de nuestras Islas Malvinas.

La maquinaria imperial de Estados Unidos y Gran Bretaña operan con Israel a nivel mundial. A partir de ese pool imperialista es que Israel disfruta de un cheque en blanco que le permite hacer lo que le plazca en su región.

Los antecedentes de su impunidad se remontan a antes de 1948, con el accionar de distintas bandas terroristas integradas en su mayoría por europeos. La organización más importante fue la Irgun Zvai Leumi, que explotó en 1947 el Hotel Rey David de Jerusalén, sede del gobierno militar británico y de la ONU en Palestina, que curiosamente Londres se mantuvo en silencio. Aquella tristemente célebre organización sionista, estaba liderada por el criminal bielorruso Menájem Beguín, quien luego ocupó el cargo de primer ministro de Israel  en 1977 y recibió el hipócrita Premio Nobel de la “Paz” en 1978. Otra organización terrorista que actuó para expulsar a los palestinos de su tierra fue el Grupo Stern, comandada por Isaac Shamir, que también fue nombrado en dos oportunidades como primer ministro. Esta fuerza mercenaria sionista, junto a Irgún, asesinaron en Jerusalén al Conde Folke Bernadotte, enviado de las Naciones Unidos para hacer respetar la resolución 194 del Consejo de Seguridad que contemplaba la creación de dos Estados en Palestina, el respeto de las zonas sagradas y la vuelta a su tierra de miles de palestinos refugiados. Y por último, la organización Haganá creada en 1921, que cometió, entre otras, las matanzas de Hebrón y Safed contra las revueltas árabes antibritánicas de 1929 y, posteriormente, contra la revolución palestina (1936-1939), destacándose la  masacre de Tiberíades.

En 1948 estas tres organizaciones terroristas se fusionaron tras el llamado del polaco David Ben-Gurión, tras proclamar la independencia de Israel el 14 de mayo de 1948, para conformar las Fuerzas de Defensa Israelíes (Ejército de Israel) financiado anualmente por Estados Unidos con sumas multimillonarias.

El ejército israelí siempre estuvo apadrinado por las grandes potencias occidentales, desde su adiestramiento militar hasta el suministro de equipos y tecnología de combate. Su crecimiento fue gradual con el transcurrir de los años. Un breve repaso por las diferentes guerras que emprendió el Estado sionista contra los países de la región y la resistencia palestina, permite visualizar su poderío bélico que lo convierte en una máquina de matar a la orden de los intereses imperialistas.

La declaración de la independencia israelí significó el primer enfrentamiento con los países árabes vecinos, que a pesar de haber sido derrotado, con el involucramiento de Estados Unidos alcanzaron concretar una tregua de alto el fuego y duplicar su expansión territorial sobre Palestina. Otro ejemplo, es la guerra contra Egipto, por la nacionalización del Canal de Suez en 1956, emprendida por el Reino Unido, Francia, Estados Unidos e Israel, que significó para este último la adquisición de un reactor nuclear para fabricar bombas de destrucción masiva y el financiamiento anual estadounidense de 400 millones de dólares en armamentos –posteriormente ascendería a 3 mil millones de la moneda norteamericana-. También, la Guerra de los Seis Días en junio de 1967, es un elemento claro del gran aporte tecnológico occidental a las tropas israelíes y del carácter colonialista del sionismo, a partir de la ocupación del Sinaí, el Golán, Gaza, Cisjordania y Suez.

Los centenares de miles de refugiados palestinos son el testimonio fiel de la Nakba –catástrofe- de un pueblo que día a día apuesta por su liberación. Todavía en las mentes colonialistas de los israelíes retumban las palabras escritas con sangre de David Ben-Gurion[3]: “Tenemos que hacer todo lo posible para garantizar que -los refugiados palestinos- nunca regresen. Los viejos morirán y los jóvenes olvidarán”. Pero la lógica colonial no contempla, por su degradación ideológica, que la memoria de los pueblos es la principal arma de resistencia, con la que cuentan, para enfrentar la opresión.

Breve repaso por la resistencia palestina y sus organizaciones

El imperio otomano gobernó Palestina por cuatro siglos hasta su derrota en la Primera Guerra Mundial. De ese modo la resistencia palestina en su etapa moderna siempre tuvo un carácter anticolonial con eje en su identidad campesina: costumbres, cultura, territorio y producción.

Gran Bretaña asume el control colonial en 1922. En ese momento la composición demográfica era de 736 mil palestinos nativos junto a refugiados de los pogromos[4] del imperio ruso, de los cuales sólo eran judíos 56 mil. Es decir, que solamente el 7,6% de la población era de religión judía, de los cuales la mitad no eran sionistas y se consideraban palestinos por haber nacido en esa tierra.  Otro dato interesante es que el 93% de las tierras estaban en posesión de los nativos, o sea palestinos.  Entre 1933 a 1945, hubo una política británica para que los judíos europeos se instalen en Palestina y formen colonias.

En 1936 los palestinos se insurreccionaron mediante el ejercicio de la lucha armada contra las autoridades británicas y los colonos sionistas que iban en aumento. Pero tres años después de constantes enfrentamientos Gran Bretaña pudo aplastar el levantamiento con crueldad y contando con la ayuda de diferentes organizaciones terroristas sionistas. A partir de allí el régimen colonial promulgó leyes de emergencia que imponían la pena de muerte a todo palestino que poseía armas.

En noviembre de 1947, luego de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos maniobró una resolución de la ONU que dividió a Palestina en dos estados, un estado sionista y otro árabe –palestinos-. La diferencia entre nativos y sionistas seguía favoreciendo a los primeros. Los nativos tenían el 92% de la tierra y el doble de la población que los sionistas, pero la división pautada por los norteamericanos le dio el 54% del territorio al autoproclamado Estado de Israel.

En mayo de 1948 las fuerzas sionistas declararon la constitución del estado de Israel con un fuerte rechazo de la población árabe. Las organizaciones terroristas iniciaron una guerra total contra los palestinos. La más sangrienta de sus acciones fue en Deir Yassin donde masacraron a 250 personas, 100 de ellas eran mujeres y niños. La ofensiva sionista se propuso sembrar el terror en toda la población y lograr la fuga en masa de los palestinos. Objetivo que logró en un año de hostigamiento, con más de 800 mil palestinos refugiados en el Líbano, Jordania, Siria, gaza y Cisjordania, al tiempo que Israel ocupó el 77% del territorio.

El cuadro de resistencia posterior a la declaración del Estado de Israel, se va a conformar con la creación de grupos de jóvenes nacionalistas palestinos que estudiaban en otros países árabes, entre ellos se encontraban Yaser Arafat y George Habash.

Distintas fuerzas juveniles van cobrando cuerpo en la primera década de resistencia antiisraelí. Pero luego de la “Guerra de los seis días”, cuando las tropas sionistas se apoderan de todo el territorio histórico palestino y otras zonas como el Sinaí egipcio y el Golán sirio, la resistencia cobra mayor incidencia en la lucha contra la potencia colonialista.

Las estructuras más importantes que se conforman son Al Fatah –victoria o triunfo- y el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP). Al Fatah fue creada en Kuwait clandestinamente por Yaser Arafat en octubre de 1959, con el objetivo de combatir al Estado de Israel y recuperar el territorio para los palestinos. El FPLP liderado por Habash en 1958, con raíces provenientes del Movimiento Nacionalista Árabe. Las dos organizaciones eran de carácter laicas, Al Fatah con mayoría musulmanes y el FPLP predominantemente cristianos pero declarados marxistas-leninistas.

Ambas organizaciones emprenden como único camino para la liberación de su pueblo la lucha armada contra el enemigo israelí.

En 1964 se unifican varias agrupaciones palestinas en un frente amplio denominado Organización para la Liberación de Palestina (OLP), con una fuerte incidencia del presidente egipcio Gamal Abdel Nasser de concepción panarabista. Sus primeros presidentes fueron hombres ligados al líder egipcio, hasta que en 1969 Arafat asume la comandancia de la OLP dándole un enfoque nacionalista palestino, de ese modo se convertiría en la referencia ineludible de las aspiraciones de todos los palestinos a nivel mundial, integrando a todas las fuerzas activas que luchaban contra el Estado de Israel.

La OLP, con primacía de Al Fatah, establece sus campos de entrenamiento guerrilleros –fedayines- y sus comandos en Jordania. A su vez, el FPLP tenía su centro de operaciones en Irak y Siria. Desde estos países se iba a encarar el hostigamiento contra las tropas de ocupación israelíes.

En septiembre 1969 el FPLP lleva adelante el secuestro coordinado de cuatro aviones de línea, que logran aterrizar tres en Jordania y el restante en Egipto, poner a los pasajeros a salvo y explotarlos. Esta serie de ataques logran instalar en la agenda mundial el conflicto palestino-israelí.

En este período el FPLP va a sufrir dos rupturas importantes. La primera fue en 1968, cuando Ahmed Jibril creó el FPLP-Comando General, que estrechó fuertes vínculos con el gobierno sirio y participó años más tarde de la guerra civil libanesa. Esta facción acusó a la comandancia del FPLP de no accionar militarmente contra Israel todo lo debido. La segunda fue en 1969, cuando Hawatmeh abandonó también el FPLP y formó el Frente Democrático por la Liberación de Palestina (FDLP). El dirigente Hawatmeh era un cuadro marxista-leninista, que comprendía el enfrentamiento contra el opresor israelí como un elemento esencial de la lucha de clases, marcando una diferencia con la conducción del FPLP de carácter nacionalista. El FDLP se consolidó como organización política en territorio palestino y se integró a la OLP.

El contexto iba a cambiar cuando en septiembre de 1970 el rey de Jordania, Hussein, ante la pérdida concreta de autoridad emprende una ofensiva contra los campamentos de la OLP. La masacre de miles de palestinos fue conocida como “Septiembre Negro” y motivó el traslado de los fedayines al sur del Líbano.

En 1970 surge otra organización que plantea la lucha armada pero de carácter musulmán, la Yihad Islámica, que va a implementar numerosas operaciones con atentados explosivos en territorio ocupado israelí. La organización de resistencia islámica surge como ruptura de la Hermandad Musulmana de Egipto y su brazo militar son las Brigadas Al-Quds. Dos años después, la OLP va a llevar adelante el secuestro de atletas israelíes en la Villa Olímpica de Múnich.

La OLP fue integrada a la Liga de Naciones Árabes, como única representante de los intereses palestinos y en 1974 la ONU permite la inédita intervención de Arafat en la Asamblea General en la cual pronunció su famosa frase: “He venido aquí con una rama de olivo y la pistola de quien lucha por la libertad. No permitan que la rama de olivo caiga de mi mano».

La guerra civil libanesa fue un episodio que generó diferencias en el seno de los palestinos donde distintas organizaciones se involucraron en bandos enfrentados. Esta situación ocasionó  importantes desacuerdos entre Al Fatah y el gobierno sirio, y por consiguiente con las fuerzas que componían la OLP sostenidas por Siria. Pero más allá de su involucramiento en la guerra libanesa las acciones palestinas contra Israel continuaron de forma intensa. Lo cual Tel Aviv encontró un pretexto para bombardear el Líbano y llegar con sus tropas, lideradas por el criminal Ariel Sharón, hasta Beirut con el objetivo de expulsar a los fedayines. En ese contexto es que las tropas sionistas inducen, organizan y pertrechan a batallones de la falange libanesa para que penetren los campos de refugiados de Shabra y Chatila, en la cual cometieron una de las más sangrientas masacres contra los palestinos, con la ejecución de 3500 personas, todos ancianos, mujeres y niños indefensos. Finalmente en 1983 la OLP tuvo que trasladar su comando central y los campamentos de fedayines a Túnez. Más de 17 mil palestinos murieron a lo largo de la ocupación israelí en el sur del Líbano[5].

La situación de represión contra los árabes en los territorios palestinos ocupados era cada vez más intensa, lo que generó en noviembre de 1987 la sublevación civil conocida como Intifada, “Guerra de las piedras”. La insurrección popular sobrepasó a la OLP y motivó el surgimiento de nuevas organizaciones, el más destacado fue el Movimiento de Resistencia Islámico, cuyo acrónimo es HAMAS que significa fervor.

HAMAS surge también como una escisión de la Hermandad Musulmana, y va a tener en el Sheik Ahmad Yassin a su principal referente. El movimiento, compuesto mayoritariamente por jóvenes islámicos, en sus comienzos  basó su trabajo político en tareas sociales como la creación de escuelas y hospitales. Sus militantes recorrían los campos de refugiados ofreciendo atención sanitaria, y sus líderes se encargaban de implementar espacios de difusión y estudio del islam, al tiempo que iban estructurando un tenaz cuerpo militar –las Brigadas Ezzedine Al Qasam- a partir de los encuentros con la organización revolucionaria libanesa Hezbolláh.

“No luchamos contra pueblos de otras religiones o los judíos por el hecho de ser judíos. Luchamos contra los que ocupamos nuestras tierras, tomaron nuestras propiedades, convirtieron en refugiados a nuestras familias y masacraron a nuestros niños y mujeres”, declaró en el 2001 Ahmad Yassin[6] de HAMAS, asesinado por Israel en 2004.

La Intifada fue un piedrazo al mundo para poner de relieve la opresión de un pueblo milenario que había sido despojado de todos sus derechos, imposibilitado por Israel, Gran Bretaña y Estados Unidos de poder formar un Estado libre y soberano.

En 1988, el Consejo Nacional Palestino, reunido en Argelia, proclamó el Estado de Palestina –reconocido por 90 estados-, con Yasser Arafat como presidente. Este golpe de timón se dio como impulso de la decisión del rey Hussein de Jordania de entregar a la OLP la administración y la jurisdicción de Cisjordania. En la maniobra culminó por reconocer la existencia del Estado de Israel, lo cual generó el rechazo de importantes organizaciones de la resistencia.

En 1993 tras negociaciones secretas en Oslo, entre Arafat e Isaac Rabin, Primer Ministro israelí, se firmó en Washington la Declaración de Principios, en la cual se establece la creación de un gobierno autónomo provisional palestino, Autoridad Nacional Palestina (ANP) para la población de la Ribera Occidental y la Franja de Gaza. Un año después Yaser Arafat recibe el premio Nobel de la Paz y en 1995 se firma la segunda parte del acuerdo en la que se amplía la autonomía de la ANP y se ratifica la posibilidad de celebrar elecciones abiertas en Palestina, que se llevaron adelante meses más tarde.

Los débiles acuerdos de paz tuvieron su golpe de gracia en septiembre de 2000, cuando el general genocida de Shabra y Chatila, Ariel Sharón, se paseó por la explanada de la mezquita Al Aqsa de Jerusalén. La provocación sionista desató la segunda Intifada a lo largo de seis años, con un costo de 5 mil muertos, de los cuales 3.733 eran palestinos y 1.011 israelíes, según los datos publicados por la agencia israelí B’Tselem. En este período caen asesinados varios líderes palestinos como Abu Alí Mustafá, Yaser Arafat[7] y Ahmad Yassin, entre otros luchadores.

Los años siguientes fueron marcados por un creciente enfrentamiento entre las fuerzas de la resistencia palestina que comenzaron a operar en conjunto. Es así como las Brigadas: Ezzedine Al Qasam (HAMAS), Al Quds (Yihad islámica), Al Aqsa (provenientes de Al Fatah) y Mártir Abu Ali Mustafá (FPLP), emprendieron una lucha intensiva contra el Estado sionista hasta la actualidad.

Los 66 años de usurpación sionista de Palestina es el gran paradigma de la latente amenaza imperialista contra la humanidad. Pero su bestialidad encuentra fin en el vientre de cada mujer palestina que apuesta a la vida y trae un nuevo ser de esperanza a este mundo: el fedayín.

Saldos de una batalla reciente

El 27 de agosto se logró, después de varios intentos frustrados, el alto el fuego definitivo sobre la Franja de Gaza. El Estado sionista de Israel debió abandonar su aventura criminal sobre el pueblo palestino tras recibir importantes golpes militares por parte del Comité de la Resistencia Popular Palestina. No obstante, la agresión sionista continúa con la ocupación de tierras en Cisjordania y contra los pesqueros artesanales de la costa de Gaza, al tiempo que la resistencia palestina se fortalece a nivel político y militar.

Ambas partes contendientes aceptaron la propuesta egipcia para un cese del fuego en la Franja de Gaza, que entró en vigor tras 50 días de combates feroces que causaron la muerte a 2140 palestinos, mayoría civiles -600 niños y niñas- y 69 israelíes, de los cuales 64 fueron militares.

Según las primeras estimaciones de las organizaciones humanitarias internacionales ‘Oxfam’ y ‘Shelter Cluster’ , la agresión del régimen israelí, estimada como la mayor destrucción en territorio palestino en los últimos 20 años, significará un periodo de reconstrucción de dos décadas con un valor que oscilará entre 5.000 y 12.000 millones de euros.

En ese estudio, publicado por HispanTV, se considera la reconstrucción de 200 escuelas, 15 hospitales y 17 mil viviendas. También, estima en volver a levantar la única planta energética de Gaza, destruida durante los bombardeos sionistas.

La resistencia palestina salió victoriosa, a pesar de las muertes masivas y de la destrucción de casi toda su infraestructura, ya que logró frenar el objetivo israelí de terminar con las milicias de Gaza para tomar posesión total del territorio.

En Palestina, tanto en la Franja de Gaza como en Cisjordania, se vivió con júbilo el cese del fuego y la población salió a las calles a festejar como una victoria de largos siglos. Son consientes que apenas fue una batalla y que su anhelado sueño de concretar un Estado palestino libre, soberano y con justicia todavía falta. Pero haber logrado en el acuerdo el levantamiento de las fronteras, la recuperación de tierras para el cultivo y la extensión marítima a 12 millas para la pesca, son elementos valorados para una población reprimida salvajemente al estilo “Gueto de Varsovia”.

Por su parte, en Israel, más allá de los esfuerzos vanos de los genocidas, primer ministro Benjamin Netanyahu y su complice ministro de guerra Moshe Ya’alon, de presentar a su propia población como una victoria la operación militar contra los palestinos; en todos los medios de comunicación israelíes y en la mayoría de los sectores políticos de su país fue catalogada como una gran derrota militar y política.

En ese sentido, Ya’alon tuvo que salir públicamente a criticar a los miembros del propio gabinete gobernante por oponerse a las decisiones del primer ministro Netanyahu. En la pagina sionista argentina Itongadol, publican una declaración del ministro de guerra en el que remarca que “No estoy nada orgulloso de la conducta del gabinete, sobre todo de los más jóvenes, no solo por filtrar información, sino también, por criticar durante la guerra al primer ministro y al Jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas de Defensa de Israel, Benny Gantz”.

Las fuerzas de la resistencia palestina salieron fortalecidas y demostraron un poder de fuego superior a otros enfrentamientos. Horas posteriores a la tregua, el alto comisionado de la Brigada Nasser Salahuddin, la rama armada de los Comités de la Resistencia Popular, ratificaron en una entrevista con el periódico libanés Al Akhbar la profundidad de la cooperación entre la resistencia palestina y Hezbolláh, y que su poderío militar y entrenamiento adecuado había sido proporcionado por la organización libanesa. Además, de la histórica colaboración directa en aprovisionamiento de armamentos por parte de la República Islámica de Irán y de Siria.

Las fuerzas de ocupación israelíes salieron golpeadas ante un enemigo que los sorprendió en todos los planos y que únicamente tuvieron como recurso militar el asesinato masivo de niños, mujeres y ancianos. El gobierno de Netanyahu quedó desarmado y en una profunda  crisis interna, asociado a la desconfianza de su propia población donde más del 61% entienden que fueron derrotados y con una imagen en la opinión mundial más acertada a su verdadero rostro genocida.

La agresión perpetua del sionismo

El Estado sionista de Israel, luego de su derrota en la Franja de Gaza, decidió recuperar su imagen colonialista ante su población y anunció el 1 de septiembre la ocupación de 400 hectáreas situadas en Belén, de Cisjordania. La excusa esgrimida en esta ocasión es la muerte de tres colonos israelíes en ese territorio en junio.

El gobierno israelí sostuvo que las tierras arrebatas a los palestinos iban a ser entregadas al asentamiento de colonos sionista de Gvaot. A su vez, como certificado de impunidad, el consejo de asentamientos de Gush Etzion, mediante un comunicado de prensa, saludó el anuncio de la expropiación, al que consideró como el preludio a la expansión del asentamiento de Gvaot y el nacimiento de “una nueva ciudad” israelí en la Cisjordania palestina.

También, violando inmediatamente el acuerdo de extender a 12 millas la zona de pesca en la Franja de Gaza, la marina israelí en varias oportunidades bombardeo lanchas pesqueras palestinas que navegaban en el área establecida en los acuerdos del 27 de agosto.

Esta situación de agresión perpetua del régimen sionista, motivó el acercamiento nuevamente entre HAMAS y Hezbolláh[8], que estaban distanciados  ante la posición de la organización palestina en contra del presidente de la República Árabe de Siria, Bashar Al-Assad.

Asimismo, otra organización combatiente en la última guerra, la Yihad Islámica –con estrechos vínculos con la República Islámica de Irán-, informaron que comenzaron a reparar los túneles dañados por donde se movilizaban los guerrilleros para atacar posiciones israelíes.

“Estamos construyendo estos túneles para la próxima batalla con el fin de lanzar ataques con morteros y artillería. Estos túneles tendrán además otros usos, que no vamos a mencionar”, sostuvo con su rostro cubierto el combatiente de las Brigadas Al Quds a la cadena Al Yazira de Qatar.

La Yihad Islámica cuenta con armas avanzadas procedentes de Irán, incluyendo misiles antitanques Kornet y otros misiles antiaéreos, según informó la cadena libanesa Al Manar. “Estamos en una mejor posición ahora. Disponemos de una sala de operaciones para el empleo de armas antitanques, especialmente los misiles Kornet”, afirmó el fedayín, con la certeza que próximamente las tropas israelíes comenzarán una nueva agresión en la Franja de Gaza.

¿Qué es el sionismo?[9]

A mediados del siglo XVII, los calvinistas británicos se reagruparon alrededor de Oliver Cromwell y cuestionaron la fe y la jerarquía del régimen imperante en Gran Bretaña. Después de derrocar la monarquía anglicana, el «Lord protector» pretendió permitir al pueblo inglés alcanzar el estado de pureza moral necesario para atravesar una tribulación de 7 años, acoger el regreso de Cristo y vivir apaciblemente con él durante 1 000 años, el «Millenium». Para ello, según su interpretación de la Biblia, había que dispersar a los judíos por todo el mundo, reagruparlos después en Palestina y reconstruir allí el templo de Salomón. Bajo esa perspectiva, Oliver Cromwell instauró un régimen puritano, anuló en 1656 la medida que prohibía a los judíos instalarse en Inglaterra y anunció que su país se comprometía a crear en Palestina el Estado de Israel[10].

Al ser derrocada la secta de Cromwell, al final de la «Primera Guerra Civil Inglesa», y resultar muertos o exilados sus partidarios, se restableció la monarquía anglicana y esta abandonó el sionismo –o sea, el proyecto de creación de un Estado para los judíos-. Pero resurgió en el siglo XVIII, con la «Segunda Guerra Civil Inglesa» –así se denomina en los manuales de Historia de la enseñanza secundaria del Reino Unido– que el resto del mundo conoce como la «Guerra de Independencia de los Estados Unidos» (1775-83). Contrariamente a lo que todo el mundo cree, esa guerra no se basó en los ideales de la Ilustración, que más tarde animaron la Revolución Francesa, sino que fue financiada por el rey de Francia y se libró por motivos religiosos y al grito de «¡Nuestro Rey es Jesús!».

George Washington, Thomas Jefferson y Benjamin Franklin, por sólo mencionarlos a ellos, se presentaron como los sucesores de los partidarios exilados de Oliver Cromwell. Lógicamente, Estados Unidos retomó el proyecto sionista.

En 1868, la reina Victoria designó como primer ministro de Inglaterra al judío Benjamin Disraeli, quien propuso conceder algo de democracia a los descendientes de los partidarios de Cromwell para poder apoyarse sobre todo el pueblo y extender por el mundo el poder de la Corona. Sobre todo propuso una alianza con la diáspora judía como medio de aplicar una política imperialista cuya vanguardia sería precisamente esa diáspora. En 1878, el propio Disraeli incluyó «la restauración de Israel» en el orden del día del Congreso de Berlín sobre la nueva repartición del mundo.

Fue sobre esa base sionista que el Reino Unido restableció relaciones con sus ex colonias de América, ya convertidas en Estados Unidos, al término de la «Tercera Guerra Civil Inglesa», denominada en Estados Unidos como «American Civil War» (1861-1865), en la que salieron vencedores los WASP (White Anglo-Saxon Puritans) sucesores de los partidarios de Cromwell[11]. También en este caso es de manera totalmente errónea que se presenta esa guerra como una lucha contra la esclavitud sin tener en cuenta que cinco Estados del norte todavía seguían practicando esa forma de explotación.

O sea, casi hasta el final del siglo XIX, el sionismo es un proyecto exclusivamente puritano y anglosajón al que se suma sólo una élite judía. Pero es firmemente condenado por los rabinos, quienes interpretan la Torah como una alegoría y no como un plan político.

Entre las consecuencias actuales de esos hechos históricos está el que haya que reconocer que el sionismo, además de plantear como objetivo la creación de un Estado para los judíos, también sirvió de base a la fundación de Estados Unidos. A partir de esa conclusión, la cuestión de saber si las decisiones políticas de ese conjunto se toman en Washington o en Tel Aviv deja de tener relevancia. La misma ideología controla el poder en ambos países. Por otro lado, al ser el sionismo el elemento que permitió la reconciliación entre Londres y Washington cuestionarlo es atacar la base misma de esa alianza, la más poderosa del mundo.

El verdadero fundador del sionismo contemporáneo no es un judío sino un cristiano dispensionalista. El reverendo William E. Blackstone era un predicador estadounidense que consideraba que los verdaderos cristianos no tendrían que sufrir las duras pruebas del fin de los tiempos. Predicaba que los verdaderos cristianos serían sustraídos a la batalla final y enviados al cielo (el llamado «arrebatamiento de la Iglesia», en inglés «the rapture»). Para el reverendo Blackstone, los judíos librarían esa batalla, de la que saldrían además convertidos a la fe del Cristo victorioso.

Por muy estúpida que pueda parecer, la teología del «arrebatamiento» es hoy en día muy poderosa en Estados Unidos. Incluso se ha convertido en un fenómeno de librería y ha llegado a las pantallas cinematográficas (Ver el film Left Behind, con Nicolas Cage, cuyo estreno está programado para el mes de octubre).

Theodor Herz, que era ateo como muchos burgueses europeos de su época, recomendó al principio la asimilación de los judíos, estimando incluso que debían convertirse al cristianismo. Sin embargo, retomando la teoría de Disraeli, Herzl concluyó que la mejor solución era hacerlos participar en el colonialismo británico creando un Estado judío, en la actual Uganda o en Argentina.

Blackstone logró convencer a Herzl de que debía vincular las preocupaciones de los dispensionalistas con las de los colonialistas. Para eso bastaba con estipular que la creación de Israel debía ser en Palestina y justificarla con referencias bíblicas. Gracias a esa idea bastante simple Blackstone y Herzl lograron que la mayoría de los judíos se sumara a su proyecto. Hoy en día Herzl está enterrado en Israel –en la cima del Monte Herzl– y el Estado israelí puso en su ataúd la Biblia anotada que Blackstone le había regalado.

Así que el objetivo del sionismo nunca fue «salvar al pueblo judío dándole una patria» sino hacer triunfar el imperialismo anglosajón asociando a los judíos a esa empresa. Además, no sólo el sionismo no es un producto de la cultura judía sino que la mayoría de los sionistas nunca fueron judíos, mientras que la mayoría de los judíos sionistas no son israelitas[12].

Fue durante ese periodo cuando se inventó el mito del pueblo judío. Blackstone y Herzl fabricaron artificialmente la idea según la cual todos los judíos del mundo serían descendientes de los antiguos judíos de Palestina. A partir de ese momento el término «judío» comienza a aplicarse no sólo a la religión israelita sino que pasa a designar también una etnia. Basándose en una lectura literal de la Biblia, todos los judíos pasan así a ser beneficiarios de una promesa divina sobre la tierra palestina.

La decisión de crear un Estado judío en Palestina fue tomada conjuntamente por los gobiernos de Gran Bretaña y Estados Unidos. El 2 de noviembre de 1917, el ministro británico de Relaciones Exteriores, Lord Balfour, envió a Lord Walter Rotschild una carta abierta en la que se comprometía a crear un «hogar nacional judío» en Palestina. El presidente estadounidense Woodrow Wilson incluyó la creación de Israel entre sus objetivos de guerra oficialmente reconocidos (es el n° 12 de los 14 puntos presentados al Congreso de Estados Unidos el 8 de enero de 1918)[13].

Todo ello demuestra que la decisión de crear el Estado de Israel no tiene nada que ver con la masacre contra los judíos desatada 20 años después en Europa, durante la Segunda Guerra Mundial.

Thierry Meyssan[14]

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[1] Ver nota “¿Qué es el sionismo?” de Thierry Meyssan

[2] Las decenas de resoluciones de la ONU violadas por el Estados de Israel se pueden consultar en varias páginas de internet.

[3] Diario íntimo de David Ben-Gurión, escrito el día 18 de julio de 1948. Fragmentos utilizados por la escritora palestina refugiada en Londres, Ghada Karmi, en su artículo “El largo viaje hacia Palestina”, publicado por la cadena Al Jazeera en diciembre de 2013. Traducido al castellano por María Landi y replicado por www.rebelión.org

 

[4] Pogromo proviene del ruso y significa devastación, se utiliza para denominar los linchamientos multitudinarios contra una etnia o religión. En la Rusia zarista se dieron varios episodios de este tipo a judíos y contra minorías étnicas alemanas o ucranianas en Galitzia, región de Polonia bajo dominio ruso.

[5] Declaración del Embajador de Palestina en Argentina, Farid Suwwan, en 2008. Publicada en “La construcción del enemigo: El terrorismo islámico”, página 78, Fernando Esteche, Editorial de la Universidad de La Plata, 2009.

[6] Declaración de Ahmed Yassin publicada por www.resumenlatiniamericano.org con el título: “La historia de HAMAS: Islam y resistencia contra Israel”.

[7] Luego de estar perversamente sitiado por el Ejército israelí en su complejo de Ramalá, en Cisjordania, el líder de la resistencia palestina cayó enfermo y entró en coma, de ese modo se pudo organizar un salvo conducto a París para ser atendido, pero finalmente murió a los 75 años. En el 2013 un equipo de científicos suizos tomaron muestras del cuerpo de Arafat y confirmaron que había un 83% de seguridad que había sido envenenado con polonio –noticia publicada en Cuba Debate el 6 de noviembre de 2013-. 

[8] Nota publicada en www.almanar.com.lb el 16 de septiembre de 2014, con el título: “HAMAS busca acercarse al eje de la resistencia”.

[9] Fragmento seleccionado por Ezequiel Lopardo para TRINCHERA de la nota ¿Quién es el enemigo? de Thierry Meyssan, publicada en www.voltairenet.org el 4 de agosto de 2014.

 

[10] Sobre la historia del sionismo, el lector puede remitirse al capítulo «Israel y los anglosajones» de mi libro L’Effroyable imposture 2, Manipulations et désinformations, Edition Alphée, 2007. Los lectores encontrarán numerosas referencias bibliográficas en ese texto.

 

[11] The Cousins’ Wars: Religion, Politics, Civil Warfare and the Triumph of Anglo-America, por Kevin Phillips, Basic Books (1999).

 

[12] Es importante recordar en este punto que el término «israelita» designa fundamentalmente a los hebreos seguidores de la ley de Moisés mientras que el término «israelí» es simplemente el gentilicio utilizado para designar a los ciudadanos de Israel. Nota de la «Red Voltaire».

 

[13] La formulación del punto 12 es particularmente oscura. Durante la conferencia de paz de París, en 1919, el emir Faisal invocó ese punto para reclamar el derecho de los pueblos que habían vivido bajo el yugo otomano a disponer de sí mismos. Y le respondieron que podía escoger entre una Siria bajo uno o varios mandatos. Para sorpresa de la delegación estadounidense, la delegación sionista argumentó por su parte que en el punto 12 el presidente Wilson se había comprometido a respaldar el Commonwealth judío. En definitiva, Wilson confirmó por escrito que había que interpretar el punto 12 como un compromiso de Washington a favor de la creación de Israel y de la restauración de Armenia. Ver «Les quatorze points du président Wilson», Réseau Voltaire, 8 de enero de 1918.

 

[14] Thierry Mayssan, intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

 

 

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